Cultura, política y sociedad Perspectivas latinoamericanas.(Descargar Libro)

cultura-politica-y-sociedadDaniel Mato

CLACSO  http://www.clacso.org.ar/ , Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 2005.

ISBN: 987-1183-27-5

Colección Grupos de Trabajo

Descriptores Tematicos: cultura; politica cultural; sociedad; memoria; globalizacion; movimientos sociales; intelectuales; artes; america latina; estados unidos

 INDICE

  • Presentación y reconocimientos 
  • Parte I Reflexiones conceptuales
  • ¿Integrarse o subordinarse? Nuevos cruces entre política y cultura
  • Post-imperialismo: para una discusión después del post-colonialismo y del multiculturalismo
  • Definiciones en transición
  • “Só a antropofagia nos une”
  • Cultura, comercio y globalización
  • Fronteras, estados e identificaciones en el Cono Sur
  • Des-fetichizar la “globalización”: basta de reduccionismos, apologías y demonizaciones; mostrar la complejidad y las prácticas de los actores
  • Parte II Políticas culturales
  • Políticas de multiculturalidad y desubicaciones de lo popular
  • El desafío de las políticas culturales en la Argentina
  • Parte III Memoria y política
  • Exclusión, memorias y luchas políticas
  • La dramatización social y política del imaginario popular: el fenómeno del bolivarismo en Venezuela
  • Parte IV Música y teatro
  • El debate sociedad-comunidad en la sonoridad. El desafío de las músicas “mulatas” a la modernidad eurocéntrica convencional
  • “O Haiti é aqui / O Haiti não é aqui”: música popular, dependência cultural e identidade brasileira na polêmica Schwarz-Silviano
  • Poder e cultura: as lutas de resistência crítica através de duas experiências tetarais
  • Parte V Movimientos sociales
  • Movimiento indígena ecuatoriano: construcción política y epistémico
  • Encuentro y desencuentros de los “saberes” en torno a la africanía “latinoamericana”
  • Los feminismos latinoamericanos en su tránsito al nuevo milenio. Una lectura político-personal
  • Parte VI América Latina y Estados Unidos
  • “Ninguna de las anteriores”: (dis)continuidades conceptuales sobre identidad nacional en el caso de Puerto Rico
  • Cultura, poder e identidad: la dinámica y trayectoria de los intelectuales chicanos en los Estados Unidos
  • Parte VII Prácticas intelectuales en tiempos de globalización
  • Globalización académica, estudios culturales y crítica latinoamericana
  • Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder
  • Anexo. Índices de los libros de procedencia

 

Cultura, política y sociedad Perspectivas latinoamericanas

(antología)

Daniel Mato (compilador)

Este libro reúne un conjunto de ensayos escogidos de entre los casi sesenta incluidos en los tres primeros volúmenes publicados como resultado de la labor del Grupo de Trabajo (GT) Cultura y Poder de CLACSO. Este GT fue creado en 1999 con el nombre de Cultura y Transformaciones Sociales en Tiempos de Globalización, bajo el cual realizó sus primeras dos reuniones. Como resultado de la segunda reunión, realizada en 2000, el GT cambió su nombre por el de Cultura y Poder, bajo el cual continuó trabajando desde entonces. Los artículos incluidos en dichos libros –entre otros, los que forman parte de esta antología– constituyen versiones revisadas de las ponencias presentadas en las tres primeras reuniones del GT, en las cuales participaron unos cincuenta colegas, provenientes de diez países latinoamericanos.

A partir de aproximaciones teóricas diversas, los veintiún ensayos reunidos en este volumen abordan el estudio de aspectos culturales de los procesos sociales contemporáneos, de manera articulada con el de significativos aspectos políticos, económicos, sociales y comunicacionales de los mismos. Los análisis ofrecidos en estos ensayos comparten una orientación general a prestar especial atención a las prácticas de los actores sociales, situados en los contextos institucionales y sociales en que estos se desenvuelven.

Estos ensayos ofrecen reflexiones conceptuales y estudios de caso acerca de cultura y política, exclusión, memoria y luchas políticas, imaginarios populares y movimientos políticos, identidades, movimiento indígena, movimiento de afrodescendientes, movimiento feminista, teatro y movimientos sociales, políticas culturales, multiculturalismo, interculturalidad y saberes, globalización, fronteras, música y sociedad, industrias culturales, consumo cultural, cultura y comercio, cultura popular, identidad puertorriqueña y relaciones con EE.UU., intelectuales chicanos en EE.UU., globalización académica y relaciones de poder, prácticas intelectuales, entre otros temas significativos.

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¿El fin de la fantochada?

Eduardo Aliverti

Página/12

 

Es un tema tan complicado, vistos los negocios, personajes, demagogias y pasiones circundantes, que, aun alcanzando cierto equilibrio analítico, muy probablemente uno termine pegado a quienes no quiere.

La rescisión del contrato entre la AFA y Clarín, de acuerdo con las cifras astronómicas en juego según lo que significa el fútbol en este país, es un hecho espectacular. Desde lo operativo y desde lo simbólico. De esa coctelera quedan vertidos el grupo mediático más poderoso que haya habido nunca, en confrontación abierta contra el Gobierno. La entidad que también lucra con la pasión más fuerte de los argentinos. La batalla ya personal que libran los Kirchner contra el Grupo. El modo en que eso se traduce en toda la información significativa que circula, porque ya casi no hay ni selección noticiosa, ni título ni copete, ni tono locutoril ni cobertura especial, ni opinión ni nada de nada, que no esté regenteado por el clima bélico entre el Gobierno y Clarín y, de ahí para abajo, en cómo se posiciona el resto frente a eso. Y, claro, las pirañas mayores y menores que ya intentan colocarse en la mejor ubicación para sacar tajada del nuevo escenario. En otras palabras, es incontrastable que estamos ante uno de los episodios políticos más pomposos de los últimos tiempos. A algunos o muchos les cuesta digerir que sea así, en el entendimiento filosófico, digamos, de que todo lo que rodea al fútbol es una variante del opio de los pueblos. Pero, aun cuando se lo considere un juicio respetable, convengamos que resulta definitivamente hippie apenas se lo coteja con que hablar de esto es hacerlo sobre el Poder. Así, a secas y con mayúscula.

