La cultura en las crisis latinoamericanas (Descargar Libro)

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Alejandro Grimson

CLACSO  http://www.clacso.org.ar/  , Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Septiembre de 2004

987-1183-01-1

(15,5 x 22,5 cm) 311 páginas 

Descriptores Tematicos: cultura; crisis; conflictos sociales; participacion social

 

INDICE

  • Introducción
  • Sobre el estado de excepción como cotidianidad: cultura y violencia en Colombia
  • Sobre os sentidos das novas formas de protesto social no Brasil. os impactos das ações do MST sobre o sindicalismo rural
  • Desobediencia simbólica. Performance, participación y política al final de la dictadura fujimorista
  • Ni todos, ni alguien, ni uno. La politización de los indefinidos como clave para pensar la crisis agraria
  • La imaginación de lo nacional en tiempos de dolarización y crisis: nuevas estrategias de representación del movimiento indígena ecuatoriano
  • Nos vemos en el piquete…”. Protestas, violencia y memoria en el Noroeste argentino
  • La guerra de símbolo y espacio de poder. El caso Venezuela
  • La experiencia argentina y sus fantasmas
  • Conluência perversa, deslocamentos de sentido, crise dircursiva
  • Cultura, direitos humanos e poder. Mais além do império e dos humanos direitos. Por um universalismo heteroglóssico
  • Reflexiones (localizadas) sobre el tiempo y el espacio
  • Subjetividad, crisis y vida cotidiana. Acción y poder en la cultura
  • Estado y sociedades nacionales en tiempo de neoliberalismo y globalizacion
  • Preguntas sobre el nacionalpopulismo recargado
  • Metáforas de la experiencia social

 

Fragmento

Este libro reúne un conjunto de estudios de casos y ensayos sobre el papel que la cultura cumple en las crisis económicas y políticas en diferentes países de América Latina presentados durante la reunión del Grupo de Trabajo Cultura y Poder de CLACSO realizada en Buenos Aires el 5 y 6 de junio de 2003.

Por una parte se analiza el papel de la cultura en la trastienda de las crisis. Se reflexiona acerca de sedimentaciones históricas de los sentimientos de pertencia, las redes sociales, las formas organizacionales y de acción, y en general de la imaginación política, que aparecen como si estuvieran “dadas” en una situación y compelen a los agentes a actuar dentro de ciertos marcos. Los estudios analizan las maneras en que esas crisis afectan y transforman imaginarios nacionales de pertenencia, relatos de comunidad y de nación que los propios estados parecen incapaces de sustentar en la actualidad. Complementariamente, se preguntan de qué manera esos imaginarios y ciertas “tradiciones nacionales” inciden fuertemente en los modos en que las crisis son procesadas y repsondidas de maneras muy diferentes en diversos países y por distintos sectores sociales, considerando las vivencias y expectativas, los modos de acción y organización. ¿Hasta qué punto las crisis producen fisuras en los límites de la imaginación nacional y hasta qué punto esos límites se hacen presentes dramáticamente en las maneras en que las crisis son procesadas?.

Por otra parte se analizan los usos políticos de la cultura en las situaciones de crisis. Se abordan los cambios que se producen en las identidades sociales y políticas en el proceso de crisis, en las formas de participación, inclusión/exclusión, en las formas de nominación, la difuminación o reaparición de identificaciones étnicas o nacionales, Se consideran las políticas culturales de los estados y de movimientos sociales, los usos de “una cultura de la paz” o “una cultura para el desarrollo”, las políticas de reconocimiento en las cuales se anuncia la pretensión de saldar simbólicamente aquello que no hacen la economía o a las instituciones.

La cultura se convierte a veces en un epicentro de la lucha política, así como en otro plano esa lucha política está hecha de modos de imaginación y acción sedimentadas.

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Porqué el capitalismo hace la guerra y no el amor

 

Manuel Freytas

IAR Noticias

Contrariamente a lo que predican analistas y modernos sacerdotes pacifistas del sistema, el ideario de realización de la civilización imperial capitalista no se basa en la búsqueda de la (idílica) “paz social”, sino en la búsqueda de la (pragmática) guerra militar como factor primario de dominación y control a escala global. El capitalismo solo hace la “paz” cuando tiene ganada la guerra.

