Europa: El fascismo siempre llama dos veces

El consenso antifascista que sirvió para construir Europa tras la Segunda Guerra Mundial está seriamente resquebrajado. La política europea de austeridad, precariedad, xenofobia y asfixia democrática intensificada durante la crisis financiera ha creado este caldo de cultivo tóxico. Los partidos tradicionales y sus líderes no han sabido ofrecer soluciones más allá del neoliberalismo, con su ideología de libre mercado destructora del Estado de bienestar. Vivimos un momento de peligro: de crisis profunda de la socialdemocracia, de grandes alianzas entre socialdemócratas y liberales, de fascismo renaciente de la extrema derecha, de dispersión (e incluso absorción por el sistema, como los casos del Gobierno de Tsipras en Grecia y del Movimiento Cinco Estrellas en Italia) de las energías democráticas que hace unos años tomaron las calles y las plazas.

Antoni Aguiló

Público.es

Hemos conocido por la prensa la reciente reunión entre Matteo Salvini y Steve Bannon, exestratega jefe de Donald Trump y líder de la fundación The Movement, una organización cuyos principios recuerdan al ultraderechista Tea Party de Sarah Palin. Bannon ha desembarcado en Europa, donde partidos populistas, antiestablishment y antiinmigrantes gobiernan en Polonia, Italia y Hungría, para dar cobertura ideológica a la pujante extrema derecha y promover su expansión y coordinación en el continente, sobre todo de cara a las elecciones europeas de 2019. Bannon ha sugerido que las próximas elecciones europeas podrían abrir el camino para que los movimientos populistas y racistas europeos luchen contra el eje moderado en política migratoria que representan la canciller Angela Merkel y los presidentes Emmanuel Macron y Pedro Sánchez. El objetivo es construir una mayoría política en un Parlamento Europeo dominado por fuerzas euroescépticas y reaccionarias. Esta ronda de reuniones sigue a las recientes conversaciones mantenidas con el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, con quien Salvini comparte una férrea política antiinmigratoria. ¿Está en marcha lasalvinización de Europa?

Frente a ello, Dimitris Papadimoulis, vicepresidente del Parlamento Europeo y líder de Syriza, apostaba en una entrevista del pasado 10 de septiembre concedida a EURACTIV por crear una alianza pro Unión Europea que incluya a centristas y liberales, por lo que probablemente la política (anti)migratoria de la Unión Europea de los próximos tiempos oscilará entre la postura más “moderada” del eje Alemania-Francia-España (creación de “centros cerrados de desembarco” o “campos controlados”) y la postura radical de Lepens, Berlusconis, Sarkozys, Salvinis, Farages, Orbans y demás. Seguir leyendo «Europa: El fascismo siempre llama dos veces»

Samir Amin: Las elecciones italianas de marzo de 2018. Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.

Samir Amin

TopoExpress

En la situación actual, los éxitos electorales de la extrema derecha le vienen efectivamente muy bien al capitalismo establecido. Permiten a los medios de comunicación meter en el mismo saco del oprobio a “los populistas de la extrema derecha y a los de la extrema izquierda”, haciendo olvidar de este modo que los primeros son pro-capitalistas (como demuestra la cualificación que ellos mismos se dan de extrema derecha ) y por lo tanto posibles aliados, mientras que los segundos son los únicos adversarios potenciales peligrosos del sistema de poder del capital.

1.

Las elecciones italianas de marzo de 2018 abren un período caótico cuya salida permanece incierta. El país, que hace pocos años era conocido por ser uno de los más “eurófilos” es ahora “euroescéptico” en un 50% o más; la extrema derecha, abiertamente nostálgica del fascismo ha regresado con fuerza, y la derecha parlamentaria clásica imagina sin dificultad su alianza con ella (como en Austria, por ejemplo); el “populismo” (en este caso el Movimiento 5 Estrellas) se caracteriza por una confusión sin precedentes que impide saber cuál es su verdadero programa, si es que tiene alguno; la izquierda está claramente en declive.

