Cortazar: 62/Modelo Para Armar (Descargar Libro)

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62/Modelo Para Armar  (1968)

Modelo para armar nace a partir de la obra cumbre de Cortázar “Rayuela”, la cual se encuentra dividida en innumerables capitulos, uno de ellos es el capítulo “62” de donde nace precisamente esta novela.

En dicho capítulo, Morelli (personaje de “Rayuela”) nos plantea la posibilidad de haber encontrado una nueva foma de escribir, una forma más libre, más rupturista de la que habitualmente conocemos como literatura. Sin embargo, a pesar de ser más rupturista que la tradicional, al analizar este caso nos damos cuenta que posee toda su estructura propia, donde lo cambiante es la forma más que la idea de estructura. Puesto que, el pensamiento humano se ha desarrollado a lo largo de la historia basado en conceptos básicos de lógica, es posible transgredir dichos principios básicos, pero más que destruirlos se trata de una especie de juego para ver hasta que punto se es capaz de continuar para no caer en el absurdo.

En 62, Modelo para armar, lo que importa no es la locación física de los personajes, ni tampoco el idioma que estos manejan y, mucho menos, su nacionalidad, lo que importa es el contenido de la novela en si, la narración pura.

Es un desafío, un desafío que pocos quieren asumir, pero desde que la humanidad existe como tal, lo “bueno” siempre ha sido elitista, o en términos más clásicos “aristocrático” (del griego “aristos”= los mejores)

Libro tomado de: http://ww2.educarchile.cl/

 Descargar Libro Cortazar: 62/Modelo Para Armar

26 de agosto cumpleaños del Cronopio Mayor

Silvia Loustau
Argenpress cultural

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Julio Cortazar (1914-1984)

Quisiera recordar a Cortazar, con un capitulo brevísimo de Rayuela, un capítulo en el que impera la poesía y el erotismo, un erotismo florecido de peces, flores y cíclopes. ¿Quién de mi generación, que haya leído Rayuela no deseo ser La Maga? ¿Quién no deseo que alguien nos escribiese un texto cómo éste? ¿Quién no deseo perderse en la vida bohemia de París? ¿Quién no? Lo hicimos a través de la pluma esplendorosa del Cronopio. Declaró Cortazar, con su habitual franqueza:”… cuando terminé Rayuela que había escrito un libro de un hombre de mi edad para lectores de mi edad pero la gran maravilla fue que ese libro cuando se publicó en la Argentina y se conoció en toda América Latina, encontró sus lectores en los jóvenes, en quiénes yo jamás había pensado al escribir ese libro. Entonces, la gran maravilla para un escritor es haber escrito un libro pensando que hacía algo que correspondía a su edad, a su tiempo, a su clima y, de golpe, descubrir que en realidad planteó problemas de la generación siguiente. Me parece una recompensa maravillosa y sigue siendo, para mí, la justificación de libro.”. Ocho años le llevo su escritura, y muchas veces escribiendo a jornada completa. Pero, dejemos los recuerdos, desde algún lugar leerá este recuerdo y sonreirá, o tocará el saxo, diciéndonos gracias amigos, gracias por recordarme.

Capítulo 7 DE RAYUELA 

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. 

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

 

Argentina: Finalmente la pobreza llegó a las primeras planas

Eduardo Lucita

LA ARENA

Fue necesario que algunos de los principales referentes de la iglesia católica (Dios sabrá con qué objetivos políticos) y un Papa escandalizado, tomaran el tema de la pobreza para que ésta ocupara la primera plana de los medios gráficos y buena parte del aire radial y televisivo.

En ascenso

En los últimos meses esta columna se ocupó reiteradamente de la pobreza e indigencia en ascenso, también de la desocupación creciente. Ahora los datos aportados por el Observatorio Social de la UCA la han puesto en el centro del debate político. Esos datos señalan que en el primer semestre del año la pobreza pegó un salto significativo. Para estos observadores sería cercana al 40 por ciento de la población, alcanzando a 16 millones de personas. Esta estimación supera a las ya informadas por varias consultoras privadas, del orden del 30,5%, a las del IDEF-CTA, 33 por ciento. Por si algo faltara el ex presidente Kirchner la estimó, no se sabe con qué método o en base a qué datos, entre el 22 ó 24%. En cualquier caso todas las estimaciones superan a las del INDEC.

Es que los cálculos de la pobreza y la indigencia están en función de los valores de la Canasta Básica Total (conjunto de alimentos y servicios mínimos para la subsistencia de una familia tipo durante un mes) y de la Canasta Básica Alimenticia (comprende sólo alimentos) y estas a su vez se computan según la evolución del índice de precios al consumidor (IPC). Desde la intervención del organismo estadístico estatal, a principios del 2007, todos los datos oficiales están bajo sospecha y cada quién puede llegar a tener su propia estadística. Conviene señalar que en la determinación de la línea de pobreza no se contemplan las llamadas necesidades básicas insatisfechas como el acceso a servicios públicos esenciales (agua potable, sanitarios comunicaciones, salud, educación) o a una vivienda digna.

El problema no es la pobreza

Consciente de ese galimatías la Presidenta de la Nación reconoció públicamente el problema de la pobreza -huelga decir que con estos datos se comprenden mejor los resultados electorales en el conurbano profundo de la Provincia de Buenos Aires- pero prefirió no entrar a discutir porcentajes, agregando que el problema no es la pobreza sino “… la inequidad social, cómo se distribuye el ingreso”.

