Chile: La derecha a paso de ganso hacia La Moneda

Editorial de Punto Final

Más intensa y apresurada se está poniendo la campaña electoral que en diciembre deberá definir, en primera vuelta, quién será el próximo presidente de la República. Asimismo, mientras se acortan los tiempos para inscribir las listas de candidatos a parlamentarios, la lucha entre derecha y Concertación está planteada en casi todos los ámbitos, salvo en los negocios, donde las oportunidades siguen repartiéndose amigablemente, como corresponde a caballeros de la política que jamás confundirán partidismos e ideologías con sus cuentas bancarias.

Al menos hasta ahora los más seguros contrincantes presidenciales son Sebastián Piñera Echenique y Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que deberían obtener las dos primeras mayorías. Esto no sólo por lo que indican las encuestas sino también por una proyección del comportamiento de un padrón electoral que no ha experimentado ningún cambio sustantivo. Las dificultades en la Concertación de Partidos por la Democracia y en el comando de Frei no son, sin embargo, buen augurio para sus perspectivas. Por momentos da la impresión que se está ofreciendo en bandeja la Presidencia de la República al empresario Sebastián Piñera. Esto si se considera la suma de errores, vacilaciones y renuncios de la Concertación y del propio candidato.

Síntomas de una decadencia aguda afectan a la Concertación, que ha perdido la energía y entusiasmo electoral de que hacía gala hasta hace poco tiempo. Tensionada por ambiciones personales, celos partidistas, corrupción y, sobre todo, por la dificultad de fijar un rumbo político claro, deriva hacia el naufragio. No existe la decisión de cambiar las cosas porque los intereses que serían afectados son muy poderosos. Nadie se atreve a plantear que es necesario abandonar el capitalismo neoliberal para potenciar la acción del Estado, establecer impuestos reales a las grandes fortunas y a la utilidades desmesuradas, cautelar el patrimonio nacional que representan la minería, la explotación forestal, la salmonicultura y otras grandes actividades exportadoras, ni un viraje que fortalezca el combate a la corrupción y permita meter en cintura a los empresarios abusadores, como los que controlan las cadenas de farmacias, los grandes supermercados y tiendas que imponen intereses usurarios a los clientes, así como a los negociantes que lucran con la educación que, definitivamente, debe dar paso a la educación pública. La Concertación está paralizada por falta de horizontes y por un miedo cerval al avance de la derecha. Se está consolidando así el temor, que sólo puede terminar en derrota como profecía autocumplida.

En este contexto, Marco Enríquez-Ominami aparece recibiendo las bendiciones de la derecha que lo necesita como instrumento para derrotar a Frei y provocar el desastre de la Concertación. El candidato “díscolo” no habla de enfrentar a los grandes capitales ni a los magnates que controlan el país. Prefiere andarse por las ramas y concentrarse en los llamados “temas de sociedad”, que llegan mejor a la opinión pública, lo dejan a salvo de ataques y, sobre todo, le ayudan a conservar la privilegiada cobertura mediática que se le dispensa para inflar su postulación.

Sin duda, es un panorama deprimente ver cómo se están abriendo de par en par las puertas para que la derecha -golpista y terrorista de ayer- se instale en La Moneda. Es más desolador aún si esto se relaciona con síntomas preocupantes que aparecen en el plano regional. No sólo hablamos de las dificultades que enrarecen las relaciones con Perú, sino de temas más generales que tienen que ver con un nuevo ciclo en las relaciones entre América Latina y Estados Unidos y las posibilidades de golpes y conflictos en la región. Sebastián Piñera es un declarado admirador del presidente de Colombia, Alvaro Uribe, que lleva adelante una política represiva brutal y de exterminio contra las FARC. Uribe pretende convertir Colombia en una plaza fuerte de EE.UU., aceptando en su territorio bases militares norteamericanas que son rechazadas por los demás países del continente. Ecuador, en un gesto de dignidad ejemplar, ha puesto fin a los diez años de funcionamiento de la base que EE.UU. ocupaba en Manta. Pero, simultáneamente, Uribe ha abierto su país a la instalación de cinco nuevas bases militares norteamericanas. A nadie escapa que la amenaza está dirigida en primer lugar a Venezuela, empeñada en llevar adelante una revolucionaria transformación social, y, en general, contra cualquier país de la región que intente seguir el ejemplo bolivariano para construir su propia versión del socialismo del siglo XXI. La desafiante actitud del gobierno colombiano ha puesto en dificultades a la Unasur -que en los próximos días se reúne en Quito- y a la Alianza Bolivariana (Alba) que agrupa a nueve naciones.

Sebastián Piñera llevado por su admiración por las políticas represivas de Alvaro Uribe, omite que el presidente colombiano está ligado a los grupos paramilitares, al narcotráfico y a los escuadrones de la muerte. Si Piñera llegara a ser presidente de Chile, no vacilaría en aplicar métodos policiales fascistoides similares a los de Colombia, para imponer los conceptos de seguridad pública que propugna la derecha de raigambre pinochetista. Pero además, pondría a Chile en la ruta de los gobiernos que intentan repetir el ciclo militarista en América Latina, esta vez disfrazados de regímenes civiles. Lo que ha ocurrido en Honduras es ilustrativo. Presenta los perfiles de una nueva política diseñada por EE.UU. para el continente, basada en la utilización de mecanismos formalmente democráticos que levanten un muro infranqueable al cambio social estructural.

