Immanuel Wallerstein: Un análisis imprescindible del capitalismo histórico

Luis Roca Jusmet

Rebelión

"El moderno sistema mundial IV. El liberalismo centrista triunfante 1789-1914", Immanuel Wallerstein (Trad. Victoria Schussheim, Siglo XXI)

Obra fundamental y lectura ineludible, El moderno sistema mundial ofrece las claves para comprender la sociedad actual. Ejercicio de erudición único y rigurosísima investigación histórica, esta magna obra de Immanuel Wallerstein es una genuina reconstrucción del pasado del sistema-mundo en que vivimos. En ella, el prestigioso historiador crítico y científico social articula y enlaza, desde una perspectiva global en la que nada es ajeno, cada uno de los hitos que han ido configurando el capitalismo: desde la transformación del modo de producción feudal, sus crisis y periodos de bonanza, pasando por la Revolución industrial, la colonización y la descolonización sin olvidar la Revolución francesa y el nacimiento de las ideologías contemporáneas.

Immanuel Wallerstein es un gigante teórico de nuestro siglo. Defensor de la sociología histórica como unificación de la falsa división entre las ciencias humanas, este profesor americano de Sociología reconocido mundialmente, ha producido una obra escrita fundamental para estudiar lo que llama la economía-mundo capitalista. Lo más relevante de estos estudios es su trabajo continuado, preciso y crítico sobre este moderno sistema mundial del que formamos parte. Se acaba de traducir el tomo IV de la serie, que publicó en versión original el año 2011, con 81 años.

Los anteriores tres libros anteriores del conjunto habían tratado, el primero, sobre la agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo en la Europa del S.XVI. El segundo sobre el mercantilismo y la consolidación, bajo la hegemonía de las Provincias Unidas, de la economía-mundo europea entre 1600-1750. El tercero se centra en la segunda expansión de la economía-mundo capitalista, ahora bajo la hegemonía de Gran Bretaña, entre 1730 y 1850. La metodología combina el aspecto estructural ( sincrónico) con el histórico ( sincrónico ). Para ello sigue una línea histórica de manera n0 lineal, lo que hace que un libro no empiece exactamente donde acaba el otro. En el libro que nos ocupa su estudio del liberalismo centrista como sistema político y sobre la competencia entre Gran Bretaña y Francia por la hegemonia, abarca desde la Revolución francesa (1789) hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial ( 1914).

El lberalismo será la doctrina dominante en la geocultura porque las dos regiones centrales del sistema-mundo, Gran Bretaña y Francia, crearán Estados liberales. Pero será un liberalismo que a pesar de su retórica universalista querrá transformar la inclusión en exclusión : de las mujeres, las minorías étnico-nacionales, las clases trabajadoras. La construcción del Estado liberal ( entre 1815 y 1830) se da en el marco de importantes conflictos de clases. Seguir leyendo “Immanuel Wallerstein: Un análisis imprescindible del capitalismo histórico”

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La política cínica

Juan Nicolás Padrón

La Jiribilla

Lecturas recomendadas:

Cronología: intervenciones militares de EE.UU. en América Latina

Intervenciones militares de EE.UU. en los últimos 30 años

Nunca ha sido, ni transparente ni convincente, la explicación de algunos trascendentales sucesos en la historia de Estados Unidos, como el atentado al presidente John F. Kennedy o el derribo de las Torres Gemelas de Nueva York. Desde la Guerra de Independencia cubana en 1898, sus mandatarios han ordenado sistemáticamente intervenciones imperialistas con agresiones armadas en casi todos los escenarios del mundo, y decenas de veces en lo que consideran su patio trasero: América Latina.

 

El 2 de agosto de 1964 el destructor norteamericano USS Maddox, que se encontraba en una misión de espionaje en el golfo de Tonkín, aguas que el gobierno estadounidense reclamaba como internacionales y que el entonces Vietnam del Norte demandaba por su cercanía como parte de su territorio, recibió un supuesto ataque de tres lanchas torpederas norvietnamitas, aunque “casualmente” ninguno de los torpedos alcanzó al destructor. “La gran prensa” se hizo eco de inmediato de la noticia, conocida como “el incidente del golfo de Tonkín”.

Al día siguiente, el destructor USS Turner Joy se unió al primero, y según nos contaba esa gran prensa, un día después se detectaron en los radares cinco objetos sospechosos dirigidos a ellos en formación de ataque; los destructores abrieron fuego y los medios afirmaron que habían hundido dos lanchas. Inmediatamente Lyndon B. Johnson ordenó el ataque de cazabombarderos ubicados en los portaviones USS Ticonderoga y USS Constellation, que demolieron embarcaciones e instalaciones petrolíferas de Vietnam del Norte: se destruyeron 8 barcos, se dañaron otros 21 y se arrasó con la refinería de Hon Gai.