La Presidenta ha acertado. El problema no es la pobreza pero, ¿es suficiente con señalar a la mala distribución del ingreso como responsable principal? ¿El gobierno no tiene nada que ver en esto o no acepta reconocer que es impotente para cambiar la relación de fuerzas sociales? Si es que así se lo propusiera.

Si después de seis años de crecimiento a tasas chinas, y no obstante una mejora real de los indicadores sociales en los primeros años de la administración kirchnerista, esos indicadores comienzan a deteriorarse rápidamente (destrucción de empleos, recrudecimiento de la pobreza y aumento del número de personas consideradas en “situación de vulnerabilidad”) hay algo más que la inequitativa distribución del ingreso.

Asistencialismo

Al poner el acento en la inequidad de la distribución se oculta que la pobreza y la indigencia son producto de una relación social en el marco del sistema capitalista vigente. Prisioneros de esta caracterización los Estados y gobiernos -el fenómeno es mundial- sólo atinan a recurrir a las políticas impuestas por el Banco Mundial, definidas como “políticas sociales focalizadas”. No son otra cosa que medidas asistenciales, en nuestro país toman la forma de planes de empleo transitorios, del plan familias, de subsidios a los microemprendimientos, entrega de bolsones de comida… o el recientemente anunciado “Cooperativismo social” destinado a crear 100.000 puestos de trabajo, en rigor trabajo estatal precarizado que aparecen como soluciones progresistas. Este asistencialismo trata de paliar las necesidades más urgentes del trabajador y sus familias, y son bienvenidos, pero hay que saber que son medidas de emergencia y en el fondo conservadoras porque no alcanzan para sacar -y en muchos casos las mantienen- de la exclusión de la producción y del consumo a millones de personas y son funcionales a las necesidades de la acumulación del capital en esta etapa histórica de la globalización.

En un mundo cada vez más interdependiente ha sido la apertura indiscriminada de los mercados, el mantener políticas exportadoras permanentes, que han impuesto la necesidad de mejorar sistemáticamente las condiciones de competitividad internacional: deterioro de las condiciones laborales, precarización, caída estructural de los salarios, informalidad, desocupación, prebendas impositivas al capital. Esta es la fuente de la pobreza actual en el mundo y también en el país.

El problema es la riqueza…

Aún en medio de la actual crisis de la economía mundial no se puede ocultar una realidad aparentemente contradictoria: los mayores niveles de pobreza y desigualdad en el mundo tienen su contrapartida en una fuerte acumulación de riquezas. Las 1000 personas más ricas del mundo atesoran una riqueza personal mayor a la de 600 millones de personas que viven en los países de menor desarrollo. El 5 por ciento de las personas más ricas del planeta se apropian de 114 veces los ingresos del 5 por ciento más pobre. Entre nosotros la desigualdad existente entre lo que recibe el 10% más pobre de la población y lo que se apropia el 10% más rico es de 31 veces. La desigualdad social es hoy la misma que en la crisis del 2001/2002.

Pobreza paradojal es la categoría analítica creada por el economista Bernardo Kliksberg para explicar que la pobreza en la Argentina es “una pobreza en medio de la riqueza”. El potencial productivo de nuestro país es “…excepcional y la dotación de recursos naturales es imponente”. La explicación de esta paradoja está centralmente en la desigualdad, se produce tanta pobreza a pesar de tener tanta riqueza potencial.

La conclusión entonces surge sola, el problema no es la pobreza, tampoco la falta de equidad. Por el contrario son las desigualdades sociales que devienen del régimen de dominación y producción existente donde la riqueza para acumularse necesita de la expansión de la pobreza. No se trata de atacar la pobreza como propone el banco mundial sino lo contrario, atacar la riqueza para resolver efectivamente la pobreza. 

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI -Economistas de Izquierda.

 

México: El informe presidencial. Respuesta anticipada

Gerardo Fernandez

Argenpress. info

 

“Que el fraude electoral jamás se olvide”

FECAL - 

El próximo martes es el Día de Informe y todo sigue como si nada. ¡Ay los viejos tiempos que nunca volverán! Cómo olvidar aquellos tiempos de escolapio y el estruendoso ¡Ahh! cuando nos anunciaban el obligado asueto para que todos escucháramos al tlatoani informando al pueblo de los grandes logros de su gestión gubernamental.

 

Desde principios de agosto el país entraba en una especie de vigilia; la política se paralizaba para no distraer al Señor Presidente que, en la sobriedad de su despacho en Palacio Nacional, se encerraba para elaborar la pieza oratoria más importante del año. En los mentideros acostumbrados por los políticos se hablaba en voz baja y se especulaba sobre posibles cambios en el gabinete o el espaldarazo al que se perfilaba para la sucesión presidencial. Todos los actores políticos se preparaban para organizar los contingentes de sus adeptos para formar la valla que enmarcara, con vítores y confeti, el recorrido presidencial de palacio a la cámara y de regreso, se competía por la notoriedad.

 

Luego el tradicional “besamanos” con su larga fila de aspirantes a una sonrisa del señor. Al día siguiente, las fuerzas armadas refrendaban su lealtad al Comandante Supremo y, posteriormente, los gobernadores de los estados hacían lo propio. Los periódicos duplicaban su volumen para dar cabida a las inserciones pagadas (al doble de precio) con las felicitaciones al señor. Todo era miel sobre hojuelas ¡Ay qué tiempos aquellos, señor Don Simón!

