19 y 20 de diciembre de 2001 – El Argentinazo

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Y entonces nació la música. Empezó de a poquito, sonando en las cocinas de algunas casas, cucharones que golpeaban cacerolas, y salió a las ventanas y a los balcones. Y se fue multiplicando, de casa en casa, y ganó las calles de Buenos Aires … Cada sonido se juntó con otros sonidos, la gente se juntó con la gente, y en la noche estalló el concierto de la bronca colectiva … Al son de los tachos de cocina, y sin más armas que ésas, se alzó el clamor de la indignación … Convocada por nadie, la multitud invadió los barrios, la ciudad, el país … La policía respondió a balazos … Pero la gente, inesperadamente poderosa, harta de ser espectadora de su humillación, invadió la cancha. 

Eduardo Galeano: Los invisibles – El Mundo, Diciembre 2001

Néstor Kohan

La Haine

A ver, a ver, Quien maneja la batuta, Si el pueblo unido O el gobierno hijo de puta (yuta puta…)♪  (Cantito popular en barricada de acceso a Plaza de mayo)

El Argentinazo: Una primera aproximación a la rebelión popular

LA POLÍTICA EN LAS CALLES Y LA CRISIS DEL LIBERALISMO

A vos te puso el Fondo, chupete botón

A vos te puso el Fondo, chupete botón,

Te cortamos las rutas, te paramos el país

Sos un hijo de puta, te tenés que ir…♪

(Cantito popular en columna sobre Diagonal Norte, acceso a Plaza de mayo)

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Salta, salta, salta,

Pequeña langosta,

De la Rua y Menem son la misma bosta…♪

(Cantito popular en columna sobre Avenida de Mayo, rumbo a la plaza de mayo)

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Alguien se acuerda? Poco antes de ganar las elecciones de 1999, el futuro vicepresidente Carlos Alvarez y Graciela Fernández Meijide («el Chacho» y «Graciela» a secas, para el progresismo) martillaban una y otra vez los oídos populares con la consigna de que en Argentina ya no iba más la política en las calles. Reclamaban cerrar la campaña de la Alianza que llevaría a De la Rua como presidente por televisión sin recurrir a actos callejeros.

Escaso tiempo antes, el historiador Luis Alberto Romero (de la Universidad de Buenos Aires) había cerrado una inmensa antología de dos tomos sobre la historia de la ciudad de Buenos Aires con un capítulo final titulado sintomáticamente «El fin de la política en las calles»

La misma tesis era defendida en su programa de TV por Mariano Grondona, mientras tomaba –emocionado- la mano de Lilita Carrió y de otros miembros del ARI (el partido cabeza del progresismo actual que tiene como lema «una República de Iguales»).

¿Cuál era la alternativa liberal entonces en danza? Manifestar la opinión individualmente y dentro de las instituciones mediante el voto, como ciudadanos-contribuyentes, sin caer en «el autoritarismo» de los que hacen política en las calles y desde posiciones de clase al margen de la Constitución, el Parlamento o los tribunales

RESIGNIFICAR EL ARGENTINAZO

A ver, a ver,

Quien maneja la batuta,

Si el pueblo unido

O el gobierno hijo de puta (yuta puta…) ♪

(Cantito popular en barricada de acceso a Plaza de mayo)

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Baila la hinchada baila,

Baila de corazón,

Sin radicales, sin peronistas

Vamos a vivir mejor… ♪

(Cantito popular en columna que se dispersaba en el Obelisco frente a la represión policial)

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Durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre, en un abrir y cerrar de ojos, cuando la experiencia popular de unas pocas horas equivalen a muchos años y el tiempo se acelera vertiginosamente desafiando al reloj, esa prédica liberal y ese modo institucionalista de entender la política cayeron en el vacío. El liberalismo burgués quedó girando, aturdido, en medio del humo espeso de los neumáticos quemados y los incendios callejeros.

Los medios de comunicación del sistema y todo el andamiaje político institucional argentino se abocaron inmediatamente después de las batallas callejeras a resignificar el carácter del conflicto, la intensidad de la represión estatal, la modalidad de la rebelión popular e incluso hasta la identidad misma de los protagonistas.

