Golpe al SME: rumbo al estallido social

Erika Ramírez

Voltaire net

La liquidación de Luz y Fuerza del Centro y el golpe al sindicato más aguerrido de México aglutina a las corrientes más disímbolas del centro y la izquierda del país. Lo que se percibe como el inicio del desmantelamiento de la industria energética nacional ya permitió el reencuentro del SME con la CNTE, sectores de La Otra Campaña, la UNT, el Frente Sindical Mexicano, el lopezobradorismo y hasta organizaciones del viejo corporativismo priista. Además, reactivó el movimiento estudiantil en la UNAM, las normales rurales, la UAM y el Politécnico. “Todo eso se esperaba”, declaró el secretario del Trabajo Javier Lozano ante un escenario de 80 millones de pobres –20 de ellos en pobreza alimentaria–, 1 millón de nuevos despedidos y la peor debacle del PIB de la que se tenga memoria. Un estallido social está a punto de ocurrir, advierten investigadores

Pudieron más los compromisos de Felipe Calderón con quienes lo llevaron a la Presidencia de la República que el riesgo de generar un estallido social, señala Carlos Antonio Aguirre Rojas al explicar las causas de la liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LFC).

“Es una medida desesperada” para acatar los acuerdos a los que llegó con el Consejo Coordinador Empresarial, el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, la Asociación de Bancos de México y los sindicatos patronales desde la campaña electoral de 2006.

El posdoctor en historia por la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París explica que la medida contra la empresa paraestatal y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) no viene sola. Otras más llegarán en cascada: un paquete económico que incremente los impuestos, una reforma laboral que elimine el derecho de asociación de los trabajadores y el inicio de la recta final de la privatización del sector energético.

Sin embargo, el cálculo político pudo haber fallado al gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa. El movimiento sindical que se ha aglutinado entorno al SME podría capitalizar el desastre económico y social en el que se encuentra el país.

Aguirre Rojas, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y especialista en movimientos sociales en América Latina, explica que con el decreto del 11 de octubre pasado –con el que el gobierno federal liquida LFC– y el asalto de la Policía Federal a las 104 instalaciones de la paraestatal, la administración de Felipe Calderón comienza a pagar las facturas a los grupos económicos que lo llevaron a la Presidencia “y que luego han buscado legitimarlo, aunque sea por la fuerza”.

Junto a la firma del presidente aparecieron las de 10 secretarios de Estado. Con ellas, el “presidente del empleo” cancela más de 40 mil fuentes de trabajo de LFC y 95 años de vida del SME.

En menos de 12 horas, miles de electricistas perdieron sus salarios, su derecho a la atención médica, a la vivienda y demás prestaciones laborales conquistadas por el SME, liderado por Martín Esparza Flores. Así ocurrió con Jorge Méndez, un joven de 34 años que apenas había logrado una antigüedad de tres años en la empresa regulada por la Secretaría de Energía.

De Jorge dependen siete personas, que sobreviven con los 152 pesos que obtiene diariamente: cuatro hijos, su esposa ?que le apoya con la venta de zapatos? y sus dos padres diabéticos. Él, al igual que su familia, dice estar dispuesto a todo, a cambio de recobrar su trabajo: “Ya no tenemos más qué perder”.

Como él, otras 44 mil personas recibieron azoradas la noticia de que más de 500 policías federales habían tomado sus puestos de trabajo el 10 de octubre pasado antes de la media noche.

Dos horas más tarde, la madrugada del domingo 11, los secretarios de Gobernación, Fernando Gómez Mont; de Hacienda y Crédito Público, Agustín Carstens; de Desarrollo Social, Ernesto Cordero Arroyo; de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan Rafael Elvira Quesada; de Energía, Georgina Kessel Martínez; de Economía, Gerardo Ruiz Mateos; de Agricultura, Francisco Mayorga Castañeda; de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas; de la Función Pública, Salvador Vega Casillas, y del Trabajo y Previsión Social, Javier Lozano Alarcón, apoyaban la decisión presidencial de “extinguir” LFC. Seguir leyendo “Golpe al SME: rumbo al estallido social”

El ‘cacao’ de Nestlé en África

Kurioso

¿Sabías que más de la mitad del cacao que consumes procede de África? ¿Sabías que allí hay plantaciones donde trabajan todavía casi 300.000 niños subyugados por la influencia de las multinacionales y fuera del comercio justo? Probablemente lo hayas oído alguna vez con cierta incredulidad. Hoy te voy a contar el pasado y el presente de esta iniquidad. De como algunas compañías como Nestlé han demorado y diferido su gran responsabilidad en los acuerdos establecidos para solucionar, de raíz, el problema de esclavitud en estas plantaciones.