La “paz social” (substancia matriz del “sistema democrático” de dominio vigente) no surge a priori como un objetivo, sino como un resultante exitoso del control militar sobre las resistencias sociales que el sistema capitalista establece para mantener sus estrategias de explotación del hombre por el hombre y de concentración de riqueza en pocas manos.

“Hacer el amor y no la guerra”, es un mito pacifista que se subvierte dentro de la necesidad histórica del sistema capitalista de lanzar guerras militares permanentes como método de conquista y apropiación primaria de mercados y de materias primas para el sostenimiento de su estructura económica productiva imperial.

El sistema capitalista (producto histórico de la dominación del hombre por el hombre) no se alimenta de la paz sino de la guerra concebida como el primer escalón de las políticas y estrategias de dominación (sustento de la explotación económica) a escala global.

Es más, los propios procesos históricos ya incorporaron la “economía de guerra” (emergente de la industria de la guerra) como un segmento clave de la economía capitalista que en caso de colapsar arrastraría consigo a todo el sistema a escala global.

La guerra y el dominio

La historia de la humanidad, es la historia de la conquista y de la dominación del hombre por el hombre en distintas etapas y grados de evolución transformacional que transcurren de lo simple a lo complejo.

El control del oponente es la base del dominio, a nivel del hombre y su entorno primero, y de los sistemas (políticos, económicos y sociales) que rigen las sociedades, después.

Cuando el primer hombre primitivo controló y dominó por medio de la fuerza a otro, estaba estableciendo el principio de la dominación del hombre por el hombre que rigió el desarrollo de todas las civilizaciones imperialistas conocidas hasta ahora, y cuya máxima expresión de desarrollo estratégico se da con el sistema capitalista.

La búsqueda del control y del dominio, a su vez, definen el carácter imperialista de las distintas civilizaciones (incluida la capitalista) que fueron marcando la evolución y el trazado de la historia humana a partir del dominio hegemónico.

Las distintas “civilizaciones” a lo largo de la historia no fueron producto de la libre creación del espíritu y de la mente humana, sino un emergente de estrategias y políticas orientadas a la conquista (militar, económica, política y social) de las clases más poderosas sobre los estamentos más débiles de la población humana.

La guerra, el uso y el control del poder militar, la capacidad de destrucción masiva, fue el factor primario que posibilitó (por medio de la conquistas) que grupos reducidos de individuos (las “clases dominantes”) impusieran su voluntad sobre las mayorías y las condenaran a la servidumbre y el esclavismo.

Desde la antigüedad, pasando por Grecia y Roma hasta el “sistema capitalista”, las guerras fueron herramientas estratégicas (claves) para la construcción de los distintos sistemas de dominio basados en el control masivo de poblaciones para concentrar (por medio de la explotación del trabajo social) poder y riquezas económicas.

Históricamente, los “ricos” (la concentración del poder económico) no nacieron de un repollo, sino que son el emergente evolutivo y transformacional de un sistema de dominio del hombre por el hombre (el control y el dominio sobre los “pobres”) que descansa en última instancia en la concentración del poder militar y en la capacidad para hacer la guerra.

Si EEUU no contara con la maquinaria nuclear militar del Pentágono, cinco flotas (aviones, barcos y submarinos) con poder nuclear y 800 bases militares distribuidas por todo el planeta con capacidad de destruir varias veces la tierra, su poderío imperial económico financiero no hubiera podido existir.

El dólar no es la “moneda patrón” del sistema capitalista por méritos propios, sino porque detrás suyo se encolumna el poderío nuclear militar de EEUU que oficia de gendarme armado para el sostén del sistema.

En un escenario siempre mutante y constante, las guerras (imperiales) evolucionaron de la colonización militar a la colonización de cerebros, sin perder su objetivo primario de conquistar y controlar para dominar.

Por eso la dinámica funcional de la historia humana (en todos sus estadios) se rige por las estrategias de control y dominación desarrolladas por medio de las guerras imperiales.

Y contrariamente a lo que predican los modernos “pacifistas” a ultranza, las guerras no se hacen para matar sino que se hacen para controlar y dominar. Las masacres militares no son un objetivo a priori, sino un resultante del objetivo a priori de la búsqueda del control y del dominio militar.

