El Imperio sin enemigo estratégico: El “mundo único”: La nueva guerra de la “izquierda” contra la “derecha”

Manuel Freytas (*)

Informe especial

IAR Noticias

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Cambian los escenarios, cambian los contenidos ideológicos, cambian los objetivos estratégicos, cambian las metodologías de lucha, pero la dinámica de los procesos y los actores son los mismos: La “izquierda”, por un lado, y la “derecha” por otro, están en guerra permanente no ya por la resolución de un orden internacional de bloques enfrentados como “sistemas ” diferenciados (como en la guerra fría URSS-bloque occidental), sino por el control de los gobiernos del sistema capitalista vigente como “mundo único”.

Ya no se trata de una guerra excluyente por la eliminación del contrario (izquierda comunista vs. derecha capitalista), sino de una competencia política para imponer proyectos alternativos dentro del mismo sistema.

Ni la izquierda es “revolucionaria” ni la derecha es “contrarrevolucionaria”: Ambas son la expresión del mismo sistema capitalista sólo diferenciadas por el discurso.

Ya no se utiliza la calificación de “izquierda” entendida en los parámetros de la Guerra Fría entre el sistema capitalista y el sistema comunista, sino en los términos de “reformar” el sistema controlado por la “derecha”.

De la misma manera se utilizan y califican las posiciones de izquierda (como expresión de “progresismo y democracia”) contra la derecha (como expresión de “retrógrado y fascista”), en los términos de la inserción de ambas como alternativas dentro del mismo sistema.

En el marco internacional, se trata de un reposicionamiento de la “Guerra Fría”, no ya entre dos sistemas opuestos (el capitalista y el comunista) sino entre potencias capitalistas que se disputan la hegemonía del poder mundial.

La antigua “Guerra Fría” de la URSS con EEUU (y el bloque aliado de naciones capitalistas) era principalmente por áreas de influencia militar y política: el sistema comunista vs. el sistema capitalista occidental.

Como consecuencia irradiadora, en el mundo y en los cinco continentes confrontaban” dos sistemas”: la “revolución socialista” por vías del poder armado, o del poder político (exportada por la URSS), y la “civilización capitalista de libre mercado” (exportada por EEUU y sus aliados).

Con la derrota y desaparición de la URSS (punto de referencia geopolítico y logístico de la “revolución socialista” y de sus movimientos armados) desaparece el sistema comunista, y el sistema capitalista occidental de “libre mercado” ingresa al nuevo “orden mundial” convertido en sistema hegemónico unipolar liderado por EEUU como potencia locomotora.

Por lo tanto, a la contradicción fundamental de la “guerra intersistemas” (comunismo vs. capitalismo) por áreas de influencia y dominio geopolítico-militar, le sucede la “guerra intercapitalista” por áreas de influencia y de control de recursos productivos y de mercados, dentro de un mismo sistema.

Como emergente, los conflictos sociopolíticos ya no se desarrollan en el radio de influencia de “sistemas diferentes” (comunismo vs. capitalismo) sino como contradicciones económicas, políticas y sociales de un “sistema único”: el capitalismo de libre mercado nivelado como “única civilización” para todo el planeta.

 

 

 

En consecuencia, y tras la caída de la URSS y de los movimientos revolucionarios armados, el mundo gira (o lo hacen girar) hacia la derecha del Imperio, o hacia la izquierda del Imperio.

La nueva “izquierda democrática” post-Guerra Fría ha subvertido el significado histórico y funcional de la palabra “revolución”: Hacer la revolución ya no es cambiar el sistema capitalista, sino adaptar el discurso revolucionario al sistema capitalista.

Su ideología es “reformista” (comprendida dentro del sistema capitalista) y no revolucionaria. No es anticapitalista, sino crítica al capitalismo de derecha al que quiere sustituir en el gerenciamiento de los Estados capitalistas. No lucha para derrocar al sistema capitalista, sino para derrotar a la “derecha” que administra el sistema capitalista.

La izquierda asimilada plantea una “guerra” no ya en los términos de la Guerra Fría, donde la izquierda se referenciada en la Unión Soviética y en Cuba y la derecha en EEUU y el bloque occidental, sino en los términos de la guerra entre un capitalismo “democrático” y un capitalismo “fascista” y militarista.

Asimilada dentro de la nueva estrategia de dominio “democrático” y del “Estado trasnacional” exportados por Washington, la “izquierda democrática”, sigue los parámetros de la lucha contra el “militarismo” y la “derecha” de la década del 70, sin los objetivos concretos de toma del poder que guiaban a la izquierda armada revolucionaria de entonces.

La nueva izquierda vive mentalmente en la “guerra fría”, en el escenario ideológico de los militares de la “doctrina de seguridad nacional”, mientras Washington (en un claro desfasaje histórico) ya no domina con los militares sino con elecciones, políticos y un orden blindado basado en el respeto al “orden constitucional”.

La izquierda (asimilada a la filosofía del “único mundo posible”) ya no piensa el mundo en función de la guerra a muerte para terminar con el sistema capitalista (el dueño del mundo), sino en función de terminar con la “derecha” dentro del marco del mismo sistema.

Por lo tanto, la nueva izquierda y sus teóricos carecen de una visión totalizada y actualizada de la estrategia de dominio (y del control de la “gobernabilidad”) que utiliza el Imperio capitalista para concretar sus objetivos de conquista de mercados y de apoderamiento de recursos vitales a escala global.

En un momento en que el sistema capitalista (exceptuando unos pocos países donde aplica la ocupación militar) controla el mundo con el “sistema democrático” (el control político), con la sociedad de consumo (la ideología y los valores consumistas impuestos como máxima creencia social), y con los medios de comunicación (los nuevos represores y controladores sociales sin uso de las armas), la izquierda asimilada al sistema sigue identificando al “viejo orden” (los militares y la “derecha militarista” de la Guerra Fría) como el principal enemigo estratégico a derrotar.