 El “Theobroma cacao”, árbol del cacao o “Alimento de los Dioses” es una planta nativa de América del Sur que es ‘criolla’ en el continente americano y ‘forastera’ en el africano. Esta última variedad, por sus componentes taninos y mejor precio, se ha convertido en la familia más solicitada para la industria alimenticia occidental. Transformando a Costa de Marfil 38%, Ghana 19%, Nigeria 5% y Camerún 5% en los principales productores mundiales de cacao.

Históricamente el descontrol y anarquía de las plantaciones en áfrica occidental ha hecho imposible el registro de la calidad laboral en las producciones destinadas a occidente. La esclavitud y métodos de siglos pasados han chocado con las leyes y necesidades imperiosas del mercado europeo y americano. Durante décadas se ha aprovechado el vacío legal para llevarse una plusvalía en la diferencia de precios y costos del producto y mano de obra entre ambos continentes; provocando la asfixia de productores locales en beneficio de las grandes corporaciones. Con la llegada de la cultura de “Comercio Justo” o “Fair Trade” y la nueva conciencia global parecía que esto iba a cambiar. Seguir leyendo “El ‘cacao’ de Nestlé en África”

La corrupción de los premios Nobel

Marcos Roitman Rosenmann  La Jornada

 

Cuando Alfred Nobel decidió que una parte proporcional de su inmensa fortuna fuese a parar todos los años a las manos de los más preminentes hombres y mujeres de las ciencias y la literatura buscó redimirse. Sus últimos días fueron angustiosos. No podía soportar las consecuencias del uso militar de la dinamita, su gran invento. Apesadumbrado, se transformó en un pacifista confeso. En su testamento dejó muestra de ello. Así podemos resumir sucintamente el origen histórico de los cinco premios que llevan su nombre. Un sexto, el de economía, se añadiría apócrifamente en 1968.

El deseo de Nobel fue premiar el esfuerzo en física, química, medicina o fisiología, la creación literaria y a quienes dedicaban su actividad a luchar por la paz. Los candidatos en todas las categorías y por tanto los ganadores debían sobresalir por sus aportes en beneficio de la humanidad y proyectar una vida ejemplar. Muchos son los nombres asociados a esta perspectiva. En química Ernest Ruherford o Linus Paulin, en física Max Planck, Marie y Pierre Curie, Einstein o Niel Bohr, en medicina Santiago Ramón y Cajal, Jaques Monod o Severo Ochoa, en literatura Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Octavio Paz, entre otros. En el caso concreto del Nobel de la paz, el beneficiario, persona o institución, debía, según rezaba el testamento: llevar a cabo la mayor o mejor labor a favor de la fraternidad entre las naciones, por la abolición de los ejércitos permanentes y por la celebración y el fomento de congresos por la paz..

No han faltado años en los cuales una de las cinco categorías haya quedado desierta. En física la primera vez ocurriría en el año 1916, repitiéndose en 1931 y 1934; en medicina no se entregó los años 1921 y 1925, en literatura durante la Gran Guerra y en 1935. En cuanto al Nobel de la paz, 1923, 1924, 1948, 1955, 1956. Hay que destacar que durante los años de la segunda guerra mundial no se concedieron en ninguna de las cinco vertientes. Seguir leyendo “La corrupción de los premios Nobel”

Histórica movilización del Sindicato Mexicano de Electricistas

José Luis Hernández Ayala

Rebelión

 

150 mil según el periódico La Jornada, 300 mil a decir de los organizadores y, según las últimas apreciaciones, podemos hablar de 500 mil manifestantes convocados por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), para derogar el decreto de extinción de la empresa Luz y Fuerza del Centro, la salida de las tropas que la ocupan y la defensa de la autonomía sindical. Lo cierto es que los diversos contingentes –electricistas, maestros, minero-metalúrgicos, estudiantes, telefonistas, empleados universitarios, bomberos, campesinos, amas de casa, intelectuales y pueblo en general-, entraron a la magna plaza del zócalo de la Ciudad de México durante un espacio de casi cuatro horas, en medio de combativas consignas en contra del gobierno espurio de Felipe Calderón y del clamor por un Paro o Huelga Nacional. El mismo ambiente prevalecía, aunque con menor presencia, en otras once ciudades del país.

