José Hernández: Martín Fierro (Descargar Libros)

José Hernández (General San Martín, Provincia de Buenos Aires; 10 de noviembre de 1834 – Belgrano -Buenos Aires-, 21 de octubre de 1886) fue un poeta, político y periodista argentino, conocido especialmente por haber escrito el Martín Fierro, considerado el libro nacional de la Argentina

El gaucho Martín Fierro (1872)

Aquí me pongo a cantarmartin-fierro-1

Al compás de la vigüela,

Que el hombre que lo desvela

Una pena extraordinaria

Como el ave solitaria

Con el cantar se consuela

 

Libro tomado de: http://biblio3.url.edu.gt/

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La vuelta de Martín Fierro (1879)

Atención pido silenciomartin-fierro-2

Y silencio a la atención,

Que voy en esta ocasión,

Si me ayuda la memoria,

A mostrarles que a mi historia

Le faltaba lo mejor.

 

 

Libro tomado de: http://biblio3.url.edu.gt/

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Otras guerras, las mismas víctimas

Erasmo Magoulas

Argenpress.info

“Controla el petroleo y controlarás a las naciones. Controla los alimentos y controlarás a los pueblos”

Henry Kissinger

La guerra como la confrontación violenta por intereses económicos, financieros, de recursos o territoriales entre naciones o entre sectores antagónicos dentro de un mismo país tiene más de una definición. Hace 25 siglos el estratega militar chino Sun Tzu decía que, “la guerra es el mayor conflicto de Estado, la base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es imperativo estudiarla profundamente”.

Más acá en el tiempo Karl von Clausewitz precisó que la guerra “es la continuación de la política por otros medios”. El historiador y militar británico Richard Holmes define a la guerra como “una experiencia universal que comparten todos los países y todas las culturas”. El filósofo existencialista Jean Paul Sartre sumaba la categoría indispensable de clase para entender este fenómeno diciendo “Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren”. El político progresista estadounidense Hiram Johnson acuño la celebre y no menos cierta “la primera víctima de una guerra es la verdad”. 

Entre los records que tiene la guerra, dos se destacan por su morbosidad, uno es la duración y el otro el número de muertes. En la primera categoría podríamos nombrar la guerra interfeudal conocida como “Guerra de los Cien Años” que fueron en realidad 116 entre los reinos de Francia e Inglaterra, y la “Guerra de la Araucanía”, una guerra colonial por un lado y de liberación por el otro, entre los conquistadores españoles y los aguerridos mapuches, que se prolongó por 300 años, ¿o todavía continúa contra las transnacionales forestales y mineras? El conflicto bélico colombiano también destaca por su duración, más de 60 años de guerra entre dos ejércitos revolucionarios contra la oligarquía ultramontana colombiana.  Seguir leyendo “Otras guerras, las mismas víctimas”

Hablando de faso

Fernando D´addario
Página/12

 

faso
El primer porro fue en la colimba, de madrugada. Aunque el cuadro ambiental no podría competir con la mística inaugural de un fogón en Gesell o de un recital de los Rolling Stones, acreditaba el dudoso prestigio de lo bizarro. Eramos cuatro soldados de guardia, ligeramente fumados, a cargo de la seguridad de un regimiento porteño en tiempos de efervescencia carapintada. De los efectos de aquella primera vez sólo recuerdo la sensación de graciosa inutilidad que experimentaba al verme vestido de fajina, con un FAL al hombro y un casco que me tapaba los ojos; lo suficientemente grande, claro, para disimular que estaba escuchando no sé qué de Pink Floyd en el walkman. Alfonsín podía quedarse tranquilo: la lealtad del Ejército regular estaba, en lo que a nosotros concernía, completamente garantizada. A un quinto soldado, el único de nuestra bandita que no había fumado, se le escapó un tiro al aire por error (era bastante boludo). Nuestro superior inmediato, un sargento bastante buena onda, estaba tan borracho que no le dio importancia a la detonación y siguió durmiendo.
Varios meses después, el robo de una considerable cantidad de armas livianas conmocionó el regimiento. El Ejército inició un sumario interno que apuró una curiosa modalidad investigativa: a partir de la batida de un colimba “dealer” (que a cambio se aseguró la baja) nos juntaron en un pabellón a todos los soldados a quienes el pibe les había vendido o convidado porro. Al parecer, había sido tan buen vendedor que en pocos minutos se reunió, casi, un nuevo batallón de Patricios. Nos hicieron desnudar y formar en fila mirando a la pared. Así estuvimos un día entero, a pan y agua, sin poder hablar entre nosotros. La estrategia de los sabuesos uniformados estaba mediada por el más puro pragmatismo: pretendía quebrar a los “drogadictos” para que alguno brindara información sobre las benditas armas robadas. Recuerdo las palabras del oficial que me interrogó: “Sabemos que tenés un problema, te queremos ayudar, ¿qué sabés de las armas?”.

Estuve dos días incomunicado, hasta que la oportuna intervención de un familiar derivó en una provechosa entrevista de mis padres con el entonces jefe de operaciones del regimiento. Alertada sobre la causa de mi incomunicación, mi madre no descartó la posibilidad de que su hijo estuviese involucrado en el tráfico internacional de armas de guerra, pero negó horrorizada la insinuación de que yo, Fernandito, fuese capaz de fumarme un cigarrillo de marihuana. Finalmente, el oficial del Ejército dictaminó que “Fernandito” era un soldado correcto, tanto en la oficina como en las eventuales guardias; me convocó a su oficina y, delante de mis padres, me absolvió.

En lo sucesivo, no hubo en mi casa mayores alusiones al tema “drogas”. Una vez cada tanto, cuando yo aparecía con los ojos achinados y una breve alteración psicomotriz (atribuible, por otra parte, a mi torpeza habitual), mi madre acudía a su manual de recomendaciones domésticas, que nunca excedían el temor por un exceso en el consumo de alcohol. Pero una noche, en una reunión familiar, comentando una noticia periodística sobre un chico que había sido detenido por tenencia de marihuana, una tía arriesgó: “Está muy mal que lo detengan al chico. No es culpable”. Todavía estaba sorprendido ante semejante aggiornamento jurídico en mi familia, cuando mi tía agregó, recomponiéndose en su fe católica: “No es un delincuente, pobrecito, es un enfermo, ¡hay que internarlo!”. Y yo, que no fumaba desde hacía meses y ya me veía haciendo otra colimba, pero en el Cenareso, tuve ganas de retrucarle. Podía haberle dicho que de todos los amigos míos que fumaban la mayoría no eran adictos; que un par sí, nobleza obliga, pero en esos casos la marihuana era el menor de los problemas; que había quien mejoraba notablemente su humor y su creatividad con un porro entre los labios, pero estaban también los que se volvían más pelotudos que de costumbre, y que la tía, si miraba bien a su alrededor, podía reparar en sus primos, que se gastaban el 80 por ciento del sueldo en el casino y no eran perseguidos por nadie, siempre que tuvieran dinero para responder por sus malas jugadas.

