Perú, historia / Al fin saltó la liebre

Gustavo Espinoza

Velasco 

Sí, finalmente se supo. Se tuvo la noticia confirmada. Y ocurrió eso después de 38 años, cuando se publicaron algunos nuevos documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, y que tuvieron la virtud de demostrar que el señor Richard Nixon, a la sazón presidente de ese país, nos se andaba en menudencias cuando se trataba de proteger los intereses del imperio.

Bien puede asegurarse entonces algo que, en su momento intuimos y señalamos públicamente como parte de la lógica terrorista de la administración yanqui. No tuvimos en ese entonces pruebas palmarias, pero si indicios suficientes como para asegurar a nuestro pueblo que los planes agresivos contra el proceso peruano se tramaban ya en la Casa Blanca. Y hoy se confirma.

Dijimos entonces lo que la agencia de noticias AFP asevera ahora: el ex presidente norteamericano Richard Nixon quiso desestabilizar al gobierno de Juan Velasco Alvarado y en coordinación con el entonces dictador brasileño general Emilio Garrastazú Médici, incubó la idea de publicar información destinadas a desacreditarlo en el concierto internacional para justificar su acción.

La agencia reveló también que ambos gobernantes consideraron, en su esquema de trabajo conjunto, examinar la posibilidad de derrocar al presidente Salvador Allende en Chile.

Ambas acciones, por cierto, eran cartas de una misma baraja, y se ampliaron como un abanico cuando en un tercer país, asomó un nuevo gobierno progresista, el del general Juan José Torres que en Bolivia habló enérgicamente contra la política de Washington en la región.

Surgió entonces una figura geométrica. Y las agencias del imperio pasaron a hablar del “triangulo rojo”, considerándolo como “el principal peligro” en la región. Y lo era, sin duda, para el dominio del Gran Capital.

La estrategia de la administración Nixon, diseñada por cierto por el entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, el señor Henry Kissinger, era muy simple: comenzar el ataque rompiendo la cadena por el eslabón más débil. Y ese era Bolivia.

Por las circunstancias concretas de ese país, por la debilidad del movimiento popular duramente golpeado luego de la quiebra de la experiencia guerrillera de 1967, por la profunda desconfianza que se había incubado en amplios sectores de la sociedad boliviana con respecto a los militares y también por la heterogénea composición de su gobierno, el Presidente Torres no asomaba como una pieza fuerte y consolidada de los pueblos. Bastaba una conspiración certeramente planificada y un concierto elemental con militares conservadores, para dar al traste con esa experiencia. Y así ocurrió, en efecto, ese mismo año, cuando ante un contra golpe reaccionario Torres debió huir primero a Lima y después a Buenos Aires, donde fue asesinado.

Con Chile, la cosa era más complicada, pero finalmente también simple: el gobierno de Allende tenía fuerza en el pueblo, pero el pueblo tenía, a su vez, una fuerza limitada. Para quebrarlo, era indispensable concentrar un inmenso poderío militar y descargarlo como un brutal mazazo contra la población. Tendrían que matar a miles –como ocurrió– pero finalmente podrían imponerse apoyándose firmemente en “los de arriba”, que estaban sólidamente unidos, y armados, contra “los de abajo”.

En el Perú, la cosa era aún más compleja porque el escenario no estaba aún completamente definido ni los campos nítidamente diferenciados. En el gobierno de Velasco había también fuerzas reaccionarias con las que el gobierno de los Estados Unidos no quería chocar. Y contra Velasco había además fuerzas progresistas –desorientadas, sin duda– a las que Washington no quería dar alas.

Fue la experiencia militar peruana de 1968 el primer experimento victorioso de un proceso antiimperialista, después de la Revolución Cubana. Por eso sus iniciadores –incluido ciertamente el propio Velasco– vieron con marcada simpatía la experiencia de Fidel y actuaron en consonancia con ellos asegurando entre los gobiernos del Perú y Cuba la más estrecha y solidaria cooperación, que despertó la ira desbocada de los opresores.

Pero en el caso peruano el tema tenía además, otros bemoles. Velasco era un líder, pero no un caudillo. Tenía un notable apoyo popular –sobre todo los trabajadores y los campesinos respaldaron el proceso–, pero también contaba con la aceptación institucional de la fuerza armada, que despertaba de un largo periodo al servicio de la clase dominante.

