El ALCA y sus peligros para América Latina (Descargar Libro)

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Jaime Estay Reyno y Germán Sánchez.

CLACSO  http://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires, Argentina Marzo de 2005

ISBN 987-1183-16-X

INDICE

  • Presentación
  • I. ALCA: su contenido y significado desde una perspectiva latinoamericana
  • Una revisión general del ALCA y sus implicaciones
  • II. El ALCA y sus vínculos con el escenario global y regional
  • Repercusiones del fracaso de la OMC en Cancún en la conformación del ALCA
  • El ALCA y la política neoliberal: ¿hegemonía y dominación en América Latina?
  • El ALCA, un fruto de la relación capital-trabajo
  • El ALCA desde la perspectiva de los derechos humanos
  • III. Las amenazas del ALCA en países y sectores
  • Argentina, el ALCA y el capitalismo de los Tratados de Libre Comercio
  • Reflexiones sobre el ALCA y su impacto en la sociedad hondureña
  • El ALCA y la agricultura: un análisis crítico del caso colombiano
  • El ALCA y sus consecuencias en la economía campesina paraguaya
  • Los servicios de telecomunicaciones en el ALCA. Un análisis del Tercer Borrador
  • ALCA en materia de servicios de telecomunicaciones
  • Glosario del Campus Virtual de CLACSO 

 

Los rasgos generales del desenvolvimiento del ALCA desde su formulación inicial hasta los actuales borradores.

(Fragmento)

” … En este segundo apartado la intención es identificar los contenidos de la propuesta estadounidense de formar una “Zona Hemisférica de Libre Comercio”. Respecto del contexto en que esa propuesta fue presentada, y el desarrollo general que ha tenido desde ese entonces y hasta la fecha, se recomienda la lectura completa tanto del discurso en el que George Bush dio a conocer dicha propuesta como de los “Comunicados finales” de las cuatro Reuniones Cumbre celebradas en 1994, 1998, 2001 y 2004.

Los avances de la integración europea a los que nos referíamos en el apartado anterior, y en particular el “relanzamiento” de dicha integración que se produce en la segunda mitad de los años ochenta, constituyen un primer elemento a tener presente del contexto en que la administración de George Bush (padre) lanzó la “Iniciativa para las Américas” el 27 de junio de 1990.

A esos avances en la integración europea, para fines de los años ochenta se sumó el fin de la Guerra Fría y, por consiguiente, la constitución de un nuevo escenario internacional en el cual la confrontación Este-Oeste dejaba de jugar el papel de “eje ordenador” que había tenido en las décadas anteriores. También por esos años se agregaban a lo anterior distintas evidencias que apuntaban a una pérdida relativa de posiciones de la economía estadounidense a nivel mundial.

Todo ello constituyó el referente inmediato de los esfuerzos del gobierno estadounidense para elevar a un nuevo nivel las relaciones intrahemisféricas, primero con el lanzamiento de la “Iniciativa Bush” y luego con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ambas iniciativas claramente correspondieron a un intento estadounidense, de contenido básicamente económico, por ganar el terreno perdido en relación a los vínculos con su zona inmediata de influencia, y más en general por crear condiciones que permitieran mejorar sus capacidades competitivas en el actual escenario internacional.

Con dichas iniciativas se puso fin a un largo período durante el cual estuvo notoriamente “atenuado” el componente económico en las prioridades gubernamentales estadounidenses hacia América Latina, lo que a su vez era reflejo de una subordinación relativa de las definiciones respecto de las prioridades económicas externas más generales y de las políticas de vinculación económica internacional y de comercio a ellas asociadas. En tal sentido, el balance de las décadas anteriores a los noventa deja al descubierto como estrategia gubernamental estadounidense de relacionamiento externo más bien un conjunto de directrices de carácter global con un contenido fundamentalmente político, y una serie de medidas y reacciones “caso por caso” en el terreno económico, las cuales estaban fuertemente influidas por consideraciones derivadas de la confrontación política global.

