Argentina: ¿La desocupación aumenta o es apenas una “sensación térmica”?

Eduardo Lucita

LA ARENA

Estimaciones del sector privado, del mundo sindical e incluso la voz de la calle, señalan que la desocupación está creciendo en el país. En cambio el ministro de Trabajo afirma lo contrario. ¿Quién tiene razón?

Consultado a propósito del incremento de la tasa de desocupación, el ministro Carlos Tomada respondió que si se compara el primer trimestre del año con igual período del 2008 se puede decir que la desocupación se mantiene estable en torno al 8,2%. Agregó que por los datos que maneja su cartera no hay grandes despidos, de miles de trabajadores, que lo que hay son despidos individuales. Sí reconoció la no renovación de contratos de trabajo a su vencimiento.

Las declaraciones del ministro permiten sacar una conclusión y al mismo tiempo abren un interrogante. Primero, si aceptamos que la tasa de desocupación está amesetada en torno al 8% de la PEA después de seis años de crecimiento a tasa “chinas”, podemos concluir que ése sería el piso de desocupación estructural con que funciona la economía argentina y que será difícil de perforar a la baja.

Segundo, ¿como considerar a los trabajadores que al vencimiento de sus contratos éstos no son renovados? El ministro pareciera no considerar desocupados a los trabajadores que se quedan sin contrato. Tal vez debiéramos crear una nueva categoría: descontratados, pero lo que es real es que son trabajadores que se quedan sin trabajo y por lo tanto engrosan la desocupación existente.

Evidencias

Todos los datos disponibles indican un potencial agravamiento de la situación social (ocupación, salarios, pobreza) a pesar de las diversas medidas contracíclicas tomadas por el gobierno. La aceleración de la destrucción de empleos forma parte de este agravamiento. Un estudio del IDEF-CTA, basado en la comparación interanual de los aportes patronales a la seguridad social concluye que hasta junio los puestos perdidos sumaban más de 200.000. Un reciente documento elaborado por la UIA señala que en el primer semestre del año la caída del empleo alcanzó los de 222.000 puestos. Por otra parte el propio Indec reconoció que en el primer trimestre se destruyeron poco más de 140.000 puestos de trabajo; proyectando estas cifras al semestre el resultado se acerca, sino sobrepasa las anteriores estimaciones. Por otra parte no se puede desconocer que desde mediados del 2007 la creación de empleos es prácticamente nula.

Si no se confía en los estudios que circulan se puede recurrir a la información directa: en las últimas semanas se han registrados despidos y suspensiones en la panificadora Fargo; en la química Sealed Air; en la metalúrgica San Cayetano; en la gráfica FP; en varias empresas del cítrico en Tucumán; en calls center de Telecom; por el cierre de la tienda C&A, por sólo citar algunos casos en diversas ramas de la economía. Incluso el gobierno tuvo que hacerse cargo, por el abandono empresario, de la papelera Massuh y de la autopartista Malhe, además, aparentemente, la fábrica de pinturas Tersuave, en San Luis, seguiría el mismo camino. En ninguno de estos casos puede hablarse de despidos individuales.

Por otra parte desde principios de año se han registrado casos de varias empresas, las alimenticias Arrufat y Disco de Oro; la gráfica Indugraf; la textil Filobex-Febatex entre otras que, cerradas por sus patrones, han sido reabiertas por sus trabajadores, quienes las ocuparon y las han puesto en producción bajo su propia gestión. Además como es conocido el Ministerio de Trabajo administra el Programa Repro, por el cual subsidia a más de 1500 empresas pagándoles parte del salario a unos 85.000 trabajadores. Con esto el Estado nacional busca proteger el empleo y al mismo tiempo preservar la tasa de ganancia de las empresas. Es evidente que hay una desocupación contenida, que dependerá de cuanto se profundice la crisis y también de que se mantenga la disponibilidad de la caja fiscal.

¿Cuál es la tasa real?

