La Filosofía Política Clásica. De la Antigüedad al Renacimiento (Descargar Libro)

Atilio A. Boron

la-filosofia-politica-clasica

CLACSO,   http://www.clacso.org.ar/    Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales

Buenos Aires, Argentina Marzo de 2001

ISBN 950-9231-60-6

Descriptores Tematicos: filosofia politica; teoria politica; filosofia; politica; intelectuales

 

(Fragmento)

La decisión de publicar esta compilación de textos referidos a la filosofía política clásica reconoce al menos dos fuentes. En primer lugar es una respuesta a las necesidades prácticas surgidas de una experiencia docente de quince años al frente de la cátedra de Teoría Política y Social I de la Carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires. A lo largo de estos años hemos llegado a la convicción de que la imprescindible e irremplazable lectura de los clásicos –que ningún comentarista puede compensar– podría verse favorecida y estimulada por un texto en el cual quienes tienen la responsabilidad de impartir la materia pudieran sistematizar sus reflexiones sobre los diversos autores que se examinan a lo largo del curso. Por otro lado, nos ha parecido que las limitaciones que, de manera cada vez más ostensible, afectan al saber convencional de la ciencia política exigían concentrar nuestros esfuerzos en la recuperación del riquísimo legado de la tradición de la filosofía política.

Con esta publicación pretendemos promover una discusión cada vez más sofisticada sobre los grandes temas de la filosofía política y, muy especialmente, aquellos ligados a la producción teórica de los autores más significativos del período que comienza con la antigüedad clásica en la Atenas del Siglo V antes de Cristo y que culmina con el Renacimiento y el advenimiento de la sociedad burguesa. El retorno a las fuentes clásicas es no sólo necesario sino también imprescindible. Sin embargo, éste no podrá encararse exitosamente si no se repara en el íntimo nexo existente entre teoría, historia y sociedad. Esto implica que nuestro regreso actual a Platón, Aristóteles o Maquiavelo más que una excursión al pasado sea una permanente “ida y vuelta” que resignifique los conceptos y teorías de la tradición clásica a la luz de nuestra coyuntura histórica y los rasgos que caracterizan a las estructuras y procesos del capitalismo “realmente existente” en este turbulento fin de siglo. Se trata, en realidad, de interpelar a una “tradición viva” y no de adentrarse en un cementerio de ideas, o de internarse en el oscuro laberinto donde yacen los restos arqueológicos de la historia del pensamiento político. Interpelarla para, siguiendo una bella metáfora borgeana, hacer que esos textos venerables recuperen su voz y vuelvan a hablar. Necesitamos esas voces porque en los tiempos que corren, dominados por la deletérea combinación de neoliberalismo y posmodernismo, estamos hambrientos de buenas ideas y nobles utopías. Este libro pretende facilitar la recuperación de tales voces y garantizar su resonancia en el espacio público(…)

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Moyano y los ’90

Daniel Cadabón

Argenpress.info

Moyano-

 

La llamada burocracia sindical acaba de protagonizar un sainete con final abierto.

La amenaza de rompimiento entre moyanistas,”gordos” e “independientes” produjo momentos de pánico en el gobierno y entre los sectores patronales, que perciben la posibilidad de que se alcance un clima de movilización laboral que se exprese reivindicativamente sobrepasando las organizaciones sindicales burocratizadas.

El kirchnerismo, desde el 28 de junio pasado, vive en un estado de sobresalto viendo como se desgranan vertiginosamente sus resortes de poder.

Existe un verdadero clima de deserción conspirativa entre gobernadores e intendentes, impensable hasta hace unos meses: de golpe todos se han vuelto díscolos allí donde lo que primaba era la sumisión.

No son estos momentos de crisis los mejores para que se rompan las históricas alianzan entre la burocracia sindical y el gobierno ni que se abran brechas en el frente gremial, ya que, en medio de una situación de incertidumbre y ruptura entre los sectores dominantes se prevé que los trabajadores –cuestión de fondo- pueden imponer una dinámica social que rompa los marcos de disciplinamiento orgánico con las organizaciones sindicales.

La presidenta Cristina, que está frenéticamente jugada a la consolidación del diálogo como una apuesta para la defensa de la gobernabilidad, se vio obligada a intervenir personalmente para que el camionero Moyano baje un cambio y, suplica mediante, llame a una cerrada defensa del consejo directivo de la CGT convocando a “gordos e independientes” que hasta ayer habían “vendido la lucha de los trabajadores” al nefasto neoliberalismo de los`90.

A la bajada de línea presidencial, se le sumó la directa intervención de sectores empresarios, que amenazaron con no concurrir al Consejo Económico y Social si no estaba asegurada “una amplia representación gremial”, en solidaridad con los desplazados menemistas, esto terminó por cerrar el trato. Moyano deberá tener un trato más amistoso con “los traidores de la clase obrera” y las manos más abiertas para el reparto de la caja y los negociados con el poder.

De Córdoba a Buenos Aires, de Chaco a Santa Cruz…

Dicen las agencias de noticias “Con inusitada violencia y con una agresión al propio titular del gremio concluyó ayer una movilización de 3000 trabajadores metalúrgicos, que cumplieron una jornada nacional de protesta en reclamo de aumentos salariales”.