Para los medios gráficos del sistema (incluyendo a los «progres») la fotografía central de tapa fueron las víctimas de la represión o el helicóptero de De la Rua huyendo de la Casa Rosada. Ninguno puso en primer plano a los trabajadores y a los jóvenes peleando en las calles. El enfrentamiento de la lucha de calles y la lucha de clases se esconde, se elude. Su lugar es reemplazado por la cuestión institucional de la sucesión presidencial.

Pero no sólo eso. Los medios también trataron de minimizar la incidencia de la rebelión popular, intentando convencer a todo el mundo de que De la Rua se tuvo que ir más por sus fallas en política económica que por la lucha popular. Resumiendo: no fue el pueblo combatiendo en la calle el que lo echó por su propia iniciativa, sino que él simplemente… «se fue». El intento de expropiación de la rebelión popular no quedó limitado a las maniobras de los medios. Toda la dirigencia burguesa (incluyendo no sólo al Partido Justicialista y a la Unión Cívica Radical sino también a los «progres» del ARI, el FRENAPO y el CTA) intentó encaramarse mezquinamente sobre la rebelión y sacar provecho personal recorriendo presurosamente los canales de TV cuando ninguno de sus dirigentes puso el cuerpo en la lucha.

¿Dónde estaban los jerarcas del peronismo que hoy se refriegan las manos y se relamen con el botín de una lucha ajena? ¿Y Lilita Carrió? ¿Y De Gennaro? ¿Y Horacio Verbitsky? ¿Y las dos CGT? ¿Dónde estuvieron? ¿Alguien los vio en las barricadas? ¿Alguien los vio tirándoles piedras a la policía montada a caballo o a los motociclistas policiales con itakas en la mano? ¿Alguien los vio apedreando a los grandes bancos y entidades financieras multinacionales? ¿Alguien los vio incendiando las camionetas de la empresa de correspondencia privada OCA hasta hace poco perteneciente al empresario Yabrán? En serio: ¿Alguien los vio?

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¿BARBARIE O REBELIÓN DE MASAS?

¡Qué boludos! ¡Qué boludos!

El estado de sitio

Se lo meten en el culo… ♪

(Cantito popular en Plaza Congreso)

Ya se acerca nochebuena,

Ya se acerca navidad

Pero el pueblo está en la calle

Y el gobierno ya se va… ♪

(Cantito popular en Plaza de mayo)

El pueblo unido, jamás será vencido...♪

(Cantito Popular en avenida Corrientes, mientras era incendiado un local de Mc Donalds)

¿Caos? ¿Desorden? ¿Irracionalidad? ¿Locura colectiva? ¿Desmanes? ¿Barbarie? Esas palabras están resonando actualmente (al día después de las jornadas de lucha) hasta el hartazgo por la radio y la TV. Obviamente no explican absolutamente nada.

El quiebre masivo de la propiedad privada de los grandes centros de distribución comercial de mercancías, ¿no expresa nada? El costo de cerca de 30 millones de dólares (según estimaciones de las empresas de seguro) que las masas trabajadoras enardecidas cobraron al capital por todo lo que éste le exprimió durante las últimas décadas, ¿no expresa nada? ¿Son «vandalismo» y «barbarie» o significan otra cosa? ¿Qué obstáculos ideológicos de clase impiden hacerse esas preguntas?

El tipo de luchas y el componente ideológico de los sujetos sociales que desarrollaron esta rebelión popular de masas inédita en nuestra historia fue notoriamente diverso y matizado.

En el seno de este pueblo que se puso orgullosamente de pie convivieron desde sectores obreros que no fueron a trabajar y marcharon al centro de Buenos Aires y empleados de oficina ligados a la pequeñaburguesía que se fueron de sus trabajos hasta movimientos de trabajadores desocupados y estudiantes, todos entremezclados con vecinos, transeúntes y manifestantes dispersos. Ideológicamente se cruzaron: (a) algunos sectores urbanos (hasta ahora) despolitizados que cantaban, con la olla y la sartén en la mano, «que se vayan todos, que no quede ni uno solo» refiriéndose a todos los políticos… en general; (b) sectores del extremismo nacionalista, de origen autoritario y fuertes simpatías por la derecha peronista (en el caso de los punteros barriales) o incluso por militares represores con retórica «patriota» como Seineldín y (c) sectores de la izquierda revolucionaria que lograron superar el estrecho marco en que hasta ahora se movían alcanzando en la calle y en las barricadas influencia auténticamente de masas.

