El tóxico de Uribe

Atilio A. Boron
 

Argenpress.info

 

Uribe no--

 

¿Qué pretende Uribe con su frenética gira por América Sudamérica? Nada menos que vender una iniciativa tóxica, para utilizar el lenguaje impuesto por la crisis capitalista: justificar la escalada de la ofensiva militar del imperio con el propósito de revertir los cambios que en los últimos años alteraron la fisonomía sociopolítica de la región.

Ante esta desconcertante realidad la táctica de la Casa Blanca ha sido abandonar la retórica belicista de Bush y ensayar un discurso igualitarista y respetuoso de la soberanía de los países del área, pero desplegando nuevas bases militares, manteniendo a la Cuarta Flota y fortaleciendo sin pausa al Comando Sur.

En este sentido Barack Obama, a quien los perpetuamente desorientados “progres” europeos y latinoamericanos continúan confundiendo con Malcom X, está siguiendo al pie de la letra los consejos de Theodore Roosevelt, el padre de la gran expansión imperialista norteamericana en el Caribe y Centroamérica, cuando dijera “speak softly and carry a big stick”, es decir, “habla bajito pero lleva un gran garrote”. Roosevelt fue un maestro consumado en aplicar esa máxima a la hora de construir el Canal de Panamá y lograr, con la infame Enmienda Platt, la práctica anexión de Cuba a los Estados Unidos. Con su política de remilitarización forzada de la política exterior hacia América Latina y el Caribe Obama se interna por el camino trazado por su predecesor.

La justificación que Uribe esgrime en apoyo de su decisión de conceder a las fuerzas armadas de Estados Unidos siete bases militares es que de esa manera se amplía la cooperación con el país del Norte para librar un eficaz combate contra el narcotráfico y el terrorismo. Excusa insostenible a la luz de la experiencia: según una agencia especializada de las Naciones Unidas los dos países donde más creció la producción y exportación de amapola y coca son Afganistán y Colombia, ambos bajo una suerte de ocupación militar norteamericana. Y si algo enseña la historia del último medio siglo de Colombia es la incapacidad para resolver el desafío planteado por las FARC por la vía militar. Pese a ello el general Freddy Padilla de León ¬–quien gusta decir que morir en combate “es un honor sublime”- anunció días pasados en Bogotá que las siete bases estarían localizadas en Larandia y en Apiay (ambas en el Oriente colombiano); en Tolemaida y en Palanquero (en el centro de Colombia); en Malambo (sobre el Atlántico, en la costa norte); en Cartagena, sobre el Caribe colombiano y la séptima en un lugar aún no determinado de la costa del Pacífico. El Congreso de Estados Unidos ya aprobó la suma de 46 millones de dólares para instalar su personal y sus equipos bélicos y de monitoreo en estas nuevas bases con el objeto de reemplazar las instalaciones que tenía en Manta. En la actualidad ya hay en Colombia 800 hombres de las fuerzas armadas de Estados Unidos y 600 “contratistas civiles” (en realidad, mercenarios) pero los analistas coinciden en señalar que la cifra real es mucho más elevada que la oficialmente reconocida.

No hace falta ser un experto militar para comprobar que con la entrega de estas bases Venezuela queda completamente rodeada, sometida al acoso permanente de las tropas del imperio estacionadas en Colombia, amén de las nativas y los “paramilitares”. A ello habría que agregar el apoyo que aportan en esta ofensiva en contra de la Revolución Bolivariana las bases norteamericanas en Aruba, Curazao y Guantánamo; la de Palmerolas, en Honduras; y la Cuarta Flota que dispone de suficientes recursos para patrullar efectivamente todo el litoral venezolano. Pero no sólo Chávez está amenazado: también Correa y Evo Morales quedan en la mira del imperio si se tiene en cuenta que Alan García en Perú arde en deseos de ofrecer “una prueba de amor” al ocupante de la Casa Blanca otorgándole facilidades para sus tropas. En Paraguay, Estados Unidos se aseguró el control de la estratégica base de Mariscal Estigarribia –situada a menos de cien kilómetros de la frontera con Bolivia- y que cuenta con una de las pistas de aviación más extensas y resistentes de Sudamérica, apta para recibir los gigantescos aviones de transporte de tanques, aviones y armamento pesado de todo tipo que utiliza el Pentágono. También en ese país dispone de una enorme base en Pedro Juan Caballero, ¡localizada a 200 metros de la frontera con Brasil!, pero según Washington pertenece a la DEA y tiene como finalidad luchar contra el narcotráfico. La amenaza que representa esta expansión sin precedentes del poder militar norteamericano en Sudamérica no pasó desapercibida para Brasil, que sabe de las ambiciones que Estados Unidos guarda en relación a la Amazonía, región que “puertas adentro” los estrategas imperiales consideran como un territorio vacío, de libre acceso, y que será ocupado por quien tecnológicamente tenga la capacidad de hacerlo.

Ante estas amenazas los países sudamericanos tienen que reaccionar con mucha firmeza, exigiéndole a Estados Unidos archivar sus planes belicistas en Colombia, desmilitarizar América Latina y el Caribe y desactivar la Cuarta Flota. La retórica “dialoguista” de Obama es incongruente con la existencia de semejantes amenazas, y si quiere lograr un mínimo de credibilidad internacional debería ya mismo dar instrucciones para dar marcha atrás con estas iniciativas. Por su parte, los gobiernos de la región nucleados en la Unasur y el Consejo Sudamericano de Defensa deberían hacer oídos sordos ante las falacias de Uribe y pasar del plano de la retórica y la indignación moral al más concreto de la política, impulsando algunos gestos bien efectivos: por ejemplo, ordenando el inmediato retiro de las misiones militares y los uniformados estacionados en nuestros países mientras no se reviertan aquellas políticas. De ese modo el mensaje de rechazo y repudio al “militarismo pentagonista” -como precozmente lo bautizara un gran latinoamericano, Juan Bosch- llegaría claro y potente a los oídos de sus destinatarios en Washington. Las súplicas y exhortaciones, en cambio, no harían sino exacerbar las ambiciones del imperialismo.