Más luego, empecemos por la descripción del problema, del brete, a partir de su conclusión. Lo primero, como bien señaló un colega, es que Grondona lo hizo. Resulta que la fantasía nunca jamás consumada no ya de tocarle las posaderas a Clarín, sino de someterlo directamente a un procedimiento proctológico que afecta –confiesan en voz bajísima desde dentro del Grupo– un tercio de sus ingresos totales, viene a consumarla Grondona. Así es. Señoras y señores: ni Carta Abierta, ni dirigente político alguno, ni la suma de todos los intelectuales y luchadores sociales y colectivos gremiales o profesionales, ni los congresos ni debates ni mesas redondas acerca del papel de la oligopolización periodística en la construcción del sentido común a partir de los intereses corporativos del “partido” de poder más importante de la Argentina. No, no y no. Lo hizo Julio Grondona. El Padrino. El tipo que les parió un negocio que debió ser inconcebible en cualquier tiempo y lugar. El negociado, qué tanta vuelta, de empezar con cuatro cámaras para transmitir partidos en exclusividad, y terminar codificando el ardor popular a cambio de una escala de dos mangos con cincuenta para la AFA y los clubes; y de la pleitesía que le rindieron y rinden la manga de corruptos enquistados en la inmensa mayoría de esos clubes. ¿Qué hago?, dice uno entonces. ¿Me estampo al lado de estos tipos, de esta cuasi mafia, en canje por la satisfacción de que Clarín quede groggy? ¿O a mi pesar quedo sumado al cinismo de esa derecha execrable que acaba de descubrir la pobreza y el cómo puede ser de su pulular mientras hay plata para el fútbol? Porque al margen de que lo diga la derecha y dé asco, suena muy feo, cómo que no, que haya tanta energía para arreglar los dramas futbolísticos y no tanta, o poca o ninguna, para corregir los sociales. Suena así, a pesar de que ese negocio fabuloso que es el fútbol no tenga por qué darle pérdida al Estado. Al revés: si la hacen bien sería una fuente de ingresos formidable que podría volcarse, justamente, a la reparación de los horrendos desequilibrios sociales. Pero suena así. Y además, ¿qué te hacés, vos, Kirchner, si le renovaste la licencia a Clarín para que siga operando su señal, y encima le aprobaste la fusión de Multicanal y Cablevisión para que se monten a la carrera el avestruz del pagar para ver? ¿Qué te hacés?

Pero resulta que, en medio de esta contradicción aparentemente insoluble, uno descubre (es decir, certifica, porque si lo descubriera recién ahora quiere decir que vivió en un pote de crema de leche) que están en contra del quiebre con Clarín toditos los factores de poder, y amanuenses respectivos, representantes de lo peor de los valores sociales. Ahí están ya no sólo los grandes medios sino también sus periodistas, y los conductores de la radio y de la tevé, que gozaron hasta aquí de este curro despampanante, en forma directa o a través de los negocios del Grupo y los grupos (sería intelectual y técnicamente deshonesto agarrárselas sólo con Clarín). No es un cuestionamiento a que se trabaje de lo que uno es en el lugar donde no se quisiera estar. Es la falta de una frontera respecto de la que decir “bueno, hasta acá, no la cruzo”. No hablamos de los laburantes que no tienen poder de fuego en la correlación de fuerzas, sino de las ¿estrellas? permanentes o fugaces que ya acumularon bastante como para darse el lujo de decir “esto no”. Ahí están. Cumpliendo al pie de la letra más de lo que les dictan, y en no pocos casos rifando una trayectoria de honestidad progre. Gente que se pasó la vida diciendo una cosa y ahora dice otra. Son ayudados por las barrabasadas del matrimonio. Los dislates en el Indek, el crecimiento sospechosísimo de la fortuna presidencial, las idas y vueltas en la táctica de acumulación de aliados, el engañapichanga del “diálogo” político, tanto más. Pero de ahí a esta imagen de prosternarse ante el patrón mediático con rictus de “oh, sí, mi amo, lo que tú digas”, vaya con la diferencia.

Para redondear, uno concluye en que las condiciones subjetivas son que, mejor, escaparle al estampado con alguno de estos nenes. Pero las objetivas son que se avanza mucho más con lo que se puede que con lo que se desea. Y vamos a ponerlo en primera persona, para que quede bien clara la intención de sostener con el cuero lo que se dice con el pico: si el costo de aparecer despegados de los K es pegarse a los garcas de la Mesa de Enlace, a Torneos Sin Competencias, a Sojilandia, y a poner en el centro de la escena la arrogancia y las carteras de Cristina, conmigo no cuenten.

A propósito del papelón pasado por el ministro De Vido, quien anunció la marcha atrás con los aumentos tarifarios de luz y gas tras haberlos defendido a rajatabla hasta pocas horas antes, algunos recordaron la impardable cita de Groucho Marx: “Mire, estos son mis principios pero si no le gustan tengo otros para ofrecerle”. Está muy bueno. Y estaría mejor si se lo aplica también a varios colegas que en estos días contribuyeron, ojalá que en forma decisiva pero no es nada seguro, a que se caiga por fin la fantochada de que existe el periodismo independiente.

