El retorno de la lucha de clases (Descargar Texto)

Un fantasma recorre el mundo. No es aún el del comunismo pero sí el de la lucha de clases con mayúsculas

Un párrafo aparte merece la dinámica que están tomando los acontecimientos en América del Sur donde las burguesías autóctonas y el imperialismo norteamericano comandado por Trump se habían apresurado a celebrar la llegada de las derechas regionales al poder, tras el agotamiento del ciclo de los gobiernos “populistas”. Macri en Argentina, Piñera en Chile, Duque en Colombia, y el ultraderechista Bolsonaro en Brasil parecían confirmar que el péndulo se había corrido por un periodo hacia la derecha. Se preparaban para aplicar nuevos ataques neoliberales, privatizaciones y planes de ajuste del FMI. Incluso intentaron un golpe en Venezuela para que sea la derecha rancia y proimperialista de Guaidó la que capitalice el descontento con el gobierno autoritario de Maduro. Pero desde muy temprano empezaron a mostrar sus límites para llevar adelante este programa reaccionario. Hoy sin duda los procesos más avanzados de la lucha de clases del continente son las “jornadas revolucionarias” de Ecuador y Chile, que por su magnitud, radicalidad y violencia recuerdan los levantamientos que pusieron fin a los gobiernos de la derecha neoliberal entre fines de la década de 1990 y comienzos de los 2000.

Claudia Cinatti

Ideas de Izquierda

Un fantasma recorre el mundo. No es aún el del comunismo pero sí el de la lucha de clases con mayúsculas. La irrupción de los “chalecos amarillos” en Francia, que por primera vez en muchos años despertó el miedo a la revuelta en las clases dominantes en un país imperialista, dio inicio a esta nueva oleada de protestas que desde entonces no cesa de extenderse.

Cientos de miles, quizás millones, se levantaron en Argelia y Sudán contra las dictaduras eternas que sirven a sus amos imperiales, dándole una segunda vida a la “primavera árabe”. En Irak, el país devastado por 15 años de guerra y la ocupación norteamericana, estallaron protestas masivas contra el desempleo y las condiciones de vida paupérrimas, que se prolongaron por días a pesar de que la represión dejó más de 100 muertos. Imágenes parecidas se ven en el Líbano, donde una multitud enardecida pide que se vaya el gobierno de Hariri.

En el otro extremo del mundo, desde hace meses miles protestan en Hong Kong, ese paraíso de los negocios capitalistas donde la desigualdad social ha alcanzado niveles intolerables para la gran mayoría de la población.

En Cataluña se ha reactivado la lucha independentista. Está en curso una verdadera rebelión contra el reaccionario régimen monárquico español que pretende castigar con más de diez años de prisión a los dirigentes del “procés”.

Esta ola de protestas llegó a América Latina y está cambiando el signo de la situación política. En Puerto Rico un levantamiento popular tiró al gobierno y puso en cuestión el dominio colonial norteamericano. En Haití, el país más pobre de la región, desde hace meses hay una revuelta intermitente contra el gobierno de Jovenel Moïse.

No se trata de hacer una enumeración, o mejor dicho, la enumeración está al servicio de poner de manifiesto que los de arriba cada vez pueden menos y los de abajo están cada vez más hartos. En todos los casos los gobiernos capitalistas responden con una represión recargada. Mientras los medios corporativos y los intelectuales al servicio de los explotadores demonizan a los que se rebelan, los acusan de violentos y “golpistas”. Esta reacción de las clases dominantes, de sus estados y sus aparatos ideológicos, confirma desde otro ángulo que se trata de protestas que tienen el potencial de abrir una dinámica revolucionaria, y que la única forma de cerrarlas es dar palos primero y luego ver qué concesiones hacer (…)

Fuente original del texto: https://www.laizquierdadiario.com/

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