El ALCA y sus peligros para América Latina (Descargar Libro)

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Jaime Estay Reyno y Germán Sánchez.

CLACSO  http://www.clacso.org.ar/

Buenos Aires, Argentina Marzo de 2005

ISBN 987-1183-16-X

INDICE

  • Presentación
  • I. ALCA: su contenido y significado desde una perspectiva latinoamericana
  • Una revisión general del ALCA y sus implicaciones
  • II. El ALCA y sus vínculos con el escenario global y regional
  • Repercusiones del fracaso de la OMC en Cancún en la conformación del ALCA
  • El ALCA y la política neoliberal: ¿hegemonía y dominación en América Latina?
  • El ALCA, un fruto de la relación capital-trabajo
  • El ALCA desde la perspectiva de los derechos humanos
  • III. Las amenazas del ALCA en países y sectores
  • Argentina, el ALCA y el capitalismo de los Tratados de Libre Comercio
  • Reflexiones sobre el ALCA y su impacto en la sociedad hondureña
  • El ALCA y la agricultura: un análisis crítico del caso colombiano
  • El ALCA y sus consecuencias en la economía campesina paraguaya
  • Los servicios de telecomunicaciones en el ALCA. Un análisis del Tercer Borrador
  • ALCA en materia de servicios de telecomunicaciones
  • Glosario del Campus Virtual de CLACSO 

 

Los rasgos generales del desenvolvimiento del ALCA desde su formulación inicial hasta los actuales borradores.

(Fragmento)

” … En este segundo apartado la intención es identificar los contenidos de la propuesta estadounidense de formar una “Zona Hemisférica de Libre Comercio”. Respecto del contexto en que esa propuesta fue presentada, y el desarrollo general que ha tenido desde ese entonces y hasta la fecha, se recomienda la lectura completa tanto del discurso en el que George Bush dio a conocer dicha propuesta como de los “Comunicados finales” de las cuatro Reuniones Cumbre celebradas en 1994, 1998, 2001 y 2004.

Los avances de la integración europea a los que nos referíamos en el apartado anterior, y en particular el “relanzamiento” de dicha integración que se produce en la segunda mitad de los años ochenta, constituyen un primer elemento a tener presente del contexto en que la administración de George Bush (padre) lanzó la “Iniciativa para las Américas” el 27 de junio de 1990.

A esos avances en la integración europea, para fines de los años ochenta se sumó el fin de la Guerra Fría y, por consiguiente, la constitución de un nuevo escenario internacional en el cual la confrontación Este-Oeste dejaba de jugar el papel de “eje ordenador” que había tenido en las décadas anteriores. También por esos años se agregaban a lo anterior distintas evidencias que apuntaban a una pérdida relativa de posiciones de la economía estadounidense a nivel mundial.

Todo ello constituyó el referente inmediato de los esfuerzos del gobierno estadounidense para elevar a un nuevo nivel las relaciones intrahemisféricas, primero con el lanzamiento de la “Iniciativa Bush” y luego con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ambas iniciativas claramente correspondieron a un intento estadounidense, de contenido básicamente económico, por ganar el terreno perdido en relación a los vínculos con su zona inmediata de influencia, y más en general por crear condiciones que permitieran mejorar sus capacidades competitivas en el actual escenario internacional.

Con dichas iniciativas se puso fin a un largo período durante el cual estuvo notoriamente “atenuado” el componente económico en las prioridades gubernamentales estadounidenses hacia América Latina, lo que a su vez era reflejo de una subordinación relativa de las definiciones respecto de las prioridades económicas externas más generales y de las políticas de vinculación económica internacional y de comercio a ellas asociadas. En tal sentido, el balance de las décadas anteriores a los noventa deja al descubierto como estrategia gubernamental estadounidense de relacionamiento externo más bien un conjunto de directrices de carácter global con un contenido fundamentalmente político, y una serie de medidas y reacciones “caso por caso” en el terreno económico, las cuales estaban fuertemente influidas por consideraciones derivadas de la confrontación política global.