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América Latina y la privatización del agua

Juan Diego Restrepo

APM

No toda la población tiene acceso al recurso indispensable para la vida. Su manejo fue y está siendo entregado a multinacionales europeas y estadounidenses, que luchan por el control.

Desde el río Grande hasta la Patagonia, surgen pugnas sociales que predican al agua como un bien público y a su acceso como un derecho fundamental. América Latina, una región abundante en riquezas hídricas, se debate entre dos modelos de políticas para el manejo del recurso.

Por un lado, tenemos el discurso de nacionalización y control público de los recursos naturales, tales como el petróleo, el carbón, el gas o el agua. Este modelo es impulsado por organizaciones sociales y comunitarias, y por sectores políticos que reivindican la propiedad estatal.

Por el otro, aparecen las políticas de organismos como el Banco Mundial (BM) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), adoptadas por diversos gobiernos nacionales y locales, que favorecen la apropiación privada por un puñado de trasnacionales. La estrategia es convencer y presionar a los gobiernos para facilitar la entrada de capitales privados.

En Cochabamba, la empresa local fue vendida en 1999 a la trasnacional norteamericana Bechtel controlando la distribución y comercialización del agua de esa ciudad boliviana. En enero y febrero de 2000 las tarifas habían subido notablemente -según el investigador Gustavo Castro Soto, en un 300 por ciento-, impidiendo el consumo para los hogares populares y el riego de sembrados.

Decenas de miles de ciudadanos protestaron hasta que Bechtel salió del país. El ejército reprimió la movilización que dejó varios heridos y un joven muerto. Ante esto, la multinacional exigió indemnización y demandó por 25 millones de dólares al gobierno boliviano. En 2001, firmó un acuerdo por 30 años para controlar las reservas de agua de la ciudad de Guayaquil, Ecuador.

Con el argumento de que una compañía eficiente y bien administrada prestaría mejores servicios a la población, el entonces presidente de Argentina, Carlos Menem, entregó, en 1993, a un consorcio privado -controlado por la francesa Suez Lyonnaise- el manejo del agua en la zona más poblada del país: Buenos Aires y catorce distritos vecinos; cerca de 9,3 millones de habitantes.

Según la Defensoría del Pueblo de Buenos Aires, entre 1993 y 2001, las tarifas se incrementaron en un 103,2 por ciento. Además, una de las decisiones más radicales del consorcio fue reducir la planta de empleados de 7.600 a 4.000. Finalmente, la compañía volvió a manos públicas bajo la gestión de presidente Néstor Kirchner.

Diferentes multinacionales se hacen con el control del agua por medio de privatizaciones. Las más grandes son las francesas Suez y Vivendi (hoy Veolia); la alemana RWE-Thames (las tres juntas suministran agua a 300 millones de clientes en 130 países, según los investigadores Tony Clarke y Maude Barlow); la norteamericana Bechtel; la española Aguas de Barcelona y otras pocas más.

Su negocio consiste en hacerse con los derechos de aguas en zonas abundantes y vendérselo a las ciudades sedientas, a través de concesiones y contratos de diferentes servicios. Son ellas quienes fijan las tarifas a la población. En América Latina se les acusa de ineficiencia en el servicio, además de ejercer cortes de suministros a quienes no pagan.

Castro Soto, en su texto “Privatización del agua”, ilustra la presión histórica de los organismos multilaterales y sobre quienes la ejercen. Dice Castro, “durante el año 2000 el FMI obligó a 12 países a privatizar el agua y otros servicios públicos. Entre estos países estuvieron Angola, Benín, Guinea Bissau, Honduras, Nicaragua, Nigeria, Panamá, Ruanda, Santo Tome y Príncipe, Senegal, Tanzania y Yemen”.

Son varias las estrategias que tienen los capitales privados para hacerse con el control del agua en la región. Existe una política, la misma del Consenso de Washington, que favorece la privatización de empresas estatales de prestación de servicios. El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo exigen la entrada de inversores con el pretexto de condonar parte de la deuda externa de las naciones o de conceder nuevos préstamos.

Para la autora del libro “Oro Azul”, Maude Barlow, América Latina está cometiendo un error al dejarse presionar por el peso de la deuda externa y entregar el control del agua. Barlow afirma que “eso provoca aún más pobreza, más contaminación. Las corporaciones no asumen ningún riesgo, sino que obtienen todos los beneficios. Es la gente local la que arriesga y es el Banco Mundial el que paga para que las corporaciones estén libres de riesgo”.

En su sitio de Internet, el investigador sobre temas de aguas Carmelo Ruiz Marrero dice que “las trasnacionales del agua se disponen a apropiarse de los recursos hídricos de la región, empleando en su hábil discurso los conceptos de descentralización, participación de la sociedad civil y desarrollo sustentable”.

Algunos agentes corporativos se apropian de las fuentes de agua y por su uso indebido y contaminante imposibilitan el uso del resto de la población. Son grandes contaminantes: la industria petrolera, las papeleras, la minería y las eléctricas entre otras.

Campesinos y ecologistas guatemaltecos se oponen desde hace más de una década a la construcción de cinco presas sobre el río Usumacinta. Están en contra del riego de macrocultivos para la exportación, y argumentan que éstos ponen en juego el sustento de la población local.

Algunos cambios en legislaciones permiten la privatización de territorios y bioregiones que poseen nacimientos o grandes extensiones de agua. El caso más preocupante es el de Chile. Allí, la española Endesa es propietaria de gran parte de los sistemas fluviales para la generación de energía, además se calcula que casi el 80 por ciento de los ríos sufre injerencia privada o está totalmente privatizado desde la época del dictador Augusto Pinochet.

La desviación de aguas para favorecer procesos de consumo industrial y agro industrial, y para abastecer zonas urbanas, despoja del recurso a comunidades campesinas e indígenas. Esos desvíos alteran los ecosistemas y los ciclos naturales del agua.