Es que el secretario general de la UOM y senador provincial juecista, Augusto Varas, fue perseguido y apaleado por un grupo de manifestantes que, frente a la dilación de las negociaciones con las cámaras metalúrgicas -donde la dirección burocrática local se conformó con la presentación de un petitorio- decidieron emprenderla aceleradamente contra Varas al grito de “nosotros somos los que laburamos”.

Desde hace días los municipales cordobeses vienen sosteniendo movilizaciones fuertemente reprimidas por la policía y la infantería pero no cejan en su reclamo en contra de los descuentos salariales y los pagos desdoblados de sueldos.

En Buenos Aires la situación puede reproducirse: “Por la crisis hay reducciones en la coparticipación provincial y varias comunas bonaerenses están en jaque. En Tandil se analiza el desdoblamiento de los sueldos y la reducción de la jornada laboral. No es un hecho aislado: varios municipios seguirían el mismo camino” …”Más allá de los problemas puntuales que tienen las comunas, lo cierto es que el colapso generalizado que se está produciendo también es una consecuencia de la falta de soluciones a nivel nacional y de la difícil situación que atraviesan las arcas bonaerenses, con un déficit que roza los 10 mil millones de pesos y con la nula posibilidad de acceder a financiamiento” (Hoy, de La Plata )

El gobernador Scioli se debate entre la desesperación y la desesperanza. Si el financiamiento no llega, peligra el pago de sueldos al personal de la administración pública, docentes, médicos, jubilados provinciales. La provincia de Buenos Aires puede de este modo convertirse en una antorcha, lo que ha hecho que el gobernador vaya por su propio diálogo que algunos ya analizan como una estrategia de rompimiento con el kirchnerismo.

La burocracia estatal provincial (CTA) que vienen gambeteando los reclamos de los trabajadores de la administración provincial, aislando los conflictos e intentando ganar direcciones seccionales mediante el fraude más escandaloso (Suteba La Plata) seguramente se sumará entusiasta al diálogo convocado por el gobernador, pero las bases no ceden en sus reclamos que amenazan con profundizarse.

Con justa razón, el pánico comienza a hacerse presente entre los sectores dominantes y los acuerdos se apresuran. La percepción un clima de movilización, donde los dirigentes burocráticos sean apaleados, hace vacilar las iniciativas rupturistas y, como ingrediente de un futuro que aparece confuso, preventivamente la burocracia sindical prefiere cerrar filas aun a costa del reparto del poder.

“Nosotros somos los que laburamos”

La consigna de los obreros metalúrgicos cordobeses da cuenta del clima que reina en algunos gremios, donde la fractura entre las bases y la dirigencia burocrática es inexorable.

La burocracia sindical aparece como un apéndice del Estado y de sus partidos en los lugares de trabajo, funcionando como un organismo al margen de los procesos productivos y con dirigentes que o bien nunca fueron trabajadores o bien desde hace décadas han abandonado los lugares de trabajo.

El entramado que une a la burocracia sindical con los gobiernos de turno se ha extendido, desde hace años, a los negociados empresariales, a la cobertura de cargos como funcionarios del Estado.

Esto hace que se perciba entre los trabajadores, aunque de manera desigual, a los aparatos burocráticos como organismos ajenos a la lucha por las reivindicaciones laborales.

Venimos de un largo lapso de relativo reflujo en las luchas del movimiento obrero acordonado por la hegemonía que la burocracia ejerce en la mayoría de los gremios industriales.

En estas condiciones, el heroísmo de trabajadores que han logrado recuperar sus direcciones sindicales para los trabajadores es el germen desde donde se elevarán las próximas luchas obreras.

“Nosotros somos los que laburamos”, marca el pulso en la constitución de una nueva vanguardia que comienza a expresarse.

La lucha por el salario, contra los descuentos y los despidos y por mejores condiciones de trabajo, pasa abiertamente por ser una lucha antiburocrática.

Las evidentes fluctuaciones en las rupturas superestructurales de la CGT, la descomposición de los fraudulentos de la CTA, la necesaria y urgente intervención del Estado y las patronales para evitar las fisuras en el campo de las burocracias, son el termómetro de la preocupación que ronda entre los sectores dominantes.

La consigna de los obreros metalúrgicos cordobeses, un punto cualitativo en la conciencia de los explotados que viene difundiéndose sin prisa pero sin pausa entre los trabajadores de todo el país

 

 

Chile: Ovejas o ciudadanos

“Punto Final”

Rebano- 

Sometidos a una permanente erosión ideológica y cultural por la acción combinada de la televisión, radio y casi todos los medios escritos, muchos chilenos parecen vivir un pesado sopor respecto a sus derechos más elementales y en la más absoluta ignorancia política.

No parecen importar la desigualdad creciente entre pobres y ricos, la concentración de la riqueza en pocas manos, el imperio del lucro y el individualismo, el aumento acelerado del desempleo como efecto de la crisis capitalista, la explotación y la discriminación vergonzosa que sufren los pobres en general y sectores como el pueblo mapuche, en especial

Asistimos a un gigantesco acto de prestidigitación política: los más agudos problemas parecen desvanecerse mediante la parafernalia publicitaria que alienta un loco consumismo y el circo embrutecedor de la política convertida en espectáculo. Es cierto -reconocen todos- que hay sufrimientos y desigualdades profundas, pero esos males no tienen remedio y pueden ser metabolizados por el sistema de manera cínica, concediéndoles espacio en la farándula que convierte la miseria, las carencias y el dolor en banalidades humillantes. El mensaje de los medios es que debemos conformarnos con lo que hay, porque pretender algo más es peligroso, y podría retrotraernos a la crisis de los 70. Todo el aparataje del sistema de dominación quiere convencernos que no hay salida a esta situación, que no es posible una sociedad en que imperen la armonía y la igualdad de derechos y deberes. Se nos ha convertido en un rebaño de ovejas, cuya mansedumbre y conformismo están muy lejos de la concepción del ciudadano participante y activo de una república democrática.