En lo que respecta a América Latina, hasta fines de los años ochenta prácticamente no existía una estrategia gubernamental norteamericana de vinculación económica con el c o n j u n t o de la región, y, en ausencia de esa estrategia, en el ámbito económico el mayor énfasis estuvo puesto en vínculos principalmente bilaterales y con definiciones reactivas, en tanto que las relaciones más generales con Latinoamérica se desprendían de las estrategias estadounidenses relativas al binomio Este-Oeste y al binomio Norte-Sur, en ambos casos respondiendo a preocupaciones fundamentalmente geopolíticas vinculadas a la percepción norteamericana del equilibrio mundial de poder y a la necesidad de obtener la victoria en un caso respecto al Este y en el otro respecto al Tercer Mundo.

Bajo esas condiciones, que se mantuvieron desde los años cincuenta hasta el fin de la Guerra Fría, la relación bilateral –o, en algunas ocasiones, con grupos de países de América Latina, como ocurrió con la Alianza Para el Progreso y después con la Iniciativa Para la Cuenca del Caribe– sólo se transformaba en prioritaria en la medida en que con o sin razón se identificaba un peligro presente o potencial para la seguridad de EE.UU., desde la perspectiva de la confrontación geopolítica que dominaba el escenario internacional. Así, las iniciativas económicas y políticas de mayor envergadura que EE.UU. desarrolló hacia Latinoamérica durante toda la Guerra Fría fueron claramente motivadas por la consigna general de “luchar contra el comunismo”, consigna que se imponía ante un amplio abanico de situaciones –abarcando desde los movimientos guerrilleros hasta los intentos de gobiernos latinoamericanos por desarrollar políticas internas y externas con algún grado de autonomía respecto de las directrices estadounidenses– y para cuya aplicación los gobiernos estadounidenses usaron todo tipo de instrumentos, desde la asignación de fondos de “ayuda” hasta las intervenciones militares directas.

Todo lo anterior cambió de manera importante con el lanzamiento de la “Iniciativa para las Américas”. Si bien para el momento en que se planteó esa iniciativa ella constituía en parte un aviso de EE.UU. al resto del capitalismo desarrollado de que ante un eventual fracaso de la Ronda Uruguay del GATT estaba  preparado para responder acrecentando sus relaciones con América Latina, en una ubicación de más largo plazo la propuesta de Bush constituyó la primera definición estratégica de EE.UU. respecto a su relación con el conjunto de América Latina desde la Alianza para el Progreso, diferenciándose sin embargo de esta por el peso asignado a los vínculos económicos en comparación con los elementos de carácter político y militar, y apuntando por consiguiente a un tipo de relación en la que el apoyo político a EE.UU. ya no era ni la única ni la principal exigencia, y en que se abría paso a criterios con contenido más claramente económico, referidos principalmente a la libertad de movimiento de las mercancías y de los capitales estadounidenses en el hemisferio.

Lo anterior, sin embargo, no fue obstáculo para que los principios de carácter ideológico siguieran teniendo un peso importante en la definición norteamericana de su relación con los países de América Latina, pero en la propuesta de Bush se trata de principios ideológicos aplicados ya no prioritariamente al terreno de la política (como eran la lucha contra el comunismo y la subversión) sino al terreno de la economía –”apertura y reformas de mercado”– y a otros aspectos en que el gobierno de EE.UU. define el “deber ser” de nuestros países, como son los problemas ambientales, los derechos humanos y la lucha contra el narcotráfico.

Ese componente fuertemente prescriptivo de la propuesta estadounidense se mantuvo a lo largo de las dos administraciones de Clinton, y a él se fue agregando una definición más precisa de metas, de criterios y de procedimientos respecto del ALCA, en comparación con los contenidos mucho más ambiguos y difusos que caracterizaron a la propuesta de Bush. En términos generales esa diferencia quedó de manifiesto desde la propia Cumbre de Miami, en cuya Declaración de Principios y Plan de Acción se señaló: “(…) resolvemos concluir las negociaciones del ‘Área de Libre Comercio de las Américas’ a más tardar en el año 2005, y convenimos en alcanzar avances concretos hacia el logro de este objetivo para el final de este siglo”. A ello se agregó en la Reunión Ministerial Sobre Comercio de Denver –celebrada en junio de 1995– la definición de un “Programa Inicial de Trabajo” que implicó la formación y asignación de tareas a siete “Grupos de Tr a b a j o ” , cuyo número posteriormente fue cambiando hasta llegar a un total de nueve “Grupos de Negociación”, con los temas que hasta la fecha se mantienen.

