Una mirada al retrovisor para comprender el presente. Parte I, II, III, IV, V y VI (descargar Documento)

Éric Toussaint
CADTM
Comisión para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo

 

INDICE

I – Adam Smith está más cerca de Karl Marx que de los neoliberales que actualmente lo ensalzan

II – La obstinada ideología neoliberal

III – El eclipse liberal de los años treinta a los años setenta del siglo XX

IV – El impetuoso retorno de la ideología liberal en los años setenta

V – Revolución keynesiana y contrarrevolución neoliberal

VI – De Friedman y von Hayek a Greenspan pasando por el dúo Banco Mundial-FMI. Los dogmas neoliberales

(Fragmento)

” … Desde los años setenta hasta la crisis mundial abierta en 2008-2009 |2|, la ideología neoliberal conquistó un espacio creciente a tal punto que llegó a dominar ampliamente el pensamiento económico y político de las últimas tres décadas. A pesar de que en la actualidad está siendo vapuleada, todavía se mantiene profundamente arraigada en la mente de los que crean opinión y de una aplastante mayoría de líderes políticos. Por supuesto, les está siendo difícil afirmar que hay que tener una confianza absoluta a la capacidad de autorregulación de los propietarios de las grandes empresas privadas y de los mercados financieros, Sin embargo, en lo fundamental, no han cambiado su razonamiento

La ideología neoliberal, que es la visión capitalista del mundo de acuerdo al gusto del último cuarto del siglo xx y de la primera década del siglo xxi, tiene todavía una amplia validez en las universidades, en las principales revistas económicas y en los grandes medios de comunicación. El nuevo kit ideológico para la próxima etapa capitalista todavía no se ha desarrollado a escala de masas. La manera de pensar definida antes del estallido de la crisis continúa siendo de recibo.

Los gobiernos de derecha como la (casi) totalidad de los de la izquierda socioliberal utilizan aún la ideología neoliberal con la que, avergonzados o no, se conforman. |3| A pesar de que está totalmente desgastada, todavía domina la escena en los países industrializados del Norte, pero también en Europa oriental ( incluso en la Federación de Rusia) y en los países del Tercer Mundo. Muchos países del Sur que habían adoptado un discurso socializante, incluso «marxista-leninista», versión Moscú o versión Pekín, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, se han adherido al neoliberalismo con el fervor de los nuevos conversos.

Pero, atención, existe una mutación del razonamiento entre los productores de ideología y los que redactan los discursos de los jefes de Estado en los países más industrializados. La crisis que estalló en el mismo corazón del sistema ha hecho surgir, en los más fieles servidores del mismo, una especie de crisálida. La larva neoliberal quiere mutarse en libélula capitalista. Quiere desembarazarse de su traje gris arruinado por la crisis desencadenada en 2007, para lograr la apariencia multicolor de una refundación capitalista basada en una sutil dosificación de la libertad de acción de los capitalistas, por una parte, y el sentido de responsabilidad y del interés general garantizado por una sabia regulación a cargo del Estado, por la otra. Como la crisis tiene múltiples dimensiones, con una fuerte incidencia ecológica, y no sólo económica y financiera, desde Barack Obama hasta Nicolas Sarkozy, pasando por Gordon Brown, nos hablan también de «capitalismo verde».

Antes de analizar los fundamentos ideológicos de las políticas capitalistas en curso desde los años setenta y ochenta, es útil recordar que se pusieron en práctica otras políticas, netamente alejadas del laissez-faire, durante décadas en el siglo pasado en los países capitalistas.

Ciertamente, la mayor parte de éstas se acomodaban al mantenimiento del capitalismo, pero cortaban con las que habían precedido al crash de Wall Street de 1929, así como a las que comenzaron a ponerse en práctica en Chile a partir de 1973, en Gran Bretaña a partir de 1979, en Estados Unidos a partir de 1980, y que terminaron por imponerse en casi todos los países…”

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Honduras: Represión y magnicidio

Sandra Russo

Página/12

Honduras - represión

Desde hace tres meses es posible seguir con algún detalle la situación en Honduras sólo con la ayuda de Internet. Prácticamente no hemos tenido crónicas desde la resistencia. Ese prolongado, persistente e increíble gesto colectivo de nunca, ni por instante, dar “por hecho” el golpe, o resignarse. Ese gesto de millones es ahora un gesto heroico. En América latina hemos tenido muchos golpes de Estado, pero pocas veces o ninguna un pueblo reaccionó con la decisión del hondureño. En 2002, los venezolanos pudieron revertir el golpe con mucha más rapidez, ya con unas fuerzas armadas en parte seducidas con el acople a un nuevo orden político.

En blogs, en diarios digitales, en correos reenviados, es posible reconstruir las voces de quienes están dentro de la pesadilla. Y también es posible escuchar sus miedos. Puede que sean fantasmas, o puede que sean presentimientos. Como fuere, con la deportación de los funcionarios de la ONU y la OEA, con el ultimátum dado al gobierno de Brasil, con las armas químicas usadas contra los ocupantes de la embajada, con los miles de detenidos en los estadios de fútbol, con los discursos en inglés, cierto rasgo borderline se insinúa en la cúpula golpista, que incluye a civiles y militares. En algunos testimonios de intelectuales hondureños que circulan en medios alternativos es posible advertir que el magnicidio constituye el peor temor de la resistencia, y que creen a los golpistas capaces de todo. El día a día hace cada vez más verosímil lo exagerado.

Desde las bases, en los barrios, entre la gente que puebla las manifestaciones diarias contra la dictadura, recibí un correo. De su lectura se desprende por qué es necesario publicarlo. Lo escribe una joven encerrada en su casa de Tegucigalpa. Está escrito con mucho miedo. El pueblo hondureño es hoy el enemigo interno de esta absurda patrulla perdida de la Escuela de las Américas. ¿Será eso? ¿O será una patrulla piloto para inaugurar un ciclo?