Para quien esto escribe, orgulloso miembro del SME, no fue tan sorprendente dicha respuesta. A pesar de las calumnias del gobierno y de la ominosa campaña de medios (que más precisamente podríamos calificar de guerra), en contra de nuestro gremio -al que se acusa de “privilegiado” y causante del supuesto estado de quiebra de la empresa-, el ambiente parecía impregnado de una profunda desconfianza en contra de esos mensajes. Diversidad de pequeños indicios así lo auguraban. Dos días antes de la movilización, haciendo brigadas informativas en los vagones del subterráneo, encontramos a un estudiante del Politécnico que repartía un volante hecho, reproducido y repartido por él mismo. El mismo día de la marcha, después de salir de un concurrido mitin en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México presidido por nuestro Secretario General, Martín Esparza, estando sentado en la mesa de un humilde comedor público, escuché a la cocinera despedirse de un estudiante diciéndole “¡Adiós joven Guillermo, nos vemos en la marcha!”.

Amplios sectores de la sociedad, incluso la conservadora clase media, perciben la declaración de guerra del gobierno en contra del SME, como una ofensiva destinada a destruir al sindicalismo democrático y al contrato colectivo más acabado; avanzar en la privatización del sector eléctrico y de las telecomunicaciones; enviar el mensaje de que la ultraderecha en el poder continuará con su paquete de incrementos fiscales, “para salir de la crisis”; continuar con la contrarreforma laboral y la privatización del sector petrolero. Por estas razones, y la histórica tradición de 95 años de lucha y democracia del SME, se pudo construir una inusitada convergencia de amplios sectores políticos y sociales en torno de esta lucha. El Partido de la Revolución Democrática (PRD), con todas sus tendencias, el Movimiento en Defensa de la Economía Popular de Andrés Manuel López Obrador, la izquierda socialista en todas sus múltiples variantes, la Unión Nacional de Trabajadores, el Sindicato Minero, el sector campesino del Partido Revolucionario Institucional, campesinos independientes y estudiantes marcharon por primera vez bajo una misma bandera.

Muy significativa fue la presencia del movimiento obradorista, quizá la segunda fuerza convocante, tanto por su número como por el tipo de alianza que estableció con el SME. En primer lugar brindó un apoyo total e incondicional a la lucha electricista. Prueba de ello, y para evitar toda invectiva por parte de medios y gobierno, López Obrador marcho como simple ciudadano y no estuvo físicamente presente en el templete. Dicha actitud seguramente pondrá de cabeza a muchos sectarios que lo ubicaban completamente ajeno, incluso opuesto, a toda lucha clasista. Allá ellos.

Durante el mitin el dirigente del SME, Martín Esparza, propuso a los presentes aceptar el establecimiento de una mesa de negociación, propuesta de último minuto, con el gobierno federal y a través de la mediación del gobierno capitalino (del PRD y principal cliente de Luz y Fuerza). Bajo la condición de exigir la derogación del decreto presidencial, la salida de la tropa de las instalaciones y el respeto a la organización sindical y el contrato colectivo de trabajo. También propuso continuar las movilizaciones y conformar un gran frente unitario denominado Frente por los Derechos de Trabajadores y la Contratación Colectivo.

Aún con la contundencia y el poder de clase expresados en esta movilización, es difícil esperar que el gobierno doble las manos bajo el primer embate. Son demasiado importantes los intereses que están en juego. Será necesario consolidar el proceso unitario y radicalizar el plan de lucha. En este sentido la propuesta de realizar un Paro Nacional, es la mejor pieza de artillería con la que puede contar el movimiento.

La lucha del SME se ha convertido en poderoso catalizador del enorme descontento social existente y, en caso de triunfar, en motor de la recomposición del movimiento obrero mexicano. Esperemos.

 

Las olimpiadas y la geopolítica

Immanuel Wallerstein

La Jornada

 

Se supone que las olimpiadas modernas tienen que ver con dos cosas: promover la paz por todo el mundo mediante una competencia no violenta que esté por encima de la política, y exaltar los logros atléticos. Sin duda casi todos los atletas entran en las competencias olímpicas teniendo en mente lo segundo. Pero promover la paz parece ser casi la última cosa en la mente de los gobiernos cuyo respaldo de sus estructuras atléticas ha sido siempre crucial para el éxito de sus participantes nacionales.