 

Pero todo eso se acabó. El “señor presidente” duerme el sueño de los justos. Hoy sólo queda el “pinche espurio”. El informe escrito se envía con algún mensajero y se realizan comparecencias de los secretarios para hacerse locos ante las comisiones de las cámaras. Ya ni siquiera sirve el informe para registrar la estadística; la mendacidad ramplona lo hace deleznable. En vez de rendirse cuentas se cuentan cuentos; puros cuentos. Los presidentes siempre han mentido, pero los de antaño mentían con sabiduría, lograban cierta verosimilitud. Los de ahora, especialmente los dos panistas, simplemente mienten sin que les dé vergüenza. 

(…)

Felipe Calderón, alias “el espurio2” insiste en el engaño de que la crisis nos viene de afuera y que sólo hay que saber sortear sus embates, mientras que allá afuera resuelvan sus problemas. Según su criterio no hay nada que cambiarle al modelo económico vigente, en todo caso, sería para profundizar en las reformas estructurales, principalmente en materia laboral y fiscal, para acelerar sus beneficios. Tal parece que el “pelele” se quedó anclado en la guerra fría, aquella del “cristianismo sí, comunismo no” que se traducía en un silencioso “yanquis sí, rusos no”. Conforme a ello, todo lo que viniera del imperio gringo se recibía sin chistar, por el simple hecho de servir de barrera para contener el fantasma del imperio soviético, identificado en la diabólica persona de Fidel Castro Ruz. Para los efectos actuales, la traducción sería “FMI sí, independencia no” y el que se dice presidente lo asume dogmáticamente sin percatarse de que el mundo entero está gestando, no sin sobresaltos, la recuperación de la soberanía de los estados. Sólo así me explico la terca insistencia en las fórmulas que originaron la actual crisis que, para el caso de México, es la misma desde hace más de veinte años.

 

Para el mundo ha quedado claro que el mercado no es capaz para generar bienestar en la población; por el contrario, en su libre juego, sólo es capaz de producir miseria. Fecal está aferrado en buscar la solución en las inversiones extranjeras; para ello sacrifica toda norma que implique justicia social y económica, en términos de ofrecer el mayor atractivo para los inversionistas, incluida la mano de obra esclava. Para los tecnócratas lo importante es ser competitivos, sea para ganar en la puja por más inversiones transnacionales o para exportar bienes y servicios al menor costo; consideran que el mercado para lo producido en el país está del otro lado de la frontera; del mercado interno se hacen cargo las importaciones. Eso ya tronó. Los propios gringos, abanderados del libre mercado, ya corrigieron y emprenden la tarea del desarrollo endógeno con su lema: buy american. En América Latina, con la vergonzosa excepción de México, Colombia y Perú, todos los gobiernos se afanan en la procuración del nacionalismo económico, sabedores del rotundo fracaso de la fórmula globalizadora.

El famoso informe presidencial, ya desprovisto del glamour de antaño, debiera ser un ejercicio de verdadera rendición de cuentas, para ello sería indispensable exigir responsabilidad al informante. No puede ser que sólo sea otra muestra de propaganda mendaz.

Frei y la trasnacional Barrick Gold

Patricia Rodríguez

Kaos en la Red

Diversas investigaciones indican que para lograr apoyo transnacional y terminar con la dictadura militar — algunos líderes políticos de la recién formada Concertación (1988) negociaron el subsuelo nacional. No es casual que la explotación minera masiva comenzara en 1990, al asumir la DC el Gobierno. En esos años se modificaron las leyes mineras existentes y se redujeron los impuestos de extracción y exportación, favoreciendo el saqueo minero transnacional. Desde esa fecha – y durante todo el período de la Concertación — quienes realmente mandan en Chile, son las grandes mineras extranjeras.

Fué en esa política de entrega del patrimonio nacional, que Eduardo Frei firmó en 1997 con su amigo Carlos Menem, un convenio de remate del país: el Tratado Binacional Minero, herramienta jurídica en la que se enmarca — el proyecto Pascua Lama de explotación de oro más grande del mundo — así como otras futuras explotaciones, que se proyectan en las alturas de Los Andes. En la práctica, las transnacionales “dejarán el hoyo” en la Cordillera, desde Antofagasta hasta Magallanes y la Antártica.

Este Tratado crea una “zona franca” entre Chile y Argentina — donde antes era frontera — para que las transnacionales mineras hagan y deshagan, sin ningún tipo de fiscalización. Desde que Frei firmó ese “Tratado”, se puede decir que Chile ya no limita al Este con la Argentina. Como si fuera poco, están en peligro de extinción todas las nacientes de aguas del país, o sea, los glaciares que riegan las cuencas hidrográficas chilenas.

Fue el propio millonario canadiense-norteamericano Barrick (entre cuyos socios está la familia Bush) quien redactó el “Tratado”, hizo lobby y logró las firmas de Frei y Menem, para obtener el marco jurídico, para poder explotar el subsuelo de la frontera chileno-argentina, en las altas cumbres de Los Andes. La ex-Canciller Soledad Alvear estampó también su firma en dicho texto jurídico y fue la gran lobbista de este despojo a Chile y a los chilenos. ¿Nadie pedirá cuentas de este saqueo al patrimonio nacioanal?.

Sin embargo, parece que Frei “no tenía idea de lo que había hecho”. Por lo menos así quedó escrito, cuando el año 2000 en la Comisión de Minería del Senado que revisaba el texto legal — le preguntaron en su calidad de ex Presidente –¿por qué el Tratado Binacional involucraba el sur del país, si allá no existía minería?.Al parecer, Frei no sabía lo que había firmado. Fue tan vergonzosa esta comprobación, que el Senado no incluyó dicha pregunta (menos la respuesta) en la memoria del Congreso.