En un ámbito más particular, la administración Clinton también fue bastante precisa al identificar tanto los objetivos que busca con el ALCA como los requisitos que deberían cumplir los países para poder entrar en negociaciones con EE.UU. En lo que respecta a los requisitos, resulta elocuente la siguiente enumeración de los llamados “criterios de elegibilidad” que realizó hace algunos años la CEPAL (1996: 5) apoyándose en un anexo del memorando del gobierno estadounidense Política Comercial hacia Latinoamérica después del NAFTA, en el cual se señala que cada país de América Latina debe: “1. Proveer un acceso a su mercado ‘justo y equitativo’ a las exportaciones de los Estados Unidos o haber realizado avances significativos en la apertura de su mercado, además de revertir interés económico para los Estados Unidos, incluidas las oportunidades de mercado potenciales para sus empresas y la creación de empleos”; “2. Tener la capacidad institucional de cumplir los compromisos serios y de largo plazo asumidos y las políticas económicas requeridas con miras al éxito del acuerdo de libre comercio, incluyendo un efectivo ambiente macroeconómico estable, políticas orientadas hacia el mercado y apertura al sistema multilateral de comercio (…)”; “3. Estar de acuerdo en que el compromiso de integración estará basado en la reciprocidad, sin expectativas de tratamiento ‘especial y preferencial’ por su menor grado de desarrollo”; “4. No tener peticiones y controversias pendientes asociadas al Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) de los Estados Unidos; por ejemplo: sobre derechos de los trabajadores, expropiación, o derechos de propiedad intelectual. Además, el candidato potencial conviene en aplicar criterios específicos consistentes con el TLCAN sobre lo laboral y el medio ambiente”.

A esas prescripciones, con la administración de George Bush hijo, y en particular desde el 11 de septiembre de 2001, se suma la del antiterrorismo, la cual ha pasado a ocupar un lugar prioritario en las exigencias de alineamiento hacia América Latina, amenazando con transformarse en un nuevo eje que articula no sólo al conjunto de la política exterior estadounidense sino también a los distintos componentes de la estrategia de ese país hacia América Latina y El Caribe, integrándolos bajo el “paraguas” de la lucha contra el terrorismo. En tal sentido, lo que interesa destacar es que el ALCA es un componente de esa estrategia, que incluye además elementos directos de dominación política y militar con los cuales la presencia económica de las empresas y productos estadounidenses se complementa y se asegura con el control físico del territorio hemisférico, constituyendo todo ello un conjunto coherente a través del cual se pretende que la región –con sus recursos naturales, su gente y la totalidad de su infraestructura responda por completo a los objetivos y necesidades definidas del lado estadounidense.

Así, en el terreno del discurso los llamados al libre comercio hemisférico se acompañan de exigencias para alinearse en la defensa de la democracia representativa, en la lucha contra el narcotráfico y en la erradicación total de cualquier posibilidad presente o futura de terrorismo, y en los hechos las negociaciones del ALCA han sido paralelas a la aplicación del Plan Colombia, al lanzamiento de la Iniciativa para la Región Andina y, en general, a un reforzamiento de la presencia política y militar estadounidense en la región …

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Jorge Luis Borges: la palabra universal ¿Un ciego con luz, o un lúcido enceguecido?

Cristina Castello 

«Sentí en el pecho un doloroso latido, sentí que me abrazaba la sed»

J. L. Borges, de «El Inmortal» 

borges

Jorge Luis Borges es una metáfora de sí mismo. Es uno de los escritores más destacados del siglo XX y un emblema de su patria argentina, donde todos lo nombran pero pocos lo leyeron. Niño prodigio, vivió su infancia vestido de niña por su madre, quien lo llamaba «inútil» e «infeliz».

Su erudición tiene pocos parangones. ¿Fue tan lúcido para descubrir la sacralidad de la vida, como para escribir? ¿O la lucidez dañó esa parte del espíritu donde está escrito que nada de lo humano debería ser extraño?


 Pocos artistas son tan amados y aborrecidos. Y se comprende: los versos de Borges son sagrados, pero su boca fue incontinente. Calificó a Federico García Lorca, como un «poeta menor», y de la misma forma honró a los vates de la Generación del XXVII española; no se privó de críticas a Julio Cortázar; de Cien años de soledad, de García Márquez dijo: «Lindo título, ¿no?». Fue implacable con Charles Baudelaire, se ensañó con Pierre Corneille –autor de «El Cid»– y con Isidore Ducasse (el Comte de Lautréamont).