Pero no le contesté nada a mi tía, a quien, por lo demás, siempre quise mucho. Puse cara de “sano”, pedí otro plato de ensalada, me tomé un jugo de pomelo y me fui a dormir temprano, pensando en que, tal vez, tanto mi tía como mis “superiores” en el Ejército nacional respondieran a cierta lógica: quizás había en “nosotros” (e incluyo aquí a ese rejunte universal y heterodoxo de fumones, a los inspirados y a los pelotudos, a los que no se pueden acostar sin fumarse un caño y los que eligen ocasiones especiales para el ritual sin sufrir por la abstinencia) una especie de desajuste cultural irreversible que nos separaba de “ellos” (aquí el colectivo también es amplio, pero no vale la pena nombrar a sus integrantes); una escala de valores distinta, que “ellos” percibían pero no podían encajar en su mundo, optando entonces por diagnosticarnos criminalidad o desviación patológica. Un fallo judicial despenalizador contribuirá sin dudas a aliviar la carga objetiva de culpabilidad del consumidor. Pero la enfermedad no se arregla así nomás. Tías habrá siempre.

Ahora va a estar bueno Buenos Aires

Werner Pertot

Página/12

Macri y Montenegro 

El jefe de Gobierno y el ministro de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, dijeron que Palacios renunció “por razones personales”. Minimizaron su inminente procesamiento por la causa AMIA. El comisario Osvaldo Chamorro lo reemplazará.

 

El rostro de Mauricio Macri era un mapa que mostraba las huellas de lo que probablemente fue el peor día de su gestión. Con ojeras marcadas, algo pálido y decaído, anunció la renuncia de Jorge “Fino” Palacios a la jefatura de la Policía Metropolitana. En su lugar, quedará temporalmente su segundo, Osvaldo Chamorro, quien también proviene de la Policía Federal y fue separado de esa fuerza en 2004. El jefe de Gobierno exaltó su dimisión como “un acto de grandeza” y consideró que “todo este tema se ha politizado”, en referencia a los cuestionamientos de los familiares de las víctimas de la AMIA, de la represión del 20 de diciembre de 2001 y de los organismos de derechos humanos. Aunque el líder de PRO pretextó “motivos personales” para la salida de Palacios, la decisión se habría tomado ante un inminente procesamiento del comisario retirado en la causa por encubrimiento al atentado en la mutual judía.

No es la primera marcha atrás que tiene que dar la gestión PRO, pero tal vez es la más grande tras varios meses de defender a Palacios contra todas las críticas que recibió. El comisario retirado había sido cuestionado por la totalidad de la oposición porteña por su involucramiento en la causa AMIA y en la de la represión del 20 de diciembre. También se lo objetó por el libro que escribió sobre El terrorismo en la aldea global, donde asegura que “la Argentina era el teatro de operaciones de los revolucionarios marxistas que sembraron violencia y terror en la ciudadanía” y omite toda mención a los desaparecidos. Sólo dice que hubo un “decrecimiento evidente” de la actividad guerrillera. También deja de lado toda mención a la Shoá en su relato de la Segunda Guerra Mundial y considera que el dengue y el mal de Chagas pueden ser “agentes biológicos” del terrorismo. Montenegro tuvo que responder sobre éste y otros temas en una tormentosa sesión en la Legislatura. Los opositores buscaban los votos para convocar a Palacios a que asistiera a una audiencia pública.

Como publicó este diario, Palacios también fue cuestionado por adquirir un Mercedes Benz en medio de una compra directa de patrulleros para la Policía Metropolitana. Este diario pudo saber que al menos un legislador opositor estaba preparando una denuncia penal por irregularidades en esas compras.

A las presiones externas se habían sumado las internas de la gestión PRO. Varios ministros le pidieron a Macri que separara a Palacios del cargo. Le señalaron que era excesivo el costo político que venían teniendo, que se pudo ver en el último acto por el atentado de la AMIA, pero también en una campaña de recolección de firmas para pedir la renuncia del comisario retirado.

Los rumores de la renuncia de Palacios se habían acrecentado a mediados de la semana pasada. Según contaban en la Legislatura, el jueves habrían tomado la decisión de pedirle la renuncia a raíz de que se enteraron de que el juez Ariel Lijo lo procesaría a comienzos de septiembre. Palacios amenazó con irse denunciando “la falta de apoyo”. Finalmente negociaron un final con elogios. La versión oficial que expuso Macri, por el contrario, es que Palacios los tomó por sorpresa y les presentó su renuncia ayer. Según esta versión, les explicó que su madre de 89 años acababa de ser internada y que no quería ser un obstáculo para la conformación de la nueva policía. “Desde el punto de vista político, estábamos jodidos”, reconoció a Página/12 un funcionario PRO. Otro dejaba un manto de sospecha sobre las causas de la renuncia: “Estos tipos siempre tienen un esqueleto en el armario”.

Lo cierto es que el tembladeral se hizo sentir en el palacio de gobierno, donde hubo reuniones desde temprano. La primera noticia del encuentro entre el ministro de Justicia, Guillermo Montenegro, y Macri para discutir sobre la renuncia de Palacios la dio, curiosamente, América TV, el canal del que es accionista el dirigente de Unión-PRO Francisco de Narváez. A esa reunión se sumaron rápidamente el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, y el secretario general, Marcos Peña, entre otros funcionarios. También cruzaron desde la Legislatura el vicepresidente primero, Diego Santilli, y los legisladores Cristian Ritondo y Martín Borrelli. Tras mucha discusión, convocaron a una conferencia de prensa de apuro (con menos de media hora de anticipación).

Flanqueado por Montenegro y Peña, un demacrado Macri dio la noticia: “Queremos informar que el Fino Palacios presentó la renuncia por razones personales”, aseguró el jefe de Gobierno, quien sostuvo que “fue un gesto de grandeza que lo enaltece. Ha querido no complicar la gestión de gobierno ni entorpecer el nacimiento de algo central para los vecinos, como es la nueva policía”. “No es la policía de Macri, como leo todos los días”, se quejó. Montenegro sostuvo que “en nada influyó el pedido de (el fiscal Alberto) Nisman”.

–¿Y la compra del Mercedes Benz? –preguntó Página/12.

–No –respondió, lacónico, Montenegro.

Macri mostró cierto desconcierto cuando le preguntaron si quien queda a cargo, Chamorro, tiene una causa por un allanamiento a un boliche gay. “Es otro Chamorro”, contestó Montenegro, con reflejos más rápidos, aunque no con menor fastidio. Chamorro ingresó a la Federal en 1977 y llegó al grado de comisario general en 2004, cuando fue separado junto a otros 107 oficiales, como parte de un pase a retiro colectivo dispuesto por el gobierno de Néstor Kirchner. En ese momento, Chamorro estaba al frente del área de Planeamiento. “Sus antecedentes fueron evaluados al momento de designarlo”, se atajó Montenegro.