Este acuerdo Frei – Barrick ha sido nefasto ya para la comunidad del valle del Huasco, que lucha desde hace 10 años contra Pascua Lama. En Enero del 2007, en la localidad de Chollay, la gente cortó la ruta porque veían pasar vehículos mineros, pero fueron desalojados violentamente por Carabineros. ¿Quién dio la orden?, ¿la Presidenta Bachelet?.

Frei ha colocado como coordinador general y vocero de su campaña presidencial a Sebastián Bowen, director social de “Un Techo para Chile”, quien además es hombre de Barrick Gold en Chile. Junto a Bowen ha colocado a otro amigo de Barrick, a Belisario Velasco, que tiene a dos de sus hijas como socias fundadoras de Extend Comunicaciones, empresa comunicacional asesora de Barrick en Chile.

 

Preguntas que Frei debiera contestar antes de proclamarse candidato:

1.- ¿Seguirá mintiéndole al país con el slogan del Consejo Minero que dice “la riqueza eres tú”? Porque ya sabemos que los “Mineros de Chile” es el gremio que reúne a Codelco más 16 transnacionales que operan en nuestro territorio y que el año pasado se llevaron 20 mil millones de dólares de nuestra tierra (el presupuesto de Chile es de 30 mil millones de dólares).

2.- ¿Sigue Ud. amarrado a las transnacionales mineras Barricak Gold, que se roban las riquezas mineras gracias a su gestión como Presidente de Chile que firmó Tratados en contra de los intereses del país? ¿Por eso designò a

Sebastián Bowen Coordinador General y Vocero de su campaña, que es el hombre de Barrick Gold en Chile?.

3.- ¿Algún día sabremos por qué firmó el Tratado de Integración y Cooperación Minera entre Chile y Argentina, y — por error incluyó — desde la región de Antofagasta hasta Magallanes y la Antártica Chilena?. De esa forma vendió el país a las transnacionales.

http://www.bloqueporelsocialismo.blogspot.com

 

Noam Chomsky: “Hablar de soberanía colombiana es un chiste”

Entrevista a Noam Chomsky durante su primera visita a Venezuela (I)

Eva Golinger

Venezolana de Televisión

Eva Golinger (EG): Bienvenido a Venezuela, Sr. Noam Chomsky. Estamos muy emocionados por su visita, especialmente durante un momento histórico en el que están ocurriendo muchos cambios en América Latina, potenciales cambios en la relación de EE.UU. con naciones latinoamericanas, y actualmente existen importantes tensiones y conflictos que causan gran preocupación a los latinoamericanos.

En este contexto, y con el recrudecimiento de las agresiones en los últimos meses, con el golpe de Estado en Honduras, el aumento de la presencia militar en Colombia, con la ocupación de más de siete bases militares, además de un control territorial a nivel militar en Colombia, tenemos también la reactivación de la cuarta flota de la armada que ocurrió el año pasado pero está siendo usada ahora en este contexto. También el tono del discurso hacia Venezuela se ha hecho más fuerte, con acusaciones que ya se hacían y ahora continúan ahora más formales, acusando a Venezuela de permitir el narcotráfico, terrorismo, y ha habido un aumento del presupuesto militar del Pentágono, para el Comando Sur en esta región.

La pregunta es, ¿es este algún tipo de fenómeno? Ahora con un presidente supuestamente progresista en la Casa Blanca vemos más ataques contra movimientos progresistas en América Latina.

Noam Chomsky (NC): Y en el resto del mundo. Pero lo que ocurre en América Latina ha ocurrido por más tiempo. EE.UU. por mucho tiempo dio por sentado que podía controlar a América Latina, y de hecho este fue un principio básico de su política exterior desde sus orígenes como república, como una aspiración, que lograron concretar en el siglo XX. El Consejo de Seguridad Nacional, la mayor entidad de planificación, dice que si no podemos controlar América Latina, ¿cómo podemos el resto del mundo?

Henry Kissinger, cuando el golpe de Pinochet, dijo “tenemos que deshacernos de Allende o no tendremos credibilidad en el resto del mundo”.. Esa es la clave para controlar el mundo, y por supuesto gran parte de la economía estadounidense estaba basada en inversiones, que eran una especie de saqueo, desde el siglo XIX. Todo esto ocurrió por mucho tiempo y de distintas maneras, intervención militar, golpes de Estado, agresiones, durante el gobierno de Kennedy, con agresión de Estado, el ejército instaurando Estados de seguridad al estilo neonazi. Luego llegó el período neoliberal, el control de los países por medios económicos, pero a finales de los noventa ya no era tan frecuente, Venezuela es un ejemplo, pero ocurría en muchos otros países. Lentamente los países latinoamericanos empezaron a escapar del largo período, desde la época de los conquistadores españoles y portugueses, de una u otra forma de colonización.

