Neoliberalismo y Violencia

Renán Vega Cantor

Topía

La violencia no es algo circunstancial en el proyecto de imposición del neoliberalismo, sino que es una de sus características distintivas desde el mismo momento de su implantación.

Desaparecidas las dictaduras en términos formales, sus herederos civiles mantuvieron y profundizaron el legado neoliberal que recibieron. Ahora, la violencia estructural del neoliberalismo en lugar de desaparecer se extendió a los diversos ámbitos de la vida social, puesto que se acentuó el proceso de privatizaciones, ataque a los trabajadores organizados, apertura económica a las multinacionales y al capital financiero, y mercantilización de los bienes públicos. El costo humano de la implementación del “libre mercado” ha sido enorme, porque a éste deben achacársele miles o millones de muertos por el cierre de hospitales, privatización de la seguridad social, liquidación de empresas, despidos en masa, supresión de escuelas y centros educativos. Ese proyecto se presentaba como democrático porque decía sustentarse en “elecciones libres” y periódicas, en las que se legitimaba a los gobiernos neoliberales, que impulsaron reformas constitucionales para establecer como principios inviolables los dogmas de la privatización, la entrega de los bienes comunes al capital transnacional, la flexibilización laboral y los derechos de la propiedad.

La implantación del neoliberalismo a nivel mundial en los últimos cuarenta años ha venido acompañado con la expansión de un mito fundador, creado por sus principales ideólogos. Ese mito fundador sostiene que el neoliberalismo se ha impuesto por la superioridad intrínseca del mercado y que, por libre competencia, han sido liquidadas aquellas formas de organización social que trataban de impedir el funcionamiento armónico y automático de los mercados, así como reducida la injerencia de los estados en la actividad económica de los capitalistas y sus empresas. En este mito se resalta que la imposición del neoliberalismo, como una nueva fase en la historia del capitalismo, ha sido pacífico y sin mayores contratiempos.

Este mito fundador se acompaña de la falacia de sostener que el neoliberalismo (y el capitalismo en general) es sinónimo de democracia y que, en consecuencia, desde su mismo origen ha venido acompañado de la democratización del mundo, incluyendo a América Latina. Ahora, cuando el neoliberalismo está de regreso en países donde se le intentó superar -más no al capitalismo- se vuelve a entonar la cantinela de que es sinónimo de democracia. Una mirada crítica indica todo lo contrario de lo postulado en el mito fundador del neoliberalismo, porque éste se impuso y se ha mantenido mediante una violencia inusitada en diversos planos de la vida social, que corresponde a la lucha de clases librada desde arriba contra los trabajadores y los pobres. Seguir leyendo “Neoliberalismo y Violencia”

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Chile ¿Una dictadura perfecta?

Felipe Portales

Brecha

La creciente corrupción en la política chilena también ha deteriorado al sistema. Así como hay una “dictadura perfecta”, en Chile ha habido –desde la dictadura– una “corrupción perfecta”, ya que no está centrada en la escandalosa “institución” de la coima. En Chile la coima es comparativamente muy escasa. La gigantesca corrupción que se introdujo durante la dictadura, y que se consolidó en “democracia”, está basada sofisticadamente en normas legales, interpretaciones administrativas, atribuciones discrecionales y situaciones fácticas que permiten una colusión enorme entre los grandes poderes económicos y el sistema político.

Hace muchos años Mario Vargas Llosa definió al México del entonces omnipotente PRI como una dictadura perfecta; aludiendo a que un régimen aparentemente democrático, con elecciones y división de poderes formales, escondía un sistema político virtualmente dictatorial. El caso de Chile posdictadura supera el precedente del PRI.

Nuestro país parece mucho más democrático que el México “revolucionario institucional”. Hay una competencia electoral efectiva entre dos grandes coaliciones. La represión se conduce fundamentalmente por los cauces legales. Hay varios partidos políticos gubernamentales, que no tienen peso hegemónico sobre las organizaciones sociales. No existen restricciones formales a los medios de comunicación, que se desenvuelven sin presiones gubernativas. Tampoco hay restricciones formales para la libertad de religión, de conciencia, de reunión y de asociación. Ningún derecho es formalmente conculcado.