A Cancún llegó una subsidiaria de la norteamericana Enron. Después de su aparatosa quiebra, se instaló una subsidiaria de Suez. Durante la gestión de ambas, la construcción de infraestructura fue retrasada, y las aguas residuales arrojadas al Mar Caribe.

Durante los dos primeros años de la concesión en Saltillo, México, a Aguas de Barcelona, las tarifas subieron de 32 a 68 por ciento.

En Colombia la presa UrraI afectó el ecosistema del río Sinú, impidiendo a las comunidades campesinas e indígenas (Emberá Catíos) la pesca del bocachico, elemento fundamental de su dieta, a la vez que provoca la desecación de laderas. Las comunidades defienden también los parques nacionales y los páramos, como el Páramo del Almorzadero, y se enfrentan a proyectos hidroeléctricos como El Quimbo.

En julio de 2007, varios líderes que protestaban ante la privatización del agua fueron arrestados por la policía salvadoreña. Las catorce personas fueron procesadas por terrorismo

Los argumentos de la política privatizadora consisten en afirmar que el Estado ha fracasado en su gestión, que sufre de corrupción y es incapaz de abastecer de agua a toda la población.

El agua barata y para todos promueve el despilfarro; es un bien por el cual hay que pagar el “justo valor económico”, evitando el abuso de la gente. Las entidades privadas son mejores operadores y no sufren corrupción. Ese es el discurso de los privatizadores.

En oposición, varios movimientos sociales proponen la defensa del agua como bien público en toda la región. Se basan en los conceptos de acceso a la misma como un derecho fundamental, ya que sin agua es imposible la vida.

Argumentan también que debe distribuirse a toda la población, dejando de lado los principios de mercado y la capacidad de adquisición. Proponen que los ecosistemas sean cuidados con el fin de garantizar el ciclo hídrico y agregan que deben evitarse los vertidos contaminantes. Además, aseguran que la prestación debe darse por medio de entidades públicas.

Ruiz Marrero afirma: “proponemos un modelo de gestión local y participativo en el que las comunidades elaboren y ejecuten, en coordinación con las instancias públicas competentes, las políticas relacionadas con la protección, conservación y uso equitativo sostenible y sustentable del recurso”.

Bajo este esquema, los uruguayos aprobaron un referendo que garantiza el agua como bien público. En Colombia, más de 400 organizaciones comunitarias, ambientales, indígenas y gestores de derechos impulsan un referendo en el mismo sentido, respaldado por las firmas de más de 2.060.922 de colombianos.

Varias experiencias piloto de asociaciones entre sistemas públicos y comunitarios han resultado exitosas en Bolivia y Perú. Las ciudades de Monterrey y Medellín están administradas por empresas públicas que han demostrado altos estándares de eficiencia, de calidad en el servicio y de inversión en tecnología.

El escenario es diverso y las necesidades urgentes. El debate está planteado desde hace varios años: está en juego un recurso indispensable. Corresponde a los ciudadanos y a sus gobiernos elegir los caminos y los escenarios de discusión y participación activa, de respeto, donde se escuchen las voces de quienes protestan, porque el agua es una necesidad no un crimen.

Agencia Periodística del Mercosur

 

 

El mito del grandioso tablero de ajedrez y los usureros de la guerra

Usureros de la guerraPeter Dale Scout

Global Research

“En los asuntos del gobierno, debemos protegernos de la indebida influencia, solicitada o no, de este Complejo Militar-Industrial. Existe el potencial para el desastroso crecimiento de un poder extraviado de este complejo. No podemos permitir que el peso de esta combinación amenace las libertades de nuestro proceso democrático. No debemos confiar en nada. Sólo una ciudadanía alerta e informada puede enfrentarse al engranaje de la vasta maquinaria militar-industrial de forma que la seguridad del país y sus libertades puedan prosperar juntas”.
Dwight David Eisenhower,”Military-Industrial Complex Speech,” 1961, [1].

El mito del grandioso tablero de ajedrez: la geopolítica y la locura imperial de grandeza

En “The Road to 9/11” resumí la dialéctica de las sociedades abiertas: cómo expanden con su energía, llevando a un nivel más elevado de corporaciones y agencias más secretas, que terminan por debilitar a su país de origen mediante guerras innecesarias y agobiadoras. [4] No soy el único en ver a EE.UU. en las etapas finales de ese proceso, que desde el Renacimiento ha abatido a España. Holanda y Gran Bretaña.

Gran parte de lo que escribí resumió los pensamientos de escritores que me precedieron como Paul Kennedy y Kevin Phillips. Pero hay un aspecto de la maldición de la expansión que no subrayé suficientemente: cómo la dominación crea ilusiones megalómanas de control insuperable y cómo a su vez esa ilusión es cristalizada en una ideología prevaleciente de dominación. Me sorprende que tan pocos, hasta ahora, hayan señalado que desde el punto de vista público esas ideologías son ilusorias, tal vez incluso demenciales. En este ensayo argumentaré, sin embargo, que lo que parece demencial desde un punto de vista público tiene sentido desde la perspectiva más estrecha de aquellos que se benefician con la provisión de violencia e inteligencia privada empresarial.

La ideología de la dominación fue expresada en el caso de los gobernantes británicos por Sir Halford Mackinder en 1919: “Quien gobierna Europa Oriental domina el Corazón del Territorio; Quien domina el corazón del territorio gobierna la Isla Mundo; Quien domina la Isla Mundo gobierna el Mundo.” [5] Esta frase, aunque expresada después que el poder de Gran Bretaña ya había comenzado a declinar, articuló con exactitud las ansiedades de los planificadores imperiales que se vieron jugando “el Gran Juego”, y quienes por lo tanto sacrificaron en 1809 todo un ejército británico de doce mil hombres en las tierras salvajes de Afganistán.