En resumen, la izquierda “antimilitarista” rechaza los movimientos “fascistas” como el golpe militar-institucional de Honduras (expresión modificada y corregida de los golpes setentistas), pero acepta y apoya golpes “democrático-institucionales”, como el ejecutado en Ecuador contra Lucio Gutiérrez que finalmente culminó en el gobierno “izquierdista” de Rafael Correa.

En lo substancial (y aunque se proponga “anticapitalista” en el discurso), la izquierda asimilada identifica como enemigo al imperialismo “político-militar” de la Guerra Fría, en un escenario en que el sistema capitalista ha girado hacia el dominio “politico-democrático”, con técnicas de control no ya dirigidas a la supresión o al control físico de sus enemigos, sino mediante técnicas psicológicas orientadas a controlar los cerebros mediante la manipulación con el “pacifismo” y la “democracia” como factores integradores al sistema.

En consecuencia, los descendientes de la izquierda setentista “democratizada”, ya no pelean contra la depredación del sistema capitalista, no pelean contra las columnas vertebrales de la nueva dominación (políticos, medios de comunicación y sociedad de consumo) sino que pelean contra los que infringen o ponen en peligro el “sistema democrático”.

Como resultante, izquierda y derecha son complementarias (dentro de las estrategias de control del sistema capitalista) y se articulan como una “alternativa” dentro de lo mismo.

Por lo tanto, la única diferencia existente entre un “gobierno de izquierda” y otro de “derecha”, es el discurso cargado de “ideología” (desfasada de la realidad) y sin aplicación práctica en el presente.

Al abandonar sus postulados setentistas de “toma del poder” y adoptar los esquemas de la democracia burguesa y el parlamentarismo como única opción para acceder a posiciones de gobierno, la “nueva izquierda” se convirtió en una opción válida para gerenciar el “Estado trasnacional” del capitalismo en cualquier país de América Latina y del mundo.

 

 

 

La asociación beneficiosa entre la “izquierda civilizada” y el establishment del poder capitalista es obvia: el sistema (por medio de la izquierda) crea una “alternativa de gobernabilidad” a la “derecha neoliberal”, y la izquierda (y los izquierdistas) pueden acceder al control administrativo del Estado burgués sin haber hecho ninguna revolución.

 

Y nació el distintivo axiomático que guía a los gobiernos “progresistas” en la región: hacer discursos con la izquierda y gobernar (con y) para los intereses de la derecha.

Cualquier “tercera posición” frente a esta alternativa dualista es descalificada inmediatamente como “conspirativa – infantilista”: Fuera del espacio de la “izquierda” o de la “derecha” (la antitesis oficial aceptada) sólo existe la crítica “sin propuestas y sin trinchera”, como califican los teóricos “progresistas” a la posición de los que definen a la izquierda y a la derecha como alternativas de lo mismo dentro del sistema capitalista.

En resumen, los que no toman partido por la “izquierda” o por la “derecha” (aunque combatan y denuncien al sistema capitalista) son “conspirativos” y están (como los marginales y expulsados del sistema capitalista) excluidos del mercado de las ideas y creencias aceptadas.

¿Es malo ser de “izquierda” y proponer un capitalismo asistencialista de rostro más “humanizado?.

Para nada: Lo malo es pertenecer a la izquierda asimilada al capitalismo (el “progresismo” democrático capitalista), y simular una pertenencia a la izquierda anticapitalista revolucionaria (enemiga excluyente del sistema capitalista).

Lo alienante (y más allá de las posibilidades de existencia que hoy tendría) es hablar de una “revolución de izquierda”, cuando claramente la izquierda (salvo excepciones minoritarias) se ha convertido en la más férrea defensora de la “democracia”, la “paz” y el “orden constitucional”, los pilares esenciales de la “gobernabilidad” del sistema capitalista.

Lo alienante (y engañoso), es hablar con el discurso de izquierda, y ejecutar a rajatabla los programas operativos (económicos, políticos, militares y sociales) del Imperio capitalista como hace la “izquierda gubernamental” en América Latina y en el resto del mundo.

¿Y para qué le sirve a Washington esta izquierda asimilada en América Latina?

Reorientemos la pregunta: ¿Porqué el Imperio capitalista estadounidense (no obstante la inserción probada de la izquierda dentro del “sistema”) sigue considerando a la izquierda como el “enemigo número uno” de su sistema de dominio en América Latina?.

Hay un precepto estratégico (de naturaleza maquiavélica) que sostiene que para evitar que surja un enemigo real que ponga en peligro el sistema de poder vigente, es preciso inventar un “enemigo de paja”, controlable e inofensivo, al que se presentará como si fuese el enemigo real, o la “principal amenaza” al sistema.

Hay que inventar un enemigo falso, inofensivo y controlable, que opaque y reste protagonismo al enemigo real que puede presentarse en cualquier momento.

En el actual sistema de dominio regional controlado por Washington, la estrategia con el “enemigo de paja” tiene como objetivo principal “desactivar” los conflictos sociales y las luchas populares (naturalmente violentos y “antisistema”) y encauzarlos por caminos “pacíficos” y meramente “reclamativos”, a través de su inserción en el “sistema democrático” controlado por Washington y el establishment económico en la región.

Ese es el rol concreto que cumplen la izquierda y los gobiernos “revolucionarios” integrados al capitalismo, cuya función principal es la de asimilar dentro de reglas “democráticas” los conflictos sociales que, de otra manera, romperían el orden vigente y pondrían en peligro los negocios (hoy en “paz”) de las transnacionales y bancos capitalistas en América Latina.

Lavar a la izquierda de su cara anticapitalista y revolucionaria, desviar las luchas y conflictos sociales por caminos pacíficos y “reclamativos”, integrar los reclamos del dominado al “sistema democrático”, y evitar que grupos de resistencia revolucionaria (el enemigo real) amenacen y pongan en peligro al sistema, es la misión esencial del “enemigo de paja” del Imperio en América Latina.