En este clima avanza la campaña electoral. En menos de 150 días tendremos nuevo presidente de la República y nuevo Congreso. El triunfo de la derecha es una posibilidad que se avizora real. Por lo demás, esto ha estado a punto de ocurrir en las dos elecciones presidenciales anteriores, en que tanto Ricardo Lagos como Michelle Bachelet se salvaron raspando en segunda vuelta, sólo por representar el “mal menor”. En la última elección presidencial los candidatos de la derecha, Sebastián Piñera y Joaquín Lavín, acumularon en primera vuelta 3.376.302 votos, en tanto Bachelet consiguió 3.190.691 (y Tomás Hirsch, candidato de humanistas y comunistas, recibió sólo 375.048 votos). En el balotaje Bachelet obtuvo casi 500 mil votos adicionales, provenientes de la Izquierda e independientes, lo que mantuvo a la Concertación en el gobierno por un cuarto período.

Sin embargo, parece que esta vez el factor del “mal menor” no jugará el mismo rol. Tanto por el desgaste de la Concertación -acentuado por la corrupción y el debilitamiento de sus partidos- como por el eclipse de toda diferencia sustantiva entre el bloque de gobierno y la Alianza derechista. La oligarquización de la política, que ha permitido nacer a una casta que comparte privilegios y espacios exclusivos, ha cavado un abismo entre el pueblo y la política. Votar por un candidato de la Concertación o de la Alianza es jugar a una ruleta en que siempre gana la banca.

Desde hace meses, el especulador financiero y dueño de medios de comunicación, Sebastián Piñera, se mantiene a la cabeza de las encuestas, tanto de las serias como de las otras. El escenario político parece ser cada vez más favorable a sus pretensiones, debido a la descomposición de la Concertación y a que decenas de millones de dólares -aportados por las grandes empresas que invierten en influencia política- se gastarán en las elecciones de diciembre. Esos recursos servirán para nublar todavía más la visión de los electores. Por primera vez en más de 50 años, la derecha está en situación de llegar democráticamente al gobierno, controlando lo poco que le queda por manejar. Esto sería, sin duda, peor para los pobres. El posible triunfo de la derecha será también consecuencia de lo que ha hecho la Concertación, que representa un proyecto agotado tras veinte años de gobernar en coyunda con la derecha, salvo en lo relativo a violaciones de los derechos humanos ya que hasta ahora no ha aceptado la impunidad. La superexplotación de la clase trabajadora, en cambio, ha aumentado -en especial durante el gobierno de Ricardo Lagos- a un extremo que envidiaría el más conservador de los gobiernos. Mucha gente cree que con Piñera las cosas no serían muy distintas a como lo serían con Eduardo Frei. Y tienen razón. Así como tampoco lo serían con Marco Enríquez-Ominami. Todos ellos -los candidatos favorecidos por las encuestas- se declaran fervientes partidarios del transversalismo político, que con el eslogan “gobernar con los mejores”, garantiza a cada cual una tajada de la torta fiscal.

Existe, sin embargo, un dilema que a pocos interesa poner al descubierto. O seguimos siendo un rebaño de ovejas que marchan sumisas en la dirección que imponen sus pastores, o nos asumimos de una vez y para siempre como ciudadanos, o sea como personas responsables, críticas y libres, que entienden lo que está pasando en Chile y en el mundo. Dispuestas a actuar para que las cosas cambien y seamos capaces de construir un destino positivo para las mayorías, que proponga metas y proyectos, que trace una gran tarea nacional en que el principio orientador sea el bienestar general y no el lucro, la solidaridad y no el egoísmo, la honestidad y no la sinvergüenzura. Un proyecto en el cual la soberanía esté garantizada por el dominio nacional sobre las riquezas fundamentales, renovables y no renovables, y en el cual el Estado actúe con firmeza en busca de igualdad de oportunidades, educación de calidad, salud digna, viviendas confortables y reales posibilidades de desarrollo humano. Un país en que, como se exigía en los años de lucha contra la dictadura, haya pan, trabajo, justicia y libertad.

Al secuestrarnos la ciudadanía para mantenernos en condición de ovejas, se busca deliberadamente liquidar nuestros sueños. Y favorecer así la supremacía incontrarrestable de los sectores dominantes, de los únicos que tienen posibilidades de soñar y materializar proyectos marcados por el lucro, el desprecio por el medio ambiente y una visión chata del presente, y no por la proyección de futuro.

