Haití: El Regreso de Jean Claude Duvalier o “El Retorno de los Brujos”

Jorge Aparicio, Analista Internacional 

Geopolítica Mundial

 

Inesperadamente y para sorpresa de todos, el 15 de enero de 2011 JEAN CLAUDE “BABY DOC” DUVALIER retorna a Haití como que si se tratase de un caballero honorable que nada tiene que temer.

 

ANÁLISIS CONTEXTUALIZADO

PARTE PRIMERA: EL NEGRO LEGADO DE LA HISTORIA

Haití, desdichado país afro caribeño de 27,800 km cuadrados y 9 millones de habitantes, comparte con la Republica Dominicana la isla “La Española”, nombrada así por el Almirante Cristóbal Colon, el 9 de diciembre de 1492.

Antiguo territorio colonial de Francia, Haití fue poblado por esclavos de África Occidental que servían las plantaciones azucareras de sus amos franceses, los cuales les prodigaban un tratamiento salvajemente feroz e inhumano. El resultado fue la primera gran rebelión de esclavos negros de la historia contemporánea, poniendo a sangre y fuego el régimen colonial y masacrando a la población esclavista blanca.

Lo increíble sucedió. Del pueblo esclavo surgieron extraordinarios líderes políticos y estrategas natos, que derrotaron al poderoso IV ejército francés del imperio napoleónico al mando del General Rochambeau: Lideres como Toussaint L´Ouverture, Jean Jacques Dessalines, Henri Cristophe y el gran Alexander Petion, Generales del ejército de esclavos insurrectos, se convirtieron en brillantes políticos y estadistas.

Luego de 7 años de sangrienta insurrección, en 1804, Haití se convierte en la primera republica negra en el mundo, el primer movimiento de liberación nacional mundial y la primera gran revolución social de las Américas. La naciente republica nacionaliza la tierra y opera una radical reforma agraria en beneficio del pueblo haitiano. Francia, Europa y los gobiernos esclavistas de los Estados Unidos de América jamás perdonaron la derrota militar del hombre blanco a manos de esclavos negros.

En tanto preparaban la reconquista, las monarquías europeas y los propios estadounidenses (presas de un odio virulento) le tendieron un despiadado cerco financiero, comercial y cultural al debilitado país negro. Fue este terrible bloqueo económico lo que produjo el aislamiento y la asfixia total de Haití durante 150 años. La aberrante extrema pobreza del Haití de hoy, es el producto del bestial sistema de expoliación colonial y del ostracismo en el cual fue sumido durante los siglos XIX, XX y lo que va del XXI.

No podemos omitir un hecho histórico de trascendental importancia, que habría de vincular para la posteridad la nación haitiana con Latinoamérica. En 1816, EL LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR llega a Puerto Príncipe, acongojado por sus primeras derrotas frente al sanguinario ejército español. El General ALEXANDER PETION, a la sazón presidente de Haití, le recibe brazos abiertos y generosamente le ofrece ayuda militar. Conmovido ante la nobleza de Petion, Bolívar le dice: Necesito muchos fusiles, pertrechos, cañones y oro para financiar la revolución. A lo cual responde Petion: Oh Generalísimo Bolívar, todo esto te daré y aun un batallón de veteranos haitianos curtidos en el combate, a cambio de tu promesa que liberes a mis hermanos negros de la esclavitud, tan pronto llegues a tierra firme en Venezuela o allí donde fueres. A lo cual un emocionado Bolívar replica: Oh noble y generoso Petion, puedes contar con ello, mi palabra de honor te doy y aun mi vida daría por cumplirla.

Lo demás es historia, pues el relámpago de los cañones que tronaron en las batallas bolivarianas de Junín, Boyacá, Cúcuta, Pichincha, Matara, Carabobo y Ayacucho eran las piezas de artillería y la fusilería, donadas por el muy leal y noble ex esclavo, el Presidente Petion de Haití. En cuanto al batallón haitiano, este dejo su sangre y sus huesos en los mencionados campos de batalla en los países bolivarianos. ¡La deuda histórica y social de Latinoamérica con Haití es grande y es hora de comenzar a saldarla!

Luego del periodo glorioso independentista haitiano, sobrevino una oscura era de inestabilidad crónica y lucha violenta por el poder, producto del espantoso bloqueo financiero de la época (1825-2050). Las muchas invasiones militares estadounidenses desde el comienzo y a lo largo del siglo XX, estaban destinadas a intervenir y administrar directamente las aduanas y las escuálidas finanzas de Haití en provecho de negociantes norteamericanos sin escrúpulos. Haití fue transformada en una especie de protectorado neocolonial por parte de Washington a fin de saquear y pillar sus riquezas naturales, sin por ello invertir virtualmente nada en la semi-colonia. Acaso lo importante es saber que el periodo esclavista-colonial y post-colonial, aunadas a las devastadoras políticas neoliberales estadounidenses, convirtieron a Haití en lo que hoy es: un Estado fallido, reino de abominables dictaduras, país en franca involución, laboratorio viviente del desarrollo del subdesarrollo y parte integrante de los “condenados de la tierra”.