 

 
 

¡Que pena, Evo!

Dick Emanuelsson
Argenpress.info

Plan colombia 

Que pena que los acontecimientos históricos no dejan enseñanzas a personajes tan importantes y forjados luchadores como Evo Morales, presidente de Bolivia.
Por que el presidente de Bolivia, Evo Morales, dijo este miércoles que el mayor grupo guerrillero de Colombia, las FARC, se ha convertido en “el mejor instrumento” de Estados Unidos para justificar un despliegue militar en la región.

“Quiero decir algo: las personas que están en las FARC son el mejor instrumento del imperio en este momento”, agregó Morales, llamando al grupo colombiano a dejar las armas y buscar cambios políticos por vía pacífica, como dijo que trata de hacer en Bolivia, según una nota de Reuters, publicada en varios medios [1], entre ellos Radio La Primerisima, Managua.

En primer lugar es imposible comparar a Bolivia con Colombia, porque si fuera así, que mecánicamente pasamos un modelo a otro país, pues la situación sería totalmente diferente en Colombia. El presidente boliviano voltea increíblemente la responsabilidad por las 5-7 nuevas bases gringas en Colombia a las FARC, cuando la intolerante oligarquía, desde el general Santander hasta Uribe, siempre ha hecho la guerra contra su propio pueblo. Por algo traicionó Santander a Bolívar y por algo Uribe y los anteriores presidentes siempre han sido unos vasallos al Imperio gringo.

La matanza en las bananeras 1928

Ni siquiera existía el Partido Comunista Colombiano y menos la insurgencia armada en diciembre 1928 cuando, por ordenes de United Fruit Co, el ejercito colombiano abrió fuego contra las familias bananeras. Ellas se habían agrupado en la zona bananera de Cienaga y con la Biblia en la mano pedía un aumento del salario y mejores condiciones de vida y de trabajo. Recibieron fuego y muerte, 3000 colombianos de todas las edades y sexos.

La creación de las FARC no fue para tomar el poder político, sino en autodefensa porque el campesinado estaba siendo aniquilado físicamente por los terratenientes y el estado terrorista EN COMPLICE CON PENTAGONO! No venga, Evo, a reconstruir la historia.

El ejército no necesitaba y no tenía en la mano ni el partido comunista ni las FARC para arremeter y masacrar al pueblo. Uribe inventa cada vez cualquier cosa, fantasías y montajes cuando esta en aprietos. Si no hubiese existido las FARC, Uribe habría inventado otra cosa.

Chávez esta hoy penosamente conciente de la traición de su “amigo” que en este momento saca unos viejos tubos del 1988 ya incluso usados como lanzagranadas para tener “papaya” para instalar tres bases militares que estarán dirigidos, no contra las FARC sino a Venezuela Bolivariana. Con razón Chávez considera que el papel de Uribe es como “una jugada sucia y traicionera” [2].

¿Quién define el carácter de lucha del pueblo hondureño?

En Honduras no es el pueblo que elige las formas de lucha de masas. El pueblo se adapta y cambia día tras día la forma de lucha, exactamente igual como hace la guerrilla para no ser derrotado militarmente. Es el enemigo y principalmente las FF.AA. y policía pero también las decisiones que toma el gobierno de facto que son voceros y ejecutores de la oligarquía local en alianza con los gringos que decide como el pueblo va responder las arremetidas fascistas.

¿Quien puede condenar o desde afuera decir al pueblo hondureño como tiene que luchar? ¿Y si el pueblo dentro de poco cambia la característica de la lucha contra el régimen de facto con las armas, lo que cada día más gente exige, que dirá Evo? ¿Que es algo de la Revolución cubana pero ahora no?

En Suecia había maoístas que querían manejar la batuta de la lucha del pueblo vietnamita contra la ocupación estadounidense. Pero la consigna de la solidaridad entonces fue: ¡”Todo el apoyo a la lucha del pueblo vietnamita bajo sus propias condiciones, posiciones y circunstancias”!

Ese es el principio que debe ser el principio por la solidaridad de cada pueblo en lucha, también para el pueblo colombiano, sin dedos desde afuera, sea quien sea que viene con las imposiciones de la lucha.

Evo recibe un narcopresidente

Triste que algunos mandatarios recibe el Padrino del Estado Terrorista Colombiano cuando deberían rechazarlos y dar su apoyo al heroico pueblo colombiano que ponen el pecho arriesgando la vida en las calles y campos colombianos.

Lo que el pueblo colombiano requiere y exige no son declaraciones anticomunistas de comprensión en el exterior hacia el narcopresidente sino una auténtica solidaridad al pueblo colombiano que detesta el hombre que en marzo de 1990 fue colocado con el número “82” en una lista de 103 personas ligadas al Cartel de Medellín y su Padrino Pablo Escobar. No fue las FARC que colocó ese número a Uribe sino el Departamento de Defensa de Estados Unidos, que ahora esta en una buena posición de imponer 5-7 nuevas bases en su planificada guerra del petróleo y el agua dulce en Venezuela.

Obama se desenmascara, rechaza a Zelaya

Por el otro lado muestra una carta del Departamento de Estado que los gringos no están a favor a consideradas sanciones económicas severas sobre el Gobierno de facto de Micheletti.

“Hemos rechazado los llamados para tomar sanciones económicas agobiantes y dejado en claro que todos los estados deberían buscar facilitar una solución sin llamar a la violencia y con respeto al principio de la no intervención”, dijo la carta.

Interesante porque Bolivia y Nicaragua si ha sido sancionados por la Casa Blanca por defender su soberanía, perdiendo millones de dólares en asistencia.

Zelaya por su lado ya se ha dado cuenta el rol de doble cara que los gringos han jugado contra él y ya no confíe en el apoyo de los gringos:

“Estados Unidos tiene que entender este mensaje porque Ellos mismos se ponen en riesgo si empieza a surgir la violencia en América latina”, dijo Zelaya.

¿Qué quiere decir Zelaya?