Las explicaciones dadas por los medios de comunicación dominantes ponen el acento en la cuestión de la afluencia de inmigrantes. Sin hacerse preguntas sobre los motivos de esta afluencia (los estragos causados por las políticas del neoliberalismo en África y en Oriente Medio), estos medios de comunicación reconocen la responsabilidad de Europa, que ha abandonado a los países que, por su situación geográfica (Italia, Grecia y España) están en primera línea frente a esta afluencia. Y poco más. Se alude a veces a las miserias producidas por la política económica italiana (pero una vez más sin cuestionar los dogmas liberales). Aun cuando estas explicaciones podrían parecer correctas en una primera lectura, siguen siendo poco convincentes. El análisis de la catástrofe exige una vuelta atrás más seria. Seguir leyendo «Samir Amin: Las elecciones italianas de marzo de 2018. Suicidio de la izquierda, recrudescencia del fascismo, caos.»

Jack London, escritor y defensor del socialismo

Javier Paniagua Fuentes

Texto tomado de: No cierres los ojos

“… El sistema que impone El Talón de Hierro en EEUU es el de una sociedad capitalista oligárquica donde las empresas monopolísticas se han hecho dueñas de todas las decisiones políticas y han establecido una férrea dictadura, con el control de los medios de comunicación y con una propaganda al servicio de la poderosa oligarquía represiva que, de alguna manera, prevé con clarividencia la actuación de los fascismos de los años treinta del siglo XX que se extendieron por Europa. Los intentos revolucionarios de derrocarla llevan durante mucho tiempo al fracaso, como el que inicia el protagonista en Chicago, donde los trabajadores luchan en las calles y en los rascacielos contra el ejército y los mercenarios de la oligarquía, como un trasunto de la Comuna parisina de 1871…”

EEUU iba a convertirse en la primera potencia mundial a principios del siglo XX y los emigrantes no dejaban de acudir a aquellas tierras que en la imaginación de muchos habitantes del Viejo Mundo representaban la promesa de una vida mejor. Más de cinco millones y medio de nuevos pobladores desembarcaron en la costa este del país entre 1881 y 1890 y muchos de ellos se fueron desplazando al Lejano Oeste. Cerca de nueve millones serían los emigrantes venidos principalmente de Europa o Sudamérica en la década siguiente. Nuevas ciudades, nuevos barrios, con la construcción de rascacielos y grandes fábricas con sus enormes chimeneas se fueron extendiendo por un inmenso territorio que acrecentaba, año tras año, su número de habitantes. Nacía una nueva clase trabajadora que había dejado atrás su tierra de origen y sus formas de vida para buscarse un futuro, con la esperanza de convertirse en propietarios de tierras o negocios que les permitieran superar los condicionantes sociales y económicos de las sociedades en las que habían nacido.

Las cosas no fueron fáciles para una inmensa mayoría que padeció las mismas vicisitudes de explotación que en sus lugares de origen. Se intentó, entonces, poner en práctica en el Nuevo Mundo el bagaje ideológico de transformación social que habían aprendido en la vieja Europa, construido a lo largo de los siglos XVIII y XIX con sus ideales de igualdad económica y social. Se constituyeron sindicatos y organizaciones políticas que abogaban por el socialismo o el comunismo libertario. Su fuerza fue coyuntural y, a pesar de algunos éxitos, nunca se despegaron del feroz individualismo que se incrustó como un paradigma en la mentalidad norteamericana.

Precisamente, el sociólogo austriaco Werner Sombart escribió en 1905 un ensayo significativo: ¿Por qué no hay socialismo en los Estados Unidos? En efecto, cómo era posible que en el lugar donde el capitalismo tenía su máximo poder no existiera una fuerza socialista potente, como había pronosticado Marx, y su movimiento obrero no tuviera la consistencia de otros países europeos. Siguiendo con el esquema marxista, Sombart argumentaba la falta de feudalismo en EEUU así como una clase obrera sectorializada en diferentes etnias y nacionalidades, con tradiciones culturales propias. Afroamericanos, chinos, sudamericanos, italianos, irlandeses, alemanes, polacos, ucranianos, suecos o rusos y otros más, cada uno con sus tradiciones y guetos, construían una unidad peculiar, sostenida en la esperanza de empezar de nuevo pero manteniendo sus costumbres y religiones, y en los que iba poco a poco imponiéndose una forma de ser que generaría una manera de sentir nueva, una nacionalidad peculiar, de emociones abigarradas que se traducirían en la construcción de un espacio donde, en teoría, cada cual podía labrarse una vida propia sin que se tuviera que depender de una ideología dominante. El éxito en la conquista e una vida confortable marcaba un tipo de materialismo que enlazaba con el calvinismo o puritanismo de los primeros pobladores.