PARTE SEGUNDA: EL INFIERNO DE LA DICTADURA DUVALIER

Recientemente, el mundo quedo atónito al enterarse que JEAN CLAUDE “(BABY DOC)” DUVALIER arribaba de incognito a Haití, sin que nadie supiese o pudiese explicar racionalmente tal misterio. “Baby Doc”Duvalier era hijo único de FRANÇOIS (“PAPA DOC”) DUVALIER, un personaje salido del reino de la tinieblas, bárbaro y siniestro como no ha habido alguno en la historia latinoamericana (con excepción quizás, de Rafael Leonidas Trujillo, el dictador dominicano, un personaje fuera de serie para una época fuera de serie.

“Baby Doc” no puede explicarse sin “Papa Doc” y este último no puede entenderse sin conocer la historia negra de América Latina, desde el final de la Segunda Guerra Mundial o periodo de la “Guerra Fría” que inicia en 1945 y dividió al mundo en dos bloques antagónicos Este-Oeste/Occidente-Oriente y democracia formal vs. Comunismo soviético hasta su desaparición en 1991.

Regímenes antinacionales y satrapías de la más baja calaña gobernaban casi toda Latinoamérica, designados electoralmente por el dedo indicador del Departamento de Estado de EE.UU. y bajo la estrecha vigilancia de sus Procónsules imperiales, es decir los embajadores norteamericanos. Ellos, los procónsules, tenían no solamente la última palabra en materia de política domestica y exterior, sino también la facultad de regañar, lanzar advertencias o urdir Golpes de Estado Militares contra Presidentes civiles, a conveniencia de los mejores intereses de la superpotencia norteña.

Por su lado, las Misiones Militares norteamericanas y sus instructores, se encargaban de crear, reestructurar, remodelar y mover sus fichas claves en los cuarteles de los pequeños ejércitos de la región, a gusto del “establishment” de Washington. Para consolidar la hegemonía de la “pax americana”, operaba en PANAMÁ la tristemente célebre “Escuela de las Américas”, centro hemisférico de instrucción sobre las técnicas de torturas, suplicios, aplicación de tormentos y homicidios degradantes sobre supuestos agentes subversivos o enemigos del gobierno protegido.

Estaba establecida en “Fort Shermann” (antigua Zona del Canal de Panamá). Por allí pasaron muchos de los dictadores de las Américas, así como la mayoría de los oficiales castrenses de “Fuerzas Especiales” latinoamericanas, si es que querían asegurar un rápido ascenso en el escalafón militar, con sueldos jugosos, privilegios e impunidades. Tan absoluto predominio ofrecía a los Estados Unido un triple provecho: el control político-ideológico, el control económico, financiero y de los mercados, y la colonización cultural y mental (la peor de todas). La vieja Doctrina de Seguridad Nacional de los años 50 al 90 del pasado siglo XX aceito bien las estructuras de poder, tanto así que pareciera estar estar de vuelta para quedarse. El imperio paga bien a los suyos.

FRANÇOIS (“PAPA DOC”) DUVALIER (1907-1971), autentico producto de aquel contexto socio-político de control hemisférico, era un doctor en medicina proveniente de una familia humilde de campesinos. En 1943, estuvo un año en la Universidad de Michigan, USA, especializándose en enfermedades tropicales. Al principio se hizo de una buena reputación como el médico magnánimo y providencial de las capas más desheredadas de la sociedad rural haitiana, debido a su lucha contra el tifus, el pián, la malaria, el paludismo, la fiebre amarilla y otros flagelos. Además era un crítico del injusto sistema social haitiano, acuñando desde temprana hora la fama de hombre justo, ecuánime y generoso. ¡Cuan equivocados estaban los campesinos y rurales haitianos, pues tales acciones ocultaban un premeditado plan de ascenso al poder del Estado ¡ Raudo y veloz se lanza a la política con el apoyo y respeto popular del humilde pueblo haitiano.

Trepador por excelencia, en 1946 se une al gobierno de Demarsais Estime, haciéndose nombrar Director General de Salud y luego Ministro del ramo. Se presenta como candidato presidencial en las elecciones de 1957 y sale elegido gracias a un discurso populista y pro-negritud contra la elite mestiza y mulata detentora del poder económico. Y sin duda, gracias al apoyo del ejército haitiano casi 100% negro. La luna de miel no dura mucho, pues “PAPA DOC” DUVALIER incumple muy pronto sus promesas doradas y el ejercito defraudado en sus ambiciones conspira con miras a un golpe de Estado que fracasa.