Empezaron a librarse del FMI, pagar y reestructurar sus deudas, enfocarse en los problemas internos, y EE.UU. empezaba a perder control, y tenía que haber una respuesta, que se ha desplegado desde finales de los noventa, y que tiene dos frentes, uno militar, y el otro que denominan promoción de la democracia, que es un eufemismo de sometimiento. Uno es militar y el otro es el sometimiento, y Obama sencillamente les está dando continuidad. No está haciendo nada nuevo. Parece diferente a Bush, pero la razón es, si vemos la opinión pública, voceros del gobierno, ellos critican a Bush por no haber prestado atención a América Latina, y que la región sufrió por esto. De hecho es lo mejor que le ha pasado a América Latina, que EE.UU. dirija su atención a otras regiones. Pero Obama quiere remediar esa situación desde una perspectiva progresista liberal, prestando más atención a América Latina, lo que implica un retorno a políticas más tradicionales, la militarización y el sometimiento. Lo que tú mencionas es un ejemplo, pero viene de antes, de hace muchos años, por ejemplo el entrenamiento de militares latinoamericanos por los últimos diez o quince años ha aumentado en gran medida, quizá 50% más de lo que era en los años noventa. Y ahora la posición militar de EE.UU. en América Latina es relativamente mayor que durante la Guerra Fría. Por primera vez, hay más oficiales de entrenamiento militar que asesores económicos. La estrategia ha cambiado hacia un esfuerzo por reconstruir una estructura de intervención potencial, y también para la llamada promoción de la democracia.

EG: Que hemos experimentado en gran medida aquí en Venezuela a través de la USAID, la National Endowment for Democracy con financiamiento a grupos opositores y ahora con participación en una campaña de contrainsurgencia al interior de las fuerzas revolucionarias que apoyan al gobierno, que intentan neutralizar.

NC: Pero estas son políticas de larga data. EE.UU. de hecho inició una nueva fase del imperialismo hace un siglo, al convertirse en una potencia mundial, ya había sido una potencia regional, pero con la conquista de Filipinas, ese fue el momento crucial, por los años 1900, mató a cientos de miles de personas, estableció un control militar parcial, pero tenían que gobernar el país. ¿Cómo gobernar el país? Bueno, desarrollaron una nueva forma de colonialismo, con un Estado de vigilancia muy complejo, usando la última tecnología de la época para socavar movimientos políticos, para desintegrarlos, promover el faccionalismo. Crearon una fuerza militar-policial paralela que podía usar la fuerza cuando fuese necesario. Era muy minucioso y complejo, y de hecho ha regresado a los países de origen, los Estados de vigilancia el Occidente: EE.UU., Inglaterra, desde la Primera Guerra Mundial, basados en el modelo filipino. Y sigue hasta hoy. Filipinas es el único país en el este asiático que no ha participado en el rápido crecimiento económico de las últimas décadas, y aún tiene una fuerza militar terrorista, violaciones a derechos humanos, etc.

Las técnicas son: primero, una fuerza militar internamente, si es necesaria, y segundo la colaboración de los líderes del Estado, por eso es que quieren infiltrar los movimientos revolucionarios, incitar la separación, socavar el poder de otros grupos y obtener beneficios de sus contactos con el poder imperial. Los británicos y los franceses hicieron cosas parecidas, pero esta vez se hizo con gran detalle, algo nuevo en la historia del imperialismo, y por supuesto se extendió a América Latina. Por eso es que después de cada intervención, por ejemplo Haití, República Dominicana, Nicaragua, donde sea, dejan el país en manos de la Guardia Nacional y en colaboración con líderes del Estado. Y la Guardia Nacional es una fuerza de terrorismo de Estado. La Guardia Nacional haitiana nunca luchó contra otro país. Su ejército lucha contra la población, lo mismo con Somoza.

Esa capacidad se perdió en parte en los años noventa y ahora se reconstruye de otra manera. Pero es una tradición antigua. De hecho data de mucho antes. Vale recordar que EE.UU. es el único país del mundo que fue fundado como un imperio. George Washington lo describió como un imperio infante y por supuesto tuvieron que conquistar el territorio nacional, eso es imperialismo, no cruzaron mares, pero aparte de eso, es imperialismo estándar. Prácticamente exterminaron a la población, se robaron la mitad del territorio de México y en 1898 empezaron a expandirse a otras regiones, pero el proceso es el mismo. Y es importante saber que lo hacen con toda franqueza y con una creencia en el carácter divino de su misión. Es un país religioso y siempre ha actuado para cumplir la misión de la Divina Providencia. George Bush hablaba en esos términos. Obama no necesita usar las mismas palabras. Es sofisticado.. El mejor ejemplo, como todos saben, es la primera colonia en EE.UU.: Massachussets. Su carta fundacional es de 1629, establecieron su escudo en el que aparecía un indio apuntando su lanza hacia abajo y un pergamino saliendo de su boca, que decía “venid a ayudarnos”, así que los colonos que iban allá a quitarles sus tierras y exterminarlos estaban convencidos de que estaban respondiendo a ese llamado de auxilio, y esa actitud sigue en la actualidad.. Cada agresión, intento de sometimiento tiene la misma inspiración. Otros países imperialistas como Francia tienen actitudes similares pero está mucho más arraigada en la cultura y creencia estadounidenses. Hay un importante trasfondo religioso, todo se justifica. Lo más que puede pasar es que se cometan errores.

 

EG: Eso es también como una guerra psicológica, una manipulación de la realidad, para dar esa impresión.

