Obama: ¿Premio Nobel de la Paz o de la Guerra?

J.M. Alvarez

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Han premiado a quien aún no ha hecho nada por la paz, y sólo “apuesta” por el desarme, algo que sus antecesores en el cargo también hicieron, pero siempre quedó todo en vanas promesas

El presidente de Estados Unidos (EEUU) ha obtenido el premio Nobel de la Paz. Dicen los miembros del jurado que han valorado la apuesta del presidente de EEUU por un mundo sin armas nucleares, y por la paz mundial.

Poco hay que decir. Como mucho, reseñar que han premiado a quien aún no ha hecho nada en beneficio de la paz, y sólo “apuesta” por el desarme, algo que no resulta novedoso, pues sus antecesores en el cargo hicieron lo mismo y siempre se quedó todo en promesas vacías. Los cantos de sirena de Obama sobre el desarme, son tan falsos como él, pues no ignora que EEUU está en pleno declive y, en consecuencia, necesita potenciar, aún más, su poderío militar para generar nuevas guerras que prolonguen su agonía como potencia hegemónica.

Obama, hasta ahora, no ha tomado ninguna decisión determinante en aras de la paz o el desarme. El presidente del país que riega terrorismo y genocidios por todo el orbe, y primer exportador de armas, no tiene intenciones inmediatas de retirar las tropas de Iraq (más de un millón de muertos iraquíes, hasta ahora); no sabe qué hacer con la guerra de Afganistán, donde sus jefes militares provocan matanzas de civiles; concede patente de corso a Israel para que continúe masacrando al pueblo palestino; se niega a levantar el bloqueo criminal contra Cuba y amenaza a Irán por desarrollar un proyecto nuclear al que Teherán tiene pleno derecho. ¿A eso le llaman trabajar por la paz y el desarme?

Hace tiempo que el Nobel de la Paz cayó en barrena, incluso Menajem Beguin (un terrorista criminal) obtuvo ese galardón. Está tan envilecido que basta con fijarse en algunos candidatos (Bill Clinton, o el mafioso Berlusconi) para comprender que necesita regenerarse con urgencia, y retomar su concesión a personas honestas y sin doble moral. Adjudicárselo a Obama es un chiste malo, a no ser que estén pensando cambiar su denominación actual, por la de “Premio Nobel de la Guerra”.

http://jmalvarezblog.blogspot.com/2009/10/obama-premio-nobel-de-la-paz-o-de-la.html

Panamá: Los primeros cien días del presidente Martinelli

Marco A. Gandásegui

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A punto de cumplir 100 días en la Presidencia de la República, Ricardo Martinelli decidió reprimir a los indígenas naso que protestan en la Plaza Catedral de la ciudad de Panamá desde marzo de 2009. Las comunidades naso en la provincia de Bocas del Toro fueron desalojadas y destruidas por la Policía Nacional a principios de año (por el gobierno de Martín Torrijos), dejando familias y niños desamparados, para darle paso al ganado de un empresario residente en la capital.

Pocos días después de los arrestos en Catedral, la Policía Nacional reprimió a los estudiantes del Instituto Nacional. La Policía, incluso, procedió a dar lecciones de urbanidad a los padres de familia en medio de los golpes y ante las cámaras de televisión.

La ONU

La política de Martinelli es consistente con su campaña presidencial (iniciada en 2003) y con los primeros tres meses de su mandato. La semana anterior anunció en la Asamblea General de las Naciones Unidas que el país estaba abierto para hacer negocios (“Panama’s open for business”). Los 192 delegados de los Estados miembros quedaron atónitos por la sinceridad del dueño de supermercados panameños. El mundo también quedó sorprendido cuando anunció, poco después, que había acordado con el Departamento de Estado norteamericano la instalación de bases militares en las costas del Pacífico del istmo panameño.

Cambio y corrupción

El estilo de Martinelli coincide con sus objetivos, lamentablemente. Durante su campaña mediática presidencial adoptó como lema la palabra “cambio” que fue acogida por la población electoral de manera muy positiva. Los panameños están agotados por la violencia, corrupción y desorden producto de las políticas públicas equivocadas de los gobiernos que lo antecedieron. Durante los primeros 100 días como gobernante, sin embargo, Martinelli apretó el acelerador provocando más violencia, corrupción y desorden a nivel de la cosa pública.

