México: De la militarización al golpismo, decisión del general de cinco estrellas

Nuestro país sufre ya el poder del militarismo sustituyendo al Estado de Derecho. Por lo que en lugar de Constitución, brillan las cinco estrellas del general Peña… Peña quiere convertir al país en un Estado de México; en un Estado Unitario a la Santa Anna. No se ha necesitado el feroz golpismo a la Pinochet, pero sí más de un cuarto de millón de homicidios, secuestros, desapariciones, feminicidios, para que Peña haya decidido quitarse el traje de civil y ponerse el uniforme de general de cinco estrellas. Se trata sólo de la seguridad del régimen priista. De sabotear las elecciones del 2018 en complicidad con el INE, Trife y la Corte; institución que ya recibió la orden del general Peña para que, cuando conozca de las quejas, se pronuncie a favor de esa Ley de Seguridad. El terrorismo militar reinará con más prepotencia, más corrupción y más impunidad.

Álvaro Cepeda Neri

Voltairenet

Hemos entrado a una época donde los militares, marinos y la Fuerza Aérea decidan, con su jefe nato (hoy Peña, mañana Meade), donde implantan la guerra interna para combatir a las delincuencias (y en los fuegos cruzados asesinar a inocentes), sin tener que informar; y dizque procurar la paz social, pero sólo disparando a matar sin responsabilidades penales ni civiles. Y con unas fuerzas militares vueltas hacia dentro contra una población sometida, parafraseando a Harvey Wheeler, cuando dice que el autoritarismo se convierte en despotismo, disminuyendo la democracia representativa y cancelando las protestas de la democracia directa (La democracia en una era revolucionaria, Monte Ávila, editores). A la par de aprobar esa nazifacista ley de seguridad, se aprobó la figura de “daño moral” para recortar las libertades de expresión cerrando más la pinza antidemocrática. Seguir leyendo “México: De la militarización al golpismo, decisión del general de cinco estrellas”

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Los aspectos clave de la revolución de colores en curso en Nicaragua

Como parte de la cartilla globalizada que describe una revolución de colores, las protestas en apariencia han sido ciudadanas, protagonizadas por los jóvenes y los sectores de la iglesia católica, antipolíticas (sin nexos con partidos tradicionales) y en principio con fines reivindicativos. Lo que empezó con algunas manifestaciones dispersas en rechazo a las reformas del INSS, adquirió un esqueleto de movimiento ciudadano con vocación al choque callejero y la violencia armada, la clásica mutación de las revoluciones de color en busca de lograr mayores grados de confrontación que debiliten al Estado y lo coloquen en una situación defensiva. En lo narrativo parece estar la intención de configurar un frente político (posmoderno) donde puedan articularse un conjunto de “demandas” gremiales prefabricadas por la USAID, lo que a su vez contribuye a reflotar la imagen de la oposición ampliando su base de apoyo político hacia “la juventud” y los “descontentos”. Es por esa razón que las protestas tienen un corte juvenil y universitario, son los extras que necesitan para desviar la atención de los grupos armados que inflingen los ataques más graves.

William Serafino – Misión Verdad.- Ya son varios días de manifestaciones violentas en la nación centroamericana. Tanto el perfil del mensaje político como el comportamiento de los medios, además del empleo de métodos insurreccionales de protesta y por la propia historia de un país ocupado e intervenido por Estados Unidos en distintas oportunidades, indican que estamos en la presencia de un nuevo intento de cambio de régimen bajo el formato de revolución de colores. Con respecto a los objetivos y su pragmática global, nada nuevo. Socavar la paz de Nicaragua y fabricar las condiciones internas para una etapa de acoso geopolítico, se dibujan como los propósitos inmediatos de la operación. Seguir leyendo “Los aspectos clave de la revolución de colores en curso en Nicaragua”

Las conversaciones entre Trump y Kim

Marco A. Gandásegui h.

La estrella de Panamá

El presidente de EEUU, Donald Trump, dejó a todo el mundo, sus pocos partidarios y muchos detractores, con la boca abierta. Trump anunció que aceptaba la invitación del jefe de gobierno norcoreano, Kim Jung-un, para celebrar una reunión de alto nivel. Según los anuncios, el encuentro buscaría soluciones a las diferencia entre ambos países que se remontan a la invasión de EEUU en 1950. Recuerda el viaje histórico a Pekín, en 1972, del presidente de EEUU, Richard Nixon. En las puertas de la Ciudad Prohibida fue recibido por Mao Tse Tung. El mundo cambió, pero no tanto.

