El Proyecto Corbyn. Capital público y New Deal laborista (Descargar Texto)

Robin blackburn  New Left Review

Por primera vez en su historia, la izquierda parlamentaria británica tiene una posibilidad real de ocupar los principales puestos gubernamentales en este bastión capitalista cuando se realicen las próximas elecciones generales. En lo que sigue exploro los desafíos y las limitaciones que encontraría un gobierno de Corbyn para afrontar los enormes desequilibrios estructurales de la economía del Reino Unido. Expongo los planes que han surgido hasta ahora desde el entorno de su secretario del Tesoro en la sombra, John McDonnell, y algunas ideas adicionales que podrían llevar a Corbyn y McDonnell aún más lejos, si es que ganan las elecciones. Mi atención se centrará en la política económica, donde los partidos socialdemócratas han carecido con demasiada frecuencia de imaginación y han sido embaucados por las panaceas de curandero de la opinión del establishment. Pero antes puede ser útil esbozar los contornos del panorama socioeconómico con que se encontrará un gobierno de la izquierda laborista, después de que una década de políticas de austeridad tory hayan corroído aún más el que ya era, después de Thatcher y Blair, el orden más desigual y neoliberalizado de toda la Europa occidental.

Contenido:

  1. Los achaques de la economía del Reino Unido
  2. ¿Cambio de ciclo?
  3. Nuevos horizontes para una nueva izquierda
  4. Perspectivas

Fragmento:

Los achaques de la economía británica se remontan más allá del momento actual. Los terratenientes capitalistas y los banqueros de la City le habían dado la espalda a la economía productiva del Reino Unido incluso antes de que perdiera su ventaja de primer país industrializado en la década de 1870, prefiriendo los mayores rendimientos prometidos por la intermediación financiera y la extracción de minerales. La burguesía fabril inglesa siempre ocupó un lugar secundario en la clase dirigente «aristocráticamente capitalista» preexistente1 . En el siglo xx el Imperio y su área esterlina fomentaron el desarrollo desigual en el país y en el exterior, mientras que el Partido Laborista ajustaba a medida las demandas de la clase trabajadora para operar dentro de ese sistema tan desproporcionadamente desequilibrado. La modernización infligida por Thatcher en la década de 1980 no mejoró el sector industrial tal como lo habían hecho los líderes de Alemania Occidental y Japón, sino que lo estranguló con altos tipos de interés, lo que instigó un nuevo giro hacia el sector servicios. Al mismo tiempo, Thatcher levantó las restricciones contra la especulación que hasta entonces regulaban la actividad de los fondos de ahorro nacionales: los planes de pensiones, las pólizas de seguros y las hipotecas proporcionaron el combustible para el despegue apalancado del capital financiero. La privatización de la vivienda pública y los servicios públicos (gas, electricidad, telecomunicaciones, agua, ferrocarril, autobuses) prometía altos rendimientos para los propietarios inmobiliarios y los accionistas, sin obligarlos a comprometerse en la inversión en infraestructuras a largo plazo (…)

Fuente del Texto: http://newleftreview.es/

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