Violencia, sociedad y justicia en América Latina (Descargar Libro)

violencia-y-sociedad

 

Roberto Briceño-León.

CLACSO http://www.clacso.org.ar/Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales 2002.

ISBN: 950-9231-81-9

 

Descriptores Tematicos: Violencia; Seguridad; Violencia Social; Policia; Sistema Penal; Democracia; Justicia; Inseguridad; Seguridad Ciudadana Violencia y sociedad

INDICE

  • Introducción. La nueva violencia urbana de América Latina
  • I
  • Las políticas de seguridad y la participación comunitaria en el marco de la violencia social
  • Des-cubriendo la violencia
  • Azul casi negro: la gestión policial en Buenos Aires. Notas para una política policial democrática
  • II
  • A violência na escola, uma questão social global
  • La inseguridad personal vista por los estudiantes universitarios
  • A féria ou a vida: violência ocupacional, tensões raciais e insegurança no transporte coletivo de Salvador, Brasil
  • III
  • Violencia y justicia en Chiapas. Los operativos policíaco-militares de 1998
  • Estratégias e racionalidade na Polícia Civil do Estado do Rio de Janeiro
  • La disposición de agentes policiales a usar fuerza contra el ciudadano
  • Tendencias y respuestas hacia la violencia delictiva en Latinoamérica
  • IV
  • Política anti-seqüestros no Rio de Janeiro
  • Sistema penal y relegitimación procesal
  • Democracia y seguridad ciudadana en Chile
  • Guerra prolangada, negociación incierta: Colombia
  • ¿Por qué el actual silencio carcelario?
  • El derecho a matar en América Latina. Roberto Briceño-León, Alberto Camardiel y Olga Avila
  • La nueva violencia urbana de América Latina
  • Roberto Briceño-León

 

(Fragmento)

“A fines del siglo XX la violencia fue la primera causa de muerte en América Latina entre las personas de 15 y 44 años de edad (Organización Mundial de la Salud-WHO, 1999). En Colombia, entre 1985 y 1994 se duplicó el número total de viudas, mientras que los viudos apenas aumentaron levemente. Ya para 1985, también en Colombia, se calculaba que anualmente quedaban huérfanos unos 43 mil niños, pero esta dramática cifra había aumentado a 73 mil huérfanos por año para 1994 (Rubio, 2000: pp.124-125). El Salvador, un pequeño país que venía de alcanzar unos acuerdos de pacificación que pusieron fin a una guerra interna muy cruenta, vio aumentar la tasa de homicidios de 72 a 139 homicidios por cada cien mil habitantes entre 1990 y 1995 (Cruz, Trigueros y González, 2000) es decir, empezaron a registrarse más muertes en la calma de la paz que en las tormentas de la guerra: una nueva violencia urbana había hecho su aparición en América Latina. Este carácter novedoso del fenómeno de la violencia, tanto por sus magnitudes como por las singularidades de los procesos sociales que allí se encuentran involucrados, es lo que intenta recoger este libro. Por esas mismas razones el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) decidió la creación de un nuevo grupo de trabajo dedicado a estudiar este hecho social y lo llamó “Violencia y Sociedad”. Los trabajos que en este libro se publican se refieren a temas tan variados y relevantes como la violencia en la escuela, el transporte público, la policía, los secuestros y las cárceles. Procura también discutir las concepciones de la violencia, las respuestas de los ciudadanos al temor a la violencia, así como sus implicaciones para el sistema de justicia y la democracia. Estos artículos fueron presentados en la primera reunión del grupo, que tuvo lugar en el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO) en Caracas. La violencia no ha sido ajena a los procesos de cotidianidad o transformación social de América Latina: violenta fue la conquista, violento el esclavismo, violenta la independencia, violentos los procesos de apropiación de las tierras y de expropiación de los excedentes. Pero en la actualidad hablamos de un proceso distinto, singular, y que se refiere a la violencia delincuencial y urbana. Ciertamente la violencia política ha estado presente en la región: la represión militar de los gobiernos dictatoriales del Cono Sur o Centroamérica; las luchas guerrilleras recientes en Perú, Colombia o México; las tradicionales acciones de los “coroneles”, los señores de la tierra del nordeste de Brasil o las acciones de los paramilitares en Urabá, Colombia, son una muestra fehaciente de ello. Sin embargo, cuando uno observa las tasas de homicidios para todos estos países hasta comienzos de los años ochenta, la situación no es comparable, no tiene la gravedad que después muestra, justamente cuando desaparecen las dictaduras, amainan las guerrillas y se decreta la paz y la democracia. Se trata entonces de una violencia distinta. Una violencia que podemos calificar de social, por expresar conflictos sociales y económicos; pero no de política, pues no tiene una vocación de poder. Una violencia que no tiene su campo privilegiado de acción en las zonas rurales, sino en las ciudades y, sobre todo, en las zonas pobres, segregadas y excluidas de las grandes ciudades, donde a veces –como en los pistoleros de Brasil– se trasladan prácticas rurales a la vida urbana (Barreira, 1998). Y todo esto ocurre a partir de los años ochenta, pues es desde mediados de la “década perdida” cuando, en todos los países de los cuales se dispone información confiable, se incrementó la violencia. Los crímenes violentos aumentan tanto en aquellos países con muy bajas tasas de homicidios –como Costa Rica o Argentina– como en aquellos donde ya las tasas eran muy altas –como Colombia o El Salvador. Comprender esta realidad implica pasearse por diversos aspectos y dimensiones del problema y de las transformaciones que en la situación social se han venido dando en América Latina. Por ello quisiéramos bosquejar las dimensiones del fenómeno que nos parece deben contemplarse en un programa de investigación sobre Violencia y Sociedad y que han servido de plataforma inicial al grupo homónimo de CLACSO (…)

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Sudamérica: Las bases en Colombia y la disputa por los bienes comunes

Raúl Zibechi
IRCAMERICAS

Colombia3 

El inminente acuerdo entre Estados Unidos y Colombia para la utilización de siete bases por el Comando Sur, forma parte de la feroz disputa por los bienes comunes que atraviesa la región sudamericana.

Primero algunas informaciones recientes:

Venezuela alcanzó el primer lugar en reservas probadas de petróleo del orbe al cuantificar 314.000 millones de barriles en la Faja Petrolífera del Orinoco, anunció la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). A partir de ahora Venezuela ocupa el primer lugar en reservas probadas de petróleo a nivel mundial, bajando a Arabia Saudita al segundo lugar, con 264.000 millones de barriles, según PDVSA1.

