Argentina – Neoliberalismo: totalitarismo y democracia

Jorge Alemán

Página/12

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En esta nueva mutación del capitalismo, que denominamos neoliberalismo, la disyunción totalitarismo o democracia se ha vuelto opaca y enmascara una nueva cuestión, que las verdaderas decisiones que toman los mercados no son nunca votadas, y que es el neoliberalismo el que funciona como un dispositivo con pretensiones totalizantes, tanto intentando cerrar toda brecha social que muestre la heterogeneidad inevitable de lo social, como el de negar cualquier antagonismo con el nombre de “grieta”, “crispación” y finalmente denunciando como “totalitaria” a las experiencias populares que por desear no seguir los pasos del Amo corporativo necesitan sostenerse en un discurso ideológico que exige una militancia social que va mas allá de la vida institucional, vida, que hasta el momento de las experiencias contrahegemónicas populares, desfallecía en un inmovilismo inerte.

Durante el siglo XX existió una experiencia inédita que mostró y volvió definitivamente patente un aspecto que anudaba la organización colectiva con el terror, el llamado Totalitarismo. Más allá de los distintos análisis que intentaron interpretarlo en su verdadera esencia, casi todos coinciden en que dicha formación histórica, admitiendo la diferencia crucial entre el estalinismo y el nacionalsocialismo, intenta asegurar su cohesión, su plenitud como identidad, su clausura como sociedad consistente y realizada desencandenando una lógica de terror y eliminación de toda existencia que se perciba como amenaza de la totalidad alcanzada. Seguir leyendo “Argentina – Neoliberalismo: totalitarismo y democracia”

Los BRICS: una fábula de nuestro tiempo

Immanuel Wallerstein

La Jornada

BRICS -

La historia de los BRICS es extraña. Comienza cuando Jim O’Neill, en ese momento coordinador de la gestión de activos en Goldman Sachs, la gigante casa de inversiones, escribió un artículo ampliamente comentado acerca de lo que hemos venido a llamar economías emergentes. O’Neill destacó a cuatro países –Brasil, Rusia, India y China–, todos los cuales son lo suficientemente grandes en tamaño y territorio como para tener un peso notorio en el mercado mundial. Los llamó los BRICs.

 

O’Neill argumentó que sus activos crecían a un ritmo tal, que llegarían a controlar colectivamente el valor de los activos mantenidos por los países del G-7, durante mucho tiempo considerados los países más ricos del sistema-mundo. O’Neill no dijo con exactitud cuándo habría de ocurrir esto –a más tardar hacia 2050. Pero ubicó el surgimiento de los BRICs como más o menos inevitable. Dada la posición de Goldman Sachs, en esencia le estaba diciendo a los clientes de dicha firma que ubicaran partes significativas de sus inversiones en estos cuatro países mientras sus activos siguieran vendiéndose baratos.

Los argumentos prendieron, aun al interior de los cuatro países en cuestión. Los cuatro países de los BRICs decidieron asumir el nombre y crearon estructuras para celebrar reuniones anuales a partir de 2009, con el fin de transformar su fuerza económica emergente en una fuerza geopolítica. El tono de sus sucesivas declaraciones colectivas fue hacer valer el sitio del Sur contra el Norte, en especial Estados Unidos, en el sistema-mundo. Hablaban de reemplazar el dólar como divisa de reserva, con una nueva divisa basada en el Sur. Hablaron de crear un banco de desarrollo con sede en el Sur para que asumiera muchas de las funciones que eran de la competencia del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Hablaron de redirigir los flujos de comercio mundial, enfatizando los intercambios Sur-Sur.

Hablaban de todas estas cuestiones, pero de algún modo nunca lograron instrumentar estas propuestas. En cambio, desde 2010 se concentraron en gozar de los frutos del alto nivel de los precios de las mercancías de exportación, lo que permitió a los cuatro países aumentar significativamente los niveles de ingreso de los estratos medios y altos, y aun incrementar algunos beneficios para los estratos inferiores.
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