“Nos tomó de sorpresa este tema. Fue una decisión íntima de Palacios”, insistió Macri, quien se ocupó de remarcar “las cualidades humanas y profesionales” del comisario retirado. “Lamento que haya presentado su renuncia”, dijo, cariacontecido. Cuando le recordaron que en una reunión con los familiares dijo que la salida de Palacios ponía en duda su estabilidad como jefe de Gobierno, Macri contestó: “No entiendo. ¿Me estás pidiendo la renuncia?”. Advirtió que sólo era cuestionado por “algunos” familiares de víctimas de la AMIA. “La polémica no la entendí, por eso ratifiqué a Palacios en el cargo. Solamente fue llamado a indagatoria en una causa. Esto queda como reflexión de lo que pasó acá. No se tuvo en cuenta lo importante de este tema. No lo degrademos en base a agresiones que no tienen sentido. Pero no voy a polemizar”, se refrenó.

Macri se mostró terminante cuando le preguntaron si evaluará ahora ubicar a un civil frente a la nueva fuerza. “Si es policía va a ser mejor que un civil”, sentenció. Y se mostró preocupado por encontrar “a alguien con los pergaminos de Palacios”. O con menos causas judiciales pendientes.

Silvio Rodríguez responde a BBC sobre el concierto de Juanes en La Habana

Fernando Ravsberg

BBC

 

Silvio Rodríguez, uno de los más importantes cantautores de Cuba, participará en el concierto que Juanes realizará en La Habana el próximo 20 de septiembre. Su identificación con los postulados de la Revolución Cubana lo sitúan en el centro de las críticas de quienes se oponen a tal evento. El artista aceptó responder por escrito 10 preguntas de BBC Mundo sobre el tema.

¿Qué objetivo persiguen?

Se trata de un concierto por la paz. Vi lo que hicieron en la frontera con Venezuela y me pareció positivo.

Mucho más porque se trataba de artistas que suelen moverse en un circuito de modas y canciones generalmente ajenas a los reclamos sociales.

De cierta forma parecía que estaban tomando conciencia de que el arte puede contribuir a mejorar el mundo.

¿Por qué en Cuba?

Según declaran los artistas que lo proponen, el concierto se hace aquí porque en Cuba no hay paz. Esta afirmación yo la reinterpreto porque Cuba es uno de los países más tranquilos del mundo.

Entonces creo que lo que quieren decir es que no se nos deja vivir en paz, como queremos, y visto así estoy muy de acuerdo con ellos.

¿Por qué elegir la Plaza de la Revolución y cómo consiguieron tan difícil permiso?

Juanes desea la Plaza de la Revolución porque allí está Martí, que es un símbolo admirable para todos los cubanos, o al menos para casi todos.

Yo creo que el permiso lo dieron porque el propósito es noble: hacer un concierto “blanco”, como dice Juanes, sin ideologías, unificador, donde primen la comprensión y el amor por sobre cualquier otra cuestión.

¿El gobierno cubano vetó a alguno de los artistas que propusieron?

En la única reunión que estuve no escuché vetos, aunque sí preocupación por declaraciones muy subjetivas sobre la realidad cubana.

Digo subjetivas porque son personas que sólo conocen de Cuba lo horrendo que los enemigos de la Revolución cuentan, nunca han visitado a nuestro país.

Algunos exiliados sostienen que no puede haber un concierto apolítico si tú y Amaury Pérez participan.

Esa es una tesis de algunos ideólogos contrarrevolucionarios. Yo lo que veo es que quienes están tratando de politizar el concierto son ellos.

Y además de la forma más grosera posible. Pero si mi presencia fuera un obstáculo para que se dé el concierto, con mucho gusto cedo mi lugar a algo mejor. Es más: me atrevo proponer a “La Colmenita” (compañía teatral cubana conformada por niños).

Otros dicen oponerse porque también el gobierno prohíbe la entrada al país de artistas cubanos. ¿Qué opinas tú de estas prohibiciones de uno y otro lado?

Creo que una cosa es el concierto y otra las prohibiciones. También creo que mientras más tiempo pasa, cualquier prohibición, del lado que sea, se hace más insostenible.

Una exigencia irrespetuosa de las autoridades de cualquier país no puede esperar otra respuesta que el desdén.

Habría que ver qué pasa si un artista decide alguna vez visitarnos para constatar con sus propios ojos, y con su corazón, el drama y la alegría que se viven en Cuba a la vez. Yo no creo, y no deseo, que a alguien que venga con el legítimo deseo de informarse le cierren la frontera.

¿Es verdad que en Cuba está prohibido oír a Julio Iglesias, Willy Chirino, Celia Cruz, Gloria Stefan u Olga Guillot?

Yo también estuve prohibido y aquí estoy. No me dio la gana de dejarle el país a los cretinos.

Una cosa es lo que decide un gelatinoso director de emisiones y otra lo que es política nacional. Tú sabes bien que, al margen de la radio, el cubano escucha de todo y ningún aparato oficial se mete en eso.

Si por mi fuera, aquí se escucharía de todo. Pero lo que no se suele expresar es que mucho pueblo cubano se indignaría al escuchar ofensas a sus líderes o a los ideales por los que viene luchando y padeciendo desde hace medio siglo.

¿Es la intolerancia una característica del cubano?

La intolerancia funciona de una forma con los prejuicios y de otra con los principios. Como idea general, la tolerancia es muy bonita y de hecho se ha convertido en una consigna occidental, pero recuerda que no es fácil tolerar lo que nos ofende en lo más profundo.

¿Es posible un diálogo entre los artistas que apoyan la Revolución y los que se declaran anticastristas en el extranjero?

Yo he sido capaz de trabajar y de convivir muchos años con personas que no piensan igual a mí; incluso he peleado contra la intolerancia burocrática para que esas personas ejerzan sus derechos ciudadanos.

Tengo familiares y amigos que se han ido; los quiero estén donde estén. Entre ellos hay trovadores, músicos y artistas que viven en Miami y en otros lugares del mundo.

Jamás he tenido problemas de diálogo con ellos. Por mi propia experiencia creo posible ese diálogo, siempre que lo presida la consideración al otro y que no haya ofensas. Habría que empezar por eso mismo: por eliminar tanto adjetivo infame y mucha mentira burda que anda en circulación.

¿Qué piensas de los cubanos que boicotean el concierto desde Miami?

Reflejan el miedo a que se compruebe que el mito de la Cuba martirizada que han prefabricado se desmorone. Reflejan el miedo a que avancen las relaciones con Estados Unidos y se les esfume el negocio bien remunerado de algunos. Los cuatro gatos que comercian con el dolor de los cubanos y poseen el poder mediático tienen miedo de abrir puertas y ventanas. Y la mayoría deseamos que eso suceda, aunque implique riesgos.

Eduardo Galeano: Bases militares de EE.UU. en Colombia ofenden dignidad de América Latina

Fernando Arellano Ortiz

Cronicon.net

galeano

En la quiteña Avenida Amazonas, a pocos pasos del hotel donde se aloja, encontramos como cualquier transeúnte en la noche del domingo 9 de agosto a Eduardo Galeano, quien ha llegado a la capital ecuatoriana para asistir como invitado especial al acto de posesión del presidente Rafael Correa, ceremonia que se cumplió el pasado 10 de agosto. Lo paramos y nos identificamos para solicitarle una entrevista, a la cual accede con gusto.