Las cifras que arrojan las estadísticas sobre violencia siguen aumentando. La política pública de control del tráfico de ilícitos, de las pandillas y del juego del azar no se han alterado. Al contrario, el Ministerio de Gobierno y Justicia anunció que invertirá 100 millones de dólares para construir nuevas instalaciones penitenciarias donde detendrá la creciente población delictiva. Se siguen aplicando las mismas políticas (“mano dura”, “calles seguras” y otras) que no tienen relación alguna con la violencia y el crimen organizado.

Martinelli prometió poner fin a la corrupción y lo que ha hecho es seguir trabajando en la misma dirección. La “cinta costera” (a un costo absurdo de 190 millones de dólares), que fue denunciada por el candidato Martinelli, ahora es celebrada por el presidente Martinelli quien pidió otros 54 millones de dólares para extender la cinta hacia el “Casco Viejo” de la ciudad capital. Antes de cumplir los 100 días en Palacio, Martinelli aprobó gastos por 100 millones de dólares mediante “compras directas” sin pasar por las licitaciones que exige la ley. En el plano del nepotismo, nombró a familiares suyos y de sus colaboradores más allegados en embajadas y consulados, siguiendo las tradiciones más nefastas de los gobernantes panameños.

Empleo y economía

Sus promesas en torno a la solución de los problemas básicos como el empleo informal y la crisis de la familia panameña han quedado en letra muerta. En el Ministerio de Trabajo no hay preocupación alguna por enfrentar la situación creada por las políticas de los gobiernos anteriores. Martinelli insinuó ante los empresarios que se flexibilizará aún más la relación obrero patronal (creando más inestabilidad y reduciendo el salario de los trabajadores). Además, prometió reducir los impuestos de quienes más ganan y de distribuir los ingresos del Fisco (Canal de Panamá, Zona Libre de Colón, los puertos y otros) entre los inversionistas más ricos. Por cierto, los ingresos del Canal, de la zona franca y de los puertos están estancados desde 2008 producto de la recesión mundial.

El equipo económico de Martinelli no reconoce la crisis económica que afecta al mundo y ha insistido durante los primeros 100 días de gobierno que la estructura financiera de Panamá saldrá sin ser afectada. Sin embargo, no quiere ver los efectos que está teniendo la crisis sobre los ingresos de los panameños, sobre la producción manufacturera y sobre los agricultores del país. El panameño está consumiendo menos, las industrias han reducido en un 20 por ciento su producción y los agricultores han pedido el 50 por ciento de su capacidad.

El sector financiero panameño ha sido golpeado reduciéndose los movimientos bancarios y las inversiones en actividades especulativas como los bienes raíces y seguros. Incluso, los casinos, que son áreas privilegiadas para la corrupción al más alto nivel, han sufrido una pequeña disminución en sus ganancias. El sector inmobiliario – que crecía a una tasa anual superior al 20 por ciento entre 2004 y 2007 – se redujo a su mínima expresión con la retirada de los especuladores norteamericanos, españoles y los intermediarios de los colombianos.

Política exterior

La política exterior panameña perdió totalmente la brújula. En su discurso de toma de posesión, Martinelli se pronunció favorable a una política subordinada a EEUU. Ha sido consecuente con esa línea aceptando que ese país instale bases militares en Panamá. También está haciendo un llamado a un nuevo eje de la “derecha” latinoamericana con Colombia, México y Perú. Pronostica que otros países latinoamericanos se sumarán al nuevo eje: Chile, Uruguay Brasil que celebrarán elecciones próximamente. Además, es el único país que oficialmente ha aceptado el golpe militar de Honduras y su convocatoria electoral.

Política social

En materia de política social ha suspendido los programas del gobierno anterior relacionados con la “Red de oportunidades” que repartía dádivas a las poblaciones más empobrecidas. No ha planteado alternativa alguna. En los sectores de Educación y Salud, así como Seguridad Social, impulsa programas de privatización y de reducción de gastos que perjudicará a los sectores más vulnerables. Incluso, coquetea con la fusión de las entidades encargadas de Cultura y Turismo, señalando que la cultura es una mercancía que pueden comprar los turistas que llegan a nuestras costas.

La oposición política

Durante los primeros 100 días de Martinelli la oposición política no logró definir su programa de trabajo. El Partido Revolucionario Democrático (PRD) entró en una fase de transición del cual no ha podido salir. La dirección del partido, derrotada en las elecciones de mayo de 2009, no quiere aceptar cambios y se ha aliado al expresidente Ernesto Pérez Balladares para amarrarse a las prebendas del poder.