“Papa Doc”reacciona con la astucia de un felino: crea una poderosa Guardia presidencial o guardia pretoriana, incondicional política y personalmente, muy bien pagada y armada hasta los dientes, muy superior al tradicional ejército regular. Termina de reemplazar este último por la muy siniestra Milicia de Voluntarios de la Seguridad Nacional, formación paramilitar y policía secreta a la vez, mundialmente conocida bajo el nombre de “TONTÓN MACOUTES”. Pronunciar aun hoy día la palabra “Tontón Macoutes” es evocar a “Papa Doc”Duvalier, personaje tan temido como el propio Satanás. Esta formación paramilitar superaba en efectivos el ejército nacional y usualmente se trataba de cuadrillas de maleantes, asaltantes abigeos y gente de malvivir en las aéreas rurales y urbanas. No recibían ningún salario, pero en cambio tenían carta blanca para robar y apropiarse de los bienes ajenos (casas, terrenos y automóviles) así como el violar mujeres en toda impunidad. Era una plaga social como jamás se había visto.

El gobierno de “Papa Doc” Duvalier se caracterizo por la utilización intensiva de sus tres (3) mayores basamentos de poder: Los Tontón Macoutes y el crimen, el culto a la personalidad enigmática y la utilización del “Vudú”, como instrumento de reencarnación y reverenciacion del “varón Samedi, Dios de la muerte y de los cementerios Vudús. Gran Sacerdote y sumo maestro del “Vudú”, consolido su poder político y el terror de Estado, basándose en las creencias y temores ancestrales mágico-religiosos del pueblo haitiano. Todopoderoso en Haití, hizo correr el rumor de que el “Varón Samedi” (Satanás) le había concedido el poder de conocer lo que cada haitiano tenía en mente, cosa que reafirmaba el terror psicológico paralizante de la ciudadanía. Entretanto, había asesinado a 40,000 haitianos a punta de machete y había aceptado que el racista dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo asesinase a 22,000 campesinos haitianos, trabajadores de la zafra azucarera en Republica Dominicana. Finalmente el sátrapa dominicano pago a Duvalier la suma de US$ 2.00 por cadáver, dinero que paro en los bolsillos de la bestia haitiana. Tal era el costo de una vida humana en los tiempos de las dictaduras caribeñas, dos (2) dólares.

En 1961, “Papa Doc” sufre un infarto masivo y deja temporalmente el poder en manos de un carnicero llamado Clement Barbot, jefe de la milicia “Tontón Macoute”. Duvalier se restablece rápidamente y acusa al hombre de querer suplantarlo en el poder del Estado. Ordena una cacería a muerte contra el hombre, su familia entera y asesinar a toda persona que portase el apellido en el territorio nacional, aun cuando no fuese pariente. Un sacerdote Vudú le dijo que Barbot se había transformado en un “perro negro” para ocultarse, por lo que al instante Duvalier ordeno matar a todos los perros negros existentes en la isla.

En 1962, François Duvalier, era ya un cerebro invadido por sombras y alucinaciones, tanto así que se tomo en serio la posibilidad de autoproclamarse Emperador de Haití, para lo cual estableció un impuesto demencial destinado a crear Duvalierville, una especie de ciudad imperial de opereta y cuya monarquía perpetuaría su nombre. Por decreto presidencial su nuevo título seria “El Soberano”. Peor aún, llego al extremo de ordenar un oleo representando a Dios a lado de Jesucristo con los brazos extendidos sobre su hombro, lo que obviamente quería parafrasear la palabra bíblica que reza: “Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia”. La locura había tomado el paso sobre el mundo real.

En los años 60 del pasado siglo, la administración Kennedy hastiada de los excesos de la dictadura más primitiva de las Américas (no obstante ser hechura de los EE.UU.), emplaza a Duvalier a poner fin a sus desmanes y fechorías, so pena de cortar la ayuda economica anual estadounidense, la cual iba en un 90% a la cuenta personal del dictador. No obstante el surgimiento de la Revolución cubana y la proclamación del carácter socialista de la misma cambio todo en 1962. En lo adelante Washington decidió que la atroz dictadura de “Papa Doc” Duvalier era un mal necesario y útil para servir como muro de contención a las ideas comunistas en Haití. En virtud de ello, la ayuda financiera de EE.UU., Europa Occidental, los organismos regionales y mundiales, así como de las Instituciones Financieras Internacionales se quintuplico. Todo ese dinero destinado a mejorar las condiciones de vida y de trabajo fueron a parar en las cuentas cifradas del dictador en Suiza.

