La privatización del espacio

La Estación Espacial Internacional será abastecida por cohetes de la empresa SpaceX. En lo que respecta al transporte a las órbitas cercanas a la Tierra, los innovadores e investigadores pertenecen cada vez más al sector privado.

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, realizó con éxito su primer vuelo al espacio en su propio cohete en el aniversario de la llegada del Apolo XI a la Luna. El viaje se inscribe en la primera misión tripulada de Blue Origin, la empresa que Bezos fundó en el 2000 con el objetivo de desarrollar el turismo espacial. Esta nota analiza cómo las empresas buscan complementar, y hasta suplantar, a los gobiernos nacionales en la exploración y explotación del espacio observando el caso paradigmático de la isla de Man.

Philippe Rivière

Le Monde diplomatique

Si la primera carrera espacial enfrentaba a las dos grandes potencias de la época –Estados Unidos y la Unión Soviética–, los fabricantes de naves espaciales del incipiente siglo XXI son corporaciones privadas, como corresponde a la todavía dominante era neoliberal. Y la sede de muchas de ellas está en un paraíso fiscal que se niega a reconocer que lo es: la Isla de Man.

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo vivía en Man el Phynodderee (“el Peludo”), un duende cuyo mayor placer era ayudar al granjero y al pescador laboriosos (1). Cosechaba por la noche los cultivos del primero y depositaba, en los alrededores, todas las piedras que necesitaba para construir su cabaña; el segundo, al amanecer, encontraba su barco y sus redes reparados.

La varita mágica de las hadas de la Isla de Man se denomina actualmente “tributación cero”. Y sus beneficiarios ya no son los campesinos ni los artesanos, sino, desde 2004, los nuevos conquistadores del espacio. Reinando en el corazón del Mar de Irlanda, la isla de ovejas, desde donde en los días con buen tiempo puede percibirse la costa de las cuatro naciones vecinas –Irlanda, Escocia, Inglaterra y, un poco más lejos, el País de Gales–, se encuentra en efecto, según la clasificación realizada por la consultora Ascend, en el quinto lugar en la lista de Estados con posibilidades de viajar muy pronto a la Luna con una misión tripulada (2). ¿Cómo un pequeño país de ochenta y cinco mil habitantes, que envía a sus jóvenes a estudiar al exterior ya que no posee universidades –ni, con más razón, centros de investigación–, logró “pelear en otra categoría” y convertirse en una potencia espacial ascendente?

En Douglas, la capital, el barrio de los negocios y edificios gubernamentales se concentra en un perímetro reducido alrededor del pequeño puerto donde fondean barcos pesqueros y yates. Miembro del Consejo Legislativo (la Cámara Alta) de la isla, Alexander F. Downie nos recibió en el Tynwald, el Parlamento, recordando las raíces vikingas de ese micro Estado: “Nuestro país posee el más viejo Parlamento en actividad ininterrumpida en el mundo. Las reuniones del Tynwald datan ¡del año 979! Nuestra estabilidad política se debe ciertamente a la ausencia tradicional de partidos –casi la totalidad de los veinticuatro diputados de la Cámara Baja son independientes–. En consecuencia, funcionamos mediante el consenso y el voto individual”. Todos los 5 de julio, el Parlamento en pleno se reúne sobre un montículo en forma de torta de casamiento, en St-John’s, un pequeño pueblo al oeste de la isla, para proclamar las leyes adoptadas durante el año.

Para el ex ministro de Comercio e Industria, Ellan Vannin –el nombre de la isla en gaélico manés– funciona con el dinamismo de una pequeña empresa, adaptando su legislación a las circunstancias y necesidades del mercado. Y sin aversión por la asunción de riesgos. Fue así que, en 1904, Man adoptó leyes que autorizaron a Julian Orde a crear una carrera automovilística, algo imposible en Gran Bretaña, donde la velocidad estaba limitada a 20 millas por hora (32,2 km/h). El Tourist Trophy se convirtió rápidamente en una de las principales carreras de motos del mundo. Atrae a cuarenta mil espectadores, duplicando la población de la capital. Cada año, entre cinco y diez competidores encuentran allí la muerte; incluso antes del comienzo de las prácticas, en junio de 2012, murieron cuatro motociclistas.

La vida de campesino y de pescador era dura en la isla. Durante mucho tiempo, al no poder alimentar a toda su población, el país fomentó la emigración de sus jóvenes. Las grandes fotografías que reciben al visitante en la mina de Lanxey, en el Norte, confirman la ausencia de suficiente comida. A comienzos del siglo XX, el turismo permitió el surgimiento de nuevos empleos (la isla está ubicada frente a Blackpool, en la costa inglesa). Más tarde, al poder los veraneantes viajar en vuelos chárter a regiones más soleadas, Douglas comenzó a especializarse en los años 70 en las finanzas offshore, actualmente el mayor empleador de la isla, que goza de una tasa de desempleo cercana a cero. El turismo, la pesca y la agricultura sólo representan, según el censo de 2011, el 3% de los empleos, y los bancos, las aseguradoras y los servicios para las empresas, el 27%, una cifra elevada.