El correo dice:

Andrea: nos acaban de avisar que van a realizar un corte de energía por 48 horas a partir de las siete de la noche en el territorio nacional, así que no podremos salir a comprar comida, ni nada. Van a sitiarnos. Desde San Pedro Sula reportan que los militares se han metido a las casas a sacar a la gente que venía de la manifestación. Mi hermana, que es dirigente magisterial, está golpeada, pero pudo llegar a su casa. El ejército está en los barrios y en las colonias entrando a las casas, así que estamos esperando, y listas. En San Pedro Sula están deteniendo a la gente y encerrándola en el estadio Olímpico. Aquí, en Tegucigalpa, en el estadio Chochi Sosa (al más puro estilo Pinochet). El ejército está entrando en los hospitales, sacando a la gente. Necesitamos estar conectadas, por favor difundan esta noticia, difundan que estamos en peligro de ser detenidas, lo de la entrada a los hospitales, la detención de la gente. Si no pueden comunicarse por esta vía, porque no sabemos qué viene, traten de comunicarse a los celulares. Un abrazo, desde el amor, el temor y la resistencia.

Jessica

Mientras tanto, en los ámbitos académicos de la resistencia, otras voces dan la mirada macro. Leticia Salomón es directora de Investigación Científica de la Universidad Autónoma de Honduras. Ha circulado un artículo suyo en el que afirma que hay diez familias en el nudo del golpe de Estado. Lo mismo afirmó hace poco el presidente Zelaya en declaraciones a la CNN, y responsabilizó a esas diez familias por su seguridad. Leticia Salomón explica por qué esta reacción salvaje del gobierno de facto puede llegar a consecuencias terribles si no se lo detiene. “Es conocido nacional e internacionalmente que detrás del golpe de Estado hay una alianza política, económica, mediática y religiosa que es la que promovió, financió y sostuvo el golpe de Estado. Están ahí, se muestran o se ocultan y mueven su poderío para impedir la restitución del presidente Zelaya. Su comportamiento es irracional, absurdo y casi demencial. No dudo de que serían capaces de llevar al límite sus miedos, sus mentiras y sus fantasmas.”

Ricardo Arturo Salgado es investigador social. Escribió una nota que leí en el periódico digital Rebelión, cuyo título es “Honduras: la obstinada intención del régimen de facto por matar a Zelaya”. Salgado escribe desde su propia conmoción. El regreso de Zelaya obligó a acelerar todos los niveles de la organización de la resistencia. Pasaron pocas horas hasta que se desató la cacería sobre ellos. La impunidad con la que los golpistas están violando las reglas diplomáticas espanta a los hondureños, cuyo única esperanza es la visibilidad internacional de lo aberrante. El mundo ve, el mundo está en contra del golpe, el mundo condena. Pero en su casa está Jessica, despidiéndose por mail de su amiga argentina, gritando que necesita seguir conectada, que se difunda, que se sepa lo que pasa.

Es la desesperación de la incomunicación, sumada a la impotencia de ver cómo en los medios hay cómplices que callan. Dice Salgado: “La sola reacción fascista demuestra que el huésped de honor de la embajada es un elemento que no sólo les importa y los incomoda, sino que es necesario quitarlo del camino, contra reloj, en un plan para liquidar el problema”. En la embajada hay cien refugiados. “Es realmente ridículo ver cómo la ONU llega con los víveres y un sargentón los manda de regreso sin que ellos puedan hacer nada”, escribe Salgado. Hay dos servicios sanitarios para todos. Han arrimado allí armas sofisticadas, como cañones del dolor, químicos que producen diarrea. La primera dama Xiomara Castro denunció un ultrasonido que les provoca jaquecas y olores que los descomponen. La entrada de agua la maneja el ejército. Y escribe Salgado:

“A nosotros sólo nos queda el recurso de la denuncia a través de medios alternativos amigos. En muchos casos, cuando hemos denunciado acciones y planes para concretar el magnicidio, se nos han pedido nombres de fuentes, pruebas de lo que decimos. Señores, la única prueba que podría darles, eventualmente, serían los cadáveres que ya suman cientos. Para nosotros es difícil poner fuentes al descubierto, pero los medios amigos deberían entender que una denuncia no es una noticia; la denuncia todavía representa la esperanza de que se eviten las monstruosidades de los fascistas; una noticia es la presentación de un hecho consumado”.

Nuevas protestas en Honduras bajo estado de sitio

Raimundo Lopez

Prensa Latina

 

No sos  mi presidente

El Frente Nacional contra el golpe de Estado de Honduras ratificó que hoy las manifestaciones en demanda del orden constitucional continuarán, pese a la suspensión de garantías establecidas por la Carta Magna.

La decisión fue confirmada en un comunicado de esa vasta alianza de organizaciones populares, que este martes realiza su jornada consecutiva 94 contra la asonada castrense del 28 de junio pasado.

Renovamos nuestro compromiso de mantener la lucha popular hasta lograr la refundación de Honduras como país en ruta hacia la liberación de las oligarquías que han oprimido históricamente al pueblo, subraya el documento.

El gobierno de facto decretó el estado de sitio este fin semana, cuando autorizó a la policía y fuerzas armadas a dispersar manifestaciones, practicar arrestos y cerrar medios de prensa opositores.

En una asamblea con dirigentes de todo el país, el Frente acordó el domingo salir a marchar por la capital este lunes, pero cuando se concentraron fueron cercados por contingentes de policías antimotines.

Los manifestantes hicieron un plantón frente a la sede de la Universidad Pedagógica Nacional, bajo la estrecha vigilancia de centenares de agentes, quienes cerraron los accesos al lugar, con apoyo de una tanqueta lanza agua.

No obstante, tras negociar con los oficiales fueron autorizados a marchar en fila india hacia una sede sindical, pero finalmente ocuparon un carril del Bulevar de las Fuerzas Armadas por donde avanzaron unos tres kilómetros.

El gobierno decretó el estado de sitio por 45 días en un intento de impedir la movilización popular, pero la población salió a las calles también en el interior del país, de acuerdo con informes de dirigentes populares.

Se equivocaron de pueblo, dijo uno de los activistas del Frente, Amílcar Espinoza, quien aseguró que los golpistas creyeron que las protestas populares durarían apenas unos tres días.

Los manifestantes enviaron también mensajes solidarios al presidente constitucional, Manuel Zelaya, quien regresó sorpresivamente el día 21 y pidió protección a la embajada de Brasil, donde se encuentra sitiado hace ocho días.

Mel, amigo, el pueblo está contigo, Mel, aguanta, que el pueblo se levanta, coreó la multitud frente a los antimotines. Ese es el apelativo familiar del estadista.