El presidente Barack Obama no es, evidentemente, igual a su antecesor, George W. Bush. Pero tampoco es un benefactor de la Humanidad ni está dispuesto a romper los vínculos de dominación e influencia política, económica y militar de su país sobre América Latina, reservorio de inmensas riquezas naturales, desde petróleo hasta agua. Honduras muestra que no basta que un presidente como Manuel Zelaya gane las elecciones con amplia mayoría. Un oportuno golpe de Estado, maquillado como pugna institucional de poderes, termina imponiendo una negociación cuya finalidad es atar las manos del presidente e impedir cambios institucionales que permitan la legítima expresión de la voluntad popular. Una receta que puede aplicarse en otras partes si fuera preciso.

En el caso de Chile hay sectores de la Concertación que piensan que no sería tan grave un triunfo electoral de la derecha. Si hasta ahora han funcionado -en el gobierno y en los negocios- en buena armonía, la derrota de Frei no sería algo terrible. Están, sin embargo, equivocados. La derecha los barrerá de la Administración Pública porque necesita espacio para su propia clientela electoral. En los negocios privados posiblemente también sufran perjuicios porque ya no serán necesarios sus oficios para hacer valer influencias ante el gobierno. Hasta ahora, los personeros de la derecha económica hacen negocios con ayuda de la Concertación. Con Piñera harán negocios solos, sin intermediarios. Tampoco tendrán que pagarle a los lobbystas de la Concertación dándoles cabida en los directorios o en las cúpulas de las grandes empresas. Y los sectores medios y populares sufrirán políticas que serán aún más restrictivas de los derechos sociales y del respeto a las minorías. Sin embargo, las líneas divisorias entre derecha y Concertación se han desdibujado al extremo. No es fácil distinguir la frontera entre ambos bloques, e incluso el límite entre derecha e Izquierda. Hasta parece normal, por ejemplo, que el alcalde de Providencia, el coronel (r) Cristián Labbé, ex agente de la Dina y guardaespaldas de Pinochet, sea galardonado por la Sociedad de Escritores de Chile, muchos de cuyos afiliados sufrieron persecuciones durante la dictadura militar, y sea agasajado por la directiva comunista-socialista de la Sech como un amigo que merece cordialidad y reconocimiento. Gestos como este no deben verse como muestras de reconciliación sincera entre chilenos, sino como una expresión de debilidad y del espíritu de “cambalache” que impera en todos los planos. Esa conducta temblequeante hace perder la más elemental orientación en materia de respeto por la memoria y la causa de los derechos humanos, y, además, el sentido de la dignidad, altivez e independencia que son vitales en el comportamiento de la gente de Izquierda.

Impera también la penumbra en la Izquierda extraparlamentaria. Golpeada por divisiones, oportunismos y polémicas irrelevantes, sigue empecinada en un camino electoralista que la encajona y subordina a estrategias de clase antagónicas a los intereses que dice representar y que la aisla del pueblo. Pierde una energía que debería emplear en la movilización de masas para romper las restricciones y cortapisas impuestas por la dictadura y que han sido prolongadas por la Concertación.

Los sectores electoralistas de la Izquierda han amarrado su suerte a proyectos ajenos a los intereses populares. Y por su parte, el archipiélago izquierdista que incurre en el error inverso de rechazar en forma absoluta el instrumento electoral, dando la espalda a experiencias latinoamericanas recientes, no atina a abrir un camino que pueda atraer a sectores importantes del pueblo trabajador, condenándose a una presencia insignificante en esta coyuntura político-electoral.

Las insuficiencias y la reiteración de errores que han costado sangre, sudor y lágrimas a un pueblo decepcionado de la participación política y de la lucha social, constituyen el extravagante e insólito aporte que la Izquierda hará a la muy probable victoria de la derecha en las elecciones de diciembre.

Editorial de Punto Final, edición Nº 691, 7 de agosto, 2009.

 

 

Bush fue un presidente “blando”, según Dick Cheney

Rupert Cornwell *

Página/12

Bush boludo

Fue la eminencia gris detrás del trono de George W. Bush, y, con sus modos crípticos y sigilosos, llegó a ser el vicepresidente más poderoso y probablemente más impopular de la historia moderna de Estados Unidos. Ahora, sin embargo, la futura publicación de unas memorias en las que acusa a su antiguo jefe de haber ignorado sus consejos y convertirse en un “blando” parece indicar que Dick Cheney develará todos sus secretos.

El libro de memorias se publicará recién en el 2011, pero lo central de su argumento fue hecho público ayer en un artículo del Wa-shington Post basado en discusiones y reuniones de trabajo mantenidas por el propio Cheney con antiguos asesores, expertos en política exterior y altos mandos militares. Lo que surge es un Cheney absolutamente convencido de que, antes y ahora, siempre tuvo razón respecto de que Estados Unidos enfrentaba amenazas extraordinarias, en especial el peligro de que un Estado fallido le pasara armas nucleares a un grupo terrorista. Amenazas como ésas, según Cheney, ameritaban respuestas implacables.

Al principio, Bush estaba de acuerdo, “pero en el segundo mandato él (Cheney) sintió que lo empezaba a perder, que el jefe se alejaba de las líneas de acción fundamentales…”, contó una fuente anónima que participó en las últimas reuniones del ex vicepresidente. “Dijo que Bush se había dejado arrinconar por ciertas reacciones de la opinión pública y diversas críticas que recibía”, agregó la fuente, precisando que lo que Cheney le reprochaba al presidente era que se había convertido en un “blando” y que ya no escuchaba sus consejos. La doctrina Cheney, según sus allegados, era simple: golpear duro, siempre; nunca dar explicaciones, jamás pedir disculpas.