Más: al ritmo de cada sorbo de su té inglés calificó a Arthur Rimbaud como «un artista en busca de experiencias que nunca logró», y criticó salvajemente a André Breton, potencia de imaginación y poesía; y, aunque nacido en las pampas, su anglofilia era tan fuerte como su franco fobia (Juan José Saer dixit). Demasiado, Mister George.

Su sed, su sed eterna. Este 24 de agosto, se cumplen 110 años de su nacimiento, y la pregunta de siempre sigue en pie: ¿Tuvo sed de poesía, o, también –y sobre todo– de sentirse amado por una mujer? Él, la pluma universal, tuvo amores imposibles y sufrió como los personajes de las novelas más vulgares, que despreciaba. Hasta que llegó su cauce: María Kodama, con quien tuvo una unión en el misterio.

Mente prodigiosa, en «El jardín de los senderos que se bifurcan», propuso –sin saberlo– una repuesta a un problema de la física cuántica. Y toda su vasta obra fue un hito, como disparador de la fantasía de lectores y gentes de letras.

A la par, si bien en su momento condenó a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini, después hizo loas de autores de crímenes de lesa humanidad: Francisco Franco, Jorge Rafael Videla y Pinochet, entre otros. Asesinos, condenados en tal condición por la Justicia.

Más que por otros poetas, se sintió marcado por el enorme Walt Whitman. Pero, ¿qué asimiló de él? La palabra de Whitman se batía por la libertad de los pueblos y la dignidad humana; la palabra hablada de Borges defendía –también– la invasión-masacre norteamericana en Vietnam Seguir leyendo “Jorge Luis Borges: la palabra universal ¿Un ciego con luz, o un lúcido enceguecido?”

Dictadura posbananera

Santiago O’Donnell

Página/12

 

Malas noticias. En Washington, la sensación es que el tema Honduras ya fue. Se cayó de los diarios, salió del Capitolio, ni siquiera es prioritario en Foggy Bottom, sede del Departamento de Estado, donde la nueva alianza estratégica con China ocupa la atención de sus principales figuras. Los mismos diplomáticos latinoamericanos que ayer hacían campaña en favor del presidente depuesto, Mel Zelaya, hoy están ocupados con reuniones multilaterales por la crisis financiera mundial.

En la OEA se discute la formación de una eventual comisión verificadora para viajar a Honduras, pero nadie hace mucho para forzar el acuerdo por verificar. El viernes se suspendió una reunión para tratar el tema sin la presencia de ningún presidente, ningún canciller, salvo la de Honduras, Patricia Roda.

En la reunión, la canciller de Zelaya iba a pedir que se apliquen sanciones comerciales contra el régimen golpista, pero las cámaras empresariales de los países centroamericanos han hecho saber que la interrupción del comercio entre Estados Unidos y Honduras desestabilizaría a toda la región. Con eso alcanzó para frenar cualquier movida en ese sentido.

Pasó la tormenta y la dictadura hondureña se mantiene en pie. Estados Unidos ya jugó sus fichas. El martes suspendió las visas diplomáticas, esto es la inmunidad diplomática en Estados Unidos, a cuatro de los líderes del golpe. Antes había logrado quebrar la cadena de mando en las fuerzas armadas hondureñas al hacer firmar a un grupo de coroneles una carta de adhesión a la salida negociada que propicia Washington, el llamado plan Arias.

No fue suficiente para voltear a la dictadura hondureña, pero Washington tampoco hará mucho más. El Departamento de Estado no quiere que siga el gobierno de facto que encabeza Roberto Micheletti pero tampoco quiere que vuelva con plenos poderes Zelaya, el presidente derrocado el 28 de junio por un golpe cívico-militar.

Zelaya se quedó en la frontera, jugando el rol de héroe en el exilio, sin generar ni por asomo la capacidad de movilización suficiente como para emprender una vuelta triunfal. Con un millón, medio millón, cien mil fieles, otra sería la historia. Pero en su campamento no pudo juntar más de mil quinientos.