Fatih Birol, economista jefe de la Agencia Internacional de Energía (AIE), afirma que la crisis del petróleo llegará mucho antes de lo previsto. “El mundo se dirige a una catastrófica crisis energética que podría perjudicar una recuperación económica mundial debido a que la mayoría de los principales campos de petróleo en el mundo han pasado su pico de producción”. Birol sostiene que los datos que había manejado hasta ahora la AIE eran errados y anticipa en diez años (2020 en vez de 2030) la llegada del pico de producción.

“La primera evaluación detallada de más de 800 campos de petróleo en el mundo, que abarcan las tres cuartas partes de las reservas mundiales, ha encontrado que la mayoría ya llegó a su punto máximo y que la tasa de disminución es casi el doble del ritmo calculado hace apenas dos años”, señala Birol. Esa tasa de decrecimiento es del 6,7 por ciento frente al 3,7 por ciento de 20072.

Hace unos 20 años, China era el decimosegundo socio de América Latina, con un volumen comercial que apenas superaba los 8.000 millones de dólares, pero desde 2007 ocupó la segunda posición, multiplicando por trece aquella cifra y ahora sobrepasa los 100.000 millones de dólares. China ha establecido asociaciones estratégicas con Brasil desde los años 90 y, posteriormente con Venezuela, México, Argentina, Chile y con Perú.

Este año, China ha negociado acuerdos que duplicarían un fondo de desarrollo en Venezuela a 12.000 millones de dólares, le prestaría unos 1.000 millones de dólares a Ecuador para construir una planta hidroeléctrica, le dará acceso a Argentina a más de 10.000 millones de dólares para proyectos y otros 10.000 millones a la empresa estatal del petróleo en Brasil.Según cifras oficiales brasileñas, el volumen de comercio bilateral entre Brasil y China alcanzó 36.440 millones de dólares en 2008, lo que supuso 55,9 por ciento de incremento con respecto al año anterior. En abril de este año, China se convirtió en el primer socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos. El ingreso de China como país donante en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en abril pasado, tras quince años de negociaciones, fue una fuerte señal de su creciente compromiso para ahondar sus vínculos con la región3.

Se estaría produciendo un importante viraje de la política económica de Brasil respecto a Estados Unidos. Desde agosto de 2008 hasta mayo de este año, o sea cuando se dispara la crisis económica mundial, Brasil redujo un 17 por ciento sus inversiones en títulos estadounidenses. Es la mayor reducción entre los 15 mayores acreedores de Washington. En contraste, Rusia aumentó un 20 por ciento sus compras de títulos de la Reserva Federal y China un 40 por ciento en el mismo lapso4.

La empresa estatal china de petróleo (CNPC) decidió acelerar sus adquisiciones en África y América Latina porque “los precios relativamente bajos de los activos ofrecen este año oportunidades sin precedentes para la compañía”. Una de esas oportunidades sería la compra del 84 por ciento de las acciones de Repsol YPF en Argentina en una alianza con la tercera mayor empresa china, la CNOOC, por 17.000 millones de dólares. De concretarse, sería la mayor inversión petrolífera de China en el exterior5.

Las informaciones anteriores, recogidas apenas en la prensa internacional de la última semana, permiten inferir que en la región se está produciendo una fuerte competencia por recursos naturales con la participación de potencias extracontinentales. En paralelo, los países más importantes (Argentina, Brasil, Venezuela) comienzan a realizar sus intercambios en otras monedas diferentes al dólar y establecen alianzas con países asiáticos y con potencias emergentes.

El peso que los factores económicos vinculados a la hegemonía tengan en la decisión de incrementar la presencia militar de Estados Unidos en Colombia, podrán observarse de modo más claro a medida que Obama vaya tomando más y más decisiones estratégicas.

Contra quién van las bases

Según Estados Unidos se trata básicamente de sustituir el papel que venía jugando la base de Manta, en Ecuador, que debe abandonar en noviembre pero de la cual de hecho ya se ha retirado. Para el presidente Álvaro Uribe, se trata de seguir adelante con el Plan Colombia, o sea continuar la guerra contra las FARC hasta ganarla, y perseguir al narcotráfico. En este punto la coincidencia entre Bogotá y Washington es completa, más allá que para las cúpulas colombianas el ampliar la presencia militar estadounidense es una buena forma de resolver cualquier posible dificultad en las relaciones entre ambos países.

El despliegue de la IV Flota decidido el año pasado, se ve ahora completado por un rosario de siete bases que el Comando Sur puede utilizar cuando lo considere conveniente. Por cierto, la Casa Blanca y el Palacio de Nariño están empeñados en el argumento de que no habrá bases militares estadounidenses porque todas seguirán siendo controladas por el Estado y las fuerzas armadas colombianas, y que los 800 militares y 600 contratistas que operan actualmente en Colombia no se verán incrementados.

El argumento es sólo parcialmente cierto. En las nuevas condiciones de la guerra, el tipo de bases militares que existieron durante la Guerra Fría, grandes concentraciones humanas y de aparatos, fijas e inmóviles, están dando paso a un modelo más flexible como se desprende del informe “Global en Route Strategy” de abril de 2009 de la fuerza aérea de Estados Unidos. Se trata de poder contar con el uso de instalaciones sobre todo para el tránsito aéreo, que hagan posible el control a distancia y la disuasión, dejando la intervención directa para situaciones excepcionalmente críticas. En ese sentido, lo que más interesa a la superpotencia es contar con la cooperación de los gobiernos de la región, permitiendo instalar radares y sistemas de vigilancia, el uso de aeropuertos y puertos, cuestión mucho más decisiva que la presencia militar directa que, con la tecnología actual, puede concretarse en cuestión de horas.

Sin embargo, el nuevo despliegue del Comando Sur apunta en otra dirección. Para Juan Gabriel Tokatlián, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tella, “el mensaje principal es para Brasil y no para Venezuela”6. Tiene razón, pero debe agregarse un par de detalles. Decir Brasil, desde la lógica imperante en Washington, es decir Amazonia, o sea, recursos naturales. En segundo lugar, el inminente acuerdo para la utilización de siete bases militares colombianas por el Comando Sur, puede estar relacionado con la creciente alianza entre China y Brasil, cuyo comercio debe realizarse a través de la cordillera andina.