Desde el comienzo, Cheney fue un vicepresidente con características distintivas: el hombre tenía mucha más experiencia que su jefe en asuntos de política exterior y, además, conocía las reglas del mundillo de Washington como la palma de su mano. Y pese a ello, no tenía la más mínima ambición de ser el número uno, por lo que jamás le importó lo que la opinión pública pensara de él. Su lema, sin dudas, podría haber sido el del emperador romano Calígula: Déjalos que nos odien, lo importante es que nos teman…

Estos factores se combinaron durante el primer período presidencial para otorgarle una gran influencia sobre Bush. Tras la reelección, según parece, ese ascendente habría comenzado a evaporarse. Incluso en ese momento, Cheney ya se permitía discrepar con ciertas políticas adoptadas por Bush, como, por ejemplo, prohibir el uso de técnicas de tortura en los interrogatorios a sospechosos de terrorismo o bien intentar una postura más moderada respecto de países como Corea del Norte o Irán, miembros originarios del llamado “Eje del Mal”.

John Hannah, asesor de Cheney en política exterior durante su segundo mandato como vicepresidente, contó que éste estaba furioso cuando Bush echó al por entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a quien Cheney había llegado a calificar como “el mejor secretario de Defensa de la historia de Estados Unidos”.

Más tarde, a su vez, Cheney volvería a enojarse con su jefe cuando éste se negó, durante los últimos días de su presidencia, a indultar a quien había sido su jefe de gabinete, Lewis “Scooter” Libby, condenado por perjurio en el 2007 por filtrar a la prensa el nombre de una agente secreta de la CIA. Según Cheney, la actitud de Bush “fue como abandonar a un soldado en el campo de batalla”.

Todas estas intimidades del poder y muchas más serán develadas en el próximo libro de memorias del político republicano. Robert Barnett, el abogado que negoció los derechos de la publicación, aseguró que el volumen “estará lleno de novedades”. El propio Cheney, a su turno, se encargó de alimentar las expectativas al señalar que el status de secreto de Estado, para muchos asuntos, ya expiró.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

 

Venezuela: otros espectros (II)

Jorge Gómez Barata

Cubadebate

De haber gobernado hace 100 años Hugo Chávez pudo haber inventado las regulaciones para administrar el espectro radioeléctrico. No ocurrió así y ahora carga con la responsabilidad de ordenar el caos introducido en su país.

 

En los 60 años que corren entre 1844 cuando Samuel Morse inventó el telégrafo, hasta principios del siglo XX momento en que la radio se consolidó como medio de difusión masiva, se generalizaron la telegrafía con o sin alambre, las comunicaciones telefónicas y la radiodifusión.

En ese mismo período se desarrollaron los trasatlánticos de carga y pasajeros, los ferrocarriles, los ejércitos, las armadas, la policía, la Cruz Roja y la defensa civil. Se fomentaron las transacciones financieras a distancia, tuvo lugar la Primera Guerra Mundial y millones de personas se habituaron a utilizar el telégrafo y el teléfono para necesidades particulares.

El éter se llenó de señales y se ocuparon todas las frecuencias. Tan impresionante desarrollo hizo necesarias regulaciones precisas, exactas y obligatorias, tanto a escala nacional como mundial. En ese contexto aparecieron las autoridades de comunicaciones y radiodifusión.

Desde su surgimiento hasta hoy, a escala nacional, la radiodifusión ha seguidos dos modelos de desarrollo.

El primero y más liberal es el norteamericano que privilegia la actividad comercial. Como en otras áreas, al dejar hacer al mercado, originalmente se creó un caos que marchó en dos direcciones: la proliferación de emisoras que se interferían unas a otras y la tendencia de unos propietarios a absorber a otros creando situaciones de monopolio. Ambos problemas obligaron a legislar sobre el particular.

En 1927 en Estados Unidos se adoptó la Radio ACT, creándose la Comisión Federal de Radio, denominada luego, Comisión Federal de Comunicaciones (FCC). En aquella oportunidad, debido a que no había frecuencias para todas y era preciso cubrir otras necesidades de la sociedad y del Estado, salieron del aire decenas de plantas, en primer lugar las que tenían situaciones irregulares.

La Ley de Radio y otras instancias jurídicas posteriores, atribuyeron al Estado norteamericano representado por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), el papel de autoridad única para administrar el espectro radioeléctrico y fungir como árbitro encargado de distribuir las frecuencias radioeléctricas, regular la potencia de los transmisores, controlar los patrones de antena y fiscalizar el contenido de las programaciones, de modo que se atengan a las reglas éticas y morales predominantes en la sociedad. Debido a la naturaleza federal del sistema político norteamericano la mayoría de las regulaciones tienen carácter estadual, difiriendo de unos estados a otros.

Desde el principio, ateniéndose a las experiencias de la prensa escrita que la precedió, la radio norteamericana se financió con la venta de espacios, es decir, tiempo en el aire a particulares, empresas, organizaciones, instituciones culturales, partidos políticos y al propio Estado y con la introducción de publicidad. Los patrocinadores son un invento yankee.

