24F. No a la Europa fortaleza. Los derechos humanos no se negocian

Jesús Puente  elfaradio.com

Hoy, en pleno siglo XXI, millones de seres humanos padecen la mayor crisis humanitaria de personas refugiadas y migrantes desde la Segunda Guerra Mundial. El número de personas que huyen de su región o país de origen para salvar sus vidas por conflictos armados, vulneración de derechos y violencia, aumenta cada día… En gran medida, estas migraciones forzosas están provocadas por las políticas económicas y neocoloniales de la Unión Europea (UE) y de las demás potencias mundiales, por las guerras provocadas por intereses económicos y energéticos, por la vulneración descarnada de los derechos civiles y sociales, por la esclavitud laboral, por el hundimiento, gracias a la competencia desleal, de sectores económicos enteros como el agrícola o el pesquero. Frente a esta realidad, la reacción de las grandes potencias, la reacción de la UE, la reacción del reino de España, ha sido la de la aplicación de políticas migratorias criminales, de políticas migratorias que provocan un sufrimiento humano injustificable. 

No son palabras exageradas, no son acusaciones sin fundamento, los hechos están ahí, rezumando dolor y vergüenza. En el mar Mediterráneo han muerto ahogadas más de 35.000 personas en los últimos 17 años, 7.000 de ellas desde 2016. Semana a semana, día a día, el goteo incesante de naufragios y víctimas ahogadas, desvela la barbarie de los gobiernos responsables de estas muertes al cerrar cualquier vía de acceso legal y seguro a Europa. Seguir leyendo “24F. No a la Europa fortaleza. Los derechos humanos no se negocian”

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Informe Oxfam 2018. Premiar el trabajo, no la riqueza (Descargar)

Nicolás Oliva y Sergio Martín-Carrillo

CELAG

El pasado 22 de enero, coincidiendo con la cita de los grandes magnates del pensamiento neoliberal en Davos, la fundación Oxfam publicaba su Informe anual sobre la distribución de la riqueza en el mundo. Este año el Informe lleva por nombre “Premiar el trabajo, no la riqueza” y hace hincapié en el empeoramiento paulatino de las condiciones laborales de la mayoría de la población en favor de los grandes propietarios del capital, proceso que determina la cada vez mayor concentración de la riqueza en unas pocas manos y el expolio a las grandes mayorías.

A continuación, presentamos un resumen de los principales datos que aparecen en el Informe y particularmente aquellos que tienen que ver con la región latinoamericana y caribeña.

Un capitalismo que sigue su curso autodestructivo

  • El capitalismo mundial sigue batiendo récords de inequidad: ya existen 2.043 personas que poseen más de 1.000 millones de dólares (super-ricos). En un año, la riqueza de estos super-ricos ha crecido en 762 mil millones de dólares, monto que permitiría erradicar a nivel mundial la pobreza extrema en siete veces.
  • Entre los años 2006 y 2015 la riqueza de estos super-ricos se incrementó en un promedio anual del 13 %, mientras que los salarios de los trabajadores sólo crecieron en promedio un 2 %.
  • Del incremento de la riqueza mundial en el último año, el 82 % de ésta quedó en las manos del 1 % más rico. Mientras que el 50 % de la población más pobre no recibió nada de esa nueva riqueza.

Un capitalismo cada vez menos meritocrático y más rentista

  • Las minorías acomodadas a lo largo de la historia han justificado la desigualdad como el resultado del talento: los ricos son ricos porque han sabido ser más “eficientes” y “productivos” en el mercado. Aquel argumento ha perdido ya toda credibilidad. Oxfam asegura que hay cada vez más evidencia que confirma que la alta concentración del ingreso y la riqueza se deben a una posición preferencial en el mercado (monopolios), corrupción con el Estado o simplemente es el resultado del capital heredado.
  • Cerca 2/3 de la riqueza de los 2.043 super-ricos proviene de herencias, monopolios o relaciones de nepotismo y connivencia con el Estado.
  • A su vez, el esfuerzo en el trabajo ya no necesariamente garantiza progreso para las clases trabajadoras. El 43 % de la población joven activa no tiene trabajo o, si trabaja, sigue viviendo en la pobreza. Entre 1995 y 2014, en 91 países de un total de 135, el aumento de la productividad laboral no vino acompañado con incrementos salariales.
  • En definitiva: los ricos observan sentados como su riqueza crece mientras que los trabajadores, a pesar de su esfuerzo, no mejoran su nivel de vida.