En cuanto al tipo de luchas y acciones, convivieron durante las mismas jornadas –repartiéndose según los barrios más céntricos o más periféricos, tanto en la capital como en el interior del país- (a) expropiaciones de comida de supermercados pertenecientes a grandes firmas concentradas que han crecido notablemente durante la última década menemista-delaruista; (b) saqueos a pequeños negocios barriales; (c) protesta callejera cortando avenidas, golpeando ollas y quemando basura en las bocacalles; (d) destrucción sistemática de bancos y entidades financieras pertenecientes a la burguesía argentina más concentrada y al gran capital; (d) quema de autos y camionetas (mayormente pertenecientes a grandes firmas locales como OCA); (e) destrucción de teléfonos públicos pertenecientes a compañías españolas y francesas que se habían apropiado –quebrando una huelga telefónica a inicios de los ’90- de la empresa argentina ENTEL; (e) destrucción de locales de comida rápida de factura internacional, símbolos mundiales del american way of life (Mc Donalds). En todos estos tipos de lucha se generó invariablemente un enfrentamiento con las fuerzas de la policía federal y las policías provinciales.

En medio de tamaño mosaico de distintos tipos de acciones y de tan diversos componentes ideológicos se produjo una evidente lucha por la hegemonía entre distintos proyectos políticos. Allí disputaron desde sectores ligados a la derecha peronista y sus punteros de barrios (principalmente en las provincias y en el gran Buenos Aires) con agrupaciones y corrientes de izquierda anticapitalista que intentaron orientar las expropiaciones sólo hacia las grandes firmas capitalistas y las destrucciones callejeras producto de la ira popular sólo hacia los bancos, las empresas y los locales del gran capital.

Los medios de comunicación del sistema recortaron esa realidad sumamente dinámica y contradictoria destacando en todo momento los componentes ideológicamente más despolitizados y menos organizados. El objetivo de estos medios (incluyendo, insistimos, a los «progres») ha sido el de reconstruir el consenso a favor del sistema y aceitar la hegemonía de los partidos institucionales del régimen burgués, hoy en seria crisis de legitimación. ¿Cómo se puede lograr esa meta? Pues resignificando las luchas callejeras y tiñiendo la rebelión popular con el color acusatorio del «caos» y el «desmán» irracional, así como también destacando a grupos lúmpenes por sobre los trabajadores ocupados y desocupados en lucha. En el mejor de los casos, los medios han intentado conceder al pueblo en lucha un mínimo margen de racionalidad. «La gente» (nunca el pueblo, y mucho menos la clase…) habría salido a la calle para pedir solamente un cambio de ministro y un cambio de presidente. El viejo gatopardismo: que cambie algo para que todo siga igual.

COMO SIEMPRE… EL EJEMPLO DE LAS MADRES

Madres de la Plaza,

el pueblo las abraza… ♪

(Cantito Popular coreado por la multitud en Plaza de Mayo en medio de la marcha de las madres y la represión militar de la policía a caballo)

Las Madres de Plaza de mayo, como en los peores tiempos de la dictadura militar del general Videla, volvieron a poner su cuerpo en la lucha de calles, marchando en medio de las peores corridas, los gases más asfixiantes y la represión más sanguinaria que los radicales supieron siempre implementar desde los tiempos de la semana trágica y la Patagonia rebelde. No menos de diez banderas de las madres (las azules con el pañuelo blanco) marcharon alrededor de la pirámide aun durante los momentos más sangrientos de la represión, cuando la valiente policía a caballo argentina arremetía sin piedad contra mujeres que en gran parte superan los 65 años de edad (una de ellas tiene 90 años y fue derribada por la policía, mientras varias otras recibieron palazos, latigazos, gases lacrimógenos y balas de goma).

