Cuando la excepción es la norma

Pablo Scatizza

La Izquierda Diario

“… En noviembre de 2016, el Congreso nacional aprobó la Ley 27.319 -cuyo proyecto fue presentado por el Ejecutivo- con la cual se crearon las figuras de “agente encubierto”, “agente revelador” e “informante”, con el argumento de contribuir a la investigación y resolución de los “delitos complejos”. Con esta norma, y más allá del motivo explícito del gobierno -la excusa del narcotráfico sigue siendo el caballito de batalla, sin dudas- el personal policial y de las fuerzas de seguridad quedan habilitados para infiltrar organizaciones sociales y políticas contestatarias, haciendo de la excepción -una vez más- la norma (…) No pretendo sugerir que el gobierno actual sea dictatorial. Sin embargo, ello no implica que un estado de excepción no pueda ir configurándose gradualmente, y cada vez más derechos quedan suspendidos y al arbitrio del poder…”

 

El estado de excepción es una figura legal que legitima el vacío legal. O, como ha señalado Giorgio Agamben, es el momento del derecho en el que se suspende el derecho, justamente para garantizar su continuidad. Y es en ese momento de suspensión del derecho en que se instaura un orden jurídico de facto, hasta tanto ese estado excepcional finalice. Es cierto que Agamben, y antes que él Carl Schmitt, pensaron al estado de excepción mirando a Europa -especialmente la Alemania de entreguerras-, y lo hicieron dándole un sentido fuerte, donde el estado de Derecho quedaba totalmente suspendido. Sin embargo, es posible usar esa noción para indagar en otros procesos históricos en los cuales, si no todos, al menos determinados derechos y garantías constitucionales son suspendidas, y quien detenta en ese momento el poder estatal adquiere legalmente la potestad de decidir arbitrariamente sobre el destino de la ciudadanía. Un uso más bien moderado del concepto, que nos permitiría preguntarnos acerca de momentos históricos propios de nuestro país.

En efecto, la Constitución Nacional argentina contempla la posibilidad de instauración de un estado de excepción moderado (o regulado), a través de la figura del “estado de sitio”, el cual estaría justificado cuando una supuesta o real amenaza atente contra el orden establecido. En ese momento, cualquier persona, por ejemplo, podría ser arrestada sin causa y según criterio de las fuerzas de seguridad, se suspende el derecho de reunión, se limita la libertad de expresión y de circulación, etc. El último antecedente que se registra en el país de una situación así fue cuando el entonces presidente Fernando De La Rúa declaró el estado de sitio, el 19 de diciembre de 2001 a través del Decreto 1678.

Pero no siempre es necesario un decreto presidencial o una ley del Congreso para que se instituya un estado de excepción. También es posible pensar su implementación de manera gradual y progresiva, a partir de una sucesión de medidas políticas tendientes a suspender determinados órdenes legales, y mediante la sanción de una legislación cada vez más represiva. Un ejemplo histórico de ello es demostrado con precisión por Marina Franco en -entre otros trabajos- Un enemigo para la nación (FCE, 2012), cuando analiza la escalada represiva que comienza con el derrocamiento de Perón en 1955 y cristaliza en la última dictadura, como la constitución de un estado de excepción que se fue extendiendo y haciendo permanente en el tiempo (con la excepción del gobierno de Arturo Illia y los primeros meses del peronismo en 1973), mediante no sólo la aplicación de una normativa de emergencia, sino también con una serie de instrumentos jurídicos que ampliaron los mecanismos persecutorios y limitaron sustancialmente las libertades individuales y políticas de la ciudadanía Seguir leyendo “Cuando la excepción es la norma”

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Dilemas de la izquierda radical. Por Immanuel Wallerstein

Immanuel Wallerstein

La Jornada

“… Hoy, en todos estos países existe un debate interno entre los militantes de la izquierda radical al respecto de las tácticas futuras. ¿Deben buscar el poder electoral o deben buscar el control de las calles? El dilema es que ninguna opción funciona bien. Si se hacen del poder del Estado, se encuentran con que deben hacerle innumerables arreglos de compromiso a su programa para mantenerse en el poder. Si buscan el poder solamente en las calles, se encuentran con que no pueden hacer los cambios que quieren sin el poder del Estado, y además las agencias estatales los mantienen a raya utilizando la fuerza del mismo Estado… ¿Es por tanto inútil buscar hoy un programa de izquierda radical? ¡Claro que no!..”