Y ésa es la función esencial que cumple la “izquierda democrática”, en guerra permanente contra la “derecha fascista”, dentro de los marcos legitimados de la gobernabilidad capitalista.

 

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(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica.

manuelfreytas@iarnoticias.com

Argentina: El libreto derechista

Daniel Cadabón
Argenpress.info

K kristina

 
La ficción postelectoral de la derecha argentina se mueve dentro de un libreto que, de tan repetido, ha dejado de ser excepcional para convertirse en regla.

Todo sucede como si las elecciones fueran una forma de barajar y dar de nuevo, un empírico volver a empezar, donde la ciudadanía, a través de sus votos, marca la agenda.

Esta ficción electoral de los ricachones populistas, tanto del oficialismo como de la oposición, parte de una lectura caprichosa e interesada de los resultados electorales: la de considerar que el voto popular es una especie soberana, que deslinda la paja del trigo y les entrega un cheque en blanco para que manejen a arbitrariamente la dirección que deben tomar los asuntos públicos.

De acuerdo a esta interpretación, la derrota de los súper millonarios kirchneristas en su plebiscito, a manos de los súper millonarios opositores, fue una forma de castigo a un gobierno que, hasta acá, venía navegando en un mar de soberbia, sin realizar los consensos necesarios y ninguneando a instituciones democráticas que actúan como reaseguro del funcionamiento republicano. Estos “principios”, repetidos hasta el cansancio en la campaña electoral por las cacatúas radiofónicas mañaneras, fueron marcando el camino para una orientación política acorde con la necesidad “que marca la espectacular crisis actual” por la que atraviesa el capitalismo: el diálogo.

Tanto la derecha como el progresismo se olvidan que hasta hace menos de un año atrás el diálogo era unidireccional porque los principales cuadros de sus partidos estaban borocotizados o integrados al gobierno.

También para el progresismo, el diálogo entre los sectores explotadores, surge de una experiencia electoral donde las clases populares, perdiendo toda identidad y conciencia de sus necesidades, han dejado en manos de los representantes más conspicuos del capital vernáculo la búsqueda de soluciones a los problemas más acuciantes por los que atraviesan.

Los favores del sufragio universal han sido ponderados por el “progresismo dialoguista” a costa de una deformación de la realidad; la visión de un pueblo soberano que logrando romper con el clientelismo pejotista en el conurbano vota en contra el oficialismo y a favor de De Narváez. Los progresistas reivindican de esta manera la elección del colombiano como una forma de expresión popular sin tutelas caudillescas. Aclaran, sin embargo, que todo esto no sería así si kirchnerismo los hubiera convocado a un fantasmagórico “frente transversal” en lugar de casarse con la vieja política, es decir, si ellos, los progresistas, y no los barones peronistas del conurbano, fueran en las listas del hipermillonario Kirchner.

La teoría progresista y de la derecha ricachona coincide en un punto estratégico: al perder toda identidad en el proceso electoral, los sectores desposeídos pasan a hacerse cargo de las dificultades estructurales por las que atraviesa el Estado burgués y dan su veredicto con un mandato simple: “dialoguen”. Todo el proceso de crisis se transforma en una compulsa coyuntural donde el pueblo pobre, con sus votos, le plantea a las clases gobernantes (con patrimonios millonarios) que arreglen los problemas que los propios capitalistas provocaron.

Bien mirado el problema es de tipo hegemónico; la burguesía ha transformado las elecciones en una interna clasista abierta, para fijar una posición y una dirección a una crisis que la mantiene paralizada y el electorado pobre respondió adecuando su voluntad a las alternativas burguesas.

Fueron las urnas, entonces, las que gestaron el diálogo entre el gobierno y la oposición; y al sentarse a dialogar los partidos y corporaciones del régimen no harían más que cumplir con el veredicto del soberano.

Un progresismo conservador

Sin embargo el diálogo, tanto por su composición como por su carácter, tiene un contenido absolutamente antipopular. Su función, pese a que les duela a los demagogos kirchneristas y a las viudas de los frentes transversales, es restauracionista.

El kirchnerismo en la derrota ha tomado las banderas de la restauración conservadora y la defensa a ultranza de la “gobernabilidad” adquiere un carácter antidemocrático, aun en términos de la democracia burguesa argentina.

El diálogo, es la manifestación más abierta de la crisis política que corroe la institucionalidad burguesa; el kirchnerismo ha abandonado sus sueños bonapartistas para cogobernar con la puta oligarquía y con las corporaciones empresariales.

El Consejo Económico Social toma un nivel ejecutivo y parlamentario, en realidad las denunciadas candidaturas testimoniales fueron más testimoniales que nunca ya que las corporaciones, a las que nadie eligió, de hecho asumen el gobierno en cuestiones que son fundamentales para el funcionamiento de los poderes republicanos:

“Podrán suscribir acuerdos de cooperación con organismos internacionales” se sabe de la intención de las corporaciones agro-empresariales de recuperar financiamiento internacional y las presiones para volver al FMI como fuente de financiamiento.

El Consejo deberá emitir sus dictámenes en un plazo “no inferior a los 15 días” cuando se trate de una solicitud del Gobierno, salvo que éste fundamente urgencia de su consulta” (serán 10 días) resolviendo casi como un parlamento en los hechos.

El diálogo es un recurso capitalista de crisis, donde el funcionamiento por consenso le garantiza a representantes de las empresas un acceso directo a la presión por sus intereses.

Se afirma que todo el acuerdo “contará para su funcionamiento con los recursos que le asigne la Ley de Presupuesto” convirtiéndose de hecho en un súper ministerio que discutirá desde las políticas tributarias (retenciones y rentas varias) hasta la ejecución de políticas sociales y laborales.