El gobierno de facto clausuró ayer la emisora Radio Globo y el canal 36 de la televisión, Cholusat Sur, los dos únicos medios de la capital con cobertura de las manifestaciones antigolpistas.

La radioemisora se las arregló para volver a sacar su señal, mediante las redes de Internet

Inflación o deflación: el futuro del dólar

Alejandro Nadal

La Jornada

 

En los países ricos los políticos dicen que los signos de la recuperación pueden verse por doquier. Por eso en el encuentro del G-20 en Pittsburgh, uno de los temas fue el de las llamadas “estrategias de salida” de los bancos centrales y ministerios de Finanzas. Esta idea se refiere a la mejor forma de cimentar la recuperación.

Los riesgos son múltiples. Si los bancos centrales y ministerios de Finanzas comienzan a subir tasas de interés y restringir el gasto público antes de consolidar la recuperación, las economías pueden ingresar en un largo período de estancamiento (al estilo Japón durante los noventa). Pero si se retrasan esas medidas, se puede entrar en una etapa de inflación pronunciada con efectos imprevisibles.

La pregunta clave en este contexto tiene que ver con las presiones inflacionarias que se pueden haber gestado por los planes de rescate y los paquetes de estímulo fiscal. Las autoridades estadounidenses han inyectado cantidades astronómicas de dólares en el rescate de bancos y aseguradoras, además de los estímulos fiscales. Ahora han creado liquidez desenfrenadamente a través del enfoque de flexibilidad cuantitativa del señor Bernanke en la Reserva federal. Seguir leyendo “Inflación o deflación: el futuro del dólar”

Estados Unidos y la OTAN preparados para la guerra más masiva en la historia de Afganistán

Rick Rozoff

Global Research

A lo largo de las pasadas semanas, los periódicos y cadenas de televisión estadounidenses no han cesado de zumbar informando que Washington y sus aliados de la OTAN están planeando un incremento sin precedentes de tropas para la guerra en Afganistán, además de los 17.000 nuevos soldados estadounidenses y varios miles de tropas de la OTAN ya comprometidos, en lo que va de año, a incorporarse a la guerra.

La cifra de efectivos, a partir de informaciones hasta ahora no contrastadas, que el comandante Stanley McChrystal y el presidente de la Junta de Jefes de Estado Michael Mullen han pedido a la Casa Blanca oscila entre los 10.000 y 45.000 soldados.

Fox News ha citado cifras de hasta 45.000 soldados estadounidenses más y ABC News ha hablado de 40.000. El 15 de septiembre, el Christian Science Monitor escribió que “quizá lleguen hasta 45.000”.

Lo similar de las estimaciones indica que la cifra está ya acordada y que los obedientes medios estadounidenses están preparando a las audiencias interiores para la posibilidad de la mayor escalada de fuerzas armadas extranjeras en la historia de Afganistán. Hace sólo siete años, EEUU tenía 5.000 soldados en el país, pero para el mes de diciembre se habían previsto ya hasta 68.000, antes incluso de que se supiera algo acerca de nuevos despliegues.

45.000 soldados más elevaría el total estadounidense a 113.000. Hay también allí 35.000 tropas de otras cincuenta naciones sirviendo bajo la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN, lo que aumentaría la cifra de tropas conjuntas a 148.000 bajo el mando de McChrystal, si es que finalmente se materializan los rumoreados aumentos. Seguir leyendo “Estados Unidos y la OTAN preparados para la guerra más masiva en la historia de Afganistán”

Rechazo a la Censura de una obra sobre el terrorismo de Estado en Colombia.

Censuran en Brasil la traducción del libro Colombia, laboratorio de embrujos, de Hernando Calvo Ospina
 

Rebelión

 

La colección “Relaciones Internacionales y Estado Nacional (RIEN), publicada por la editora de la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil, y cuya principal característica es el análisis crítico de las relaciones internacionales, ha visto vetada la publicación de la obra “El Terrorismo de Estado en Colombia”, del periodista Hernando Calvo Ospina, por razones político-ideológicas.

Inicialmente la obra fue examinada por dos reconocidos académicos: uno de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC); y otro de la Universidad Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS). Ambos dieron opiniones positivas para su traducción y publicación.

Aún así, el Consejo Editorial de la Universidad vetó la publicación por “militante”, negándole a los estudiantes y al pueblo brasileño un punto de vista diferente, y de seguro objetivo, sobre un país que tiene la mayor criminalidad política en el mundo alentada desde el Estado.

Es una falta de solidaridad con las mayorías de ese pueblo, que desde hace décadas vive una guerra civil. Es cerrar los ojos ante la urgencia de comprender que se necesita una salida política negociada a ese conflicto, el cual es negado por el Estado colombiano.

Esta obra es censurada cuando actualmente se discute en América del Sur el objetivo real de siete bases militares, que el gobierno colombiano le entregó a Estados Unidos, bajo el pretexto de la “guerra a las drogas” y el “terrorismo”. Bases que pueden poner en peligro la soberanía de varias naciones, incluida la de Brasil.

Esta censura demuestra un profundo desconocimiento de esa realidad política. La obra de Calvo Ospina, dentro de una perspectiva histórica, nos ayudaría a entender la raíz de todas estas graves situaciones.

Además, la decisión puede sembrar el precedente para que otras obras propuestas sean vetadas.

Por tanto denunciamos y rechazamos tal decisión, y llamamos a que se reconsidere.

29 de septiembre del 2009.

Primeras firmas:

Ignacio Ramonet, hizo el prefacio de la obra. Periodista y académico, ex director de Le Monde Diplomatique

Sérgio Murilo de Andrade, presidente de la Federación Nacional de Periodistas, Brasil

Sindicato dos Jornalistas de Florianópolis, Brasil

Maurice Lemoine, redactor en jefe de Le Monde Diplomatique, Francia

Stella Calloni, escritora, Argentina

Belén Gopegui, escritora, España

Emir Sader, académico, Brasil

Francis Combes, editor, Francia

James Early, Política Cultural, EE.UU.

Guadelupe Teresinha Bertussi, académica, México

Bernard Cassen, profesor emérito, Francia

Daniel Viglietti, artista, Uruguay.