La estrategia del cerco

Las cosas son según el lugar desde el cual se observen. Por eso en Brasil la decisión de ampliar la presencia militar del Comando Sur en la región cayó como una patada. El canciller Celso Amorim y el asesor para asuntos internacionales Marco Aurelio García, fueron muy explícitos. “Lo que preocupa a Brasil es una presencia militar fuerte, cuyo objetivo y capacidad pueden ir mucho más allá de lo que pueda ser la necesidad interna de Colombia”, dijo Amorim a Folha de Sao Paulo. Agregó que hay una contradicción entre la afirmación de Bogotá de que las FARC están prácticamente aniquiladas y el aumento de la presencia militar estadounidense para combatirlas. “En la región, es importante tener transparencia y claridad. Eso tal vez haya faltado. Uno puede tener, por ejemplo, garantías formales sobre cómo serán usadas esas bases”, concluyó7.

El presidente Lula, por su parte, vinculó las bases en Colombia y la reactivación de la IV Flota con la existencia de enormes reservas petroleras a 7.000 metros de profundidad en aguas de los estados de Santa Catarina y Espíritu Santo, que le darán al país autonomía energética. De ese modo, parece alinearse con una vieja preocupación de los estrategas y militares de su país en lo que denominan como “Geopolítica del Cerco”. En efecto, en 2002 el Centro de Inteligencia del Ejército, con sede en Brasilia, realizó tres estudios que mapearon la presencia militar estadounidense en Sudamérica. Las conclusiones indicaban que en 2001 y 2002 había 6.300 militares de ese país construyendo pistas y destacamentos en forma de un “cinturón” militar que rodea a Brasil8.

Uno de esos trabajos, “Presencia de los Estados Unidos en América del Sur”, a cargo del entonces coronel de infantería y ahora jefe militar del Nordeste, José Alberto da Costa Abreu, concluía que una de las principales consecuencias es “la disminución de la capacidad brasileña de proyectar poder en el ámbito regional por la existencia de un ‘cinturón’ de instalaciones norteamericanas próximas a las fronteras brasileñas, principalmente en la región amazónica”9.

En la serie de reportajes publicados por el sitio militar brasileño Defesanet, recuerdan que el 25 por ciento del petróleo que consumen los Estados Unidos proviene de los países andinos, y que la cuestión de la Amazonia es el tema más candente en la región y un asunto de extrema sensibilidad para Brasil.

Notas:

1) Agencia Xinhua, 13 de agosto de 2009.

2) The Independent, 3 de agosto de 2009.

3) Diario del Pueblo, 11 de agosto de 2009.

4) Folha de Sao Paulo, 12 de agosto de 2009.

5) China Daily, 12 de agosto de 2009.

6) Página 12, 7 de agosto de 2009.

7) DPA, Brasilia, 2 de agosto de 2009.

8 Defesanet, el 18 de enero de 2006.

9) Idem.

 

 
 

 

El Rey Bolt festeja en grande

Prensa Latina

Bolt

Berlín.- Animado pos sus dos preseas doradas e igual cantidad de marcas impuestas en el Campeonato Mundial con sede aquí, el jamaicano Usain Bolt festeja hoy en grande su onomástico número 23. El hombre que asombra a todos en cada presentación llegó al universo un día como hoy, de 1986, en la ciudad jamaicana de Trelawny Parish. De 1.93 metros de estatura y 76 kilogramos de peso, Bolt ha regenerado las pruebas de velocidad en el atletismo con marcas de ensueño para los 100 metros (9.58 segundos) y (19.19 en los 200).

A diferencia de legendarios exponentes en estas modalidades como Carl Lewis, Calvin Smith, Leroy Burell, Dennis Mitchell o Maurice Green, Bolt jaranea con sus rivales, posa para los fotógrafos, para la televisión como si nada le preocupara antes de la partida en las pistas.

Su capacidad de reacción en los bloques de arrancada y la fortaleza explosiva de sus piernas durante el recorrido, le hacen hoy invencible y capaz de rebajar hasta lo impredecible las cotas en ambas pruebas.

En la capital germana, el relámpago caribeño sólo demoró 133 milésimas de segundo en despegar y pulverizar la cota de los 200 m, mientras en los 100 m, tardó 146.

Este aspecto, hasta hace unos meses el punto más débil del velocista, lo consiguió mejorar como él mismo dijo a la prensa aquí al terminar la competencia, “con mucho trabajo”.

“He demostrado a la gente que mis récords mundiales en Beijing no fueron casuales. He demostrado que se pueden conseguir con trabajo duro y dedicación”, señaló el bólido caribeño.

Muchos escépticos ponen en duda los resultados de Bolt, pero lo cierto es que desde los 15 años de edad, cuando ganó una medalla de oro y otra de plata en el Campeonato Mundial juvenil celebrado en Kingston, ya sobresalía sobre los adversarios de su generación.

El potente atleta jamaicano se convirtió dos años después en el primer atleta con edad juvenil en bajar de la barrera de los 20 segundos, al romper la cota de los 200 m con registro de 19.93 segundos.

Por el momento, sus detractores deberán resignarse y observar el espectáculo que representa el jamaicano, mientras sus seguidores, continuarán festejando junto a él sus triunfos y por qué no, hasta su cumpleaños.

 

 

 

“La dictadura de la economía se volverá más brutal”

Juan Kornblihtt

Bolpress

Dólar

Entrevista a Michel Husson, integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales francés. Integrante del Instituto de Estudios Económicos y Sociales (IRES) ligado a diversos sindicatos franceses y autor de numerosos libros que analizan la dinámica de la acumulación de capital, el economista francés Michel Husson es uno de los marxistas más consultados sobre la crisis mundial. En esta entrevista nos revela parte de su visión sobre la actual crisis. Razones y argumentos para seguir pensando la llamada “crisis sistemática global” para Husson.

 

P. ¿Cuál es la característica de la crisis actual?

R. Se trata de una crisis sistemática global, lo que significa que afecta a todos los sectores de la economía mundial y que pone en cuestión los fundamentos mismos del modo de producción capitalista. La crisis comenzó como una crisis financiera, pero, fundamentalmente, remite a la separación creciente entre la búsqueda de una híper rentabilidad y la satisfacción de las necesidades sociales.

Las transformaciones del sistema financiero deben ser analizadas en base a dos tendencias esenciales que ocurren desde principios de los años ’80. La primera, es el alza tendencial de la tasa de explotación: en casi todo el mundo, la parte de la riqueza producida que corresponde a los asalariados está en baja, y los países emergentes no son la excepción a esta tendencia. Incluso el FMI o la Comisión Europea lo constatan. Esta baja de la parte salarial permitió una recuperación espectacular de la tasa media de ganancia a partir de mediados de los ’80. Sin embargo, la segunda tendencia, muestra que la tasa de acumulación continuó fluctuando a un nivel inferior al previo a la crisis. Dicho de otra forma, la punción sobre los salarios no ha sido utilizada para invertir más. El “teorema de Schmidt” enunciado por el canciller alemán Helmut Schmidt, a principio de la década de 1980 (“las ganancia de hoy son las inversiones de mañana y los empleos de pasado mañana”), no funcionó.