¿Dónde estaban mientras tanto los grandes «estrategas» y los (supuestos) eruditos del marxismo que se cansaron de despotricar contra Hebe de Bonafini dándoles letra a los medios de comunicación del sistema en su reciente campaña macartista contra las Madres? ¿Dónde estaban los marxólogos que tanto desprecio mantuvieron y mantienen frente a todos los «plebeyos» que luchan sin seguir al pie de la letra los esquemas apolillados de sus catecismos de escritorio? Antes con pantuflas, ahora con sandalias (porque durante las jornadas de lucha hizo un calor tremendo…) estos personajes caricaturescos siguieron, como siempre lo han hecho, observando desde afuera –como si estuvieran en un laboratorio de química o física- el modo en que otros (los obreros, los estudiantes, los desocupados, los piqueteros y las madres) enfrentaron las balas, los gases y los latigazos de la policía.

No fueron los únicos. A pesar de que la Asociación Madres de Plaza de mayo cumplió un papel que, sin temor a exagerar, no dudamos en calificar como heroico (algún medio de TV las filmó enfrentando a estos cosacos argentinos y esa imagen se retransmitió luego a gran parte del mundo…), algunos medios escritos nacionales invirtieron completamente la ecuación y –tergiversando completamente lo ocurrido en la plaza de mayo- escribieron al día siguiente que Adolfo Pérez Esquivel (premio Nobel de la paz), Estela Carlotto (oradora junto a Alfonsín en uno de los últimos actos del radicalismo) y otros miembros del FRENAPO (organización del progresismo argentino del que forman parte varios radicales que hasta ayer nomás fueron funcionarios del gobierno de De La Rua) habían encabezado la marcha. Hasta un estudiante de primer año de periodismo o comunicación social puede darse cuenta que toda crónica periodística es ideológica y está bien que así sea, pero, si el diario es mínimamente serio, esa ideología no puede jamás conducir a publicar mentiras o a tergiversar en la crónica aquello que se pretende relatar.

Pero dejemos por un momento de lado las eternas manipulaciones de los demócratas argentinos (esos mismos que suspiraron con la Alianza y con De la Rua como una quinceañera enamorada como hoy lo hacen con Carrió) para resaltar una nota color. Mientras las motos de la policía recorrían todas las avenidas del microcentro porteño disparando contra la multitud (llevando en cada motocicleta dos policías, el de adelante manejaba, el de atrás disparaba con su itaka, ambos con chalecos de bala y casco), el pueblo insumiso contaba con su propia «infantería motorizada»: los motoqueros [empleados repartidores de correspondencia en motocicleta] que arremetían masivamente con motos y piedras contra los policías mientras enarbolaban al viento una inmensa bandera argentina dando aliento a la multitud que los aplaudía a rabiar. (Aclaramos rápidamente, para que ningún pusilánime y ningún mediocre nos acuse de «militaristas», «foquistas» o «terroristas» que utilizamos la expresión infantería motorizada en broma).

LOS HIJOS DEL CORDOBAZO

¡Qué cagazo! ¡Qué cagazo!

Echamos a de la Rua

Los hijos del cordobazo... ♪

(Cantito popular en una barricada de acceso a plaza de mayo)

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Sean eternos los laureles

Que supimos conseguir

Coronados de gloria vivamos

¡Oh juremos con gloria morir!

¡Oh juremos con gloria morir! ♪

(Estrofas del himno nacional argentino cantadas durante todas las jornadas en diversos puntos)

Como sucediera hace tres décadas atrás en tiempos del Cordobazo, estas jornadas fueron el emergente observable de un largo proceso previo aparentemente invisible. Acá no se expresó una explosión de «irracionalidad» inexplicable. Por el contrario, fue el punto de llegada de una larga acumulación de piquetes aislados y luchas de calles fragmentarias.