La adhesión gremial a este engendro corporativo, impulsado por el gobierno nacional y popular, sólo puede entenderse en función del grado de integración de las burocracias de la CGT y CTA al Estado. Esto se ve corporizado en el ataque permanente en contra de las manifestaciones más combativas del movimiento obrero (Yasky acaba de auspiciar el fraude en el Suteba La Plata a favor de los intereses del sciolismo)

La justificación del diálogo en términos de un gobierno que ha salido debilitado después de las elecciones del 28 de junio escamotea la entrega de los “nacionales y populares K” al conservadurismo más abyecto. El kirchnerismo que venía denunciado la “restauración conservadora” de manos de la derecha sojera y oligárquica se ha entregado mansamente. La CGT y la CTA acompañan en esta comparsa de intereses antiobreros jugados a fondo para el sostenimiento de la institucionalidad capitalista; no es casual que De Narváez, Carrió, Morales y el resto de la payasesca política hayan demandado que uno de los primeros pronunciamientos del acuerdo sea en defensa de la propiedad privada. El kirchnerismo está haciendo a favor de la derecha más que la derecha misma.

Un diálogo para pagar la deuda externa

El kirchnerismo se debate en un doble problema. El primero consiste en saber si llega a culminar su mandato sin poner en funcionamiento las turbinas del helicóptero; el segundo, la falta de financiamiento internacional.

Tanto uno como el otro problema tiene distintos desenlaces pero una misma dirección. Se trata que las consecuencias de la crisis se descargue sobre las espaldas de los trabajadores. Si el diálogo no cae por su propia crisis todas las medidas que se adopten en el seno del acuerdo estarán dirigidas a la suspensión de las paritarias, el ajuste de los gastos sociales y el acuerdo con los organismos internacionales. Sincerar las cuentas del INDEC se ha transformado en el caballito de batalla que agrupa desde de Narváez; pasando por “Pino”, hasta los tenedores de bonos de la deuda. Este es el primer paso para un acuerdo con el Club de París, un “pequeño paso” para el gobierno, un gran paso para el FMI.

Las patronales demandan además una nueva ley de indemnizaciones, de seguros laborales y una mayor flexibilización en los contratos de personal, en los horarios y en las vacaciones. Los siete representantes empresariales en el acuerdo “social” demandan además una devaluación del peso para antes de fin de año, que les permita un incremento de sus rentas y que licue sus deudas fiscales con el estado; la desbandada devaluatoria tiene como consecuencias accesorias a las patronales: la demolición de los salarios obreros; ganancias en dólar alto- salarios en pesos devaluados.

Frente a ellos, la burocracia sindical teme como a la peste la movilización popular, con lo cual está dispuesta a arribar a consensos en términos marcados por los intereses empresariales.

Moyano ya ha marcado el modelo de negociación salarial que se impone: 17% en cómodas cuotas de acá al año que viene. Yasky mantiene paralizado cualquier reclamo de los trabajadores estatales en el país.

Mientras tanto la desocupación hace estragos y ya alcanza a dos millones de personas, sin contar a los millones que dicen no buscaron trabajo en la última semana por una u otra razón.

El “Consejo para el diálogo económico social” intenta darle una salida capitalista a la crisis, si triunfa este engendro reaccionario se vendrán días más negros aun para los trabajadores y el pueblo; sino, el debilitamiento del régimen político deja abierta una incógnita sobre la evolución de las luchas de los trabajadores y el pueblo.

 
 

 

El imperio cabildea con las dos partes en pugna y aspira a que “Zelaya aprenda la lección”

David Brooks

La Jornada

clinton-gesto1Clinton habló con GorilettiClinton habla con Micheletti y otros diplomáticos conversan con el presidente constitucional.No seguir a Venezuela, la lección que tal vez aprendió Zelaya: EU. Apuesta Washington al diálogo entre las partes en conflicto y a la mediación de Óscar Arias.La OEA confía en que habrá una solución en el plazo de 72 horas sugerido por el costarricense. “. La Unión Europea anuncia la suspensión de unos 93 millones de dólares en asistencia a Honduras.

El gobierno de Estados Unidos participa directamente en las negociaciones del conflicto hondureño; instó a los dos bandos a someterse a la mediación de Óscar Arias y buscaría marginar a Venezuela del proceso.

Hoy se reveló que por primera vez desde el golpe en Honduras, la secretaria de Estado Hillary Clinton habló directamente con el mandatario hondureño de facto, Roberto Micheletti, mientras que otros altos diplomáticos y funcionarios de la Casa Blanca se comunicaron con el presidente Manuel Zelaya, con el mismo mensaje, según voceros del Departamento de Estado: mantener abierto el diálogo a través de las oficinas del presidente Arias en Costa Rica.

Con un papel más protagónico parece que Washington estaría alentado un papel marginal de otros actores, sobre todo Venezuela. El vocero del Departamento de Estado P. J. Crowley respondió a preguntas sobre si Washington percibe un alejamiento entre Zelaya y el gobierno venezolano: “creemos que sí, estábamos escogiendo un gobierno modelo y un líder modelo al cual deberían seguir los países de la región, que el liderazgo actual en Venezuela no sería un modelo. Si esa es la lección que el presidente Zelaya ha aprendido de este episodio, sería una buena lección”.

La Casa Blanca, por una restauración pacífica

 

A la vez, la apuesta central de Washington es el proceso de mediación de Arias. Crowley insistió hoy en que hubo mayores avances de lo que se pensaba en las negociaciones en San José, “e instamos a la partes a mantenerse enfocados en estas negociaciones y alcanzar una restauración pacífica negociada del orden democrático y constitucional de Honduras

Informó que el domingo, Clinton habló por teléfono desde Nueva Delhi con el “líder del régimen de facto” Micheletti, a quien instó a continuar en las negociaciones, “y le ayudó a entender las consecuencias potenciales de un fracaso de tomar ventaja de esta mediación”.