En Europa, debido, entre otras cosas, al monopolio que originalmente ejerció Guillermo Marconi y a la Primera Guerra Mundial, la radio tuvo un crecimiento tardío y no fue hasta alrededor de 1922 que se desarrollo siguiendo el modelo británico que la consideró un servicio público controlado y supervisado por el Estado, práctica vigente hasta hoy, cuando, a pesar de los retrocesos neoliberales, con métodos de gerencia y dirección modernos y básicamente democráticos, la radio europea es un interés y un área donde la participación del Estado sigue siendo decisiva.

A diferencia de Estados Unidos, la radio en Europa originalmente se financió mediante el cobro de impuestos a los poseedores de los receptores, sistema todavía vigente en algunos países y por el cobro de tarifas a las instituciones que emiten programas de carácter culturales o interés publico. En algunos países la radio recibe apoyo económico de fuentes públicas y los dirigentes de los órganos rectores son aprobados por los parlamentos.

La idea de que pueden existir “latifundios radiales”, que las frecuencias radioeléctricas se pueden heredar, comprar y vender juntos con los locales y los artefactos de las plantas de radio y que el Estado nada puede hacer ante semejantes desmanes es pedestre y primitiva, propia del subdesarrollo que supone el control de la oligarquía que, como aquel rey francés quisiera poder decir: “El Estado soy yo”.

De eso se trata la batalla de Chávez, no tanto de apoderarse del espectro radioeléctrico, sino de poner orden, hacer prevalecer el interés social y lograr que los medios de difusión masiva asuman con altura su papel. Ojalá sus colaboradores sepan como lograrlo. En definitiva él no puede hacerlo todo y unas chapucerías no se corrigen con otras.

 

La trama del Pentágono: Subordinación de las fuerzas armadas de AL al Comando Sur (Parte I)

IAR Noticias

 

La estrategia del control militar actúa como el sustento clave de la dominación económica, política y social de EEUU en América Latina. En consecuencia, cualquier investigación objetiva (y realista) sobre el proceso de desarrollo de la actividad militar y de los aparatos de seguridad de América Latina arroja invariablemente la siguiente confirmación: Los ejércitos, las policías y los servicios de inteligencia de los países regionales (salvo Cuba) mantienen (en diversos grados de desarrollo) relaciones de cooperación militar, entrenamiento, provisión de armas y de tecnología con el Comando Sur de EEUU.

De estos programas de inserción a la estrategia militar de EEUU, no están exentos -paradojalmente- los propios países que hoy (por derecha y por izquierda) critican y rechazan la instalación de nuevas bases militares de EEUU en Colombia.

Es más, ninguna fuerza armada regional (salvo Cuba) mantiene una posición independiente ni sustenta una hipótesis de conflicto alternativa al decálogo militar y doctrinario de Washington en América Latina.

La estrategia de control económico, político y social de América Latina, se cierra con la estructura operativa del control militar en la cual se insertan -a modo de satélites- los gobiernos, las fuerzas armadas y las policías de toda la región que operan bajo la acción coordinada de los planes de EEUU para América Latina.

Desde hace más de 20 años, en América Latina la democracia de mercado (el “poder blando”) convive con la cadena de bases y el Comando Sur cuya misión es preservar la hegemonía y el control militar norteamericano en la región (el “poder duro”).

Se trata de una estrategia de “dos caras” orientada a preservar el dominio geopolítico y militar del imperio norteamericano en su histórico Patio trasero.

Con el “poder blando” como alternativa de dominio, la estrategia geopolítica imperial norteamericano desarrolla simultáneamente -a nivel complementario- la estrategia del “poder duro” con despliegue militar-nuclear y bases desplegadas por todo el planeta, además de tropas listas para actuar allí donde la situación lo requiera.. Seguir leyendo “La trama del Pentágono: Subordinación de las fuerzas armadas de AL al Comando Sur (Parte I)”

En Nicaragua, las cuatro vidas del sandinismo

Hernando Calvo Ospina

Le Monde Diplomatique

 

En momentos en que la palabra revolución hace su reaparición en América Latina, Managua celebra el treinta aniversario del fin de la dictadura de los Somoza. Después de haber llegado al poder por las armas en 1979, resistido la agresión estadounidense, y estar en la oposición, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) está de nuevo en el gobierno desde el 2006. Sin dejar de ser un partido de izquierda, a veces su “pragmatismo” lleva a confusiones y maltrata su imagen.

“No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero patria libre o morir.” Fue la respuesta de Augusto César Sandino a la carta que le había hecho llegar el jefe militar estadounidense, instalado en Nicaragua, donde lo amenazaba de perseguirlo hasta la muerte si no deponía las armas. Para esa fecha Nicaragua ya había sido objeto de varias invasiones estadounidenses, siendo la primera entre 1854 y 1856. El Reino Unido también trataba de apoderarse de su costa Atlántica. Ambas potencias veían a ese territorio centroamericano como esencial para la construcción de un canal interoceánico. El que finalmente será construido por Panamá.

Con el pretexto de ayudar a dirimir confrontaciones políticas y militares entre liberales y conservadores, el secretario de Estado Philander C. Knox, envió tropas en septiembre 1909, las que se quedaron hasta 1925. Al año siguiente más de cinco mil « marines » vuelven a desembarcar, y permanecerán hasta 1933. La razón esgrimida en esta ocasión era que « agentes bolcheviques mexicanos » querían apoderarse de la nación.

