David Harvey: París, capital de la modernidad (Descargar Libro)

David Harvey: París, capital de la modernidad. Editorial AKAL 2008

Uno de los mitos de la modernidad es que constituye una ruptura radical con el pasado. Una ruptura de tal magnitud, que hace posible considerar el mundo como una tabla rasa sobre la que se puede inscribir lo nuevo sin hacer referencia al pasado o, si éste se cruza en el camino, mediante su obliteración. La modernidad trata por ello de una «destrucción creativa», ya sea moderada y democrática, o revolucionaria, traumática y autoritaria. A menudo es difícil decidir si la ruptura radical se encuentra en el estilo de hacer o de representar las cosas en diferentes escenarios, como la literatura y el arte, la planificación urbana y la organización industrial, la política y los modos de vida, o cualesquiera otros ámbitos, o si los cambios en todos esos escenarios se agrupan en lugares y momentos cruciales desde donde las fuerzas agregadas de la modernidad se expanden para tragarse al resto del mundo.

Esta idea de modernidad la considero un mito porque la noción de ruptura radical tiene un indudable poder dominante y convincente, que choca con la abrumadora evidencia de que las rupturas radicales ni se producen ni se pueden posiblemente producir. La teoría alternativa de la modernización (más que de la modernidad), que se debe inicialmente a Saint-Simon y que Marx desarrolló más profundamente, es que ningún orden social puede alcanzar cambios que no estén latiendo en su condición existente. ¿No resulta extraño que dos pensadores que ocupan un lugar preeminente en el panteón del pensamiento moderno negaran de manera tan explícita la posibilidad de cualquier ruptura radical, al mismo tiempo que insistían en la importancia del cambio revolucionario? Sin embargo, las opiniones convergen alrededor de la importancia de la «destrucción creativa». Como dice el refrán, no se puede hacer una tortilla sin romper los huevos, y es imposible crear una nueva configuración social sin, de alguna manera, reemplazar o incluso obliterar la vieja. Por lo tanto, si la modernidad existe como término significativo, señala algunos momentos decisivos de destrucción creativa.

En 1848, en Europa en general y en París en particular, sucedieron hechos muy dramáticos. Los argumentos a favor de alguna ruptura radical en la política económica, la vida y la cultura de la ciudad parecen, a primera vista por lo menos, enteramente plausibles. Anteriormente, imperaba una visión de la ciudad que, como mucho, podía apenas enmendar los problemas de una infraestructura urbana medieval; después llegó Haussmann que a porrazos trajo la modernidad a la ciudad. Antes encontrábamos a clasicistas como Ingres y David y a coloristas como Delacroix, y después al realismo de Courbet y al impresionismo de Manet. Antes nos topábamos con los poetas y novelistas románticos (Lamartine, Victor Hugo, Alfred de Musset y George Sand), después vino la prosa y la poesía tensa, variada y exquisita de Flaubert y Baudelaire. Antes reinaban las industrias manufactureras dispersas, organizadas sobre bases artesanales, muchas de las cuales dieron paso a la maquinaria y a la industria moderna. Antes había tiendas pequeñas en los soportales y a lo largo de calles estrechas y torcidas, después llegó la expansión de los grandes almacenes que se derramaron por los bulevares. Antes campaban la utopía y el romanticismo, y después el gerencialismo obstinado y el socialismo científico. Antes, el de aguador era un oficio extendido; en 1870, la llegada del agua corriente a las viviendas lo hacía desaparecer. En todos estos aspectos, y muchos más, 1848 parecía ser un momento decisivo en el que mucho de lo que era nuevo cristalizaba de lo viejo (…)

Entonces, ¿qué sucedió exactamente en París en 1848?

 

El cuadro de Ernest Meissonier de la barricada de la rue de la Mortellerie, en junio de 1848, refleja la muerte y destrucción que frustró un movimiento revolucionario que pretendía reconstruir el cuerpo político de París de acuerdo con unas bases socialistas utópicas.

Libro tomado de: https://erikafontanez.wordpress.com/

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