Los temas realmente importante están ausentes de la campaña presidencial. Ninguno de los candidatos con opción de ser elegido se propone producir la gran transformación de un Chile de temerosas ovejas a un país de valientes y audaces ciudadanos. En esta campaña no hay debate de ideas sino monólogos superpuestos y una que otra pirueta para ganar espacio en la TV. Ni Frei ni Piñera hablan de la concentración de la riqueza, ni del poder asfixiante de las multinacionales. Tampoco lo hace Marco Enríquez-Ominami. Nadie habla de meter en cintura a las AFP que controlan decenas de miles de millones de dólares de los trabajadores. Nadie hace propuestas concretas en materia de educación para terminar con el negocio de los colegios privados y ordenar el sistema de educación superior que perpetúa los privilegios. Ninguno de los candidatos habla del cobre: el tema central de la economía chilena es un tabú que ha durado todos los gobiernos de la Concertación. A lo más se saca a colación para sugerir, como hacen algunos desfachatados, iniciar la privatización de Codelco.

Cada vez es mayor el número de personas, especialmente jóvenes, que se apartan del sistema político. Esto es sumamente peligroso pero tiene explicación. El sistema político, reducido a una participación electoral manipulada, está desprestigiado porque se ideó para conducir un piño de ovejas. Los ciudadanos, en cambio, requieren hacer oír su voz y ejercer su derecho a participar en todos los ámbitos de la vida del país. El sistema político sólo podrá atender esos anhelos mediante una nueva Constitución que proponga al pueblo una Asamblea Constituyente. Para eso hay que juntar fuerzas desde ahora, superando el desaliento y la resignación.

Todavía pesa la dramática derrota de hace casi 40 años. La Izquierda fragmentada no encuentra un camino propio. Una parte de ella ha suscrito un pacto electoral con la Concertación y asume el riesgo -a cambio de conseguir espacio en la Cámara de Diputados- de compartir su derrota. Hay, sin embargo, otras salidas. Es cuestión de buscarlas y reanimar un entusiasmo que no ha muerto. Debemos dejar de ser un rebaño que pastorean políticos sin principios para transformarnos en colectivo. Debemos dejar de ser ovejas para convertirnos en ciudadanos, superando la mediocridad, la arrogancia y la corrupción para integrarnos a las grandes corrientes de cambio que hoy recorren América Latina y que han surgido cuando ya parecía no haber esperanza.

 

 

Ecuador: Adiós a la base militar

Néstor Núñez

AIN

Decididamente las tropas norteamericanas con sus modernos aviones de reconocimiento y combate, dicen ellos que para detectar y eliminar narcotraficantes, se empiezan a retirar de la base de Manta, en territorio de Ecuador.

No lo hacen porque lo deseen, todo lo contrario. Se largan porque el gobierno de Rafael Correa anunció desde su primer día que no renovaría el tratado para la permanencia de tropas norteamericanas en el territorio nacional, y porque la reciente nueva constitución local establece que Ecuador no puede albergar instalaciones bélicas ajenas…así de simple y contundente.

Pero si falta Manta, hay quienes salen a tirar el “manto”. Y el triste papel lo han asumido los poderosos intereses colombianos, que decidieron darle albergue, en no menos de cuatro bases aéreas del país, a los efectivos estadounidenses desplazados de Ecuador. En pocas palabras, una mudanza, el traslado dentro del propio patio.

Lo denunciaba con fuerza el presidente venezolano Hugo Chávez, quien anunció se revisarían los vínculos con Colombia por prestarse sus autoridades a darle refugio a contingentes del gran poder foráneo que “ha agredido miles de veces a nuestros pueblos”, e instrumenta campañas y acciones hostiles contra los gobiernos y naciones del área empeñados en avanzar por caminos propios.

Ciertamente, en instantes en que como nunca se agitan en estas tierras, los sentimientos de integración, libertad, real democracia y autodeterminación, no deja de ser un contrasentido que algunos asuman el papel de hospederos de quienes se oponen a hierro y fuego a semejantes cambios fundamentales.

Desde luego, no era de extrañar. Ya desde el anuncio inicial de Ecuador de que no revitalizaría el acuerdo sobre la base de Manta, voces militares y gubernamentales colombianas dijeron que estarían dispuestas a recoger a los desahuciados a nombre de los tratados interamericanos de defensa y los acápites del Plan Colombia, verdadera punta de lanza imperial en el corazón de América del Sur.

Es que, al fin y al cabo, lo había esbozado en pleno siglo XIX José Martí, al advertir contra aquellos hijos de indígenas que reniegan de su sangre autóctona, y marchan a los ejércitos del Norte a pedir armas con las que matar a sus hermanos de raza.

Son los que desde siempre han odiado nuestra estirpe, a la que pertenecen por equivocación genética, y se han unido y unen, sin cortapisas, al mandamás foráneo para servirle de burdo instrumento bajo el faldón Made in…ajeno.

El Plan Arias desata agitación

Juan Francisco Coloane

Argenpress .info

Después de la divulgación del Plan Arias todo pareciera estar fuera de control.

Manuel Zelaya aseguró ayer que regresa a Honduras una vez que venza el plazo de 72 horas que estipuló el presidente Óscar Arias, mediador del conflicto, al gobierno transitorio para restituir el orden democrático. Que Zelaya va y que no va, y el suspenso sigue con ritmo de rumba.

En declaraciones a diversos medios Zelaya augura el estallido de una guerra civil y que si lo asesinan el jefe de las FFAA Romeo Vázquez sería el responsable. No descarta que esto pueda suceder fuera de Honduras. Micheletti a su vez expulsa a diplomáticos venezolanos.