Como lo hemos explicado varias veces en esta misma columna desde la intervención en el Indec hay una suerte de crisis de confianza en las estadísticas oficiales, así que hay que recurrir a estimaciones privadas. La firma SEL-Consultores, que es uno de los estudios privados más serios en este tipo de datos, ha estimado que en el área metropolitana (Capital y GBA) la desocupación sería del orden del 10,5%. Se sabe que en todo este último período la caída de la producción ha sido más fuerte en el interior del país, por lo que las estimaciones que dicen que la tasa estaría entre el 11y 12%, esto es alcanzaría de 1,8 a 2 millones de personas, parecen bastante realistas.

Desde los centros internacionales y analistas reconocidos, aún con enfoques diferentes, están afirmando que la economía mundial marcha a un estancamiento de larga duración. El reciente informe de la Cepal asegura que hay 3,4 millones de nuevos desocupados en América latina y agrega que para la región la recuperación será lenta. Juan Somavía, director de la OIT, ha señalado que la experiencia muestra que comenzada la recuperación económica el empleo tarda cuatro o cinco años en recuperarse. Por eso es que en la última conferencia internacional del organismo planteó la necesidad urgente de un “pacto mundial por el empleo”

Estas tendencias mundiales con sus particularidades están presentes en nuestro país. Es un dato objetivo que aquí no hemos tenido crisis financiera, que la economía está mejor parada que otras veces y que el gobierno ha tomado medidas anticíclicas tendientes a proteger el empleo, pero también es cierto que son todas medidas de corto plazo que no resuelven el problema de fondo. Y es así porque la visión del gobierno sobre la crisis es que sería de ciclo corto: la famosa crisis en forma de “V” corta, rápida caída y rápida recuperación, pero todo indica que la crisis tomará la forma de una “L”, caída y amesetamiento en ese nivel, al estilo de Japón en los ’90. Así, lejos de recuperarse rápidamente el empleo podemos asistir a una continuidad en la destrucción de puestos de trabajo. Se contradecirla así la afirmación de la Presidenta en la firma del acuerdo con los petroleros “El mejor antídoto contra la pobreza es el trabajo y el pleno empleo”.

Una alternativa

Resulta imprescindible declarar la Emergencia Laboral y en ese marco conseguir que el Congreso Nacional sancione una ley, o en su defecto un decreto de necesidad y urgencia, que prohiba despidos y suspensiones por un lapso determinado, renovable en tanto la crisis persista. De esta forma se evitaría que nuevos desocupados se sumen a los actuales. Esto debe complementarse con la reducción de la jornada laboral y el reparto del trabajo existente, tanto para absorber la desocupación de arrastre como para que los trabajadores se beneficien de la mayor productividad alcanzada.

Las altísimas tasas de ganancias que usufructuaron las empresas, cualquiera sea su tamaño, durante el ciclo expansivo que está concluyendo, hace que puedan absorber estos costos. De todas maneras puede instrumentarse algún sistema a auxilio para quienes demuestren su inviabilidad financiera de implementar estas medidas.

Si esto se acompaña con aumentos en los salarios y jubilaciones mínimas y reducción del IVA a artículos de primera necesidad se crearía una demanda genuina sobre el mercado interno.

Se puede argumentar que medidas de este tipo agravarían la situación fiscal, ya de por sí estrecha, pero tal vez es el momento oportuno para encarar alguna vez una reforma progresiva, que elimine la inequidad actual. Con apenas gravar las rentas financieras, extender las retenciones a la minería y el petróleo, reponer el impuesto a la herencia, revisar la política de subsidios, que hoy no tiene mayores controles, mejorar la recaudación del Impuesto a los Bienes Personales, que hoy pagan muy pocas personas, revisar las exenciones insólitas que hay al Impuesto a las Ganancias. Sin que esto resulte una reforma integral ni mucho menos, es posible hacer que la crisis la paguen los que más tienen.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

 

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