Europa, Rusia y China. Tres perfiles diferentes al imperialismo dominante

La conducta imperialista de Estados Unidos es un dato corroborado por la escalada de agresiones que perpetró en el “mundo islámico”. ¿Pero cómo debería caracterizarse el rol de Europa, Rusia y China? ¿Qué tipo de indicios surgen de las acciones de cada potencia en la región más turbulenta del planeta? ¿Operan también como fuerzas imperialistas?  

El fracaso del proyecto norteamericano del “Gran Oriente Medio” tiene enormes consecuencias para la relación de la primera potencia con los tres principales jugadores globales del siglo XXI. El imperialismo estadounidense buscaba renovar la subordinación de Europa, frustrar la recomposición de Rusia y neutralizar la expansión de China. Estos tres objetivos quedaron seriamente afectados por la sucesión de adversidades y derrotas que acumula Washington en las últimas dos décadas.

Claudio Katz

Toda la vasta zona atropellada por Estados Unidos en los últimos años fue un botín de la era clásica del imperialismo. Al concluir la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia concertaron especialmente su dominio de Medio Oriente y negociaron el reparto de los territorios árabes del desmembrado Imperio Otomano. Se distribuyeron esa región estableciendo las nuevas fronteras de Siria, Irak, Líbano, Jordania y Palestina.

El resultado de la Segunda Guerra condujo a otra remodelación. Estados Unidos impuso su control de las reservas petroleras y su manejo de muchos gobiernos formalmente independizados. Washington sustituyó a los alicaídos antecesores anglofranceses y convirtió a toda la región en un escenario de la guerra fría contra la Unión Soviética.

Los viejos colonialistas europeos igualmente permanecieron en varios lugares claves. Continuaron lucrando con inversiones petroleras y acreencias financieras y conservaron cierta presencia militar para proteger sus negocios. Pero su desplazamiento por el poder norteamericano se afianzó con paso del tiempo y condujo a un dramático desenlace, luego de la fracasada invasión anglo-francesa del Canal de Suez con asistencia de Israel (1956).

Esa intervención -consumada para contrarrestar la nacionalización dispuesta por el gobierno de Nasser- naufragó en forma escandalosa. Allí quedó sepultada la vieja acción imperial de Europa en el “mundo islámico”. Estados Unidos ocupó definitivamente ese vacío, con una nueva red de alianzas e impuso normas de la subordinación a sus socios transatlánticos. Este curso fue reforzado por la derrota de Francia en Argelia (1962).

Las principales potencias del Viejo Continente renovaron sus actividades económicas en el grueso de los países, pero los operativos militares quedaron bajo el mando del Pentágono. Inglaterra preservó su influencia en la península arábiga y Francia conservó su gravitación en el Líbano. Pero el Departamento de Estado tomó la última palabra en materia de invasiones y golpes de estado contra los personeros en desgracia (…)

Ilustración tomada de: https://rebelion.org/

Texto tomado de: https://katz.lahaine.org/

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