Por su lado, la izquierda panameña presenta varios frentes políticos que podrían tener algún impacto en el futuro próximo. El Partido Alternativa Popular (PAP), que lanzó la candidatura presidencial del economista Juan Jované en las últimas elecciones, está trabajando en su inscripción formal. Por otro lado, el FRENADESO que reúne a sindicatos, gremios y otros sectores populares, anunció su intención de entrar en el terreno electoral para combatir el monopolio político de la burguesía panameña.

Martinelli cumple 100 días en la Presidencia sin sentar las bases de una política que le permita cumplir con sus promesas de campaña. Más bien, ha sacado a relucir las mismas políticas públicas que han promovido la violencia, la corrupción y la desigualdad social en Panamá durante los últimos veinte años. En esta ocasión sin máscaras o coberturas populistas (panameñistas) o social demócratas (PRD).

La oligarquía panameña se ha tomado el poder y actuará en consecuencia durante los próximos años a nada menos que se logre detener ese tren expreso que no respeta al pueblo panameño, a sus etnias indígenas, a sus trabajadores, amas de casa ni a sus estudiantes. El estilo de la oligarquía está marcada por el envío de sus fuerzas represivas a realizar arrestos en la Catedral en horas de la madrugada.

Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena. http://marcoagandasegui.blogspot.com

Fuente: http://alainet.org/active/33544

 

 

Berlusconi, ¿principio del fin?

Editorial de La Jornada

La Jornada

 

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El Tribunal Constitucional italiano determinó anteayer la inconstitucionalidad del llamado laudo Alfano, una disposición legal impuesta por la mayoría parlamentaria para garantizar la impunidad del primer ministro Silvio Berlusconi. Ese fallo desbloquea los procesos judiciales contra el magnate que encabeza el gobierno de Italia y, de esa manera, abre una perspectiva de restauración democrática y republicana en esa nación mediterránea. Tras señalar que la inmunidad jurídica que Berlusconi se concedió a sí mismo por medio de sus diputados viola el principio de igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, el máximo tribunal posibilita la continuación de los juicios por corrupción que habían quedado suspendidos, especialmente uno por un soborno de 600 mil dólares al abogado inglés David Mills, para que rindiera falso testimonio, y otro por la compra ilegal de derechos televisivos –en lo que parece ser un caso de lavado de dinero– por parte de Mediaset, el cuasi monopolio mediático propiedad de Berlusconi, por añadidura.

El hecho jurídico referido estrecha y complementa, por la vía legal, el declive político del empresario, cuya popularidad ha venido cayendo en forma sistemática desde que salieron a la luz las posibles relaciones sexuales mantenidas por Berlusconi con muchachas menores de edad, así como las fiestas, amenizadas con prostitutas de lujo, que organizaba en su mansión de Cerdeña.

En una primera impresión es sorprendente, por decir lo menos, que la ciudadanía italiana haya tenido que enterarse de tales hechos para empezar a castigar al magnate con una reducción de sus índices de popularidad, sobre todo cuando es un secreto a voces en el país que la trayectoria política y corporativa de quien se hace llamar Il Cavaliere está construida sobre cimientos delictivos que van desde la doble contabilidad en sus empresas hasta su posible participación en la conjura que culminó con el asesinato del magistrado Paolo Borsellino, quien, semanas antes de ser víctima de un atentado con explosivos, en 1992, en Palermo, había denunciado públicamente la relación entre Berlusconi y capos de la mafia siciliana, como el sanguinario Totó Riína, arrestado un año después y hoy sentenciado a varias cadenas perpetuas. Mejor documentados están los vínculos del aún primer ministro con su antecesor en el cargo Bettino Craxi, quien recibió, además del respaldo electoral de la mafia, jugosos apoyos económicos de las empresas de Berlusconi a cambio de permitir que éste se hiciera con la propiedad de la mayor parte de los medios de comunicación relevantes en Italia.

El poder mediático que Il Cavaliere obtuvo de ese proceso explica, al menos parcialmente, el enorme margen político del que ha gozado en las pasadas dos décadas y que le ha permitido encaramarse a la jefatura de gobierno en cuatro ocasiones (1994-1995, 2001-2005, 2005-2006 y del año pasado a la fecha). Desde esa máxima posición de poder, Berlusconi ha ido tejiendo una amplia red de complicidades para garantizarse la impunidad a sí mismo y a sus allegados.

