Ávidos por medirlo todo. Revista de la Universidad de México (Descargar)

“Pienso, luego existo” es la famosa frase con la que René Descartes sienta las bases de su filosofía. En ella se afirma: “la única forma de encontrar la verdad es mediante la razón”. En su aniversario luctuoso 371, te compartimos este ensayo de Eugenio Tiselli, en el que se pregunta qué habría sucedido si el fundamento filosófico de Descartes hubiera sido la intuición en vez de la razón.

Eugenio Tiselli

René Descartes está solo en su habitación. Viste una bata oscura y está sentado al calor de la chimenea. Una duda le rasga el alma. Todos los principios en los que había creído hasta ese momento se desvanecen. Se pregunta si la vida no es más que una ilusión y duda incluso de sí mismo. “¿Soy yo algo acaso?”. A partir de allí, sus meditaciones lo llevan por un camino que habría de sentar las bases de lo que hoy conocemos como el sujeto racional o moderno. En efecto, Descartes convierte la duda en certeza respondiéndose de este modo: si al pensar nos engañamos, al menos ese engaño nos permite saber que cuando pensamos, existimos, porque no se puede engañar a lo que no existe. “Yo pienso, yo existo” es la famosa fórmula que condensa su hallazgo. Pero este punto de vista no despeja totalmente la duda del filósofo, ya que no le permite deducir la existencia de su cuerpo, a pesar de que está vestido y siente el calor del fuego. Sólo existe él en tanto que existe su mente, y ese “algo” que él es, es una cosa que piensa, que entiende, que afirma, que niega y que establece, al fin, una relación predominantemente racional con el mundo. La escisión está hecha: el escalpelo de Descartes ha separado el cuerpo de la mente y le ha otorgado a ésta el título de capitana, confiándole la misión de pensar y entender el mundo, mientras que aquél será simplemente su vehículo de navegación. La meditación de Descartes, o cartesiana, estableció, desde la Francia del siglo XVII, la idea de que nuestro ser es una función de nuestro pensamiento, es decir, del diálogo interno que, eventualmente, se expresa y fluye entre nosotros y el mundo en forma de lenguaje (…)

Tomado de: Cultura UNAM

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