François “Papa Doc”Duvalier no dejo ninguna obra, ninguna realización economica y social en su país, salvo desolación, muerte y luto colectivo: cero centros de salud, cero centros educativos, cero carreteras e infraestructura en servicios básicos y medico-sanitarios. El 21 de abril de 1971 la muerte se llevo al chacal haitiano. Sin duda el “Varón Samedi”, Dios de la muerte y de los sepulcros, vino a buscarlo para compartir con las delicias reservadas para “Papa Doc”en el inframundo.

Muerto François Duvalier, su hijo JEAN CLAUDE “BABY DOC” DUVALIER, malvado y feroz como su progenitor (pero desprovisto de inteligencia), hereda el poder de su padre a la edad de 19 años. En realidad “Baby Doc” reina pero no gobierna, dado que no tenía la menor idea de cómo administrar un Estado, por lo fueron algunos tecnócratas mulatos graduados en Estados Unidos y Francia quienes en realidad manejaban el país en función de sus propios intereses. Se casa con una mestiza-mulata (Michelle Bennet) proveniente de la elite de Puerto Príncipe, aunque sin dinero, por lo que era más bien un matrimonio de conveniencia.

Astuta como serpiente, Michelle, mujer ambiciosa y de familia corrupta como pocas, desconfiaba de todos los dignatarios del entorno, cosa que transmitió a su manipulable esposo. Aconsejado por su mujer, creo un cuerpo militar especial llamado “Los Leopardos” para contrarrestar el enorme poder de los Tontón Macoutes y la Guardia presidencial y evitar el fortalecimiento del ejercito. Bajo su influencia, desata una sangrienta campaña de terror contra toda forma de oposición o disidencia que condujo al asesinato en masa de 20,000 haitianos. Supero a su padre en el uso de la bestial tortura y la destrucción física de inocentes en su gran mayoría. El traspaso del poder del Estado a “Baby Doc” también implicaba que este heredaba los beneficios y dividendos políticos derivados del terror psicológico y la parálisis emocional que provocaba la superstición o mito diabólico del ya mencionado “Varón Samedi” , príncipe de los demonios reencarnado en Duvalier, padre e hijo.

Por otro lado, las lecciones de las torturas degradantes aprendidas en “la Escuela de la Américas de Fort Gulick en Panamá”, por Leopardos y Tontón Macoutes de Haití, eran sistemáticamente aplicadas bajo la fría e impávida mirada de “Baby Doc” y de algunos miembros de la Misión Militar norteamericana en Puerto Príncipe, en una escalofriante instalación llamada FORT DIMANCHE. Se trataba del sitio más emblemático de la dictadura donde se aplicaban suplicios, cuyos métodos nada tenían que envidiar a aquellos usados en la oscurantista Europa medieval. La sola idea de ser conducido a Fort Dimanche era motivo suficiente para optar por el suicidio, ya que luego de ser brutalizados apilaban hasta cuarenta prisioneros en una inmunda celda de 8 metros cuadrados. Sobrevivir en “casa del infierno” (nombre sugestivo con que se le conocía), era considerado entonces como un verdadero milagro.

Habiendo Estados Unidos retirado su apoyo político y militar al régimen haitiano, Jean Claude “Baby Doc” Duvalier es derrocado por un golpe de Estado militar liderado por el General Henri Namphy, el 7 de febrero de 1986. La pareja presidencia se asila en Francia llevándose una fortuna de US$ 120 millones, añadidos a unos US$800 millones que presuntamente Duvalier padre habría sacado y depositado en Estados Unidos y Suiza.

PARTE TERCERA: EL DESTIERRO Y EL RETORNO DE “BABY DOC” DUVALIER A HAITÍ.

Como suele suceder siempre, el exilio les pesa a los tiranos como una lapida, pues el castigo divino duele y muele lenta y horrendamente. Su mujer Michelle Bennet, insaciable de lujos y placeres mundanales lleva en Paris y en la Costa Azul francesa un estilo de vida extravagante y exhibicionista. Despilfarra escandalosamente en joyas, autos, viajes y vestidos costosísimos, aquella fortuna amasada con la sangre del infortunado pueblo haitiano durante casi 30 años de oprobiosa dictadura.

Siendo Jean Claude un hombre débil e incapaz, pronto Michelle lo abandona a su suerte, no sin antes despojarlo hasta del último centavo que le quedaba. En 1987 había sido juzgado en ausencia por robo de US$120 millones y su difunto padre investigado por el supuesto desvío al exterior de unos US$800 millones. Como resultado, una cuenta congelada en Suiza de US$5 millones constituye su única esperanza. Sus acreedores le acosan despiadadamente y finalmente se queda sin casa, ni piso ni techo donde guarecerse. En el momento más negro de su existencia conoce a la que hoy es su esposa Veronique Le Roi, una mulata de la elite haitiana que lo mantiene como pueda y le sufraga un modesto apartamento en Paris.