Pero en la práctica el país está completamente hegemonizado por unas decenas de grandes grupos económicos. Esta estructura de poder es heredada de la dictadura de Pinochet, que impuso en 1980 una Constitución y en la década del 80 estableció el modelo neoliberal más extremo conocido en el mundo. Como lo definió Luis Ricarte Soto, Chile es la Corea del Norte del capitalismo. A partir de la dictadura esos grupos económicos controlan la economía chilena con un mercado fuertemente concentrado en todos los sectores; existe el sistema previsional de las tristemente célebres administradoras de fondos de pensiones (Afp); hay un sistema de seguros de salud de calidad para una minoría que puede pagarlos (la mayoría recurre a un sistema estatal de baja calidad); hay un sistema educacional pagado para una minoría, mientras la mayoría se debe conformar con una educación municipal de baja calidad; un sistema universitario en el que predominan las universidades privadas con fines de lucro (y aunque hay importantes alternativas estatales, son también muy caras para la población), y la generalidad de los medios de comunicación son privados. Seguir leyendo “Chile ¿Una dictadura perfecta?”

García Márquez. El general en su laberinto (Descargar Libro)

Gabriel García Márquez.

El general en su laberinto 1989

El general en su laberinto es una novela del escritor colombiano y Premio Nobel de Literatura” Gabriel García Márquez.”  Se trata de una novela histórica que recrea los últimos días de Simón Bolívar, uno de los principales líderes de los procesos de independencia política desarrollados en América del Sur en el primer cuarto del siglo XIX.

La novela está ambientada en 1830, en la recta final de la primera campaña para asegurar la independencia de América de España. Para estas fechas, la mayor parte de Hispanoamérica había ganado la independencia; sólo Cuba y Puerto Rico quedaban bajo el control español.

A las pocas décadas de la llegada de Cristóbal Colón a las costas de lo que hoy es Venezuela, en 1498, América del Sur había sido eficazmente conquistada por España y Portugal. Para principios del siglo diecinueve varios factores afectaban el control de España sobre sus colonias: la invasión de España por Napoleón en 1808, la abdicación de Carlos IV, la renuncia de Fernando VII a sus derechos de sucesión, y la puesta de José Bonaparte en el trono español. ​ Las colonias estaban prácticamente incomunicadas con España y la Revolución francesa y la Americana inspiraron a muchos criollos a sacar ventaja de la debilidad española. Como resultado, América Latina se vio dirigida por juntas independientes y auto-gobiernos coloniales. ​

Los comienzos del siglo diecinueve vieron los primeros intentos de liberarse del control español, liderados en el norte de América Latina por Bolívar. Él y los movimientos independentistas ganaron numerosas batallas en Venezuela, Nueva Granada y los actuales Ecuador y Perú. Su sueño de unir las naciones hispanoamericanas bajo un único gobierno central fue casi alcanzado. Sin embargo, al poco tiempo de independizarse las colonias, en las capitales empezaron los problemas, y en algunas regiones se iniciaban las guerras civiles; Bolívar perdió a muchos de sus partidarios y enfermó. La oposición a su presidencia aumentó y en 1830, tras once años de gobierno, dimitió del cargo de presidente de la Gran Colombia.

Libro tomado de: http://www.educando.edu.do/

Descargar Libro Gabriel García Márquez: El general en su laberinto 

Indonesia: Los fantasmas de 1965

Rohana KuddusNew Left Review.es

 NLR 104

“…Medio siglo después de las masacres que erradicaron el comunismo indonesio y transcurridos veinte años de la instauración de la democracia electoral, ¿en qué medida pervive el legado del Nuevo Orden impuesto por Suharto? Bajo el asfixiante manto de la reacción — y de las acomodaciones a ella–, aparecen síntomas de esperanza y progreso en la cuarta sociedad más populosa del mundo…”