Esto por supuesto fue cierto desde el mero comienzo. El afamado promotor original de las modernas olimpiadas, el barón de Coubertin, nació en 1863. Se dice que se le crió meditando sobre el trauma nacional sufrido por casi todos los franceses como resultado de la derrota que les infligieron los alemanes en 1871. Parece ser entonces que Coubertin decidió que la derrota era resultado de que en la educación francesa faltaba enfatizar la importancia de las habilidades atléticas, a diferencia de Gran Bretaña y Alemania, y fue entonces que se propuso rectificar esto.

Al paso de los años, los gastos nacionales en los preparativos olímpicos se han incrementado de manera constante. Ganar la elección de la sede de los Juegos Olímpicos, como ganar los juegos mismos, se volvió un objetivo más importante para los gobiernos. La geopolítica nunca ha estado ausente de los juegos.

A lo largo de la Guerra Fría, la competencia entre los bloques se contabilizaba según el número de medallas de oro ganadas. Al boicot de Estados Unidos y de otros países occidentales a las olimpiadas de Moscú en 1980 siguió el boicot soviético de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. La lista de países que podía competir la determinaban argumentos de guerra fría, acerca de la legitimidad de los Estados y sus fronteras.

Así que no sorprende que la reciente votación del Comité Olímpico Internacional (COI) en Copenhague que decidió la sede de los juegos de 2016 fuera interpretada por la prensa mundial a través de lentes geopolíticas. De hecho, la prensa mundial ha estado brindando atención creciente a estas decisiones del COI debido a que ahora los jefes de gobierno se volvieron negociadores directos de la candidatura de una sede olímpica. Así que, dada la presencia de los líderes de Brasil, España y Japón en la reunión de Copenhague, fue claro que Barack Obama tenía que aparecerse también para hacer su moción en favor de la sede de Chicago.

Los corredores que aceptan apuestas de los resultados de tales competencias le daban las probabilidades a Chicago, sobre todo por el anuncio de Obama de que asistiría en persona. En la primera ronda de votaciones secretas, los resultados se partieron entre los cuatro candidatos. Pero para gran sorpresa de la prensa estadunidense, de los líderes del atletismo y de los políticos, Chicago no salió en primer lugar sino en cuarto, y fue eliminado en la primera ronda.

Para la tercera ronda, Río de Janeiro emergió victorioso con dos tercios de los votos, lo que es un margen inusualmente amplio. No es difícil discernir por qué ocurrió así. Aunque Río es una sede atractiva en sí misma, los miembros del COI votaron menos por Río de Janeiro que por Brasil. Los tres otros candidatos fueron todos del norte –Estados Unidos, España y Japón-. Brasil representaba al sur.

El argumento público principal del presidente Lula es que Sudamérica es el único continente que nunca ha sido anfitrión de los Juegos Olímpicos de Invierno. Eso es cierto, pero pienso que Fidel Castro estaba más en lo cierto cuando de modo exultante describió la votación como un triunfo del tercer mundo.

Y no sólo fue cualquier país del tercer mundo el que ganó la votación. Fue Brasil, uno de los gigantes del sur que se levantan. Lula mismo dijo después de la votación: Brasil pasó de ser un país de segunda a uno de primera clase, y ahora comenzamos a recibir el respeto que merecemos.

El respeto que merecemos –y que no han recibido en el pasado–, ésa fue la exultación de Brasil, y fue compartida por el resto del tercer mundo.

¿Fue éste un rechazo a Obama? Por supuesto, lo fue –no hacia él en lo personal, sino hacia Estados Unidos-. Por más popular que sea Obama por todo el mundo, y es popular, continúa siendo el presidente de Estados Unidos. La votación fue claramente un desprecio geopolítico. No es que Obama pudiera haberlo hecho mejor. Y si él no se hubiera presentado, el público estadunidense lo habría culpado de la derrota por su ausencia.

Perder una votación relativa a una sede olímpica no es tan malo como ver que las bases estadunidenses en Afganistán son ocupadas por los talibanes, pero es parte de la misma figura.

Ahora que Obama ganó el Premio Nobel de la Paz, ¿cambiará eso las cosas en cuanto a la diplomacia estadunidense? Momentáneamente, tal vez. Pero la situación subyacente permanece igual. De hecho, hará que la posición del presidente estadunidense sea en algunas formas más difícil, porque ahora será medido con criterios más altos.

Traducción: Ramón Vera Herrera

© Immanuel Wallerstein

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2009/10/18/index.php?section=opinion&article=022a1mun