Hugo Franssen, editor, Bélgica;

Marielle Nicolas, académica, Francia

John Saxe Fernández, académico, México

Ramón Akal; editor, España

James Petras, académico, EE.UU.

Gilberto López y Rivas, académico, México

Atilio Borón, Académico, Argentina

David Deutschmann, editor, Australia-Cuba

Ramón Chao, periodista, España / Francia

Gianni Miná, periodista, Italia

Antonio Elías, académico, Uruguay

Pascual Serrano, periodista. España

Manuel Salgado Tamayo, académico, Ecuador

Cathy Ceibe, periodista, Francia

Michel Collon, periodista, Bélgica

José Steinsleger, periodista, México

Santiago Alba Rico, escritor, España

Armand Mattelart, académico, Francia

Carlos Fazio, periodista, Uruguay / México

Martin Almada, Premio Nóbel Alternativo de Paz, Paraguay

Marcel Kolvenbach, periodista, Alemania

Jose Mari Esparza, editor, País Vasco.

Nicole Adoum, editora, Ecuador.

Máxime Vivas, periodista, Francia

Jean Ortiz, académico, Fracia

Adrian Sotelo Valencia, académico, México.

Lúcio Flávio de Almeida, académico, Brasil

Roberto Romano, académico, Brasil

Alejandro Olmos Gaona, historiador, Argentina

Ricardo Sánchez, académico, Colombia

Sinclair Mallet Guy Guerra, Brasil

Guillermo Gigliani, académico, Argentina

Aline Pandolfi, profesor, Brasil

Mário Maestri, académico, Brasil

Reinaldo Carcanholo, académico, Brasil

Dirlene Marques, académico, Brasil

Marcelo Carcanholo, académico, Brasil

Heleno Rota, académico, Brasil

Júlio C. Gambina, académico, Argentina

Rodrigo Castelo Branco, académico, Brasi

Bernardo Parra Restrepo, académico, Colombia

Plínio de Arruda Sampaio Jr., académico, Brasil

Lectura relacionada

El terrorismo de Estado en Colombia (Prólogo)

Ignacio Ramonet
Voltaire net
7/5/2008

 

Prólogo de Ignacio Ramonet al libro del investigador colombiano Hernando Calvo Ospina en su versión francesa bajo el título: Colombia, detrás de la cortina de humo, historia del terrorismo de Estado.
 
 
Según la historia, a partir de la segunda mitad del siglo XIX existen en Colombia dos partidos políticos, el Liberal y el Conservador. No es falso. Pero ello no es suficiente. En realidad, desde esa época, el país está dividido entre aquellos que lo poseen todo y aquellos que nada tiene.
No entraré en los detalles de la tragedia colombiana, que Hernando Calvo Ospina desarrolla aquí ampliamente y con gran talento. A modo de introducción, me contentaré con recordar algunos hechos significativos, emblemáticos de esta penosa historia.

Elegido al Congreso en 1929, el liberal Jorge Eliécer Gaitán decidió combatir a lo que él llamó la oligarquía: los ricos de ambos partidos. Con el paso del tiempo sus discursos se hacen incendiarios. Desde la tribuna, en mangas de camisa, él remata sus arengas con “¡Contra la oligarquía, a la carga!”. A pesar de ello, aboga por un cambio pacífico. Cuando se le daba como favorito a la presidencia de la república, el 9 de abril de 1948 es asesinado en Bogotá.

Un detalle insólito: La ley estadounidense permite a sus ciudadanos examinar, después de ciertos años, los documentos que poseen organismos públicos como la CIA, el FBI, o el Departamento de Estado. La CIA tiene información sobre la muerte de Gaitán pero hasta el día de hoy se niega a revelarla.

El asesinato de Gaitán provoca una insurrección generalizada -que Washington atribuye al “comunismo internacional”-, y una guerra civil a la que se ha llamado “La época de la violencia” (1948-1957): unos 300 mil muertos quedan tirados en los campos. En ese tiempo de horror y Apocalipsis los liberales y comunistas, señalados como objetivo, son destinados al suplicio.

Como complemento del poder, políticos y terratenientes utilizan a policías que, en uniforme o en civil, demuestran una crueldad sin límite. Se les conoce como chulavitas. También a sueldo de los mismos, los llamados pájaros van “volando” de región en región haciendo del terror su compañera.

Condenados a muerte, casi vencidos, y dispersos en un primer tiempo, los opositores entienden que una lucha gigantesca ha empezado. Han sido abofeteados, tratados de hez de la sociedad, perseguidos como a vagabundos importunos. Los miles de miserables que no poseen nada, y para quienes el respeto a la vida y un pedazo de tierra es suficiente, se suman a otros perseguidos que, armados de escopetas y machetes, se están organizando en incipientes grupos. Esos, que en realidad sólo tratan de subsistir y defender la vida de sus pequeñas comunidades, ahora van a combatir. Influidos por la revolución cubana, varios intelectuales y estudiantes los apoyan.

En 1964, para acabar con esta revuelta, la de esa guerrilla de campesinos insumisos a los cuales se les denominó “moscovitas”, Estados Unidos dona 300 millones de dólares, envía asesores y armamento. Se implementa la Operación Marquetalia. En 1999, Estados Unidos aportó 1.600 millones de dólares para impulsar el llamado “Plan Colombia”. Hasta el 2006 ya había gastado 4 mil millones de dólares en el Plan. Sin más resultados que en 1964.

Se sigue diciendo que la inmensidad de las llanuras, los obstáculos naturales, la presencia de selvas inexploradas, hace imposible aniquilar a los guerrilleros. Pero no a la población civil.

Al año siguiente, 1965, para luchar contra esos “subversivos”, los consejeros militares estadounidenses sugieren la creación de organizaciones civiles armadas. Ya no se les llama pájaros o chulavitas, sino “autodefensas”, legalmente reconocidas.

En una fecha tan lejana como es el 2 de septiembre de 1958, esos campesinos guerrilleros le hacían llegar una carta al presidente Alberto Lleras Camargo: « la lucha armada no nos interesa, y estamos dispuestos a colaborar por todas las vías a nuestro alcance en la empresa pacificadora que decidió llevar este gobierno. » Entre los firmantes, Manuel Marulanda Vélez, actual jefe de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC.

