Un gobierno cipayo y vergonzante que entrega la soberanía colombiana

Fernando Arellano Ortiz

Cronicón El Observatorio Latinoamericano

 

Colombia, para su infortunio, celebra el bicentenario de su emancipación del yugo español bajo la ocupación de tropas norteamericanas y de contratistas mercenarios, cuyo propósito es el de que este país sirva de portaviones para espiar electrónicamente y hostigar a las naciones suramericanas, torpedeando de esta manera, los procesos de integración política y de reivindicación social, así como a los gobiernos progresistas de la región. Este protervo objetivo se da gracias a la anuencia, complacencia y la complicidad de un gobierno ilegítimo y de sello ultraderechista como el de Álvaro Uribe Vélez que logró llegar a la Presidencia de Colombia gracias al apoyo de los grupos narcoparamilitares y obtuvo su reelección inmediata en 2006 a través del cohecho, comprando a congresistas para que respaldaran una malhadada reforma constitucional.

Bajo el pueril pretexto de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, la estrategia de la presencia de tropas estadounidenses en las bases colombianas es, en primer término, la de hostigar y amenazar al gobierno venezolano del presidente Hugo Chávez.

Uribe Vélez busca hacer aparecer como una amenaza externa al gobierno de Chávez para explotar aún más un falso nacionalismo y consolidar su mal llamada política de «Seguridad Democrática», en el sentido de mostrar que Colombia además de ese «enemigo» debe enfrentar otro, de carácter interno como las guerrillas de las FARC. De esta manera, logra sacar réditos políticos para jugar una nueva reelección presidencial que le permita seguir manteniendo su modelo neoliberal en lo económico, y su política en favor de las mafias del narcotráfico, el paramilitarismo y el contrabando, en lo político. Es decir solidificar el proyecto de la lupenburguesía colombiana.

En este propósito Washington es cómplice y es el que mayor ganancia saca, pues cuenta con un aliado cipayo como Uribe a quien no le importa entregar la soberanía colombiana con tal de lograr a cualquier precio sus fines protervos.

COLOMBIA, AMENAZA REGIONAL

Estados Unidos a través de las bases en Colombia va a contar con una plataforma tecnológica para realizar espionaje electrónico a los países de América del Sur, al tiempo que establecerá un puente entre Latinoamérica y África para desplegar control sobre ese continente.

La base de Palanquero en el centro de la geografía colombiana ya se identificaba en los documentos del Pentágono como un sitio ideal de su estrategia de movilidad aérea mundial para regiones de interés geopolítico, dentro del nuevo concepto de Ubicaciones de Cooperación de Seguridad que posibilita el reabastecimiento de combustible, así como sirve de punto de enlace para realizar operaciones en otras regiones del mundo.

El documento «Estrategia global en ruta» del Comando de Movilidad Aérea de la Fuerza Aérea de Estados Unido revela la verdadera intención estratégica de Washington frente a la base militar de Palanquero en Colombia: «Incluir a Suramérica en una estrategia global de rutas logra dos resultados: ayuda a la estrategia de presencia regional y asiste con el enrutamiento de la movilidad hacia África».

nfortunadamente, hoy no están disponibles recursos de puente aéreo para una táctica de presencia en Suramérica (…) Recientemente, el Comando Sur de Estados Unidos se ha interesado en establecer una localización en el continente suramericano que pudiera ser usado no sólo para operaciones contra narcóticos, sino como un sitio desde el cual se puedan ejecutar operaciones de movilidad. En consecuencia, (…) el Comando Sur ha identificado a Palanquero, Colombia, como una Localización de Seguridad Cooperativa (LSC). Desde allí, es posible cubrir cerca de la mitad del continente con una aeronave C-17 sin necesidad de reabastecimiento de combustible». ¡Y ahora habrá seis bases más distribuidas en puntos claves de la geografía colombiana!

DEBILIDAD DE URIBE FRENTE A E.U.

