Debatir los diversos marxismos latinoamericanos – Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano Nº 49 (Descargar)

Elvira Concheiro Bórquez. Jaime Ortega Reyna. [Autores]

Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano.

CLACSO. http://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires.  Octubre de 2017

El conocimiento de la historia y los aportes de los diversos marxismos en América Latina es, hasta ahora, extraordinariamente pobre. Tenemos algunos rigurosos estudios de algunos países latinoamericanos, entre los que destacan los realizados en Argentina y Brasil, en donde la relevancia simbólica de los trabajadores y las características y fuerza de las corrientes de izquierda, conjugadas con una tradición intelectual importante, genera ron una cantidad significativa de trabajos locales. Pero hasta ahora hay pocas aproximaciones que intenten una visión de conjunto de las peculiaridades y aportes de esta importante corriente político-intelectual en la región; es decir, que conjuguen positivamente aquello del carácter latinoamericano de la producción que se hace a propósito de Marx y los marxismos con las transformaciones de la realidad de estos países.

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Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después

Samir Amin

El Viejo Topo

“…Propongo conmemorar de este modo la Revolución de Octubre del 17, situando el acontecimiento en un marco actual, que solo es el del triunfo de la contrarrevolución “liberal” en apariencia, dado que dicho sistema ha entrado ya en buena medida en la ruta de su descomposición caótica, abriendo el camino a la cristalización posible de una nueva situación revolucionaria.…”

Introducción a La Revolución de Octubre cien años después

Las grandes revoluciones hacen la historia; las resistencias conservadoras y las contrarrevoluciones no hacen más que retrasar su curso. La revolución francesa inventó la política y la democracia modernas; la revolución rusa abrió el camino a la transición socialista; la revolución china asoció la emancipación de los pueblos oprimidos por el imperialismo a su implicación en la vía del socialismo.

Estas revoluciones son grandes, precisamente porque son portadoras de proyectos que están muy por delante de las exigencias inmediatas de su tiempo. Y es por ello que chocan, en su progresión, con las resistencias del presente que están en el origen de los retrocesos,  de  los termidor y de las restauraciones. Las ambiciones de las grandes revoluciones, expresadas en las fórmulas de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad), de la revolución de Octubre (proletarios de todo el mundo, ¡uníos!), y del maoísmo (proletarios de todos los países y pueblos oprimidos, ¡uníos!) no encuentran su traducción en la realidad inmediata. Pero siguen siendo los faros que iluminan los combates siempre inacabados de los pueblos por su realización. Es, pues, imposible comprender el mundo contemporáneo haciendo abstracción de las grandes revoluciones Seguir leyendo “Samir Amin: La Revolución de Octubre cien años después”

Ernesto ‘Che’ Guevara – 50 años

El 9 de octubre se cumplen 50 años del asesinato en Bolivia del Comandante Ernesto Guevara de la Serna.

Ernesto  Guevara de la Serna. Rosario, Argentina, 1928 – Higueras, Bolivia, 1967.

Revolucionario iberoamericano. Junto con Fidel Castro, a cuyo movimiento se unió en 1956, fue uno de los principales artífices del triunfo de la revolución cubana (1959).

Lecturas recomendadas:

 

Venezuela: lecturas urgentes desde el Sur (Descargar Libro)

La indiferencia influye poderosamente en la historia. Lo hace de un modo pasivo, pero influye. Es la fatalidad; es aquello con lo que no se puede contar, es lo que desbarata los programas, es lo que desvirtúa los planes mejor construidos. Es la materia bruta que se rebela contra la inteligencia y la asfixia. Aquello que sucede, el mal que se abate sobre todos, el posible bien que un acto heroico (de valor universal) puede generar, no es tanto debido a la iniciativa de los pocos que actúan, sino a la indiferencia, a la prescindencia de los muchos.