 

Añadió que este fin de semana, el secretario asistente de Estado Thomas Shannon y el embajador estadunidense en Honduras, Hugo Llorens, mantuvieron una amplia comunicación con diversos actores en estas negociaciones, incluidos los equipos de negociación del presidente Zelaya y del régimen de facto, así como con Arias.

Crowley informó que Estados Unidos espera que las negociaciones se reanudarán esta semana, después de las suspensión de 72 horas solicitada por Arias, y que también esperaba que la Organización de Estados Americanos reafirme, después de evaluar hoy la situación con Honduras, este llamado a una resolución pacífica.

El vocero insistió en que su gobierno dejó claro a Zelaya y Micheletti que la mediación era el camino a seguir para restaurar del orden constitucional, y que es importante evitar “cualquier paso que eleve el riesgo de violencia en Honduras”.

Sin embargo, no anunció medidas adicionales para presionar al gobierno de facto a aceptar las propuestas de Arias, que sí fueron aceptadas por el presidente constitucional, y sólo reiteró que “tenemos opciones” si fracasan las negociaciones. “Estamos comprometidos con un retorno a un orden democrático y constitucional. Queremos ver que el presidente Zelaya acabe su periodo. Queremos ver que Honduras siga adelante con nuevas elecciones y poner en su lugar un nuevo gobierno que el pueblo hondureño apoye, y que verá como legítimo”, resumió Crowley.

Interrogado sobre qué significaba su comentario sobre Venezuela en torno a Honduras, Crowley respondió que, por un lado, se han restaurado los embajadores respectivos y que hay varios asuntos sobre los cuales se desea hablar, pero por otro, “tenemos preocupaciones sobre el gobierno del presidente Chávez, y no sólo lo que ha hecho en torno a su propio país… Los pasos que no ayudan con algunos de sus vecinos, y la interferencia que hemos visto hacer a Venezuela respecto a las relaciones con otros países, sí es Honduras por un lado, y sí es Colombia por otro”.

De hecho, Robert Wood, otro vocero del Departamento de Estado, emitió un comunicado ayer declarando que Estados Unidos llama a la OEA y países integrantes de la organización a reafirmar su apoyo a las pláticas promovidas por Arias y reiterar su compromiso con una resolución pacífica. Y sin ningún sentido de ironía ni memoria, se atrevió a declarar que todos mantengan “los principios de la no intervención y la autodeterminación”.

A la vez, la agencia Ap reportó que el embajador estadunidense en Honduras había convocado reuniones con empresarios hondureños para advertirles que su país podría enfrentar sanciones severas si el “gobierno interino” continúa rehusando las propuestas de Arias, incluido el retorno de Zelaya como jefe de un gobierno de coalición.

Se informó que la Unión Europea anunció hoy la suspensión de unos 93 millones de dólares en asistencia a Honduras. Aunque Estados Unidos declaró que ha congelado parte de sus programas de asistencia, aún no ha decidido suspenderla por completo, ni ha dado pasos para detener el comercio, remesas u otras medidas económicas. Varios expertos dicen que con sanciones económicas severas contra los golpistas, Estados Unidos podría acabar con esta crisis, aunque tal vez a un costo elevado para la población.

Hoy decenas de representantes de organizaciones y académicos estadunidenses enfocados sobre asuntos interamericanos (entre ellos John Womack de Harvard, Greg Grandin de la Universidad de Nueva York, Gil Joseph de Yale y Oscar Chacon de NALAAC, entre otros) emitieron un llamado al presidente Obama para condenar los abusos a los derechos humanos cometidos por “la dictadura” y aclarar tanto a la comunidad internacional como a su propio Departamento de Estado que el gobierno de Obama se declara por “el retorno inmediato e incondicional del presidente electo de Honduras, Manuel Zelaya”.

El Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos celebró hoy una sesión en Washington sobre Honduras en la cual se expresó el respaldo a las gestiones de Arias. El secretario general del organismo, José Miguel Insulza, expresó su “plena confianza y pleno respaldo” para continuar con un último esfuerzo en las próximas 72 horas.

Honduras: mediacion fracasada, es el momento del pueblo

Editorial de La Jornada

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Tras el fracaso de la mediación ensayada por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, en la crisis política hondureña, desatada por los golpistas que el pasado 28 de junio se hicieron con el poder en Honduras e impusieron un régimen ilegítimo, la diplomacia internacional llegó a un nuevo callejón sin salida: los usurpadores rechazaron la propuesta de permitir el retorno al cargo del mandatario depuesto, Manuel Zelaya, para dar margen a la formación de un gobierno de unidad nacional.

Como pudo verse, las posturas de quienes apostaron a dar un cierto reconocimiento al gobierno espurio que encabeza Roberto Micheletti, así fuera para dialogar sobre el necesario restablecimiento del orden constitucional, no sólo resultaron inútiles sino también contraproducentes: los encuentros y las mediaciones han dado a los golpistas cobertura y márgenes de maniobra para consolidar una aventura regresiva, represiva, antidemocrática e inaceptable, y con ello, han permitido que se siente un precedente nefasto que amenaza a la institucionalidad y al estado de derecho en el resto de Latinoamérica.

No debe omitirse que la debilidad principal en la campaña internacional para restituir la presidencia constitucional ha sido la actitud poco firme de Washington frente a los protagonistas de la asonada militar, actitud que refleja, a su vez, las contradicciones y los disensos que tienen lugar en el seno de la administración encabezada por Barack Obama. En los días transcurridos desde la irrupción castrense en la residencia presidencial de Tegucigalpa, se ha hecho evidente que el mandatario estadunidense dista mucho de contar con la disciplina y la lealtad de todos sus colaboradores; que entre él y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, persisten serias diferencias en materia de política exterior; que hay estamentos militares y de la llamada “comunidad de inteligencia” que no ven con malos ojos la aventura de los golpistas hondureños, y que todos estos factores han aportado oxígeno, tiempo y margen de maniobra al régimen espurio de la nación centroamericana.