Expandida por Karl Haushofer y otros alemanes en la supuesta “ciencia” de la geopolítica, esta doctrina ayudó a inspirar el desastroso “Drang nach Osten” [“Afán de ir hacia el este”], que terminó rápidamente con las esperanzas militares del Tercer Reich nazi. Se podría haber pensado que a estas alturas las lecciones de Napoleón e Hitler hubieran eclipsado todas las ilusiones de que cualquier potencia pudiera dominar por sí sola la “Isla Mundo,” y mucho menos el mundo.

Kissinger, por lo pronto, parece haber aprendido esa lección, cuando escribió que: “Al decir geopolítica, quiero decir un enfoque que presta atención a los requerimientos del equilibrio.” [6] Pero (en gran parte por su compromiso con el equilibrio en el orden mundial) Kissinger fue pasado por alto por los eventos a mediados de los años setenta, llevando al triunfo del modo de pensar de la dominación global, como lo expresaron pensadores como Zbigniew Brzezinski.[7]

El propio Brzezinski ha reconocido cómo sus infundadas maquinaciones en Afganistán en 1978-1979 produjeron las reacciones de al-Qaeda y del terrorismo yihadista. Al preguntársele en 1998 si lamentaba su aventurerismo, Brzezinski respondió:

“¿Lamentado qué? La operación secreta fue una excelente idea. Atrajo a los rusos a la trampa afgana ¿y quiere que lo lamente? El día en el que los soviéticos cruzaron oficialmente la frontera, escribí al presidente Carter diciendo, en esencia: ‘Ahora tenemos la oportunidad de dar a la URSS su Guerra de Vietnam.’”

Nouvel Observateur: “¿Y tampoco lamenta haber apoyado el fundamentalismo islámico, que ha dado armas y orientación a futuros terroristas?”

Brzezinski: “¿Qué es más importante en la historia del mundo? ¿Los talibanes o el colapso del imperio soviético? ¿Algunos musulmanes agitados o la liberación de Europa Central y el fin de la Guerra Fría?”

Cuando le preguntaron si el fundamentalismo islámico representa una amenaza mundial, Brzezinski respondió

“¡Tonterías!” [8]

De alguna manera, el Brzezinski posterior a Afganistán se ha hecho más moderado en sus expectativas para el poder de EE.UU.: Notablemente advirtió contra la Guerra del Golfo en 1990 y también contra la agitación del vicepresidente Cheney, mientras éste ocupaba su puesto, a favor de algún tipo de ataque preventivo contra Irán. Pero nunca ha retractado la retórica Mackinderita de su libro de 1997 “The Grand Chessboard,” que resucita la ilusión de “controlar” la región vital eurasiática:

Por primera vez en la historia, una potencia no-eurasiática ha emergido no sólo como árbitro esencial de las relaciones de poder eurasiáticas sino también como la potencia suprema del mundo. La derrota y el colapso de la Unión Soviética fue el paso final en la rápida superioridad de una potencia del Hemisferio Occidental, EE.UU., como la única y, por cierto, la primera potencia verdaderamente global.” (p. xiii)

“Para EE.UU., el principal premio geopolítico es Eurasia… Ahora una potencia no-eurasiática predomina en Eurasia, y la superioridad global de EE.UU. depende directamente de durante cuánto tiempo y con cuánta efectividad sostiene su preponderancia en el continente Eurasiático.” (p.30)

“Para decirlo en una terminología que evoca la era más brutal de los antiguos imperios, los tres grandes imperativos de la geoestrategia imperial son: impedir la colusión y mantener la dependencia de la seguridad entre los vasallos, mantener dóciles y protegidos a los Estados tributarios, y evitar que los bárbaros se unan.” (p.40) [9]

Este tipo de modo de hablar temerario no se limita a Brzezinski. Su llamado a la dominación unilateral se hizo eco del borrador de la DPG (Guía de Planificación de la Defensa) de 1992, preparada para el secretario de defensa Cheney por los neoconservadores Paul Wolfowitz y Lewis “Scooter” Libby: “Debemos mantener los mecanismos para disuadir a potenciales competidores de llegar a aspirar a un papel regional o global más amplio.” [10]. Es repetido también en el Estudio PNAC [Proyecto para el Nuevo Siglo Americano] de 2000:

“Rebuilding America’s Defenses” [Reconstruyendo las defensas de EE.UU.] y en la Estrategia de Seguridad Nacional de Bush-Cheney de septiembre de 2002 (NSS 2002). [11] Y es resumido por el megalómano documento estratégico del JCS [Estado Mayor Conjunto] Joint Vision 2020, “La dominación de espectro completo significa la capacidad de las fuerzas de EE.UU., operando solas o con aliados, de derrotar a cualquier adversario y de controlar cualquier situación a través de toda la gama de las operaciones militares.” [12]

Una retórica tan exagerada pierde contacto con la realidad, es peligrosamente engañosa, e incluso posiblemente insana. Sin embargo es útil, incluso vital, para aquellas corporaciones que se han acostumbrado a beneficiarse con la Guerra Fría, y que enfrentaban profundos recortes en los gastos de defensa e inteligencia de EE.UU. en los primeros años después del colapso de la Unión Soviética. Se les suman otros grupos (mencionados a continuación) que también tienen interés en preservar el modo de pensar de dominación en Washington. Incluyen a los nuevos proveedores de servicios militares privatizados, o lo que puede ser llamado violencia empresarial, en respuesta a los recortes del presupuesto de la defensa.

