Seattle. ¿Ciudad corporativa? Por Cal Winslow

Seattle crece de modo exuberante: es un lugar importante. Cabe, sin embargo, preguntarse: ¿qué clase de lugar? Un escenario, tal vez, para la nueva Gilded Age, donde la riqueza corporativa y una vida callejera «vibrante» pueden distraer la mirada de todo tipo de contradicciones sociales. A los habitantes de Seattle no les importa que llueva; de hecho, les encanta el aire libre. Sin embargo, los espacios públicos escasean y el acceso al mar está severamente restringido. Los empleados de las empresas tecnológicas llevan muy a gala los altos índices de «calidad de vida» que distinguen a Seattle, pero los precios de la vivienda se disparan incluso a un mayor ritmo que en el Área de la Bahía de San Francisco y el tráfico es con frecuencia insoportable. En Pioneer Square, cientos de desempleados duermen regularmente en la calle cada noche. Surgen poblados de tiendas de campaña que recuerdan a «Hooverville», el complejo de chabolas erigido en la década de 1930.

Cal Winslow  New Left Review

Fragmento

Seattle reluce bajo los cielos grises que caracterizan su clima. En Elliot Bay aguardan para descargar los portacontenedores procedentes de China, mientras las embarcaciones turísticas parten hacia los glaciares menguantes de Alaska. Una concurrida atracción, la noria conocida como la Great Wheel, se alza sobre el muelle 57 y los turistas pululan por todas partes. Dos gigantescos estadios deportivos dominan el extremo sur del paseo marítimo, donde en épocas pasadas los marineros solían resolver sus trifulcas y los estibadores en lucha inmovilizaban los grandes buques, siendo derrotados en 1916 y alzándose victoriosos por fin en 1934. Seguir leyendo “Seattle. ¿Ciudad corporativa? Por Cal Winslow”