“Ahora no puede ser, pero veámonos mañana después de la ceremonia de posesión de Correa”, nos dice el autor de Las venas abiertas de América Latina y de Espejos.

Como siempre, Galeano responde a las preguntas con ironía y no poco humor, por eso es que sus reflexiones se salen de lo común. Como latinoamericanista consumado, el escritor uruguayo en diálogo con CRONICON.NET hace un peculiar análisis de la realidad sociopolítica de nuestro hemisferio.

Tiempo abierto de esperanza

– ¿Después de 200 años de la emancipación de América Latina, se puede hablar de una reconfiguración del sujeto político en esta región, habida cuenta los avances políticos que se traducen en gobiernos progresistas y de izquierda en varios países latinoamericanos?

– Sí, hay un tiempo abierto de esperanza, una suerte de renacimiento que es digno de celebración en países que no han terminado de ser independientes, apenas si han empezado un poquito. La independencia es una tarea pendiente para casi toda América Latina.

– ¿Con toda la irrupción social que se viene dando a lo largo del hemisferio se puede señalar que hay una acentuación de la identidad cultural de América Latina?

– Sí, yo creo que sí y eso pasa por cierto por las reformas constitucionales. A mí me ofendió la inteligencia, aparte de otras cosas que sentí, el horror de este golpe de Estado en Honduras que invocó como causa el pecado cometido por un Presidente que quiso consultar al pueblo sobre la posibilidad de reformar la Constitución, porque lo que quería Zelaya era consultar sobre la consulta, ni siquiera una era reforma directa. Suponiendo que fuera una reforma a la Constitución bienvenida sea, porque las constituciones no son eternas y para que los países puedan realizarse plenamente tienen que reformarlas. Yo me pregunto: ¿qué sería de los Estados Unidos si sus habitantes siguieran obedeciendo a su primera Constitución? La primera Constitución de Estados Unidos establecía que un negro equivalía a las tres quintas partes de una persona. Obama no podría ser Presidente porque ningún país puede tener de mandatario a las tres quintas partes de una persona.

– Usted reivindica la figura del presidente Barack Obama por su condición racial, ¿pero el hecho de mantener o ampliar la presencia norteamericana mediante bases militares en América Latina, como está ocurriendo ahora en Colombia con la instalación de siete plataformas de control y espionaje, no desdice de las verdaderas intenciones de este mandatario del partido demócrata, y simplemente sigue al pie de la letra los planes expansionistas y de amenaza de una potencia hegemónica como Estados Unidos?

– Lo que pasa es que Obama hasta ahora no ha definido muy bien que es lo que quiere hacer ni en relación con América Latina, las relaciones nuestras, tradicionalmente dudosas, ni en otros temas tampoco. En algunos espacios hay una voluntad de cambio expresa por ejemplo en lo que tiene que ver con el sistema de salud que es escandaloso en Estados Unidos, te rompes una pierna y pagás hasta el fin de tus días la deuda por ese accidente. Pero en otros espacios no, él continúa hablando de ‘nuestro liderazgo’, ‘nuestro estilo de vida’ en un lenguaje demasiado parecido al de los anteriores. A mí me parece muy positivo que un país tan racista como ese y con episodios de un racismo colosal, descomunal, escandaloso, ocurridos hace quince minutos en términos históricos tenga un presidente seminegro. En 1942, o sea medio siglo, nada, el Pentágono prohibió las transfusiones de sangre negra y ahí el director de la Cruz Roja renunció o fue renunciado porque se negó aceptar la orden diciendo que toda sangre era roja y que era un disparate hablar de sangre negra, y él era negro, era un gran científico, el que hizo posible la aplicación del plasma a escala universal, Charles Drew. Entonces un país que hiciera un disparate como prohibir la sangre negra tenga a Obama de presidente es un gran avance. Pero por otro lado, hasta ahora yo no veo un cambio sustancial, ahí está por ejemplo el modo como su gobierno enfrentó la crisis financiera, pobrecito yo no quisiera estar en sus zapatos, pero la verdad es que terminaron recompensando a los especuladores, los piratas de Wall Strett que son muchísimo más peligrosos que los de Somalia porque éstos asaltan nada más que los barquitos en la costa, en cambio los de la Bolsa de Nueva York asaltan al mundo. Ellos fueron finalmente recompensados; yo quería iniciar una campaña al principio conmovido por la crisis de los banqueros con el lema: “adopte un banquero”, pero la abandoné porque vi que el Estado se hizo cargo de la tarea. (Risas). Y lo mismo con América Latina, como que no tiene muy claro qué hacer. Han estado más de un siglo los Estados Unidos consagrados a la fabricación de dictaduras militares en América Latina, entonces a la hora de defender una democracia como en el caso de Honduras, ante un clarísimo golpe de Estado, vacilan, tienen respuesta ambiguas, no saben qué hacer, porque no tienen práctica, les falta experiencia, llevan más de un siglo trabajando en el sentido contrario, entonces comprendo que la tarea no es fácil. En el caso de las bases militares en Colombia no solo ofende la dignidad colectiva de América Latina sino también la inteligencia de cualquiera, porque que se diga que su función va ser combatir las drogas, ¡por favor, hasta cuando! Casi toda la heroína que se consume en el mundo proviene de Afganistán, casi toda, datos oficiales de Naciones Unidas que cualquiera puede ver en Internet. Y Afganistán es un país ocupado por Estados Unidos y como se sabe los países ocupantes tiene la responsabilidad de lo que ocurre en los países ocupados, por lo tanto, tienen algo que ver con este narcotráfico en escala universal y son dignos herederos de la reina Victoria que era narcotraficante.

No se puede ser tan hipócrita

– La reina británica que introdujo por todos los medios en el siglo XIX el opio a China a través de comerciantes de Inglaterra y Estados Unidos…

– Sí, la celebérrima reina Victoria de Inglaterra impuso el opio en China a lo largo de dos guerras de treinta años, matando una cantidad inmensa de chinos, porque el imperio chino se negaba a aceptar esa sustancia dentro de sus fronteras que estaba prohibida. Y el opio es el papá de la heroína y de la morfina, justamente. Entonces a los chinos les costó todo, porque China era una gran potencia que podía haber competido con Inglaterra en los comienzos de la revolución industrial, era el taller del mundo, y la guerra del opio los arrasó, los convirtió en una piltrafa, de ahí entraron los japoneses como perico por su casa, en quince minutos. Victoria era una reina narcotraficante y los Estados Unidos que tanto usan la droga como coartada para justificar sus invasiones militares, porque de eso se trata, son dignos herederos de esa fea tradición. A mí me parece que es hora que nos despertemos un poquito, que no se puede ser tan hipócrita. Si van a ser hipócritas que lo sean con más cuidado. En América Latina tenemos buenos profesores de hipocresía, si quieren podemos en un convenio de ayuda tecnológica mutua prestarles algunos hipócritas propios.