Sandino era uno de esos « agentes ». Aunque se decía liberal, desde 1927 había tomado las armas no solo para combatir al ocupante extranjero, al que catalogaba de «imperialista” y “banda de cocainómanos », sino a la élite liberal-conservadora a la que señalaba de opresora, explotadora, racista y vende patria. “Sandino, cuenta el sociólogo Orlando Núñez, retomó las ideas y la bandera rojinegra de los anarco-sindicalistas mexicanos, el pensamiento clasista del salvadoreño Farabundo Martí1. En sus escritos dejó plasmada la necesidad de la integración latinoamericana, como lo había soñado Simón Bolívar, la incorporación de indígenas a las luchas políticas, y no excluía la alianza con empresarios patriotas para enfrentar al imperialismo estadounidense.”

Humilladas por las humildes guerrillas de Sandino, el « general de hombres libres », las tropas invasoras se retiran en 1933. Estados Unidos caía en la Gran Depresión, y mantenerlas era muy costoso. Atrás dejan organizada una Guardia Nacional dirigida por Anastasio Somoza, un militar formado en las academias estadounidenses. Es cuando Sandino, acepta una negociación con el gobierno nacional. El 21 de febrero de 1934, al salir de una recepción ofrecida por el presidente Juan Bautista, es detenido y asesinado. Pocos años después Somoza reconocerá que el embajador estadounidense, Arthur Bliss Lane, había dado la orden.

Bajo la tutela de Washington se instauró la dictadura de la dinastía Somoza, la que duró más de cuatro décadas: Anastasio (1936-1956), Luis (1956-1963) Anastasio Jr. (1967-1979).

Las luchas de Sandino no cayeron en saco roto. En 1960, al calor de la revolución cubana, y guiados por los idearios de Sandino, Carlos Fonseca Amador, Tomas Borge Martínez y otros intelectuales darían nacimiento al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Durante varios años los éxitos de esta guerrilla serian bien modestos debido, principalmente, a la inexperiencia en la relación con la población rural. Casi paralelamente, y por causa de los abusos y la concentración de poder de la familia Somoza, totalmente sometida a los intereses estadounidenses, fue produciendo el descontento de un sector de la burguesía. Este calcula que una alianza con el FSLN le permitiría desembarazarse del dictador, y recuperar los espacios perdidos o negados. Por su parte, el Frente ve que ese acercamiento podría facilitarle avances a su estrategia. La suma del movimiento de cristianos de la Teología de la Liberación, la Iglesia de los Pobres, fue decisiva. Así se converge en un proyecto de unidad nacional contra la dictadura. Mientras la represión crecía, las espectaculares acciones militares del Frente levantaban simpatías por el mundo. Ni el gobierno estadounidense de Jimmy Carter (1977-1981) pudo seguir sosteniendo a los Somoza: la insurrección armada triunfa el 19 de julio de 1979.

La revolución sandinista se convirtió en punto de referencia en el mundo. Pocos gobiernos se quedaron indiferentes, en particular los socialdemócratas de Europa. Seguramente la participación de jóvenes de la gran burguesía en las altas instancias del Estado les daba una seguridad en el tipo de sistema político que se impondría. Aunque en Nicaragua quienes tienen la mayor aceptación de la población son los revolucionarios anticapitalistas y de origen popular. El hijo de Carlos Fonseca, quien porta el mismo nombre, recuerda: “por haber creado una gran efervescencia y motivación, la revolución marcó la vida de la casi totalidad de los nicaragüenses que apenas estábamos entrando a la adolescencia. Se podía soñar y ser optimista.”

Una de las primeras tareas del gobierno sandinista, presidido por el joven Daniel Ortega, fue la Cruzada Nacional de Alfabetización, que en menos de diez años bajó el analfabetismo del 54% al 12%. Los pobres acceden a los estudios superiores. La atención médica fue dejando de ser privilegio de una minoría. Los campesinos se benefician de una reforma agraria, y se organiza a los pequeños y medianos productores en cooperativas. Se nacionalizaron los recursos estratégicos, mientras se impulsaba la sindicalización… El sociólogo Núñez reconoce que “fue un proceso de justicia social y de organización directa del pueblo sin precedentes en la historia de Nicaragua, y, a excepción de Cuba, de América Latina.”

El “problema” es que para adelantar esos proyectos el sistema político y económico debía ser reestructurado. Es ahí cuando surgen las discordias fundamentales al interior de la alianza en el poder. El sector de la burguesía aliado al FSLN tenía como simple meta el derrotar a una dictadura, pero nunca cambiar las estructuras del Estado, pues saldría perdiendo. Bien es cierto que los revolucionarios del Frente buscaron utilizar a sus aliados para legitimar la revolución fuera de las fronteras, pensando que así evitarían la agresión exterior o el ostracismo. “La revolución tenía que demostrar, sigue diciendo Núñez, que era democrática y católica, o sea, que era “buena” y confiable a los intereses de Estados Unidos y Europa.”