La trayectoria del empresario y político milanés es aleccionadora de los vastos poderes fácticos y de su capacidad de moldear la opinión pública –lo que Noam Chomsky denomina fabricación del consenso– para llevar a la cúpula de las instituciones a representantes de los intereses empresariales –los suyos propios, en el caso del aún primer ministro de Italia– y generar, en provecho de los mismos corporativos, distorsiones mayúsculas en la vida política. Ciertamente, Italia no es el único caso de esta clase de desvíos trágicos.

Hoy da la impresión de que la deprimente era Berlusconi puede estar llegando a su fin: el pasado sábado unas 300 mil personas marcharon por las calles de las principales ciudades italianas para repudiar los intentos de Berlusconi por acallar a los pocos medios críticos que aún quedan en el país. A esas manifestaciones esperanzadoras se sumó, anteayer, el fallo ya referido del tribunal constitucional. Cabe esperar que, a la brevedad, la sociedad italiana logre, por los mecanismos institucionales establecidos, sacar al político derechista del Palacio Chigi y llevarlo ante los tribunales para que responda al menos por los más graves delitos que se le atribuyen, y poner fin de esa manera a un permanente factor de vergüenza para Italia y para el conjunto de la Unión Europea.

http://www.jornada.unam.mx/2009/10/08/index.php?section=edito

Se cumplen 8 años de guerra en Afganistán

Obama evalúa el envío de 40 mil soldados más

David Brooks

La Jornada

En el octavo aniversario de la invasión estadunidense a Afganistán, el presidente Barack Obama está ante una decisión que podría marcar el resto de su mandato –y, advierten algunos, hasta hundirlo– al evaluar si enviará otros 40 mil soldados para reforzar a los 68 mil que se encuentran allá, en una misión poco clara de reconstrucción de nación y de contrainsurgencia.

Ante una cada vez más amplia oposición pública, incluso de figuras políticas clave en su propio partido –senadores, ex generales, analistas– que advierten sobre un empantanamiento estadunidense en Afganistán, los asesores militares del presidente proponen incrementar la presencia estadunidense. El general Stanley McChrystal, comandante de esa campaña bélica, afirmó en su recomendación al gobernante demócrata que el éxito aún se puede alcanzar, pero sólo si hay un incremento de tropas.

La guerra de Estados Unidos en Afganistán es la tercera más larga en la historia en este país (96 meses) –la más larga fue Vietnam (102 meses) y la segunda la Revolución Americana (100 meses)– y ya lleva más del doble de duración de la participación estadunidense en la Segunda Guerra Mundial (45 meses).

Obama convocó hoy a su gabinete de seguridad nacional para evaluar qué hacer, mientras se desata un intenso debate entre la cúpula política sobre cómo proceder en un país que ha sido llamado el cementerio de los imperios.

El martes, el presidente se reunió con unos 30 legisladores de alto rango de ambos partidos para abordar el tema, donde señaló –según fuentes en la reunión citadas de manera anónima por algunos medios aquí– que no considera ningún retiro de tropas de Afganistán. Pero a la vez, algunos comentaron que tampoco considera un incremento masivo de tropas, y se especula que buscará alguna fórmula intermedia.

Pero se intensifica la preocupación –incluidos líderes demócratas de ambas cámaras– sobre incrementar la presencia estadunidense sin definir antes el plan de salida de ese conflicto. Por ahora, la mezcla de ocupación, contracción de nación y operaciones contrainsurgentes en ese país, no ofrecen resultados claros, y algunos advierten que justo las recomendaciones de McChrystal y otros promotores de una mayor presencia estadunidense, son muy parecidas a las que se presentaron al presidente Lyndon Johnson sobre Vietnam.

Se debate lo logrado en Afganistán desde la invasión en 2001, donde el entonces presidente, el republicano George W. Bush proclamó la victoria al derrocar el régimen talibán. Sin embargo, algunos expertos señalan que el talibán no fue destruido, sino simplemente se desplazó a diversas regiones. Aunque el gobierno de Obama afirma que el otro objetivo, la destrucción de la capacidad operativa de Al Qaeda, se ha logrado en gran medida, y que la presencia de ese grupo ha disminuido de manera significativa, el hecho es que su líder Osama bin Laden aún está libre, y que hay nuevas células de este grupo que, en combinación con otros, mantienen la tensión en toda la zona, especialmente en la fronteriza y dentro del país vecino, Pakistán.