Trump y Nixon tienen tres cosas en común. Son políticos arrogantes, son pragmáticos (son negociadores) y aspiran a dejar un legado histórico. Me permitiría agregar otra similitud que no puedo confirmar con hechos: Los dos son asesorados por Henry Kissinger. Nixon falleció hace muchos años y nadie lo recuerda como estadista ni como un buen presidente. Lo recuerdan por el escándalo del Hotel Watergate que le obligó a renunciar a la Presidencia.

Nixon visitó a la República Popular China en febrero de 1972 creando una aureola de popularidad en el electorado norteamericano que le premió por su audacia reeligiéndolo a la Presidencia en noviembre de ese mismo año. Nixon estaba perdiendo la guerra en Vietnam, EEUU entró en una recesión económica y sus perspectivas electorales eran pobres. La visita a Pekín lo salvó. Casi todos los historiadores y analistas coinciden que el celebró tras el golpe maestro fue Henry Kissinger.

El viaje de Trump a Corea del Norte se prepara para mayo de este año. Sólo seis meses antes de las elecciones legislativas que se realizarán en noviembre. En EEUU los políticos ya están celebrando la iniciativa de Trump. ¿Qué tienen en común China y Corea del Norte? Nada. ¡Un momento!, en la propaganda de EEUU, en 1972 China era “una dictadura comunista gobernado por una pandilla de facinerosos”. En la actualidad, la propaganda dice lo mismo de Corea del Norte: “Un régimen comunista que somete a su pueblo a pasar hambrunas”. Seguir leyendo “Las conversaciones entre Trump y Kim”

Samir Amin: Las elecciones italianas de marzo de 2018. Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.

Samir Amin

TopoExpress

En la situación actual, los éxitos electorales de la extrema derecha le vienen efectivamente muy bien al capitalismo establecido. Permiten a los medios de comunicación meter en el mismo saco del oprobio a “los populistas de la extrema derecha y a los de la extrema izquierda”, haciendo olvidar de este modo que los primeros son pro-capitalistas (como demuestra la cualificación que ellos mismos se dan de extrema derecha ) y por lo tanto posibles aliados, mientras que los segundos son los únicos adversarios potenciales peligrosos del sistema de poder del capital.

1.

Las elecciones italianas de marzo de 2018 abren un período caótico cuya salida permanece incierta. El país, que hace pocos años era conocido por ser uno de los más “eurófilos” es ahora “euroescéptico” en un 50% o más; la extrema derecha, abiertamente nostálgica del fascismo ha regresado con fuerza, y la derecha parlamentaria clásica imagina sin dificultad su alianza con ella (como en Austria, por ejemplo); el “populismo” (en este caso el Movimiento 5 Estrellas) se caracteriza por una confusión sin precedentes que impide saber cuál es su verdadero programa, si es que tiene alguno; la izquierda está claramente en declive.

Las explicaciones dadas por los medios de comunicación dominantes ponen el acento en la cuestión de la afluencia de inmigrantes. Sin hacerse preguntas sobre los motivos de esta afluencia (los estragos causados por las políticas del neoliberalismo en África y en Oriente Medio), estos medios de comunicación reconocen la responsabilidad de Europa, que ha abandonado a los países que, por su situación geográfica (Italia, Grecia y España) están en primera línea frente a esta afluencia. Y poco más. Se alude a veces a las miserias producidas por la política económica italiana (pero una vez más sin cuestionar los dogmas liberales). Aun cuando estas explicaciones podrían parecer correctas en una primera lectura, siguen siendo poco convincentes. El análisis de la catástrofe exige una vuelta atrás más seria. Seguir leyendo “Samir Amin: Las elecciones italianas de marzo de 2018. Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.”

24F. No a la Europa fortaleza. Los derechos humanos no se negocian

Jesús Puente  elfaradio.com

Hoy, en pleno siglo XXI, millones de seres humanos padecen la mayor crisis humanitaria de personas refugiadas y migrantes desde la Segunda Guerra Mundial. El número de personas que huyen de su región o país de origen para salvar sus vidas por conflictos armados, vulneración de derechos y violencia, aumenta cada día… En gran medida, estas migraciones forzosas están provocadas por las políticas económicas y neocoloniales de la Unión Europea (UE) y de las demás potencias mundiales, por las guerras provocadas por intereses económicos y energéticos, por la vulneración descarnada de los derechos civiles y sociales, por la esclavitud laboral, por el hundimiento, gracias a la competencia desleal, de sectores económicos enteros como el agrícola o el pesquero. Frente a esta realidad, la reacción de las grandes potencias, la reacción de la UE, la reacción del reino de España, ha sido la de la aplicación de políticas migratorias criminales, de políticas migratorias que provocan un sufrimiento humano injustificable. 

