Capital y cibernética (Descargar Texto)

No faltan los epítetos a la hora de dar cuenta de las transformaciones que se están produciendo en el capitalismo global bajo el impacto de la revolución tecnológica en curso. Por nombrar solo algunos, se habla de capitalismo algorítmico, capitalismo cognitivo, capitalismo comunicacional, capitalismo de datos, capitalismo digital, capitalismo sin fricción, capitalismo de la información, capitalismo de plataforma, semiocapitalismo, capitalismo de vigilancia o capitalismo virtual. Últimamente, este proyecto de categorización ha planteado una ruptura que se aleja del propio capitalismo, pero no en el sentido de un avance, sino como una regresión a un mundo de barones de los datos y usuarios-siervos: feudalismo digital, tecnofeudalismo, feudalismo de la información o neofeudalismo se han convertido en nuevas palabras clave tanto en la izquierda como en la derecha.

Timothy Erik Ström

New Left Review 135

Los debates actuales sobre tecnocapitalismo a menudo minimizan la relativa autonomía del ámbito digital. En respuesta al artículo de Evgeny Morozov; “Crítica de la razón tectofeudal”, Timothy Ström traza la lógica abtraccionista y expansionista de la nueva forma cibernético-capitalista, que se origina en la cúspide del sistema imperial estadounidense.

Fragmento:

Los orígenes del capitalismo cibernético se sitúan en la cúspide del Estado nacional-imperial estadounidense forjado durante la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el amanecer de la era cibercapitalista podría fecharse el 16 de julio de 1945, 21 segundos después de las 5:29 de la mañana, hora local de Nuevo México. En ese momento, «Trinity», la primera bomba atómica, fue detonada en el desierto. Los átomos de plutonio se desgarraron en una reacción nuclear, liberando una inmensa cantidad de energía en forma de calor, luz, sonido y radiación, haciendo temblar la tierra, fundiendo la arena del desierto en vidrio verde radiactivo y enviando una inmensa nube en forma de hongo a más de once kilómetros de altura. Este incidente, rigurosamente calculado, fue un momento crucial en la historia del mundo: las fuerzas tecnocientíficas permitían ahora reorganizar los bloques de construcción de la materia.

Veintitrés días después de la explosión de «Trinity», Estados Unidos utilizó sus terribles armas contra el pueblo de Japón. Se enviaron tres aviones de guerra a Hiroshima. El primero llevaba la carga útil, el arma atómica «Little Boy». El segundo iba lleno de científicos, equipados con sensores e instrumentos para medir la explosión. El tercero llevaba fotógrafos para registrar el acontecimiento. Así, la ciencia y la vigilancia flanquearon literalmente la misión histórico-mundial del bombardeo atómico. A su regreso, los científicos introdujeron sus datos en máquinas informáticas para calcular el éxito de su abominable experimento humano (…)

 

Texto original tomado de: https://newleftreview.es/

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