– Hace nueve años exactamente, usted le dijo en una entrevista en Bogotá concedida a este reportero la siguiente frase: “Dios guarde a Colombia del Plan Colombia”. ¿Cuál es ahora su reflexión respecto de este país andino que enfrenta un gobierno autoritario entregado a los intereses de los Estados Unidos, con una alarmante situación de violación de derechos humanos y con un conflicto interno que lo sigue desangrando?

– Además con problemas gravísimos que se han ido agudizando con el paso del tiempo. Yo no sé, te digo, no soy quien para darle consejos a Colombia ni a los colombianos, además siempre estuve contra esa mala costumbre de algunos que se sienten en condiciones de decir qué es lo que cada país tiene que hacer. Yo nunca cometí ese imperdonable pecado y no lo voy a cometer ahora con Colombia, solo puede decir que ojalá los colombianos encuentren su camino, ojalá lo encuentren, nadie se lo pueden imponer desde afuera, ni por la izquierda, ni por la derecha, ni por el centro, ni por nada, serán los colombianos quienes lo encontrarán. Y yo lo que puedo es decir que doy testimonio. Si hay un tribunal mundial que alguna vez va a juzgar a Colombia por lo que de Colombia se dice: país violento, narcotraficante, condenado a violencia perpetua, yo voy a dar testimonio de que no, de que ese es un país cariñoso, alegre y que merece mejor destino.

Reivindicando memoria de Raúl Sendic

– Hace muchos años, siquiera unas cuatro décadas, había un personaje en Montevideo que se reunía con un joven dibujante llamado Eduardo Hughes Galeano con el propósito de darle ideas para la elaboración de sus caricaturas, llamado Raúl Sendic, el inspirador del Frente Amplio del Uruguay…

– Y jefe guerrillero de los Tupamaros, aunque en aquella época todavía no lo era. Es verdad, cuando yo era un niño, casi de catorce años, y empecé a dibujar caricaturas, él se sentaba a mirar y me daba ideas, era un hombre bastante mayor que yo, con cierta experiencia, y todavía no era lo que después fue: el fundador, organizador y jefe de los Tupamaros. Recuerdo que le dijo a don Emilio Frugoni que por entonces era el jefe del Partido Socialista y director del semanario donde yo publicaba unas caricaturas tempranas, señalándome: “Este va a ser o presidente o gran delincuente”. Fue una buena profecía y terminé siendo gran delincuente… (Risas).

– ¿El hecho de que hoy el Frente Amplio esté gobernando el Uruguay y que un ex guerrillero como Pepe Mujica tenga posibilidades de ganar las elecciones presidenciales constituye una reivindicación a la memoria de Sendic?

– Sí, y de todos los que participaron en una lucha muy larga para romper el monopolio de dos, el bipolio ejercido por el Partido Colorado y el Partido Nacional durante casi toda la vida independiente del país. El Frente Amplio irrumpe hace muy poquito en el escenario político nacional y me parece muy positivo que esté gobernando ahora, aparte de que yo no coincido con todo lo que se hace y además creo que no se hace todo lo que se debería hacer. Pero eso no tiene nada que ver porque al fin y al cabo la victoria del Frente Amplio fue también una victoria de la diversidad política que yo creo que es la base de la democracia. En el Frente coexisten muchos partidos y movimientos diferentes, unidos por supuesto en una causa común pero con sus diversidades y diferencias, y yo las reivindico, para mí eso es fundamental.

– ¿Qué representa para usted como uruguayo el hecho de que un dirigente emblemático de la izquierda como Pepe Mujica, ex guerrillero tupamaro, tenga amplias posibilidades de llegar a la Presidencia de la República de su país?

– Con algún chance, no va a ser es fácil, vamos a ver qué pasa, pero creo que es un proceso de recuperación, la gente se reconoce justamente en el Pepe Mujica porque es radicalmente diferente de los políticos nuestros tradicionales, en su lenguaje, hasta en su aspecto y todo, por más que él ha tratado de vestirse de fino caballero no le sale bien, y expresa muy bien una necesidad y una voluntad popular de cambio. Creo que sería bueno que él llegara a la Presidencia, vamos a ver si ocurre o no, de todos modos el drama del Uruguay como el del Ecuador, por cierto, país en el que estamos conversando este momento, es la hemorragia de su población joven. O sea, la nuestra es una patria peregrina; en su discurso de posesión el presidente Rafael Correa habló de los exiliados de la pobreza y la verdad es que hay una enorme cantidad de uruguayos mucho más de lo que se dice, porque no son oficiales las cifras, pero no menos de 700 mil, 800 mil uruguayos en una población pequeñísima porque nosotros en el Uruguay somos 3 millones y medio, esa es una cantidad inmensa de gente afuera, todos o casi todos jóvenes, entonces han quedado los viejos o la gente que ya ha cumplido esa etapa de la vida en la que uno quiere que todo cambie para resignarse a que no cambie nada o que cambie muy poquito.

Baldositas de colores para armar mosaicos

– ¿Tras sus reputados libros Las venas abiertas de América Latina publicado en 1970, y Espejos, editado en 2008, que relatan historias de la infamia, el primero sobre nuestro continente y el otro de buena parte del mundo, hay espacio para seguir creyendo en la utopía?

– Espejos lo que hace es recuperar la historia universal en todas sus dimensiones, en sus horrores pero también en sus fiestas, es muy diferente a Las venas abiertas de América Latina, que fue el comienzo de un camino. Las venas abiertas es un ensayo casi de economía política, escrito en un lenguaje no muy tradicional en el género, por eso perdió el concurso de Casa de las Américas, porque el jurado no lo considero serio. Era una época en que la izquierda solo creía que lo serio era lo aburrido, y como el libro no era aburrido, no era serio, pero es un libro muy concentrado en la historia política económica y en las barbaridades que esa historia implicó para nosotros, como nos deformó y nos estranguló. En cambio, Espejos, intenta asomarse al mundo entero recogiendo todo, las noches y los días, las luces y las sombras, son todas historias muy cortitas, y hay una diferencia también de estilo, Las venas abiertas tiene una estructura tradicional, y a partir de ahí yo intenté encontrar un lenguaje mío, propio, que es el del relato corto, baldositas de colores para armar los grandes mosaicos, un estilo como el de los muralistas, y cada relato es una pequeña baldosita que incorpora un color, y uno de los últimos relatos de Espejos evoca un recuerdo de infancia mío que es verdadero y es que cuando yo era chiquito creía que todo lo que se perdía en la tierra iba a parar en la luna, estaba convencido de eso y me sorprendió cuando llegaron los astronautas a la luna porque no encontraron ni promesas traicionadas, ni ilusiones perdidas, ni esperanzas rotas, y entonces yo me pregunté: ¿si no están en la luna, dónde están? ¿No será que están aquí en la tierra, esperándonos?

Venezuela y Colombia al borde de la ruptura definitiva de relaciones

TeleSUR

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, aseguró este martes que la ruptura definitiva de relaciones con Colombia va a ocurrir, debido a las afrentas que sufre su país por parte de la administración de Bogotá. Calificó como cínicas a las autoridades de la nación suramericana, que en días recientes acusaron a Caracas de injerencia por la preocupación pública que ha manifestado sobre el acuerdo militar con Estados Unidos para la instalación de siete bases estadounidenses en su territorio.