La situación, quizás por ausencia de detalles en la información al público parece absurda. El que depone (Micheletti) restituye al depuesto (Zelaya). ¿Es tan así de fácil con las FFAA apoyando el carrusel del poder?

Lo mas dramático es el rol pasivo del hondureño que proyecta la prensa o un síntoma producto de la represión.

Honduras es campo de batalla de las profundas contradicciones de una desgastada oligarquía hondureña, protegida por las Fuerzas Armadas. Seguir leyendo “El Plan Arias desata agitación”

Reflexiones de Fidel: Un Premio Nobel para Mrs. Clinton

Fidel Castro

Cubadebate

Reflexiones FidelEl interminable documento leído ayer por el Nobel Oscar Arias es mucho peor que los 7 puntos del acta de rendición que había propuesto el 18 de julio.

No se comunicaba con la opinión internacional a través de una clave Morse. Hablaba delante de las cámaras de televisión que transmitían su imagen y todos los detalles del rostro humano, que suele tener tantas variables como las huellas digitales de una persona. Cualquier intención mentirosa se puede descubrir con facilidad. Yo lo observaba cuidadosamente.

Entre los televidentes, la inmensa mayoría conocía que en Honduras tuvo lugar un golpe de Estado. A través de ese medio se informaron de los discursos pronunciados en la OEA, la ONU, el SICA, la Cumbre de los No Alineados y otros foros; habían visto los atropellos, los abusos y la represión al pueblo en actividades que llegaron a reunir cientos de miles de personas protestando contra el golpe de Estado.

Lo más extraño es que, cuando Arias exponía su nueva propuesta de paz, no deliraba; creía lo que estaba diciendo.

Aunque muy pocos en Honduras podían ver las imágenes, en el resto del mundo muchas personas lo vieron y también lo habían visto cuando él propuso los famosos 7 puntos el 18 de julio. Sabían que el primero de ellos decía textualmente: “La legítima restitución de José Manuel Zelaya Rosales en la Presidencia de la República hasta el fin del período constitucional por el cual fue electo…”

Todos deseaban saber qué diría ayer por la tarde el mediador. El reconocimiento de los derechos del Presidente Constitucional de Honduras, con las facultades reducidas casi a cero en la primera propuesta, fue relegado a un sexto lugar en el segundo proyecto de Arias, donde ni siquiera se emplea la frase “legitimar la restitución.”

Muchas personas honestas están asombradas y tal vez atribuyen a oscuras maniobras suyas lo que dijo ayer. Quizás yo sea uno de los pocos en el mundo que comprenda que había una autosugestión, más que una intención deliberada en las palabras del Nobel de la Paz. Me percaté de eso especialmente cuando Arias, con especial énfasis y palabras entrecortadas por la emoción, habló de la multitud de mensajes que Presidentes y líderes mundiales, conmovidos por su iniciativa, le habían enviado. Es lo que le pasa por la cabeza; ni siquiera se da cuenta de que otros Premios Nobel de la Paz, honestos y modestos, como Rigoberta Menchú y Adolfo Pérez Esquivel, están indignados por lo ocurrido en Honduras.

Sin duda alguna que gran parte de los gobiernos civiles de América Latina, los cuales conocían que Zelaya había aprobado el primer proyecto de Arias y confiaban en la cordura de los golpistas y sus aliados yanquis, respiraron con alivio, el cual duró solo 72 horas.

Visto desde otro ángulo, y volviendo a las cosas que prevalecen en el mundo real, donde el imperio dominante existe y casi 200 estados soberanos tienen que lidiar con todo tipo de conflictos e intereses políticos, económicos, medioambientales, religiosos y otros, solo falta algo para premiar la genial idea yanqui de pensar en Oscar Arias, para tratar de ganar tiempo, consolidar el golpe, y desmoralizar a los organismos internacionales que apoyaron a Zelaya.

En el 30 Aniversario del Triunfo de la Revolución Sandinista, Daniel Ortega recordando con amargura el papel de Arias en el primer Acuerdo de Esquipulas, declaró ante una enorme multitud de patriotas nicaragüenses: “Los yanquis lo conocen bien, por eso lo escogieron como mediador en Honduras”. En ese mismo acto, Rigoberta Menchú, de ascendencia indígena, condenó el golpe.

Si se cumplían simplemente las medidas acordadas en la reunión de Cancilleres en Washington el golpe de Estado no habría podido sobrevivir a la resistencia pacífica del pueblo hondureño.

Ahora los golpistas se están moviendo ya en las esferas oligárquicas de América Latina, algunas de las cuales, desde altas posiciones estatales, ya no se ruborizan al hablar de sus simpatías por el golpe y el imperialismo pesca en el río revuelto de América Latina. Exactamente lo que Estados Unidos deseaba con la iniciativa de paz, mientras aceleraba las negociaciones para rodear de bases militares la patria de Bolívar.

Hay que ser justos, y mientras esperamos la última palabra del pueblo de Honduras, debemos demandar un Premio Nobel para Mrs. Clinton.

 

Fidel Castro Ruz

Julio 23 de 2009

2 y 30 p.m.

 

 

El modelo y los modales

Jorge Sabmartino*

cristina_nestor_kirchner 

Para algunos analistas la gente no votó contra el modelo, sino contra los modales. Sobre esa base, algunos dirigentes del PJ reclaman que se “democratice” el poder con los gobernadores que ganaron. La oposición de derecha afirma que los modales son parte del modelo, aunque ella misma se esconda detrás de las formas para no revelar su contenido. Existe confusión sobre las causas de la derrota.