La más reciente toma de posición de Washington en el sentido de que los hondureños deben “encontrar una solución” para su país constituye un sofisma disfrazado de no intervención, habida cuenta que Estados Unidos ha sido, por décadas (y lo sigue siendo), el soporte fundamental de las instituciones castrenses que a finales del mes pasado desconocieron a su comandante constitucional; además de que la oligarquía empresarial que promovió y respaldó la asonada ha sido tradicional protegida y aliada de la Casa Blanca en la región.

En tal circunstancia, el llamado de Zelaya a organizar la resistencia civil contra el golpe y su anuncio de que intentará de nuevo ingresar a su país, así como los manifiestos emitidos por las organizaciones populares que rechazan a los golpistas, confirman que en los próximos días el destino de la democracia en la nación centroamericana dependerá, en primera instancia, de la capacidad de la sociedad de movilizarse en su defensa.

Corresponde a la comunidad internacional, especialmente a la latinoamericana, y tanto a los pueblos como a los gobiernos, otorgar una solidaridad plena y total a las luchas que los hondureños lleven a cabo, porque en ellas no sólo se defiende el estado de derecho y la legalidad en su país, sino también la viabilidad de las instituciones democráticas de toda la región.

Los tres errores de Barack Obama en África

CADTM

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Después de la cumbre del G8 en Italia, el presidente estadounidense Barack Obama voló a África con un supuesto regalo: un sobre con 20.000 millones de dólares a repartir durante 3 años, con el fin de que los «generosos» donantes de los países ricos «ayuden» a reducir el hambre en el mundo. Mientras que la promesa de erradicar el hambre se hace regularmente desde 1970, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ha publicado un informe el mes pasado en el que indica que el número de personas subalimentadas ha roto el techo de los mil millones, es decir, 100 millones más durante el año pasado. Al mismo tiempo, el Programa Alimentario mundial de las Naciones Unidas (PAM) da la voz de alarma al anunciar que tiene que reducir las raciones distribuidas en Ruanda, Uganda, Etiopía, Corea del Norte y Kenia (país de origen de la familia paterna de Obama), principalmente por la reducción de la contribución de Estados Unidos, su principal proveedor de fondos (1).

Más allá del efecto propagandístico de Obama, que viene a añadirse a una larga lista de voces piadosas que no han conseguido en absoluto mejorar la situación hasta la fecha, conviene recordar que el montante de la ayuda de 20.000 millones durante 3 años representa menos del 2% de lo que Estados Unidos ha suministrado en 2008-2009 para salvar a los banqueros y aseguradores responsables de la crisis.

Así, después de tender la mano a los «amigos musulmanes» en el discurso de El Cairo (siempre continuando entre bastidores con la desestabilización de Oriente Próximo), después de tender la mano a los «amigos» rusos (siempre manteniendo sus posiciones sobre el escudo antimisiles en Europa del Este), Obama tiende la mano a los «amigos africanos» (siempre con sus intenciones neocoloniales bien afianzadas en la cabeza).

Obama libera de la responsabilidad a los países ricos

A la larga alocución de Obama en Accra, Ghana, siguió una serie de entrevistas con sus homólogos extranjeros. Con el pretexto de renovar las relaciones estadounidenses frente al resto del mundo, Obama, una vez más, destacó en el arte de predicar la apertura y el intercambio, mientras sigue aplicando las nefastas políticas de sus predecesores (2).

Desde el principio declaró que «La decisión del futuro de África vuelve a estar en manos de los africanos» (3). Sin embargo, mientras que esa declaración está marcada por la sensatez y pone a todo el mundo de acuerdo, en absoluto es el caso en la realidad, y la actuación de los países del G8 es decisiva, desde hace medio siglo, para privar a los pueblos africanos de su soberanía. Obama no olvida señalar que lleva «sangre africana en las venas» como si eso, automáticamente, diese más fuerza y legitimidad a su discurso. En todo caso, el mensaje se establece claramente: el colonialismo del cual sus ancestros fueron víctimas no debe ser una excusa para los africanos. Aquí aparecen grandes similitudes con el discurso que pronunció el presidente Nicolas Sarkozy en Dakar unos meses después de su elección, discurso que levantó una ola de merecidas protestas a la que Obama parece que ha escapado milagrosamente de momento… ¡Pero nosotros pretendemos reparar esta injusticia!

Con mucha rapidez, Obama libera a Occidente de su responsabilidad en el estado actual del desarrollo del continente. Al declarar que «el desarrollo depende de la buena gobernanza» y que «es una responsabilidad que sólo los africanos pueden solventar», parte del falso supuesto de que la pobreza que reina en África se debe principalmente a la mala gobernanza y a las libres opciones de los dirigentes africanos. En definitiva, la culpa es de los africanos. ¡Nada más falso!

Con afirmaciones como «Occidente no es responsable de la destrucción de la economía de Zimbabue durante los últimos diez años, ni de las guerras en las que se reclutan niños soldados», el presidente Obama oculta el papel fundamental de los países ricos en la evolución de África. Y especialmente el de las instituciones financieras internacionales, con el FMI y el Banco Mundial a la cabeza, esas herramientas de dominación de las grandes potencias, que organizan el sometimiento de los pueblos del Sur por medio de políticas de ajuste estructural (abandono de las subvenciones a los productos de primera necesidad, reducción drástica del gasto público, privatización de empresas públicas, liberalización de los mercados, etcétera), que impiden la satisfacción de las necesidades fundamentales, expanden una miseria galopante, multiplican las desigualdades y posibilitan los peores horrores.

Obama compara lo incomparable

Para apoyar sus afirmaciones, Obama compara África con Corea del Sur. Primero explica que hace cincuenta años, cuando su padre salió de Nairobi para estudiar en Estados Unidos, Kenia tenía un PIB por habitante superior al de Corea del Sur, antes de añadir: «Se habla de herencia del colonialismo y otras políticas llevadas a cabo por los países ricos. Sin querer minimizar ese factor, mi opinión es que Corea del Sur, trabajando con el sector privado y la sociedad civil, ha conseguido establecer las instituciones que garantizan la transparencia y la responsabilidad». ¡Quienes leen atentamente las publicaciones del CADTM no pueden dejar de indignarse!

