Kafka: Un artista de ley (Descargar Texto)

Lectura recomendada: Franz Kafka: El Proceso (Descargar Libro)

Kafka era jurista de formación y de profesión. En 1908, a los 25 años, dos años después de haber obtenido su doctorado en Derecho, comenzó a trabajar en el Instituto del Seguro de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, donde consagró toda su vida profesional a las labores de desarrollo de la legislación sobre el seguro obligatorio de accidentes de trabajo, adoptada por Austria-Hungría en 1887, tres años después de Alemania y once antes que Francia . Los especialistas en Kafka se encuentran divididos en cuanto a si su carrera de jurista fue un factor que le lastró o, por el contrario, le ayudó en la realización de su obra literaria.

Sus diarios y cartas nos ofrecen indicios que parecen respaldar ambas opiniones, lo cual no debe sorprender, ya que apenas hay una sola afirmación de su pluma que no sea reconsiderada inmediatamente desde otro punto de vista. Así, escribió que sus estudios jurídicos «consistieron en alimentarse espiritualmente de un serrín que, para colmo, miles de bocas habían ya masticado por mí», pero rápidamente añadía que, «en cierto sentido, eso era exactamente lo que le gustaba» . Esta forma de dar la vuelta a las cartas, sin detenerse en el primer significado de un hecho o símbolo, sino examinándolos siempre desde la perspectiva inversa, es el sello distintivo de la mente jurídica –o, más exactamente, del arte del proceso, que se rige enteramente por la regla del audi alteram partem: «escuchar a la otra parte».

Esta primera regla del arte del Derecho se conoce hoy como «principio de contradicción», expresión ambigua, en la medida en que la consideración del punto de vista contrario no anula per se el primer punto de vista, sino que lo somete a la prueba de la verdad, permitiendo a aquel que lo defiende contradecir a su vez los argumentos que se le oponen. Dicho de otra manera, el principio de contradicción solo es válido en la medida en que esté al servicio del principio de no contradicción (a saber, que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo). En el curso del proceso, el juego de estas contradicciones sucesivas se sitúa así en el terreno de unas reglas que no pueden a su vez ser contradichas, y que se basan en la ley. Para que un proceso pueda tener lugar es preciso, en efecto, que las partes se sometan a una misma ley; es esta sumisión común lo que les permite intercambiar palabras, en lugar de golpes (…)

Descargar Texto Alain Supiot: Un artista de ley

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