El camino de las luchas de clases fue de lo fragmentario y puntual a lo nacional y global. Hasta ahora las protestas contra el capitalismo neoliberal habían venido desarrollándose de manera aislada. Incluso el santiagazo –uno de esos vértices durante el gobierno de Menem- no tuvo inmediata repercusión en otras provincias.

Por eso muchos apresurados y superficiales, como también hicieron en tiempos del cordobazo, decían que acá «no pasaba nada». Importantes politicólogos «democráticos», con la autosuficiencia que los caracteriza, insistieron hasta el cansancio durante los últimos años con el latiguillo de que el pueblo argentino es pasivo y nunca pelea… La refutación fue contundente. Y esta vez sí se logró romper el muro infranqueable de la protesta aislada para alcanzar un plano de rebelión a escala nacional.

El principal escenario de esa rebelión multiplicada espacialmente al infinito revistió un carácter centralizado. Se combatió en la misma plaza de mayo, a metros de la casa de gobierno. ¿Hubiera renunciado De la Rua si los enfrentamientos hubieran sido únicamente en Jujuy o Córdoba? Probablemente no.

No obstante las modas académicas, principalmente de factura postestructuralista y posmoderna (ambas corrientes de amplia difusión en Francia) que han instalado entre nuestra intelectualidad la peregrina idea de que no hay que plantearse una estrategia para la toma del poder ya que «el poder no esta centralizado en ningún lado…», la plaza de mayo sigue siendo, no sólo el símbolo resumido de la lucha histórica popular en la Argentina, sino también el espacio centralizado en que se expresa la confrontación con el poder político burgués y sus aparatos de represión. Eso no implica creer que los distintos territorios sociales del capital que atraviesan el conjunto de la sociedad civil argentina sean soslayables. Tampoco implica desconocer que las decenas de miles de hombres armados para la represión y la guerra (no tanto guerra externa entre estados-naciones sino principalmente guerra interna de clases) distribuidos a lo largo de toda la Argentina estén únicamente concentrados en Plaza de Mayo. Creer eso sería ingenuo y hasta ridículo y tonto. Sin embargo ésta última resume un espacio de poder simbólico que otorga inteligibilidad a la ferocidad con que los cuerpos represivos argentinos defendieron esa plaza durante estas dos jornadas de lucha.

UNA CRISIS ORGÁNICA

Ohhh, que se vayan todos,

Ohhh, que no quede, ni uno solo… ♪

(Cantito popular en Plaza Congreso)

¿Adónde está?, ¿Adónde está?

La burocracia sindical… ♪

(Cantito popular en Plaza Congreso)

Hay que saltar, hay que saltar,

El que no salta es militar... ♪

(Cantito popular en Plaza Congreso)

¿Adónde está?, Que no se ve

Esa famosa CGT... ♪

(Cantito popular en plaza de mayo)

Cuando tantos ex militantes quebrados y ex revolucionarios frustrados han hartado a quien quiera escucharlos con el prejuicio de que «la juventud actual está perdida» y otras payasadas semejantes, si hubo un protagonista central de estas jornadas ese fue la juventud. Una juventud sumamente combativa que no se siente representada por los partidos tradicionales del sistema ni tampoco por la burocracia sindical o las instituciones juveniles de la Iglesia.

Estamos viviendo una crisis orgánica, una crisis de hegemonía de la burguesía argentina en sus diferentes fracciones que combina la crisis económica (el agotamiento de la convertibilidad, la recesión generalizada y la ausencia de un proyecto burgués estable y a largo plazo) con la crisis política del bipartidismo y su sistema de representación política.

La mayoría de esas masas juveniles que pusieron el pecho a las balas policiales y que pelearon con todas sus energías en las barricadas del centro de la ciudad de Buenos Aires y también en el interior del país no reconoce legitimidad ni autoridad a la vieja dirigencia política de nuestra burguesía. Se abre una oportunidad histórica para la izquierda revolucionaria argentina. Una oportunidad que no se había visto en décadas.