Si vuelve sin el poder de las masas y sin acuerdo, Zelaya sabe que lo meten preso y se hacen un gran espectáculo con su juicio político. Si vuelve sin masas pero con acuerdo político, Zelaya sabe que los “verificadores” del acuerdo puestos por Washington le estarán encima para que renuncie y/o llame a elecciones no bien pise el palacio presidencial. Como no le interesa convertirse en un mártir ni tampoco en una marioneta, se queda en la frontera.

Si no consigue volver por las suyas, el futuro político de Zelaya se hace cuesta arriba. Las candidaturas para las elecciones presidenciales del próximo diciembre ya están cerradas y ningún postulante lo representa. Las siguientes elecciones nacionales son dentro de cuatro años porque la constitución hondureña no contempla comicios de mitad de término. Estas limitaciones legales dificultan la gestación y supervivencia de una fuerza de centroizquierda que le permita a Zelaya mantener su presencia en la arena política.

En todo caso, Estados Unidos no quiere correr riesgos. Según contó una fuente con acceso permanente a los negociadores de ese país, ellos están convencidos de que si vuelve Zelaya al poder no vuelve sólo para quedarse cuatro meses. Dicen que si vuelve intentará cualquier trampa para estirar su mandato. Así se refieren a la “encuesta” que había hecho Zelaya para cambiar la Constitución. Como los plebiscitos sobre el tema estaban prohibidísimos, llamó a una “encuesta”, que en este caso es lo mismo que un “plebiscito”, pero con distinto nombre. Esa “encuesta” fue el argumento que dieron los golpistas para dar el golpe.

Por eso el Departamento de Estado quiere sacarse de encima el papelón que les representa la dictadura posbananera de Micheletti, pero no para entregarle el mando a Zelaya, sino para imponer un gobierno de transición que llame a elecciones lo antes posible.

Las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela pasan por un buen momento. Así lo reflejan las declaraciones del canciller venezolano Nicolás Maduro de esta semana valorando la decisión de la cancillería estadounidense de cancelar las visas de los golpistas hondureños. Pero, aunque la crisis hondureña generó espacios de consenso que derivaron en un acercamiento, las diferencias ideológicas persisten y la rivalidad se mantiene en pie.

Quedó claro esta semana que la administración Obama quiere dos cosas. Por un lado, preservar el orden constitucional en los países de la región. Por el otro, frenar la expansión del chavismo. Pero también quedó claro que, a la hora de elegir, lo segundo resultó más prioritario que lo primero. “El objetivo estratégico básico de Estados Unidos en América latina es evitar la ampliación de la zona de influencia chavista”, precisa la fuente.

Micheletti resiste pero a costa de un nivel de represión, digamos llamativo, coartando la libertad de expresión, reunión y libre circulación de millones de hondureños. Tal como vienen registrando las distintas misiones de organismos de derechos humanos que han visitado el país después del golpe, lo hace a través de acciones de brutalidad policial en las calles y con clausuras y detenciones arbitrarias, llegando al extremo de asesinar manifestantes para apagar focos de protesta.

Se trata de un cuadro insostenible en el tiempo. Más tarde que temprano el régimen tendrá que abrirse a una “democratización” y la figuras más identificadas con el golpe tendrán que dar un heroico paso al costado, allanando el camino para el famoso “gobierno de unidad nacional”.

Sin embargo, hasta ahora la dictadura ha sido incapaz de siquiera intentar algo semejante. Micheletti sigue teniendo las horas contadas, pero los golpistas han demostrado que no van a entregar la cabeza de su líder a cambio de nada, sólo para atender exigencias de la comunidad internacional.

Por eso juegan a estirar los tiempos, paseando la propuesta de Arias por distintas comisiones del Congreso, simulando una prolijidad institucional que brilló por su ausencia en la burda maniobra militar que terminó con el destierro forzado del presidente.

Los golpistas ya no les responden a sus patrones. Treinta años de lecciones de Washington sobre cómo combatir la amenaza comunista pudieron más que las tibias reprimendas de Hillary Clinton, llamando a “todas las partes” a respetar los mecanismos de la Carta Magna hondureña.