Antonio Gramsci, 1917

 

Daniel Chávez. Hernán Ouviña. Mabel Thwaites Rey. [Editores]

ISBN 978-90-70563-59-2

CLACSO. IEALC. TNI.  https://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires. Ámsterdam.  Julio de 2017

Desde marzo de 2017, en un contexto de agravamiento de la polarización política en Venezuela y a partir de la publicación de entrevistas, pronunciamientos colectivos y declaraciones públicas de académicos y militantes políticos y sociales, la izquierda latinoamericana está inmersa en un profundo y pasional debate sobre el presente, el pasado y el posible futuro del proceso bolivariano. Las ideas expuestas en este dossier demuestran que alguien puede ser defensor del proceso bolivariano y crítico de algunas de sus limitaciones o errores más evidentes; o ser crítico del gobierno y al mismo tiempo defensor de las muchas conquistas y logros del mismo proceso. El objetivo de la presente publicación es contribuir a crear un espacio de debate que permita superar la lógica defensiva y en gran medida sectaria que define al actual clima de discusión en la izquierda latinoamericana. Ello implica reflexionar sobre opiniones y datos que se perciben como contrarios o equivocados, procurando un intercambio de saberes relevantes y fructíferos sin intentar avasallar a quien no comulgue con las ideas propias.

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Nuestra América XXI. Desafíos y alternativas. Boletín 11(Descargar)

Grupo de trabajo Clacso. Crisis y economía mundial. Boletín # 11

http://www.clacso.org.ar/

Contenido:

  • – La indispensable reconstrucción de la internacional de los trabajadores y de los pueblos. Samir Amin
  • – A diez años de la gran depresión ¿Crisis del neoliberalismo o fortalecimiento del régimen de  acumulación financiera? Alicia Girón
  • – El TLCAN ante su renegociación. Sergio camada Izquierdo y Abelardo Mariña Flores.
  • – La reforma laboral en Francia. Lucas Gastiglioni
  • – La dependencia y la integración regional en nuestra América. Armando Negrete Fernández
  • – Inserción económica externa y crisis estructural en América latina. Guillermo Andrés Alpízar

 

Fragmento Texto Samir Amín:

La indispensable reconstrucción de la internacional de los trabajadores y de los pueblos.

“… El sistema instaurado desde hace una treintena de años se caracteriza por la extrema centralización del poder en todas sus dimensiones, locales e internacionales, económicas, políticas y militares, sociales y culturales.

Unas cuantas miles de empresas gigantescas y algunos centenares de entidades financieras, asociados en alianzas cartelizadas, han reducido los sistemas productivos nacionales y globalizados a la condición de subcontratados.

De esta manera, las oligarquías financieras acaparan una parte creciente del producto del trabajo y de la empresa, convertido en renta para su exclusivo beneficio.

Una vez domesticados los principales partidos políticos tradicionales de “derecha” y de “izquierda”, los sindicatos y las organizaciones de la llamada sociedad civil, estas oligarquías ejercen ahora un poder político absoluto y el clero mediático a su servicio fabrica la desinformación necesaria para despolitizar las opiniones públicas.

Las oligarquías han suprimido el alcance antiguo del pluripartidismo y lo han sustituido prácticamente por un régimen de partido único del capital monopolista. Privada de sentido, la democracia representativa pierde su legitimidad.

Este sistema del capitalismo tardío contemporáneo, perfectamente cerrado, cumple los criterios del “totalitarismo” que, sin embargo, bien se cuidan muchos de aplicárselo.

Un totalitarismo que de momento todavía es “blando”, pero que siempre está dispuesto a recurrir a la violencia extrema cuando las víctimas – la mayoría de trabajadores y pueblos –, con su posible revuelta, llegan a cuestionarlo.

Las transformaciones múltiples asociadas a este llamado proceso de “modernización” deben valorarse a la luz de la evolución principal caracterizada en las líneas precedentes.

(…) Las devastaciones ecológicas, necesariamente asociadas a la expansión capitalista, vienen a reforzar los motivos por lo que este sistema no es viable. El momento actual es el del “otoño del capitalismo”, sin que este se vea intensificado por el advenimiento de la “primavera de los pueblos” y de la perspectiva socialista. La posibilidad de amplias reformas progresistas del capitalismo en su estadio actual no es más que una ilusión. No hay otra alternativa que la que haría posible un repunte de la izquierda radical internacionalista, capaz de implementar, y no solo de imaginar, avances socialistas.