Esta masa creciente de plusvalía no acumulada fue distribuida principalmente bajo la forma de ingresos financieros, siendo la fuente del proceso de financiarización. La diferencia entre la tasa de ganancia y la tasa de inversión es de por sí un buen indicador del grado de financiarización. También podemos verificar que la suba del desempleo y de la precariedad laboral se encuentra a la par del crecimiento de la esfera financiera. Incluso aquí, la razón es simple: el sector financiero logró captar la mayor parte de los aumentos de la productividad en detrimento de los asalariados, reduciendo los salarios y sin reducir de forma suficiente, incluso aumentando, la duración de la jornada laboral. La relación entre capital productivo y capital financiero se modificó profundamente y las exigencias de una híper rentabilidad pesan, por un efecto feedback, sobre las condiciones de explotación.

Sin embargo, no podemos aplicar al capitalismo contemporáneo una lectura “financierista” que consistiría en distinguir una tendencia autónoma hacia la financiarización que vendría a parasitar el funcionamiento normal del “buen” capitalismo industrial. Esto vendría a disociar artificialmente el rol de las finanzas y el de la lucha de clases por el reparto del valor agregado. Se debe articular correctamente el análisis de los fenómenos. A partir del momento en el cual la tasa de ganancia aumenta gracias al retroceso salarial, sin producir oportunidades de acumulación rentable, las finanzas empiezan a jugar un rol funcional en la reproducción procurando salidas alternativas a la demanda salarial: el consumo de los rentistas y el sobreendeudamiento de los obreros.

Esta aproximación se refuerza cuando se tiene en cuenta la mundialización. En la progresiva constitución de un mercado mundial, las finanzas juegan hoy un papel que consiste en abolir, dentro de sus posibilidades, las delimitaciones de espacios de valorización. La gran fuerza del capital financiero es ignorar las fronteras geográficas o sectoriales, porque se da los medios para pasar de una zona económica a otra muy rápido, y de una rama a otra: los movimientos de capitales pueden, a partir de ahora, desarrollarse a una escala considerablemente ampliada. La función de las finanzas es endurecer las leyes de la competencia al hacer más fluidos los movimientos del capital. Parafraseando lo que Marx dice del trabajo, podríamos esbozar que las finanzas mundializadas son el proceso de abstracción concreto que somete a cada capital individual a una ley del valor, donde el campo de aplicación se extiende sin cesar. La característica principal del capitalismo contemporáneo no reside entonces en la oposición entre un capital financiero y un capital productivo, sino en la híper competencia entre capitales como resultado de la financiarización.

Fundamentalmente, esta crisis es una crisis de la forma capitalista de satisfacer las necesidades sociales. Existe una brecha creciente entre la demanda social y lo que el capitalismo puede producir de acuerdo a normas de rentabilidad más y más exigentes. El ensanchamiento creciente entre la tasa de ganancia (creciente) y la tasa de acumulación (estable) se explica de esta forma: las oportunidades de inversión rentables se vuelven más raras en detrimento de necesidades insatisfechas. Un economista francés llegó a decir que la verdadera regulación del capitalismo supondría que éste aceptase funcionar con una menor rentabilidad. Es a la vez cierto, en este sentido, que la búsqueda de maximizar la ganancia aleja del óptimo social. Pero al mismo tiempo es ingenuo, porque, retomando una expresión de Marx, esta reivindicación es completamente ajena al capital.

P. ¿Es comparable con la crisis de 1930? La salida de la crisis mundial del ‘30 precisó de la segunda guerra mundial para relanzar la acumulación, ¿el capital puede relanzarse sin destruir el capital sobrante y aumentar la tasa de explotación como en ese entonces?

R. Este tipo de comparaciones es un poco académica y tiene el riesgo de ser un obstáculo al análisis concreto. Hay ciertos puntos comunes, pero puede ser útil insistir sobre las principales diferencias. La primera es que se trata, hoy en día, de una crisis que golpea a todos los sectores de una economía mucho más mundializada. La segunda, es que los gobiernos aprendieron y evitaron los errores de política económica que agravaron los efectos de la crisis en los años ‘30. Luego, está la historia: el mundo no pudo salir de esa crisis sino a partir del estruendo y la furia (fascismo y guerra mundial) en un contexto dominado por el enfrentamiento entre “bloques”. Después de la segunda guerra mundial, se instaló hasta principios de los ’80 un capitalismo más regulado, calificado, para ser simples, de keynesianismo.

Toda la cuestión es saber si existe un escenario similar en la crisis actual. En términos absolutos, podríamos imaginar que la debacle del neoliberalismo puede desembocar en un retorno a este tipo de capitalismo regulado. No obstante, y es sin duda la lección que nos da la gran crisis precedente, eso no será posible sino por medio de choques económicos, sociales y políticos de una amplitud comparable. Estamos autorizados a pensar que incluso podrían implicar una puesta en cuestión de la lógica capitalista. Sin esta presión social, el escenario más probable es bastante sombrío: una regresión social gestionada de forma autoritaria por las clases dominantes, con formas de repliegue nacional o regional, en un clima de guerra económica generalizada y de dislocación social. Esta visión pesimista corresponde a una apreciación realista de la profundidad de la crisis y de la violencia que las clases dominantes están preparadas a ejercer para mantener el orden establecido y sus privilegios. La dictadura de la economía sobre las aspiraciones sociales va, por lo tanto, a volverse todavía más brutal.

P. La crisis ha tenido un particular impacto en Europa, con un fuerte aumento del desempleo y una contracción industrial. ¿Por qué Europa es una de las más afectadas, si el epicentro es en EE.UU.?

R. La transmisión de la crisis nacida en los EE.UU. al resto del mundo, y por lo tanto a Europa, se produjo en tres tiempos. En el primer tiempo los productos financieros tóxicos tenían una vocación de expansión a escala mundial y lograron colocarse en las carteras de los bancos, incluidos los europeos. De allí que las quiebras o casi quiebras bancarias y los derrumbes de los mercados financieros e inmobiliarios golpearon a países como el Reino Unido o aún más a España, donde el boom inmobiliario se interrumpió brutalmente. En un segundo tiempo, las restricciones del crédito (credit crunch) pesaron sobre la actividad de las empresas y el consumo. Para el tercer tiempo, el descenso de la actividad se convirtió en una bola de nieve a través del comercio internacional. En Alemania, donde las exportaciones representan el 45% del PBI, la recesión es particularmente severa.