Sencillamente, que las decisiones cosméticas de congelar (ni siquiera cancelar) las visas de cuatro funcionarios de Micheletti, en el fondo no tiene absolutamente ningún papel decisivo para tumbar la dictadura y para restaurar la institucionalidad.

Nadie impuso ordenes para el pueblo boliviano

¿Entonces. . . . quien pone las reglas para las formas de lucha de masas?

Pues Gorriletti y Obama&Clinton, la administración que no ha regresado la 4ª Flota a sus garajes flotantes en USA, que no reduce sino aumenta la cantidad de bases militares, rodeando la Venezuela Bolivariana.

El mundo y la política son un poco más complicados que si o no a las urnas, sobre todo el conflicto colombiano.

En vez de legitimar a través de recibir el cobarde mandatario del Palacio de Nariño, que no quiso participar y defender su decisión en la Cumbre de Unasur ante los jefes de estado, Evo debería hacer como hizo Zelaya; recibir los pueblos trabajadores tanto de la ciudad como del campo en el palacio presidencial, entender que el enemigo no son las FARC sino Uribe y el Imperio. Que los pueblos definen sus propias formas de lucha, exactamente como hizo el pueblo boliviano cuando tumbaron los últimos dos presidentes, tarea exclusivamente del pueblo boliviano.

 

 

Las FARC, el mejor instrumento de EU, afirma Evo Morales   

Radio La primerísima

 

 

 

 Chávez desenmascara a Uribe con armas suecas, «una jugada sucia y traicionera» 

Radio la primerísima

 
 

México: El costo de la Iniciativa Mérida

Editorial de La Jornada

El senador demócrata estadunidense Patrick Leahy –actual presidente del subcomité de adjudicaciones del Senado sobre asuntos extranjeros–, se opuso ayer a la presentación de un informe elaborado por el Departamento de Estado, en el que se expresa una opinión favorable sobre la situación de los derechos humanos en nuestro país en el contexto de la llamada “guerra contra el narcotráfico”. De tal forma, el senador por Vermont congeló la entrega de unos 100 millones de dólares –de un total de mil 400 millones, que se desembolsarán en tres años– al gobierno mexicano, presupuestados en el marco de la Iniciativa Mérida.

Con esta decisión, el político atendió peticiones de distintos organismos humanitarios internacionales que recientemente han protestado por los atropellos cometidos en nuestro país por efectivos castrenses, en el contexto de la campaña calderonista en contra de los cárteles de la droga; ayer mismo, Amnistía Internacional solicitó al Congreso de Estados Unidos retener 15 por ciento de los fondos de la Iniciativa Mérida en tanto el gobierno mexicano no cumpla con sus obligaciones en el ámbito de las garantías individuales; debe recordarse también que la organización Human Rights Watch solicitó, desde el pasado 13 de julio, que el gobierno de Barack Obama “no certifique que México ha cumplido con los requisitos en materia de derechos humanos” establecidos en la mencionada iniciativa, “mientras los abusos cometidos por el Ejército Mexicano continúen siendo juzgados por tribunales militares y no por autoridades civiles”, y señaló que nuestro país “no ha cumplido con su obligación de investigar y juzgar la creciente cantidad de abusos graves cometidos por las fuerzas castrenses, como violaciones sexuales, asesinatos, torturas, desapariciones y detenciones arbitrarias que quedan en la impunidad”.

Estos señalamientos, en conjunto, ponen en perspectiva las deficiencias de origen de la política de seguridad en curso y la improcedencia de someter el país a un acuerdo de cooperación que ha significado un trato humillante e injerencista por parte del país vecino: mucho antes de ser formalmente presentada y firmada por Felipe Calderón y el ex presidente George W. Bush, la Iniciativa Mérida fue objeto de duras críticas por sus similitudes con el desastroso Plan Colombia y porque pretendía resolver problemas sociales complejos, como el de la delincuencia organizada y la inseguridad, desde una perspectiva policiaco-militar por demás simplista; posteriormente, salieron a la luz mecanismos previstos en el contexto de ese acuerdo que conllevan claudicaciones inaceptables en materia de soberanía y seguridad nacional, como la que implica permitir que un Estado “certifique” a otro en ámbitos particulares, como el de los derechos humanos.

Hasta ahora, si algo ha podido lograrse a raíz de la Iniciativa Mérida es que se conozcan a escala internacional los atropellos cometidos por el Ejército en el contexto de la “guerra” en la que el presente gobierno involucró al país. Para saber eso, sin embargo, no era necesario someter a las instituciones nacionales al escrutinio de un país extranjero: bastaba con escuchar los planteamientos hechos a lo largo de los dos años anteriores por distintos organismos no gubernamentales y sectores políticos de la sociedad sobre la catastrófica situación de los derechos humanos en el país, sobre la improcedencia de involucrar al Ejército en tareas que corresponden a las instancias policiales y sobre el riesgo para la vigencia de las garantías individuales y el estado de derecho que prefiguraría la presencia de soldados en las calles .

En suma, la política de seguridad emprendida por el calderonismo y alentada desde Washington no sólo ha significado un enorme costo en términos de vidas humanas, sino que lo ha involucrado en un proyecto de cooperación equívoco, ominoso y gravemente perjudicial para los intereses y la soberanía nacionales, y ha abonado al desgaste innecesario y riesgoso de las instituciones mexicanas.

 

 

 

México, ¿primer cobayo de la guerra irregular del Pentágono?

Alfredo Jalife-Rahme

La Jornada

“¿Adelanta el Pentágono sus filas defensivas hasta el Canal de Panamá, que conectan, además, el Plan México al Plan Colombia, lo que de paso devora a México y a los pequeños países del Caribe y Centroamérica?

¿Constituye México la nueva placa tectónica de la geopolítica entre el decadente norte y el ascendente sur del hemisferio fracturado?”

Antecedentes: frente al líder del Senado, Manlio Fabio Beltrones, el todavía secretario bushiano de Defensa, Bob Gates (quien repitió en su sensible puesto con Obama), durante una conferencia el año pasado en Washington prometió la incorporación de México al Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (NORAD, por sus siglas en inglés) siempre y cuando aprobase la Iniciativa Mérida. Deseamos que Calderón y Beltrones estén enterados que el NORAD fue durante la guerra fría el escudo defensivo nuclear de Estados Unidos y Canadá (dos miembros de la OTAN) frente a la entonces Unión Soviética.