Como enseñó Antonio Gramsci, durante los períodos de crisis orgánica las clases sociales se separan de sus viejos partidos políticos. Ese tipo de crisis pueden resolverse en un sentido revolucionario o pueden mitigarse las fuerzas en conflicto mediante la emergencia de una salida cesarista, es decir, mediante un liderazgo carismático de un proyecto que aparente estar «por encima» del conflicto social. La apelación a la figura del Coronel Seineldín, defendida en la calle pocos días antes del 19 y 20 de diciembre, puede constituir un ejemplo en ese sentido. Creemos que Seineldín no tiene –afortunadamente- fuerza para lograr imponer ese liderazgo carismático. El intento de compromisos parlamentarios entre el PJ y la UCR constituye también una forma moderna de cesarismo, ya que según Gramsci éste último no puede ser reducido únicamente al bonapartismo militar. También incluye toda forma de compromiso que aparente estar por encima del conflicto político de clases. La izquierda revolucionaria argentina sólo podrá incidir con su iniciativa (abandonando todo carácter pasivo o expectante) si logra superar las reivindicaciones económico corporativas y alcanza a conformar una alternativa integral, política pero también cultural, para las nuevas camadas de luchadores populares.

Pero atención. La tremenda crisis económica que vivimos y la crisis política que la acompaña no se resolverán de manera automática. Hace muchísimo tiempo que Lenin (ese maldito innombrable para la Academia burguesa) demostró que la mera existencia de la crisis jamás se resuelve en un sentido progresivo si no existe un fuerte componente subjetivo (y organizativo) de masas. Eso todavía nos falta. En eso somos débiles. Si bien es cierto que las luchas de calles no fueron absolutamente «espontáneas» también es innegable que no tuvieron una dirección política unificada. Pongamos un ejemplo bien concreto. Supongamos que las masas enardecidas hubiesen logrado superar en plaza de mayo a la policía ingresando por la fuerza a la casa de gobierno, a la casa rosada, ¿qué hubiesen hecho…?

Hoy, en Argentina, los de abajo no quieren vivir más como hasta ahora y lo demostraron contundentemente en la calle. Pero todavía los de arriba pueden seguir viviendo así. Aunque cada vez pueden menos… Lo viejo no termina de morir. Lo nuevo no termina de nacer.

El resultado de la rebelión popular de masas, aunque insuficiente, fue exitoso. El 19 y el 20 de diciembre fueron días felices. A pesar de que la represión radical-peronista (pues en varias provincias donde hubo muertos gobierna el PJ) dejó como saldo alrededor de 30 compañeros asesinados, estos dos días de rebelión no fueron «tristes» como titularon al unísono los diarios del poder. Fueron días de alegría y de entusiasmo popular.

No debemos perder de vista que ES LA PRIMERA VEZ EN LA HISTORIA ARGENTINA QUE UN PUEBLO EN LUCHA LOGRA DERRIBAR UN GOBIERNO. No los militares sino un pueblo en lucha. Eso solo constituye un hecho histórico que en ningún momento debemos soslayar.

¿Cómo seguir de aquí en más? La lucha será larga y será dura. Que nadie se confunda. Es cierto que el recambio de presidente no soluciona absolutamente nada. Además los servicios de inteligencia y la policía están desparramando en los barrios populares de las distintas provincias –sitiados militarmente durante las jornadas- que la gente del barrio aledaño «viene a saquear», intentando así enfrentar a pobres contra pobres, como hicieron durante los saqueos del ’89. También es verdad que la revolución socialista argentina y la felicidad duradera de nuestro pueblo no están a la vuelta de la esquina. Es más que obvio. Pero está más cerca que antes. ¡Hemos avanzado y mucho!.

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Como las Madres de Plaza de Mayo han venido insistiendo desde hace muchos años y lo reafirmaron en la última marcha de la resistencia y piquetera de hace apenas dos semanas, el camino, largo y difícil, seguirá siendo el de la rebelión popular, es decir, la lucha de masas en la calle. Una lucha que no es ni puede ser parlamentaria o institucional. Los hijos e hijas del cordobazo, esa nueva generación combativa que comenzó a forjarse en estas jornadas de diciembre, será la encargada de llevar esa lucha y esa resistencia hasta el final.

(Nestor Kohan:  Docente de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo)

Felipe Cavalitto

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