O sea que, en primer lugar, y según lo que surge como comprobación fáctica y estadística de cualquier estudio estratégico, las guerras imperiales no se hacen para matar, sino para controlar y dominar.

En segundo lugar, la destrucción material y los genocidios humanos que producen las guerras (de conquista imperial) vienen como consecuencia de la búsqueda de control y dominio sobre un oponente que resiste, y no al revés.

Por lo tanto, las guerras (de conquista imperial) no se planifican para matar, sino para apoderarse de un objetivo estratégico siguiendo la motivación imperialista central de controlar para dominar, y su concepto de aplicación va desde territorios hasta sociedades y hombres.

Toda acción de dominación del hombre por el hombre (implícita en la guerra de conquista imperial) se rige por un axioma estratégico: para dominar, primero hay que controlar por medio de la guerra.

El que planea una guerra de conquista no lo hace para destruir, sino que lo hace con un objetivo estratégico de controlar y dominar blancos de apoderamiento trazados de antemano, sean territorios (guerra militar), recursos económicos y mercados (guerra económica), países y sociedades (guerra social), o mentes (guerra psicológica).

Al contrario de lo que cree la mayoría, el resultado exitoso de las guerras no se mide por la destrucción militar, sino por la consecución de los objetivos con el menor costo de destrucción física o de vidas humanas.

Vale como ejemplo la operación militar Plomo Sólido que Israel lanzó sobre Gaza, en enero pasado, que fue lanzada para controlar y/o exterminar a Hamás, pero terminó en una derrota y en un fracaso internacional para el estado judío por la masacre de civiles inocentes y la destrucción de infraestructura en la que derivó.

La guerra por otras vías

Desde la prehistoria hasta la actualidad, todas las civilizaciones dominantes se valieron de la guerra imperialista para controlar y dominar:

A) Territorios (conquista territorial) = Control político

B) Recursos naturales (conquista de recursos) = Control económico

C) Sociedades (conquista de las sociedades) = Control social

D) Individuos (conquista de las mentes) = Control ideológico

Los imperios antiguos (Grecia, Roma) sólo habían llegado a la conquista territorial (guerra militar) y a la conquista de recursos (guerra económica), y apenas habían tocado el primer estadio de la guerra social (conquista de la sociedad), imponiendo sus idiomas o sus creencias religiosas en los territorios conquistados (caso del latín con Roma, o caso de la religión católica con los imperios de la Edad Media).

Con el Imperio del sistema capitalista, la guerra por el dominio y el control completa el ciclo evolutivo con la guerra social (conquista de las sociedades) y la guerra psicológica (conquista de las mentes).

Esta instancia de guerra por el control y el dominio de las sociedades y de las mentes, se posibilita por el advenimiento de la Revolución Industrial en el siglo XIX, que luego condujo a la Revolución Tecnológica e Informática del siglo XX.

Es decir que la guerra por el dominio y control de las sociedades y de las mentes, sólo se produjo a partir de la interacción funcional de la tecnología mediática (medios de comunicación) y de la informática (electrónica y computación) orientada a un objetivo de control y dominio mediante una estrategia comunicacional.

Esos tres factores (medios de comunicación, electrónica y computación, y estrategias comunicacionales) posibilitaron que la guerra por el control y el dominio imperial capitalista tocara su máximo estadio de desarrollo estratégico: la Guerra de Cuarta Generación.

Porqué el capitalismo no puede prescindir de la guerra militar

El desarrollo tecnológico e informático, la globalización del mensaje y las capacidades para influir en la opinión pública mundial, convirtieron a la Guerra Psicológica mediática en el arma estratégica dominante de la 4GW (Guerra de Cuarta Generación), a la que se agrega una variante “contraterrorista” tras los ataques explosivos del 11-S en EEUU.

De esta manera, y a partir del 11-S norteamericano, la “Guerra Psicológica” (con su variante la “Guerra Contraterrorista”) conforma la columna vertebral estratégica de la Guerra de Cuarta Generación, con los Medios de Comunicación convertidos en los nuevos ejércitos de conquista.

La Guerra Psicológica define el estadio superior de las estrategias de control y dominación ensayadas hasta ahora por los sistemas imperialistas (dominación del hombre por el hombre) que se fueron sucediendo hasta llegar al sistema capitalista.

