José Saramago: La caverna (descargar Libro)

 

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Una pequeña alfarería, un centro comercial gigantesco. Un mundo en rápido proceso de extinción, otro que crece y se multiplica como un juego de espejos donde no parece haber límites para la ilusión engañosa. Todos los días se extinguen especies animales y vegetales, todos los días hay profesiones que se tornan inútiles, idiomas que dejan de tener personas que los hablen, tradiciones que pierden sentido, sentimientos que se convierten en sus contrarios. Una familia de alfareros comprende que ha dejado de serle necesaria al mundo. Como una serpiente que muda de piel para poder crecer en otra que más adelante también se volverá pequeña, el centro comercial dice a la alfarería: «Muere, ya no necesito de ti».

El tema de la novela es el análisis que hace Saramago de la sociedad de hoy a la que considera “una realidad injusta y vergonzante”. Realiza una metáfora en la que el gran centro del que habla es el Occidente de hoy . Afirma que “en los centros comerciales, los estadios y las discotecas es donde las personas aprenden las normas de vida y todos esos lugares son cavernas cerradas”.

Libro tomado de: http://web.seducoahuila.gob.mx/

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Italia: Las patrullas de corte fascista ya están en las calles

InSurGente

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“No consentiremos que haya inmigrantes clandestinos que pululen por el barrio, los denunciaremos inmediatamente”, asegura a Público Augusto Caratelli, presidente del Comité de Defensa Roma Caput Mundi.

¿Años 30?

Caratelli dice que los Caput Mundi no suelen salir a patrullar en grupo por la noche, sino que han tejido una red de vigilancia “gracias a 250 voluntarios y 1.000 simpatizantes que, desde la ventana de sus casas o mediante paseos fijos, cotidianos vigilan cualquier movimiento sospechoso; es como si tuviéramos telecámaras en cada calle”. Para ello, no necesita permiso de ningún decreto, afirma, porque denunciar posibles ilegalidades “es un deber de todo ciudadano”. Se oponen a endosar el chaleco fosforescente previsto en el decreto “porque, si un anciano va a vigilar una escuela donde se reparte droga, es peligroso para él que se lo reconozca”. Seguir leyendo “Italia: Las patrullas de corte fascista ya están en las calles”

Vigencia de la edad media

Carlos del Frade 

APE

Un poco menos de sesenta años antes que Colón llegara a América, la palabra apareció en España. Eran tiempos de inquisiciones, de oscuridades, de los reyes Isabel y Fernando, cuando la conciencia estaba sumergida en el miedo impuesto por unos pocos.

Dicen los etimólogos que la palabra carcinoma apareció en el año 1438 entre los habitantes de la península.

Era sinónimo de cangrejo y se usó por comparación para designar el sentido de “tenaza, instrumento de tortura”.

De ese mismo vocablo derivó la palabra cáncer.

Y ambas fueron mezcladas por el hablar popular y terminaron provocando el nacimiento de la palabra cárcel.

Las cárceles, desde entonces, eran una permanente sumatoria de torturas y enfermedades mortales.

Las cárceles eran, en el origen de las palabras en el castellano, una enfermedad terminal, las cárceles eran el cáncer de la sociedad.

Una sociedad abría las rejas para inocular el cáncer a los que decidía castigar.

Las raíces de las palabras suelen explicar las lógicas de ciertas instituciones.

A pesar de que la Constitución Nacional hable de las cárceles como lugares para rehabilitar a los detenidos, la realidad histórica de las prisiones en la principal provincia de la Argentina devuelve los tiempos originales de la palabra.

“La tortura sigue siendo práctica generalizada en las cárceles provinciales. El submarino seco, los palazos, las golpizas, la picana eléctrica, los traslados constantes, las duchas o manguerazos de agua helada, el aislamiento como castigo, constituyen un muestrario de prácticas vigentes en cárceles provinciales”, sostiene el documento presentado por el Comité contra la Tortura de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires.

Allí se lee que durante el año 2008 murieron ciento doce personas, a razón de un muerto cada tres días.