Porque el supuesto éxito económico de Corea del Sur (4) se ha hecho contra las recomendaciones impuestas por el Banco Mundial a la mayoría de los demás países en desarrollo. Tras la Segunda Guerra Mundial, y concretamente en 1961, la dictadura militar en el poder en Corea del Sur se benefició de importantes donaciones de Estados Unidos por un importe de 3.100 millones de dólares. ¡Más que el conjunto de los préstamos del Banco Mundial a los demás países del Tercer Mundo durante el mismo período! Gracias a esas donaciones, Corea del Sur no tuvo que endeudarse durante 17 años (1945-1961). Los préstamos exteriores sólo empezaron a ser importantes desde finales de los años 70, una vez que la industrialización de Corea estaba muy avanzada.

Así, todo empezó en Corea por una férrea dictadura que aplicó una política estatal y muy proteccionista. Esta dictadura se puso en marcha por Washington después de la Segunda Guerra Mundial. El Estado impuso una reforma agraria radical en la que se expropió, sin indemnizaciones, a los grandes terratenientes japoneses. Los campesinos se convirtieron en propietarios de pequeñas parcelas de tierra (el equivalente a 3 hectáreas como máximo por familia) y el Estado acaparó los excedentes agrícolas que antes recaudaban los propietarios japoneses cuando Corea era una colonia nipona. La reforma agraria sometió a los campesinos a fuertes obligaciones. El Estado fijaba los precios y las cuotas de producción sin permitir el libre movimiento de las fuerzas del mercado.

Entre 1961 y 1979, la dictadura militar de Park Chung Hee estuvo apoyada por el Banco Mundial, aunque Corea se negó a seguir su modelo de desarrollo. En aquel momento, el Estado planificó con mano de hierro el desarrollo económico del país. La continuidad de la política de industrialización para sustituir la importación y la sobreexplotación de la clase obrera son dos de los ingredientes del éxito económico del país. La dictadura de de Chun Doo Hwan (1980-1987) también estuvo apoyada por el Banco Mundial, incluso aunque no siempre se seguían sus recomendaciones (concretamente en lo que se refería a la reestructuración del sector del automóvil).

Así, cuando Barack Obama declaró que «Corea del Sur, trabajando con el sector privado y la sociedad civil, consiguió establecer las instituciones que garantizan la transparencia y la responsabilidad», omitió que el sector privado estaba claramente dirigido por el Estado y que la dictadura coreana «dialogaba» con la sociedad civil a punta de bayoneta: la historia de Corea del Sur de 1945 a principios de los años 80 está plagada de masacres y represiones brutales.

También es importante refrescar la memoria de Barack Obama en lo que se refiere al ejemplo de Zimbabue para ilustrar el fracaso de los africanos y el de Corea del Sur como modelo. El año que Zimbabue accedió a la independencia (1980) estuvo marcado por levantamientos populares contra la dictadura militar en Corea del Sur. Dichos levantamientos se reprimieron de forma sangrienta, más de 500 civiles perecieron a manos de los militares con el apoyo de Washington. En aquella época, y desde 1945, el ejército surcoreano estaba bajo el mando conjunto estadounidense-coreano, a su vez controlado por el comandante en jefe de las fuerzas de Estados Unidos en Corea del Sur. Las masacres perpetradas por el ejército surcoreano en mayo de 1980 se completaron con una represión masiva en los meses siguientes. Según un informe oficial del 9 de febrero de 1981, se detuvo a más de 57.000 personas en la «campaña de depuración social» que se llevó a cabo desde el verano de 1980. Más de 39.000 personas fueron enviadas a los campos militares para una «reeducación física y psicológica». En febrero de 1981, el dictador Chun Doo Hwan fue recibido en la Casa Blanca por el nuevo presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan. ¿Éste es el ejemplo que quiere ofrecer Obama al pueblo de Zimbabue y a los demás países de África?

La posición geoestratégica de Corea fue una de sus principales bazas hasta finales de los años 80, lo que le permitió no caer en las garras del FMI y el Banco Mundial. Pero en los años 90, la situación geopolítica se revirtió tras el hundimiento del bloque soviético. Washington cambió paulatinamente de actitud hacia las dictaduras aliadas y aceptó apoyar a los gobiernos civiles. Entre 1945 y 1992, Corea del Sur estuvo bajo un régimen militar con la bendición de Washington. El primer opositor civil elegido a la presidencia en una elección abierta fue Kim Youngsam, que aceptó el consenso de Washington y estableció una agenda claramente neoliberal (supresión de las barreras aduaneras, privatizaciones en cadena, liberalización de los movimientos de capitales), que sumió a Corea del Sur en la crisis económica del sudeste asiático en 1997-1998. Mientras tanto, Corea del Sur pudo llevar a cabo una industrialización que los países ricos han negado a África. Se comprende entonces hasta qué punto el ejemplo de Corea del Sur está muy lejos de ser convincente e imitable.

Por añadidura, la pobreza de recursos naturales ha favorecido, paradójicamente, el desarrollo de Corea del Sur, ya que el país se ha librado de la codicia de las multinacionales. Estados Unidos consideraba Corea como una zona estratégica desde el punto de vista militar frente al bloque soviético, no como una fuente crucial de aprovisionamiento (como Nigeria, Angola o Congo Kinshasa). Si Corea hubiera estado dotada de grandes reservas de petróleo u otras materias primas estratégicas, no habría recibido de Washington el mismo margen de maniobra para dotarse de un poderoso aparato industrial. Estados Unidos no está dispuesto a favorecer deliberadamente la emergencia de competidores poderosos dotados al mismo tiempo de grandes reservas naturales y de industrias diversificadas.