¿Y porqué en este estadio avanzado del control social sin el uso de las armas el capitalismo no puede prescindir del uso de la guerra militar?

Por tres razones precisas que la justifican:

A) Las guerras y los conflictos militares alimentan a los complejos militares y la industria bélica (con facturación billonaria) constituida en la pata complementaria de la rentabilidad capitalista trasnacional.

B) Los conflictos intercapitalistas por petróleo y recursos estratégicos esenciales para la supervivencia futura de la potencias sólo se resuelven en última instancia (y a nivel de desenlace) por la guerra militar.

C) Solamente el aparato y el arsenal militar nuclear garantizan efectivamente la supervivencia del Estado imperial y de las potencias centrales, que sin la supremacía del poder militar serían engullidos y destruidos por el resto de los países que integran el sistema a nivel planetario.

Esta realidad fáctica, entre una multiplicidad de factores interactivos, explica porqué el capitalismo (hasta su desaparición) está centralmente determinado por la guerra militar como factor primario de dominio y de preservación de su sistema económico de explotación del hombre por el hombre.

En este escenario, marcado por la ley y las contradicciones de su propia supervivencia, el sistema capitalista está condenado a vivir en la “guerra permanente”, y, consecuentemente solo hay “paz” en el microchip instalado en el cerebro de los colonizados mediáticos que alimentan la rueda del dominio sin el uso de las armas.

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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la web

 

La extraña gesta de Emiliano Zapata

Ilán Semo

La Jornada

Emiliano Zapata nació el 8 de agosto de 1879 en San Miguel Anenecuilco. Fue asesinado a traición a la breve edad de 39 años en 1919, nueve años después de que había encabezado la rebelión en Morelos en contra de Porfirio Díaz. Seguramente es un error creer que los astros o los números puedan regir la vida y la muerte de un ser humano, pero la marca del “9” en la de Zapata le añade un enigma más.

Es una lástima que los viejos rituales de la evocación y la conmemoración hayan sido desplazados por el mercadeo que día tras día celebra cualquier cosa con tal de llenar las páginas de los diarios con ese género que hoy se podría llamar “historia instantánea” o “historia desechable”, cuya profundidad no es mayor que la de un boletín de la farándula. Porque la épica de Zapata, a 130 años de su nacimiento, merecería reflexiones más profundas y, sobre todo, más críticas que las que nos han deparado sus principales historiadores. Pero, finalmente, vivimos en una época que F. Hartog ha definido como la “era de la celebración”, en la que la rapidez con la que se olvida es sólo mayor a la futilidad con la que se celebra. Aunque habría que suponer o sospechar que en el caso de la mitología de Zapata este nuevo canibalismo mediático no pasara de un simple pie de página. Seguir leyendo “La extraña gesta de Emiliano Zapata”

Descartemos la historieta de que las bases militares son para la lucha contra el narcotráfico

Ildefonso Finol

ALAI

Las bases militares extranjeras en nuestro continente son una herencia colonial. Mala herencia que nos recuerda que aún no somos realmente independientes. Descartemos de una vez la historieta de que las bases son para la lucha contra el narcotráfico. Cuando Estados Unidos invadió a Afganistán en 2001, la producción de opio era casi cero. Hoy, representa el 90% de la producción mundial y es la tercera parte del PIB afganí.

Washington ha gastado 6.000 millones de dólares en el Plan Colombia, pero estudios de la ONU informan que la extensión de tierra dedicada al cultivo para drogas creció 27% interanual hasta 2007. La Oficina de Cuentas del Gobierno Estadounidense señala que ese crecimiento fue del 15% y que Colombia sigue abasteciendo un 90% del lucrativo mercado gringo de la cocaína. Anotemos que 85% de esos ingresos se quedan en EEUU.

Las bases que acaban de negociar Colombia y Estados Unidos, siete según las últimas informaciones, no son contra la cocaína, son contra Venezuela.

Para el profesor Tulio Monsalve, “cuando un Estado acepta la presencia de bases en su territorio, acepta de hecho ser el punto de partida de acciones militares, ya sean invasiones, ataques aéreos u operaciones encubiertas”.