El verdadero grandioso tablero de ajedrez: los que se benefician con la violencia continua

La engañosa pomposidad de la retórica de Brzezinski es inherente sobre todo en la falsa metáfora del título de su libro. Los “vasallos” no son piezas de ajedrez que se mueven sin esfuerzo con una sola mano. Son seres humanos con mentes propias; y entre los seres humanos es seguro que un exceso injusto de poder provoque no sólo resentimiento sino una resistencia exitosa en última instancia. Esto se puede ver fácilmente en Asia, desde la evolución del sentimiento anti-estadounidense en Irán a Hizb-ut-Tahrir (HT) en Asia Central: aunque todavía aparentemente no-violento, la retórica de HT es ahora cada vez más agresivamente anti-estadounidense. [13]

La noción de un solo jugador de ajedrez es igualmente falsa, especialmente en Asia Central, donde Estados dominantes (EE.UU., Rusia y China) y Estados locales son todos débiles por igual. Allí las corporaciones multinacionales como BP y Exxon son grandes protagonistas. En países como Kazajstán y Azerbaiyán dejan enanos al poder estatal local y también a la presencia gubernamental de EE.UU., sea oficial o encubierta. Los verdaderos poderes locales tienden a ser dos, en cuyo control los gobiernos se muestran notoriamente ineptos: primero, los “musulmanes agitados” que Brzezinski ridiculiza insensatamente, y segundo, el tráfico ilícito, sobre todo el narcotráfico. [14]

En última instancia, sin embargo, Brzezinski no es inhibido por su metáfora ajedrecística. El objetivo de un juego de ajedrez es ganar. El objetivo de Brzezinski es bastante diferente: ejercer permanentes restricciones sobre el poder de China y sobre todo de Rusia. Por lo tanto se ha opuesto sensatamente a acciones desestabilizadoras como un ataque occidental contra Irán, mientras apoya la permanente contención de Rusia con un cerco de bases y oleoductos occidentales. (En 1995 Brzezinski voló a Azerbaiyán y ayudó a negociar el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan que une a Azerbaiyán con Turquía.) [15]

Como he argumentado en otro sitio, Brzezinski (aunque sin duda piensa él mismo en términos de estrategia) promueve por lo tanto una política que corresponde fuertemente a las necesidades de la industria petrolera y sus patrocinadores. Estos últimos incluyen a sus patrones, los Rockefeller, quienes primero lo lanzaron a la prominencia nacional. [16]

En marzo de 2001, los principales grandes del petróleo (Exxon Mobil, Chevron, Conoco, y Shell) tuvieron su oportunidad para diseñar las estrategias energéticas del nuevo gobierno, incluida la política en Oriente Próximo, al participar en secreto en la Fuerza de Tareas de Energía del vicepresidente Cheney. [17] La Fuerza de Tareas, supimos más tarde, desarrolló un mapa de los campos petrolíferos de Iraq, dividiendo el sudoeste en nueve “Bloques de Exploración.” Un mes antes, un documento del Consejo de Seguridad Nacional de Bush había señalado que la Fuerza de Tareas de Cheney consideraría “acciones relacionadas con la captura de nuevos y existentes campos de petróleo y gas.” [18] Anteriormente, las compañías petroleras habían participado en una fuerza de tareas no-gubernamental que pidió “un inmediato estudio político sobre Iraq incluyendo evaluaciones militares, energéticas, económicas y político/diplomáticas.” [19]

Desde luego, las compañías petroleras no estaban solas en la presión por una acción militar contra Iraq. Después del 11-S, Rumsfeld, Wolfowitz, y Douglas Feith establecieron la neoconservadora Oficina de Planes Especiales (OSP) del Pentágono, que pronto “rivalizó tanto con la CIA como con la propia Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA) del Pentágono, como la principal fuente de inteligencia del presidente Bush sobre la posible posesión de armas de destrucción masiva y la conexión con al-Qaeda de Iraq.” [20] La influencia neoconservadora en el gobierno, apoyada por Lewis Libby en la oficina del vicepresidente Cheney, triunfó sobre el escepticismo de la CIA y la DIA: esas dos falsas acusaciones contra Sadam Hussein, o lo que un crítico llamó “inteligencia basada en la fe,” se convirtieron brevemente en la ideología oficial de EE.UU. Algunos, notablemente Dick Cheney, nunca se han retractado.

Muchos periodistas se mostraron ansiosos de promover las doctrinas de la OSP: Judith Miller del New York Times escribió una serie de artículos sobre las armas de destrucción masiva de Sadam, basándose, como la propia OSP, en la propaganda del exiliado iraquí Ahmed Chalabi.[21] La colaboradora en el libro de Miller, Laurie Mylroie, fue aún más lejos, al argüir que “Sadam no estuvo sólo detrás del ataque de 1993 contra el Trade Center, sino también de cada incidente terrorista anti-estadounidense de la década pasada, de los atentados contra las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania, a la demolición del edificio federal en Oklahoma City, al propio 11 de septiembre.” [22] Muchos de esos propugnadores, notablemente Feith, Libby, y Mylroie, tenían vínculos con Israel, que tenía tantos motivos como cualquier compañía petrolera para desear que ejércitos de EE.UU. se establecieran en Asia Central. [23]

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Argentina: Renovaciones. Perspectivas Finales.

Ezequiel Meler

presidentes 

“El kirchnerismo o los ismos nunca existieron, porque nosotros pertenecemos a un espacio nacional y procuraremos construir una alternativa para 2011 a fin de profundizar todo lo construido hasta ahora”

Néstor Kirchner, agosto de 2009.

