Anthony Burgess: La naranja Mecànica (Descargar Libro)

la-narabja-mecanica

Anthony Burgess

Título original: A Clockworld Orange

Año de publicación: 1962

La Naranja Mecánica es una novela adaptada por Stanley Kubrick en la película homónima aparecida en 1971. Se la considera parte de la tradición de las novelas distópicas británicas, sucesora de trabajos como 1984 y Un mundo feliz.

Burgess mencionó que el título se deriva de la vieja expresión cockney «As queer as a clockwork orange», que podría traducirse como «Tan raro como una naranja de relojería»). En su ensayo Clockwork oranges, el autor menciona que «este título sería ideal para una historia acerca de la aplicación de los principios pavlovianos o mecánicos a un organismo que, como una fruta, cuenta con color y dulzura». El título alude a las respuestas condicionadas del protagonista a las sensaciones de maldad, respuestas que coartan su libre albedrío. Sin embargo, otras personas encontraban nuevas interpretaciones para el título.

Por ejemplo, hubo gente que creyó ver referencias a un antropoide (más precisamente a un orangután, pues la palabra orang es de origen malayo) mecánico. Hubo rumores de que Burgess tuvo la intención de titular su libro originalmente como A Clockwork Orang y que, tras una ultracorrección, terminó con el título con que lo conocemos hoy.

Otra versión es la que menciona que, siendo el título original de la película A Clockwork Orange (orange en inglés significa naranja), en verdad proviene de otra palabra, orang, vocablo de Malasia, donde el autor del libro vivió durante varios años.1​ Esta palabra tiene otro significado y es el de persona. De esta manera, el escritor habría hecho un juego de palabras y, realmente, lo que el título significaría es El hombre mecánico, aludiendo al hecho de que una máquina puede programarse para desempeñar una tarea, pero siempre al costo de quitarle otra función. Esto se relaciona en el libro con la imposibilidad de Alex para provocar daño, al costo de su incapacidad para defenderse.

Libro tomado de: http://jackkerouacweb.com/

Descargar Libro Anthony Burgess: La naranja Mecànica

 

El gobierno del ultraderechista Álvaro Uribe ultima un acuerdo con el de EE.UU para aumentar la presencia de militares y contratistas en Colombia

Colombia no es Ecuador

InSurGente

Uribe-Obama

El Gobierno del presidente Álvaro Uribe justificó ayer por todos los frentes el acuerdo que negocia con EE UU para ampliar la presencia de militares y contratistas estadounidenses en el país. El pacto permite a Washington trasladar al territorio colombiano las operaciones de su base de Manta, en Ecuador. El uso de parte de estas instalaciones, cedido por Quito a EE UU hace diez años, caduca en noviembre de este año y el presidente Rafael Correa hace ya tiempo que avisó a la Casa Blanca que no iba a renovar la concesión.

 

 

Los estadounidenses ya han comenzado a salir de Manta y han prometido que para mediados de septiembre ya no habrá ni uno solo de sus efectivos. Este puesto de operaciones en Ecuador conformaba, junto a los de El Salvador y Curazao, una especia de trampa casi invisible ideada por Washington para cazar los vuelos de los narcotraficantes. En Manta, Estados Unidos podía tener hasta ocho aviones para el rastreo de naves y submarinos del narcotráfico. Las naves cubrían un área de 6.400 kilómetros sobre el Pacífico, desde Perú hasta Centroamérica. Hasta octubre se habían decomisado unas 1.617 toneladas de drogas en operaciones en este triángulo, según cifras oficiales estadounidenses.

El nuevo acuerdo de cooperación militar entre EE UU y Colombia prevé, según la prensa colombiana, que los estadounidenses utilicen las bases de Malambo, en la región Atlántico, Palanquero (Cundinamarca) y Apiay (Meta) para operaciones contra el narcotráfico. Añadido a esto, Bogotá querría que Washington también aumente su personal en las bases de Larandia (Caquetá) y Tolemaida (Tolima). Con este despliegue, Bogotá pretende que dar tanto peso a las operaciones orientadas a la lucha contra la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como a las que efectúan contra el narcotráfico. La de Apiay, por ejemplo, sería la punta de lanza para intensificar la lucha contra el frente oriental de los guerrilleros.