Desde la antigüedad, el objetivo principal de las bases militares extranjeras es marcar territorio que consideran de su dominio frente a pretensiones de sus potenciales oponentes, ejecutar o dar apoyo a operaciones en áreas de influencia y reprimir el descontento de la población bajo colonia.

El Transnational Institute de Amsterdam estima que existen actualmente mil bases militares extranjeras de las cuales más de setecientas dan cuenta de la presencia estadounidense en 130 países. Por su dimensión y especialización pueden ser extensas como la de Guantánamo, centros de espionaje, campos de entrenamiento, depósitos de misiles nucleares; puertos de escala, pistas de aterrizaje, amén de sitios secretos, cárceles clandestinas y centros de tortura.

Tras la claudicación del proyecto soviético, Estados Unidos reestructuró su programa bélico mundial y reorientó sus esfuerzos a ejercer mayor control sobre las fuentes de energía y recursos naturales lucrativos y estratégicos. Tal es el caso de la Amazonía, que sus estudiantes aprenden a considerar responsabilidad de USA por la brutalidad y salvajismo de los países que la “bordean”. Lo mismo vale para el Caribe y el Ande.

La tesis imperialista del “dominio integral”, con desarrollos tan sofisticados como la red de puestos de escucha Echelon o la barrera de defensa antimisiles, no descarta el desarrollo de pequeños centros operativos de avanzada, con tareas casi siempre invisibles y letales.

Las de Colombia tienen una clara definición del Departamento de Defensa: “acceso para operaciones de contingencia, logística y entrenamiento en América Central y Sur”. Para el Comando Sur, las bases “no se limitan a la lucha antidrogas, deben tener alcance de movilidad aérea al continente sudamericano”. Eso que el vocero de Bogotá llama “red de facilidades”.

Las violaciones masivas de derechos humanos del Ejército de Colombia con los “falsos positivos”, la narcoparapolítica que chispeó a todo el uribismo, los más de veinte mil asesinatos de los paramilitares amigos de Uribe, nada de eso le importa al imperialismo.

Más que el petróleo, quieren la sumisión de Venezuela. ¿Lo lograrán?

– Ildefonso Finol es Constituyente del Zulia

 

Obama defendió la presencia militar de EE.UU. en Colombia

María Laura Carpineta
Página/12

militareua

En una conferencia en la Casa Blanca con medios de habla hispana, Obama acusó a algunos gobiernos de la región de difundir el “mito” de las bases norteamericanas para alimentar el sentimiento antinorteamericano en América latina.
Después de dos semanas de quejas y malestares de los gobiernos sudamericanos, el presidente norteamericano Barack Obama se refirió al acuerdo militar con Colombia y prometió que no habrá bases estadounidenses en el país andino. “No lo he autorizado y no me lo han pedido. Esta es una continuación de la asistencia que les hemos provisto; no tenemos intención de enviar un gran número de tropas adicionales a Colombia”, explicó el mandatario. En una conferencia en la Casa Blanca con medios de habla hispana, convocada como antesala de su segundo viaje a México, que realizará mañana, Obama acusó a algunos gobiernos de la región de difundir el “mito” de las bases norteamericanas para alimentar el sentimiento antinorteamericano en América latina.

“Algunos en la región están intentando jugar un papel utilizando la tradicional retórica antiyanqui”, señaló, sin nombrar ningún país o presidente. Obama repitió la explicación que su par colombiano, Alvaro Uribe, estuvo dando a lo largo de esta semana a los mandatarios de la región en su gira maratónica. Dijo que no se trata de un nuevo acuerdo militar, sino de una modernización del Plan Colombia, que establece la presencia de un máximo de 800 militares y 600 asesores civiles norteamericanos en el territorio colombiano para coordinar operativos antidrogas.

Una de las principales preocupaciones de los líderes sudamericanos, especialmente del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, era si con este renovado acuerdo militar Estados Unidos aumentaría su presencia militar permanente. Obama ayer no quiso dar números concretos. No habló de cuántos soldados más significarán las nuevas bases ni cuánto financiamiento extra requerirán, pero descartó un incremento significativo. El mandatario también prometió que los operativos de las siete bases se limitarán al territorio colombiano, un temor expresado esta semana por la presidenta Cristina Kirchner en su reunión con Uribe en Buenos Aires.