En carta al Parlamento, con fecha del 20 de julio de 1984, y mientras negociaban con el presidente Belisario Betancur, las FARC anuncian el lanzamiento de un movimiento político nacional, la Unión Patriótica, UP. La intención de esa guerrilla era, junto a otros partidos y movimientos democráticos, ir ingresando a la vida política legal. Este trabajo de Hernando Calvo Ospina cuenta en detalle cual fue su destino. Una tragedia para tres mil militantes, simpatizantes y dirigentes de la UP, víctimas de escuadrones paramilitares… Pocos, realmente, pertenecían a las FARC. Una intransigencia política total de la clase dirigente.

Se dice que Colombia constituye una excepción notable en América Latina: sólo ha vivido cinco golpes de Estado desde su independencia de la Corona española. En 1958 se depuso al general Gustavo Rojas Pinilla, y desde entonces el gobierno ha estado siempre en manos de civiles. Rige cierto modelo democrático. Sin embargo, tan solo en cuatro años fueron asesinados cuatro candidatos a la presidencia: Jaime Pardo Leal (1987), Luis Carlos Galán (1989), Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo (1990). Con sus particularidades, todos reclamaban reformas. Extraña concepción de lo que es una democracia…

Es que, sobrealimentados y avaros, incapaces de confrontar la realidad, ricos y poderosos piensan que los civilizados dignos de ese nombre pueden, para reducir y acabar con los “bárbaros”, utilizar bárbaros más bárbaros que ellos. Así lanzan las hordas de paramilitares, que son las mismas “autodefensas”, y les permiten que hagan alianza con los barones de la cocaína para que ayuden a financiar “su” guerra. Las Fuerzas Armadas los convierte en parte de su cuerpo, corazón y alma. Por eso los equipa, los instruye, los informa, los apoya… Con el pláceme de un gran sector de la clase política y de los gremios económicos.

Los paramilitares se ensañan con la población civil rural. Sistemática y calculadamente van acabando con la oposición política legal. Así estos seudo clandestinos, que se hacen llamar Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, bajan uno a uno todos los escalones que separan lo humano de la bestia. El terror tiene que golpear en el corazón de quien pueda ser enemigo en potencia. Asesina a uno y asustarás a mil.

En diciembre de 1997, el presidente Ernesto Sámper Pizano anuncia la creación de un “bloque especial de búsqueda” para capturar a los jefes paramilitares. Promete que esos grupos “serán perseguidos hasta en el infierno.” Todo queda en intenciones. Tres años después, Phil Chicola, jefe de la oficina de Asuntos Andinos en el Departamento de Estado, estima que “según la ley de Estados Unidos, estos grupos deben cometer actos que amenazan los intereses nacionales estadounidenses para poder ser incluidos formalmente en la lista [de grupos terroristas].” [1] En cambio, en 1982 el embajador estadounidense en Bogotá, Lewis Tambs, sin pruebas, trató de “narcoguerrilla” a las FARC. Por decisión del presidente George W. Bush, esa guerrilla y el otro grupo insurgente, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, se convierten en “narcoterroristas” después del 11 de septiembre 2001. Dos pesos, dos medidas.

¿”Narcoguerrilla”? ¿”Narcoterroristas”? ¿Ex revolucionarios descarriados? Provocando el empobrecimiento de importantes sectores de la población, los sucesivos gobiernos han favorecido el cultivo de la coca y las actividades ligadas al tráfico de cocaína. Pero son muchos los que tienen las manos metidas en el “negocio”: los militares, bastantes políticos de derecha y los sectores económicos. Bien metidas las tienen los paramilitares. Y aunque en una muy mínima medida, algún sector de la guerrilla también se ha untado con el pretexto de ayudar a financiar la causa.

Me conformaré con citar las palabras de Daniel García Peña, quien en 1997 dirigió una Comisión exploratoria para definir los términos y condiciones de posibles conversaciones de paz, bajo la presidencia de S

Sámper: “El discurso mil veces repetido sobre una guerrilla sin ideales y convertida en organización mafiosa es falso. Se trata de una organización político-militar que, como la guerra cuesta caro, impone su impuesto revolucionario sobre la cosecha [de coca], pero no tiene ninguna participación en el tráfico. Si se tratara de un cartel, no tomaría pueblos ni adelantaría operaciones militares.” Un poco más tarde, el 18 de mayo de 2003, el enviado especial del secretario general de Naciones Unidas, James Lemoyne, afirma: “La columna vertebral de la principal guerrilla del país se compone de personas comprometidas ideológicamente.”

Todo conflicto político se termina en una mesa de negociaciones. Y por qué no, ya que son necesarias, con reformas sociales. Eso no sucede en Colombia. Con un empecinamiento en extremo sorprendente, cada gobierno le ha declarado la guerra a las guerrillas; ha multiplicado los gastos militares; les ha subido el sueldo a las Fuerzas Armadas… Y cada presidente, desde mediados de la década de los sesenta, ha prometido acabar con la guerrilla antes del final de su mandato. Para constatar, al partir, ¡qué la oposición armada es más fuerte que cuatro años antes! La injusticia social la ha nutrido. Y, también, sin duda, la represión indiscrimada y ciega.

Nada. Aquí nada se debe al azar. La “limpieza” política realizada por el ejército y los paramilitares ha vaciado de campesinos pobres a muchas regiones colombianas. Hombres y mujeres que cometieron uno de estos “errores”, o todos juntos: vivieron en territorios inmensamente ricos; se organizaron para exigir sus derechos; militaron o dieron su voto a formaciones políticas de oposición; o quizás -quizás- simpatizaron con las guerrillas. Sus tierras pasaron a manos de terratenientes, jefes paramilitares, y de representantes de poderosos intereses económicos.

El azar no existe. En 1997, evocando el futuro de las relaciones comerciales entre Colombia y Estados Unidos, el embajador estadounidense Myles Frechette declaraba: “Mi gobierno invita con insistencia al gobierno colombiano a que abra lo más ampliamente posible el mercado de las telecomunicaciones en el marco de la ley colombiana, o de ser necesario que cambie la ley para adoptar las reglas adecuadas y efectivas de competencia.” [2] Luego reclamó lo mismo para el petróleo, la energía y la agricultura. Dos años más tarde, una de las exigencias de la enmienda al Plan Colombia que imponen algunos senadores estadounidenses, es que se les dé la prioridad a las inversiones extranjeras, y en particular al sector de la industria petrolera. El Consortium US Columbia Business Partnership –Occidental Petroleum Company, BP, Caterpillar, Bechtel & Pfizer- defendía con toda fuerza la adopción del Plan.