Para el Comité, la política del Ministro de Seguridad de Buenos Aires, Carlos Stornelli, “representó un retroceso. Los resultados de esa política fueron el uso cada vez más extendido de prácticas arbitrarias como las torturas, suicidios sospechosos en comisarías y un nuevo caso de desaparición forzada de persona: el joven Luciano Arruga, de 17 años, que fue visto por última vez en una comisaría de Lomas del Mirador”.

Otros datos del informe revelaron que casi la tercera parte de las muertes fue causada por peleas, asesinatos, heridas de arma blanca, electrocución y suicidio por ahorcamiento.

El Comité destacó el incremento de la cantidad de mujeres detenidas y acusadas por tenencia simple de drogas.

Pero quizás el dato de mayor profundidad es que se registraron 19 hechos violentos por día.

Una clara demostración que en las cárceles de la provincia de Buenos Aires se hace realidad la etimología del término.

Son lugares que multiplican la tortura y se convierten en enfermedades terminales para los que pueblan sus espacios.

La edad media está vigente en pleno siglo veintiuno. 

Nota relacionada:

Situaciones extremas en el sistema carcelario  

¿Qué busca Israel en Estados Unidos?

José Steinsleger

La Jornada

El genocidio palestino en Gaza, la llegada al poder de un régimen de ultraderecha y el cambio de administración en Washington han puesto en serias dificultades a Israel. En Europa, las pérdidas a raíz de los boicots portuarios ascienden a 21 por ciento de las exportaciones, y en países árabes aliados de Estados Unidos, como Egipto y Jordania, crecen los obstáculos para el flujo normal de sus inversiones y mercaderías.

Necesitado de socios comerciales, el gobierno del premier Benjamin Netanyahu dispuso en los últimos días de julio que el impresentable Avigdor Lieberman, ministro de Relaciones Exteriores, emprendiera una gira por cuatro países estratégicos de América del Sur: Brasil, Argentina, Perú y Colombia.

Lieberman fue recibido por el presidente Lula, uno de los pocos gobernantes del mundo que apoyaron a Mahmud Ahmadinejad frente a las denuncias de fraude en las pasadas elecciones iraníes. Mohsen Shaterzadeh, embajador de Teherán en Brasilia, aprovechó la ocasión para advertir al visitante que Brasil se caracteriza por “… una diplomacia fuerte y altiva y que no es influenciable por las ideas de un país pequeño, racista y que no es reconocido por todo el mundo” (Página 12, 22/7/09).

Valter Pomar, secretario de Relaciones Exteriores del Partido de los Trabajadores (oficialista, PT), calificó a Lieberman de “racista y fascista”. En cambio, el presidenciable de derecha José Serra, gobernador de Sao Paulo, lo agasajó con una comida que tuvo lugar en la poderosa Federación de Industrias del estado brasileño. Por fin, negocios son negocios: Brasil, que en los pasados seis años aumentó en 50 por ciento el presupuesto militar, compró a Israel ocho aviones no tripulados “para vigilar las fronteras”. En tanto, organismos de derechos humanos de Rio de Janeiro pedían a las autoridades que dejasen de usar el Caveirao, mortífero vehículo blindado que en los territorios ocupados mata indiscriminadamente a los palestinos, y en las calles cariocas intimidan las manifestaciones políticas.

En Argentina, donde el peso electoral del sionismo y la fuerza del American Jewish Committee consiguieron que el gobierno torciera nuevamente el curso de las investigaciones destinadas a esclarecer los atentados dinamiteros contra la embajada de Israel y la mutual judía AMIA (1992/1994), Lieberman fue recibido por el canciller Jorge Taiana, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli; el jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, y la Unión Industrial Argentina.

El intercambio argentino-israelí se ubica en cuarto lugar después de Brasil, Colombia y México. No obstante (y a despecho de la opinión de miles de judíos antisionistas que repudiaron la presencia del funcionario israelí), Tel Aviv cuenta con poderosos aliados entre la alta y mediana burguesía argentina, a los que ahora hay que sumar a la novel Asociación de Amigos de los Soldados de Israel, fantasmagórico sello político que acaba de constituirse con la presencia en Buenos Aires del general (R) Yitzhak Gershon.