Desde el retorno de la democracia, el peronismo atravesó diferentes procesos de renovación, y unas cuantas fracturas, pero sólo dos tuvieron y tienen consecuencias perdurables. La primera de estas es la renovación cafierista, que concluye en el menemismo, y conlleva el desplazamiento de los dirigentes gremiales por políticos profesionales y líderes territoriales -intendentes, gobernadores- autónomos. Huelga decir que sólo un peronismo institucionalmente diferenciado de los sindicatos y legitimado por elecciones internas podía llevar adelante el proceso de Reforma del Estado, el desguace del aparato productivo, el programa de Ajuste Estructural preconizado por los organismos multilaterales de crédito, etc.

(A la vez, no menos evidente resulta que ello no hubiese sido posible de no mediar la debilidad estructural de la clase trabajadora en el escenario económico y social que amaneció con la restauración democrática, corolario inevitable del Plan Martínez de Hoz. Pero esa es otra historia).

El éxito de dicha renovación se mide no sólo por su innegable continuidad: asimismo, fue capaz de producir su reflejo mimético en la oposición. El Frepaso, el intento más reciente de convertir al peronismo en una suerte de concertación socialdemócrata, estaba imbuido del mismo ideario, no sólo en el campo de los “modelos” económicos, sino en el mismo modo de hacer y concebir la política. Para los que buscan una línea entre Cafiero y De Narváez, ahí la tienen, aunque Don Antonio, nuestro patriarca, no reviste culpa alguna en ello.

El segundo proceso de renovación surge de la inevitable debacle del primero: en tanto se hizo evidente su agotamiento como proyecto económico -debilidad que, cabe resaltar, no se verifica en el plano de las ideas, de la cultura y de la sociedad, campos todos donde sigue flameando el ideario neoliberal- fue necesario, con más pragmatismo que ideología, recomponer las piezas sueltas de un eventual capitalismo nacional, con activa participación del Estado. Esa es la tarea de la llamada “bisagra” duhaldista, cuya continuidad y proyección alcanza hoy el balance de las dos administraciones Kirchner -hasta donde puede, es cierto, y sin demasiada imaginación-.

Al menos en el campo del peronismo, al contrario de lo que sostienen algunos vencedores, no hay una tercera renovación en curso: los proyectos que hoy se enfrentan, independientemente de las parodias de unos y de otros, se pueden resumir en dos fórmulas: neomenemismo y neoduhaldismo. El primero, resumido en la emblemática figura de Francisco de Narváez; el segundo, en las fuerzas que acompañan a Néstor Kirchner.

(En el medio, me dirá el querido Manuel Barge, están los gobernadores del Centro Litoral, representantes de los intereses subalternos de la Pampa Húmeda, y también los “federales periféricos”, asociados a los sectores financieros de la City porteña. Es cierto, pero, como espero que comprendan, y de todos modos pronto será claro, ninguno de ambos sectores tiene un proyecto nacional propio, ni una capacidad hegemónica. Diría, incluso, que les falta la voluntad en ambas esferas. De modo que lo que queda, para ambos sectores, reside en ver de qué lado de la cancha quieren jugar).

Ahora bien, y este es mi parecer: ese diferendo no puede definirse, ni ha de definirse, en el mero seno del justicialismo, con o sin elección interna. Ambas fracciones buscarán, con mayor o menor tino, sus socios políticos, en los sectores que se benefician de sus políticas. Unión PRO tratará de aglutinar al peronismo disidente, federal y periférico, mientras que Kirchner y los suyos deberán apuntalar su alianza con el peronismo del conurbano, el progresismo metropolitano y las organizaciones sociales.

Es difícil arriesgar un pronóstico, pero algo es seguro: si bien la tendencia en curso apunta al desgaste del kirchnerismo y su eventual relevo en 2011, muchos de sus objetivos, así como una proporción considerable de sus logros, han de prevalecer en el tiempo. No sólo porque se inscriben en la conciencia popular -y esto pudo verse cada vez que el gobierno traró de reprimir los piquetes agrarios del año pasado: la bandera de la no represión ni criminalización de la protesta será un grano para las próximas administraciones, como lo ha sido para el propio oficialismo-. Obra, asimismo, una razón menos aludida, que se resume en la recuperación de la política y de la militancia por parte de quienes ahora se inscriben en una amplia tradición propia del campo nacional y popular. Obran las organizaciones políticas existentes, obra el nuevo cuerpo militante que se ha forjado en estos años de gestión, en los barrios y en las fábricas, pero también en los cuadros intermedios del Estado. El ciclo de reformas desde arriba encarado desde 2003 no ha parido un sujeto histórico en condiciones de darle trascendencia, pero sí ha parido un sujeto político, una vieja / nueva militancia, que oficia de puente entre las instituciones y la sociedad. El legado principal del kirchnerismo a la política estriba en la recuperación de la política misma, de su ideario, de su militancia. Para esa militancia, la etapa que se abre en 2011 es, en alguna medida, la hora de los bollos.

(No, no estoy pensando en la Guerra del Cerdo, ni en el mentado “trasvasamiento generacional”: estoy pensando en dosis crecientes de protagonismo para actores sociales que hace rato están en circulación, dosis y protagonismos que tendrán que ganarse con trabajo y militancia, pero sobre todo, con responsabilidad y conciencia de su historia).

Ezequiel Meler,

Administrador.

http://ezequielmeler.wordpress.com/

Enemigo a la puerta

 

Luis Britto García

 

Estados Unidos no puede ocupar militarmente toda América Latina y el Caribe. Su ejército cuenta con dos millones de efectivos; los nuestros apenas con millón y medio. Para ocuparnos debería movilizar un número equivalente, descuidando teatros de operaciones vitales o reclutándolos. Ambas operaciones son logística y económicamente inviables. También plantearían inmanejables problemas de control social y contrainsurgencia. El Imperio mantiene su hegemonía mediante la presión sobre los gobiernos cómplices, la penetración cultural que la presenta como deseable y las bases que facilitan la intervención militar. Como dijo Bush en 2002 al formular la nueva Estrategia de Seguridad Nacional: “Estados Unidos necesitará bases y estaciones dentro y más allá de Europa Occidental y el noreste de Asia, como así también arreglos de acceso temporal para el despliegue de las fuerzas de Estados Unidos a gran distancia” (Bush 2002).