NC : Es importante entender que es aceptado internamente. Por ejemplo, no se puede hacer un comentario crítico sobre cualquier acción de EE.UU. Obama, por ejemplo, es muy elogiado por ser uno de los principales críticos de la guerra en Irak. ¿Cuál fue su crítica? Dijo que era un error garrafal estratégico. Asumió la misma posición que asumió el estado mayor alemán después de Stalingrado. O la posición de los rusos sobre Afganistán a principios de los ochenta. Y no lo llamamos crítica cuando es de nuestros enemigos, lo llamamos servilismo al poder. Pero en nuestro caso, los liberales, progresistas lo llaman oposición principal. Y se puede ir más allá y estar aún dentro del marco doctrinal básico, y viene de esa autopercepción de nobleza, de la misión divina de civilizar el mundo, elevarlo a un mayor nivel, entonces el sometimiento y la militarización son considerados primordiales, y de hecho en el caso de América Latina la izquierda condena a Bush por no enfocarse en América Latina, por no cumplir con la misión civilizadora. No es sorpresa entonces las acciones de Obama.

 

EG: Y es un proceso cuyo ritmo está aumentando rápidamente.

NC: En parte por estas razones y en parte porque los problemas son más apremiantes. La llamada “marea rosa” es considerada un verdadero peligro. De hecho el gobierno de EE.UU. está apoyando gobiernos que hace cuarenta años habría derrocado. El gobierno de Brasil, por ejemplo. Las políticas de Lula no son tan diferentes de las políticas de Goulart a principios de los sesenta, cuando el gobierno de Kennedy inició un golpe militar e instaló el primer Estado de seguridad nacional estilo neonazi, y ahora es un país amigo, porque todo el espectro se ha desplazado tanto que ahora EE.UU. debe apoyar al tipo de gobierno que antes habría derrocado y por supuesto tratar de someter a los otros.

EG: Hablemos de eso específicamente, porque está el tema del aumento de presencia militar estadounidense en Colombia, que ha causado tensión en la región. El gobierno de Colombia y el gobierno de EE.UU., Obama, sostienen que esto es un asunto bilateral, que esto no es una ocupación o el establecimiento de nuevas bases militares; es un acuerdo de cooperación en seguridad. Pero algunos de los detalles que sabemos, aparte de las tres bases que EE.UU. ya ha ocupado bajo el Plan Colombia, y más de una docena de estaciones de radar, es que definitivamente tendrán acceso a siete bases, una de las cuales, en Palanquero, les dará acceso aéreo a todo el hemisferio, que no tenían anteriormente, con gigantescos aviones militares de carga tipo C17, y más allá de eso, está el tema de lo que EE.UU. llama defensa interna en un país extranjero, con la que entrenan fuerzas armadas colombianas, equipos comando especiales, fuerzas especiales, la Policía Nacional colombiana, los entrenan, los comandan y los controlan, y ahora existe la posibilidad de una reubicación de la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, en Colombia, para empezar el entrenamiento en otros países de la región. El próximo viernes 28 habrá una reunión de presidentes de Unasur en Argentina para tratar este tema, que muchos dicen que es una amenaza para la estabilidad regional. Pero hay naciones que mantienen la posición de que hay que respetar la soberanía colombiana. Con gobiernos apoyados por Washington como Brasil, y con el golpe en Honduras que ha sido visto como un ataque contra los países del ALBA, ¿es esta ocupación o ampliación de presencia militar en Colombia un intento de dividir e impedir un mayor progreso de la integración latinoamericana, primero mediante la promoción de estos conflictos entre naciones, aparte del conflicto entre Colombia como gobierno de derecha y Venezuela como gobierno de izquierda, con países como Brasil o Chile, que pueden asumir una posición más ambigua u neutral en cuanto al respeto de la soberanía colombiana, que se oponen a la expansión militar estadounidense pero sin llegar a condenarla.

NC: Hablar de soberanía colombiana es un chiste. El Plan Colombia, creado por Clinton, es una intervención agresiva en los asuntos internos de Colombia, que ha tenido consecuencias. Hay un pretexto, y el pretexto es la guerra contra el narcotráfico, pero es solo un pretexto y no se puede tomar en serio. Y el establecimiento de las bases militares en Colombia es una reacción al hecho de que EE.UU. ha perdido su posición militar en otros países. Ecuador desactivó la base en Manta, que le daba a EE.UU. gran capacidad de vigilancia aérea en la región. Paraguay era una especie de base militar estadounidense, y eso ya se acabó. Tenían que reconstruirla en otra parte y Colombia es el único país donde podían hacerlo. El golpe en Honduras es parte de otro proceso. Centroamérica había sido tan devastada por las guerras contra el terrorismo de Reagan que no era parte de la tendencia de la llamada marea rosa, hacia la integración latinoamericana. Honduras estaba en el camino de la integración, y bueno ahora ya no, ellos creen, y en realidad se ha expandido en Centroamérica. Nicaragua es otro caso. Todo esto me parece que es un intento de recuperar la posición tradicional incluso antes, hace 10 ó 15 años el entrenamiento de oficiales ha aumentado rápidamente, y ha cambiado, ahora el entrenamiento es en tácticas de infantería. La idea es crear fuerzas paramilitares, no están entrenando policías de tránsito. El control de la “ayuda” oficial ha cambiado del Departamento de Estado, ahora está en manos del Pentágono, que es un cambio relevante. Cuando estaba bajo el Departamento de Estado tenía al menos en teoría supervisión del Congreso, que quiere decir que había condiciones que había que cumplir sobre derechos humanos por ejemplo, que no se implementaban mucho, pero eran una limitación a posibles abusos, pero bajo el control del Pentágono, no hay reglas, todo es válido.

 

Perú, historia / Al fin saltó la liebre

Gustavo Espinoza

Velasco 

Sí, finalmente se supo. Se tuvo la noticia confirmada. Y ocurrió eso después de 38 años, cuando se publicaron algunos nuevos documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, y que tuvieron la virtud de demostrar que el señor Richard Nixon, a la sazón presidente de ese país, nos se andaba en menudencias cuando se trataba de proteger los intereses del imperio.