En Perú, Lieberman empezó a relajarse. Una semana antes se había visto con el ex presidente peruano Alejandro Toledo, quien declaró en Jerusalén lo que un político correcto debe declarar: que las relaciones entre Irán y Venezuela, y gobiernos como el de Bolivia, Venezuela y Nicaragua representan “una amenaza” para América Latina.

La amistad de Toledo con Shimon Peres, presidente de Israel, permitió el blanqueo de los escándalos financieros con los papeles de la deuda externa peruana durante el primer gobierno de Alan García (1985-90). Así como después, progresivamente, se silenció el contrabando de armas llevado a cabo por Vladimiro Montesinos (jefe de seguridad del ex presidente Alberto Fujimori, 1990-2000, actualmente en prisión) y sus socios israelíes Illan Weil, Roni Lerner y Moshe Rotschild.

Los principales bancos en los que Montesinos depositaba su dinero eran el Fibi Bank y Leumi Bank, una de las entidades financieras más poderosas de Israel, con tantas oficinas como el Banco de Crédito del Perú. Pero después, asesorado por sus propios “gurús” (el magnate peruano Yosef Maiman, el empresario israelí Adam Pollak y el especulador húngaro George Soros), Toledo organizó la famosa y ridícula Marcha de los Cuatro Suyos contra las pretensiones releccionistas de Fujimori (julio 2000).

Todo quedó en familia. El general Walter Ledesma (ministro de Defensa de Fujimori) solía decir que los militares israelíes “… son más devotos de la eficacia que del saludo militar y las condecoraciones y los desfiles”. Al asumir el mando, Toledo anunció la restructuración de las fuerzas armadas, nombrando en la cartera al parlamentario David Weisman, mientras Jacques Rodrich, un diputado de su movimiento Perú Posible, juraba el cargo en hebreo (julio 2001). Invitado de honor: Shimon Peres.

Lieberman conoció la hipócrita sonrisa del presidente Alan García (genocida de indígenas y presos políticos), la del servil canciller José A. García Belaúnde y la del presidente del Congreso Luis Alva Castro. El municipio de Lima lo ungió como “huésped ilustre”.

 

Afganistán: elecciones y ocupación

Editorial de La Jornada

Las elecciones presidenciales y provinciales que se celebran este jueves en Afganistán tendrán como telón de fondo una nueva oleada de violencia y confrontación bélica que ayer se expresó en atentados cometidos por insurgentes talibanes: por la mañana, en Kabul, un ataque con misiles contra un edificio presidencial dejó al menos 10 heridos; horas después, la explosión de un coche bomba en la concurrida carretera de Jalalabad, cerca de una base militar estadunidense, mató al menos a una decena de personas e hirió a otro medio centenar; un ataque kamikaze perpetrado en la provincia de Uruzgán, en el centro del país, dejó tres soldados y dos civiles muertos, mientras que en la provincia de Badajshán, ubicada al norte, en una región por lo general tranquila, otro atentado cobró la vida de cuatro personas más.

El contexto descrito plantea severos cuestionamientos sobre la viabilidad de unos comicios cuya realización ha sido amenazada por las milicias talibanas y aporta indicios adicionales del carácter insostenible de la ocupación que Washington y sus aliados mantienen desde hace ocho años en la nación centroasiática. Sin embargo, a pesar de estos elementos, los gobiernos occidentales se niegan a dar marcha atrás en una agresión bélica que resulta tan colonialista, ilegal e inmoral como la que George W. Bush emprendió en Irak en 2003: anteayer, durante una reunión con veteranos del ejército, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó que la victoria sobre la insurgencia islámica en Afganistán “no será rápida ni fácil”, pero que la guerra en ese país es “por necesidad”.

Contrario a lo que afirma el mandatario estadunidense, la perpetuación de la injerencia militar extranjera no resolverá el caos ni la creciente conflagración que se viven en Afganistán, país que ha sido objeto de la agresión y ocupación constante de potencias extranjeras durante las últimas tres décadas; por el contrario, plantea el riesgo de que la coalición militar encabezada por Washington se enfile a una derrota mayúscula en los terrenos político, militar y económico, como la que en su momento sufrieron las tropas soviéticas en la nación centroasiática y como la que ha venido experimentando Estados Unidos en Irak. Además, y a contrapelo de lo dicho ayer por el mandatario estadunidense, con la continuación de la guerra en territorio afgano difícilmente se podrá “garantizar la seguridad” de Washington y sus aliados: por el contrario, la permanencia de soldados de las naciones invasoras acentuará y extenderá en la región y en el resto del mundo islámico manifestaciones de encono antiestadunidense, como las que dieron origen a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en las Torres Gemelas y el Pentágono.