Todo fue aceptado. Y más: las Fuerzas Armadas y sus paramilitares se encargaron, con el apoyo del Plan y de los asesores estadounidenses, de incrementar el vaciado de campesinos e indígenas en las extensas zonas petroleras.

Dando también entera satisfacción a quienes “ordenan”, el presidente Álvaro Uribe Vélez, “negocia” desde el 2006 un Tratado de Libre Comercio con Washington. Su firma será como un asesinato a la economía colombiana…

Este mismo presidente le ofrece una reinserción “suave” a los paramilitares. Washington no se opone, aunque ya los tiene incluidos en su lista de organizaciones terroristas. Al contrario, sus diplomáticos participan en varios actos públicos con jefes paramilitares, cuya extradición pide su gobierno por narcotráfico. Es que no sólo han masacrado poblaciones: los paramilitares se han convertido en el cartel de droga más poderoso de Colombia. Washington se contenta con hacer esporádicas declaraciones. Los paramilitares no han atacado ni el mínimo de sus intereses estratégicos en Colombia: los han cuidado como si fueran suyos.

Entonces el presidente Uribe Vélez ha tenido manos libres para firmar la ley de Justicia y Paz, 21 de junio de 2005. Esta les otorga a los “paras”, también acusados de crímenes de lesa humanidad, una casi impunidad, la legalización de sus fortunas y una jubilación dorada. A pesar de que en cuatro años, desde que firmaron un “cese al fuego” el 15 de julio de 2003, hayan cometido unos 3 mil asesinatos más.

Pero, ¿este gobierno hubiera podido ser menos bondadoso con el paramilitarismo? Fue este gobierno, como los que le precedieron, quien derramó esa plaga sobre el pueblo. Fue el Estado quien formó, fomentó, animó y protegió al paramilitarismo. Porque el paramilitarismo es una estrategia estatal, avalada y apoyada por Washington, para el beneficio de los poderosos conglomerados económicos. Han sido aliados en la destrucción y la muerte para compartir el botín.

Pero se dejó que los paramilitares se convirtieran en poderosos señores de la guerra. Y esos jefes mafiosos, que casi ni aceptan el mínimo castigo, y menos aún ser los únicos en cargar con toda la culpabilidad, lanzan una amenaza a quienes los criaron y dirigieron: si la justicia se “encarniza” con ellos, podrían revelar sus inmensos secretitos.

A partir de documentos confiscados a uno de ellos, “Jorge 40”, marzo 2006, se llevó a cabo la detención de varios diputados y senadores de la costa atlántica, todos ligados a los partidos que apoyan al presidente Uribe Vélez. Desde ese momento el fuego se extendió sobre hierba seca, porque comenzó el escándalo conocido como la “Parapolítica”. Por culpa de su padre y hermano, inculpados de relaciones con los paramilitares, la ministra de Relaciones Exteriores, Maria Consuelo Araujo, ha debido renunciar. Por las mismas razones Jorge Noguera, ex jefe de la policía política -Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, que depende de la presidencia de la República-, uno de los protegidos del presidente, fue encarcelado.

Son unas muestras. Pero la lista que señala acusadoramente a la clase política tradicional colombiana, en especial a los aliados del presidente Uribe Vélez, es muy grande. La hecatombe judicial continúa, y toca a senadores, diputados y muchos altos funcionarios de Estado. Sin dejar por fuera a mandos militares y de policía.

Cierta cantidad de “personalidades” tiene cada día más dificultad en tragar saliva. Han descubierto que el perro que los cuidaba ayer, los amenaza hoy. Para impedir posibles revelaciones, 59 jefes paramilitares fueron trasladados, de repente, del centro vacacional donde habían sido concentrados, hacia una prisión de alta seguridad. Entonces anunciaron, el 7 de diciembre 2006, que consideraban el “proceso de paz” como terminado. El presidente Uribe dice que debe seguir.

Acorralado por las constantes revelaciones, el presidente Uribe responde con ataques, y se ensaña en quienes no debe. Acusa a los movimientos de defensa de los derechos humanos y a la izquierda legal, como al Polo Democrático Alternativo, de pactar “con los terroristas”. Parece que no le importa que con ello haga correr a sus miembros inmensos peligros: Al menos que sea algo deliberado. Desde hace algunos meses nuevos escuadrones de la muerte surgen por todo el país, que ya amenazan y van asesinando a los opositores…

Sin parar la arremetida, el jefe de Estado se fue contra la Corte Suprema de Justicia. Su presidente, Cesar Julio Valencia, se vio obligado a reaccionar en octubre 2007, rechazando acusaciones de Uribe Vélez. Le dijo al presidente que con ellas pretendía obstruir la acción de la justicia, en el cuadro de las investigaciones adelantadas sobre “parapolítica”. Es que los jueces estaban pisando huellas profundas de las relaciones existentes entre jefes narco-paramilitares y demasiados parlamentarios: 17 presos y más de 40 judicializados, todos pertenecientes a grupos políticos pro-Uribe. Sin contar a gobernadores y alcaldes presos “uribistas”.

No cabe duda que apenas comienza el forcejeo. ¿Quién sabe si las importantes revelaciones hechas en este libro por Hernando Calvo Ospina, sobre los mecanismos del terrorismo de Estado en Colombia, no serán a corto o mediano plazo confirmadas por los propios implicados? Por tanto este trabajo es sumamente valioso. Más aun, su atenta lectura es indispensable para entender la tragedia del pueblo colombiano.

En castellano:

«Colombia, laboratorio de embrujos. Democracia y terrorismo de Estado».

Editorial Akal-Foca. Madrid. «El terrorismo de Estado en Colombia».

Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas.

En francés:

Colombie, derrière le rideau de fumée, histoire du terrorisme d’État. Editeur: Le temps des cerises, París.

Notas:

[1] El Tiempo, Bogota, 1 de mayo 2000.