Mal cálculo. Si desde el gobierno del presidente Carter ya se apoyaba a ex guardias somocistas en la conformación de grupos contrarrevolucionarios, con Ronald Reagan la confrontación fue total. Posesionado en enero de 1981, llegará a declarar a esa nación como su “primer problema” de seguridad nacional… Unos meses antes, en abril de 1980, la casi totalidad de miembros de la oligarquía se retiran del Frente, uniéndose a la élite somocista para plegarse al plan desestabilizador de Washington. En Honduras, El Salvador y Costa Rica, militares y mercenarios estadounidenses y de origen cubano 2 entrenan las fuerzas contrarrevolucionarias, que serán denominadas simplemente como la “Contra”. Desde la frontera de esos países se realizan las mortíferas incursiones. “A mi generación le impusieron esa guerra, testimonia Fonseca Jr. Yo apenas tenia 15 años cuando me tocó que ir a combatir, como a miles de otros nicaragüenses. Pasamos de la infancia a la etapa adulta por culpa de Estados Unidos y la oligarquía nacional.”

No sólo las balas hicieron daño. La campaña de desprestigio contra la revolución fue enorme: “ateos”, “guerreristas”, “comunistas”, “totalitaristas”, “exportadores de revolución”, “traficantes de droga”… Y esto se hacía, principalmente, desde medios de prensa al interior de Nicaragua, como La Prensa, aunque la campaña internacional decía que no existía libertad de expresión.

La economía de guerra trajo el desabastecimiento alimenticio, el retroceso de los programas de desarrollo social, y el consecuente malestar de un sector de la población. Los sandinistas también pusieron de su parte en el fortalecimiento de la contrarrevolución A las filas de la “Contra” llegaron campesinos que no aceptaron la prioridad dada a la formación de granjas del Estado, ni el apoyo a las cooperativas, al percibirlo como competencia desleal; a los “ataques” al libre mercado, a los precios administrados. A esto se sumó que desde 1983, ante la persistente amenaza externa, se implantara el servicio militar obligatorio. El actual diputado del FSLN en el Parlamento Centroamericano, el ex combatiente Jacinto Suárez admite: “No supimos manejar totalmente la relación con el campesinado. Y cuando hoy hablamos con los dirigentes de la “Contra”, nos damos cuenta que cometimos grandes errores. Se agredió a sectores del campesinado e indígena3, porque algunos creían que las armas daban el derecho a imponer la voluntad.”

A pesar de los estragos y crímenes que cometía –se calculan unos treinta mil muertos al final del conflicto-, la contrarrevolución era un fracaso militar. En 1984 los Sandinistas ganan ampliamente las elecciones presidenciales y legislativas. Washington, por estrangular a la revolución, se ve en medio de escándalos: en 1986 se revela la venta ilegal de armas a Irán (Irangate); y, peor, el tráfico de cocaína institucionalizado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), desde Colombia. Todo para mantener viva a la “Contra”. Al año siguiente el Tribunal Internacional de La Haya condena a Estados Unidos por el minado de los puertos nicaragüenses. En esos momentos la revolución está económica y humanamente agotada. Llega, entonces, el tiempo de las negociaciones sandinistas-“Contras”, y después las nuevas elecciones…

Candidata de Washington y de las fuerzas anti-sandinistas, que se habían reagrupado para la ocasión en la Unión Nacional Opositora (UNO), Violeta Chamorro triunfa en febrero de 1990. Durante la campaña electoral, los sandinistas tenían un apoyo popular del 53%. Pero, según Suárez, una situación inesperada y mal dirigida volteó la balanza. “La intensidad de la guerra había bajado por las negociaciones con la “Contra”, por lo tanto las muertes mermaron. Se veía el fin de la guerra. Pero cuando se da la invasión a Panamá 4, en Managua se rodea con tanques a la embajada estadounidense. Los sandinistas, armados, salen a las calles en solidaridad con esa nación. Dos días después se midió la opinión y habíamos caído al 34%. Ya fue imposible recuperarse, porque a la gente le dio miedo la reactivación de la guerra.”

Aún en el gobierno, los sandinistas firman con la oposición un Protocolo de Transición donde, entre otras cosas, se acuerda trabajar por la cohabitación de todas las fuerzas en contienda. A pesar de la oposición estadounidense, el nuevo gobierno acepta que se respete la continuidad en el mando de las Fuerzas Armadas, la policía y los servicios de seguridad. Estos últimos pasaron a las órdenes del ejército, pero el gobierno se las inventó para irlas desmantelando. Según Lenín Cerna, inspector del Ejército durante la nueva etapa, esta tarea fue entregada a misiones militares europeas, en el cuadro del “proceso de paz”. El entonces presidente del gobierno español, Felipe González, “jugó el papel que los gringos no podían directamente, asegura Cerna. Y fue así como nuestros servicios de inteligencia terminaron en manos de los estadounidenses, en su casi totalidad.”

El que los sandinistas quedaran con el poder en el Ejército y la policía, aseguraba que el nuevo gobierno no los utilizara para la represión y la venganza contra el pueblo y la dirigencia. Así, el último alto mando con trayectoria guerrillera y sandinista tan solo pasará a retiro en el año 2010.