La ocupación militar del mundo

Estados Unidos ocupa en propiedad o en alquiler 6.000 bases militares en su territorio y 872 fuera de él. Éstas alojaban 253.288 soldados, un número equivalente de familiares y personal de apoyo y 44.446 extranjeros contratados, y constaban de 44.870 cuarteles, hospitales, depósitos y otras estructuras de su propiedad, y 4.844 en arrendamiento. Decisiones soberanas cerraron algunas: por los acuerdos sobre el canal de Panamá, el Imperio desocupó la base Howard en 1999; Brasil le negó la proyectada base de Alcántara en Maranhao, y Rafael Correa les ordenó desalojar la base de Manta en Ecuador. Pero restan al Comando Sur las bases de Guantánamo en Cuba, Vieques en Puerto Rico, Soto Cano en Honduras, Comalapa en El Salvador, y en Perú las de Iquitos, que domina la Amazonia, así como las de Santa Lucía Huallaga, Santa Lucía y Palmapampa. Otra base de Estados Unidos funciona en Paraguay: los soldados ocupantes disfrutan de impunidad para violar las leyes paraguayas. El Comando Sur opera asimismo 17 bases terrestres de radares: cuatro en Colombia, tres en Perú, y varias móviles o de ubicación secreta en los Andes y el Caribe.

Bases contra Latinoamérica

A principios del Tercer Milenio, Estados Unidos instala las bases aéreas Reina Beatriz en Aruba y Hato Rey en Curazao, como respuesta a la negativa de Chávez a permitir la instalación de bases y los sobrevuelos en Venezuela. En Colombia, donde avanza una intervención militar masiva, ya funcionaban la base aérea Las Tres Esquinas y la de de Larandia: aeronaves militares estadounidenses operan en los aeropuertos de Aplay, Melgar, Cali, El Dorado, Palanquero, Medellín, Barranquilla y Cartagena. Desde una de ellas, y apoyado con tecnología y personal estadounidenses, lanza Colombia su ataque contra Ecuador a principios de 2008. Estados Unidos tiene el total dominio sobre estos enclaves. Así, la agencia EFE en Bogotá informa que “El 22 de abril el embajador de EEUU en Colombia, William Brownfield, se reunió con el ministro colombiano de Defensa, Juan Manuel Santos, y le comunicó que el Departamento de Estado decidió “levantar el veto que desde enero de 2003 aplicaba a la base aérea de Palanquero, en el centro de Colombia, que estaba sancionada desde 1999 cuando aviones que despegaron de allí bombardearon por error un pueblo y mataron a 18 campesinos”. Estados Unidos sanciona, impone o levanta vetos a las bases militares en territorio colombiano, y sus soldados son inmunes a las leyes de Colombia. A su collar de enclaves allí añade ahora las bases de Malambo, Palanquero, Apiay, Tumaco, Bahía Málaga, Tolemaida y Fuerte Larandia.

La resurrección de Manta

El Comando Sur obtuvo del régimen entreguista del presidente ecuatoriano Noboa la Base Aérea de Manta en la costa noroeste, que dominaba el Putumayo, extendía la vigilancia aérea por la región andina y proporcionaba inteligencia al ejército colombiano y a los escuadrones de la muerte entrenados y dirigidos por EEUU. Según Pace, Manta “es la clave para reajustar nuestra zona de responsabilidad (AOR), nuestra arquitectura (el aparato militar) y para extender el alcance de nuestra cobertura aérea de DM y T (Detección, Control y Seguimiento) en las Zonas Fuente (de producción de droga)” (Zibechi 2005). El presidente Correa ordenó en forma categórica la desocupación de Manta. En su lugar, Estados Unidos proyecta instalar dos más con iguales capacidades en Colombia, una de ellas en Cartagena para las operaciones de la IV Flota del Atlántico.

Medio millón de efectivos

Colombia en 2007 mantiene 459.687 funcionarios en labores de Defensa y Seguridad y gasta anualmente en la guerra 6,5 % de su PIB, unos 22.000 millones de dólares anuales, según Juan Camilo Restrepo y Pedro Medellín (Semanario VOZ, edición 2427, cit. Por Álvaro Angarita: “Crece el gasto militar. Guerra devora el presupuesto”; 27-2-2008 http://www.geocities.com/vozxcol/voz.pdf). En 2009, el Departamento de Estado dedicará 520 millones de dólares al Plan Colombia. ¿Alguien puede creer que este formidable despliegue conjunto de la primera potencia militar del mundo y del país más militarizado de América Latina son para derrotar diez mil insurgentes y unos cuantos traficantes? Apunta hacia las reservas de hidrocarburos, de agua y biodiversidad de Venezuela, Ecuador y Brasil.

Bases inútiles

El objetivo mismo define su inutilidad. Ni Colombia ni Estados Unidos pueden dominar exitosamente al desmesurado Brasil y a sus aliados. Buenas para el espionaje, el atentado y la intervención, las bases tienen un límite. Hace más de un siglo que Estados Unidos mantiene enclavada en Cuba la de Guantánamo. Sus marines no salen de ella porque saben que encontrarán la compacta resistencia de un pueblo irreductible. Difícil es seguir la vía pacífica cuando el adversario elige la violenta. Antes que de las bases de afuera, ocupémonos de organizar la resistencia e inutilizar los enclaves del Imperio en nuestro país. El pueblo armado, nunca será vejado.

luisbrittogarcia.blogspot.com