Energía y crisis civilizatoria (Descargar)

La actual catástrofe ambiental y social obliga a revisar los dispositivos energéticos que han hecho posible el aumento de la capacidad transformadora y apropiadora del capital por encima de las capacidades regeneradoras de naturaleza y sociedad. Ningún otro energético iguala la eficiencia, rendimiento y versatilidad de los combustibles fósiles, por lo que para el capital, su sustitución resulta imposible. No obstante, en 2019, el petróleo llegó a su punto máximo (peak oil) y ha empezado su descenso. ¿Implicará esto una reorganización total de la materialidad capitalista? ¿Podrá el capitalismo adaptarse?

América Latina en Movimiento, No. 550, octubre 2020

Contenido:

  • -Hacia una ecología política de las energías renovables
  • -No todo son malas noticias
  • -Crisis civilizatoria: antesala al colapso
  • -Peak oil. Fin de la globalización
  • -Una mirada retrospectiva: Pico del petróleo y fin del crecimiento
  • -Energías renovables, ¿solución o ilusión?
  • -¿Cuál transición energética?
  • -Además de capitalista y colonialista: El modelo energético es profundamente patriarcal
  • -Crisis energética y posverdad

Fragmento:

La energía ha sido el hilo conductor de nuestro asombroso viaje a través de los milenios. Los mayores cambios civilizatorios que hemos experimentado han estado asociados a la mayor disponibilidad y al mejor manejo de la energía que nos permitieron acceder a nuevas y sorprendentes posibilidades. Durante el 98% de nuestra historia, los seres humanos vivimos en sociedades simples donde los requerimientos de energía y materia eran bajos. En la medida en que las ideas, la cultura, la tecnología y la organización sociopolítica se fueron complejizando, las exigencias energético-materiales aumentaron paralelamente. Ese 2% restante de la historia humana corresponde a sociedades complejas cuya máxima expresión es la “civilización”. El proceso civilizatorio se ha manifestado siempre como expansión. Expansión del consumo energético, del territorio, del conocimiento, de la economía, de las redes de conectividad, de la explotación socio-ecológica. Hoy vivimos en la primera y quizá la última civilización global —capitalista y termo-industrial— en donde expansión es sinónimo de crecimiento. Este comportamiento de expansión-crecimiento de la civilización se puede leer en clave de metabolismo social. Se trata de un proceso de anabolismo, es decir, de síntesis de flujos energético-materiales provenientes del entorno que proveen a la civilización de los “nutrimentos” que le permiten seguir creciendo. Pero llega un punto en que esta dinámica expansiva empuja al rebasamiento de la biocapacidad —se consumen más recursos y se producen más desechos de los que se pueden regenerar y procesar— originando un déficit energético en la civilización por la escasez de recursos. Si esto no se soluciona, el metabolismo entra en una fase de catabolismo: un proceso de autodegradación y autoconsumo como única manera de sobrevivir ante la falta de energía. Así como el metabolismo de un animal pierde el equilibrio interno y colapsa cuando el aporte energético y el consumo de nutrimentos se perturban permanentemente, lo mismo ocurre con los metabolismos sociales (…)

Fuente: https://www.alainet.org/

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