Velasco, en su momento, subrayó con acierto que el suyo era un movimiento legítimo de recuperación nacional orientado a restaurar los más auténticos valores de la patria. Ante esa tarea –dijo en diversas oportunidades– la Fuerza Armada no podía permanecer impasible. Tenía la obligación de actuar con firmeza y con audacia, preservando, sobre todo, los derechos del pueblo y los intereses de la nación. La vanguardia de esa Fuerza Armada eran “los generales rojos”, como los llamó el enemigo, y que simplemente eran militares responsables de su deber.

Este mensaje, de claro corte patriótico y antiimperialista, caló muy hondo en la conciencia de los peruanos, pero también en las filas de la institución armada. Ella, en el pasado, fue usada siempre como cancerbero de los intereses más oscuros, y tuvo el valor, a partir de octubre de 1968, de rectificar una conducta y hermanarse con las grandes mayorías nacionales.

El hecho que fuera la Fuerza Armada, y no un Partido Político, ni un núcleo de personas, sino una de las principales institucionales titulares del país la que levantara ese discurso de claro contenido nacionalista y liberador; tenía una enorme importancia no sólo al interior de nuestras fronteras. Conllevaba también una carga latinoamericanista, un mensaje a los ejércitos del continente, a los que llamaba a despertar para cumplir una nueva tarea.

“Así como en la gesta libertadora del siglo pasado los pueblos ibero– americanos lucharon hermanados por alcanzar su libertad política, la cruzada que hoy libran por superar su estado de subdesarrollo reclama que, como ayer, estrechen filas en torno a su emancipación económica. Cada uno de los países de América tiene en las páginas gloriosas de su historia una legión de próceres y héroes que no vacilaron en brindar el holocausto de sus vida por legarnos la patria que hoy nos cobija…”

Así dijo Velasco el 6 de febrero de 1969 cuando llamó a unirse a todo el pueblo para enfrentar la agresividad imperialista desbocada a partir de la expropiación de las instalaciones de la empresa norteamericana Internacional Petroleum Company.

Por eso en su momento el proceso de Velasco fue un incentivo para el concierto regional. Militares patriotas de Bolivia, como lo subrayó el propio Juan José Torres, miraron al Perú con otros ojos desde entonces. En Uruguay, Liber Seregni valoró también altamente este mensaje, que fue observado con interés por los sectores institucionalistas del ejército chileno, como los generales Schneider y Pratt. Incluso en Venezuela, los militares que se alzaron en Carúpano y Puerto Cabello, izaron similares banderas. Y ellas tomarían otras dimensiones más allá de nuestro continente en la experiencia heroica del abril lusitano de 1974.

Para el gobierno de los Estados Unidos “el ejemplo” peruano resultaba no solamente en extremo preocupante, sino también nocivo. En la medida que se extendiera y creciera en otras instituciones armadas el mismo sentimiento liberador que soplaba en nuestro suelo; el poder Imperial tenía fundadas razones para verse amenazado.

Destruir el proceso peruano era mucho más complicado que disparar masivamente contra el pueblo, como se había hecho en Chile. Aquí se trataba de desactivar con precisión milimétrica y calculo sofisticado una bomba de inmenso poder explosivo, actuando con el cuidado y la delicadeza que la situación generaba. Cualquier falla en el operativo podría resultar fatal para sus impulsores.

Por eso idearon una estrategia de laboratorio. Primero, amagaron el entorno más directo de Velasco, logrando, lastimosamente, introducir una cuña entre el Jefe del Proceso peruano y los coroneles que se alzaron con él en octubre de 1968. Luego, supieron ubicar en el enmarañado escenario militar de entonces a quien podría ajustarse a sus planes y cumplir cabalmente sus designios traicionando alevosamente el movimiento. Después, agudizaron las tensiones en el interior de la institución castrense alentado pronunciamientos divisionistas, como la insurgencia del general Bobbio Centurión en el Centro de Instrucción Militar del Ejército, en julio de 1976. Unido a eso, lograron sumir en la confusión a diversos sectores del movimiento popular, que no alcanzaron a percibir en toda su dimensión el significado de los cambios que se operaban en el país.

