La guerra de los 25 años

Manlio Dinucci

Il Manifesto (Italia)

golfo-persico

Hace 25 años, en las primeras horas del 17 de enero de 1991, comienza en el Golfo Pérsico la operación «Tormenta del Desierto», la guerra contra Irak que abre la fase histórica que hoy estamos viviendo. Esta guerra se inicia en el preciso momento en que, después de la caída del muro de Berlín, van a disolverse el Pacto de Varsovia y la propia Unión Soviética. Esos acontecimientos crean, en la región europea y centroasiática, una situación totalmente nueva. En el plano mundial, desaparece la superpotencia capaz de hacer frente a Estados Unidos.

 

«El presidente Bush [padre] aprovecha ese histórico cambio», cuenta Colin Powell. Washington traza de inmediato «una nueva estrategia de seguridad nacional y una estrategia militar para respaldarla». La agresión iraquí contra Kuwait, ordenada por Sadam Husein en agosto de 1990, «proporciona a Estados Unidos la oportunidad de poner en práctica la nueva estrategia exactamente en el momento en que comienza a hacerla pública».

Sadam Husein, quien se convierte entonces en el «enemigo número 1», es el mismo personaje a quien Estados Unidos había respaldado en los años 1980 durante la guerra contra el Irán de Khomeiny, el «enemigo número 1» de aquel momento, para favorecer los intereses estadounidenses en el Medio Oriente.

Pero en 1988, cuando termina la guerra contra Irán, Estados Unidos teme que Irak, gracias a la ayuda soviética, logre hacerse con un papel dominante en la región. Los estadounidenses recurren entonces a la tradicional política de «divide y vencerás». Obedeciendo al guión de Washington, Kuwait también cambia de actitud y exige el reembolso inmediato de la deuda contraída por Irak. Al mismo tiempo, explotando el yacimiento de Rumaila –a caballo entre los territorios de Kuwait e Irak– Kuwait eleva su producción de petróleo más allá de la cuota establecida por la OPEP, perjudicando así los intereses de Irak, que salía de la guerra contra Irán con una deuda externa superior a los 70 000 millones de dólares, de los que debía 40 a Kuwait y Arabia Saudita.

Ante esa situación, Sadam Husein cree poder resolver el problema «reanexando» el territorio de Kuwait, que –conforme a las fronteras trazadas en 1922 por el procónsul británico Percy Cox– cierra el acceso de Irak al Golfo Pérsico. Washington hace creer a Bagdad que no tiene intenciones de intervenir en el asunto y, el 25 de julio de 1990, mientras los satélites del Pentágono muestran que la invasión [iraquí] es ya inminente, la embajadora estadounidense en Bagdad, April Glaspie, asegura a Sadam Husein que su país desea tener las mejores relaciones con Irak y que no piensa interferir en los conflictos entre países árabes. Sadam Husein cae en la trampa: una semana después, el 1º de agosto de 1990, Irak invade Kuwait.
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