El presidente de Estados Unidos solicitó al Congreso la aprobación de la Resolución del Golfo de Tonkín, que concedía plenos poderes para realizar operaciones militares en Vietnam. En marzo de 1965 desembarcaron en la base de Da Nang, en Vietnam del Sur, unos 3500 marines que se unían a los 60 000 que ya se encontraban allí como “asesores militares” de ese ejército títere, todo ello impulsado por Johnson. Se avecinaba la primera crisis petrolera y el golfo de Tonkín era una zona de interés para el Grupo Suite 8-F, una red política y de negocios vinculados al sector conservador del Partido Demócrata; Johnson y John Connally, el Secretario de la Marina, formaban parte del Grupo.

Muchos años después, durante el gobierno de William Clinton, se desclasificó una información secreta de guerra y las grabaciones de las comunicaciones del USS Maddox; las conclusiones de esta investigación han dejado bien claro que aquellos ataques de Vietnam del Norte nunca existieron y la farsa fue una preparación para iniciar la guerra, terminada en 1975 con la rendición incondicional de Estados Unidos, y un dramático balance: alrededor de 5 000 000 víctimas por la parte vietnamita y más del 70% de su infraestructura devastada; casi 60 000 estadounidenses muertos, unos 1 700 desaparecidos y un gasto nunca bien calculado de cientos de miles de millones de dólares, por solo referirse a daños humanos y pérdidas económicas. Seguir leyendo “La política cínica”

La Revolución haitiana. Toussaint L’Ouverture

No cierres los ojos

Grupo Akal

«Supimos cómo enfrentar el peligro para ganar nuestra libertad; sabremos cómo enfrentar a la muerte para mantenerla.» Toussaint L’Ouverture.

En 1804, Haití se convirtió en la primera república negra de la única revolución de esclavos llevada a cabo con éxito en el mundo. El líder indiscutible que trazó el rumbo de este acontecimiento histórico fue un esclavo cuyo nombre constituye hoy un símbolo intemporal de la libertad: Toussaint L’Ouverture. Los escritos que dejó, sus memorias y cartas, y la Constitución que redactó permiten comprender su legado político, teológico y económico.

El sueño de Toussaint era una moneda de dos caras: en una la libertad política, en la otra la libertad económica. A lo largo de los últimos 200 años, muy poco se ha dicho sobre la determinación de Toussaint de erradicar la pobreza, que estaba, y sigue estando, inextricablemente ligada a la esclavitud.

François Dominique Toussaint L’Ouverture era hijo de GaouGuinou, un príncipe de Arada nacido en el actual Benín, África, y llevado en barco a Haití como esclavo. La incertidumbre en torno a la fecha de nacimiento de Toussaint refleja hasta qué punto los esclavos fueron reducidos a objetos a los ojos de los colonizadores.

El momento decisivo para Toussaint se produjo entre 1790 y 1791, tal vez bajo el fulgor de la ceremonia celebrada el 14 de agosto de 1791 en Bois Caïman. Toussaint ya era libre; sin embargo, optó por permanecer con las masas, aquellos que habían sido reducidos a propiedad de sus amos. Toussaint no podía disfrutar plenamente de su propia libertad: compartía el sufrimiento de aquellos que seguían siendo víctimas de la esclavitud. Para que él fuera plenamente libre –y se sintiera plenamente libre–, todas las personas esclavizadas habían de ser libres.

La rebelión de esclavos que hizo erupción en el norte de Haití tras la ceremonia de la ceremonia de Bois Caïman en agosto de 1791 ocurrió en una región que «era la más poblada y la principal en cuanto a producción azucarera, en gran medida debido a que su llanura agrícola era propicia al cultivo del azúcar regado por la lluvia… La región septentrional aportaba aproximadamente dos quintos del azúcar haitiano al comienzo de la revolución, un tonelaje un poco inferior pero de igual valor que el de la región occidental». Esta rebelión fue la chispa que prendió la llama de una insurrección que era una clara y profunda expresión de un llamamiento colectivo a la libertad. Aunque no fue un instigador de la rebelión, Toussaint se puso al servicio de la voluntad y los intereses de los esclavos, y a finales de 1791, justo un año después de rehusar alinearse con Ogé, Toussaint piso las tablas públicas para responder al histórico llamamiento de los esclavos. La insurrección necesitaba de su liderazgo, y él creó una ouverture (abertura) hacia la libertad. Seguir leyendo “La Revolución haitiana. Toussaint L’Ouverture”

Centenario de la Declaración Balfour. En el origen del conflicto palestino

Paul Delmotte

OrientXXI

A menudo resulta difícil establecer la fecha en que se inicia un conflicto, determinar la fecha de su nacimiento. Sin embargo, el de Palestina nació el 2 de noviembre de 1917 con la “Declaración Balfour” cuando, según explica el escritor húngaro de origen judío y nacionalizado británico Arthur Koestler, “una nación (Reino Unido) ofreció solemnemente a otra (los judíos) el territorio de una tercera (los árabes de Palestina)”. 