En lo que yo llamo el mundo pan-europeo   (América del Norte, Europa occidental, oriental, del sur, y Australasia) la opción electoral básica durante más o menos el siglo anterior ha sido escoger entre dos partidos centristas: centro-izquierda vs centro-derecha. Pero ha habido otros partidos más hacia la izquierda y más hacia la derecha pero han sido esencialmente marginales.

En la década pasada, sin embargo, éstos, así llamados partidos extremos, han ido ganando en fuerza. Tanto la izquierda radical como la derecha radical emergieron como una fuerza considerable en un gran número de países, necesitando remplazar al partido centrista o derrocarlo.

El primer logro espectacular de la izquierda radical fue la habilidad de la izquierda radical griega, Syriza, de remplazar al partido de centro-izquierda, Pasok, que de hecho desapareció por completo. Syriza llegó al poder en Grecia. Los comentaristas hablan en estos días de una pasokisación para describir esto.

Syriza llegó al poder pero fue incapaz de llevar adelante el programa que prometía Seguir leyendo “Dilemas de la izquierda radical. Por Immanuel Wallerstein”

Venezuela: no callar, pero para decir la verdad. Por Atilio Boron

Atilio Boron

Rebelión

“…A estas alturas del siglo veintiuno me dispenso de la necesidad de explicar, por archiconocido, lo que es el imperialismo y como actúa en lo que amablemente sus agentes y voceros califican como “nuestro patio trasero.” El capitalismo contemporáneo lo que ha hecho es exacerbar hasta lo indecible su carácter imperialista y no sólo en Latinoamérica. Recuerden el escarmiento sufrido por el pueblo griego cuando se “equivocó” al rechazar el brutal programa de ajuste que le proponía la Troika en Europa, “error” que fue corregido en una reunión a puertas cerradas en Bruselas; o la gigantesca multa que el banco francés Paribás tuvo que pagar por transgredir una ley del Congreso de EEUU que penalizaba a cualquier institución bancaria del mundo, estadounidense o no, que mediara en las relaciones comerciales entre Irán, Sudán y Cuba con el resto del mundo. Es decir, la ley estadounidense es la ley del mundo. O las casi mil bases militares que Estados Unidos tienen en todo el mundo, caso absolutamente único en la historia. Eso es un imperio, desde Roma hasta hoy…”

En varios trabajos recientes diversos analistas y observadores de la vida política latinoamericana han reprochado a los intelectuales y militantes de izquierda su silencio ante lo que está ocurriendo en Venezuela. Ese silencio, dicen, sólo refuerza los peores rasgos del gobierno de Nicolás Maduro. Este reclamo lo hizo hace unas pocas semanas un destacado intelectual venezolano, Edgardo Lander, y más recientemente, en una producción especial de Página/12 “Encrucijada venezolana”, lo reiteraron dos colegas de Argentina: Roberto Gargarella y Maristella Svampa. [1]

Nadie podría estar más de acuerdo que el autor de estas notas sobre la necesidad de hablar acerca de lo que realmente está aconteciendo en Venezuela. Tras las huellas de los fundadores del materialismo histórico Gramsci decía, con toda razón, que “la verdad siempre es revolucionaria”. Y el aforismo del fundador del PCI es más importante hoy que nunca antes, cuando el virus posmoderno ha instituido a la “posverdad” ¡como un criterio de verdad!, abriendo paso a cuantas tergiversaciones y mistificaciones puedan ocurrírsele a quienes precisamente quieren ocultar tras una cortina de sofismas y falsedades lo que está sucediendo en nuestras sociedades –y muy especialmente en Venezuela- y, de ese modo, favorecer a los planes de la contrarrevolución en marcha.

Desafortunadamente las buenas intenciones de Gargarella y Svampa de hablar sobre Venezuela y decir lo que allí está sucediendo termina con una frustración. Y esto es así porque en su nota no hablan de lo que en verdad ocurre en ese país sino que reproducen con pequeñas variantes el relato que la oposición ha construido para decir lo que ella necesita que se diga que está ocurriendo en Venezuela. Esa narrativa tramposa, que desfigura a sabiendas la realidad para promover su agenda restauradora, ha contado con la inestimable ayuda de los sempiternos agentes sociales y políticos de la reacción, que jamás se equivocan al elegir amigos y enemigos: los medios hegemónicos a nivel mundial (vulgo: “prensa libre”), perros guardianes del orden capitalista; la internacional de la derecha dirigida, con dinero de Estados Unidos, por José M. Aznar y Álvaro Uribe y toda su parafernalia de políticos y periodistas comprados y tanques de pensamiento alquilados y, por si lo anterior no bastara, apoyada también por el gobierno de Estados Unidos desde el nacimiento mismo de la Revolución Bolivariana. No sorprende por lo tanto constatar que en las tres o cuatro páginas escritas por nuestros autores se acumulen numerosos errores de apreciación así como llamativas ausencias. Comencemos por estas: Seguir leyendo “Venezuela: no callar, pero para decir la verdad. Por Atilio Boron”