Mientras tanto, las recientes elecciones en Afganistán demostraron la debilidad extrema de las instituciones políticas de ese país, con serias dudas sobre la efectividad del gobierno de Hamid Karzai, apoyado por Washington. Otro saldo de la guerra es que la producción de opio y el tráfico de heroína se han multiplicado desde la invasión estadunidense.

Obama, crítico de las políticas bélicas de su antecesor durante la campaña electoral, ha buscado una nueva estrategia para ese conflicto que heredó al llegar a la Casa Blanca. Pero enfrenta una decisión compleja ante una situación en deterioro –según sus analistas– en el terreno operativo, el cual ya ha costado casi 800 vidas de estadunidenses. A la vez, el apoyo de la opinión pública también se erosiona. Una encuesta de Ap-GfK divulgada hoy muestra sólo 40 por ciento de apoyo (reducción de cuatro puntos desde julio).

En tanto, se recuerda el dicho de los comandantes del talibán en Afganistán: ellos tienen los relojes, pero nosotros tenemos el tiempo.

Como dijo hace meses el cineasta Michael Moore en entrevista para televisión aquí, al comentar sobre la intención de Obama de ampliar la guerra en Afganistán: si quiere, le puedo pasar el teléfono de Mijail Gorbachov para que le platique qué le sucedió con Afganistán. Y si eso no lo convence, también le puedo pasar el de Gengis Khan, para lo mismo.

Vale recordar que fue justo durante la invasión soviética a Afganistán que Estados Unidos, vía la Agencia Central de Inteligencia (CIA), financió a la oposición armada, incluidos varios de los líderes que hoy día son calificados de terroristas antiestadunidenses. Las instalaciones construidas con esos fondos fueron las mismas que utilizó años después Bin Laden. En ese tiempo, el presidente Ronald Reagan, en una reunión con los mujaidines en la Casa Blanca, los definió como luchadores por la libertad, y dijo que eran el equivalente moral a los padres fundadores de Estados Unidos.

También vale recordar que hasta donde se sabe, ningún ciudadano de Afganistán, ni los del talibán, han sido acusados de participar en la planeación o la ejecución de los atentados del 11-S, justificación de la invasión a Afganistán, recuerda el periodista inglés Gwynne Dyer.

A la vez, es cada vez menos convincente argumentar que en Afganistán existe una causa noble y necesaria para Estados Unidos. A pesar del incesante reporte de muertos y heridos en Irak y Afganistán que pasa ya casi inadvertido por su rutina de años, esas guerras parecen distantes, y el deterioro en el apoyo público para la aventura en Afganistán no se traduce aún en protestas masivas en las calles. Hoy, varias agrupaciones antiguerra envían mensajes a Washington para exigir el fin de esa ocupación, mientras otros realizan plantones y vigilias en decenas de ciudades del país.

Por ahora, la decisión de Obama, sea cual sea, resultará en más sangre de afganos y estadunidenses. Para el periodista Dyer, todos los que mueren en este conflicto, mueren por nada, porque nada cambiará cuando las tropas extranjeras regresen a casa, como eventualmente harán.

“Odio cuando dicen: ‘él dio la vida por su país’. Nadie da su vida por algo. Nosotros les robamos la vida a estos jóvenes. Ellos no mueren por el honor y la gloria de su país. Nosotros los matamos”, afirmó hace años el almirante retirado Gene LaRocque en entrevista con Studs Terkel sobre las declaraciones de los políticos al promover las guerras.

Fuente original:

http://www.jornada.unam.mx/

 

¿Democracia? ¿Qué?

Juan Gelman

Pagina 12

Es notorio y hace mucho que la Casa Blanca se entretiene en apoyar golpes de Estado y/o dictaduras, de Somoza a Musharraf, de Pinochet y Videla al propio Saddam Hussein en su momento, de Trujillo y Stroessner a la monarquía saudí y un largo etcétera. Obama ha utilizado un recurso que rara vez se emplea: el sostén irrestricto a un régimen que se repite gracias a un fraude electoral de dimensiones abrumadoras: el presidente afgano Hamid Karzai cumplirá un segundo mandato, bendecido por Washington.