Hay que salir del capitalismo en crisis sistémica y no intentar la imposible salida de esta crisis del capitalismo… “

Descargar: Nuestra América XXI. Desafíos y alternativas. Boletín 11

Cuba y América Latina. Desafíos del legado revolucionario (Descargar Libro)

Elaine Morales Chuco. [Presentación]

Delia Luisa López García. Diosnara Ortega González. Leonardo Martín Candiano. Magela Romero Almodóvar. José Antonio Monje . [Autores de Capítulo]

Colección Becas de Investigación.

ISBN 978-987-722-259-3

CLACSO. http://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires.  Julio de 2017

Reconocer la extensión y profundidad del legado de la Revolución cubana es un acto de oportuna justicia, pues a la altura de casi sesenta años de iniciada, sus actores gestan un necesario, pero también inquietante perfeccionamiento; en tanto sus detractores pujan por deshacer hasta la memoria. Estamos ante un acto que convoca y distingue a quienes la hicieron y la hacen a diario. Tal herencia se asienta en la figura de Haydée Santamaría Cuadrado, mujer de exquisita sensibilidad, heroína del Moncada, combatiente de la Sierra, fundadora de CASA de las Américas, la evocación conducirá de modo inequívoco a reafirmar y a enriquecer los aportes del proceso iniciado en Cuba en 1959.

Este volumen muestra la complejidad de la obra revolucionaria, sus aciertos y desaciertos, ganancias y pérdidas, avances y retrocesos, en correspondencia con la riqueza y variedad de la realidad misma, y de las apropiaciones que cada ensayista ha hecho a partir de sus propias trayectorias en torno a ella.

De la presentación de Elaine Morales Chuco

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El inolvidable legado de Salvador Allende

Telesur

El pensamiento político y humano de Salvador Allende continúa vigente en el pueblo de América Latina y el mundo, que lucha por una sociedad más justa y equitativa.

Salvador Allende es una de las personalidades más importantes y recordados de la historia de Chile. Fue electo como presidente de ese país en 1970 para cumplir su mandato hasta 1976, sin embargo el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet -en complicidad con los Estados Unidos- lideró un golpe cívico-militar contra su Gobierno. Esa mañana, el presidente Allende murió en el palacio de La Moneda defendiendo “el mandato del pueblo”, como dijera en sus últimas palabras.

Semblanza de un líder

Salvador Allende nació el 26 de junio de 1908, en el seno de una familia de clase media de Valparaíso. De niño viajó por el país a causa de las actividades laborales de su padre, un abogado que ocupó varios cargos políticos en Chile.

En 1924 ingresa a estudiar Medician a la Universidad de Chile, lugar en el que se adentró en la política. Llevado por su profunda vocación social, en 1929 integró el grupo político universitario “Avance”, siendo un importante referente político estudiantil. A los 25 años se convirtió en el primer secretario regional del recién fundado Partido Socialista de Chile.

Al obtener su título de médico cirujano, Salvador se dedicó a la medicina social, dejando como legado diversos trabajos sobre salud pública. Antes de cumplir los 30 años, fue electo Diputado por Valparaíso y Quillota.

Bajo el Gobierno del presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, fue nombrado ministro de Salud. En 1945, fue electo Senador, llegando a presidir la Cámara alta del Congreso.

En 1951, junto a comunistas, radicales doctrinarios y la izquierda socialista, participa en la fundación del Frente Nacional del Pueblo (FRENAP), alianza calificada como una “conciencia en marcha”. Un año después se postuló por primera vez para presidir el país.