Asunción de riesgos, capacidad de reacción, tributación “neutral” (ya que, insisten todos nuestros interlocutores: “¡No somos un paraíso fiscal!”), gobierno que trabaja codo a codo con las empresas, estabilidad política, seguridad de toda forma de propiedad, presencia de un sector financiero y de regulación prudencial desarrollado: todos pueden enumerar estas ventajas como si se tratara de elementos en un PowerPoint. Pero esta disponibilidad, por sí sola, no bastaba para apuntar a la Luna. Debía encontrar una demanda, nacida en los escombros de la ambición espacial de las grandes potencias.

Tercerización del espacio

Tal como lo señala Tom Maher, el primer abogado de negocios de Douglas en recibir (en 2004) una formación específica en el sector espacial, “desde el retiro del transbordador por parte de la NASA (3) y los recortes presupuestarios decididos por el presidente Barack Obama, la industria espacial es fundamentalmente comercial. Las agencias públicas se vuelven cada vez más consumidoras de servicios provistos por el sector privado. La Estación Espacial Internacional será abastecida por cohetes de la empresa SpaceX. En lo que respecta al transporte a las órbitas cercanas a la Tierra, los innovadores e investigadores pertenecen cada vez más al sector privado. Las agencias públicas, por su parte, reorientan sus recursos a la exploración del espacio lejano. Y, cuanto más comercial se torna ese sector, más jurisdicciones propicias necesita en el terreno reglamentario y fiscal”.

Opinión que comparte Tina Rawlinson, directora del Cavendish Trust, una sociedad fiduciaria especializada en la creación de empresas offshore: “Se trata de una pequeña industria, pero con cifras enormes. Ahora que el espacio comienza a ser un mercado mundial, los precios, de los que todos se burlaban, se volvieron un desafío. Ahora bien, por estrategia o por suerte, en ese momento insistíamos en todas las conferencias en que ninguna empresa interesada en el sector podía dejar de estudiar la posibilidad de poner un pie en la Isla de Man…”. Debido a la ausencia de impuestos al seguro, por ejemplo, un operador ahorra 100 millones de dólares en el ciclo de vida de un satélite. “Es como cuando un industrial decide instalar su producción en China o India”, concluye Rawlinson. Su colega, Pritesh Desai, observa “un cambio de mentalidad. Las naciones cooperan más que antes, pero ya no tienen la voluntad política, el deseo de probar algo. La carrera espacial ha muerto, y, a menos que China e India se lancen a la conquista de Marte –ya que ¡la tecnología existe!–, las agencias públicas van a desaparecer frente al sector privado que, más allá de los satélites, se interesa también por el turismo espacial y los experimentos en microgravedad”.

Si bien el espacio presenta cierta similitud con el transporte marítimo o aéreo –dos sectores en los cuales la Isla de Man ofrece también su bandera, así como su régimen fiscal y de propiedad–, no es sin embargo un sector como los demás. En Estados Unidos, las exportaciones de tecnologías duales (de uso civil y militar) son estrictamente controladas desde 1999 por las International Traffic in Arms Regulations (ITAR). Ahora bien, los motores de cohetes no son muy diferentes de los motores de misiles… “Hasta ahora, ese tipo de regulación impedía a las empresas instalarse offshore –explica Maher–. Cuando una empresa estadounidense quiere instalar una filial en el extranjero, o compartir una tecnología con un proveedor, se ve limitada en sus decisiones. Pero la Isla de Man goza al respecto del estatuto privilegiado del Reino Unido en la reglamentación ITAR.” Hecho notable: de las cincuenta y cuatro empresas en el mundo que trabajan con satélites, treinta tienen una filial en Man.