El ciclo kirchnerista entró en su ocaso desde la crisis de las retenciones y las elecciones del 28 de junio afirmaron y aceleraron la tendencia. Los ganadores que pasaron de pantalla, entre ellas Reuteman, Macri y Cobos, y juegan la del 2011, son todas variantes de derecha. Pero también existió un voto a su izquierda, representado por el de Pino Solanas en Capital, Sabattella en Provincia de Buenos Aires, y la izquierda en tercer lugar.

Los próximos dos años serán escenarios de fuertes disputas de poder, de reacomodamientos y de fuertes desafíos para los movimientos populares, en sintonía con la polarización política y la crisis económica que presenciamos en América Latina.

La burguesía nacional y sus mentores

El desgajamiento y la pérdida de poder del elenco de gobierno, comenzó con la crisis del campo. Una derecha dividida, desorientada y debilitada encontró en la burguesía agraria, moderna, dinámica, y fundamental para el tipo de acumulación capitalista vigente, al aportar el grueso de las divisas que ingresan al país, a los voceros más conspicuos para taladrar la muralla que en aquella época, que parece una eternidad, se mostraba inquebrantable. Lo hizo incluso con los métodos de las clases subalternas: con piquetes, manifestaciones masivas, cacerolazos.

Ya había dicho hace tiempo el investigador marxista Nicos Poulantzas que las clases sociales no se forman mirándose a sí mismas en el espejo sino en la confrontación, relación y comunicación con las clases enemigas. La burguesía agraria, acompañada por la pequeña burguesía rural, logró desarticular el poder oficial no sólo por los errores del Poder Ejecutivo, no sólo por el papel espectacular, extraordinario de los medios de comunicación (que de ninguna manera se debería subestimar), sino porque constituyen un pilar sobresaliente del tipo de economía exportadora que la Argentina reproduce, al igual que los otros países de la región, como parte de la división internacional del trabajo, en la que participa como exportadora de agroalimentos de bajo valor agregado para mercados como los asiáticos que, a su vez, participan en este mundo globalizado como proveedores industriales de bienes de consumo masivo.

De la soja viven provincias enteras y para el 2010 se prevé que la siempre total del yuyo verde ascienda al 70% de toda la agricultura nacional. Este esquema hace de la Argentina una país económicamente frágil y dependiente y sólo una radical modificación del esquema de poder, de la estrategia política industrial y de servicios, y de una poderosa base social que la sostenga, podría modificar de raíz esta tendencia que el “automatismo económico” del mercado impone por su propia lógica y penetra en los poros más profundos de la sociedad, hasta calar hondo incluso en los valores y el espíritu de una época.

La burguesía agraria, si descontamos a ciertos sectores de la banca, y un grupo muy reducido de industrias, como las automotrices, Techint y pocas más, constituyen el factor más dinámico de la burguesía nacional, aquella que el peronismo en el poder se empecinó en levantar de sus cenizas para que eche a andar. La UIA, al denunciar en época de crisis la “chavización” del gobierno, demostró que no aspira ser el “estandarte de la patria” ni el sujeto social de la salvación nacional, como pretendían Néstor y Cristina, sino una capa semi parasitaria que vivió al calor de los subsidios y que exige defender sus posiciones aún a costa de su propio programa.

Porque al exigir hoy una fuerte devaluación del peso (en definitiva ahí radica el núcleo de la disputa y el affaire Chávez), se consideran naturales aliadas de la burguesía agraria para enfrentar juntas las demandas salariales y la caída de las ganancias. Pero los industriales lo hacen a costa de su propio pellejo, pues una fuerte devaluación encarece los precios de los alimentos y disminuye el consumo popular, la esencia de la producción nacional según los mejores manuales peronistas.

Pero todo eso es teoría. Es que la Argentina de hoy no es la de los años 70, ni siquiera de los 80. Ahora domina claramente el capital concentrado, orientado a la exportación de la producción y a la explotación de los recursos naturales, como la siderurgia y los alimentos o el petróleo, mientras la producción de bienes de capital sigue siendo marginal.

Fue el poder real, económico, cultural y social que esta burguesía posee la que, junto con las tradiciones políticas de amplios sectores de las clases medias urbanas, le dio un eco decisivo al “reclamo del campo” y la que cimentó el triunfo electoral de todas las variantes que se opusieron a la resolución 125. La burguesía nacional no está muerta, sólo que no es nacional y popular como se la imaginan algunos trasnochados de la morada oficial. El gobierno cayó preso de sus propias contradicciones.

Lejos de apostar a medidas radicales para afianzar social, económica y políticamente a su base social popular, apostó por lo que creía eran sus aliados naturales: la burguesía nacional concentrada (agraria e industrial) y el aparato del PJ. Apostó y perdió. Por eso se simplifica demasiado cuando se habla de “lo que se hizo” y “lo que falta”, pues lo que falta no es el producto de una carencia, sino de un exceso, es decir del carácter de clase de toda una política y unos objetivos de colaboración de clases que hoy, mejor dicho, ya en el conflicto con el campo, comienza su eclipse.