El 2 de noviembre de 1917 el ministro de Relaciones Exteriores británico Arthur James Balfour dirigía una “carta de intención” al diputado conservador y banquero Lionel Walter Rotschild, amigo de Haïm Weizman, líder de la rama británica de la Organización Sionista Mundial (OSM) y futuro primer presidente de Israel, verdadero destinatario de la misiva. El 8 de noviembre la carta aparecerá en la prensa británica antes de entrar en la historia como la Declaración Balfour. ¿Qué decía aquella carta?:

“El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina y dedicará sus mayores esfuerzos para lograr este objetivo, quedando en claro que no se hará nada que pueda atentar contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías ni contra los derechos ni los estatutos políticos de los que gozan los judíos en cualquier otro país”.

Se imponen, de entrada, algunas observaciones referentes a los términos usados. En efecto, la Declaración Balfour es digna de una antología de circunloquios. Así, la expresión “hogar nacional en Palestina” constituye un testimonio de la prudencia del gobierno británico – que luego el movimiento sionista adoptará como propia – en lo referente a un compromiso claro respecto a un Estado judío y su extensión. Volveremos sobre lo que se sobrentiende en la afirmación de que “no se hará nada que atente contra los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías”. Señalemos, sin embargo, que con el término “colectividades no judías” la carta se refería por medio del negativo a unos 700.000 árabes palestinos, musulmanes y cristianos, que entonces vivían en Palestina.  Seguir leyendo “Centenario de la Declaración Balfour. En el origen del conflicto palestino”

Panamá: En los 40 años de la firma de los Tratados Torrijos – Carter

Olmedo Beluche

Alainet

La conmemoración de los 40 años de la firma de los Tratados Torrijos-Carter ha sido utilizada por los dirigentes del Partido Revolucionario Democrático (PRD) para exaltar la figura de su fundador, Omar Torrijos, y resaltar el supuesto “error” de los que, por razones patrióticas o antiimperialistas, no apoyamos en ese momento el acuerdo. El momento obliga a la evaluación objetiva de los hechos, donde la verdad histórica suele estar equidistante de cualquier unilateralismo.

Las razones del Sí y las razones del No

Desde el momento en que se conoció el texto del tratado, y durante los pocos días de debate democrático que se abrió, entre el 7 de septiembre, fecha de la firma, y el 23 de octubre, fecha del plebiscito, quedó en evidencia su carácter contradictorio. Sin duda alguna, el tratado contenía grandes conquistas, pero también contenía importantes retrocesos que afectaban, y siguen afectando, la soberanía.

Quienes se inclinaban por el voto Sí, reivindicaban el desmantelamiento de la Zona del Canal, el comienzo de la reversión y una fecha fija para la salida de Estados Unidos y sus bases militares, el 31 de diciembre de 1999. Quienes se inclinaban por el voto No, señalaban la legalización de las bases militares, el Pacto de Neutralidad que no era neutral y no tenía fecha de finalización, así como ceder por 23 años la administración primaria del canal.

Por supuesto, también las subjetividades y convicciones políticas influyeron en el debate. Las razones para votar “Sí” o para votar “No” eran tan diversas como la sociedad panameña: desde los gringueros de derecha, para quienes Panamá sólo podía existir como colonia; hasta los oportunistas que aprobaban lo que dijeran los militares panameños sin importar más razones.

En la izquierda también había sus extremos, desde los pancistas que, desde 1972, recibían prebendas del régimen a cambio de apoyo incondicional; hasta la izquierda independiente, separada de Torrijos por las violaciones a los derechos humanos, los asesinados y desaparecidos de los años anteriores.

Entre esos extremos estaba la mayoría de la ciudadanía, motivada por verdaderos sentimientos antiimperialistas y patrióticos forjados por generaciones que lucharon valientemente contra la Zona del Canal y su status colonial. Aquí también la gente se dividió, la mayoría a favor del tratado, la minoría en contra, evaluando “los pros y los contras” según fuera su lectura del tratado.