Desde 2000, la isla les asigna posiciones orbitales –denominadas “playas de estacionamiento espacial”–, a través de una alianza público-privada con Mansat, una empresa fundada por un nativo de la isla, Chris Stott. “Casado con la astronauta estadounidense Nicole Stott, y habiendo trabajado para empresas como Lockheed Martin y Boeing, Chris tuvo la idea de poner su isla en órbita, y desplegó su talento y sus redes”, declara Ian Jarritt, su director financiero. Stott fundó también Excalibur Almaz, una empresa de turismo espacial que compró estaciones soviéticas de segunda mano, de tipo Salyut, y las guardó en un hangar en el norte de la isla, con el proyecto de ponerlas nuevamente en funcionamiento para enviar a ricos jubilados a dar un paseo por la Luna…

El gobierno manés se jacta también de una excelente “reputación internacional: hicimos todos los esfuerzos de transparencia exigidos para figurar en la lista blanca del G20, y nos ajustamos a las exigencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en materia fiscal –señala Tim Craine, director del sector espacial del Ministerio de Comercio–. Los industriales se ven atraídos por nuestro régimen fiscal; pero también por la experiencia que hemos desarrollado enviando a nuestros profesionales a formarse en la International Space University de Estrasburgo. La mejor prueba de nuestro nuevo rol es que una organización sin fines de lucro como la Space Data Association eligió instalarse aquí”.

Especialidad: los negocios

Esta agrupación de operadores tiene como objetivo reunir en una misma base de datos toda la información sobre la posición de los satélites pertenecientes a sus miembros, calcular las órbitas para anticipar los riesgos de colisión y prevenir entonces a los operadores en cuestión para que modifiquen las trayectorias. “Una respuesta concreta a un problema real que la regulación internacional no lograba resolver, debido al secreto comercial”, comenta Heather Gordon, abogada de negocios de Cains, un estudio cuya clientela internacional incluye a los lanzadores y operadores de satélites más importantes. Una iniciativa similar se lleva a cabo en torno a la gestión de las frecuencias, de manera de reducir las interferencias entre diversos satélites; cada hora de comunicación perdida por razones técnicas se calcula en decenas de millones de euros.

Al decretar la Isla de Man una tributación nula en el sector espacial, ¿no permite a esta industria, esencialmente financiada por el Estado y que goza de la investigación pública, la enseñanza, etc., escapar a sus obligaciones fiscales? La respuesta surge inmediatamente: “Si los gobiernos quieren modificar sus leyes, pueden hacerlo. Es probable que la situación les convenga”. Sea como sea, toda esta actividad se traduce para Man en beneficios indirectos, pero sustanciales. A través del impuesto a las ganancias y el impuesto al valor agregado (IVA), el gobierno debería recaudar entre 2005 y 2013 unos 34 millones de libras esterlinas. Los beneficios para el sector privado ascenderían a 1.600 millones de libras durante el período 2011-2013. Por solamente… ¡dieciséis empleos dedicados a tiempo completo al sector espacial!

En la isla, ¿sólo existen operaciones de papel? No exactamente, nos tranquiliza Downie: “Desde luego, nunca habrá aquí fábricas con miles de obreros. Pero soñamos con instalar pequeños talleres de precisión, con veinte a cincuenta empleados. Por ejemplo, para fabricar piezas de motores de cohetes”. Ya existe tal manufactura de precisión, parte de cuya clientela opera en el sector: visitamos la fábrica CVI Technical Optics, especialista en lentes para láseres de alta energía establecida en Onchan, al norte de Douglas, desde 1972, y que equipó especialmente un sistema de teledetección por láser (Lidar) en la misión Phoenix Mars Lander, en 2008. También se instaló en la isla un fabricante de asientos eyectables, así como un proveedor de piezas para los motores de avión Rolls Royce. De Beers fabrica allí diamantes artificiales.

“Quizás algún muchacho en el norte de la isla encuentre un método para despegar al espacio desde Man –se divierte Maher–, pero no es nuestro objetivo. Los países se especializan. Uno puede lanzar cohetes desde Kazajistán, pero no iría allí a crear una empresa. Uno puede hacer que caigan los minerales extraídos en los confines del sistema solar, en el cinturón de Kuiper, sobre el continente australiano, pero no sobre la Isla de Man. Aquí, nuestra fuerza son los negocios.”

  1. Edward Callow, The Phynodderee and Other Legends from the Isle of Man, J. Dean & Son, Londres, 1882.
  2. Detrás de Estados Unidos, Rusia, China e India, y delante de Reino Unido e Irán. Cf. “Return-to-Moon race runners and riders: which nation will make the next manned lunar landing?”, Space Intelligence News (Ascend), Sutton, agosto de 2010. Con respecto al primer vuelo tripulado a Marte, el análisis ubica a la cabeza a Rusia, seguida de Estados Unidos y China.
  3. National Aeronautics and Space Administration, la agencia espacial estadounidense. Entre el 12 de abril de 1981 y el 21 de julio de 2011, se realizaron 135 lanzamientos; dos de los cinco vehículos construidos se perdieron junto con su tripulación: Challenger, 73 segundos después del despegue, el 28 de enero de 1986, y Columbia, al regresar a la atmósfera, el 1 de febrero de 2003.

Philippe Rivière:  De la redacción de Le Monde diplomatique, París.

Fuente del artículo: https://www.eldiplo.org/

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