Entretanto, complots y golpes se suceden uno tras otro. El flagelo de la inestabilidad crónica, el hambre y la miseria destroza Haití, Estado fallido, en total involución economica y uno de los tres países más paupérrimos en el mundo. Surge entonces una figura controversial, pero de excepcional trascendencia humana y social: JEAN BERTRAND ARISTIDE, un sacerdote salesiano tímido, de extracción campesina muy humilde, educado, poliglota, filosofo y pensador próximo a la teología de la liberación (corriente Leonardo Boff). Acusa a los EE.UU. de ser el autor intelectual de todos los males que corroen a su país y cree sinceramente que su rol político-social es predicar a Jesús con el ejemplo y construir una revolución democrática, participativa y pacífica para repartir los panes como lo hizo el Cristo.

En 1991 se convierte en el primer Presidente elegido democráticamente desde 1804, año de nacimiento de la Republica haitiana. Ese mismo año es derrocado por un golpe de Estado duvalierista, dirigido por el General RAÚL CEDRAS (hoy exiliado en Panamá) con el apoyo del Departamento de Estado y CIA. Pero la comunidad internacional (ONU) condena el golpe y Aristide es restituido para terminar su mandato hasta 1996. Tan grande es su prestigio y confianza popular, que en 2001 vuelve a ser Presidente electo por abrumadora mayoría jamás vista. Comprendiendo que una revolución exitosa es imposible en Haití sin contar con un poderoso sistema de apoyo a la movilización social, Arístides crea el Movimiento Fanmi Lavalas (avalancha familiar). Hace lo impensable, disuelve el ejército y lo reemplaza por un cuerpo de policía de 5,000 hombres entrenados en el manejo de derechos humanos.

En su segundo mandato emprende acciones anti-neoliberales, prepara una reforma agraria, aumenta sustancialmente el salario mínimo del trabajador haitiano, por lo cual las empresas multinacionales piden a gritos de Washington y Paris se deshagan del hombre. Se propone desmantelar el duvalierismo, castigar severamente los atentados contra el orden democrático, impulsa la educación y reduce notoriamente el analfabetismo. Restablece las relaciones diplomáticas con Cuba, intenta abrirse al mundo multipolar, echa mano a la cooperación internacional para mejorar los niveles de salud, infraestructuras y redes medico-sanitarios. Ante la mortal amenaza de la oposición duvalierista y grupos del antiguo estamento militar, LAVALAS desata una ola de violencia contra los enemigos de Aristide destinada a romper con el pasado de crimen, genocidio e impunidad.

Estados Unidos y Francia fabrican la acusación de que Aristide es uno de los mayores traficantes de droga en el Caribe y, en virtud de tal, resuelven deshacerse del Presidente. Arman a los peores asesinos duvalieristas y mercenarios caribeños para tumbar el Presidente. Finalmente, fue un Comando de Operaciones Especiales de la Marina de los Estados Unidos (SOCOM) quien el 29 de febrero de 2004 secuestra a Aristide a las 2:00 de la madrugada en el propio palacio presidencial mientras dormía; se lo llevan con su familia en pijama al aeropuerto donde un avión C-147 de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. lo destierra en vuelo directo al África. El coronel estadounidense que dirigió la operación de mordaza y secuestro fue el mismo hombre que secuestro en 2009 al Presidente Manuel Zelaya de Honduras, desde la “base de Palmerola” en ese país, en horas de la madrugada en el palacio presidencial, siendo arrojado también en pijamas en un campo desolado del aeropuerto de San José, Costa Rica.

En unas elecciones consideradas relativamente limpias sube al poder en 2005 el actual Presidente Marcel Preval, antiguamente amigo intimo y hechura de Aristide, pero después en abierta enemistad política y personal. La ausencia de Aristide y la forma vil como fue sacado del país enciende la ira de las masas del LAVALAS, por lo que Estados Unidos y Francia estiman conveniente el previo envió de tropas norteamericanas y francesas a Haití y luego la integración de una “fuerza de pacificación” de la ONU, denominada MINUSTAH. En toda verdad. El papel de esta fuerza extranjera de ocupación es fundamentalmente la de proteger los intereses de Francia y EE.UU. en el país. La elevada frecuencia de violaciones sexuales de mujeres y niños haitianos por parte de esta tropa internacional envilecida, ha creado un odio o resentimiento imborrable hacia los llamados “cascos azules” de la ONU.

