Tecnología y medio ambiente: Respuestas desde el Sur (Descargar)

La digitalización acelerada que estamos viviendo tiene una relación estrecha con la crisis ambiental y climática que amenaza la vida en la Tierra, provocada por el modelo económico de producción insostenible y consumismo desenfrenado. 

El avance de la potencia de la tecnología y la reducción de sus costes de fabricación han creado un ecosistema de tecnologías digitales interdependientes que sustentan la transformación digital. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), este ecosistema evolucionará y seguirá impulsando el cambio económico y social en el futuro. En la actualidad, el ecosistema se sustenta en el internet de los objetos (IO), las redes inalámbricas de próxima generación (5G), la computación en la nube, el análisis de big data, la inteligencia artificial, el blockchain y la computación de alto rendimiento, aunque también es probable que las tecnologías que conforman la evolución del ecosistema cambien con el tiempo.

Se dice que tenemos ante nosotros una revolución. Sin embargo, es igual de fácil argumentar que parece una nueva evolución de lo mismo: el capitalismo ha encontrado una nueva vida con las tecnologías digitales. En una continuación de las prácticas extractivistas y colonialistas, esta vez las tecnologías digitales reclaman la experiencia humana como materia prima gratuita para traducirla en datos de comportamiento.

La nueva “revolución” se llama Cuarta Revolución Industrial y para las empresas que se benefician de ella, suena como una feliz revuelta. Ahora las empresas pueden explotar cada uno de nuestros pasos diarios sin siquiera depender de si encendemos o no nuestros dispositivos: las “ciudades inteligentes” y todos nuestros comportamientos mediados por los “dispositivos inteligentes” (IO) pueden ser convertidos en datos, procesados por múltiples empresas y vendidos en mercados de futuros comportamientos, que, más allá de los anuncios en línea dirigidos, se extienden a muchos otros sectores.

Pero las revoluciones exigen velocidad. Un sentimiento de urgencia contagia a los Estados aletargados que carecen de ideas para lograr un bienestar social masivo. La iniciativa en políticas públicas la dicta ahora el sector privado que, como un soplo de ayuda, exige a los gobiernos que faciliten la “transformación digital”. Es una situación en la que ambos ganan: las empresas privadas tendrán infinitas minas de datos (cada uno/a de nosotros/ as) y los Estados podrán tener un aumento de la producción y, por tanto, mejores cifras de crecimiento (…)

Fuente original del texto:

Revista ALAI 554 https://www.alainet.org/

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