Más allá del notorio entreguismo de los embajadores de “México” en Washington –Jesús Reyes Heroles Jr., con su “consejero político”, Luis Carlos Ugalde Ramírez (de macabro recuerdo por la devastación del Instituto Federal Electoral), y el castañedista Arturo Sarukhán Casamitjana–, ya no se diga las variaciones coreográficas entre los partidos Republicano y Demócrata, ¿por qué razón resucita el Pentágono en la post guerra fría el NORAD, esta vez con la extraña inclusión de México? ¿Sabrán tales “gobernantes” que la adopción que haga México de los teoremas militares del Pentágono –desde la guerra contra las drogas, pasando por la que va contra el terror islámico, hasta el NORAD–, lo obliga a compartir los enemigos globales que se ha ganado a pulso en Eurasia, África, Europa y Latinoamérica?

Hechos. “La ruta antigua de los hombres perversos” ya había sido trazada, como hubiese expresado el filósofo francés René Girard, a partir de la incrustación del “México salinista” al TLCAN de Daddy Bush (un fracaso rotundo, según los centros académicos de máxima jerarquía de Estados Unidos) que siguió con el ASPAN foxiano –Alianza para la Seguridad (¡súper sic!) y Prosperidad (¡súper sic!) de América del Norte que encubre la entrega de los hidrocarburos de México y que no aportó “seguridad” ni “prosperidad”, como es sencillo constatar en los alrededores– y luego se afianzó con el Plan México (clon del fallido Plan Colombia), rebautizado como Iniciativa Mérida.

Los tres trayectos –TLCAN, ASPAN e Iniciativa Mérida– forman parte de la agenda unilateral de Estados Unidos, impuesta a un emasculado México valetudinario que la dupla Joseph Marie Cordoba-Zedillo (en ese orden), con sus aliados Guillermo Ortiz Martínez, Ángel Gurría y los hermanos Werner Wainfeld –Alejandro, Mariano y Martín, hoy uno de los jerarcas de Banca Mifel (Voces del Periodista, No. 207, 1/4/09) y empleado de Goldman Sachs)–, se encargó exitosamente de desmantelar el sistema financiero mexicano, controlado obscenamente por el eje Wall Street-la City.

Aprobada la Iniciativa Mérida por el Congreso calderonista-beltronista, Bob Gates cumple su promesa bushiana y ha iniciado los preparativos, en la fase de Obama, para incrustar al “México neoliberal” al NORAD, como se desprende del análisis De Defensa, centro de pensamiento militar europeo (9/4/09).

A su juicio, el Pentágono “integra a México y a la frontera sur de Estados Unidos en su feliz (sic) planificación de su guerra contra las drogas”, como expuso el general James E. Hoss Carwright durante la conferencia de prensa del 6 de abril en la que Bob Gates, secretario de Defensa, planteó sus propuestas de recorte presupuestal del año entrante.

El general Cartwright, estratega de la globalización militar, pertenece a los marines y es adjunto del almirante Michael Mullen, presidente del Comando Conjunto del ejército. A una pregunta de un periodista sobre la “participación de México por primera vez en su historia en ejercicios militares conjuntos en Florida” bajo la égida del Comando Sur, el envalentonado general Cartwright respondió afirmativamente que la “cooperación” (¡súper sic!) se realizará “tanto a nivel de los servicios, para entrenamiento, como a nivel operativo, con el Comando Norte, para el apoyo en el combate a las drogas en curso, pero también con el apoyo general en su capacidad para defender su territorio (¡extra sic!)”.

Además de las hollywoodenses amenazas de Al-Qaeda a Pemex, ¿qué país o coalición de cárteles trasnacionales cuenta invadir a México cuando Calderón y Carstens aseguran que todo va viento en popa con los “mejores financieros del mundo”? El doble “apoyo”, develado por el general Cartwright, redentor inesperado de México y sus hidrocarburos, a Dios gracias, “será mas robusto (sic) en cantidades significativas (sic) que en el pasado”. Vierte una grave acusación: “el Pentágono tomó la iniciativa de las decisiones de cooperación operativa y ha hecho presión (¡súper sic!) para que los militares mexicanos acepten”. Entonces, ¿no es iniciativa de Calderón, Beltrones y Sarukhán para que los comandos del Norte y del Sur defiendan la integridad territorial de México con sus hidrocarburos?

El nuevo Pentágono con su presupuesto restringido, debido a la doble grave crisis financiera y económica de Estados Unidos, ya se instaló en la escenografía de la guerra irregular (ver Bajo la Lupa, 7/12/08), donde México sirve, para no variar, como su primer cobayo experimental a escala global.

El bienaventurado general Cartwright no oculta la “transición” del nuevo Pentágono a la “guerra irregular”, de la que forma parte la guerra calderonista contra las drogas (y su agenda de entrega oculta de los hidrocarburos y la seguridad nacional por la vía militar), que requiere de específicos entrenamiento y equipamiento dotados, a Dios gracias, por la vecina superpotencia redentora.

De Defensa se asombra de la “remarcable densidad” de la respuesta del general Cartwright y aporta un mordaz comentario: “el Ejército Mexicano implicado en un ejercicio con el ejército de Estados Unidos”. Adiós a la discreción y al disimulo, y bienvenida a la operación conjunta bajo el doble mando en pinzas del Comando Norte (para el combate a las drogas en la transfrontera con todo y su muro de la ignominia) y del Comando Sur (para la defensa del territorio mexicano).

¿No será, más bien, que Estados Unidos teme, en su fase de decadencia, que algunos de sus pletóricos enemigos globales se infiltre por su frontera sur y/o el Caribe, sus dos puntos mas vulnerables? ¿Adelanta el Pentágono sus filas defensivas hasta el Canal de Panamá, que conectan, además, el Plan México al Plan Colombia, lo que de paso devora a México y a los pequeños países del Caribe y Centroamérica?