Por lo demás, a ocho años de iniciada la invasión a Afganistán, y a cinco de las primeras elecciones presidenciales en ese país, ha quedado de manifiesto que la solución a los problemas que enfrenta la sociedad afgana no pueden venir de comicios realizados bajo estado de sitio y ocupación: estas condiciones han impedido la participación electoral espontánea y genuina, y han derivado en el arribo de gobiernos títeres, como el actual de Hamid Karzai –el candidato que encabeza, por cierto, las preferencias electorales–, sin que ello haya implicado un cambio de fondo en las bárbaras normativas legales prevalecientes hasta antes de la caída del régimen talibán, a finales de 2001: muestra de ello es la Ley de la Familia Chií, aprobada el pasado 16 de agosto, que permite, entre otras cosas, que los hombres chiítas nieguen la alimentación a sus esposas si éstas se resisten a mantener relaciones sexuales por lo menos una vez cada cuatro días.

Ante este panorama, resulta desolador que un personaje como Obama, de quien cabe suponer mucha mayor inteligencia que su antecesor, no sea capaz de percibir que la ocupación militar de Afganistán no ha dejado nada bueno para esa nación y que constituye, además, una trampa indeseable para su propio gobierno. Es necesario, pues, que el actual ocupante de la Casa Blanca abandone la lógica militarista y el espíritu unilateral que prevalecieron durante la pasada gestión estadunidense y entienda que la presencia de sus tropas en territorio afgano representa, en la circunstancia actual, un lastre fundamental para lograr la pacificación, la democratización, la secularización y la vigencia de las libertades básicas en aquel país: tales procesos deberán ser realizados por los propios habitantes y a Occidente le corresponde impulsarlos por medios distintos y menos bárbaros que la ocupación militar y los bombardeos de combatientes enemigos y de civiles, frecuentemente masacrados por un poderío bélico que se presenta como “inteligente”.

 

“Democracia” de ocupación: El show de las “elecciones libres” en Afganistán

IAR Noticias

 

Afganistán, un país invadido y ocupado militarmente desde hace ocho años, con más de 200.000 cipayos colaboracionistas afganos y 100.000 soldados extranjeros desplegados en la guerra de ocupación contra los rebeldes del Talibán, celebra elecciones “libres y democráticas” (a decir del Departamento de Estado USA) el jueves. Esta farsa (que la prensa del sistema ni siquiera analiza), ya repetida en Irak y en otros teatros de masacre y de ocupación militar, pone al descubierto la impunidad del invasor imperial que convierte al país ocupado en un show grotesco con los propios verdugos colaboracionistas convertidos en “candidatos” electorales.

Grotesco electoral: marketing y campañas.

“Si la guerra de 1999 contra Yugoslavia fue la primera operación “fuera del área” de la OTAN –es decir, fuera de Norteamérica y de aquellos países de Europa que participan en la Alianza– la guerra en Afganistán marcó la transformación de la OTAN en una maquinaria bélica global”, señala Rick Rozoff en un articulo para Global Research.

Por su parte, el secretario general de la OTAN Fogh Rasmussen afirmó que, a pesar de que se está pagando “un precio elevado” en vidas, espera que se entienda que estas pérdidas tienen lugar en “una causa vital” para la seguridad de los 42 países que contribuyen a ISAF (Fuerza de Asistencia Internacional para la Seguridad de la OTAN).

Rasmussen recalcó que prevenir el retorno del “terrorismo” a Afganistán es una cuestión “crítica”, y señaló que el trabajo de los miembros de la fuerza internacional está centrado desde hace semanas en las elecciones presidenciales y provinciales del próximo jueves.