En lo que respecta a América Latina, hasta fines de los años ochenta prácticamente no existía una estrategia gubernamental norteamericana de vinculación económica con el c o n j u n t o de la región, y, en ausencia de esa estrategia, en el ámbito económico el mayor énfasis estuvo puesto en vínculos principalmente bilaterales y con definiciones reactivas, en tanto que las relaciones más generales con Latinoamérica se desprendían de las estrategias estadounidenses relativas al binomio Este-Oeste y al binomio Norte-Sur, en ambos casos respondiendo a preocupaciones fundamentalmente geopolíticas vinculadas a la percepción norteamericana del equilibrio mundial de poder y a la necesidad de obtener la victoria en un caso respecto al Este y en el otro respecto al Tercer Mundo.

Bajo esas condiciones, que se mantuvieron desde los años cincuenta hasta el fin de la Guerra Fría, la relación bilateral –o, en algunas ocasiones, con grupos de países de América Latina, como ocurrió con la Alianza Para el Progreso y después con la Iniciativa Para la Cuenca del Caribe– sólo se transformaba en prioritaria en la medida en que con o sin razón se identificaba un peligro presente o potencial para la seguridad de EE.UU., desde la perspectiva de la confrontación geopolítica que dominaba el escenario internacional. Así, las iniciativas económicas y políticas de mayor envergadura que EE.UU. desarrolló hacia Latinoamérica durante toda la Guerra Fría fueron claramente motivadas por la consigna general de “luchar contra el comunismo”, consigna que se imponía ante un amplio abanico de situaciones –abarcando desde los movimientos guerrilleros hasta los intentos de gobiernos latinoamericanos por desarrollar políticas internas y externas con algún grado de autonomía respecto de las directrices estadounidenses– y para cuya aplicación los gobiernos estadounidenses usaron todo tipo de instrumentos, desde la asignación de fondos de “ayuda” hasta las intervenciones militares directas.

Todo lo anterior cambió de manera importante con el lanzamiento de la “Iniciativa para las Américas”. Si bien para el momento en que se planteó esa iniciativa ella constituía en parte un aviso de EE.UU. al resto del capitalismo desarrollado de que ante un eventual fracaso de la Ronda Uruguay del GATT estaba  preparado para responder acrecentando sus relaciones con América Latina, en una ubicación de más largo plazo la propuesta de Bush constituyó la primera definición estratégica de EE.UU. respecto a su relación con el conjunto de América Latina desde la Alianza para el Progreso, diferenciándose sin embargo de esta por el peso asignado a los vínculos económicos en comparación con los elementos de carácter político y militar, y apuntando por consiguiente a un tipo de relación en la que el apoyo político a EE.UU. ya no era ni la única ni la principal exigencia, y en que se abría paso a criterios con contenido más claramente económico, referidos principalmente a la libertad de movimiento de las mercancías y de los capitales estadounidenses en el hemisferio.

Lo anterior, sin embargo, no fue obstáculo para que los principios de carácter ideológico siguieran teniendo un peso importante en la definición norteamericana de su relación con los países de América Latina, pero en la propuesta de Bush se trata de principios ideológicos aplicados ya no prioritariamente al terreno de la política (como eran la lucha contra el comunismo y la subversión) sino al terreno de la economía –”apertura y reformas de mercado”– y a otros aspectos en que el gobierno de EE.UU. define el “deber ser” de nuestros países, como son los problemas ambientales, los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico.

Ese componente fuertemente prescriptivo de la propuesta estadounidense se mantuvo a lo largo de las dos administraciones de Clinton, y a él se fue agregando una definición más precisa de metas, de criterios y de procedimientos respecto del ALCA, en comparación con los contenidos mucho más ambiguos y difusos que caracterizaron a la propuesta de Bush. En términos generales esa diferencia quedó de manifiesto desde la propia Cumbre de Miami, en cuya Declaración de Principios y Plan de Acción se señaló: “(…) resolvemos concluir las negociaciones del ‘Área de Libre Comercio de las Américas’ a más tardar en el año 2005, y convenimos en alcanzar avances concretos hacia el logro de este objetivo para el final de este siglo”. A ello se agregó en la Reunión Ministerial Sobre Comercio de Denver –celebrada en junio de 1995– la definición de un “Programa Inicial de Trabajo” que implicó la formación y asignación de tareas a siete “Grupos de Tr a b a j o ” , cuyo número posteriormente fue cambiando hasta llegar a un total de nueve “Grupos de Negociación”, con los temas que hasta la fecha se mantienen.