Derrocar a Velasco Alvarado era un objetivo muy preciado para el gobierno de los Estados Unidos. Pero no marcaba eso el fin de su tarea, sino más bien el comienzo de la misma.

Se trataba, además, de depurar a la institución armada para retirar de ella a todos los “velasquistas”. Pero de asegurar, adicionalmente, que nunca más se repitiera en el Perú una experiencia similar, que no volviera a surgir “otro” Velasco con similares propósito de su antecesor y con las mismas posibilidades operativas. Para ellos, eso era vital.

Para tal efecto no bastaba devolver el Poder a los civiles y entregar nuevamente el gobierno a los partidos tradicionales. Se precisaba de medidas mucho más profundas que requerían sólo tiempo, sino también una nueva política. Y de la imposición de un nuevo modelo de dominación.

Por eso el desmantelamiento de los cambios en el Perú no se produjo como resultado de un acto, ni fue la consecuencia de una acción de gobierno. Fue un largo y complicado proceso de lucha contra un pueblo que resistió combatiendo en las condiciones más adversas. Ni Morales Bermúdez, ni Belaúnde Terry, ni Alan García en su primer gobierno pudieron realmente desandar lo andado.

Fue preciso un Golpe de Estado –el del 5 de abril de 1992– para que eso ocurriera. Fue indispensable, además, asustar masivamente a la población con la siniestra historia del “terrorismo en marcha”, satanizar el ideal socialista manchando con sangre la bandera roja y convirtiendo la hoz y el martillo en símbolo de muerte. Pero, sobre todo, fue esencial desacreditar el ideal socialista y fascistizar a la Fuerza Armada para que volteara definitivamente los ojos y nunca más mirara al pueblo, sino con odio.

La violencia desatada durante veinte años en el Perú –entre 1980 y el año 2000– tuvo ese signo y ese propósito. 12,000 oficiales de las Fuerza Armadas fueron llevados al campo para cometer tropelías contra las poblaciones indefensas. Y así quedó una secuela de sangre y muerte de la que el paìs aún no se recupera.

El terrorismo fue el gran pretexto. Y la lucha contra é, el argumento victorioso del enemigo. Pero es bueno que se diga una vez más para que se oiga en todas partes: el terrorismo que hubo, fue el del Estado, que unas veces actuó en su nombre y en otras en el de estructuras supuestamente “revolucionarias” que se sintieron torpemente halagadas por el honor que se les hacía al considerárseles como una “fuerza real y peligrosa”.

Detrás de esa conjura –se confirmará algún día– estuvo sin duda el señor Nixon y los suyos.

 

* Del colectivo Nuestra Bandera (wwww.nuestrabandera.com), revista del Centro de Estudios Carlos Mariátegui, del Perú.

Despacho de www.argenpress.info

 

 

 

La ONU nombra a Evo Morales “Héroe Mundial de la Madre Tierra”

Bolpress

 

Evo Morales 

La Asamblea General de Naciones Unidas nombró el sábado al Presidente Evo Morales “Héroe Mundial de la Madre Tierra”. La distinción fue entregada en Palacio de Gobierno por el presidente de la Asamblea General de la ONU Miguel D’Escoto Brockmann.

D´Escoto señaló que el primer presidente indígena de Bolivia fue nominado entre los tres líderes del mundo que encarnan los valores dignos. Morales comparte la distinción con el líder histórico de la revolución cubana Fidel Castro, que fue nombrado “Héroe Mundial de la Solidaridad” y con el presidente difunto de Tanzania, Julius Nyerere, nominado “Héroe Mundial de la Justicia Social”.

“Reconociendo que el máximo exponente y paradigma de amor a la madre tierra en este mundo es el Presidente Evo Morales constructor de la nueva hermana república plurinacional de Bolivia e insigne luchador por la verdadera democracia y paz”, señala la resolución con la que el mandatario boliviano fue distinguido.