El mérito es de los Mártires del 64

Algo que se suele pasar por alto es que las conquistas contenidas en el tratado se deben primero que, y por encima de todo, a la lucha generacional del pueblo panameño, pero especialmente a los Mártires del 9 de Enero de 1964. Ellos fueron los que obligaron al imperialismo yanqui a sentarse a negociar y a aceptar la derogación del oprobioso Tratado Hay-Bunau Varilla, impuesto durante la invasión de noviembre de 1903 y la manipulada separación de Colombia, para imponer una república intervenida y colonizada Seguir leyendo “Panamá: En los 40 años de la firma de los Tratados Torrijos – Carter”

Indonesia: Los fantasmas de 1965

Rohana KuddusNew Left Review.es

 NLR 104

“…Medio siglo después de las masacres que erradicaron el comunismo indonesio y transcurridos veinte años de la instauración de la democracia electoral, ¿en qué medida pervive el legado del Nuevo Orden impuesto por Suharto? Bajo el asfixiante manto de la reacción — y de las acomodaciones a ella–, aparecen síntomas de esperanza y progreso en la cuarta sociedad más populosa del mundo…”

Fragmento

Podría pensarse que veinte años es tiempo bastante para que una «democracia emergente» salga de su crisálida. Indonesia se sumó con retraso a la oleada que contempló la restauración de la democracia procedimental en buena parte de América Latina, el bloque soviético y el África subsahariana a media­dos de la década de 1990, junto con el derrocamiento de los dictadores de Filipinas, Corea y Taiwán. Pero después de treintaitrés años en el poder, el control férreo de Suharto solo se aflojó debido a la catástrofe social causada por la crisis asiática en 1997, cuando la presión del fmi y la agitación social lo obligaron a dimitir en 1998. Desde entonces, se ha estabilizado el ciclo electoral y en 2014 un candidato presidencial inde­pendiente, Joko Widodo, accedió al poder con una gran ventaja. Jokowi, como se le conoce, había prometido incluso investigar las extensas matanzas de 1965-1966, que inauguraron el Nuevo Orden de Suharto, un tema que recientemente ha vuelto a llamar la atención de los especta­dores occidentales gracias a la película de Joshua Oppenheimer, El acto de matar (2012). Si bien todas las dictaduras de la Guerra Fría intentaron erradicar a sus opositores de la izquierda radical, Suharto lo consiguió en una escala mucho mayor: de acuerdo con cálculos moderados, se produjeron aproximadamente 500.000 asesinatos, frente a los 3.000 registrados en Chile o los 20.000 que se produjeron en Argentina. El Nuevo Orden no solo aniquiló al Partido Comunista de Indonesia (pki), una fuerza que contaba con tres millones de afiliados, sino que también consiguió demonizar su memoria en una escala que superó los esfuer­zos comparables realizados por la España franquista, por no hablar de los de Pinochet o la Junta argentina (…)

Fuente original del texto: http://newleftreview.es/

Descargar: Los fantasmas de 1965

El inolvidable legado de Salvador Allende

Telesur

El pensamiento político y humano de Salvador Allende continúa vigente en el pueblo de América Latina y el mundo, que lucha por una sociedad más justa y equitativa.

Salvador Allende es una de las personalidades más importantes y recordados de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet -en complicidad con los Estados Unidos- lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno. Esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo “el mandato del pueblo”, como dijera en sus últimas palabras.

Semblanza de un líder

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, en el seno de una familia de clase media de Valparaíso. De niño viajó por el país a causa de las actividades laborales de su padre, un abogado que ocupó varios cargos políticos en Chile.

En 1924 ingresa a estudiar Medician a la Universidad de Chile, lugar en el que se adentró en la política. Llevado por su profunda vocación social, en 1929 integró el grupo político universitario “Avance”, siendo un importante referente político estudiantil. A los 25 años se convirtió en el primer secretario regional del recién fundado Partido Socialista de Chile.

Al obtener su título de médico cirujano, Salvador se dedicó a la medicina social, dejando como legado diversos trabajos sobre salud pública. Antes de cumplir los 30 años, fue electo Diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el Gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, fue nombrado ministro de Salud. En 1945, fue electo Senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

En 1951, junto a comunistas, radicales doctrinarios y la izquierda socialista, participa en la fundación del Frente Nacional del Pueblo (FRENAP), alianza calificada como una “conciencia en marcha”. Un año después se postuló por primera vez para presidir el país.

Luego de tres intentos, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende fue electo presidente de Chile, apoyado por la histórica coalición de partidos de izquierda llamada “Unidad Popular” Seguir leyendo “El inolvidable legado de Salvador Allende”