Pocas veces en la historia contemporánea un país ha sufrido tantos reveces e infortunios y tan atroces e inerrables sufrimientos como Haití. El 12 de enero de 2009 sobreviene sobre Puerto Príncipe, el de los peor terremotos de la historia latinoamericana. Más que la intensidad del seísmo estimada en 7,0 en la escala de Richter, fue el subdesarrollo rampante y la precariedad de las construcciones de edificios y viviendas el factor determinante de tan grande devastación material y calamidad social. Según cifras de la oficina del primer Ministro (de dudosa credibilidad) hubo 316,000 muertos, 350,000 heridos y 9 millones 500,000 damnificados. Creemos que las cifras son aún mayores.

Un observador agudo y sensible no puede menos que reflexionar en las raíces del daño irreparable ocasionado a Haití por siglos de régimen esclavista, neocolonial y feudal, así como por la suma total de los regímenes depredadores haitianos, la dictadura duvalierista en primer lugar. La durísima intervención militar de los EE.UU. en Haití de casi 20 años de duración, (1915-1934) no menos de mil millones de dólares en ganancias sin pagar impuestos por concepto de la bárbara explotación los recursos naturales y mineros del país.

¿Cómo no habría de ser así si durante ese aciago periodo el ejército de ocupación estadounidense aplico con dureza inaudita las leyes y normas racistas del sur de los EEUU? ¿Acaso no fue el mismísimo THOMAS JEFFERSON, prócer y Presidente de los EE.UU. quien dijo estas palabras? : “la libertad de los esclavos haitianos es un mal ejemplo para el mundo y ayudaremos para que retornen a la esclavitud”…Hay que confinar esa peste en la isla y a perpetuidad”. Desposeído de recursos por propios y extraños, el modo de vida existencial de la familia haitiana nunca estuvo familiarizado con las técnicas de construcción solidas y moderna. ¿De dónde sacar el dinero, de donde los conocimientos necesarios?

Pero lo increíble estaba por aun por venir:

a). El primer país en reaccionar a la catástrofe haitiana fueron los EE.UU. con el inmediato envió de una enorme flota aeronaval y su marinería de guerra, pero no para apoyar humanitariamente a los haitianos, sino para ocupar militarmente el país por cálculos políticos y geoestratégicos. La razón era que temían una insurrección en masa del pueblo haitiano que de una u otra forma condujese al retorno de Jean Bertrand Arístides desde Suráfrica. Se trataba ante todo de proteger la elite oligárquica haitiana de una eventual furia popular, dado que esta es aliada carnal y administradora de los intereses de Washington en Haití, único interlocutor válido y garantía política.

b). El razonamiento del Pentágono y del gabinete de Seguridad Nacional de Obama, se basaba en la hipótesis de que la desesperación del pueblo haitiano por la sobrevivencia física podía conducir a un estallido social en forma espontanea y a la instalación de un régimen de transición al socialismo en un país antinorteamericano por definición y ubicado a muy pocas millas de Cuba y además cercano a Venezuela. Alegaban que un nuevo escenario político con el apoyo económico del ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas) y del inmenso poder petrolero y financiero venezolano (potencialmente comparable al rico reino de Kuwait), junto a la formidable organización política y militar cubana y su capacidad de rápida movililizacion, podían cambiar toda la ecuación geopolítica en la subregión del Caribe.

c). Los EE.UU., Francia y su instrumento La MINUSTAH están conscientes que el Movimiento LAVALAS de Aristide no ha perdido prestigio, credibilidad e influencia en Haití. Hoy por hoy, continua siendo una fuerza peligrosa para la estabilidad de los intereses norteamericanos en la isla. Tal razonamiento era reforzado por la hipótesis de un retorno clandestino de JEAN BERTRAND ARISTIDE a Haití con la ayuda del país de Nelson Mandela (Sudáfrica), lo que potenciaría la bandera de lucha del pueblo haitiano por su liberación y segunda independencia nacional. Fue esa tesis lo que motivo el vertiginoso despacho de una poderosa fuerza naval y militar de 20,000 “Marines” a Haití, con instrucciones precisas de dar la menor cantidad posible de ayuda médica a las víctimas del terremoto y dedicar el grueso de sus esfuerzos y recursos a la protección de los barrios residenciales altos y las empresas de la rica elite criolla. La misión medica cubana, presente en Haití desde años atrás, salvaron la vida de 2 millones de víctimas del terremoto, en tanto que los barcos-hospitales estadounidenses solo auxiliaron a unos 1,500 haitianos afectados por el seísmo.

d). Desde muchos años atrás, el Pentágono y Washington tenían conocimiento que mas allá de la miseria del país franco-antillano, el subsuelo haitiano estaba repleto de petróleo, litio y oro, materias primas mas estratégicas y preciosas ahora que nunca. Pues bien, uno de los motivos por la cual el ex presidente Aristide fue derrocado fue su voluntad de inventariar las existencias de hidrocarburos y oro en su país, nacionalizarlas y ponerlas al servicio exclusivo del pueblo haitiano.