Tanto EEUU como la OTAN justificaron un aumento de soldados invasores en Afganistán en los últimos días argumentando que se trata de un esfuerzo para asegurar que las elecciones en ese país se realicen sin interrupción o sabotajes por parte de los rebeldes talibanes.

De manera tal, que los comicios del jueves se van a realizar con más presencia de tropas, tanques y otros vehículos blindados, helicópteros artillados, aviones de guerra y en medio de una ofensiva militar en gran escala contra los talibanes que ya amenazan a la capital, Kabul.

Tras los atentados del 11-M, en el 2001, la administración Bush invadió Afganistán contando con el apoyo de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), lo que -a diferencia de Irak donde la organización no actúa- supuso a posteriori para la organización atlántica, un involucramiento directo en la “guerra contraterrorista” de Bush en el país ocupado.

A lo largo de casi 6 años de ocupación las tropas conjuntas de la OTAN y EEUU aún no han podido controlar a la guerrilla talibán que en los últimos meses lanzó una feroz contraofensiva que ya causó enormes bajas y daños a las fuerzas ocupantes y posicionó a la resistencia en el control de la mayoría del territorio afgano.

ISAF: la presencia de las tropas invasoras.

La estrategia de conquista capitalista y militar que Bush y los halcones imperiales lanzaron detrás de la pantalla de la “guerra contraterrorista”, emergente del 11-S, comienza claramente a resquebrajarse en Afganistán donde la resistencia talibán y los muertos estadounidenses y europeos crecen en simétricas proporciones.

Las bajas de las tropas internacionales -sobre todo estadounidenses y británicas- han alcanzado cifras récord desde julio, tras la puesta en marcha de operaciones para terminar con la resistencia en el sur afgano, bastión de los rebeldes talibanes.

De acuerdo con un informe de la Misión de Asistencia de Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) 1.103 civiles murieron en el conflicto armado durante los seis primeros meses de 2009, un incremento de un 24% con respecto a 2008. La cifra en el mismo periodo durante 2008 fue de 818 personas muertas mientras que en 2007 la represión imperial se cobró 684 vidas.

Como es de uso, en la prensa internacional nadie se pregunta lo obvio: ¿Cómo se pueden realizar elecciones “democráticas” en un país ocupado y masacrado militarmente desde hace ocho años?.

El imperio estadounidense y sus socios en la ocupación (la OTAN y las potencias centrales) llegan al máximo nivel de alienación y de demencia: Hacer “votar libremente” a un pueblo conquistado, masivamente pobre e ignorante, cuya única motivación diaria es el sufrimiento, la guerra y la muerte.

Esta farsa (que la prensa del sistema ni siquiera analiza), ya repetida en Irak y en otros teatros de masacre y de ocupación militar, pone al descubierto la impunidad del invasor imperial que convierte al país ocupado en un show grotesco con los propios verdugos colaboracionistas convertidos en candidatos electorales.

El grotesco electoral está dotado de marketing y de encuestas. El “favorito” en los sondeos es el presidente títere saliente, Hamid Karzai, llevado al poder por la coalición invasora internacional liderada por EEUU que a finales de 2001 derrocó al régimen talibán, y elegido en los primeros “comicios” del país ocupado, en 2004.

Pero sus principales “rivales” electorales, empezando por su ministro de Relaciones Exteriores, Abdulá Abdulá, realizaron rutilantes (y grotescas) campañas como si estuvieran en Europa o EEUU, de la que se ocuparon no menos grotescos y absurdos “analistas” que se encargaron de proyectar sus performances en las urnas.

En medio de las bombas, los atentados diarios Abdulá cerró su campaña el lunes por la mañana con un espectacular mitin en el estadio de Kabul, ante más de 10.000 personas con gorras azules que enarbolaban la bandera de su partido y coreaban su nombre, mientras la prensa realizaba la cobertura “informativa” del acto como si estuviera en París o en Nueva York.

Según relata Reuters, hasta un helicóptero de combate (distraído de los ataques a poblaciones civiles) sobrevoló el estadio y lanzó miles de panfletos con la foto de Abdulá y papeletas con el nombre del candidato marcado para ayudar a una gran mayoría de votantes analfabetos. “¡Compatriotas!, Despertad, es hora del gran cambio”, rezaba el panfleto, escrito en los tres idiomas mayoritarios en el país.

