Jorge Gómez Barata: En Miami se intentó construir una Cuba de repuesto

Jorge Gómez Barata
Cubadebate

 

Manipular con fines políticos los procesos migratorios, como respecto a Cuba durante 50 años han hecho 15 administraciones norteamericanas, es una forma de tráfico humano y una manera perversa de hacer política. Alrededor de un millón de cubanos fueron reubicados por Estados Unidos en el enclave de Miami, donde en una dialéctica hecha de contradicciones y violencia, tanto como de sutilezas, odios, amores y nostalgias, se intentó el proyecto a la vez diabólico y exótico de construir una base contrarrevolucionaria y una Cuba de repuesto.

No hay manera de inventariar las tragedias y las aberraciones sociológicas asociadas a aquellos engendros. Millones de familias partidas y de matrimonios disueltos, padres y madres que durante décadas no vieron a sus hijos y muchos que no los vieron jamás. Todavía hoy el hijo prospero en Miami no puede enviarle dinero al familiar necesitado en Cuba y hay personas que estando a 150 kilómetros de distancia no pueden llegar a tiempo para una emergencia familiar porque les prohíben salir de Estados Unidos o entrar en Cuba.

La idea de instalar en Estados Unidos a la burguesía y a la oligarquía cubana no funcionó, porque si bien un país puede ser dividido, una Nación no. Aunque resultó relativamente fácil crear en Miami escuelas y comercios con los mismos nombres que en Cuba, rebautizar las calles y plazas, colocar bustos de Martí y recordar las efemérides, montar filiales de las iglesias, las logias y los clubes de la aristocracia, incluso crear una «Pequeña Habana donde se intenta «vivir a lo cubano», reproducir el ser nacional resultó imposible.

Lo más paradójico fue que, donde mismo se intentaba recrear una Cuba alternativa, se conspiró para destruir la original. Con el beneplácito de sucesivas administraciones, la CIA instaló en Miami la mayor de sus dependencias, la «Estación JM / WAVE» encargada de administrar y coordinar la actividad contra Cuba.

Con una plantilla de miles de oficiales y expertos en actividades conspirativas y violentas, la filial fue dotada con multimillonarios presupuestos para crear y operar una enorme red de instalaciones de apoyo y una colosal infraestructura, formada por cientos de empresas, bancos, flotas de buques y vehículos, haciendas, clínicas, talleres y comercios, emisoras de radio y televisión, periódicos y revistas que, a la vez que aportaban la intendencia para la actividad anticubana, con diversas fachadas, prestaban servicios a la comunidad.

Desde aquel enclave se organizaron miles de actos de terrorismo y subversión y se cometieron crímenes atroces, allí arribaban las embarcaciones y aterrizaban los aviones secuestrados, se concibieron, se pusieron a punto todas las leyes y las medidas de bloqueo, entre ellas las Torricelli y Helms-Burton, Radio y TV Martí y se impusieron restricciones a los contactos familiares: Desde allí se organizó la invasión de bahía de Cochinos.

De muchas maneras los cubanos se asentaron y prosperaron, no sólo por su calificación y dedicación al trabajo sino porque, a diferencia de otros emigrantes que son discriminados y perseguidos, fueron privilegiados y apoyados con la concesión de la residencia y la ciudadanía, créditos y empréstitos, revalida de títulos y facilidades para cursar estudios.

De entre la élite más reaccionaria, corrupta y políticamente más activa de aquella emigración, formada además de por gente decente, por politiqueros, oportunistas y buscavidas surgieron los cabecillas de una miríada de organizaciones contrarrevolucionarias de entre los cuales escogió la CIA al estado mayor de la contrarrevolución.

En manos de aquella ralea Washington y Langley pusieron cientos de millones de dólares, medios de influencia, incluyendo relaciones con la Casa Blanca y escaños en el Congreso y sobre todo, la formidable red de apoyo a las acciones contra Cuba. Así, aproximadamente se originó la Mafia Cubano Americana y se amasaron inmensas fortunas. Al no poder gobernar a Cuba, aquella manga se conformó con gobernar a Miami y, ante la imposibilidad de anexar la Isla, se anexaron ellos.

Cuando a fines de la década de los sesenta el número de cubanos, que de ninguna manera podían ser asumidos como exiliados se hizo inmanejable, las autoridades decidieron regularizar su status y dictaron la Ley de Ajuste Cubano, que en si misma no era una novedad, sino un intento por realizar un corte y regularizar la situación de las personas que ya estaban en los Estados Unidos.

De lo que tal vez no se percataron los norteamericanos era que la mafia había crecido, consolidado su poder político y aprendido a usar el dinero y la influencia que tan irresponsablemente se le había concedido. La Ley de Ajuste fue convertida en una «patente de corso», no sólo intemporal sino también extraterritorial, aplicable eternamente a cualquier cubano emigrado y a sus descendientes en cualquier parte del mundo.

Lejos de ser reconocidos los esfuerzos de las autoridades cubanas para tratar de detener la emigración ilegal y negociar con los Estados Unidos y ordenar los procesos migratorios, excluir la violencia y la ilegalidad y facilitar las relaciones familiares, Cuba era criticada y lamentables tragedias utilizadas para la propaganda.

Tanta era la irracionalidad y tan abrumador el cúmulo de problemas que, por insistencia de la parte cubana, en 1994, entre Cuba y los Estados Unidos se suscribió un acuerdo migratorio mediante el cual, entre otros compromisos, Estados Unidos se comprometió a descontinuar la práctica de admisión automática de los cubanos llegados a su territorio. Por ese mismo acuerdo, Estados Unidos se comprometió a enviar a Cuba a todas las personas detenidas en alta mar.

La escena estaba lista. No puedo afirmar que ya los norteamericanos o la mafia cubana lo tuvieran en mente, pero la opción era obvia: México con costas que miran a Cuba y fronteras a Estados Unidos era un puente ideal al que había que tomar por asalto, cosa nada difícil para una mafia con mucho dinero, entrenada para el chantaje y la violencia y con enormes influencias políticas. Así México fue involucrado.

Tomado de: Emigración, México y la mafia (II)

 

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