Obama exonera al capitalismo de sus errores

A propósito de la actual crisis mundial, Obama denuncia «Las acciones irresponsables de algunos (que) han engendrado una recesión que ha arrasado el planeta». Así, da a entender que esta crisis se debe a la irresponsabilidad de un puñado de individuos cuyos excesos habrían hundido al mundo en la recesión. De este modo, eclipsa la responsabilidad de quienes impusieron la desregulación financiera desde hace casi treinta años, con Estados Unidos a la cabeza. Sería más exacto señalar al modelo de desarrollo capitalista “productivista”, impuesto a la fuerza por los países del Norte, como la fuente de las múltiples crisis actuales que, lejos de ser sólo económicas, son también de orden alimentario, migratorio, social, medioambiental y climático.

Todas estas crisis tienen como origen las decisiones tomadas por los gobiernos imperialistas del Norte, y principalmente las de Estados Unidos que, controlando a la vez al FMI y al Banco Mundial, imponen condiciones favorables a sus intereses y a los de las grandes empresas. Desde la «independencia» de los países africanos, la mayoría en torno a los años 60, el FMI y el Banco Mundial actuaron como caballos de Troya para favorecer la apropiación de las riquezas naturales del Sur y defender los intereses de los acreedores. Con el apoyo a las dictaduras de todos los rincones del mundo (Mobutu en Zaire, Suharto en Indonesia, Pinochet en Chile y muchos otros) y después obligando a aplicar rigurosas políticas antisociales, los sucesivos gobiernos occidentales nunca han permitido que se garanticen los derechos humanos fundamentales en todo el mundo. Las expresiones «derecho a la autodeterminación», «democracia», «derechos económicos y políticos» no son realidades en África, al contrario que el peso aplastante de de la deuda y los lamentos de los que pasan hambre.

¿Para cuándo la emancipación de África?

El devastador sistema de la trata de esclavos, en el marco del comercio internacional triangular instaurado por Europa y sus colonos en las Américas del siglo XVII al XIX, destrozó África. Después ha estado totalmente bajo tutela del colonialismo europeo desde finales del siglo XIX hasta las independencias. Luego se ha mantenido a África dependiente por medio del mecanismo de la deuda y de la ayuda pública al desarrollo. Tras las independencias ha estado en manos de los potentados (Mobutu, Bongo, Eyadema, Amin Dada, Bokassa, Biya…) quienes, la mayoría del tiempo, estaban protegidos por las capitales europeas y Washington. Varios altos dirigentes africanos que pretendieron poner en marcha un desarrollo autónomo y favorable para sus poblaciones fueron asesinados por orden de París, Bruselas, Londres o Washington (Patrice Lumumba en 1961, Sylvanus Olympio en 1963, Thomas Sankara en 1987…). Las clases dominantes africanas y los regímenes políticos que establecen obviamente tienen su parte de responsabilidad en la continuación de las desgracias de África. El régimen de Mugabe en Zimbabue, por ejemplo. En la actualidad, los pueblos de África están sufriendo directamente el golpe de los efectos de la crisis mundial, cuyo epicentro se encuentra en Washington y Wall Street, que revela de hecho que el capitalismo conduce a un callejón sin salida inaceptable para los pueblos. Los orígenes africanos de Barack Obama son pan bendito para las empresas de su país, que defienden intereses económicos muy concretos en la explotación de las materias primas de África. Una realidad que Obama borra de un plumazo para proseguir con un discurso paternalista y moralizante con el fin de convencer a los africanos de que no se comprometan en la lucha por una independencia auténtica y un verdadero desarrollo que garantice, por fin, la plena satisfacción de los derechos humanos.

* Autores: Emilie Tamadaho Atchaca, presidente del CADD Benin; Solange Koné, militante por los derechos de a mujer en Costa de Marfil; Jean Victor Lemvo -Solidaire- Pointe Noire (Congo Brazzaville); Damien Millet, portavoz del CADTM France; Luc Mukendi, coordinador de AMSEL /CADTM LUBUMBASHI; Victor Nzuzi, agricultor, coordinador del GRAPR y NAD Kinshasa; Sophie Perchellet, investigadora del CADTM Belgique; Aminata Barry Touré, presidenta de CAD-Mali/Coordinadora del Forum de los Pueblos; Eric Toussaint, presidente del CADTM Belgique; Ibrahim Yacouba, sindicalista de Níger. Todos son miembros de la red internacional CADTM, http://www.cadtm.org

Notas:

(1) Ver el Financial Times (FT) del 12 de junio de 2009. Según FT, Burham Philbrook, el subsecretario de Estado de Agricultura de Estados Unidos, declaró que Washington no podía garantizar la financiación del PAM a la altura del año 2008, durante el que Estados Unidos aportó 2.000 millones de dólares. Siempre según el FT, Philbrook sugería que el PAM debía reducir su ayuda mientras que sabía perfectamente que el número de hambrientos ha aumentado en 2009.

(2) Esta continuidad aparece también en la pasividad de Obama frente al golpe de Estado en honduras. Condena, pero deja hacer. Por otra parte, el Pentágono está muy próximo a los golpistas, los cuales no permanecerían en el poder si el Pentágono les diera la orden de retirarse.

(3) Las citas de Obama se han extraído del diario Le Monde, 11 de julio de 2009.

(4) Ver Eric Tousssaint, Banco mundial, el golpe de estado permanente, El Viejo Topo, Barcelona, Enero 2007; Editorial Abya-Yala, Quito, Julio 2007; CIM, Caracas, Agosto 2007; Observatorio DESC, La Paz, Noviembre 2007, capitulo 11, “Corea del Sur: el milagro desenmascarado”: http://www.cadtm.org/spip.php?article1869

Traducido para Rebelión por Caty R.

Texto original en francés:

http://www.cadtm.org/spip.php?article4605