El Partido Socialista Americano

No obstante, en los albores del siglo XX, el Partido Socialista Americano, liderado por Victor Debs, constituido en 1901, y que conectaba la tradición individualista republicana estadounidense con un vago socialismo, muchas veces con connotaciones religiosas evangélicas, que en general obviaba el análisis marxista, parecía tener futuro al ver aumentado su respaldo electoral con el apoyo del sindicalismo del IWW (International Workers of the World). Éste, nacido en 1905 en Chicago, había adquirido una fuerza combativa radical con la aceptación de la lucha de clases como elemento de movilización para exigir las mejoras de las condiciones laborales de la clase obrera, empleando la violencia, la propaganda activa o la desobediencia civil, y diferenciándose notablemente de la AFL (American Federation of Labor), que mantenía un claro antisocialismo y representaba, principalmente, a los trabajadores blancos cualificados identificados con el capitalismo que buscaban mejorar las condiciones salariales y conseguir la jornada de ocho horas. Los socialistas estadounidenses alcanzaron más de 400.000 votos en las presidenciales de 1904 y sus expectativas fueron mayores en las presidenciales de 1908, aunque el aumento fue poco significativo. Su mayor porcentaje lo alcanzaron en 1912 con más de 900.000 sufragios, aunque posteriormente su apoyo fue disminuyendo, especialmente después de sufrir una división interna (…) Seguir leyendo «Jack London, escritor y defensor del socialismo»

El Zeitgeist de Europa hacia la derecha

Daniel Raventós Julie Wark

Fuente: Counterpunch, edición papel, mayo 2017

El concepto de Zeitgeist (espíritu del tiempo) proviene de la pluma de Hegel. Comúnmente es utilizado para señalizar las formas hegemónicas  de pensamiento que priman durante un tiempo en un país, región o incluso, en el mundo.

Después de 1945 era algo ampliamente asumido que la derrota del fascismo había establecido un punto de referencia normativo. El fascismo era una manzana podrida en el cesto de la historia. Si aún existía, además de los brutales regímenes  franquista y salazarista de la península ibérica, era supuestamente solo en formas aisladas como la Organisation Armée Secrète francesa durante la Guerra de Argelia y la junta militar griega de los primeros años 70. Sin embargo, los símbolos y ortodoxias ultraderechistas se escondían bajo la superficie, esperando a que el neoliberalismo allanara el camino para su renacimiento ideológico como excrecencias de los movimientos de principios del siglo XX o, yendo  más atrás, del dogma contrarrevolucionario post-1789. Los partidos políticos de extrema derecha duchos, en los medios de hoy, visten viejas ideologías y formas de movilización de masas con trajes pseudo-democráticos para imponer sus versiones radicalizadas de los sistemas aceptados. Por lo tanto, pueden incluso cooptar a antiguos adversarios. Por ejemplo, alrededor de un 20% de los gays franceses votaron al Frente Nacional (FN) en las actuales elecciones porque Marine Le Pen afirmó que los gays están en peligro en los países islámicos. Y una nueva encuesta sugirió que el 50% de los partidarios izquierdistas de Mélenchon transferirían su voto a Macron pero que el 20% prefería votar a Le Pen.

Los medios del establishment presentan la política de las élites como lejana y complicada, un asunto que no es para la gente normal. Lemas, memes, astucia que incite las emociones, símbolos y cabezas de turco reemplazan el debate serio y la violencia mimética crea un zumbido explosivo que atrae a los grupos e individuos desafectos. Como argumenta Timothy Snyder en On Tyranny (2017), los políticos usan un lenguaje altamente restringido “para privar al público de los conceptos necesarios para pensar sobre el pasado, el presente y el futuro”, de modo que la auto-decepción se convierte en un estado de ánimo y así “es como las tiranías se propagan”. Los refugiados, los inmigrantes y la UE son culpados por los sentimientos de impotencia y todos los males sociales. Un reciente sondeo del Eurobarómetro muestra que solo el 35% de los europeos ven a la UE como algo positivo. Finalmente, especialmente desde que el Tratado de Maastricht de 1992 anuló la jurisdicción nacional sobre algunos temas importantes, los políticos nacionales son denunciados como elitistas e inútiles Seguir leyendo «El Zeitgeist de Europa hacia la derecha»

Derrota del fascismo en Europa: 70 años después

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Dos sargentos del Ejército Rojo izan la bandera de la Unión Soviética sobre un Reichstag en ruinas, uno de los símbolos del régimen nazi