Fragmento

Podría pensarse que veinte años es tiempo bastante para que una «democracia emergente» salga de su crisálida. Indonesia se sumó con retraso a la oleada que contempló la restauración de la democracia procedimental en buena parte de América Latina, el bloque soviético y el África subsahariana a media­dos de la década de 1990, junto con el derrocamiento de los dictadores de Filipinas, Corea y Taiwán. Pero después de treintaitrés años en el poder, el control férreo de Suharto solo se aflojó debido a la catástrofe social causada por la crisis asiática en 1997, cuando la presión del fmi y la agitación social lo obligaron a dimitir en 1998. Desde entonces, se ha estabilizado el ciclo electoral y en 2014 un candidato presidencial inde­pendiente, Joko Widodo, accedió al poder con una gran ventaja. Jokowi, como se le conoce, había prometido incluso investigar las extensas matanzas de 1965-1966, que inauguraron el Nuevo Orden de Suharto, un tema que recientemente ha vuelto a llamar la atención de los especta­dores occidentales gracias a la película de Joshua Oppenheimer, El acto de matar (2012). Si bien todas las dictaduras de la Guerra Fría intentaron erradicar a sus opositores de la izquierda radical, Suharto lo consiguió en una escala mucho mayor: de acuerdo con cálculos moderados, se produjeron aproximadamente 500.000 asesinatos, frente a los 3.000 registrados en Chile o los 20.000 que se produjeron en Argentina. El Nuevo Orden no solo aniquiló al Partido Comunista de Indonesia (pki), una fuerza que contaba con tres millones de afiliados, sino que también consiguió demonizar su memoria en una escala que superó los esfuer­zos comparables realizados por la España franquista, por no hablar de los de Pinochet o la Junta argentina (…)

Fuente original del texto: http://newleftreview.es/

Descargar: Los fantasmas de 1965

El inolvidable legado de Salvador Allende

Telesur

El pensamiento político y humano de Salvador Allende continúa vigente en el pueblo de América Latina y el mundo, que lucha por una sociedad más justa y equitativa.

Salvador Allende es una de las personalidades más importantes y recordados de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet -en complicidad con los Estados Unidos- lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno. Esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo “el mandato del pueblo”, como dijera en sus últimas palabras.

Semblanza de un líder

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, en el seno de una familia de clase media de Valparaíso. De niño viajó por el país a causa de las actividades laborales de su padre, un abogado que ocupó varios cargos políticos en Chile.

En 1924 ingresa a estudiar Medician a la Universidad de Chile, lugar en el que se adentró en la política. Llevado por su profunda vocación social, en 1929 integró el grupo político universitario “Avance”, siendo un importante referente político estudiantil. A los 25 años se convirtió en el primer secretario regional del recién fundado Partido Socialista de Chile.

Al obtener su título de médico cirujano, Salvador se dedicó a la medicina social, dejando como legado diversos trabajos sobre salud pública. Antes de cumplir los 30 años, fue electo Diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el Gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, fue nombrado ministro de Salud. En 1945, fue electo Senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

En 1951, junto a comunistas, radicales doctrinarios y la izquierda socialista, participa en la fundación del Frente Nacional del Pueblo (FRENAP), alianza calificada como una “conciencia en marcha”. Un año después se postuló por primera vez para presidir el país.

Luego de tres intentos, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende fue electo presidente de Chile, apoyado por la histórica coalición de partidos de izquierda llamada “Unidad Popular” Seguir leyendo “El inolvidable legado de Salvador Allende”

¡Marichi weu! El pueblo mapuche de pie frente al Gobierno

Darío Aranda

La Izquierda Diario

 ¡Marichi weu! ¡Marichi weu! ¡Marichi weu!  (grito de lucha y esperanza que significa “diez veces venceremos”).

Cientos de comunidades mapuches de tres provincias repudiaron el accionar represivo del Gobierno y exigieron la aparición con vida de Santiago Maldonado. El genocidio de los pueblos indígenas y la disputa actual por los territorios.

“Puelmapu” es el nombre que el pueblo mapuche le a su territorio, al este de la Cordillera de los Andes, desde antes de la conformación de los Estados de Argentina y Chile. En tan amplio espacio no existe una sola organización que reúna a las cientos de comunidades mapuches, que tienen las más diversas posturas políticas, ideológicas y formas de construcción organizativa.

Ante tanta diversidad, sólo el macrismo pudo unir a todas las comunidades en el unánime rechazo a la política represiva y “racista” del Gobierno nacional, personificado en la ministra Patricia Bullrich. Organizaciones de Chubut, Río Negro y Neuquén repudiaron la violencia contra las comunidades, pidieron la renuncia de Bullrich y exigieron la aparición con vida de Santiago Maldonado.

Antecedentes

Agosto de 2016. Un informe interno del Ministerio de Seguridad acusa a los pueblos originarios de la Patagonia de delitos federales y los responsabiliza de hechos delictivos (sin aportar pruebas). “Revalorización de la ley. Problemática en territorio mapuche”, es el nombre del documento oficial, publicado por Horacio Verbitsky Página/12. Reconoce que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) realiza “tareas de investigación” ilegales y replica el discurso de las empresas petroleras al definir como “usurpación” a las acciones de resistencia de las comunidades de Neuquén en zona de Vaca Muerta.