La “Contra” se disolvió. Sus miembros fueron, con más o menos dificultades, reabsorbidos por el tejido social nicaragüense. Los nuevos gobernantes y la oligarquía empezaron a desconocer los acuerdos, mientras les quitaban a los nicaragüenses todo lo positivo realizado por la revolución. Muy pronto, los que no pertenecían al reducido y exclusivo grupo dirigente de la “Contra”, se dieron cuenta de la realidad. Uno de sus combatientes, Israel Galeano, expresó: « La oligarquía botó a Somoza con ayuda de ustedes los sandinistas, y los botó a ustedes con ayuda nuestra. No ganamos, ni ustedes, ni nosotros los Contras: ganó la oligarquía » 5

Elena Aguilar, es una ex combatiente sandinista que colabora con la Escuela Obrero-Campesina Francisco Morazán, a las afueras de Managua. Ella explica cómo han robado al Estado, y engañado a los campesinos que habían sido favorecidos con el millón de hectáreas distribuidas en los años ochenta. “Primero se les dijo que los terratenientes iban a reclamar sus propiedades, pero que el gobierno los indemnizaría. Y pagó, y a un buen precio. A pesar de ello, esos terratenientes pusieron demandas por el “robo” de sus tierras. Los juicios se eternizaron, y ni los campesinos ni las cooperativas tenían dinero para sostenerlos. Entonces llegaron “asesores” que les recomendaron de vender sus tierras a los demandantes, o sea a los mismos que el gobierno ya les había pagado. “Casualmente”, estos tenían estrechas relaciones familiares o de amistad con el alto gobierno…”

Con la señora Chamorro llegaron las políticas neoliberales, apuntaladas por las empresas transnacionales, especialmente estadounidenses, aunque también europeas y asiáticas; la oligarquía financiera se dedicó a saquear los bienes estatales y a la especulación económica. Núñez cuenta que en “muy pocos años desplazaron a la incipiente y nunca consolidada burguesía nacional, y destrozaron las oportunidades de pequeños y medianos productores del campo y la ciudad. Sumieron a Nicaragua en la peor de las crisis económica, social y financiera de su historia.” A partir de 1990, tres presidentes6 arrasaron con lo que alcanzó a realizar la revolución sandinista. Los salarios llegaron a perder la tercera parte de su valor. El subempleo, que ronda el 45%, se convirtió en la principal fuente de trabajo, y la miseria alcanzó a buena parte de los nicaragüenses.

Ese doloroso retroceso parece no tener freno “El poco tiempo que duró la revolución, analiza Fonseca, no fue suficiente para crear un nuevo sistema, por las realidades políticas, económicas y de guerra que nos impusieron. No se hizo la institucionalización de la participación del pueblo en el ejercicio del poder. Si eso se hubiera hecho, el neoliberalismo no hubiera podido tan fácilmente desmontar las conquistas sociales.”

La derecha no logra debilitar al FSLN, pero sí las luchas intestinas. En 1984, durante su congreso partidario, se enfrentan dos posiciones. Según Fonseca, “unos predicaron la renuncia al antiimperialismo, al socialismo, al carácter de vanguardia del partido. El otro sector, encabezado por Daniel Ortega, planteaba la necesidad de hacer un replanteamiento programático sin apartarse de los principios ideológicos del Sandinismo.” De los quince cargos de dirección, los sandinistas liderados por Ortega obtuvieron doce. Denunciando el “autoritarismo”, casi toda la dirección nacional, la mayoría de los que fueron ministros, y muchos diputados, dejaron al Frente para fundar el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS).7

Sorpresivamente, y a pesar de todas las campañas en su contra, el FSLN y Daniel Ortega regresaron al gobierno en noviembre 2006. Para lograrlo, utilizaron una serie de acuerdos políticos que algunos han cuestionado y criticado, incluidos simpatizantes y amigos, en el país y al exterior.

Los sandinistas se habían aliado con los conservadores para lograr el juicio y encarcelamiento, por corrupción, del ex presidente Arnoldo Alemán. Después, ofrecieron a este mismo, condenado a veinte años, de sacarlo y ponerlo bajo “detención vigilada” en su residencia. A cambio, Alemán debía asegurar la “neutralidad” del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Igual estupor creó el pacto de “no-agresión” con quien fuera uno de sus más feroces enemigos en los años ochenta, el cardenal Miguel Obando y Bravo. Ante el avance de las religiones evangélicas, esto le convenía a la Iglesia Católica. Inmediatamente la élite nicaragüense y Washington presionaron al Vaticano para que fuera sustituido. En las elecciones de 2006 el FSLN logró el 38% de votos, y sus alianzas le pusieron el 13% que necesitaba Ortega para ganar por mayoría.

“Se instrumentó una audaz y ventajosa política de alianzas con los partidos de la oligarquía, justifica Edén Pastora, el mítico Comandante Cero8. Hoy con uno, mañana con el otro. Y mientras avanzaba, sin vender sus banderas, los iba dividiendo y debilitando. Al comienzo yo no lo aceptaba, pero lo entendí. Y si ellas nos llevan al poder, si son para hacer programas sociales, benditas sean las alianzas.” Mientras que Cerna complementa: “Las alianzas que hicimos cuando no éramos gobierno fueron maniobras políticas. Nosotros entendemos de tácticas y estrategias, ¡porque hemos sido guerrilleros, militares y políticos!” Este pragmatismo es el que muchos no digieren.

En el gobierno desde el 10 de enero 2007, el FSLN pasó a ganar las elecciones en 105 municipalidades, de las 146 existentes, en noviembre 2008. Es que a pesar de insultos y señalamientos personales contra los dirigentes Sandinistas, la salud y la educación han vuelto a ser gratuitos. Miles de niños han regresado a la escuela, dejando de trabajar o pedir limosna. El plan “Hambre Cero” entrega un millón de platos diarios en los centros educativos. El mismo plan

busca la soberanía y seguridad alimenticia del país, legalizando tierras, y entregando préstamos al pequeño y mediano productor a muy bajo interés. Unas cien mil familias campesinas se benefician con este proyecto administrado por mujeres, organizadas en cooperativas. “Ellas son las más estables y las que casi siempre cargan con la supervivencia de la familia, observa Elena Aguilar. Mucho más ahora que los hombres deben deambular en busca de trabajo, dentro y fuera del país.”9 Ellas reciben capacitación, y les entregan vacas, cerdos, semillas. Del préstamo devuelven el 20%, y el resto deben capitalizarlo para que sean independientes, y se conviertan en productoras de alimentos.