Afirma que “el Ejército Mexicano deberá seguir sin discutir (sic) las nuevas doctrinas que Estados Unidos desarrollará” y plantea que la guerra en la transfrontera sirve de “conducto para la anexión (¡súper sic!) del Pentágono”, que representa, al mismo tiempo, “un ensayo de la grandiosa nueva doctrina” donde la implicación militar estadunidense será “estructuralmente masiva”. No es para menos: atrapa a México entre los dos comandos operativos de Estados Unidos para todo el hemisferio americano. ¿Constituye México la nueva placa tectónica de la geopolítica entre el decadente norte y el ascendente sur del hemisferio fracturado?

 

Reflexiones de Fidel: Siete puñales en el corazón de América

Fidel Castro Ruz

Tomado de Cubadebate

Fidelll

Leo y releo datos y artículos elaborados por personalidades inteligentes, conocidas o poco conocidas, que escriben en diversos medios y toman la información de fuentes no cuestionadas por nadie.

Los pueblos que habitan el planeta, en todas partes, corren riesgos económicos, ambientales y bélicos, derivados de la política de Estados Unidos, pero en ninguna otra región de la tierra se ven amenazados por tan graves problemas como sus vecinos, los pueblos ubicados en este continente al Sur de ese país hegemónico.

La presencia de tan poderoso imperio, que en todos los continentes y océanos dispone de bases militares, portaaviones y submarinos nucleares, buques de guerra modernos y aviones de combate sofisticados, portadores de todo tipo de armas, cientos de miles de soldados, cuyo gobierno reclama para ellos impunidad absoluta, constituye el más importante dolor de cabeza de cualquier gobierno, sea de izquierda, centro o derecha, aliado o no de Estados Unidos.

El problema, para los que somos vecinos suyos, no es que allí se hable otro idioma y sea una nación diferente. Hay norteamericanos de todos los colores y todos los orígenes. Son personas iguales que nosotros y capaces de cualquier sentimiento en un sentido u otro. Lo dramático es el sistema que allí se ha desarrollado e impuesto a todos. Tal sistema no es nuevo en cuanto al uso de la fuerza y los métodos de dominio que han prevalecido a lo largo de la historia. Lo nuevo es la época que vivimos. Abordar el asunto desde puntos de vista tradicionales es un error y no ayuda a nadie. Leer y conocer lo que piensan los defensores del sistema ilustra mucho, porque significa estar conscientes de la naturaleza de un sistema que se apoya en la constante apelación al egoísmo y los instintos más primarios de las personas.

De no existir la convicción del valor de la conciencia, y su capacidad de prevalecer sobre los instintos, no se podría expresar siquiera la esperanza de cambio en cualquier período de la brevísima historia del hombre. Tampoco podrían comprenderse los terribles obstáculos que se levantan para los diferentes líderes políticos en las naciones latinoamericanas o iberoamericanas del hemisferio. En último término, los pueblos que vivían en esta área del planeta desde hace decenas de miles de años, hasta el famoso descubrimiento de América, no tenían nada de latinos, de ibéricos o de europeos; sus rasgos eran más parecidos a los asiáticos, de donde procedieron sus antepasados. Hoy los vemos en los rostros de los indios de México, Centroamérica, Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia, Paraguay y Chile, un país donde los araucanos escribieron páginas imborrables. En determinadas zonas de Canadá y en Alaska conservan sus raíces indígenas con toda la pureza posible. Pero en el territorio principal de Estados Unidos, gran parte de los antiguos pobladores fueron exterminados por los conquistadores blancos.

Como conoce todo el mundo, millones de africanos fueron arrancados de sus tierras para trabajar como esclavos en este hemisferio. En algunas naciones como Haití y gran parte de las islas del Caribe, sus descendientes constituyen la mayoría de la población. En otros países forman amplios sectores. En Estados Unidos los descendientes de africanos constituyen decenas de millones de ciudadanos que, como norma, son los más pobres y discriminados.

A lo largo de siglos esa nación reclamó derechos privilegiados sobre nuestro continente. En los años de Martí trató de imponer una moneda única basada en el oro, un metal cuyo valor ha sido el más constante a lo largo de la historia. El comercio internacional, por lo general, se basaba en él. Hoy ni siquiera eso. Desde los años de Nixon, el comercio mundial se instrumentó con el billete de papel impreso por Estados Unidos: el dólar, una divisa que hoy vale alrededor de 27 veces menos que en los inicios de la década del 70, una de las tantas formas de dominar y estafar al resto del mundo. Hoy, sin embargo, otras divisas están sustituyendo al dólar en el comercio internacional y en las reservas de monedas convertibles.

Si por un lado las divisas del imperio se devalúan, en cambio sus reservas de fuerzas militares crecen. La ciencia y la tecnología más moderna, monopolizada por la superpotencia, han sido derivadas en grado considerable hacia el desarrollo de las armas. Actualmente no se habla solo de miles de proyectiles nucleares, o del poder destructivo moderno de las armas convencionales; se habla de aviones sin pilotos, tripulados por autómatas. No se trata de simple fantasía. Ya están siendo usadas algunas naves aéreas de ese tipo en Afganistán y otros puntos. Informes recientes señalan que en un futuro relativamente próximo, en el 2020, mucho antes de que el casquete de la Antártida se derrita, el imperio, entre sus 2 500 aviones de guerra, proyecta disponer de 1 100 aviones de combate F-35 y F-22, en sus versiones de caza y bombarderos de la quinta generación. Para tener una idea de ese potencial, baste decir que los que disponen en la base de Soto Cano, en Honduras, para el entrenamiento de pilotos de ese país son F-5; los que suministraron a las fuerzas aéreas de Venezuela antes de Chávez, a Chile y otros países, eran pequeñas escuadrillas de F-16.

Más importante todavía, el imperio proyecta que en el transcurso de 30 años todos los aviones de combate de Estados Unidos, desde los cazas hasta los bombarderos pesados y los aviones cisterna, serán tripulados por robots.

Ese poderío militar no es una necesidad del mundo, es una necesidad del sistema económico que el imperio le impone al mundo.