P. ¿Qué efectividad tendrán los planes anti-crisis de los gobiernos de EE.UU. y Europa?

R. Los planes de relanzamiento plantean dos tipos de problemas: su tamaño y sus posibles efectos. Los planes europeos están sub-dimensionados en relación al de los EE.UU. Pero el principal déficit es la falta de coordinación que muestra la inadecuación de las instituciones europeas a esta coyuntura de crisis, evidenciado en un presupuesto europeo insuficiente. Algunos países, como Italia y en menor medida Francia, se juegan a la opción del “pasajero clandestino”, que consiste en esperar que los vecinos relancen su propia demanda. Otros esperan relanzar su mercado interno contra los demás países a partir de medidas fiscales como la baja del IVA en el Reino Unido. La crisis no es entonces la ocasión de solucionar esta falta de coordinación lanzando, por ejemplo, programas de inversión pública social y ecológicamente útiles. No existe una política de cambio con respecto al dólar y el único acuerdo alcanzado se basa en la necesidad de profundizar las políticas neoliberales de privatización y flexibilidad del mercado de trabajo.

En cuanto a los EE.UU., están enfrentando un dilema. Si los hogares se desendeudan y aumentan su tasa de ahorro, se va a reducir el consumo y el crecimiento no podría volver a arrancar. Si el gasto público toma la posta, el déficit comercial exterior se va a profundizar otra vez y el flujo de capital necesario para su financiamiento puede convertirse en un problema. Es una gran incógnita qué va a pesar sobre la trayectoria de la economía mundial.

P. Dichos planes están llevando a una expansión del déficit fiscal, ¿estamos ante una nueva “burbuja” de capital ficticio, pero ahora en el Estado? ¿Cuáles son las perspectivas frente a esta expansión de la deuda estatal?

R. Como no fue tomada ninguna medida seria de regulación, el riesgo es, en efecto, una huída hacia adelante en una nueva burbuja. Podría ser de nuevo en torno a las materias primas como el petróleo o incluso el llamado “capitalismo verde”, como se observa en el nuevo campo especulativo que se abre con los mercados de permisos de emisión de CO2. Lo que es seguro, es que los países van a acumular enormes déficits presupuestarios. Para 2010, la OCDE prevé que alcanzaran el 7% del PBI en la zona Euro y el 12% en los EE.UU. Al mismo tiempo, la destrucción de empleos hará aumentar la tasa de desempleo. Según la OCDE, se pasará entre el 2008 y el 2010 de un 7,5% a un 11,7% en la zona Euro y de un 5,8% a un 19,3% en los EE.UU. La cuestión de la vuelta al crecimiento después de 2010 se planteará entonces en un contexto marcado por objetivos contradictorios: mejorar la competitividad creando empleos y relanzar la demanda efectuando nuevos golpes en los presupuestos sociales con el fin de reducir los déficits fiscales.

P. En una entrevista usted señalaba que la crisis puede llevar a un crecimiento más autocentrado de los países emergentes, incluido China, poniendo como ejemplo la ISI en América Latina. Incluso afirmaba que es posible que el impacto de la crisis no sea tan fuerte. Sin embargo, la base de acumulación de estos países, incluso en el período de la llamada ISI, siguió siendo la exportación de materias primas y sus economías estuvieron atadas a fuertes ciclos en función del mercado mundial. En efecto, lo favorable no fue la crisis, sino la segunda guerra mundial, que hizo subir los precios de las commodities. En este sentido, ¿por qué una crisis puede ser “favorable” para los países de América Latina?

R. Durante un tiempo, sostuvimos la tesis del desacople: los países emergentes escaparían en parte de la crisis y podrían mantener el ritmo de crecimiento. No ocurrió por la interdependencia de las diferentes economías nacionales en el seno de la economía mundial. La crisis no ofrece entonces un desenlace mecánico para los países emergentes. Sin embargo, la contracción del sector externo puede dar impulso a un doble proceso de focalizarse sobre la demanda interna y de la regionalización de los intercambios sobre los principios del ALBA.

Con todo, esta reorientación no tiene nada de mecánico y se enfrenta a dos tipos de obstáculos. El primero es social y resulta de la resistencia de los intereses sociales dominantes cuyo proyecto es volver al business as usual que les conviene. Es la oportunidad de insistir sobre un punto general pero muy importante: toda salida de una crisis impone un cuestionamiento de intereses sociales dominantes. El segundo es de orden económico: la relativa rigidez de la división internacional del trabajo instalada por la mundialización vuelve incierta una transición de este estilo que no podrá ser inmediata.

P. ¿Cuál es el rol que jugará China, teniendo en cuenta que su expansión reside en la exportación de mercancías a EE.UU. y que un aumento de su poder adquisitivo interno implicará una pérdida de competitividad?

R. El modelo de crecimiento chino no puede continuar indefinidamente porque es aberrante: un peso excesivo de las exportaciones (43% del PBI en 2007) y de las inversiones (42,7%) y parte decreciente del consumo privado y público en los gastos (49,6% del PBI en 2007). Por lo tanto, está expuesta a riesgos de sobreacumulación y, simétricamente, de subconsumo. El excedente exterior jugó un rol durante los últimos años, pero está amenazado por el menor crecimiento de las exportaciones y, en un plazo mayor, por la dependencia energética creciente.

En lo inmediato, China necesita centrarse sobre su mercado interno bajo la presión de las tensiones sociales. Estas preocupaciones sociales y energéticas están, de hecho, muy presentes en las medidas de estímulo tomadas por el gobierno chino. Sin embargo, esta reconversión del modelo de crecimiento se enfrenta de la misma forma que en los EE.UU. al cuestionamiento de las desigualdades sociales que implica.

P. La magnitud de la crisis plantea serios problemas para la acción de la clase obrera, marcando serios límites para cualquier reivindicación reformista por la incapacidad del sistema de resolverla. ¿Cómo ve las perspectivas revolucionarias, en particular en Francia?