Es más, y al mejor estilo de una democracia del “primer mundo” tampoco faltó el show del “debate” televisado durante el cual Karzai fue criticado por sus rivales que centraron sus dardos en la “corrupción” imperante en su gobierno abocado a gerenciar la ocupación militar y a legitimar la presencia de las tropas invasoras.

“La logística de las elecciones presidenciales y provinciales del jueves es una pesadilla para las autoridades afganas, que en plena guerra con los talibanes deben transportar el material de votación en helicópteros y burros a remotas regiones montañosas”, señala este martes (sin ningún comentario) la agencia AFP.

Según la agencia, las segundas elecciones presidenciales por sufragio universal en la sangrienta historia de este país costarán 223 millones de dólares, financiados por los países implicados en la ocupación de Afganistán.

Una parte del presupuesto se destinará al transporte del material electoral a las casi 7.000 oficinas de voto, algunas de las cuales están ubicadas en profundos valles, en abruptas montañas o en zonas infestadas de rebeldes talibanes que intentan boicotear la farsa.

Afganistán sufre de una pobreza extrema, y en 1995 ocupó el puesto 192º entre 192 en el ranking de países según el consumo de calorías de su población. Millones de personas carecen de alimentos, vivienda, asistencia sanitaria y educación, y más de dos tercios de la población viven con menos de dos dólares al día.

En general, la economía afgana tiene muy bajo desarrollo debido a la situación de dominación militar y de guerra permanente, a la existencia de un gobierno colaboracionista con el invasor y a la fragmentación de la sociedad en grupos tribales empobrecidos.

Con una alta tasa de enfermedades provenientes de la desnutrición, la población del país asciende a 26.000.000 de personas, cuya esperanza de vida es de 47,3 años.

Entre 1979 y 2000 una tercera parte de su población abandonó el territorio, huyendo de la guerra, estimándose que son cerca de seis millones los refugiados afganos establecidos en Pakistán e Irán.

Planteado el “escenario electoral” del próximo jueves, tres helicópteros, unos 3.000 vehículos y 3.000 burros, caballos o mulas entregarán millones de papeletas, toneladas de lapiceros y el material necesario para el desarrollo de la votación, según las autoridades electorales.

Que las propias fuerzas colaboracionistas o las tropas invasoras (que masacran a diario población civil, incluidos mujeres, niños y ancianos) transporten las urnas a lomo para a hacer “votar libremente” a personas desposeídas que ni siquiera saben leer y escribir, demuestra que el “sistema democrático” imperial se ha salido de los marcos de una estrategia de “dominio sin las armas” para convertirse en una enfermedad mental trasmitida por el sometedor al sometido.

“Afganistán es un país (…) que intenta reponerse de casi tres décadas de guerra”, justifica Aleem Siddique, portavoz de la Misión de Naciones Unidas para Afganistán (UNAMA), que ayuda al país ocupado a organizar las elecciones y “legitimar” internacionalmente la farsa.

“Repartir material electoral confidencial es un verdadero desafío en este ambiente”, asegura como si Afganistán fuera una país más del patio trasero latinoamericano.

Otro “desafío” es “hacer tomar conciencia a la numerosa población analfabeta de la importancia de las elecciones y explicar cómo funciona el proceso electoral”, añade con total impunidad el demente Siddique.

Más allá de toda consideración política o estratégica del escenario de ocupación militar, el sólo hecho de que los afganos vayan a “elegir democráticamente” en una urna, a quien los gobernará, es una soberana bofetada a la lógica y a la inteligencia humana.

Que el imperio capitalista (con EEUU y la UE a la cabeza) exporte “sistema democrático” con “elecciones libres” a un país empobrecido y oprimido militarmente es una señal -o por lo menos un síntoma- de que la sanidad mental de los invasores ha tocado niveles extremos de decadencia y deterioro mental.

Y en medio de esa maraña, entre la demencia “democrática” y la criminalidad de los invasores “globales”, los talibanes ya proyectan su sombra combatiente y fundamentalista sobre Kabul.