“Hay que preparar la ruptura de relaciones con Colombia (…) eso va a suceder”, declaró el mandatario y agregó que ya no hay posibilidad alguna de reconciliación con su homólogo, Álvaro Uribe. “Ya no hay aquí posibilidad de un abrazo (…) es imposible”, añadió.

“Ahora nos acusan a nosotros de injerencia (…) ¡que Gobierno tan cínico, tan inmoral! (…) Vayamos preparándonos, porque esa burguesía colombiana nos odia y ya no hay aquí posibilidad de un retorno o un abrazo, esas siete bases yanquis son una declaración de guerra contra la Revolución “, sostuvo.

Denunció que el Estado colombiano se ha convertido en un narcoestado, por lo que no le interesa erradicar este mercado ilegal de estupefacientes, pues sustenta su economía.

“El Estado colombiano no está interesado para nada en que se acabe el narcotráfico, ese es un narcoestado, Colombia tiene una narcoeconómia que se puede demostrar en cifras”, denunció.

Además de ser un Estado comprometido con el tráfico de drogas, Chávez aseguró que ahora, con la firma del acuerdo militar con Washington, se está transformando ” en una base operacional yanqui y todo el continente está amenazado”.

El pasado 14 de agosto, Colombia y Estados Unidos anunciaron que las negociaciones para la instalación de las bases estadounidenses, habían concluido.

El acuerdo incluye la presencia de militares estadounidenses en siete bases colombianas y ha sido calificado como un peligro y un factor de desestabilización por los países suramericanos, que abordaron el tema en la reunión de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) realizada a principios de mes en Quito, Ecuador, y a la que el Jefe de Estado de Colombia, Álvaro Uribe se negó a asistir.

Uribe ha tratado de justificar a través de los medios de comunicación la presencia de los marines en su país, afirmando que supone una “fase mejorada del Plan Colombia” y que fortalecerá la lucha contra los grupos irregulares, explicación que no ha convencido a sus homólogos regionales, quienes han exigido más transparencia y claridad.

Uno de los países que ha mostrado su preocupación ante el citado Acuerdo de seguridad es Venezuela, que ha alertado sobre “los vientos de guerra que comienzan a soplar en la región” tras la instalación de las bases.

Entre las razones que ha presentado Venezuela para oponerse a la instalación de tropas y equipos militares estadounidenses en bases colombianas, es la violación del espacio aéreo de su nación y las tareas de espionaje que podrían realizarse y que colocarían al país en un estado de vulnerabilidad.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, ha enfatizado que Estados Unidos (EE.UU.) será el que tome el mando de las acciones militares en Colombia, y que ni el mismo Uribe podría controlarlas, incluso aquellas que se ejecuten con el mismo Ejército colombiano.

“Se está formando un cuadro severo de amenazas contra Venezuela desde Colombia con la participación del alto gobierno y de los militares”, denunció Chávez.

Por su parte, el presidente boliviano, Evo Morales, afirmó que EE.UU. quiere usar bases militares en Colombia contra los “procesos revolucionarios que se gestan en América” y no para combatir a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) o al narcotráfico, como se ha pretendido hacer entender.

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, calificó como un peligro y una preocupación para la región la presencia de militares estadounidenses en las bases de Colombia por lo que sugirió tratar este tema en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Unasur que se realizó en Quito.

Al respecto, el primer mandatario de Ecuador indicó que su país es uno de los que más sufre las consecuencias de un problema que no es de ellos, compartir frontera con una nación “que se desangra en una guerra civil de hace 50 años , siete años de fumigaciones, bombardeos y 300 mil desplazados”.

Según el nuevo convenio militar entre Colombia y EE.UU. dos bases del Ejército Nacional y dos de la Armada, se sumaron a las tres de la Fuerza Aérea en las que ya se sabía que iba a haber operación de militares de Estados Unidos, de esta manera las bases de Cartagena, Larandia (Caquetá), Tolemaida (Cundinarca), Málaga, en el Pacífico son las nuevas que se suman a Apiay (Meta), Palanquero (Cundinamarca) y Malambo (Atlántico).

Excusas desestabilizadoras

Con respecto a la situación de violencia generada por grupos de oposición el sábado pasado al final de una marcha en contra de la recién aprobada Ley Orgánica de Educación, Chávez reveló que estos sectores políticos buscan cualquier excusa para desestabilizar a su gobierno, y que en estos momentos han tomado esta norma.

“Lo primero es entender que el centro del enfrentamiento no es la Ley de Educación (…) los estamos derrotando y los vamos a derrotar a la hora de los argumentos (…) ese no es el problema, ellos agarran cualquier razón, cualquier excusa, ellos creen que esa es una razón para incendiar las calles del país (…) y dentro de esa desestabilización (…) en río revuelto ganancia de pescadores (…) Esta sólo es una excusa, el verdadero objetivo es el Comandante (Hugo Chávez) y la Revolución Bolivariana”, expuso.

“Ellos van a continuar buscando una escalada, es un libreto (…) Preparémonos”, insistió.

Pero es que para Chávez, este plan destinado a acabar con su gobierno, no sólo es interno, sino que trasciende las fronteras.

“La quieren acabar (a la Revolución Bolivariana) y para eso despliegan un plan astuto que comprende desde las bases militares en Colombia, hasta los paramilitares infiltrados, y por supuesto, acumular gente en la calle con cualquier excusa”, expresó.

 

La guerra de EEUU contra Iraq: La destrucción de una civilización

Guerra contra IraqJames Petras

Rebelión

Los siete años de guerra y ocupación estadounidenses en Iraq han estado manejados por varias fuerzas políticas importantes e impregnados de toda una variedad de intereses imperiales. Sin embargo, esos intereses no explican por sí mismos la profundidad ni el alcance de la sostenida, masiva y continuada destrucción de toda una sociedad ni su reducción a un permanente estado de guerra. El ámbito de fuerzas políticas que contribuyeron a orquestar la guerra y la subsiguiente ocupación de EEUU incluye las siguientes (por orden de importancia):

La fuerza política más importante fue también de la que menos abiertamente se habló: La Configuración del Poder Sionista (ZPC, por sus siglas en inglés), que incluye el importante papel de los partidarios, persistentes e incondicionales de línea dura, del Estado de Israel que lograron puestos importantes en el Pentágono de Bush (Douglas Feith y Paul Wolfowitz), operativos clave en la oficina del Vicepresidente (Irving –Scooter- Libby), en el Departamento del Tesoro (Stuart Levy), en el Consejo de Seguridad Nacional (Elliot Abrams) y toda una falange de asesores, escritores de los discursos presidenciales (David Frum), funcionarios secundarios y asesores políticos en el Departamento de Estado. Esos comprometidos “insiders” sionistas estaban apoyados por miles de funcionarios con dedicación exclusiva de “Ante Todo, Israel” de las 51 organizaciones judías más importantes, agrupadas bajo su Presidente (PMAJO, por sus siglas en inglés). Todos declararon abiertamente que su más alta prioridad era avanzar en la agenda de Israel, concretada, en este caso, en una guerra de EEUU contra Iraq para derrocar a Saddam Hussein, ocupar el país, dividir físicamente Iraq, destruir su ejército y su capacidad industrial e imponer un régimen-titere pro-Israel/pro-EEUU. Si Iraq era étnicamente limpiado y dividido, como defendía el ultraderechista Primer Ministro de Israel Benjamin Netanyahu y el Presidente Emérito “Liberal” del Consejo de Relaciones Exteriores y sionista-militarista Leslie Gelb, habría entonces varios “regímenes clientelistas”.