“… A 70 años de la caída del fascismo alemán y ante la debacle de la Unión Europea y el curso descendente del imperio norteamericano parecería haber condiciones de iniciar una discusión seria sobre la Segunda Guerra Mundial, sacando a la luz el aporte decisivo de la URSS y proponiendo una aproximación rigurosa a la figura de Stalin, cuyos crímenes son harto conocidos pero que no alcanzan a eclipsar por completo los aciertos que habría tenido en la conducción de lo que los rusos llaman “La Gran Guerra Patria”. Entre los cuales, y no precisamente uno de menor importancia, se cuenta el haber reclutado una joven generación de brillantes oficiales luego de la demencial purga que ordenara hacer en vísperas de la guerra y que, a la postre, fueron quienes condujeron al Ejército Rojo a su más gloriosa victoria y lograron que el mundo se desembarace de la peste fascista…”

Atilio Boron
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El auge de la extrema derecha en Europa, por países

La Marea

 Europa - el auge de la extrema derecha

Un fantasma recorre Europa. La austeridad ha incubado el huevo de la serpiente y los partidos xenófobos han crecido de forma terrible para una Europa que creía que había dejado atrás el drama del fascismo.

El Frente Nacional de Marine Le Pen, la hija del hombre que dijo que el Ébola ayudaría a controlar la inmigración, ha sido la fuerza más votada en Francia con un 25,4%, un ascenso espectacular desde el 2009 cuando tan sólo tuvo un 6,3%.

En Alemania, el partido que aglutina todos los grupos neonazis, entraría con un escaño en el Parlamento Europeo. En países como Austria el FPO, Partido de la Libertad, consiguió un 19,50%, aumentando el considerable apoyo que ya tuvo en el año 2009. En Croacia o Dinamarca, los partidos de extrema derecha fueron las opciones más votadas, aunque en Croacia el Partido Croata por los Derechos acudió a la elecciones en una coalición de partidos conservadores tradicionales que, eso sí, logró el 41,39% de los votos. Jobbik mantiene su apoyo en Hungría, el partido que tiene milicias que se dedican a la caza de gitanos, mantiene el 14% de los votos.

Fuente: http://www.lamarea.com/

La hora de Venezuela

Luz Marina López Espinosa

Rebelión / Alianza de Medios por la Paz

 

 

“No hay nada más parecido a un fascista que un burgués asustado” Bertolt Brecht 

Venezuela-

“… Lo que la oligarquía y la derecha venezolana no perdonan, lo que los Estados Unidos –autoproclamado guardián de la libertad y la democracia en el mundo- no admite y no se resigna, es que un pueblo haya retomado inclusive por la vía institucional, las riendas de su destino en forma autónoma y soberana, dejando de ser la nación del patio trasero que fletaba su voz en los organismos internacionales y la inconmensurable riqueza petrolera de sus entrañas, al despotismo político y económico de la potencia del Norte. Esta es la síntesis más cierta de la campaña internacional contra Venezuela y su gobierno….”

 
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Venezuela: La amenaza fascista

Atilio A. Boron

Página/12

 

La escalada desestabilizadora que actualmente sufre la Venezuela bolivariana tiene un objetivo no negociable: el derrocamiento del gobierno de Nicolás Maduro. No hay un ápice de interpretación en esta afirmación. Fue expresada en reiteradas ocasiones no sólo por los manifestantes de la derecha sino por sus principales líderes e inspiradores locales: Leopoldo López y María Corina Machado. En algunas ocasiones se refirieron a sus planes utilizando la expresión que usa el Departamento de Estado: “Cambio de régimen”, forma amable de referirse al “golpe de Estado”. Esta feroz campaña en contra del gobierno bolivariano tiene raíces internas y externas, íntimamente imbricadas y solidarias en un objetivo común: poner fin a la pesadilla instaurada por el comandante Hugo Chávez desde que asumiera la presidencia, en 1999.