Bien puede asegurarse entonces algo que, en su momento intuimos y señalamos públicamente como parte de la lógica terrorista de la administración yanqui. No tuvimos en ese entonces pruebas palmarias, pero si indicios suficientes como para asegurar a nuestro pueblo que los planes agresivos contra el proceso peruano se tramaban ya en la Casa Blanca. Y hoy se confirma.

Dijimos entonces lo que la agencia de noticias AFP asevera ahora: el ex presidente norteamericano Richard Nixon quiso desestabilizar al gobierno de Juan Velasco Alvarado y en coordinación con el entonces dictador brasileño general Emilio Garrastazú Médici, incubó la idea de publicar información destinadas a desacreditarlo en el concierto internacional para justificar su acción.

La agencia reveló también que ambos gobernantes consideraron, en su esquema de trabajo conjunto, examinar la posibilidad de derrocar al presidente Salvador Allende en Chile.

Ambas acciones, por cierto, eran cartas de una misma baraja, y se ampliaron como un abanico cuando en un tercer país, asomó un nuevo gobierno progresista, el del general Juan José Torres que en Bolivia habló enérgicamente contra la política de Washington en la región.

Surgió entonces una figura geométrica. Y las agencias del imperio pasaron a hablar del “triangulo rojo”, considerándolo como “el principal peligro” en la región. Y lo era, sin duda, para el dominio del Gran Capital.

La estrategia de la administración Nixon, diseñada por cierto por el entonces Secretario de Estado de los Estados Unidos, el señor Henry Kissinger, era muy simple: comenzar el ataque rompiendo la cadena por el eslabón más débil. Y ese era Bolivia.

Por las circunstancias concretas de ese país, por la debilidad del movimiento popular duramente golpeado luego de la quiebra de la experiencia guerrillera de 1967, por la profunda desconfianza que se había incubado en amplios sectores de la sociedad boliviana con respecto a los militares y también por la heterogénea composición de su gobierno, el Presidente Torres no asomaba como una pieza fuerte y consolidada de los pueblos. Bastaba una conspiración certeramente planificada y un concierto elemental con militares conservadores, para dar al traste con esa experiencia. Y así ocurrió, en efecto, ese mismo año, cuando ante un contra golpe reaccionario Torres debió huir primero a Lima y después a Buenos Aires, donde fue asesinado.

Con Chile, la cosa era más complicada, pero finalmente también simple: el gobierno de Allende tenía fuerza en el pueblo, pero el pueblo tenía, a su vez, una fuerza limitada. Para quebrarlo, era indispensable concentrar un inmenso poderío militar y descargarlo como un brutal mazazo contra la población. Tendrían que matar a miles –como ocurrió– pero finalmente podrían imponerse apoyándose firmemente en “los de arriba”, que estaban sólidamente unidos, y armados, contra “los de abajo”.

En el Perú, la cosa era aún más compleja porque el escenario no estaba aún completamente definido ni los campos nítidamente diferenciados. En el gobierno de Velasco había también fuerzas reaccionarias con las que el gobierno de los Estados Unidos no quería chocar. Y contra Velasco había además fuerzas progresistas –desorientadas, sin duda– a las que Washington no quería dar alas.

Fue la experiencia militar peruana de 1968 el primer experimento victorioso de un proceso antiimperialista, después de la Revolución Cubana. Por eso sus iniciadores –incluido ciertamente el propio Velasco– vieron con marcada simpatía la experiencia de Fidel y actuaron en consonancia con ellos asegurando entre los gobiernos del Perú y Cuba la más estrecha y solidaria cooperación, que despertó la ira desbocada de los opresores.

Pero en el caso peruano el tema tenía además, otros bemoles. Velasco era un líder, pero no un caudillo. Tenía un notable apoyo popular –sobre todo los trabajadores y los campesinos respaldaron el proceso–, pero también contaba con la aceptación institucional de la fuerza armada, que despertaba de un largo periodo al servicio de la clase dominante.

Velasco, en su momento, subrayó con acierto que el suyo era un movimiento legítimo de recuperación nacional orientado a restaurar los más auténticos valores de la patria. Ante esa tarea –dijo en diversas oportunidades– la Fuerza Armada no podía permanecer impasible. Tenía la obligación de actuar con firmeza y con audacia, preservando, sobre todo, los derechos del pueblo y los intereses de la nación. La vanguardia de esa Fuerza Armada eran “los generales rojos”, como los llamó el enemigo, y que simplemente eran militares responsables de su deber.

Este mensaje, de claro corte patriótico y antiimperialista, caló muy hondo en la conciencia de los peruanos, pero también en las filas de la institución armada. Ella, en el pasado, fue usada siempre como cancerbero de los intereses más oscuros, y tuvo el valor, a partir de octubre de 1968, de rectificar una conducta y hermanarse con las grandes mayorías nacionales.

El hecho que fuera la Fuerza Armada, y no un Partido Político, ni un núcleo de personas, sino una de las principales institucionales titulares del país la que levantara ese discurso de claro contenido nacionalista y liberador; tenía una enorme importancia no sólo al interior de nuestras fronteras. Conllevaba también una carga latinoamericanista, un mensaje a los ejércitos del continente, a los que llamaba a despertar para cumplir una nueva tarea.