Cuando asumió el gobierno, Obama había propuesto recortar los fondos del Plan Colombia, como parte del ajuste presupuestario general para empezar a acortar el multimillonario déficit fiscal que dejaron los ocho años de gobierno Bush. Sin embargo, la pérdida de su única base militar en América del sur, en Ecuador, forzó al mandatario norteamericano a buscar una nueva base de operaciones para su guerra contra las drogas en la región. Desde la base de Manta, en Ecuador, los militares norteamericanos se ocupaban de sobrevolar la región del Pacífico para hacer un seguimiento de los cultivos en las zonas más selváticas y vigilar las rutas de salida de la droga hacia el océano, con destino a Centroamérica, Europa o Estados Unidos.

Obama aprovechó los cuestionamientos de los periodistas sobre la necesidad de mantener presencia militar en el corazón de Sudamérica para quejarse del doble discurso de algunos líderes latinoamericanos. “Algunos de los que han criticado la injerencia de Estados Unidos en América latina se quejan ahora de que no está interfiriendo lo suficiente”, dijo, con una media sonrisa. Obama reiteró su promesa de cambiar la relación entre Washington y la región. “No queremos dictar lo que sucede con nuestros vecinos. Eso es lo que estamos haciendo”, aseguró el presidente estadounidense, ratificando el discurso que estrenó en la última Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago.

El mandatario se refería a la situación en Honduras (ver recuadro) y a la ola de violencia narco que golpea a México hace más de un año. En lo que va del año los enfrentamientos entre los carteles de la droga y las fuerzas públicas dejaron más de cuatro mil muertos –la cifra supera a las 10.000 desde el principio del mandato del presidente Vicente Calderón, en 2006– y las organizaciones de derechos humanos, mexicanas y norteamericanas, denuncian que el número de violaciones a los derechos humanos por parte de los militares mexicanos aumenta a la par.

Sin embargo, Obama consideró que Calderón “está haciendo lo correcto” y apoyó su “guerra” contra los narcotraficantes. Eso sí, aclaró, las violaciones a los derechos humanos nunca son inevitables, como aseguraron algunos funcionarios del gobierno de Calderón.

Mañana Obama viajará a Guadalajara para una nueva cumbre presidencial del Nafta, el Tratado de Libre Comercio que Estados Unidos comparte con Canadá y México. La Casa Blanca adelantó que en la agenda bilateral con México la violencia narco y la seguridad fronteriza estarán a la cabeza. Una de las buenas noticias que Obama tendrá para su par mexicano será su nuevo plan para reformar los centros de detención de inmigrantes ilegales, que hoy concentran a más de 400.000 personas, que en muchos casos, según la Comisión Interamericano de Derechos Humanos, no cumplen las condiciones de seguridad, higiene e infraestructura básicas.

El mandatario norteamericano también se refirió a una promesa que había realizado la última vez que pasó con México. Ayer Obama anunció que su gobierno recién tendrá listo un borrador de la reforma migratoria a fines de año. La discusión en el Capitolio tendrá que esperar al 2010.

No toca botón

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, reafirmó ayer que el golpe de Estado en Honduras fue “ilegal”, pero aclaró que “no puedo presionar un botón y reinstaurar al señor (Manuel) Zelaya”. Obama consideró que es irónico que “algunos de los que han criticado la injerencia de Estados Unidos en América latina, se quejen ahora de que “no está interfiriendo lo suficiente” en Honduras. “Hemos apoyado plenamente la mediación del presidente (costarricense Oscar) Arias y quisiéramos ver que (Zelaya) pueda regresar pacíficamente para continuar su mandato”, afirmó el mandatario. Estados Unidos reconoció a Zelaya como el gobernante que fue elegido democráticamente en Honduras y “pese al hecho de que el presidente Zelaya muchas veces es muy crítico de las políticas estadounidenses, hemos dicho que debe permanecer” en el cargo, enfatizó Obama. Al dirigirse a quienes alegan que Estados Unidos hace lo que le da la gana en Centroamérica, dijo que “les recordaría que parte del cambio de actitud hacia Centroamérica es que íbamos a trabajar en alianza con otros países y no íbamos a dictar lo que sucede con nuestros vecinos”.