En marzo de 2010 una conferencia internacional de donantes celebrada por la ONU en Nueva York y presidida por Bill Clinton, se comprometía formalmente a donar US$10,000 millones para la reconstrucción de Haití.

A un (1) año del terrible terremoto, Los EE.UU. y la comunidad internacional han incumplido indolentemente su promesa. A presente, según la OPS, solo han desembolsado a duras penas US$1,200 millones, o sea menos del 15 % de los recursos ofrecidos. En otras palabras, la ayuda dada a Haití no representa siquiera el 1% de lo acordado de los US$600,000 y US$800,000 millones dados por Bush y Obama para salvar a los “banksters” (banqueros gansteriles) y mega especuladores inmobiliarios, dinero que se ha perdido, pues la economía de Estados Unidos no se ha recuperado en nada. Si el terremoto hubiese tenido lugar en Escocia o en Irlanda, seguramente la ayuda hubiese fluido, más allá de lo necesario.

La sociedad civil, fundaciones y organizaciones de la comunidad internacional si han enviado de veras, al menos US$1,000 millones para ayudar a la reconstrucción del país, pero tales recursos no han llegado a las víctimas, sino a los bolsillos de coordinadores de las ONG,s y de los burócratas corrompidos del gobierno haitiano. ¿Alguien le ha pedido a Marcel Preval rendición de cuentas por el crimen económico cometido en su entorno oficial?

Tras el pavoroso terremoto, la desventurada nación haitiana habría de sufrir los efectos agravantes de la estación lluviosa y, como si fuese poco, una epidemia de cólera que se ha llevado la vida de 8,000 haitianos. ¿Qué habrá de venir después, ante la mirada impávida de aquellos que prometen y no cumplen, en particular los países del primer mundo? ¿Habrá consciencia en la en la ONU que, tan solo tres días de gastos de guerra (US$500 millones por día), derrochados en las guerras perdidas de Irak, Afganistán, Pakistan, hubiesen bastado para proveer a los damnificados abundante agua, alimentos, medicamentos y crear las condiciones de vida decentes en el infierno de los campamentos? ¿Sabia usted que tan solo el costo de un portaaviones de ultima generación y el escandaloso volumen de los costos ya segregados para desatar una guerra nuclear en Irán y atacar Siria, Líbano, Palestina, Yemen y Somalia y otros más en lista de espera, bastaría y aun sobraría con creces para reconstruir un moderno Puerto Príncipe y crear puestos de trabajo dignos para todos? La carrera armamentista está generando unos costos, que hubiesen sobrado para acabar con el hambre, las enfermedades, el desempleo, el analfabetismo y la crisis energética y medio ambiental en el planeta?.

Por otro lado, constatamos que la ayuda del grupo de los países históricamente bolivarianos (Venezuela, Perú, Ecuador, Colombia, Bolivia y Panamá) ha sido insignificante, por no decir nula. ¿Acaso habrán ya desterrado de su memoria la ayuda militar y economica concedida por PETION a BOLÍVAR en 1816, gracias a la cual hoy día somos, al menos teóricamente, naciones libres y soberanas? Lo reiteramos nuevamente: ¡ya es hora de comenzar a pagar al pueblo haitiano nuestra deuda histórica!

Inesperadamente y para sorpresa de todos, el 15 de enero de 2011 JEAN CLAUDE “BABY DOC” DUVALIER retorna a Haití como que si se tratase de un caballero honorable que nada tiene que temer. Alrededor de este hecho insólito se tejieron toda clase de rumores o conjeturas: “que el hombre esta arruinado, sin residencia fija, envejecido, derrotado moralmente, con problemas con su segunda mujer, que vino con pretensiones políticas, que goza de la complicidad del corrupto régimen de Preval” Lo cierto es que percibimos que hasta ahora no se ha analizado analizado lo que hay en el trasfondo de este retorno. Veamos:

1. Duvalier hijo está en Haití solo porque el gobierno del Presidente Sarkozy de Francia así se lo permitió. Este último actúa en función de la fría razón de Estado y de intereses o cálculos políticos maquiavélicos y ajenos a todo sentimiento humanitario o personal. Paris y Washington, al igual que Londres, son íntimos aliados estratégicos en el plano diplomático y militar. Por ello, en materia de política exterior actúan en cerrada concertación. Si “Baby Doc” pudo dejar Paris y embarcarse en un avión con destino a Haití es porque Washington mismo se lo pidió a Sarkozy y porque tal movida sirve a los intereses de ambas potencias. Sarkozy no hace nada que pueda incomodar a la Casa Blanca.