A esta altura de los acontecimientos, hay que decirlo, hay que gritarlo, al presidente de Honduras lo sacaron de su casa en pijamas y a punta de pistola. Se lo llevaron sin una orden de detención firmada por un juez, o sea lo secuestraron. Lo subieron a un avión y lo mandaron a Costa Rica. Lo echaron como a un perro. Al día siguiente le mintieron a todo el pueblo hondureño al presentar una carta de renuncia trucha, con firma falsificada, que ni siquiera estaba fechada en el día correcto. Tres días más tarde lo acusaron de crímenes con penas de hasta veinte años de cárcel. Después lo amenazaron con un “baño de sangre” si volvía para defenderse de las acusaciones. En secuencia cronológica secuestraron, echaron, renunciaron, acusaron y amenazaron al presidente de Honduras.

Lo que pasó no es anecdótico. No se arregla comprando constitucionalistas para que digan que no hubo golpe porque salvo el Ejecutivo, se mantienen intactos los demás poderes del estado. Acá no es cuestión de Zelaya sí, Zelaya no, Chávez sí, Chávez no. Sacaron a su presidente en pijamas. Hasta un asesino serial y violador de niños, cuando lo vienen a buscar, tiene derecho a llamar a su abogado. Y la pena de destierro se abolió en el medioevo.

El desenlace que se perfila, en cualquiera de sus variantes, representa un fuerte retroceso para las democracias en la región y una seria amenaza para la estabilidad de sus sistemas políticos. Hace dos años ni el más afiebrado conspirador imaginaba un golpe militar en América latina.

Hoy, bajo determinadas circunstancias, tomando las precauciones del caso, todas las opciones vuelven a estar sobre la mesa. Ya lo saben los autonomistas bolivianos, los magnates bananeros de Guatemala y Ecuador, los oviedistas paraguayos, los discípulos de D’Aubisson en El Salvador, los ex contras nicaragüenses, los fedecamaristas venezolanos y los hacendados piqueteros de Argentina.

Obama y Hillary parecen subestimar el peligro que estas fuerzas representan. Sería un error de cálculo demasiado costoso.

sodonnell@pagina12.com.ar

 

Sumas y restas

Néstor Sappietro

Argenpress.info

Debo admitir que nunca fui bueno para las matemáticas. No era lo mío. Cada examen se transformaba en un suplicio. Ecuaciones, derivadas, integrales… eran parte de un universo que me parecía inalcanzable. Sin embargo, tropezones mediante, me las arreglé para aprender lo necesario y fui atravesando las dificultades que cada año me ofrecía la materia.

Esto no pretende ser un mensaje de autoayuda, de esos que dicen “tú puedes, solo es cuestión de esforzarte”… No, nada está más lejos de las intenciones de esta crónica.

La vida está llena de cosas que nos quedan demasiado lejos, aunque bien vale buscarlas durante el tiempo que nos toque estar por acá.

De todas maneras, volviendo a las matemáticas, cuando escucho los argumentos que intentan justificar la causa por la cual millones de hogares en nuestro país subsisten en la pobreza y la marginación, empiezo a dudar acerca de mis conocimientos sobre sumas y restas alcanzados en la escuela.

Es entonces cuando recurro a don Raúl Scalabrini Ortiz, que con una sentencia muy sencilla me ayudó a comprender que los números en economía no son un tema tan complejo. Decía Scalabrini: “Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

Entonces, aunque desde el gobierno insistan tratando de explicar las razones de un reparto de la riqueza tan desparejo, hagámonos el favor de no caer en la trampa. La desnutrición, la pobreza, la marginalidad no precisa de explicaciones científicas. No precisa licenciados en economía, ni derivadas, ni integrales, ni ecuaciones que busquen la incógnita. El abandono y los privilegios aparecen a simple vista. Con sumar y restar, alcanza y sobra.

Una rápida mirada de las cifras, alcanza para entender las causas de la ampliación de la brecha que separa a ricos y pobres. Concentración de riqueza, impunidad de los dueños del dinero y naturalización de la miseria.

Entre 2003 y 2008 el Tesoro nacional otorgó subsidios al sector privado por 41.800 millones de dólares y exenciones impositivas por otros 26.800, totalizando 68.600 millones de dólares. Esta cifra supera los 64.800 millones que el gobierno nacional invirtió en el mismo período en la suma de sectores como educación, cultura, ciencia y técnica, salud, agua potable y saneamiento, vivienda y desarrollo urbano, y en las transferencias directas a personas realizadas bajo los programas de promoción y asistencia social (el plan jefas y jefes de hogar, entre otros), el seguro de desempleo y los salarios familiares.