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Neoliberalismo y Violencia

Renán Vega Cantor

Topía

La violencia no es algo circunstancial en el proyecto de imposición del neoliberalismo, sino que es una de sus características distintivas desde el mismo momento de su implantación.

Desaparecidas las dictaduras en términos formales, sus herederos civiles mantuvieron y profundizaron el legado neoliberal que recibieron. Ahora, la violencia estructural del neoliberalismo en lugar de desaparecer se extendió a los diversos ámbitos de la vida social, puesto que se acentuó el proceso de privatizaciones, ataque a los trabajadores organizados, apertura económica a las multinacionales y al capital financiero, y mercantilización de los bienes públicos. El costo humano de la implementación del “libre mercado” ha sido enorme, porque a éste deben achacársele miles o millones de muertos por el cierre de hospitales, privatización de la seguridad social, liquidación de empresas, despidos en masa, supresión de escuelas y centros educativos. Ese proyecto se presentaba como democrático porque decía sustentarse en “elecciones libres” y periódicas, en las que se legitimaba a los gobiernos neoliberales, que impulsaron reformas constitucionales para establecer como principios inviolables los dogmas de la privatización, la entrega de los bienes comunes al capital transnacional, la flexibilización laboral y los derechos de la propiedad.

La implantación del neoliberalismo a nivel mundial en los últimos cuarenta años ha venido acompañado con la expansión de un mito fundador, creado por sus principales ideólogos. Ese mito fundador sostiene que el neoliberalismo se ha impuesto por la superioridad intrínseca del mercado y que, por libre competencia, han sido liquidadas aquellas formas de organización social que trataban de impedir el funcionamiento armónico y automático de los mercados, así como reducida la injerencia de los estados en la actividad económica de los capitalistas y sus empresas. En este mito se resalta que la imposición del neoliberalismo, como una nueva fase en la historia del capitalismo, ha sido pacífico y sin mayores contratiempos.

Este mito fundador se acompaña de la falacia de sostener que el neoliberalismo (y el capitalismo en general) es sinónimo de democracia y que, en consecuencia, desde su mismo origen ha venido acompañado de la democratización del mundo, incluyendo a América Latina. Ahora, cuando el neoliberalismo está de regreso en países donde se le intentó superar -más no al capitalismo- se vuelve a entonar la cantinela de que es sinónimo de democracia. Una mirada crítica indica todo lo contrario de lo postulado en el mito fundador del neoliberalismo, porque éste se impuso y se ha mantenido mediante una violencia inusitada en diversos planos de la vida social, que corresponde a la lucha de clases librada desde arriba contra los trabajadores y los pobres. Seguir leyendo “Neoliberalismo y Violencia”

Los fusiladores de la Patagonia

Alejandro Teitelbaum

Rebelión

Lectura recomendada: El territorio argentino en venta

Todo empezó con la conquista del «desierto». No tan desierto porque estaba ocupado por los pueblos originarios. Cuya resistencia fue vencida a sangre y fuego.

Así se constituyó la oligarquía terrateniente y vacuna. A la que no tardó en sumarse y asociarse el capital extranjero (ahora las todopoderosas sociedades transnacionales). Que desde entonces los sucesivos Gobiernos de todas las tendencias («democráticos» y dictatoriales) han protegido con la legislación, los tribunales de justicia y con las armas. Lo que les permite crecer, extenderse y permanecer intocables.

La desaparición seguida de muerte de Maldonado y el asesinato de Nahuel además de tener el precedente más que centenario de la conquista del « desierto », tiene otros más recientes. Entre ellos los fusilamientos de obreros rurales en la Patagonia en 1921 (Gobierno de Irigoyen), la matanza de Napalpí (700 indígenas masacrados en el Chaco en 1924 (Gobierno de Alvear) y la masacre de más de 1000 indígenas Pilagás en 1947 en el entonces territorio de Formosa (Gobierno de Perón).

Son enormes intereses que han crecido como un cáncer al amparo de los Gobiernos y que estos han protegido y protegen servilmente por todos los medios, con total desprecio de los derechos humanos, de los intereses populares y de la soberanía nacional.

Entre ellos la oligarquía terrateniente, desde los “históricos” Braun Menéndez y Patrón Costas hasta el actual Benetton, las transnacionales petroleras (Cerro Dragón concedida en 2007 a Pan American Energy hasta 2047 y Chevron participando en Vaca Muerta en términos mantenidos secretos) y mineras como Barrick Gold. (Véase “El territorio argentino en venta”

En Argentina no se tiene ni se ha tenido nunca el control de las zonas de seguridad.