D´Escoto afirmó que la distinción es uno de de los acontecimientos políticos más importantes en toda la historia de América Latina y el Caribe, ya que Morales demostró que los problemas ambientales “causados por los anti valores de individualismo, codicia, egoísmo e irresponsabilidad social y ambiental sólo pueden ser superados por el espíritu y la práctica de la solidaridad”.

“Ha sido el hecho de que nuestro hermano el Presidente Evo Morales Ayma haya llegado a la presidencia de Bolivia y el estar en ese lugar ha permitido que los valores de nuestro pueblo originarios sean expresados a través de él”, remarcó D´Escoto al entregarle una medalla y un pergamino que testimonia el nombramiento.

D´Escoto aseguró que el mandatario boliviano, “en su mensaje tan lucidamente expresado”, conmovió muchísimo a las Naciones Unidas y su defensa incansable del medioambiente y de los recurso naturales ha tenido un gran impacto.

“Porque el mensaje que él nos lleva, que nos ha traído, el mensaje de que nosotros necesitamos de la Tierra y que ella necesita de nosotros, es muy importante”, remarcó.

El presidente de la Asamblea General de la ONU reveló que la distinción fue aprobada después de una iniciativa del rey de Arabia Saudita, que tras escuchar el discurso de Morales en defensa de la Madre Tierra, sugirió convocar a una reunión para establecer en qué forma los valores ancestrales podían reactivarse para ayudar a las Naciones Unidas a enfrentar en forma efectiva las diferentes crisis, una de las más grandes provocada por el cambio climático.

“Lo que estamos queriendo hacer es presentar ante el mundo a estas tres personas y decirle que ellos encarnan las virtudes los valores dignos de ser emulados por todos nosotros”, subrayó.

“Él fue el que más ayudó a que Naciones Unidas declare el Día Mundial de la Madre Tierra, estamos en un momento en la historia que necesitamos un cambio de valores, regresar a los valores ancestrales”, agregó.

Morales logró el pasado 22 de abril que la ONU declare esa fecha como Día Internacional de la Madre Tierra, y que la comunidad internacional se sume a la devoción y el respeto milenario de los pueblos andinos por la Pachamana (Madre Tierra en aymara)

“Lo que estamos queriendo hacer es presentar ante el mundo a estas tres personas y decirle al mundo que ellos encarnan las virtudes los valores dignos de ser emulados por todos nosotros”, enfatizó D´Escoto.

Reconocimiento a los pueblos originarios

El Presidente Morales señaló que el reconocimiento es para los pueblos originarios y sus antepasados, que siempre defendieron los derechos del planeta Tierra.

“Gracias al padre Miguel D’Escoto por su visita, a su esfuerzo para traer un reconocimiento. No es un reconocimiento a Evo Morales, es un reconocimiento a nuestros antepasados, a pueblos originarios antes de la colonia, durante la colonia, durante la República, siempre nuestros hermanos han defendido la Madre Tierra”, dijo.

Morales aseguró que la experiencia de Bolivia, al plantear “vivir en armonía con la defensa de la Madre Tierra”, tiene repercusión a nivel internacional y es un reconocimiento a los antepasados.

“Esas comunidades donde no hay egoísmo, en esas comunidades donde no hay individualismo, en esas comunidades donde no hay ambición. Saludo las palabras del Padre cuando dice que hay que recuperar las vivencias en comunidad, esas vivencias de los pueblos indígenas originarios”, agregó.

El Primer Mandatario reconoció que el planteamiento del “Vivir Bien”, en comunidad con la Madre Tierra, fue sugerido por el canciller David Choquehuanca, quien aportó con el término para elaborar el programa de Gobierno en 2002.

Dijo que en base a la vivencia de los antepasados el bienestar de la humanidad depende del bienestar del planeta Tierra, por lo que planteará la defensa de los derechos del planeta, identificando a sus principales enemigos.

“Ya es hora de identificar a los enemigos del planeta Tierra si queremos defender la vida humana y por eso ahora nuestro planteamiento es plantear ante las Naciones Unidas cómo batallar por los derechos de la Madre Tierra”, dijo.

Morales manifestó que el planteamiento de Bolivia ante la comunidad internacional será abogar en conjunto por la defensa de los derechos de la Tierra para enarbolar una bandera de lucha por la defensa de la naturaleza.