La reorientación de los fondos en cuestión habría permitido conseguir simultáneamente que todas las escuelas fueran hoy de doble jornada y una asignación por hijo de hasta 19 años de 2000 pesos anuales, aproximadamente.

De este modo se habrían dado pasos gigantescos para reducir la desnutrición, la indigencia y la pobreza, para mejorar la distribución del ingreso y para lograr un futuro posible para millones de argentinos.

Los asuntos de la economía “solo requieren saber sumar y restar”, decía Scalabrini, “cuando usted no entienda una cosa pregunte hasta que entienda. Si no la entiende lo están robando…”

Esa es la mejor de las explicaciones.

La cuenta es muy sencilla. Nos están robando el presente. Nos están arrancando el futuro. Los sectores privados amigos del Estado, se quedan con las porciones de salud, educación, asistencia social, vivienda y dignidad que le faltan a millones de familias.

Y eso, está claro hasta para mí, que nunca fui bueno para las matemáticas.

Argentina: ¿La desocupación aumenta o es apenas una “sensación térmica”?

Eduardo Lucita

LA ARENA

Estimaciones del sector privado, del mundo sindical e incluso la voz de la calle, señalan que la desocupación está creciendo en el país. En cambio el ministro de Trabajo afirma lo contrario. ¿Quién tiene razón?

Consultado a propósito del incremento de la tasa de desocupación, el ministro Carlos Tomada respondió que si se compara el primer trimestre del año con igual período del 2008 se puede decir que la desocupación se mantiene estable en torno al 8,2%. Agregó que por los datos que maneja su cartera no hay grandes despidos, de miles de trabajadores, que lo que hay son despidos individuales. Sí reconoció la no renovación de contratos de trabajo a su vencimiento.

Las declaraciones del ministro permiten sacar una conclusión y al mismo tiempo abren un interrogante. Primero, si aceptamos que la tasa de desocupación está amesetada en torno al 8% de la PEA después de seis años de crecimiento a tasa “chinas”, podemos concluir que ése sería el piso de desocupación estructural con que funciona la economía argentina y que será difícil de perforar a la baja. Seguir leyendo “Argentina: ¿La desocupación aumenta o es apenas una “sensación térmica”?”

Honduras: De Palmeorola a la Joya. Entresijos de un golpe

Néstor Núñez

Argenpress.info

En la reciente Cumbre de MERCOSUR con sede en Asunción, el presiente boliviano, Evo Morales, volvía sobre un aspecto abordado más de una vez por estadistas del área, analistas internacionales y no pocos medios de prensa.

¿Cuál es el origen del golpe de estado en Honduras? se preguntaba el gobernante en su intervención ante el plenario. “A partir del punto de vista nuestro, afirmó a seguidas, es la intervención militar de Estados Unidos a través de su base militar (Soto Cano) instalada en ese país centroamericano.”

Y no están desatinados los que así piensan y se pronuncian. La página digital ESDELADEA, recordaba que luego de su obligada llegada a Costa Rica, secuestrado por los golpistas, el presidente Manuel Zelaya se refirió, al calificar a la asonada, como “una operación montada por el Grupo de Soto Cano”, sin abundar en más detalles.

¿Qué relación existía entonces entre ese enclave militar compartido por ocupantes norteamericanos y las fuerzas armadas de Honduras, con los episodios del 28 de junio?

Palmerola, al parecer, fue otro de los entuertos que, a juicio de los sectores reaccionarios estadounidenses y la oligarquía hondureña, no podía ser pasado ser por alto en la gestión de Zelaya.

Aún cuando el sitio digital Joint Task Force-Bravo, Soto Cano Air Base, insista en que los casi 500 militares gringos radicados en el lugar son un factor de eficaz ayuda y colaboración para los pobladores locales, otra bien distinta es la historia.

Eva Golinger reseña que Estados Unidos mantiene operativa desde 1981 esa instalación castrense, ubicada a 97 kilómetros de la capital. Fue activada por el gobierno de Ronald Reagan, y en aquella época se convirtió en el escenario donde el coronel estadounidense Oliver North y contrarrevolucionarios de origen cubano, armaron y financiaron a los “contras” que agredían a la Nicaragua sandinista. Además, se operaba contra los movimientos rebeldes en toda Centroamérica.