[2] Apolinar Díaz Callejas, «Colombia bajo doble fuego: crisis interior y señorío de EE UU». Papeles de cuestiones internationales, N° 62, Madrid, 1997.

 

 

‘Barak Obama es una Ilusión’

Entrevista a Noam Chomsky :

“La elección de Barack Obama generó grandes expectativas de cambio hacia América Latina. Pero son sólo ilusiones”

 

David Brooks, Hermann Bellinghausen y Luis Hernández

La Jornada

Entrevistado por La Jornada, uno de los intelectuales disidentes más relevantes de nuestros tiempos señala que la esperanza en el cambio anunciada por Barack Obama es una ilusión, ya que son las instituciones y no los individuos los que determinan el rumbo de la política. A lo sumo, lo que el mandatario representa es un giro desde la extrema derecha al centro de la política tradicional estadunidense.

Presente en México para celebrar los 25 años de La Jornada, el autor de más cien libros, el lingüista, crítico antimperialista, analista del papel que desempeñan los medios de comunicación en la manufactura del consenso, explica cómo la guerra a las drogas se inició en Estados Unidos como parte de una ofensiva conservadora contra la revolución cultural y la oposición a la invasión de Vietnam.

A continuación, presentamos la transcripción completa de sus declaraciones.

América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo. Por primera vez en 500 años hay movimientos hacia una verdadera independencia y separación del mundo imperial; se están integrando países que históricamente han estado separados. Esta integración es un prerrequisito para la independencia. Históricamente, Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro; ahora ya no puede hacerlo.

Brasil es un ejemplo interesante. Hacia principios de los 60, los programas de (Joao) Goulart no eran tan diferentes de los de (Luiz Inacio) Lula. En aquel caso, el gobierno de (John F.) Kennedy organizó un golpe de Estado militar. Así, el Estado de seguridad nacional se propagó por toda la región como una plaga. Hoy día Lula es el muchacho bueno, al que están tratando de cultivar, en reacción a los gobiernos más militantes en la región. En Estados Unidos no publican los comentarios de Lula favorables a (Hugo) Chávez o a Evo Morales. Los silencian porque no son el modelo.

Hay un movimiento hacia la unificación regional: se empiezan a formar instituciones que, aunque no funcionan del todo, comienzan a existir. Es el caso de Mercosur y Unasur.

Otro caso notable en la región es el de Bolivia. Después del referendo hubo una gran victoria, y también una sublevación bastante violenta en las provincias de la Media Luna, donde están los gobernadores tradicionales, blancos. Un par de docenas de personas murieron. Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde se expresó un gran apoyo a Morales y una firme condena a la violencia, y Morales respondió con una declaración importante. Dijo que era la primera vez en la historia de América Latina, desde la conquista europea, en que los pueblos habían tomado el destino de sus países en sus propias manos sin el control de un poder extranjero, o sea Washington. Esa declaración no fue publicada en Estados Unidos.

Centroamérica está traumatizada por el terror reaganiano. No es mucho lo que sucede allí. Estados Unidos sigue tolerando el golpe militar en Honduras, aunque es significativo que no lo pueda apoyar abiertamente.

Otro cambio, aunque atropellado, es la superación de la patología real en América Latina, probablemente la región más desigual del mundo. Es una región muy rica, siempre gobernada por una pequeña elite europeizada, que no asume ninguna responsabilidad con el resto de sus respectivos países. Se puede ver en cosas muy simples, como el flujo internacional de capital y bienes. En América Latina la fuga de capitales es casi igual a la de la deuda. El contraste con Asia oriental es muy impactante. Aquella región, mucho más pobre, ha tenido mucho más desarrollo económico sustantivo, y los ricos están bajo control. No hay fuga de capitales; en Corea del Sur, por ejemplo, se castiga con la pena de muerte. El desarrollo económico allá es relativamente igualitario.

Control debilitado

Había dos formas tradicionales con las que Estados Unidos controlaba América Latina. Una era el uso de la violencia; la otra, el estrangulamiento económico. Ambas han sido debilitadas.

Los controles económicos son ahora más débiles. Varios países se han liberado del Fondo Monetario Internacional a través de la colaboración. También se han diversificado acciones entre el sur, en lo que la relación de Brasil con Sudáfrica y China ha entrado como factor. Han podido enfrentar algunos problemas internos sin la poderosa intervención de Estados Unidos.

La violencia no ha terminado. Ha habido tres golpes de estado en lo que va de este siglo. El venezolano, abiertamente apoyado por Estados Unidos, fue revertido, y ahora Washington tiene que recurrir a otros medios para subvertir al gobierno, entre ellos ataques mediáticos y apoyo a grupos disidentes. El segundo fue en Haití, donde Francia y Estados Unidos tiraron al gobierno y enviaron al presidente a Sudáfrica. El tercero es el de Honduras, que es un asunto mixto. La Organización de Estados Americanos asumió una postura firme y la Casa Blanca tuvo que seguirla, y proceder muy lentamente. El FMI acaba de otorgar un enorme préstamo a Honduras, que sustituye la reducción de asistencia estadunidense. En el pasado éstos eran asuntos rutinarios. Ahora esas medidas (la violencia y el estrangulamiento económico) se han debilitado.

Estados Unidos está reaccionando y ha dado pasos para remilitarizar la región. La Cuarta Flota, dedicada a América Latina, había sido desmantelada en los 50, pero se está reahabilitando, y las bases militares en Colombia son un tema importante.

La ilusión de Obama

La elección de Barack Obama generó grandes expectativas de cambio hacia América Latina. Pero son sólo ilusiones

Sí hay un cambio, pero el giro es porque el gobierno de Bush se fue tan al extremo del espectro político estadunidense que casi cualquiera se hubiera movido hacia el centro. De hecho el propio Bush en su segundo periodo fue menos extremista. Se deshizo de algunos de sus colaboradores más arrogantes y sus políticas fueron más moderadamente centristas. Y Obama, de manera previsible, continúa con esta tendencia.