Cualquiera puede comprender que si los autómatas pueden sustituir a los pilotos de combate, también pueden sustituir a los obreros en muchas fábricas. Los acuerdos de libre comercio que el imperio trata de imponer a los países de este hemisferio implican que sus trabajadores tendrán que competir con la tecnología avanzada y los robots de la industria yanki.

Los robots no hacen huelgas, son obedientes y disciplinados. Hemos visto por la televisión máquinas que recogen las manzanas y otras frutas. La pregunta cabe hacerla también a los trabajadores norteamericanos ¿Dónde estarán los puestos de trabajo? ¿Cuál es el futuro que el capitalismo sin fronteras, en su fase avanzada del desarrollo, asigna a los ciudadanos?

A la luz de esta y otras realidades, los gobernantes de los países de UNASUR, MERCOSUR, Grupo de Río y otros, no pueden dejar de analizar la justísima pregunta venezolana ¿Qué sentido tienen las bases militares y navales que Estados Unidos quiere establecer alrededor de Venezuela y en el corazón de Suramérica? Recuerdo que hace varios años, cuando entre Colombia y Venezuela, dos naciones hermanadas por la geografía y por la historia, las relaciones se volvieron peligrosamente tensas, Cuba promovió calladamente importantes pasos de paz entre ambos países. Nunca los cubanos estimularemos la guerra entre países hermanos. La experiencia histórica, el destino manifiesto proclamado y aplicado por Estados Unidos, y la endeblez de las acusaciones contra Venezuela de suministrar armas a las FARC, asociadas a las negociaciones con el propósito de conceder siete puntos de su territorio para uso aéreo y naval de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, obligan ineludiblemente a Venezuela a invertir en armas, recursos que podían emplearse en la economía, los programas sociales y la cooperación con otros países del área con menos desarrollo y recursos. No se arma Venezuela contra el pueblo hermano de Colombia, se arma contra el imperio, que intentó derrocarlo ya y hoy pretende instalar en las proximidades de la frontera venezolana sus armas sofisticadas.

Sería un error grave pensar que la amenaza es solo contra Venezuela; va dirigida a todos los países del Sur del continente. Ninguno podrá eludir el tema y así lo han declarado varios de ellos.

Las generaciones presentes y futuras juzgarán a sus líderes por la conducta que adopten en este momento. No se trata solo de Estados Unidos, sino de Estados Unidos y el sistema. ¿Qué ofrece? ¿Qué busca?

Ofrece el ALCA, es decir, la ruina anticipada de todos nuestros países, libre tránsito de bienes y de capital, pero no libre tránsito de personas. Experimentan ahora el temor de que la sociedad opulenta y consumista sea inundada de latinos pobres, indios, negros y mulatos o blancos sin empleo en sus propios países. Devuelven a todos los que cometen faltas o sobran. Los matan muchas veces antes de entrar, o los retornan como rebaños cuando no los necesitan; 12 millones de inmigrantes latinoamericanos o caribeños son ilegales en Estados Unidos. Una nueva economía ha surgido en nuestros países, especialmente los más pequeños y pobres: la de las remesas. Cuando hay crisis, ésta golpea sobre todo a los inmigrantes y a sus familiares. Padres e hijos son cruelmente separados a veces para siempre. Si el inmigrante está en edad militar, le otorgan la posibilidad de enrolarse para combatir a miles de kilómetros de distancia, “en nombre de la libertad y la democracia”. Al regreso, si no mueren, les conceden el derecho a ser ciudadanos de Estados Unidos. Como están bien entrenados les ofrecen la posibilidad de contratarlos no como soldados oficiales, pero sí como civiles soldados de las empresas privadas que prestan servicios en las guerras imperiales de conquista.

Existen otros gravísimos peligros. Constantemente llegan noticias de los emigrantes mexicanos y de otros países de nuestra área que mueren intentando cruzar la actual frontera de México y Estados Unidos. La cuota de víctimas cada año supera con creces la totalidad de los que perdieron la vida en los casi 28 años de existencia del famoso muro de Berlín.

Lo más increíble todavía es que apenas circula por el mundo la noticia de una guerra que cuesta en este momento miles de vidas por año. Han muerto ya, en el 2009, más mexicanos que los soldados norteamericanos que murieron en la guerra de Bush contra Irak a lo largo de toda su administración.

La guerra en México ha sido desatada a causa del mayor mercado de drogas que existe en el mundo: el de Estados Unidos. Pero dentro de su territorio no existe una guerra entre la policía y las fuerzas armadas de Estados Unidos luchando contra los narcotraficantes. La guerra ha sido exportada a México y Centroamérica, pero especialmente al país azteca, más cercano al territorio de Estados Unidos. Las imágenes que se divulgan por la televisión, de cadáveres amontonados y las noticias que llegan de personas asesinadas en los propios salones de cirugía donde intentaban salvarles la vida, son horribles. Ninguna de esas imágenes procede de territorio norteamericano.

Tal ola de violencia y sangre se extiende en mayor o menor grado por los países de Suramérica. ¿De dónde proviene el dinero sino del infinito manantial que emerge del mercado norteamericano? A su vez, el consumo tiende también a extenderse a los demás países del área, causando más víctimas y más daño directo o indirecto que el SIDA, el paludismo y otras enfermedades juntas.

Los planes imperiales de dominación van precedidos de enormes sumas asignadas a las tareas de mentir y desinformar a la opinión pública. Cuentan para ello con la total complicidad de la oligarquía, la burguesía, la derecha intelectual y los medios masivos de divulgación.

Son expertos en divulgar los errores y las contradicciones de los políticos.

La suerte de la humanidad no debe quedar en manos de robots convertidos en personas o de personas convertidas en robots.

En el año 2010, el gobierno de Estados Unidos empleará 2 200 millones de dólares a través del Departamento de Estado y la USAID para promover su política, 12% más que los recibidos por el gobierno de Bush el último año de su mandato. De ellos, casi 450 millones se destinarán a demostrar que la tiranía impuesta al mundo significa democracia y respeto a los derechos humanos.

