Calígula de Albert Camus (Descargar)

Reflexión sobre los problemas y obsesiones que nutrieron su creación literaria y teórica, Calígula  —obra gestada entre 1938 y 1942 y representada por vez primera en 1945— es una de las grandes piezas dramáticas de Albert Camus (1913-1960). En ella, los temas recurrentes del absurdo existencial, la enajenación metafísica, el sufrimiento del hombre y la lógica del poder reciben un despliegue dramático que discurre en paralelo a las novelas y ensayos de un autor cuyo talento y sensibilidad ética se centraron siempre en una indagación sobre la complejidad, la ambigüedad y la riqueza de la condición humana

La obra de teatro Calígula se basa en la vida del emperador romano. El tema central es la locura que desarrolla este personaje debido a la muerte de su hermana, Drusila, con la que mantenía relaciones incestuosas. A partir de ese momento, el emperador adopta una nueva actitud, convirtiéndose en un tirano. Esto hace que los patricios planeen la venganza y muerte del emperador. La obra finaliza con el asesinato de Calígula.

Calígula corresponde al ciclo de la negación, más conocido como el ciclo de lo absurdo. Este ciclo está enmarcado dentro del contexto histórico de la segunda guerra mundial, por ello, refleja la angustia colectiva. Ante lo absurdo de la vida y del destino del hombre, Camus propone la rebelión como una manera de combatir las injusticias.

Libro tomado de: http://www.ctvteatro.com/

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ESPIRAL de Enrique Anderson Imbert

Regresé a casa en la madrugada, cayéndome de sueño. Al entrar, todo obscuro. Para no despertar a nadie avancé de puntillas y llegué a la escalera de caracol que conducía a mi cuarto. Apenas puse el pie en el primer escalón dudé de si ésa era mi casa o una casa idéntica a la mía. Y mientras subía temí que otro muchacho, igual a mí, estuviera durmiendo en mi cuarto y acaso soñándome en el acto mismo de subir por la escalera de caracol. Di la última vuelta, abrí la puerta y allí estaba él, o yo, todo iluminado de Luna, sentado en la cama, con los ojos bien abiertos. Nos quedamos un instante mirándonos de hito en hito. Nos sonreímos. Sentí que la sonrisa de él era la que también me pesaba en la boca: como en un espejo, uno de los dos era falaz. “¿Quién sueña con quién?”, exclamó uno de nosotros, o quizá ambos simultáneamente. En ese momento oímos ruidos de pasos en la escalera de caracol: de un salto nos metimos uno en otro y así fundidos nos pusimos a soñar al que venía subiendo, que era yo otra vez.

Enrique Anderson Imbert . Argentina (1910-2000)

Tomado de Entremeses literarios (CXC)

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