El matrimonio presidencial no se parece a Chávez ni a Evo Morales, no posee las cualidades de la “izquierda carnívora”, ni se propuso democratizar la democracia convocando a una asamblea constituyente, a pesar que la derecha aviva el fantasma “populista”. Fue útil a la clase capitalista cuando cumplió el papel de bombero de la crisis social desatada en el 2001, pero inútil como vehículo de sus propios intereses. Se puede objetar que entre el gobierno y la oposición no había discusión de fondo, porque, en última instancia, el kirchnerismo jamás propuso cambios de fondo. Pero en política los matices cuentan, y mucho. No se trata de embellecer o disfrazar a nadie.

La feroz disputa que se propusieron las cámaras patronales contra el “neodesarrollismo” oficial, quizá no constituya una “guerra de modelos” (habría primero que ponerse de acuerdo en lo que significa esta palabra tan poco “científica” en las ciencias sociales), pero, cómo llamarlo, si responde a “matices” que a los actores del drama parecían importarles mucho. A confesión de partes revelo de pruebas. Pero, si la burguesía ganó tanta plata durante estos 6 años, ¿por qué motivo “serrucha” el poder del gobierno?, ¿por qué mata a la “gallina de los huevos de oro”? En mi opinión, porque a pesar de todo, no lo sienten como su gobierno. Nunca pudieron entrar a la Casa Rosada desfilando por aquellas alfombras rojas como lo hicieron en épocas doradas. Nunca dejaron de sufrir los arbitrajes del ministerio de Trabajo, que antes era una oficina patronal y ahora había que fatigarla.

En definitiva, tuvieron que negociar con una fuerza sindical a la que se habían desacostumbrado y que creían más muerta que el tiranosaurio rex. Después de más de 15 años de puro capitalismo, después de haberle torcido el brazo a un desahuciado y mendicante Alfonsín, después de haber entregado su alma al diablo y volverse diablo al fin, los capitalistas nativos no soportaron siquiera tibias regulaciones estatales ni suaves distribuciones de renta. Los portavoces del “modelo neodesarrollista” creían en un angelical equilibrio entre las ganancias, las rentas y los ingresos. Qué tiernos.

Defendieron, bajo métodos capitalistas, el mandato popular de seguir creando empleos y recuperar, aunque lentamente, el salario, algo que desde comienzos del 2008 se le hizo muy difícil. Algunas de las medidas tomadas fueron un reconocimiento a la exigencia social que encabezaron los piqueteros desde las luchas contra el menemismo. Y las retenciones móviles fueron una de ellas, por los motivos que hayan sido. Por eso fue correcto defender la resolución 125 a pesar de todas las críticas que podía y debía hacerse al elenco presidencial (y por eso fue ¡ay!, tan equivocada la postura de Pino Solanas y Claudio Lozano al votar contra la 125, hecho que quizá, ojalá, hayan meditado y rectificado, aunque no lo digan en público): el más evidente, haber fomentado, él mismo, el modelo de acumulación sojero-petrolero.

Hoy, aquí, se hizo evidente que entre el neodesarrollismo light y pejotizado de la pareja presidencial y la pulsión al beneficio puro y sin mediaciones regulativas de la clase capitalista, había tanta distancia como la que se evidenció en el terremoto político que la Argentina vive desde el voto “no positivo” del teniente general don Cleto Cobos y que dividió, como en la época de Perón, a las mejores familias. No se trató, estoy convencido, de que Néstor Kirchner se haya enredado con el cable del teléfono, ni de que haya “chocado la calesita”. Para una clase capitalista exaltada y acostumbrada a los triunfos, eran más que matices. No discutamos más si fue el modelo o los modales.

Los Kirchner creyeron resolver el tema como se hace en la estancia. Se equivocaron, porque quisieron ser capataces cuando debían ser, para el establishment, simples peones. No pudieron ser lo primero y no quisieron ser lo segundo. Y se fueron hundiendo, sin pena ni gloria, llevando con ellos los consejos demodé de un folletito doctrinario que no se consigue ni en las viejas bibliotecas: “La comunidad organizada”.

El consenso y la democracia que pregona la derecha

Un componente cultural indiscutible anida en el rencor de buena parte del establishment y la cúpula del poder social, hasta el lapsus de considerar al elenco dirigente como un reciclado de montoneros trasnochados a los que había, sí o sí, que derrotar. ¿La idea del consenso no comenzará a hacerse presente de nuevo en el pedido de amnistía, para “no avivar los odios del pasado”? El intelectual orgánico de la carpa menemista, pero también de una legión de hombres de la caverna, el Clown Jorge Asís, o el filósofo del golpe militar Mariano Grondona, no pierden un segundo.

La simbología derechista es producida en cantidades industriales en la prensa y la web y distribuida y consumida diariamente. Que las clases dominantes no se resignan a perder ni una parcela de su poder, aun incluso bajo los gobiernos más moderados de la región, lo demuestra la sorda lucha de la inmensa mayoría de las corporaciones empresario-mediáticas en todos los países de la región.

En Honduras fue depuesto Zelaya, un liberal que se deslizó peligrosamente hacia el ALBA y comenzó a mirar con cariño a Chávez y sus contratos petroleros, que afectó negocios de empresas como la Shell y ESSO. Fue un golpe apoyado por las corporaciones, la Iglesia, las élites económicas y culturales y la totalidad de los grandes medios de comunicación. Al coro de golpistas se le ha unido la CNN con fervor inusitado. Pero otro tanto ocurre en Venezuela, Bolivia e incluso en Paraguay, Brasil o Ecuador.