Si bien el presidente Uribe Vélez cuenta con fortalezas y suficiente capacidad de manipulación frente a los factores de poder en el plano interno, respecto a Estados Unidos es débil dado la información y el «expediente» que tienen de él las diversas agencias gubernamentales de Washington.

El gobierno demócrata no ha facilitado la aprobación del Tratado de Libre Comercio que es fundamental para los intereses de ciertos sectores comerciales y económicos que representa el gobierno de Uribe Vélez y con la anuencia de éste para que el Pentágono a través del Comando Sur haga presencia en bases militares colombianos, la Casa de Nariño aspira a que en reciprocidad, en el corto plazo, pueda ser viabilizado ese convenio en el Congreso norteamericano, lo cual es una percepción equivocada, al decir de los analistas de Dialogo Interamericano, un centro académico con sede en Washington.

Pero, al mismo tiempo, lo que demuestra la presencia de soldados norteamericanos en dichas plataformas militares de Colombia es el fracaso de la «Seguridad Democrática», estrategia bandera de Uribe, que a lo largo de siete años no ha sido capaz de derrotar en forma definitiva a la guerrilla, no obstante que se le mintió al país cuando en 2002 la entonces ministra de Defensa, Martha Lucía Ramírez, manifestó a los cuatro vientos que en un lapso de 16 meses las Farc estarían completamente derrotadas.

El anuncio del embajador norteamericano en Bogotá, William Brownfield, en el sentido de que en desarrollo del acuerdo bilateral de utilización de bases colombianas por parte del Comando Sur la guerrilla de las Farc serán blanco de las operaciones militares conjuntas para aniquilarlas, dan cuenta de dos cosas graves para la soberanía colombiana: una, es que Estados Unidos interviene de forma abierta en el conflicto interno colombiano; y dos, que el gobierno de Uribe requiere del contingente militar norteamericano para enfrentar a la insurgencia.

De esta manera, la administración Uribe Vélez le da argumentos a las Farc para sostener que su lucha armada además es por una causa de liberación nacional, por cuanto que la directa intervención norteamericana en el conflicto colombiano atenta contra el principio de autodeterminación de los pueblos.

PROLONGACIÓN DEL PLAN COLOMBIA

Adicionalmente, el acuerdo denominado eufemísticamente de «cooperación militar» entre Bogotá y Washington y que hace parte del programa denominado «Salto Estratégico» que no es más que una prolongación del Plan Colombia, constituye una seria amenaza para Venezuela y Ecuador, porque de entrada se sabe, así lo nieguen en forma enfática, que las bases servirán para realizar operaciones de rastreo y de espionaje satelital en la región.

Con la operación de estas bases en Colombia, el gobierno de Caracas queda completamente cercado. En efecto, la supervisión y vigilancia por parte de Washington ahora será total, pues las bases norteamericanas en Aruba, Curazao y Guantánamo; la de Palmerola, en Honduras; y la Cuarta Flota que dispone de suficientes recursos para patrullar efectivamente todo el litoral venezolano, constituyen serias amenazas para la seguridad política y económica de Venezuela.

Pero no sólo Hugo Chávez está amenazado, también lo están los mandatarios de Ecuador, Rafael Correa y de Bolivia, Evo Morales, quienes quedan en la mira del Washington a través de sus plataformas de alta tecnología que se instalan en Colombia por un lapso de diez años.

Esta circunstancia puede generar un conflicto de incalculables proporciones entre Bogotá y Caracas, lo cual terminará desestabilizando a la región por la desconfianza que crea la presencia norteamericana. Por eso en forma oportunista Uribe vuelve a presentar «disculpas» al gobierno de Rafael Correa con el fin de tratar de ablandar la situación diplomática con Ecuador y, de esta manera, enfrentar solo la tirante situación con Venezuela.

De todas maneras, el entreguismo de Uribe contrasta con la actitud del ultraderechista presidente de México, Felipe Calderón, quien en una postura digna señaló en forma contundente que no admitirá la presencia de militares norteamericanos en su país, porque éste es la frontera de Estados Unidos con América Latina y no puede desestabilizar la seguridad del hemisferio.

 

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