R. De forma un poco abstracta, podríamos decir que, a los efectos de la crisis, la estrategia revolucionaria debe buscar organizar el movimiento de la resistencia hacia una perspectiva anticapitalista. Toda situación de crisis es, desde este punto de vista, profundamente contradictoria: el desempleo debilita a la clase obrera, el miedo al caos puede engendrar conservadurismo o resignación. Pero al mismo tiempo hay una profunda debacle no sólo de la economía sino también de la ideología dominante: el capitalismo nos da hoy la demostración de no poder responder a las necesidades básicas de la mayoría de la humanidad. La crisis cuestiona todos los preceptos neoliberales y hace caer muchos tabúes. Que podamos tener hoy una gran respuesta al proponer la nacionalización de los bancos es un síntoma entre muchos otros. La crisis hace también nacer un profundo sentimiento de injusticia frente a la violencia de los propietarios por defender sus privilegios.

Por todo esto, hay que respaldar reivindicaciones transitorias fundadas en la idea de control: control sobre los fondos públicos entregados a los bancos y las empresas y control sobre el empleo a través de la lucha contra los despidos. De esta idea de control, podemos pasar a un cuestionamiento concreto a la propiedad privada. Esta perspectiva se enfrenta, en Europa, a los proyectos socialdemócratas y a la dificultad de una salida política. En Francia, las luchas de resistencia son por el momento dispersas y podríamos decir que los países oscilan entre la resignación y la explosión social. Para la izquierda radical, la agenda consiste en poner adelante la perspectiva de un movimiento de unidad, construyendo frentes de lucha que permitan la expresión de una radicalización de las masas.

* Integrante del CEICS (Centro de Estudios e Investigaciones en Ciencias Sociales).

Fuente: Observatorio Marxista de Economía – boletín Nº 12 – Julio de 2009

 

 

 

La pandilla nuclear cabalga otra vez

Saul Landau.*

Un grupo de científicos, altos militares y burócratas del gobierno firmaron un pacto informal con el Diablo. El contrato llegó a conocimiento público en agosto de 1945, cuando bombarderos norteamericanos soltaron bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki. Desde ese entonces, ninguna otra nación ha usado una bomba nuclear.

Miles de experimentos, sin embargo, relacionados con la radiación han sido conducidos y el número de plantas generadoras de energía nuclear ha crecido, así como las promesas de que la energía nuclear es barata, segura y limpia.

Según pasan las décadas la industria nuclear se ha topado, empero, repetidamente con gastos excesivos y “accidentes” serios. Miles de civiles murieron en los alrededores de la planta nuclear de Chernobyl en Ucrania y la planta de Three Mile Island en Pennsylvania casi fue escena de una catástrofe. Aviones de la Fuerza Aérea de EE.UU. soltaron bombas de hidrógeno en el océano cerca de las costas de España e innumerables escapes, incendios y “percances” ocurren en forma rutinaria en las instalaciones nucleares manejadas tanto por militares como por civiles.

En 1980, Jack Willis y yo produjimos Paul Jacobs y la pandilla nuclear para la Red de televisión pública. Nuestro documental mostraba como los funcionarios de gobierno y los expertos en asuntos nucleares coluden para encubrir su incumplimiento de la promesa de producir energía nuclear “barata, segura y limpia”.

Jacobs, un reportero que no fumaba, cubrió las noticias relacionadas con la energía nuclear desde 1950. En 1977, Jacobs fue diagnosticado con cáncer del pulmón, lo que sus doctores atribuyeron a que había respirado partículas de plutonio mientras presenciaba pruebas atómicas conducidas por el gobierno. Jacobs escuchaba con escepticismo las aseveraciones del gobierno en el sentido de que los niveles de radiación cerca del sitio de pruebas en Nevada eran benignos. Seguir leyendo “La pandilla nuclear cabalga otra vez”

Venezuela: el necesario debate ideológico para consolidar el proceso

Aram Aharonian

Sur y Sur

Los izquierdistas-progresistas-revolucionarios latinoamericanos hemos recitado durante unas tres décadas epítetos contra el neoliberalismo, en general cayendo en la trampa de asumir que sólo se trata de políticas económicas. Pero, realmente es una ideología aún imperante como forma de estructuración del pensamiento, como cultura y como forma de vida, que se ha hecho demasiado peligrosa por su imposición como si fuera objetiva, seudo neutral, una no-ideología.

Y, lamentablemente, seguimos repitiendo que la que se nos impone desde el Norte es la única forma civilizada de convivencia para hombre y mujeres modernos en un mundo globalizado. Sigue siendo la ideología hegemónica, con la que nos bombardean diariamente a través de los medios masivos (y comerciales) de comunicación social, los documentos de centros académicos de las metrópolis, la publicidad y la cultura de masas o entretenimiento.

Porque vivíamos ¿felices? sabiendo que nuestra meta era consumir, que había llegado el fin de la historia y de las ideologías y de las metrópolis pensaban por nosotros, que el 12 de octubre había que celebrar el descubrimiento de América. Por eso no debiera llamar la atención que las soluciones que se buscan –por ejemplo para enfrentar la crisis financiera- vengan del propio neoliberalismo, obviando el hecho real de que la crisis es del capitalismo, es de la ideología neoliberal.

Y es cuando ese aparataje de propaganda califica, precisamente, de “ideología” a toda propuesta diferente, alternativa, al modelo capitalista, a su forma de estructuración del pensamiento único, a su cultura, a su modus vivendi, a su sistema de dominación.

Hay que tener en cuenta que la batalla de las ideas la vamos perdiendo por goleada: como 40 a 0. La hegemonía ideológica sigue siendo total. Está en manos del enemigo, que nos ha impuesto (no a nosotros, a casi todo el mundo) su estilo de vida. El capitalismo y el neoliberalismo no se terminan con esta crisis y mucho menos si no trabajamos en ideas, en proyectos alternativos.

En Venezuela, los partidos políticos fueron suplantados por los medios privados, que hoy quisieron –y quieren- también sustituir a los poderes públicos con un golpe mediático.

En el golpe de abril de 2002 primero, y en la impunidad en la que navegaron después, fueron cómplices los dueños de los monopolios de la comunicación – propietarios de los medios de producción material, también son dueños de los de producción intelectual- pero también los funcionarios que debían controlar el cumplimiento de las leyes.

Manipulación de paradigmas

Hay que terminar con los viejos paradigmas impuestos por las elites intelectuales y económicas y comenzar a comprender que todo hecho periodístico pertenece al escenario del debate y de la puja en torno al poder, porque lo defiende, lo avala, lo sustenta o lo justifica, o porque lo cuestiona y hasta trabaja para su destrucción, para su reemplazo o para su modificación sustancial.