Los medios de comunicación se han vuelto un arma poderosa de los sectores más reaccionarios y un instrumento de agitación para las elites y las nuevas clases medias altas. Aquí también, el kirchnerismo es víctima de su propio enredo. El proyecto de ley de radiodifusión irritó a los barones de la multimedia, pero llega demasiado tarde, como en aquellas novelas que, para darle dramatismo, el héroe acude a destiempo, y claro, al final el drama se vuelve comedia. Su fuerza parlamentaria quedó irremediablemente menguada y es poco probable que prospere.

Aún así, ni el dinero de De Narváez (que existe), ni la saturación de la corporación mediática (que existe), ni la “traición” (¿traición?) de los intendentes (que parece no existir) explican de por sí una derrota que se veía venir (incluso si Kichner hubiera ganado por poco en Buenos Aires). Prevalecieron, como se viene diciendo, varios factores que lo explican. La batalla ideológica es una, de importancia fundamental, porque la derecha no triunfó sobre un gobierno que hizo de este país un jardín de rosas sino sobre la impotencia y los límites del neodesarrollismo.

La Iglesia, las patronales y la oposición de derecha ganaron a la opinión pública en torno al “consenso”, que se volvió en todo el continente, un eufemismo de la sumisión al status quo neoliberal. Vargas Llosa y toda la runfla reaccionaria del continente vienen machacando contra el “autoritarismo” y la “falta de consenso” de los gobiernos “populistas” como el de Chávez o Evo Morales. A ella se acaba de sumar hace pocos meses nuestra querida burguesía nacional, la que supimos conseguir.

Bajo la denuncia de “autoritarismo” las derechas del continente han apelado al golpe militar (Venezuela 2002), al paro petrolero y la asfixia económica (Venezuela 2003 y 2004), al sabotaje autonomista (Bolivia hasta el día de hoy), a la presión política y económica (Ecuador), y al golpe militar (Honduras), con el visto bueno o la indiferencia de las administraciones norteamericanas. Hoy, aquí, no hizo falta. Su triunfo fue haber revestido de manera exitosa el lenguaje de la guerra de clases y la revancha social y política, bajo el suave manto de la “libertad de expresión”, la “democracia” y el “consenso”.

El paro agrario y el corte de rutas, la presión económica de la UIA a favor de la devaluación, la campaña permanente de los medios de comunicación, la espoliación demagógica de mayor seguridad, fueron utilizados en los dos últimos años bajo la impronta de la “institucionalidad”, el “diálogo” y en “repudio a la soberbia”. A falta de una defensa digna de ese nombre, la derecha cosechó a favor de su discurso más del 60% de las opiniones. El resultado electoral no hace más que certificar un hecho. Ganaron la batalla porque las armas del gobierno fueron pálidos recuerdos de “un tiempo mejor”, destellos apenas poetizados de “un país feliz” con “empresarios nacionales” como “Don Carlo” y trabajadores orgullosos a imagen de Moyano.

Para poder neutralizar el vendaval de la derecha, hacía falta una movilización social y política de grandes mayorías populares que el kirchnerismo, convocado para poner orden y pacificar el país, nunca incentivó. Al sacar al movimiento popular de la calle, selló al mismo tiempo su propia suerte. El mito de la “falta de consenso”, basado en una campaña “republicana” inclusos por aquellos que siguen hoy alabando a onganía o defendiendo al menemismo, o que pedían hasta hace poco tiempo mano dura contra los piqueteros, ha derramado su ideología incluso entre los sectores populares del conurbano. El decisionismo kirchnerista (en verdad un pálido e irreconocible boceto de lo que entendía Carl Schmitt) fue lindo para sacar a la gente de la calle y poner orden en el país, pero es horrorosamente autoritario para establecer impuestos sobre la renta extraordinaria…

La parodia del pan radicalismo y del PRO fue eficaz en franjas pobres porque el declive de los índices económicos desde principios del 2008 comenzó a sentirse en el bolsillo de los sectores más humildes. Quizá no de los asalariados formales y sindicalizados, que votaron masivamente al gobierno, pero sí entre los sectores más desprotegidos.

La recomposición del radicalismo luego del desastre de De La Rua, el triunfo de todas las vertientes pro ruralistas del peronismo y de la “nueva política” de Francisco billetera De Narváez, constituyen un triunfo, mediado, no conclusivo, relativizado, pero triunfo al fin de una derecha revanchista, antipopular, que intentará revertir las pocas conquistas democráticas, sociales y políticas que se han logrado desde el 2001 a esta parte.

Pero una cosas es querer y otra poder. Es dudoso que amplios sectores populares hayan votado un programa conservador a conciencia. Se trató, para ellos, más de modales que de modelo. La restauración del reinado del FMI, el ajuste fiscal, el retraso salarial, los despidos, el aumento de los precios a consecuencia de la eliminación de las retenciones, serán arduas faenas que ni las bancadas de la oposición ni un futuro gobierno de derechas lograrán fácilmente. Por algo hablaron más de los modales que del modelo, y en ese acto de deliberado ocultamiento está el homenaje que el vicio le rinde a la virtud.

 

[*] Sociólogo, integrante del EDI (Economistas de Izquierda), de la Asociación Gramsciana