Los altos políticos pro-Israel que promovieron la guerra no tenían directamente al principio la política de destruir sistemáticamente lo que, en efecto, constituía toda la civilización iraquí. Pero su apoyo y diseño de una política de ocupación incluía el desmembramiento total del aparato del estado iraquí y el reclutamiento de asesores israelíes que proporcionaran su “pericia” en técnicas de interrogatorio, represión de la resistencia civil y contrainsurgencia. Ciertamente, los expertos israelíes jugaron un papel importante al fomentar el enfrentamiento étnico y religioso entre los iraquíes, que Israel tanto ha puesto en práctica en Palestina. El “modelo” israelí de guerra colonial y ocupación –la invasión del Líbano de 1982- y la práctica de la “destrucción total” utilizando la división sectaria y étnico-religiosa fue ya evidente en las infamantes masacres de los campos de refugiados de Sabra y Chatila en Beirut, que tuvieron lugar bajo supervisión del ejército israelí.

La segunda fuerza poderosa en pos de la Guerra de Iraq estaba constituida por los militaristas civiles (como Donald Rumsfeld y el Vicepresidente Cheney) que buscaban extender el alcance imperial de EEUU por el Golfo Pérsico y fortalecer su posición geo-política eliminando a un nacionalista fuerte, laico y partidario de la resistencia anti-imperialista árabe en el Oriente Medio. Esos militaristas civiles buscaban ampliar las bases militares estadounidenses para envolver a Rusia y asegurarse el control de las reservas petrolíferas como elemento de presión contra China. Los militaristas civiles estaban menos movidos por los pasados lazos del Vicepresidente Cheney con la industria del petróleo y más interesados en su papel como Director Ejecutivo de la gigantesca filial de Halliburton, la contratista de bases militares Kellog-Brown and Root, que ha ido consolidando el Imperio Estadounidense a través de la expansión de bases militares por todo el mundo. Las compañías petrolíferas estadounidenses más importantes, que temían salir perdiendo frente a sus competidoras europeas y asiáticas, estaban deseando negociar con Saddam Hussein, y algunos de los partidarios de Bush dentro de la industria petrolífera estaban ya embarcados en operaciones de comercio ilegal con el embargado régimen de Iraq. La industria del petróleo no se sentía muy inclinada a promover la inestabilidad regional mediante una guerra.

La estrategia belicista de conquista y ocupación se diseñó para establecer una presencia militar colonial a largo plazo bajo la forma de bases militares estratégicas dotadas de un importante y sostenido contingente de asesores militares coloniales y unidades de combate. La brutal ocupación colonial de un estado laico independiente con fuerte historia nacionalista y avanzada infraestructura que disponía de un aparato policial y militar sofisticado, extendidos servicios públicos y mínimas tasas de analfabetismo impulsó el crecimiento de una amplia colección de movimientos militantes y armados contra la ocupación. En respuesta, los oficiales coloniales estadounidenses, la CIA y las Agencias de la Inteligencia de Defensa idearon una estrategia de “divide y vencerás” (la denominada solución “El Salvador”, asociada al ex Embajador en zonas calientes y ex Director de la Inteligencia Nacional estadounidense John Negroponte) para fomentar los conflictos armados de base sectaria y promover los asesinatos interreligiosos para así debilitar cualquier esfuerzo por lograr un movimiento unido nacional anti-imperialista. El desmantelamiento de la burocracia civil laica y del ejército fue diseñado por los sionistas de la administración Bush para incrementar el poder de Israel en la región y fomentar el surgimiento de grupos militantes islámicos, que habían sido reprimidos por el depuesto régimen baazista de Saddam Hussein. Israel había perfeccionado esta estrategia antes: Patrocinó y financió en sus orígenes a grupos militantes islámicos sectarios, como Hamas, como alternativa a la laica Organización para la Liberación de Palestina, creando un marco que favorecía las luchas sectarias entre los palestinos.

La consecuencia de las políticas coloniales estadounidenses financiando y multiplicando una amplia variedad de conflictos internos fue la proliferación de los mullah, los líderes tribales, los gángsteres políticos, los señores de la guerra, los expatriados y los escuadrones de la muerte. La “guerra de todos contra todos” servía a los intereses de las fuerzas ocupantes estadounidenses. Iraq se convirtió en un lodazal de jóvenes armados, sin empleo, entre los que era fácil reclutar un nuevo ejército de mercenarios. La “guerra civil” y el “conflicto étnico” proporcionaron un pretexto para que EEUU y sus títeres iraquíes despidieran a cientos de miles de soldados, policías y funcionarios del régimen anterior (especialmente si eran de familias sunníes, mixtas o laicas), socavando la base del empleo civil. Bajo la cobertura de una generalizada “guerra contra el terror”, las Fuerzas Especiales estadounidenses y los escuadrones de la muerte dirigidos por la CIA implantaron el terror dentro de la sociedad civil iraquí, persiguiendo a cualquier sospechoso de criticar al gobierno-títere, especialmente entre las clases educadas y profesionales, precisamente los iraquíes más capaces de reconstruir una república laica independiente.

La guerra de Iraq estuvo dirigida por un influyente grupo de ideólogos neoconservadores y neoliberales con fuertes vínculos con Israel. Valoraron el éxito de la guerra de Iraq (por éxito ellos entendían el desmembramiento total del país) como la primera ficha de “dominó” de una serie de guerras para “recolonizar” el Oriente Medio (en sus palabras: “volver a trazar el mapa”). Disfrazaron su imperial ideología con un fino barniz de retórica sobre “promover las democracias” en Oriente Medio (excluyendo, por supuesto, las antidemocráticas políticas de su “patria” Israel sobre los subyugados palestinos). Al confluir las ambiciones hegemónicas regionales de Israel con los intereses imperiales de EEUU, los neoconservadores y sus compañeros de viaje neoliberales del Partido Demócrata apoyaron en primer lugar al Presidente Bush y después al Presidente Obama en su escalada de las guerras contra Afganistán y Pakistán. Secundaron unánimemente la feroz campaña de bombardeos de Israel contra el Líbano, el ataque por tierra, mar y aire y la masacre de miles de civiles atrapados en Gaza, el bombardeo de instalaciones sirias y el gran impulso (de Israel) hacia un ataque preventivo militar y a gran escala contra Irán.