La práctica periodística pertenece al terreno de la disputa por el poder y del poder, y eso ya lo decía Lenin, al referirse a la naturaleza, el rol y la organización de la prensa y la propaganda revolucionarias. El discurso académico y periodístico del bloque de poder es expresado por los grandes medios corporativos y los grandes centros de

estudios, en especial estadounidenses, con sus think tanks y sus usinas de papers– y sus repetidoras locales. Seguramente ellos lo negarán y se horrorizarán, pero el periodismo forma parte del concepto genérico de propaganda, y se define por una metodología y un conjunto de técnicas propias.

Es propaganda objetiva, basada en hechos susceptibles de ser constatados y confirmados en su objetualidad y veracidad por las llamadas fuentes, sean éstas directas,

indirectas, testimoniales o documentales. La dicotomía objetividad-subjetividad, no solo es insuficiente sino errónea.

El periodismo no tiene otra alternativa que ser objetivo, en el sentido de referencia; es decir, basado en hechos susceptibles de ser confirmados y constatados a través de fuentes directas o indirectas, testimoniales o documentales. El periodismo subjetivo simplemente no es periodismo, sino que pertenece a la propaganda en sentido amplio.

Así como la objetividad es un componente del hecho periodístico, éste será necesariamente parcial, como lo es toda actividad humana desde el punto de vista cultural antropológico, y entendida esa parcialidad como asunción de una posición propia del periodista y/o del medio, ante el complejo y multifacético entramado de hechos sobre los que trabaja la práctica periodística.

El hecho periodístico debe ser necesariamente objetivo y es necesariamente parcial, y sostiene que el periodismo y la práctica periodística forman parte de la puja por el poder, ya sea para construirlo o defenderlo, ya sea para modificarlo en su tipo o naturaleza. En esa dialéctica se apoya el discurso periodístico del bloque de poder neoliberal para incurrir entonces en un “error” deliberado –en un alejamiento del concepto de objetividad respecto de su necesaria referencia a hechos comprobables–, al convertir su parcialidad en objetividad, al convertir su propia parcialidad (discurso de clase o de grupo) en objetividad (en discurso universal).

Si no entendemos esto, seguiremos trabajando junto al enemigo, con el enemigo. Y así el imaginario colectivo seguirá siendo alimentando por las usinas de la desinformación del enemigo. Comunicacionalmente, este proceso ha sido permanentemente reactivo, adaptativo a la agenda del enemigo. Incluso ha visibilizado hechos –como la asamblea de la SIP, la visita de la recalcitrante ultraderecha vargallosista- que hubieran pasado inadvertidos si no fuera por la beligerancia dada por funcionarios del gobierno, creyendo, además, que una reunión de periodistas y/o intelectuales de izquierda,

acarreados, emparejaba el partido…

Los imperios insistieron en dividirnos para dominarnos y hoy agitan e inventan secesionismos para terminar de subordinarnos. No hay Revolución que no haya sido impugnada por el bloqueo, la intervención externa y la contrarrevolución interna. Pero se confunden los escenarios donde trabaja el enemigo, que van desde el magnicidio hasta la implosión del bolivarianismo, de la cooptación de cuadros intermedios a la resistencia social y estudiantil.

Además, en el proceso venezolano se suma la invasión del paramilitarismo. Es necesario crear sentido de Nación, lo que se hace difícil sin interrelación, concertación, negociación, no con la oposición (que representa a buena parte del país) sino con el gobernador, alcalde, ministro del mismo partido.

El debate ideológico

Miguel Pérez Pirela señala que “lo grave no está, como suelen decir nuestros intelectuales de izquierda, en que se están invirtiendo sumas astronómicas para salvar a los culpables de la crisis neoliberal. Lo grave está en que el mundo se cae financieramente y, al mismo tiempo, sigue fuerte la ideología que, en forma de cultura, educación, arte, política, deporte, belleza, y pare usted de contar, nos trajo hasta este despeñadero. Por ello es urgente preguntarse: ¿qué se está haciendo en la Venezuela de hoy día para cambiar dicha ideología dominante?”

No es de extrañar que la ideología neoliberal siga trabajando, siga alienando a través no solo de los medios de comunicación comerciales, sino también a veces de los medios públicos que no entendieron que se trata, ante todo, de una guerra ideológica, y siguen copiando los modelos y formatos, del enemigo. O sea que mientras la ideología neoliberal sigue trabajando en todos los terrenos y con todos los medios, las formas alternativas de pensamientos, los que profesan (no los que declaman) otras ideologías no hacen su labor.

La derecha ha creado el mito, un verso por demás falso, de que la Revolución no tiene intelectuales. Y lo peor de ésto, es que este mito ha sido creído, asumido por algunos dirigentes del proceso, que piensan que –cuando les son funcionales-es más fácil importar intelectuales del extranjero-…. El principal problema que tenemos los latinoamericanos es que hemos estado ciegos de nosotros mismos: siempre nos hemos visto con ojos extranjeros. Y lo seguimos haciendo: copiando formas y contenidos.

Seguimos colonizados.

La verdadera intelectualidad siempre ha estado con la Revolución; es hora de que la Revolución verdaderamente esté con su intelectualidad. Sin ideología, la Revolución es pasto de oportunistas y mercaderes. En una comunidad me plantearon una preocupación: la cuestión no es sólo la eventualidad de un chavismo sin Chávez, sino también la de un Chávez sin chavismo. Desde 2006, se percibe una relación apenas mediática del líder con la masa y la intermediación cae en manos de quien no está capacitado ni elegido –muchas veces- para ello.

Toda revolución es preparada por vanguardias ilustradas. La guerrilla cultural, la resistencia cultural, que acompañó la lucha armada persistió durante la larga represión y mantuvo focos de contacto con los movimientos sociales. Por eso, el ataque más artero de la IV República fue para con los intelectuales, a los cuales se los intentó coptar (y en muchos casos se logró a través del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes), a algunos con bozales de arepa, a otros con bozales de caviar y whisky.

Difícil eso de dar la batalla cultural, sin ideas. Quizá más importante que la intelectualidad sean las ideas: producir sentido y no status. Las ideas no se producen, se debaten. Una pregunta me quedó en el tintero: ¿las ideas van delante o detrás del proceso?, ¿van delante o detrás del Partido? Lo más importante y hasta lógico es construir un proceso revolucionario a partir de las ideas.