La reforma laboral en el régimen de Temer: súper explotación y precariedad social en el siglo XXI

Adrián Sotelo Valencia

Rebelión

“…Todas estas disposiciones de una reforma laboral profundamente lesiva para la integridad de millones de trabajadores y trabajadoras, están enmarcadas en los nuevos dispositivos neoliberales impuestos por el Banco Mundial y el FMI en todo el mundo. Además confirman, paradójicamente, la centralidad del trabajo en el capitalismo contemporáneo en la medida en que, en el caso del gobierno de facto de Temer en Brasil, toda esta reestructuración se viene realizando por el lado del capital variable, es decir, de la fuerza de trabajo y, por el lado del capital fijo y circulante, de manera completamente insuficiente o nula…”

La imposición de la reforma laboral en Brasil por el gobierno de facto de Michel Temer se da en un contexto de fuerte recesión de la economía, alta inflación y un intenso desempleo que afecta a las más variadas capas de la población del país. De acuerdo con la Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios Contínua (Pnad) del IBGE la tasa de desocupación está al alza y alcanza 14 millones 200 mil desempleados entre enero y marzo de 2017. Indica que ello significa un aumento de 13% respecto al trimestre inmediatamente anterior (octubre-diciembre de 2016). En otras palabras se registró un aumento absoluto del número de desempleados en 1 millón 800 mil personas —lo que da un promedio de 20 mil despidos por día— que, de este modo, se agregaron al ejército industrial de reserva en su modalidad de desempleo abierto en el Brasil.

La reforma laboral (en portugués: trabalhista) es profundamente negativa para los trabajadores en la medida en que afecta todas las modalidades de empleo y los derechos y garantías consagradas en la Consolidação das Leis do Trabalho creada mediante Decreto-Lei nº 5 452, del 1º de mayo de 1943 y sancionada por el presidente Getúlio Vargas durante el llamado Estado Novo (1937-1945) en Brasil.

En el presente artículo mencionamos algunas de las nuevas modalidades de esta ley completamente antiobrera y antisindical pero determinantemente favorable a los intereses de la patronal nacional y del capital extranjero que opera en el país Seguir leyendo “La reforma laboral en el régimen de Temer: súper explotación y precariedad social en el siglo XXI”

El muro de Trump contra América Latina

Ilka Oliva Corado

Crónicas de una inquilina

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“… Si Trump realmente quiere terminar con la inmigración forzada de latinos hacia Estados Unidos, debe cortar de tajo con el Plan Mérida, el Plan Frontera Sur, el Plan Maya-Chortí , el Plan Alianza para la prosperidad, más al sur el Plan Colombia. Eso para comenzar. Terminar con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana. El Tratado de Libre Comercio Chile-Estados Unidos. El Tratado de Libre Comercio Perú – Estados Unidos y, por supuesto dejar de insistir en que Suramérica le dé el sí con el Área de Libre Comercio de las Américas. Porque todos estos tratados son nada más renovaciones del Plan Cóndor disfrazados de políticas de inclusión y hermandad entre países; son injerencias aceptadas por los gobiernos de carácter corporativo que solo benefician a las oligarquías y a Estados Unidos. Son maquinarias de destrucción masiva de vidas humanas y del ecosistema de Latinoamérica. Empobrecen más la región y la destruyen…”

Sin ir tan lejos, el muro que pretende construir Trump no detendrá la inmigración forzada de latinoamericanos, porque se debe a la política externa de Estados Unidos y su injerencia en América Latina. Primordialmente. El asedio constante, la intromisión en asuntos internos de otros países que toma como propios. El saqueo despiadado en tierras que siempre ha vulnerado a su antojo.

Si especificamos la migración de centroamericanos y mexicanos hacia Estados Unidos y nos adentramos un poco en la historia de los últimos 50 años en la región, veremos con detenimiento el papel que jugó el Plan Cóndor y las dictaduras impuestas que dieron paso a la creación de gobiernos neoliberales que responden a mandatos estadounidenses Seguir leyendo “El muro de Trump contra América Latina”

Se va el buen Obama, negro por gusto

Ilka Oliva Corado

Crónicas de una inquilina  17 enero 2017

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Muchos creyeron que por negro, Obama representaría un cambio trascendente en la política interna y externa de Estados Unidos, pero el buen samaritano resultó negro de balde. Un negro afín al sistema y tan Ku Klux Klan como la propia Hillary Clinton y Trump.