No son palabras exageradas, no son acusaciones sin fundamento, los hechos están ahí, rezumando dolor y vergüenza. En el mar Mediterráneo han muerto ahogadas más de 35.000 personas en los últimos 17 años, 7.000 de ellas desde 2016. Semana a semana, día a día, el goteo incesante de naufragios y víctimas ahogadas, desvela la barbarie de los gobiernos responsables de estas muertes al cerrar cualquier vía de acceso legal y seguro a Europa. Seguir leyendo “24F. No a la Europa fortaleza. Los derechos humanos no se negocian”

¿Realmente le debemos la modernidad al capitalismo?

Jorge Majfud Página/12

“… Ni el alfabeto fenicio, ni el comercio, ni las repúblicas, ni las democracias surgieron en el periodo capitalista sino decenas de siglos antes. Ni siquiera la imprenta en sus diferentes versiones alemanas o china, un invento más revolucionario que Google, fueron gracias al capitalismo. Ni la pólvora, ni el dinero, ni los cheques, ni la libertad de expresión (…)  El capitalismo sólo se asocia con las democracias y los Derechos Humanos por una narrativa, repetitiva y abrumadora (teorizada por los Friedman y practicada por los Pinochet), pero la historia demuestra que puede convivir perfectamente con una democracia liberal; con las genocidas dictaduras latinoamericanas que precedieron a la excusa de la guerra contra el comunismo; con gobiernos comunistas como China o Vietnam; con sistemas racistas como Sud África; con imperios destructores de democracias y de millones de habitantes en Asia, África y América latina, como en los siglos XIX y XX lo fueron Inglaterra, Bélgica, Estados Unidos, Francia, etc…”

Una de las afirmaciones que los apologistas del capitalismo más repiten y menos se cuestiona es aquella que afirma que este ha sido el sistema que más riqueza y más progreso ha creado en la historia. Le debemos Internet, los aviones, YouTube, las computadoras desde las que escribimos y todo el adelanto médico y las libertades sociales e individuales que podemos encontrar hoy.

El capitalismo no es el peor ni el menos criminal de los sistemas que hayan existido, pero esta interpretación arrogante es, además, un secuestro que la ignorancia le hace a la historia.

En términos absolutos, el capitalismo es el período (no el sistema) que ha producido más riqueza en la historia. Seguir leyendo “¿Realmente le debemos la modernidad al capitalismo?”

Chile ¿Una dictadura perfecta?

Felipe Portales

Brecha

La creciente corrupción en la política chilena también ha deteriorado al sistema. Así como hay una “dictadura perfecta”, en Chile ha habido –desde la dictadura– una “corrupción perfecta”, ya que no está centrada en la escandalosa “institución” de la coima. En Chile la coima es comparativamente muy escasa. La gigantesca corrupción que se introdujo durante la dictadura, y que se consolidó en “democracia”, está basada sofisticadamente en normas legales, interpretaciones administrativas, atribuciones discrecionales y situaciones fácticas que permiten una colusión enorme entre los grandes poderes económicos y el sistema político.

Hace muchos años Mario Vargas Llosa definió al México del entonces omnipotente PRI como una dictadura perfecta; aludiendo a que un régimen aparentemente democrático, con elecciones y división de poderes formales, escondía un sistema político virtualmente dictatorial. El caso de Chile posdictadura supera el precedente del PRI.

Nuestro país parece mucho más democrático que el México “revolucionario institucional”. Hay una competencia electoral efectiva entre dos grandes coaliciones. La represión se conduce fundamentalmente por los cauces legales. Hay varios partidos políticos gubernamentales, que no tienen peso hegemónico sobre las organizaciones sociales. No existen restricciones formales a los medios de comunicación, que se desenvuelven sin presiones gubernativas. Tampoco hay restricciones formales para la libertad de religión, de conciencia, de reunión y de asociación. Ningún derecho es formalmente conculcado.

Pero en la práctica el país está completamente hegemonizado por unas decenas de grandes grupos económicos. Esta estructura de poder es heredada de la dictadura de Pinochet, que impuso en 1980 una Constitución y en la década del 80 estableció el modelo neoliberal más extremo conocido en el mundo. Como lo definió Luis Ricarte Soto, Chile es la Corea del Norte del capitalismo. A partir de la dictadura esos grupos económicos controlan la economía chilena con un mercado fuertemente concentrado en todos los sectores; existe el sistema previsional de las tristemente célebres administradoras de fondos de pensiones (Afp); hay un sistema de seguros de salud de calidad para una minoría que puede pagarlos (la mayoría recurre a un sistema estatal de baja calidad); hay un sistema educacional pagado para una minoría, mientras la mayoría se debe conformar con una educación municipal de baja calidad; un sistema universitario en el que predominan las universidades privadas con fines de lucro (y aunque hay importantes alternativas estatales, son también muy caras para la población), y la generalidad de los medios de comunicación son privados. Seguir leyendo “Chile ¿Una dictadura perfecta?”