 

Contracaras de la migración (Murieron 246 mexicanos en 7 meses al intentar cruzar a EU)

Editorial de La Jornada

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De acuerdo con datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, 246 mexicanos perdieron la vida entre enero y julio del presente año al intentar introducirse en Estados Unidos. Estas muertes aumentan un indicador por demás doloroso, que ha cobrado especial notoriedad a raíz de que en 1994, con la puesta en marcha de la llamada Operación Guardián, el gobierno de la nación vecina recrudeció su política de control fronterizo: de entonces a la fecha, se han registrado más de 5 mil muertes de mexicanos en región limítrofe.

Los datos referidos confirman, en primer lugar, que la actual crisis económica, cuyo origen tuvo lugar en Estados Unidos, no sólo no ha derivado en una repatriación masiva de connacionales –pese a que las principales fuentes de empleo de mexicanos en aquella nación, la construcción de viviendas y el sector manufacturero, se han visto particularmente afectadas–, sino que tampoco redujo notoriamente el flujo de personas que abandonan el país ante la falta de oportunidades de empleo y desarrollo. A lo sumo, el reforzamiento de los controles fronterizos ha obligado a los migrantes a buscar formas más inseguras, peligrosas y, en última instancia, más mortíferas para cruzar la frontera.

En las pasadas administraciones, las autoridades federales se han referido casi con naturalidad a las remesas de los trabajadores mexicanos en el país vecino –las cuales constituyen, cabe recordarlo, la segunda fuente de divisas para el país, sólo por debajo de las exportaciones petroleras– e incluso han llegado a contarlas como un componente ordinario y hasta deseable de nuestra economía, al grado que hoy algunos funcionarios se lamentan por la disminución en el flujo del dinero enviado desde Estados Unidos.

Tal visión omite, sin embargo, que la emigración y sus consecuencias –incluidas las remesas– son reflejo de la política económica aplicada en pasados sexenios y continuada por el gobierno en turno, y que, como tal, son resultado indirecto del desempleo, la desigualdad y la pobreza extrema en que se ha sumido a buena parte de la población durante más de dos décadas de neoliberalismo. También suele omitirse que mucho del dinero que se recibe por ese concepto tiene su origen en historias de sufrimiento personal o familiar, que han obligado a millones de personas a emprender viajes inciertos y peligrosos

Espejos (La crítica en Cuba)

José Alejandro Rodríguez

Juventud Rebelde

A excepción de aquel espejo engañoso que en el oro de mi infancia le aseguraba a la bruja que era la más hermosa del mundo, esas lunas de plata están hechas con el azogue de la sinceridad. Nos devuelven la imagen tal cual somos, con los surcos y las nieves del tiempo.

Las sociedades también necesitan espejos para mirarse y detectar sus arrugas; las cuales, a diferencia de las que marcan los rostros humanos, sí son reversibles. Y nuestro socialismo requiere observarse sistemáticamente, sin aferramiento a imágenes idílicas, ni engañosas pretensiones de si somos el mejor de los mundos.

Lo digo porque en mi largo y amoroso constructivismo de reflejar los problemas de la sociedad, para que esta perdure, me he topado en no pocas reacciones a la crítica sincera, con un lastre que ciega: el parapeto, ese síndrome del «serrucho»; algo así como que quien enjuicia, te está horadando el suelo para desbarrancarte.

La enfermiza obsesión por cuidar «la imagen» del país, del ministerio, la empresa o el territorio —muchas veces más recurrente que la preocupación por los propios desaguisados de la realidad— en ocasiones es paranoia por el destino de tu puesto, tu cargo y algunas bagatelas más, cuando de lo que se trata es de mejorar la realidad.

En otros, obedece a una extendida confusión que no pocos asumen, quizá sin mala intención: los problemas (del país, del ministerio, la empresa o el territorio) no deben dilucidarse públicamente, porque demeritan las reales conquistas de la Revolución.

Y esa ceguedad, de la cual beben oportunistas e indolentes, con cargo o de filas, puede alimentar la sensación de que todo anda bien. Lo más pernicioso es que confundamos la realidad con los deseos y, aferrados a los nobles paradigmas de nuestra sociedad, no descubramos dónde, cuándo y con qué intensidad la realidad cotidiana los desmiente. Ese sería el peor servicio a la Revolución.