Los indicios de la farsa comicial en Afganistán no escaseaban, pero el ex diplomático estadounidense Peter Galbraith, hijo del economista, precisó sus alcances el domingo pasado: manos desconocidas –seguramente no para Karzai– depositaron en las urnas un tercio de los sufragios que le dieron el triunfo en la primera vuelta. Galbraith sabía de qué hablaba: había sido hasta unos días antes el segundo de la misión del Consejo de Seguridad de la ONU enviada a Kabul para asegurar que las elecciones fueran “libres, justas y transparentes”. Encontró que no era así y su jefe, el diplomático noruego Kal Eide, lo renunció por testigo discutidor y molesto.

Eide le había ordenado, antes de las elecciones, que no insistiera en su opinión de que Karzai usaría las casillas instaladas en zonas inestables para cometer fraude. “En otras fases críticas del proceso electoral también se me ordenó que pasara por alto esa cuestión”, señaló el renunciado (www.washingtonpost.com, 4-10-09). Agregó: “Mi equipo recogió evidencias de centenares de casos de fraude en todo el país y, lo que es más importante, reunió información sobre el recuento de sufragios en las provincias claves del sur, donde aparecieron pocas personas en las casillas, pero se registró un elevado número de votos. Eide nos ordenó que no compartiéramos esos datos con nadie, incluida la Comisión de Denuncias Electorales (CDE), una institución afgana auspiciada por la ONU que tiene el mandato de investigar el fraude”. La reelección de Karzai ya venía asegurada.

La Casa Blanca lo ratificó a fines de septiembre en un reunión que Hillary Clinton mantuvo con Rangin Dadfar Spanta, ministro de Relaciones Exteriores de Afganistán: le manifestó que había acordado con sus colegas de la OTAN “que Karzai sería presidente aunque la investigación sobre el fraude le impidiera ganar sin una segunda vuelta” (www.newstatesman.com, 29-9-09). La democrática Casa Blanca tiene, al parecer, una concepción muy particular de la democracia.

El resultado preliminar le otorgó a Karzai el 54,6 por ciento de los votos, contra el 28 de su principal contendiente, Abdullah Abdullah, pero si al primero se le descontara el 1,1 millón de votos, producto estimado del fraude, difícilmente sería electo en la primera vuelta. La Constitución afgana establece que para ello hace falta la mitad de los sufragios emitidos más uno. Pero no habrá segunda vuelta, Eide se ha encargado de que así sea.

La CDE emitió un nuevo reglamento especialísimo: de las muestras de las casillas de las que los votos se volverán a recontar –un 10 por ciento del total– se determinará el porcentaje de votos válidos que resultaren fraudulentos y éste se descontará de la votación total de cada candidato sin importar el origen de la trampa (Reuters, 5-10-09). Dicho de otra manera: si se le restara a Karzai un 20 por ciento de los votos, lo mismo les sucederá a Abdullah Abdullah y a los otros 38 aspirantes a la presidencia que se anotaron para los comicios del 20 de agosto. Sería un milagro que el presunto electo obtenga menos del 50 por ciento.

El general Stanley McChrystal, comandante en jefe de las tropas invasoras, también abogó por Karzai. “La estrategia militar y política de EE.UU. se centra cada vez más en darle legitimidad al gobierno de Hamid Karzai”, informa The Guardian (www.guardian.co.uk, 23-9-09). Pero diplomáticos y observadores –agrega el periódico británico– estiman que el fracaso de la reciente elección presidencial “ha destruido la estrategia de Obama para Afganistán al primer obstáculo… los comicios han llevado a un primer plano la inquietud por la corrupción y la legitimidad”. Para McChrystal, la solución estriba en enviar antes de fin de año de 30.000 a 40.000 efectivos más al país invadido, en el que había ya 58.000 al 30 de junio. Para no hablar de los 74.000 mercenarios, cuya cuantía supera con creces a la de las tropas regulares estadounidenses (The Wall Street Journal, 22-8-09).

La actividad guerrillera de los talibán se mantiene después de ocho años de guerra y el mes de septiembre fue nefasto para los invasores. El muy inglés International Council on Security and Development acaba de publicar un mapa de Afganistán en el que se establecen las zonas de acción insurgente: es constante en un 80 por ciento del territorio y discontinua en otro 17 por ciento (www.icosgroup.net, 10-9-09), casi todo el país. Esto no se arregla con más tropas.