Hablamos de coherencia: Dice Luis Britto que no hay revolución con bingo, ni socialismo con casino, ni comunismo con garito, ni liberación con ruleta, ni emancipación con traganíqueles, ni igualdad con corrupción, ni solidaridad con acumulación privada, ni ideología con tahures, ni Hombre Nuevo con nepotismo, ni antiimperialismo con narcotráfico, ni Utopía con crimen organizado.

Da lástima ver cómo se anuncia, hasta con orgullo, que la crisis no nos ha tocado, pues seguimos consumiendo. No, lamentablemente el neoliberalismo, como forma de pensamiento, como cultura, como modus viviendi, como ideología, sigue incólume en Venezuela.

De nada sirve tener medios nuevos, televisoras nuevas, si no tenemos nuevos contenidos, si seguimos copiando las formas y contenidos hegemónicos. De nada sirven si no creemos en la necesidad de vernos con nuestros propios ojos. Porque lanzar medios nuevos medios para repetir el mensaje del enemigo, para seguir siendo reactivos a las agendas informativa y política del enemigo, es ser cómplice del enemigo. Seis canales de televisión del Estado alcanzan un paupérrimo porcentaje de la audiencia, a diez años vista. Hay algo que estamos haciendo mal. Da para pensar.

Eleazar Díaz Rangel, director de Últimas Noticias, señalaba que no era nada bueno que la discusión previa al congreso ideológico del Psuv –pautado para agosto- se desarrollara en silencio, que sus documentos y propuestas no fueran divulgados. ¿Por qué tanto silencio si son cuestiones de interés que trascienden las filas organizativas de ese partido? Importa demasiado conocer cuál será la ideología del instrumento político fundamental de este proceso, indicaba el veterano periodista y docente.

Debiéramos estar transitando en una batalla de ideas, en una guerra cultural. La declamamos, pero no la transitamos. Ni se discutía sobre ideología entre las tantas corrientes de pensamiento de izquierda y/o progresistas -y el pueblo que milita en los batallones, en las bases- que hay en el país y que reclaman a voz en cuello ser partícipes de la discusión. Hasta que el Centro Internacional Miranda llamó a un encuentro de intelectuales comprometidos con la Revolución, para hablar de sus luces y sombras, de los caminos a recorrer. Para plantear la problemática, para buscar respuestas, edificar programas.

Y como siempre, hay quienes que creen que quien piense diferente o disienta, es un agente de la CIA o un contrarrevolucionario. Son quienes quieren sustituir el pensamiento único imperial por otro pensamiento único, los que le temen al debate, los que hablan en plural pero están más solos y desorientados que Adán en el Día de la M adre. Son aquellos que se apresuraron a calificar a quienes mostraron tener ideas de “chavistas sin Chávez”, “saltadores de talanquera”, “tapujos de socialistas pero antichavistas”, “aficionados de la política”, “irresponsables”, “infiltrados por los servicios oligarcas”, “de ideología pequeño burguesa”, “diletantes al servicio de los oligarcas”, entre otras cosas. ¡Qué buena oportunidad de, al menos, callarse la boca!

Decía el Che que lo único que se necesitaba para ser revolucionario era haber hecho la revolución…

Debemos desalambrar los latifundios mediáticos, dijimos cuando creamos Telesur. Pero debemos tener en cuenta, primero, que nos han convencido de que alternativo es sinónimo de marginal. Siempre nos han enseñado que podemos tener medios alternativos en nuestros pequeños nichos, pero si más del 93% de la audiencia está en manos de los medios de comunicación comerciales, difícilmente podamos siquiera combatir en esta batalla cultural.

Debemos comprender que la única forma de ser alternativos al pensamiento neoliberal, al mensaje y a la imagen únicos es creando medios masivos, que puedan dar voz e imagen a todos aquellos que durante más de cinco siglos no la tuvieron. Tenemos otras confusiones: qué es un medio del Estado, qué es un medio del gobierno, qué es un medio del partido. ¡Qué buenos sería que el Psuv tuviera si no un canal, horas de programación de información y formación de ciudadanía!

Dijimos que el satélite Simón Bolívar era la garantía de independencia comunicacional no sólo de Venezuela sino de América Latina. Hoy pareciera el secreto mejor guardado del Caribe.

Si seguimos creyendo que cultura es la mera expectación de los actos creativos de otro, seguiremos confundidos. Cultura es todo lo que lleve adelante los cambios estructurales de nuestras sociedades, en la construcción del hombre nuevo. Dentro de este cambio cultural, es imprescindible redundar el lenguaje, inventar nombres para lo nuevo en lugar de renombrar, repensar lo conocido.

Hace ya casi siete años, Question comenzó a ser plataforma del debate político e ideológico de una fuerza, de un proceso que se iba alimentando en la marcha. Hoy son varios los medios gráficos, cibernéticos, radiales (Temas, El Militante, Debate Socialista, radio Arsenal FM, Topo Obrero, el Grupo Patriótico Cagigal, Marea Socialista, Aporrea, entre tantos), hay diversas líneas dentro del sindicalismo y existen diversas tendencias con divergencias ideológicas, que no encuentran foros de debate de las ideas.

Obviamente, se debieran encauzar las discusiones hasta el congreso ideológico, sobre todo cuando los diversos sondeos realizados muestran divergencias grandes entre gente que se define o partidaria del Psuv o del chavismo. Más que divergencias, quizá, haya falta de coherencia, al decir de Díaz Rangel.

Uno de los temas de mayor divergencia es el de la propiedad privada de los medios de producción. Quienes se definen como marxistas consideran que en el socialismo sólo puede existir propiedad social, mientras otros hablan de la coexistencia de diversas formas (el proyecto frustrado de reforma constitucional garantizaba cinco formas de propiedad, incluida la privada), que no existían en los países socialistas del siglo pasado, pero que coexisten hoy en las “comunistas” China y Vietnam.

Para crear una nueva sociedad, la Revolución debe asumir todos los poderes y, sobre todo tocar, cambiar las relaciones sociales de producción, enfrentar a los grupos económicos hegemónicos y no apenas suplantarlos por nuevos grupos. Y, lamentablemente, se han desmantelado o cooptado –por el gobierno, por las instancias partidistas- los movimientos sociales, esos que en América latina representan hoy los propulsores del cambio, quizá, la única izquierda.

Hablamos de democracia participativa, que no es lo mismo que decir le participo que esto es una democracia. Es necesario colectivizar la decisión sobre cuál será la ideología del instrumento fundamental de la Revolución Bolivariana, abrirse al debate de las ideas para poder participar en la guerra cultural contra el bloque hegemónico, contra el pensamiento único, contra el capitalismo.