Giró hacia la posición tradicional. Pero ¿cuál es esa tradición? Kennedy, por ejemplo, fue uno de los presidentes más violentos de la posguerra. Woodrow Wilson fue el mayor intervencionista del siglo XX. El centro no es pacifista ni tolerante. De hecho Wilson fue quien se apoderó de Venezuela, sacando a los ingleses, porque se había descubierto petróleo. Apoyó a un dictador brutal. Y de allí continuó con Haití y República Dominicana. Mandó a los marines y prácticamente destruyó Haití. En esos países dejó guardias nacionales y dictadores brutales. Kennedy hizo lo mismo. Obama es un regreso al centro.

Es igual con el tema de Cuba, donde durante más de medio siglo Estados Unidos se ha involucrado en una guerra, desde que la isla ganó su independencia. Al principio esta guerra fue bastante violenta, especialmente con Kennedy, cuando hubo terrorismo y estrangulamiento económico, a lo que se opone la mayoría de la población estadunidense. Durante décadas, casi dos tercios de la población han estado en favor de la normalización de las relaciones, pero eso no está en la agenda política.

Las maniobras de Obama se fueron hacia el centro; suspendió algunas de las medidas más extremas del modelo de Bush, y hasta fue apoyado por buena parte de la comunidad cubano-estadunidense. Se movió un poco hacia el centro, pero ha dejado muy claro que no habrá cambios.

Las reformas de Obama

Lo mismo sucede en la política interna. Los asesores de Obama durante la campaña fueron muy cuidadosos en no dejarlo comprometerse con nada. Las consignas fueron la esperanza y el cambio, un cambio en el que creer. Cualquier agencia de publicidad sensata habría hecho que ésas fueran las consignas, pues 80 por ciento del país pensaba que éste marchaba por el carril equivocado. McCain decía cosas parecidas, pero Obama era más agradable, más fácil de vender como producto. Las campañas son sólo asuntos de mercadotecnia, así se entienden a sí mismas. Estaban vendiendo la marca Obama en oposición a la marca McCain. Es dramático ver esas ilusiones, tanto fuera como dentro de Estados Unidos.

En Estados Unidos casi todas las promesas hechas en el ámbito de reforma laboral, de salud, de energéticos, han quedado casi anuladas. Por ejemplo, el sistema de salud es una catástrofe. Es probablemente el único país en el mundo en el que no hay una garantía básica de atención médica. Los costos son astronómicos, casi el doble de cualquier otro país industrializado. Cualquier persona que tiene bien puesta la cabeza sabe que es la consecuencia de que se trate de un sistema de salud privado. Las empresas no procuran salud, están para obtener ganancias.

Es un sistema altamente burocratizado, con mucha supervisión, altísimos costos administrativos, donde las compañías de seguros tienen formas sofisticadas de evadir el pago de las pólizas, pero no hay nada en la agenda de Obama para hacer algo al respecto. Hubo algunas propuestas light, como por ejemplo la opción pública, pero quedó anulada. Si uno lee la prensa de negocios, encuentra que la portada de Business Week reportaba que las aseguradoras celebraban su victoria.

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Hugo Rafael Chávez Frías: “Obama ¿who are you?” ¿A cuál Barack le creemos?

Miguel Ángel del Pozo

Aporrea

 

Joselo, el llanero, político y cómico, diría: “Obama, defínete!!” Pues pareciera que será la frase que definirá las relaciones entre los EEUU de América y el resto de la Región americana; es la decisión de Barack Obama y la decisión del Poder (Müller Rojas dixit), es decir, si los sectores de la Tricontinental reflexionan, tendremos relaciones, no sólo relaciones normales, sino relaciones productivas para ambos sectores americanos referidos: los pueblos y sus gobiernos de los países que han decidido ejercer su autodeterminación y democracia participativa y las realidades de las políticas que emergen desde el Pentágono y la Casa Blanca ¡It´s up to you, pal!

El Presidente Hugo Rafael Chávez Frías, en su discurso ante los países miembros de las Naciones Unidas, les propuso al pueblo y Gobierno norteamericanos, por intermedio del Presidente norteamericano, Barack Obama, una nueva relación democrática, respetuosa, beneficiosa y equilibrada con la Región “Al sur de la Frontera”, es decir, al sur del río Bravo. Para decirlo con precisión; Chávez Frías propuso que las relaciones políticas, socio-económicas, diplomáticas e, inclusive, militares se sustenten en los paradigmas que conforman las relaciones en un mundo multipolar y los “Cinco Principios”.

El Presidente Chávez Frías fue reiterativo en su crítica al Presidente Barack Obama cuando refería a la decisión de la Casa Blanca/Pentágono de instalar siete (7) bases militares en el territorio colombiano. Permítasenos aclarar porque decimos que el Gobierno norteamericano instalará bases militares en Colombia. Se dice que el número de efectivos norteamericanos, militares y civiles, no excederá previos acuerdos con el Gobierno de Colombia; posiblemente, el parque militar norteamericano se mantendrá en los actuales estándares de rotación de equipos aerotransportados y de combate pero las calidades de las tecnologías militares de punta norteamericanas si tendrán una mayor y más importante presencia. En ese marco, cualquier neófito lector de “Defense News” percibirá que las nuevas tecnologías militares norteamericanas requieren de una preparación educativa especial y que, aunque se publiquen sus cualidades tecno-militares en prensa, se mantienen ciertos niveles de secreto militar del único conocimiento del personal militar y civil norteamericanos.

En ese mismo curso de ideas, cuando los periodistas colombianos le preguntaron al Presidente Chávez Frías, en rueda de prensa posterior a su discurso en la sala de las NNUU, sobre las futuras relaciones entre ambos países, Venezuela y Colombia, su respuesta, explícita e implícita, fue muy llanera: “llanero no levanta muerto por el rabo”. Respuesta, también, fue bien dirigida a la Casa Blanca y al Pentágono, es decir, se preguntó e incitó a la audiencia a preguntarse: “¿Con cuál de los dos Obama estamos relacionándonos si te empeñas en instalar las 7 bases militares en Colombia y/o deseas normalizar, desarrollar y consolidar relaciones de “mutuo beneficio” entre los pueblos, gobiernos de toda la Región americana desde Alaska hasta la Patagonia?” Barack Obama lo dijo con la diáfana claridad transparente que la redundancia obliga “…the U.S. would embrace a new era of engagement based on mutual interest and mutual respect…” (http://blogs.villagevoice.com/runninscared/archives/2009/09/rightbloggers_d.php)

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