Para Estados Unidos, la autodeterminación venezolana –afirmada sobre las mayores reservas comprobadas de petróleo del mundo– y sus extraordinarios esfuerzos a favor de la unidad de Nuestra América equivalen a un intolerable e inadmisible desafío. Para la oposición interna, el chavismo significó el fin de su coparticipación en el saqueo y el pillaje organizado por Estados Unidos y que tuvo a los líderes y organizaciones políticas de la Cuarta República como sus socios menores y operadores locales. Esperaban unos y otros la derrota del chavismo una vez muerto el comandante, pero con las presidenciales del 14 de abril del 2013 sus esperanzas se esfumaron, si bien por un porcentaje muy pequeño de votos. La respuesta de estos falsos demócratas fue organizar una serie de disturbios que cobraron la vida de más de una decena de jóvenes bolivarianos, amén de la destrucción de numerosos edificios y propiedades públicas. Se aplacaron porque la respuesta del gobierno fue muy clara y con la ley en la mano y además porque confiaban en que las elecciones municipales del 8 de diciembre, que concibieron como un plebiscito, les permitirían derrotar al chavismo para exigir de inmediato la destitución de Maduro o un referendo revocatorio anticipado. La jugarreta les salió mal porque perdieron por casi un millón de votos y nueve puntos porcentuales de diferencia. 

Atónitos ante lo inesperado del resultado –que por primera vez le ofrecía al gobierno bolivariano la posibilidad de gobernar dos años y administrar la economía sin tener que involucrarse en virulentas campañas electorales– peregrinaron a Washington para recibir consejos, dineros y ayudas de todo tipo para seguir llevando adelante el plan. Ahora la prioridad era, como lo exigiera Nixon para el Chile de Allende en 1970, “hacer chirriar la economía”. De ahí las campañas de desabastecimientos programados, según recomienda el experto de la CIA Eugene Sharp, la especulación cambiaria, los ataques en la prensa en donde las mentiras y el terrorismo mediático no conocían límites y, luego, “calentar la calle” buscando crear una situación similar a la de Benghazi en Libia que desbaratase por completo la economía y generase una gravísima crisis de gobernabilidad que tornase inevitable la intervención de alguna potencia amiga, que ya sabemos quién es, que acudiese en auxilio para restaurar el orden. Nada de eso ha sucedido, pero no cejarán en sus propósitos sediciosos. López se entregó a la Justicia y es de esperar que ésta le haga caer, a él y a Machado, todo el peso de la ley. Llevan varias muertes sobre sus mochilas y lo peor que le podría pasar a Venezuela sería que el gobierno o la Justicia no advirtieran lo que se oculta dentro del huevo de la serpiente. Un castigo ejemplar, siempre dentro del marco de la legalidad vigente, y la activa movilización de las masas chavistas para sostener a la Revolución Bolivariana es lo único que permitirá aventar el peligro de un asalto fascista al poder que pondría sangriento fin a la gesta bolivariana. Y lo que está en juego es no sólo el futuro de Venezuela sino, indirectamente, el de toda América latina.

Atilio A. Boron. Director del PLED, Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

Artículo tomado de: http://www.pagina12.com.ar/

Los orígenes del fascismo en Europa

Vicenç Navarro

 

Uno de los mayores mitos que se reproduce en los establishments económicos y políticos europeos es que las políticas de austeridad promovidas en la Unión Europea por el gobierno alemán son consecuencia del temor que este país, Alemania, tiene al peligro de la inflación, pues se asume (erróneamente) que fue la inflación la que causó el surgimiento del nazismo en Alemania y la victoria de Hitler en aquel país. De ahí la necesidad de llevar a cabo las políticas de austeridad (con los recortes del gasto público, incluyendo el social, y la bajada de salarios que caracteriza tales políticas).

Esta explicación de lo que está ocurriendo en Europa ha alcanzado la categoría de dogma, de manera que cuando se explica el porqué el Banco Central Europeo tiene como objetivo principal (en realidad, el único) el control de la inflación, la respuesta estándar es que esta fue una condición que puso el gobierno alemán y su Banco Central, el Bundesbank, para que se estableciera el Banco Central Europeo, y ello como resultado del temor del gobierno alemán a que la sustitución del marco por el euro pudiera disparar la inflación.

Este mito, sin embargo, es fácil de mostrar que no se corresponde con lo ocurrido en Alemania. El historiador económico Frederick Taylor, en un interesante artículo “The German trauma”, publicado en New Statesman (05.09.13), cuestiona esta interpretación, aportando datos que señalan el error de dicho supuesto. Muestra, en primer lugar, que la inflación no estaba limitada a Alemania, pues otros países, como Austria, Hungría, Rusia y Polonia, habían tenido también una elevada inflación, sin que hubiera dado pie al surgimiento del nazismo. Y en otros momentos, Grecia, Italia y Francia habían tenido también niveles de elevada inflación sin que apareciera un Hitler en su vida política. La inflación, pues, no fue la causa del nazismo.
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