Un principio científico predica que para solucionar algo torcido primero hay que reconocerlo y dilucidarlo. Mucha resistencia hubo largo tiempo a aceptar que en nuestra sociedad ya se incubaban larvas de la corrupción. Esa fue una mala palabra, como si nos condenara, con tanta honradez acumulada. Al final, estamos erigiendo una Contraloría General de la República.

Algunos han llegado a percibir el ejercicio sano de la crítica —que, por cierto no debe quedar en ella, si no en acciones y transformaciones— como una concesión de flojos; como darle las armas al enemigo. Lo cierto es que el misil más peligroso que podemos ofrendarle a quienes quisieran desmantelar una obra de 50 años es el silencio, la simulación, la doble moral, la conformidad, la desactivación de la intransigencia ante los males que se incuban y desarrollan ante nuestros ojos.

El socialismo europeo desapareció porque extravió el visor de lo que realmente sucedía, y la brújula para rectificar la ruta. Esa lección no puede olvidarse, como tampoco la tragedia de Dorian Grey, aquel personaje del escritor irlandés Oscar Wilde que, obsesionado por el narcisismo, escondió su retrato, para no ver las muecas que iba ganando con los desatinos de su conducta. Cuba tiene suficiente luz como para verse en su espejo, y corregir sus fealdades.

 

Siete petroleras entre las 10 primeras empresas globales

Alfredo Jalife-Rahme

La Jornada

La revista Fortune (20/7/09) publica anualmente la lista de las primeras 500 empresas globales según sus ingresos. Existen otras publicaciones anglosajonas que realizan taxonomías fundadas en otros rubros: ganancias, ventas y “capitalización de mercado” (el valor total de las acciones que cotizan en bolsa) y donde variarían significativamente los rankings de las empresas estatales que no cotizan en la bolsa neoliberal global como Pemex.

Los “ingresos” de las empresas, clasificados por Fortune, corresponden a 2008 y deslumbra el posicionamiento de siete petroleras que se ubican entre las 10 primeras empresas globales, amén de que entre las cinco principales cuatro sean también petroleras, lo cual denota la relevancia geoestratégica de los hidrocarburos en la coyuntura presente del fin de la unipolaridad anglosajona y del inicio del incipiente nuevo orden mundial multipolar, donde el BRIC (Brasil, Rusia, India y China) está destinado a jugar un papel relevante en la geoeconomía, ya no se diga las potencias petroleras del Golfo Pérsico, en detrimento del G-7.

Las 10 primeras por ingresos (las ganancias se adjuntan entre paréntesis):

1) Royal Dutch Shell (petrolera anglo-holandesa): ingresos 458 mil 361 millones de dólares (ganancias 26 mil 277 mdd);

2) Exxon Mobil (petrolera de Estados Unidos): 442 mil 851 mdd (45 mil 220 mdd);

3) Wal-Mart (Estados Unidos): 405 mil 607 mdd (13 mil 400 mdd);

4) BP (petrolera británica): 367 mil 53 mdd (21 mil 157 mdd);

5) Chevron (petrolera estadunidense): 263 mil 159 mdd (23 mil 931 mdd);

6) Total (petrolera francesa): 234 mil 674 mdd (15 mil 500 mdd)

7) ConocoPhillips (petrolera de Estados Unidos): 230 mil 764 mdd (pérdidas por 16 mil 998 mdd);

8 ING Group (Holanda): 226 mil 577 mdd (pérdidas por mil 67 mdd);

9) Sinopec (petrolera china): 207 mil 814 mdd (mil 961 mdd);

y 10) Toyota Motors (Japón): 204 mil 352 mdd (pérdidas por 4 mil 349 mdd).

Llama la atención el comportamiento de dos trasnacionales petroleras privadas de Estados Unidos, entre las 10 primeras: Exxon Mobil reporta las mayores ganancias de las 500 empresas globales con 45 mil 220 mdd, mientras ConocoPhillips arroja anómalamente pérdidas (como la paraestatal Pemex). Seguir leyendo “Siete petroleras entre las 10 primeras empresas globales”