Apelan constantemente al instinto y al egoísmo de los seres humanos; desprecian el valor de la educación y la conciencia. Es evidente la resistencia demostrada por el pueblo cubano a lo largo de 50 años. Resistir es el arma a la que no pueden renunciar jamás los pueblos; los puertorriqueños lograron parar las maniobras militares en Vieques, situándose en el polígono de tiro.

La patria de Bolívar es hoy el país que más les preocupa, por su papel histórico en las luchas por la independencia de los pueblos de América. Los cubanos que prestan allí sus servicios como especialistas en la salud, educadores, profesores de educación física y deportes, informática, técnicos agrícola, y otra áreas, deben darlo todo en el cumplimiento de sus deberes internacionalistas, para demostrar que los pueblos pueden resistir y ser portadores de los principios más sagrados de la sociedad humana. De lo contrario el imperio destruirá la civilización y la propia especie.

Fidel Castro Ruz

Agosto 5 de 2009

11 y 16 a.m.

 

 

 

Argentina: Encarcerlar a los niños

Vanesa Salgado

Rebelión

 

Este parece ser el resultado de años de debate sobre los derechos de la niñez en Argentina.

El Senado dargentino trata por estos días en la comisión de Labor Parlamentaria el proyecto de Ley que establece un nuevo régimen penal juvenil. El mismo que aun debe ser tratado en Diputados, fue aprobado en general por los senadores durante la última sesión, celebrada a principios de julio.

Según resumen sus autores el proyecto busca establecer un nuevo trato para los menores de edad hasta los 14 años que hayan cometido delitos sancionados en el régimen de mayores con penas mínimas de entre dos y tres años de prisión. La intención de la Ley según sus mentores es dejar fuera de la responsabilidad penal a las personas que, al momento de cometer el delito que se les impute, no alcancen la edad de catorce años. Para lo cual prevé que aquellos que tengan entre 14 y 15 años se los sancionará si cometen delitos cuya pena mínima privativa de la libertad sea superior a tres años. En el caso de los menores de entre 16 y 17 años, serán punibles sólo si cometen delitos penados con una pena mínima de prisión superior a los dos años.

Vale recordar que en 1994 la Convención de los Derecho del Niño fue incorporada a la Constitución Nacional, y a pesar de que muchos prestigiosos juristas sostuvieron que no era necesario una ley de aplicación nacional de la misma, la maquinaria de poder se encargó de que “el progresismo académico y judicial”, estuviera 10 años discutiendo la norma, que culminó con la sanción de la ley 26.061 de Promoción y Protección Integral de la niñez. Hoy tanto la Convención como la ley Nacional tiene ambigüedades que permiten mas de una interpretación, pero no obstante ambas normativas brindan los parámetros necesarios para construir un sistema de protección de la niñez. Y no solamente orientan sino que además exigen al Estado el cumplimiento de sus artículos. La génesis de la Convención es entender a los niños como sujetos de derechos, es decir nadie puede ejercer sus derechos por ellos, y es el Estado el responsable de garantizar las condiciones para su cumplimiento.

 

La Ley 26 061 tiene ya 5 años de sancionada y aun no ha sido puesta en práctica en nuestro país en su aspecto social. No han sido creados los resortes que permitan la construcción real de los centros interdisciplinarios de promoción y protección de la niñez en los municipios y barrios del país. Existen muy pocos y muchos menos son los que funcionan. No es teoría la que falta. No son teorías ni leyes las que faltan, lo que falta es la decisión política de distribuir las riquezas del país de manera más justa.

Algunos legisladores, incluso entendidos en el tema, que participan actualmente del proyecto de ley para la baja de la edad de imputabilidad de los niños, consideraron que sí, que hacen falta más leyes e inventaron un proyecto que propone encarar el tema de la forma más reaccionaria posible: actuar sobre las consecuencias del sistema, convirtiendo en victimarios a las víctimas y encarcelándonos para garantizar el “orden social”. Proponen que los niños vulnerados de todo derecho comiencen a ser consideramos sujetos con capacidad de ejercer sus propios derechos, recién al ingresar al sistema penal.

Les daremos la posibilidad de ejercer su ciudadanía cuando esta esté entre rejas. Proponen que los niños sean responsables, antes incluso de haberle garantizados sus derechos básicos, de haberles permitido comer todos los días, estudiar, jugar, curarse de sus enfermedades. Decenas de estudios sociales demuestran día a día que la violencia social esta engendrada en la inequidad, que la inseguridad de los sectores medios sobre su propiedad privada es directamente proporcional a la inseguridad alimentaría de los pobres y excluidos, sin embargo desde el propio “progresismo” se escuchan voces que defienden la necesidad de una ley que modifique la edad de punibilidad de los niños, bajándola de los 16 a los 14 años.

No es mi intención discutir este punto particular, porque considero que no es el centro del problema, bajar dos años la edad en que los niños pueden ser encarcelados solo tiene la explicación de calmar los miedos de las clases medias y altas de la sociedad, miedos fundados en hechos reales aislados que son deformados y generalizados mediante el gran show mediático donde por momentos los niños y adolescentes pobres, son el mal encarnado en personas, solo debemos temerles y en lo posible alejarlos, y porque no encerrarlos..

 

Este debate sobre edades de punibilidad, de imputabilidad y sus diferencias es engañoso, por momentos confuso y está hecho nuevamente a propósito. Otra vez el “progresismo” discute si hay que bajar la edad de imputabilidad (desde la cual se puede imputar a un niño por un delito) o hay que subir o bajar la de punibilidad (momento desde el cual se puede aplicar la ley penal a un niño). No perdamos más tiempo. Aquellos que creemos que los problemas sociales se resuelven con justicia y equidad, no perdamos más tiempo, actuemos para que el Estado desde todos sus organismos de aplicación cumpla con la Ley. Las leyes ya existen, es necesario exigir la decisión política de hacerlas cumplir. Es necesario crear movimientos sociales y políticos que digan BASTA de niñez pobre. Seguimos debatiendo a que edad encerrarlos en lugar de debatir cómo vamos a hacer para darles comida, educación, vivienda y salud. Seguimos pensando cómo hacer para administrar las causas de la injusticia social en lugar de poner en práctica mecanismos que conduzcan a la equidad. En nuestro país mueren 28 chicos por día por causas evitables, y la forma en que los legisladores consideran que debe comenzarse a resolver el problema es encerrando a los que queden vivos. Curiosa manera de concebir la justicia social.