En un ámbito más particular, la administración Clinton también fue bastante precisa al identificar tanto los objetivos que busca con el ALCA como los requisitos que deberían cumplir los países para poder entrar en negociaciones con EE.UU. En lo que respecta a los requisitos, resulta elocuente la siguiente enumeración de los llamados “criterios de elegibilidad” que realizó hace algunos años la CEPAL (1996: 5) apoyándose en un anexo del memorando del gobierno estadounidense Política Comercial hacia Latinoamérica después del NAFTA, en el cual se señala que cada país de América Latina debe: “1. Proveer un acceso a su mercado ‘justo y equitativo’ a las exportaciones de los Estados Unidos o haber realizado avances significativos en la apertura de su mercado, además de revertir interés económico para los Estados Unidos, incluidas las oportunidades de mercado potenciales para sus empresas y la creación de empleos”; “2. Tener la capacidad institucional de cumplir los compromisos serios y de largo plazo asumidos y las políticas económicas requeridas con miras al éxito del acuerdo de libre comercio, incluyendo un efectivo ambiente macroeconómico estable, políticas orientadas hacia el mercado y apertura al sistema multilateral de comercio (…)”; “3. Estar de acuerdo en que el compromiso de integración estará basado en la reciprocidad, sin expectativas de tratamiento ‘especial y preferencial’ por su menor grado de desarrollo”; “4. No tener peticiones y controversias pendientes asociadas al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) de los Estados Unidos; por ejemplo: sobre derechos de los trabajadores, expropiación, o derechos de propiedad intelectual. Además, el candidato potencial conviene en aplicar criterios específicos consistentes con el TLCAN sobre lo laboral y el medio ambiente”.

A esas prescripciones, con la administración de George Bush hijo, y en particular desde el 11 de septiembre de 2001, se suma la del antiterrorismo, la cual ha pasado a ocupar un lugar prioritario en las exigencias de alineamiento hacia América Latina, amenazando con transformarse en un nuevo eje que articula no sólo al conjunto de la política exterior estadounidense sino también a los distintos componentes de la estrategia de ese país hacia América Latina y El Caribe, integrándolos bajo el “paraguas” de la lucha contra el terrorismo. En tal sentido, lo que interesa destacar es que el ALCA es un componente de esa estrategia, que incluye además elementos directos de dominación política y militar con los cuales la presencia económica de las empresas y productos estadounidenses se complementa y se asegura con el control físico del territorio hemisférico, constituyendo todo ello un conjunto coherente a través del cual se pretende que la región –con sus recursos naturales, su gente y la totalidad de su infraestructura responda por completo a los objetivos y necesidades definidas del lado estadounidense.

Así, en el terreno del discurso los llamados al libre comercio hemisférico se acompañan de exigencias para alinearse en la defensa de la democracia representativa, en la lucha contra el narcotráfico y en la erradicación total de cualquier posibilidad presente o futura de terrorismo, y en los hechos las negociaciones del ALCA han sido paralelas a la aplicación del Plan Colombia, al lanzamiento de la Iniciativa para la Región Andina y, en general, a un reforzamiento de la presencia política y militar estadounidense en la región …

Descargar Libro: El ALCA y sus peligros para América Latina

 

7 comentarios en “El ALCA y sus peligros para América Latina (Descargar Libro)

  1. La Historia Del Día

    Hola Junior!
    Para acceder al libro solo tenés que descargarlo desde esta página. Luego abrir el archivo zip con la clave, también escrita aquí, bajo el link de descarga.
    Un abrazo

    Me gusta

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