Los defensores estadounidenses de múltiples guerras secuenciales y simultáneas en Oriente Medio y en el Sur de Asia creían que no podrían desplegar todo el potencial destructivo masivo que poseen hasta no haberse asegurado el control total de su primera víctima: Iraq. Confiaban en que la resistencia iraquí se vendría rápidamente abajo tras trece años de brutales y exterminadoras sanciones impuestas contra la república por EEUU y las Naciones Unidas. Para consolidar el control imperial, los políticos estadounidenses decidieron silenciar permanentemente a todos los disidentes civiles independientes iraquíes. Se dedicaron a financiar a clérigos chiíes y asesinos tribales sunníes y a contratar decenas de miles de mercenarios privados entre los señores de la guerra pesmergas kurdos para que perpetraran los asesinatos selectivos de los dirigentes de los movimientos de la sociedad civil.

EEUU creó y entrenó un ejército-títere colonial iraquí de 200.000 miembros, compuesto casi enteramente de pistoleros chiíes, excluyendo a los experimentados militares iraquíes con antecedentes laicos, sunníes o cristianos. Un resultado poco conocido de todos esos escuadrones de la muerte financiados y entrenados por EEUU y de su ejército-títere iraquí fue la destrucción virtual de la antigua población cristiana iraquí, que fue desplazada, sus iglesias bombardeadas y sus dirigentes, obispos e intelectuales, académicos y científicos asesinados o forzados al exilio. Los asesores israelíes y estadounidenses eran bien conscientes de que los cristianos iraquíes habían jugado un papel clave en el desarrollo histórico de los movimientos laicos, nacionalistas antibritánicos y antimonárquicos y su eliminación como fuerza influyente en los primeros años de la ocupación estadounidense no fue algo accidental. El resultado de las políticas estadounidenses llevó a eliminar a los movimientos y a los dirigentes antiimperialistas más democráticos y laicos y a presentar a una red asesina de colaboradores “étnico-religiosos” como “socios” incontestables para sostener la presencia colonial estadounidense a largo plazo en Iraq. Con sus títeres en el poder, Iraq serviría como plataforma de lanzamiento para su búsqueda estratégica de otros “dominios” (Siria, Irán, las Repúblicas Centroasiáticas…).

La continuada purga sangrienta de Iraq bajo la ocupación estadounidense ha conseguido acabar con la vida de 1,3 millones de civiles iraquíes durante los primeros siete años de la invasión de Bush de 2003. Hasta mediados de 2009, la invasión y ocupación de Iraq le ha costado al tesoro estadounidense más de 666.000 millones de dólares. Este enorme gasto da fe de su carácter central en la más amplia estrategia imperial de EEUU en relación a todo el Oriente Medio y a la región del Sur y Centro de Asia. La política de Washington de politizar y militarizar las diferencias étnico-religiosas, armando y fomentando la rivalidad de los líderes étnicos, religiosos y tribales para que estén siempre enzarzados en mutuas sangrías sirvió para destruir la resistencia y la unidad nacional. Las tácticas de “divide y vencerás” y la confianza en organizaciones religiosas y sociales retrógradas es la práctica más común y mejor conocida cuando se trata de conquistar y subyugar a un estado nacionalista avanzado y unificado. Romper un estado nacional, destruir la conciencia nacionalista y promover las primitivas lealtades regionales, feudales y étnico-religiosas requería de la sistemática destrucción de los principales proveedores de la conciencia nacionalista, de la memoria histórica y del pensamiento científico y laico. Al provocar los odios étnico-religiosos se destruyeron los matrimonios, las comunidades y las instituciones mixtas con sus perdurables lazos profesionales y amistades personales de orígenes diversos. La eliminación física de académicos, escritores, profesores, intelectuales, científicos y profesionales, especialmente físicos, ingenieros, abogados, juristas y periodistas fue decisiva para imponer un gobierno étnico-religioso bajo una ocupación colonial. Para establecer el dominio a largo plazo y sostener a unos gobernantes clientelistas étnico-religiosos, todo el edificio cultural preexistente fue destruido físicamente por EEUU y sus marionetas iraquíes. Esto supuso la destrucción de las bibliotecas, las oficinas del censo y los depósitos de todas las propiedades y archivos judiciales, los departamentos sanitarios, laboratorios, colegios, centros culturales, instalaciones médicas y, por encima de todo y al completo, las clases profesionales, los científicos sociales, los humanistas, los literatos… Cientos de miles de profesionales iraquíes junto con sus familias, fueron empujados mediante el terror al exilio interno y externo. Se cortó cualquier tipo de financiación destinada a las instituciones nacionales, seculares, científicas y educativas. Los escuadrones de la muerte se emplearon a fondo en el sistemático asesinato de miles de académicos y profesionales sospechosos de la menor disidencia, del menor sentimiento nacionalista; se eliminó a todo aquel que tuviera la mínima capacidad para colaborar en la reconstrucción de la república.

La destrucción de una moderna civilización árabe

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Mexico: En medio de la crisis económica y la sequía

Resumen Latinoamericano/Agencias

México es uno de los países de América Latina al que más fuerte golpea la crisis económica mundial, a lo que hay que sumar las extensas sequías que azotan a la nación azteca.

Analistas mexicanos indicaron este jueves una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de más del 11% para el segundo trimestre de 2009, la peor de los últimos 30 años.

El retroceso de los indicadores económicos se centra en la disminución de la producción manufacturera a causa de la crisis financiera internacional y las consecuencias del brote de influenza AH1N1, que afectó fuertemente al turismo, el comercio y los servicios, informó Prensa Latina.

Aunque los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) se esperan para esta tarde, la estimación de la contracción del PIB ronda el 10,8%, superando en casi dos puntos a la retracción récord del 9,2% ocurrida hace 14 años.

La recesión en el sector manufacturero es particularmente notoria, tal como indica Eduardo Gonzáles, analista de la dirección de Estudios Económicos de Banamex, señalando que el uso de la capacidad industrial instalada bajó al 76,9%, contra un 80,3% un año antes.

César Castro, analista del Centro de Análisis de Proyecciones Económicas de México (Capem), declaró que por cada punto porcentual de baja en el crecimiento económico se pierden cien mil empleos, y pronosticó un millón de desocupados en el sector industrial para fin de 2009.

El experto sostuvo que la situación se complicará para el gobierno del presidente Felipe Calderón, a causa de la caída de ingresos fiscales, y que deberá discutirse una reducción de gastos.

A esta situación crítica, se suma también la prolongada escasez de lluvias en gran parte de México, ubicando a la nación al borde de una crisis alimentaria histórica.

La Confederación Nacional Campesina (CNC), sectores ganaderos y la Comisión Nacional del Agua (Conagua) coincidieron en que el campo enfrenta un grave panorama a causa de la sequía.

Sólo en producción de granos básicos se estiman pérdidas por más de mil 153 millones de dólares, mientras que en estados como Puebla, Hidalgo, Aguascalientes, Michoacán, Guanajuato y Tlaxcala se registran mermas en cosechas de maíz hasta de 75%, lo que representa más de 2.5 millones de hectáreas.

Desde la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG) se reveló que debido a la falta de lluvias murieron 50 mil reses.