“Así como en la gesta libertadora del siglo pasado los pueblos ibero– americanos lucharon hermanados por alcanzar su libertad política, la cruzada que hoy libran por superar su estado de subdesarrollo reclama que, como ayer, estrechen filas en torno a su emancipación económica. Cada uno de los países de América tiene en las páginas gloriosas de su historia una legión de próceres y héroes que no vacilaron en brindar el holocausto de sus vida por legarnos la patria que hoy nos cobija…”

Así dijo Velasco el 6 de febrero de 1969 cuando llamó a unirse a todo el pueblo para enfrentar la agresividad imperialista desbocada a partir de la expropiación de las instalaciones de la empresa norteamericana Internacional Petroleum Company.

Por eso en su momento el proceso de Velasco fue un incentivo para el concierto regional. Militares patriotas de Bolivia, como lo subrayó el propio Juan José Torres, miraron al Perú con otros ojos desde entonces. En Uruguay, Liber Seregni valoró también altamente este mensaje, que fue observado con interés por los sectores institucionalistas del ejército chileno, como los generales Schneider y Pratt. Incluso en Venezuela, los militares que se alzaron en Carúpano y Puerto Cabello, izaron similares banderas. Y ellas tomarían otras dimensiones más allá de nuestro continente en la experiencia heroica del abril lusitano de 1974.

Para el gobierno de los Estados Unidos “el ejemplo” peruano resultaba no solamente en extremo preocupante, sino también nocivo. En la medida que se extendiera y creciera en otras instituciones armadas el mismo sentimiento liberador que soplaba en nuestro suelo; el poder Imperial tenía fundadas razones para verse amenazado.

Destruir el proceso peruano era mucho más complicado que disparar masivamente contra el pueblo, como se había hecho en Chile. Aquí se trataba de desactivar con precisión milimétrica y calculo sofisticado una bomba de inmenso poder explosivo, actuando con el cuidado y la delicadeza que la situación generaba. Cualquier falla en el operativo podría resultar fatal para sus impulsores.

Por eso idearon una estrategia de laboratorio. Primero, amagaron el entorno más directo de Velasco, logrando, lastimosamente, introducir una cuña entre el Jefe del Proceso peruano y los coroneles que se alzaron con él en octubre de 1968. Luego, supieron ubicar en el enmarañado escenario militar de entonces a quien podría ajustarse a sus planes y cumplir cabalmente sus designios traicionando alevosamente el movimiento. Después, agudizaron las tensiones en el interior de la institución castrense alentado pronunciamientos divisionistas, como la insurgencia del general Bobbio Centurión en el Centro de Instrucción Militar del Ejército, en julio de 1976. Unido a eso, lograron sumir en la confusión a diversos sectores del movimiento popular, que no alcanzaron a percibir en toda su dimensión el significado de los cambios que se operaban en el país.

Derrocar a Velasco Alvarado era un objetivo muy preciado para el gobierno de los Estados Unidos. Pero no marcaba eso el fin de su tarea, sino más bien el comienzo de la misma.

Se trataba, además, de depurar a la institución armada para retirar de ella a todos los “velasquistas”. Pero de asegurar, adicionalmente, que nunca más se repitiera en el Perú una experiencia similar, que no volviera a surgir “otro” Velasco con similares propósito de su antecesor y con las mismas posibilidades operativas. Para ellos, eso era vital.

Para tal efecto no bastaba devolver el Poder a los civiles y entregar nuevamente el gobierno a los partidos tradicionales. Se precisaba de medidas mucho más profundas que requerían sólo tiempo, sino también una nueva política. Y de la imposición de un nuevo modelo de dominación.

Por eso el desmantelamiento de los cambios en el Perú no se produjo como resultado de un acto, ni fue la consecuencia de una acción de gobierno. Fue un largo y complicado proceso de lucha contra un pueblo que resistió combatiendo en las condiciones más adversas. Ni Morales Bermúdez, ni Belaúnde Terry, ni Alan García en su primer gobierno pudieron realmente desandar lo andado.

Fue preciso un Golpe de Estado –el del 5 de abril de 1992– para que eso ocurriera. Fue indispensable, además, asustar masivamente a la población con la siniestra historia del “terrorismo en marcha”, satanizar el ideal socialista manchando con sangre la bandera roja y convirtiendo la hoz y el martillo en símbolo de muerte. Pero, sobre todo, fue esencial desacreditar el ideal socialista y fascistizar a la Fuerza Armada para que volteara definitivamente los ojos y nunca más mirara al pueblo, sino con odio.

La violencia desatada durante veinte años en el Perú –entre 1980 y el año 2000– tuvo ese signo y ese propósito. 12,000 oficiales de las Fuerza Armadas fueron llevados al campo para cometer tropelías contra las poblaciones indefensas. Y así quedó una secuela de sangre y muerte de la que el paìs aún no se recupera.

El terrorismo fue el gran pretexto. Y la lucha contra é, el argumento victorioso del enemigo. Pero es bueno que se diga una vez más para que se oiga en todas partes: el terrorismo que hubo, fue el del Estado, que unas veces actuó en su nombre y en otras en el de estructuras supuestamente “revolucionarias” que se sintieron torpemente halagadas por el honor que se les hacía al considerárseles como una “fuerza real y peligrosa”.

Detrás de esa conjura –se confirmará algún día– estuvo sin duda el señor Nixon y los suyos.

 

* Del colectivo Nuestra Bandera (wwww.nuestrabandera.com), revista del Centro de Estudios Carlos Mariátegui, del Perú.

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