No hay punto de comparación ni como ser humano, ni como político entre él y Martin Luther King o el propio Malcolm X; sin embargo el buen Obama como buen oportunista los utiliza en sus discursos, como también utilizó el 50 aniversario de las marchas en Selma, Alabama, para tomarse la foto y figurar una memoria histórica que no tiene. Porque en sus narices los policías blancos asesinan negros, como quien mata perros callejeros. El buen Obama se dispuso a construir un monumento a Martin Luther King para honrarlo, sin embargo cada día como presidente toma decisiones que lo avergonzarían.

Un injerencista, invasor, genocida, un Nobel de la Paz desperdiciado. Un mentiroso que ofreció una Reforma Migratoria Integral y que utilizó como slogan de campaña una frase de Dolores Huerta, para acaparar el voto latino (“Yes, we can”) y en respuesta al apoyo fue el presidente que más indocumentados ha deportado en la historia de Estados Unidos; cosa que no han hecho ni los republicanos. No solo, también, calladita la boca militarizó desde la frontera sur de Estados Unidos hasta Honduras, con el Plan Frontera Sur y Maya-Chortí. Le ha dado continuidad al Plan Mérida, implementó el Plan Alianza para la Prosperidad. También mantiene vigente el Plan Colombia. Sin embargo se irá sin haber implementado El ALCA en Suramérica Seguir leyendo “Se va el buen Obama, negro por gusto”

La batalla de Alepo y la encrucijada siria

Luis Manuel Arce

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La batalla de Alepo ganada por las fuerzas leales al presidente Bashar al Assad y sus aliados rusos rememora de forma inversa en su proyección la de Berlín que puso fin a la Segunda Guerra Mundial y sirvió para el replanteo de la correlación de fuerzas en el mundo.

No es que Alepo signifique el fin del conflicto armado -que va a continuar mientras la Desh siga siendo alimentada por la derecha internacional y ese mal llamado Estado Islámico tenga capacidad de reclutamiento de carne de cañón-, pero al contrario de Berlín puede impedir el nuevo reparto territorial que pretendía balcanizar a Siria.

Si aquellos que provocaron el conflicto sirio desearan sacar alguna lección de Alepo lo primero que deberían admitir es que la inteligencia ruso-siria logró en un tiempo relativamente corto neutralizar a la Daesh y detener su avance militar y político, e incluso religioso, gracias a la confrontación ideológica planeada para separar a los grupos de oposición en armas.

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Los estrategas rusos y sirios lograron identificar en la enmarañada selva de las fuerzas contrarias al gobierno de Damasco los troncos principales del bosque, y a partir de ese conocimiento determinar que la oposición no era un grupo homogéneo, ni siquiera afín entre sus componentes, e incluso con contradicciones antagónicas e irreconciliables que indefectiblemente debilitaban al adversario y convertían en inútiles el apoyo de Israel y el Occidente.

Se trataba de una fuerza caótica, fragmentada y asimétrica en su potencialidad que dificultaba incluso a sus aliados direccionar y distribuir la ayuda militar y financiera, y peor aún la mediática.

Por supuesto que la intensa e inteligente labor de reconciliación y diálogo que encabezó Rusia tuvo que apoyarse muy firmemente en el aspecto militar que jugó el papel de disuasión sin el cual hubiese sido imposible la desfragmentación de moderados y radicales cuya presunta unidad nunca existió más allá de los deseos y sueños de Estados Unidos e Israel.

La victoria de Alepo es histórica no solamente por haber liberado militarmente ese vasto y destruido territorio convertido en un bastión donde los terroristas acumularon su mayor potencial de armas y la campaña publicitaria fue más fuerte, sino que los rusos pudieron demostrar sobre el terreno que el objetivo principal era lograr un acuerdo con todas las partes   -excepto los terroristas de Daesh- que condujera a la paz, y eso estimuló a los grupos menos radicales y desarmó la campaña mediática internacional contra el gobierno de Al Assad.

La victoria de Alepo no solamente permitió salvar la vida de casi 10.000 sirios, sino que abrió otra ventana de posibilidades para introducir el régimen del cese de las hostilidades también en otras regiones de Siria después de más de cinco años de acciones agresivas desde marzo de 2011 cuando se inició el conflicto entre el gobierno y los opositores al presidente Bashar al Assad Seguir leyendo “La batalla de Alepo y la encrucijada siria”