Vanesa Salgado. Comunicadora Social. Estudiante de Maestría en Problemáticas Sociales Infanto-Juveniles. UBA

 

Reflexiones sobre Hiroshima y Nagasaki en nuestro mundo

Frida Berrigan, Tom Dispatch,

Introducción del editor de Tom Dispatch

 

Hace sesenta y cuatro años: ¡No más guerra nuclear!

Hiroshima y Nagasaki hoy

Sesenta y cuatro años después de Hiroshima y Nagasaki, necesitamos más que símbolos de paz. Por sí solo, doblar grullas de papel no puede, desgraciadamente terminar con la amenaza de una guerra nuclear. Los recuerdos de la destrucción se desvanecen, loa hikabusha envejecen y mueren, las imágenes obsesionantes terminan en libros almacenados en las bibliotecas.

Mientras tanto, el terror a la aniquilación nuclear – tan agudo en ciertos momentos durante el largo enfrentamiento de las superpotencias en la Guerra Fría – parece haber desaparecido casi por completo. Es una lástima, ya que la amenaza real de guerra nuclear sigue oculta pero potente. Las nueve potencias nucleares – EE.UU., Rusia, Francia, Inglaterra, China, Israel, Pakistán, India y Corea del Norte – tienen en conjunto más de 27.000 armas nucleares operacionales entre ellas, suficientes para destruir varios planetas del tamaño de la Tierra. Y en mayo, Mohamed ElBaradei, director general de la Agencia Internacional de Energía Atómica, advirtió que la cantidad de potencias nucleares podría duplicarse en unos pocos años a menos que el nuevo desarme sea una prioridad. ¿Puede sorprender por lo tanto que, según un reciente sondeo de opinión Rasmussen, uno de cada cinco estadounidenses crea que una guerra nuclear es “muy probable” en este siglo, y que más de la mitad, crea que es “probable”?

Lo impensable todavía está bajo consideración – incluso mientras el gobierno de Obama toma sus primeros pasos en la dirección correcta. En un discurso en Praga en abril, el presidente Obama apoyó públicamente el objetivo de buscar “paz y seguridad en un mundo sin armas nucleares.” Después, su gobierno ha comenzado a tomar pasos modestos pero potencialmente importantes hacia ese objetivo, que incluyen: nuevas conversaciones con Rusia sobre reducciones nucleares mutuas, conversaciones iniciadas en el Senado sobre cómo hacer comenzar rápidamente la ratificación de la Prohibición Total de Ensayos, atascadas durante los últimos 10 años, y negociaciones para el también atascado Tratado de Reducción de Materiales de Fisión , imaginado como una prohibición internacionalmente verificada de la producción de materiales nucleares para armas.

Ahora mismo, sin embargo, el paisaje nuclear estadounidense – poco reconocido o discutido – sigue siendo sombríamente potente. Según el bien documentado Boletín de los Científicos Atómicos, EE.UU. sigue manteniendo un arsenal nuclear estimado en 5.200 ojivas – de las cuales aproximadamente 2.700 son operacionales (y el resto está en reserva), mientras el gobierno de Obama gastará más de 6.000 millones de dólares en la investigación y desarrollo de armas nucleares sólo en este año.

En algún punto a comienzos del próximo año, el gobierno completará un nuevo Estudio de la Postura Nuclear que delineará el papel que cree que las armas nucleares deberían tener en el panteón del poder estadounidense y, si el presidente cumple con sus declaraciones anti-nucleares, tal vez ese documente comience por lo menos a limitar los escenarios en los cuales semejantes armas podrían ser utilizadas. Mientras tanto, la política de EE.UU. sigue sin diferenciarse de lo que era en 2004, cuando el secretario de defensa Donald Rumsfeld firmó la Política de Empleo de Armas Nucleares. Decía, en parte, que EE.UU. posee armas nucleares con el propósito de “destruir los activos y capacidades críticas para hacer y soportar la guerra que una dirigencia de un potencial enemigo valoriza más y en las que se basaría para lograr sus objetivos en un mundo de posguerra.” Releed esta frase una vez más, y pensad, ¿qué no sería bombardeado por EE.UU. según esa doctrina?

Tened también en cuenta que las bombas que aniquilaron dos ciudades japonesas y terminaron con tantas vidas hace 64 años esta semana, fueron insignificantes en comparación con las armas nucleares típicas de la actualidad. Little Boy era una ojiva de 15 kilotones. La mayor parte de las ojivas en el arsenal de EE.UU. actual son de 100 o 300 kilotones – capaces de aniquilar no una ciudad japonesa de 1945 sino una megalópolis moderna. Bruce Blair, presidente del World Security Institute y ex oficial de control de lanzamientos a cargo de Misiles Balísticos Intercontinentales Minutemen armados con ojivas de 170, 300 y 335 kilotones, señaló hace algunos años que, en 12 minutos, EE.UU. y Rusia podrían lanzar el equivalente de 100.000 Hiroshimas.

Es impensable. Parece inimaginable. Suena a hipérbole, pero hay que considerarlo como una verdad incómoda y necesaria. La gente de Hiroshima y Nagasaki y los niños de nuestro futuro necesitan que lo comprendamos y actuemos correspondientemente – 64 años demasiado tarde… y ni un minuto demasiado temprano.

 

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Frida Berrigan, Senior Program Associate en New America Foundation’s Arms and Security Initiative, es la hija mayor de los activistas por la paz Liz McAlister y Philip Berrigan. Los dos se encontraron durante la Guerra de Vietnam, fundaron la comunidad de Jonah House a comienzos de los años setenta y pasaron once años de su matrimonio separados por sentencias de prisión resultantes de sus actividades antinucleares y por la paz. Phil Berrigan murió en 2002 a los 79 años.

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

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