“La base de Soto Cano, indica la analista, es la sede de la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo (JTF-B) de Estados Unidos, compuesta por efectivos del ejército, las fuerzas aéreas, fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento número 228 de la aviación estadounidense. Son aproximadamente 600 personas y 18 aviones de combate, incluidos helicópteros UH-60 BlackHawk y CH-47 Chinook. Soto Cano también es la sede de la Academia de la Aviación de Honduras.”

Golinger recuerda que la “Constitución de Honduras no permite legalmente la presencia militar extranjera en el país”, pero un “acuerdo” que data de 1954, ligado al apoyo bélico que Washington presta al ejército hondureño, hizo posible la existencia del enclave hasta estas fechas.

Zona de peligro

El sitio digital CentralAmericaData reseña que a fines de mayo de 2008, Zelaya anunció la instalación en Palmerola, para ese agosto, de un quinto aeropuerto internacional civil con financiamiento nacional, ante la falta de inversores foráneos. Los fondos para la transformación de Palmerola provendrían del ALBA y Petrocaribe.

Poco antes, en Toncontín, considerado uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo, una nave área de la línea TACA había enfrentado un accidente que dejó cinco muertos y 65 lesionados. Desde entonces Tegucigalpa había cerrado esa terminal a aviones de gran porte.

“Esa tragedia tan grave, dijo entonces el presidente, nos da una pésima imagen internacional y habla muy mal de un país que no toma decisiones… y esto tenemos que resolverlo lo más rápido posible”, subrayó.

En diez años murieron en Toncontín 159 personas en accidentes aéreos, precisó el gobernante, quien insistió en “el deber de las autoridades de preservar la vida de los seres humanos como un fin supremo de la sociedad”. Según Zelaya, un informe de la Aeronáutica Civil había recomendado trasladar Toncontín a Palmerola desde abril de 1994.

Palmerola está dotada con una pista de 2.700 metros de largo y 50 de ancho, mientras la de Tegucigalpa, construida en 1948, solo tiene 1.856 metros de largo, con obsoletos equipos de navegación.

Zelaya también fue claro al proclamar el derecho de Honduras de utilizar la pista de la base de Soto Cano, al tiempo que el entonces embajador norteamericano en aquella nación, Charles Ford, comentó públicamente que aunque “Honduras puede usar la base para la llegada de aviones comerciales cuando lo estime conveniente… hay que seguir ciertos acuerdos y protocolos”

Mientras, asegura el citado sitio digital CentralAmericaData, el alcalde de Tegucigalpa y presidente del opositor Partido Nacional, Ricardo Alvarez, reaccionó airadamente ante el anuncio del gobierno de construir el aeropuerto en la base aérea de Palmerola, en Comayagua.

“Una vez más demuestran el odio que le tienen a nuestro municipio”, dijo el edil capitalino en un intento por sembrar el descontento público.

Por su parte, el presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, COHEP, Amílcar Bulnes, demandó del gobierno no asumir las obras. A tono con esa solicitud, medios de derecha no dudaron en poner sobre la mesa argumentos sumamente agresivos.

Así, al explicar la carencia de socios foráneos para la terminal aérea, se decía que el clima para la inversión no resulta favorable en un país donde “existe la amenaza de romper con el orden constitucional, dar un zarpazo a la carta magna y cambiar la forma de gobierno. Como si esto fuera poco- añadían- en la boca de los funcionarios oficiales las palabras nacionalización y confiscación están a la orden del día”.

En el fondo prevalecían intereses muy fuertes como para desatar la histeria de los oligarcas y los poderes norteamericanos: el traspaso de los grandes vuelos internacionales a Palmerola implicaría pérdidas de 220 mil dólares por día para la cúpula económica radicada en la capital; se trataba de una obra oficial con financiamiento de entidades integracionistas indeseables; y a la vez, el ejercer amplias actividades civiles en pleno corazón de la base Soto Cano implicaba una traba para su uso desmedido y sin control por los militares gringos. De manera Zelaya sumaba otro punto en contra entre los poderosos.

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