Las zonas de seguridad están definidas en el decreto-ley 15385/44 dictado en 1944 por el gobierno militar Farrell-Perón, que rige aún con pocos modificaciones, donde se dice que es “de conveniencia nacional que los bienes ubicados en zonas de seguridad pertenezca a ciudadanos argentinos nativos”. Se declara de “conveniencia nacional” que pertenezcan a ciudadanos nativos, pero no se prohiben las propiedades extranjeras en las zonas de seguridad.

Así es como actualmente hay enormes propiedades de extranjeros en el borde del Océano Atlántico, en zonas limítrofes, en zonas estratégicas por sus recursos naturales, etc. Seguir leyendo “Los fusiladores de la Patagonia”

La Revolución haitiana. Toussaint L’Ouverture

No cierres los ojos

Grupo Akal

«Supimos cómo enfrentar el peligro para ganar nuestra libertad; sabremos cómo enfrentar a la muerte para mantenerla.» Toussaint L’Ouverture.

En 1804, Haití se convirtió en la primera república negra de la única revolución de esclavos llevada a cabo con éxito en el mundo. El líder indiscutible que trazó el rumbo de este acontecimiento histórico fue un esclavo cuyo nombre constituye hoy un símbolo intemporal de la libertad: Toussaint L’Ouverture. Los escritos que dejó, sus memorias y cartas, y la Constitución que redactó permiten comprender su legado político, teológico y económico.

El sueño de Toussaint era una moneda de dos caras: en una la libertad política, en la otra la libertad económica. A lo largo de los últimos 200 años, muy poco se ha dicho sobre la determinación de Toussaint de erradicar la pobreza, que estaba, y sigue estando, inextricablemente ligada a la esclavitud.

François Dominique Toussaint L’Ouverture era hijo de GaouGuinou, un príncipe de Arada nacido en el actual Benín, África, y llevado en barco a Haití como esclavo. La incertidumbre en torno a la fecha de nacimiento de Toussaint refleja hasta qué punto los esclavos fueron reducidos a objetos a los ojos de los colonizadores.

El momento decisivo para Toussaint se produjo entre 1790 y 1791, tal vez bajo el fulgor de la ceremonia celebrada el 14 de agosto de 1791 en Bois Caïman. Toussaint ya era libre; sin embargo, optó por permanecer con las masas, aquellos que habían sido reducidos a propiedad de sus amos. Toussaint no podía disfrutar plenamente de su propia libertad: compartía el sufrimiento de aquellos que seguían siendo víctimas de la esclavitud. Para que él fuera plenamente libre –y se sintiera plenamente libre–, todas las personas esclavizadas habían de ser libres.

La rebelión de esclavos que hizo erupción en el norte de Haití tras la ceremonia de la ceremonia de Bois Caïman en agosto de 1791 ocurrió en una región que «era la más poblada y la principal en cuanto a producción azucarera, en gran medida debido a que su llanura agrícola era propicia al cultivo del azúcar regado por la lluvia… La región septentrional aportaba aproximadamente dos quintos del azúcar haitiano al comienzo de la revolución, un tonelaje un poco inferior pero de igual valor que el de la región occidental». Esta rebelión fue la chispa que prendió la llama de una insurrección que era una clara y profunda expresión de un llamamiento colectivo a la libertad. Aunque no fue un instigador de la rebelión, Toussaint se puso al servicio de la voluntad y los intereses de los esclavos, y a finales de 1791, justo un año después de rehusar alinearse con Ogé, Toussaint piso las tablas públicas para responder al histórico llamamiento de los esclavos. La insurrección necesitaba de su liderazgo, y él creó una ouverture (abertura) hacia la libertad. Seguir leyendo “La Revolución haitiana. Toussaint L’Ouverture”

Un mecanismo perverso. El endeudamiento como sistema

Eduardo Lucita

Anred

La deuda tiende a recuperar centralidad política y económica. Cada vez pesa más en el presupuesto y lleva a dilapidar recursos escasos, al mismo tiempo que empuja más y más a la subordinación del país a los organismos financieros internacionales.