2. Historicamente, Francia y EE.UU. tienen intereses especiales en Haití que comparten juntos y sin contradicciones. EE.UU. le debe a Francia, en gran medida, su independencia de gran Bretaña en 1776 (EL General Lafayette es símbolo de ello). Francia, por su lado, recibió desde 1804 el total apoyo norteamericano contra la revolución de Haití, la primera nación negra del mundo. Intereses políticos comunes, porque ambos odian a muerte a Jean Bertrand Aristide y ven en su liderazgo un peligro mortal. Intereses económicos porque Haití es como un mendigo sentado sobre una gigantesca riqueza que espera ser explotada: petróleo, litio y oro. Intereses comerciales, porque EE.UU. y Francia acarician el proyecto de instalar en Haití la más grande Zona Franca de las Américas (mucho más grande que la de Panamá), Intereses geoestratégicos porque EE.UU. proyecta establecer una gran base militar y aeronaval en Cabo Haitiano, en el marco de su política de cerco y aislamiento a Cuba, Venezuela y los países en proceso de cambio social (esto también sirve a los intereses de Francia en sus posesiones de Martinica y Guadalupe).

3. Los Servicios de Inteligencia estadounidenses saben que LAVALAS de Aristide, es fuerte y poseedora de una tremenda capacidad ofensiva, siempre y cuando cuente con la presencia física de su líder en Haití. Pero, también descubren que el duvalierismo no está muerto, sino bien vivo y que, reagrupado, organizado y armado; con apoyo directo de Washington y Paris, podrían ser una fuerza nada despreciable. Saben que los nostálgicos jefes de los Tontón Macoutes y el militarismo depredador aun tienen energía y suficiente odio para volver a los viejas andanzas del robo, el crimen y el ultraje con impunidad y, que ello tiene cabida dentro de la nueva tendencia de Washington a regresar a la vieja Doctrina de Seguridad Nacional de la era de la Guerra Fría.

4. JEAN CLAUDE DUVALIER regreso al país no de turismo, ni arrepentido ni ayudar al país asolado por el terremoto, ni siquiera por amor a su país. Regreso porque, a falta de alternativa política, Washington y Paris estiman que un eventual retorno del duvalierismo al poder pudiese obrar como muro de contención a LAVALAS y, lo confirma el mismo “Baby Doc” al declarar que está dispuesto a jugar un papel político en su país. El 50% de los jóvenes haitianos menores de 25 años, nacieron después de la era Duvalier y muchos de ellos dicen creer que “Baby Doc” puede ayudar el país a recuperarse porque así lo oyen de sus padres o abuelos. Todavía más grande fue la sorpresa al saberse que miles de jóvenes menores de 25 años fueron a vitorear ensordecedoramente el ex dictador al “hotel Karibe” donde se alojaba y pedirle que regresase al poder del Estado. Claro está, muchos de ellos son parte del lumpen proletariado y no de la mayoría de la juventud consciente e identificada con el Movimiento Lavalas, contra la MINUSTAH y la ocupación militar estadounidense de enero de 2010.

5. A presente, Haití sigue siendo uno de los cinco países más miserables del mundo. 80% de la población vive en situación de extrema pobreza y con menos de US$1,50 al día. Sobreviven gracias a las remesas de dinero que envía la comunidad haitiana en EE.UU., Canadá, Francia y Republica Dominicana. 50% de los haitianos son analfabetas, la calidad de la educación está por los suelos, las supersticiones mágico-religiosas y el oscurantismo cultural contribuyen a poner pueblo haitiano en manos indebidas. Degradación medioambiental y tierras estériles. Producción agrícola en colapso, incremento geométrico de la población, contaminación de agua por deforestación. Economía débil (café, aceite de palma, mango, ron); turismo casi nulo, ingreso per cápita de US$390 al año (32 dólares al mes).

Ausencia de servicios básicos: agua, luz red sanitaria. Solo 5% de la población dispone de agua potable, primer lugar en América de VIH-Sida, crecientes enfermedades crónicas. Brecha abismal entre ricos y pobres: 1% de la población (la elite mestiza educada) controla 53% de la riqueza del país, 75% de desempleo, infraestructura nula y la corrupción y el narcotráfico corroen la administración, la policía y el sistema judicial, alta dependencia de la caridad internacional etc. Los indicadores sociales post-terremoto se han agravado considerablemente, por lo que Haití corre el riesgo de involucionar hasta los límites de la extinción.

6. Al cavilar sobre tales contradicciones nos viene a la mente el certero pensamiento del LIBERTADOR SIMÓN BOLÍVAR, prócer de América y padre de la “Patria Grande”:

“Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil: adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia”.

http://www.geopoliticamundial.org

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