Luego de tres intentos, el 4 de septiembre de 1970, Salvador Allende fue electo presidente de Chile, apoyado por la histórica coalición de partidos de izquierda llamada “Unidad Popular” Seguir leyendo “El inolvidable legado de Salvador Allende”

Jack London, escritor y defensor del socialismo

Javier Paniagua Fuentes

Texto tomado de: No cierres los ojos

“… El sistema que impone El Talón de Hierro en EEUU es el de una sociedad capitalista oligárquica donde las empresas monopolísticas se han hecho dueñas de todas las decisiones políticas y han establecido una férrea dictadura, con el control de los medios de comunicación y con una propaganda al servicio de la poderosa oligarquía represiva que, de alguna manera, prevé con clarividencia la actuación de los fascismos de los años treinta del siglo XX que se extendieron por Europa. Los intentos revolucionarios de derrocarla llevan durante mucho tiempo al fracaso, como el que inicia el protagonista en Chicago, donde los trabajadores luchan en las calles y en los rascacielos contra el ejército y los mercenarios de la oligarquía, como un trasunto de la Comuna parisina de 1871…”

EEUU iba a convertirse en la primera potencia mundial a principios del siglo XX y los emigrantes no dejaban de acudir a aquellas tierras que en la imaginación de muchos habitantes del Viejo Mundo representaban la promesa de una vida mejor. Más de cinco millones y medio de nuevos pobladores desembarcaron en la costa este del país entre 1881 y 1890 y muchos de ellos se fueron desplazando al Lejano Oeste. Cerca de nueve millones serían los emigrantes venidos principalmente de Europa o Sudamérica en la década siguiente. Nuevas ciudades, nuevos barrios, con la construcción de rascacielos y grandes fábricas con sus enormes chimeneas se fueron extendiendo por un inmenso territorio que acrecentaba, año tras año, su número de habitantes. Nacía una nueva clase trabajadora que había dejado atrás su tierra de origen y sus formas de vida para buscarse un futuro, con la esperanza de convertirse en propietarios de tierras o negocios que les permitieran superar los condicionantes sociales y económicos de las sociedades en las que habían nacido.

Las cosas no fueron fáciles para una inmensa mayoría que padeció las mismas vicisitudes de explotación que en sus lugares de origen. Se intentó, entonces, poner en práctica en el Nuevo Mundo el bagaje ideológico de transformación social que habían aprendido en la vieja Europa, construido a lo largo de los siglos XVIII y XIX con sus ideales de igualdad económica y social. Se constituyeron sindicatos y organizaciones políticas que abogaban por el socialismo o el comunismo libertario. Su fuerza fue coyuntural y, a pesar de algunos éxitos, nunca se despegaron del feroz individualismo que se incrustó como un paradigma en la mentalidad norteamericana.

Precisamente, el sociólogo austriaco Werner Sombart escribió en 1905 un ensayo significativo: ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos? En efecto, cómo era posible que en el lugar donde el capitalismo tenía su máximo poder no existiera una fuerza socialista potente, como había pronosticado Marx, y su movimiento obrero no tuviera la consistencia de otros países europeos. Siguiendo con el esquema marxista, Sombart argumentaba la falta de feudalismo en EEUU así como una clase obrera sectorializada en diferentes etnias y nacionalidades, con tradiciones culturales propias. Afroamericanos, chinos, sudamericanos, italianos, irlandeses, alemanes, polacos, ucranianos, suecos o rusos y otros más, cada uno con sus tradiciones y guetos, construían una unidad peculiar, sostenida en la esperanza de empezar de nuevo pero manteniendo sus costumbres y religiones, y en los que iba poco a poco imponiéndose una forma de ser que generaría una manera de sentir nueva, una nacionalidad peculiar, de emociones abigarradas que se traducirían en la construcción de un espacio donde, en teoría, cada cual podía labrarse una vida propia sin que se tuviera que depender de una ideología dominante. El éxito en la conquista e una vida confortable marcaba un tipo de materialismo que enlazaba con el calvinismo o puritanismo de los primeros pobladores.