En noviembre pasado, un centenar de organizaciones de pueblos originarios, Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia (Serpaj) y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) -entre otras entidades- emitieron un comunicado para alertar sobre la “estigmatización y persecución al pueblo mapuche”. El texto, titulado “La lucha indígena no es delito”, apuntó al Gobierno nacional: “El Ministerio de Seguridad coloca a las reivindicaciones territoriales mapuches como amenazas para la seguridad social (…) El Estado privilegia los intereses de las petroleras y criminaliza al pueblo mapuche” Seguir leyendo “¡Marichi weu! El pueblo mapuche de pie frente al Gobierno”

Internet y derechos económicos, sociales y culturales (Descargar)

Alainet.

Revista No. 521 – Febrero 2017

A la vez que internet puede ser un poderoso habilitador de derechos humanos, también puede afectar seriamente el ejercicio de derechos reconocidos.

Los derechos humanos son cruciales para el desarrollo.  La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible imagina “un mundo en el que sea universal el respeto de los derechos humanos y la dignidad de las personas, el estado de derecho, la justicia, la igualdad y la no discriminación; donde se respeten las razas, el origen étnico y la diversidad cultural y en el que exista igualdad de oportunidades para que pueda realizarse plenamente el potencial humano y para contribuir a una prosperidad compartida… un mundo justo, equitativo, tolerante, abierto y socialmente inclusivo en el que se atiendan las necesidades de los más vulnerables.”

Los derechos humanos se definen en una serie de instrumentos internacionales, entre los que la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) es el más importante. Los compromisos de los gobiernos respecto de los derechos incluidos en la DUDH se formalizan en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC). Los gobiernos deben evitar violar estos derechos y son responsables de habilitar a los ciudadanos para disfrutar de ellos.

El PIDCP tiene que ver con los derechos individuales, incluyendo la libertad de expresión y asociación y el derecho a la privacidad.  El PIDESC se ocupa de derechos sociales más amplios, cuya satisfacción requiere un compromiso en políticas e inversión a largo plazo por parte de los gobiernos –un proceso llamado “realización progresiva”–.  Además de afirmar la auto-determinación y la igualdad de género, las principales cláusulas del Pacto tienen que ver con el derecho al trabajo, condiciones laborales y derechos sindicales, derechos a la seguridad social y a un “estándar adecuado de vida”, a no sufrir hambre, a la protección de la familia, a la salud y educación, y a participar de la vida cultural, incluyendo los “beneficios del avance científico y sus aplicaciones”.  Algunos de estos derechos concernientes a niños y mujeres se desarrollan en mayor detalle en la CEDAW y CRC.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible incluye 17 Objetivos (ODS) y 169 metas.  Los derechos incluidos en el PIDESC se superponen y proveen un marco de apoyo y referencia para muchos de estos ODS, mientras que las metas establecen objetivos cuantificables que van a ayudar en el cumplimiento de estos derechos.  Los objetivos para terminar con la pobreza y el hambre (ODS 1 y 2), por ejemplo, y para garantizar acceso al agua y energía (ODS 6 y 7), se relacionan con el derecho del Pacto a un adecuado estándar de vida y alimentación.  Los ODS 3 y 4 se relacionan con los derechos a la salud y la educación y el ODS 8 con “trabajo decente para todos”(…)

Contenido:

  • -Internet y DDHH
  • -¿Por qué enfocarnos en los derechos económicos, sociales y culturales?
  • -Internet, desarrollo y derechos
  • -Consideraciones clave acerca de los DESC e internet
  • Costa Rica: Polos tecnológicos rurales
  • Colombia: El rol de las TIC en la paz como proceso
  • Panamá: Teletrabajo
  • Uruguay: La estrategia de desarrollo humano informacional
  • Chile: El programa “Salud+Desarrollo” y su impacto en los grupos excluidos
  • Perú: Las TIC dan voz a las lenguas indígenas
  • Argentina: Derechos de las culturas indígenas e internet
  • Venezuela: Internet y redes sociales en tiempos de escasez

Descargar: Internet y derechos económicos, sociales y culturales