El programa “Usura Cero” da financiamiento a una parte de ese 45% de nicaragüenses que trabajan por cuenta propia, con un interés del 5%. Si los bancos lo han asumido como una declaración de guerra, los productores de zapatos, muebles, ropa y otros beneficiados pueden vender más barato al consumidor. “Si la embajada estadounidense y la oligarquía estaban rabiosas por la pérdida del liderazgo político, constata Núñez, también lo están por el acercamiento de muchos empresarios nacionales al Frente.”

La dinámica regional está ayudando sustancialmente… Como miembro de la Alternativa Bolivariana para Nuestra América (ALBA)10, Nicaragua puede intercambiar petróleo venezolano por fríjol, carne o vaquillas.11. El ALBA financia también una buena parte de los programas sociales. Médicos cubanos operan gratis los ojos a miles de personas, con modernos equipos enviados por Venezuela. Se está alfabetizando con un programa cubano denominado “Yo si puedo”, por lo cual este 2009 Nicaragua será declarada libre de analfabetismo. 12

“Estamos avanzado a buen ritmo, con lo poco que tenemos, y el apoyo de los países amigos latinoamericanos y del Caribe, dice la señora Aguilar. Pero nos han declarado una guerra mediática: ¡Sólo se anuncian problemas! Quieren impedir que el Frente vuelva a ganar en el 2012.” Las últimas encuestas dicen que Ortega goza del 54% de aceptación, y… sin alianzas.

En agosto 2008, Robert Callahan llegó como embajador estadounidense. Su presencia abrió muchas heridas. En los años ochenta había sido agregado de prensa en la embajada de Honduras, siendo su jefe John Dimitri Negroponte. Desde ese país la CIA dirigía a lo más sanguinario de la “Contra”. Hoy, Callahan, preocupado por los avances de los sandinistas, apoya y complota abiertamente con la oposición nicaragüense. Una ingerencia que, en mayo 2009, llevó al presidente Ortega a amenazarlo de expulsión. En ese momento, los representantes de la élite y los anti-sandinistas, dijeron que el mandatario “estaba mordiendo la mano a quien daba de comer.” De seguro el general Sandino se debió haber revolcado en su tumba.

*Periodista, autor entre otros de: “Colombia, laboratorio de Embrujos. Historia del terrorismo de Estado en Colombia”. Foca-Akal, Madrid, 2008.

EEUU sí, Israel también

Asier Ecenarro Arancibia

Gara

Estos días es noticia el acuerdo entre los EEUU y el Gobierno de Alvaro Uribe para incrementar la presencia militar yanqui en el Cono Sur. Que el Ejército Colombiano y los paramilitares habían recibido ayuda y asesoría por parte de los norteamericanos era ya sabido desde hace décadas. Que Colombia se ha convertido en una base de operaciones del pentágono para neutralizar y frenar los procesos nacionalistas y revolucionarios de la región no es cosa nueva. Pero lo que ha pasado más desapercibido para la opinión pública es la injerencia que el Estado de Israel y varias organizaciones sionistas han tenido en la estrategia de «contrainsurgencia» y de «lucha contra el terrorismo».

El Estado de Israel armó y adiestró a mandos de muchas de las dictaduras militares en el periodo de la «guerra fría», como a la Junta Militar argentina de Videla, y también en Centroamérica, apoyando al régimen de Somoza en Nicaragua.

Hace unos días el ministro de Exteriores de Israel se entrevistó con Uribe para, en teoría, firmar acuerdos comerciales, pero el verdadero objetivo del encuentro sería, en mi opinión, de alcance estratégico y militar. El canciller Lieberman mostró preocupación por la supuesta presencia de una célula del movimiento de liberación libanés Hezbollah en el departamento de La Guajira, en la frontera con Venezuela. Todo esto no es más que una operación mediática para intentar asociar a Venezuela con el «terrorismo islamista». Los objetivos de Israel en la región son: acosar y aislar a la República Bolivariana, que es un aliado fundamental de la República islámica; derrocar la revolución nacionalista de Hugo Chávez, y penetrar cada vez más en la Argentina. Hace dos años la excusa fue la misma. El Gobierno israelí y los EEUU denunciaron la «presencia» en la triple frontera entre Argentina, Paraguay y Brasil de células de Hezbollah. Todo un pretexto para intervenir y montar bases militares. Israel va a hacer todo lo posible para derrocar a los gobiernos de Chávez y Ahmadineyad. Para ello no dudará en utilizar su estrategia preferida: intentar involucrar a terceros países en una supuesta «guerra contra el terrorismo», que no es otra cosa que el intento de afianzar su poder y dominio en Oriente Medio y de controlar la geopolítica mundial.

Los gobiernos argentinos de Kirchner se han dejado pisotear diplomáticamente por el Estado sionista. En el futuro próximo los dirigentes nacionalistas del bloque bolivariano deberán estar atentos para no caer en las trampas que los israelíes están preparando, seguro, para estas horas.