El Partido Socialista Americano

No obstante, en los albores del siglo XX, el Partido Socialista Americano, liderado por Victor Debs, constituido en 1901, y que conectaba la tradición individualista republicana estadounidense con un vago socialismo, muchas veces con connotaciones religiosas evangélicas, que en general obviaba el análisis marxista, parecía tener futuro al ver aumentado su respaldo electoral con el apoyo del sindicalismo del IWW (International Workers of the World). Éste, nacido en 1905 en Chicago, había adquirido una fuerza combativa radical con la aceptación de la lucha de clases como elemento de movilización para exigir las mejoras de las condiciones laborales de la clase obrera, empleando la violencia, la propaganda activa o la desobediencia civil, y diferenciándose notablemente de la AFL (American Federation of Labor), que mantenía un claro antisocialismo y representaba, principalmente, a los trabajadores blancos cualificados identificados con el capitalismo que buscaban mejorar las condiciones salariales y conseguir la jornada de ocho horas. Los socialistas estadounidenses alcanzaron más de 400.000 votos en las presidenciales de 1904 y sus expectativas fueron mayores en las presidenciales de 1908, aunque el aumento fue poco significativo. Su mayor porcentaje lo alcanzaron en 1912 con más de 900.000 sufragios, aunque posteriormente su apoyo fue disminuyendo, especialmente después de sufrir una división interna (…) Seguir leyendo “Jack London, escritor y defensor del socialismo”

Las mismas disyuntivas que en 1917. Por Claudio Katz (Descargar Texto)

Claudio Katz

La revolución rusa atemorizó a las clases dominantes que aceptaron impensables concesiones sociales. Ilustró la dinámica contemporánea de la confrontación con el capitalismo y los rasgos que singularizan un perfil socialista. La radicalización de los bolcheviques inspiró procesos equivalentes del siglo XX. Los revolucionarios no causaron los horrores que padeció la URSS, ni anticiparon el stalinismo. Actuaron con gran respaldo popular, en las antípodas de un golpe. Su proyecto era factible, pero fue distorsionado por una burocracia que finalmente se aburguesó. La inmadurez de las fuerzas productivas no obstruía el debut del socialismo y las dificultades de esa experiencia no se superan soslayando el manejo del estado. El exclusivismo proletario desconoce la variedad de trayectorias inauguradas por 1917. La actualización de esa gesta exige un empalme de Lenin con Gramsci, para lidiar con el dilema del socialismo o la barbarie.

Fragmento

“… La revolución rusa fue el principal acontecimiento del siglo XX. Generó enormes transformaciones sociales y suscitó una inédita expectativa de emancipación entre millones de oprimidos.

Ese impacto se verificó en el pánico que invadió a las clases dominantes. Algunos temieron la pérdida de sus privilegios, otros creyeron que se extinguía su control de la sociedad y muchos se prepararon para el ocaso final de la supremacía burguesa.

Ese miedo explica las enormes concesiones de posguerra. El estado de bienestar, la gratuidad de ciertos servicios básicos, el objetivo del pleno empleo y el aumento del consumo popular eran mejoras impensables antes del bolchevismo. Los capitalistas aceptaron esas conquistas por temor al comunismo.

De ese pavor surgió el concepto de justicia social, como un conjunto de derechos de los desamparados y el registro de la desigualdad como una adversidad. La revolución impuso la mayor incorporación de derechos colectivos de la historia.

Los capitalistas copiaron normas establecidas por el régimen soviético para disuadir la imitación de ese modelo. Aceptaron la universalización de las pensiones y la seguridad laboral.

El propio esquema keynesiano de consumo masivo irrumpió por temor al socialismo. La dinámica espontánea de la acumulación privilegiaba las ganancias y no contemplaba mejoras estables de los ingresos populares.

Los fantasmas creados por la revolución perduraron más tiempo que su efectiva incidencia. Al cabo de muchas experiencias las potencias occidentales digirieron la existencia de la Unión Soviética y concertaron una convivencia, para garantizar la continuidad del capitalismo en el grueso del planeta. Pero mientras subsistió el denominado bloque socialista, la memoria de los soviets continuó inquietando a los poderosos.

Sólo el desplome de ese adversario restauró la confianza de los capitalistas. Reforzaron el neoliberalismo y recompusieron los mecanismos clásicos de la explotación, con flexibilización laboral, masificación del desempleo y ensanchamiento de las brechas sociales.

Las modalidades desenfrenadas del capitalismo reaparecieron en las últimas décadas por ausencia de contrapesos. Esa virulencia tiende a recrear las catástrofes que desataron el tsunami de 1917, replanteando lo ocurrido hace cien años…”

Texto tomado de la página del autor: http://katz.lahaine.org/

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