Desde que asumiera el gobierno de Mauricio Macri su principal decisión ha sido volver al ciclo de endeudamiento, lo que está ratificado en la elevación al Congreso Nacional del proyecto de Presupuesto 2018 que revela que se continuará en ese sendero y muestra que las partidas que más crecen son las destinadas al pago de los servicios de la deuda.

La emisión de un bono a 100 años por parte del gobierno nacional fue más que emblemático. No solo sorprendió a unos y otros sino que volvió a darle centralidad política a la deuda. No tanto por el monto -2.750 millones de dólares- o el interés que es alto -se pagará de intereses unos 200 millones al año- sino por el plazo. Con esto el gobierno ha dado un mensaje al sistema financiero internacional, Argentina vuelve al mismo para no retirarse jamás.

Vaivenes de la deuda.

En lo que va de la recuperación democrática la deuda ha tenido momentos de fuerte centralidad política, pero todos y cada uno de los gobiernos de este tiempo se encargaron, uno tras otro, con la colaboración de los parlamentos, de desvalorizarla y dar la idea de que estaba bajo control. Seguir leyendo “Un mecanismo perverso. El endeudamiento como sistema”

Guatemala: El estallido de la indignación popular. Dossier (Descargar Texto)

Roberto García Cindy López Samayoa Sergio Ramírez

Sinpermiso.info

Mientras las cúpulas políticas buscan blindar su impunidad, crece en Guatemala un movimiento popular rico y diverso que exige un fin a la corrupción y la dimisión del presidente, Jimmy Morales. Una multiplicación de manifestaciones, el asedio al Congreso nacional y un paro general que llevó a un cuarto de millón de guatemaltecos a las calles capitalinas han marcado un quiebre en un país donde las atrocidades de la maquinaria contrainsurgente habían generado una sociedad civil habitualmente temerosa, desconfiada.

Fragmento

Los protagonistas visibles y ocultos de la situación que atraviesa el país de la “eterna primavera” deben colocarse en un contexto histórico más amplio. Desde esa perspectiva, poco importante es Morales, una figura meramente decorativa arribada al poder rápidamente tras el procesamiento del binomio presidencial anterior. En apariencia –se interpretó–, el actor podría evitar, con cierto carisma, la prolongación de las masivas manifestaciones populares de 2015 que presagiaban un desborde popular de mayores y más graves consecuencias. Sí interesa colocar sobre la mesa de análisis que los apoyos principales del mandatario provienen de quienes lo financiaron y construyeron como candidato: los militares contrainsurgentes guatemaltecos y las cámaras empresariales, secundadas por los canales privados de televisión.

Esta realidad está íntimamente relacionada al proceso de conformación de los estados centroamericanos, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIX, cuando fueron construidos y consolidados posteriormente de manera piramidal, sobre bases que suponían, como han escrito varios historiadores, “maximizar ganancias y socializar pérdidas”. Es que la dominación ejercida por las elites incluía una radical desigualdad y falta de solidaridad de su parte hacia el resto de la población. En Guatemala hubo un agravante particular: esas elites siempre fueron racistas, y como parte del andamiaje dejaron históricamente fuera del acceso a los recursos del Estado a la población indígena, que en el país es mayoritaria. Tradicionalmente los indígenas constituyeron la mejor y más económica mano de obra: su labor no era remunerada y una parte del año debían trabajar en las obras públicas so pena de ser considerados “vagos” por el Estado. Aquí entra en juego un factor que también forma parte de esos estados “débiles” para bregar por los derechos de las grandes mayorías, pero crudamente “fuertes” si de reprimir se trata: las fuerzas armadas. Como ha escrito el historiador costarricense Víctor Hugo Acuña, uno de los más lúcidos estudiosos de estos procesos, “los estados centroamericanos han prohijado y se han beneficiado del autoritarismo que permea toda la vida social”.

La impunidad que buscaba el organismo legislativo guatemalteco es la manifestación actual, pero siempre presente, de un poder estatal ajeno al padecimiento de una sociedad civil habitualmente temerosa, desconfiada. Y en Guatemala hay sobradas razones para esto último. La maquinaria contrainsurgente guatemalteca, cuya intencionalidad estatal hoy resulta evidente al conocerse varios documentos oficiales, supuso una acentuada cultura de anticomunismo que ambientó los crímenes más masivos y horrendos de toda la Guerra Fría latinoamericana: fue allí donde se “inventó” la de-saparición forzada masiva. Que el Congreso guatemalteco haya sido sitiado por una multitudinaria manifestación espontánea de sectores civiles representa por eso un divorcio histórico (…)

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