Uribe quiere garantizar con este acuerdo que su país estará más que presente en los planes de asistencia de Washington, sobre todo con vistas a la futura renegociación del Plan Colombia (el pacto de ayuda militar suscrito en 1999). El presidente también quiere que el servicio secreto colombiano se beneficie de los datos en tiempo real que los aviones espías estadounidenses pueden brindarle. A cuantos más vuelos y más regiones vigiladas, más información. Añadido a esto, Colombia prevé quedarse con todo lo que EE UU construya en esas bases a lo largo de los próximos años, según indica el diario El Tiempo.

El acuerdo ha suscitado un arduo debate político en Bogotá. La oposición teme que haya una verdadera concesión de soberanía hacia los militares estadounidenses. Sin embargo, el Gobierno ha asegurado que el control de todas las operaciones las seguirán teniendo las autoridades del país y que el número de efectivos estadounidenses en territorio colombiano se mantendrá en un máximo de 800 militares y 600 civiles, cifras ya pactadas en el Plan Colombia. El senador Jorge Enrique Robledo, del izquierdista Polo Democrático Alternativo, advirtió de que el pacto “viola de manera flagrante la soberanía y la autodeterminación nacional, convierte a los colombianos en peones en la estrategia militar de la Casa Blanca por el control del mundo, constituye una acción hostil con las países vecinos y es contraria a la Constitución”.

“El objetivo es la lucha y el fin del narcotráfico y el terrorismo”, señaló el canciller, al explicar que la cooperación con Washington se remonta a 50 años y que el nuevo esquema respetará los acuerdos vigentes, basados “en la neutralidad y el respeto a la soberanía”, aclaró el ministro de Exteriores colombiano Jaime Bermúdez. “No se permite la creación de una base militar estadounidense, no se afectará a terceros Estados”, detalló Bermúdez, quien agregó que tendría una vigencia de diez años y supondría inversiones en infraestructuras por parte de EE UU por 5.000 millones de dólares. El alcance “es exclusivamente para Colombia, no debería afectar la relación con los países vecinos ni con un tercer país, sino al contrario porque en la medida en que Colombia acabe con el narcotráfico y el terrorismo, se va a beneficiar a la región”, añadió.

 

 

Progresismo y neoliberalismo

Raúl Zibechi

La Jornada

Es cierto. Las derechas latinoamericanas han aprendido de errores y fracasos del pasado reciente, están adecuando nuevas tácticas y preparan ofensivas que pretenden retrotraer la situación del continente al periodo anterior a los triunfos populares de comienzos de este siglo. Aspiran a instalar gobiernos conservadores, quitar de en medio algunos aspectos molestos para la dominación de las elites y dejar el camino libre para cercar y aniquilar a sus verdaderos enemigos: los movimientos sociales populares. La resolución de la crisis en Honduras será una prueba de fuego. La consolidación de los golpistas, como ha señalado Fidel Castro, puede alfombrar el camino a regímenes autoritarios.

 

Sin embargo, una parte sustancial de los análisis miran en exclusiva sólo una parte del escenario, la que conforman los gobiernos, dejando de lado el hecho decisivo de que han sido y siguen siendo los movimientos de los de abajo los capaces de modificar a fondo la relación de fuerzas. Incluso en Bolivia, donde se han producido los mayores avances en un sentido antineoliberal, ha sido la movilización popular, junto a la decidida acción del gobierno de Evo Morales, la que puso en retirada a la oligarquía de Santa Cruz en septiembre del año pasado. Fue el cerco multitudinario a la ciudad dominada por los fascistas lo que modificó las cosas. No hay cambios profundos sin el concurso de los de abajo organizados en movimientos. Colocar el foco del análisis en los gobiernos supone dejar de lado nada menos que la parte decisiva de la realidad, por lo menos desde una mirada antisistémica.

 

Por otro lado, parece necesario comprender que la ofensiva de la derecha es consecuencia, en buena medida, de las políticas de esos gobiernos progresistas, de la continuidad y profundización del neoliberalismo, de su incapacidad para torcer el rumbo del modelo de acumulación vigente. La elección de José Mujica como candidato del Frente Amplio en Uruguay es un hecho auspicioso y positivo, pero no debe olvidarse que fue ministro de Ganadería y Agricultura durante cuatro años, un periodo de notable expansión de los monocultivos de soya, libres de impuestos, al contrario de lo que sucede en Argentina. Un mínimo balance de casi una década de progresismo en la región supone abordar por lo menos cinco aspectos.

 

Uno. Hasta ahora, el progresismo ha sido relativamente exitoso en el rediseño del mapa regional, y muy en particular en la autonomización de Estados Unidos. La creación de la Unasur y del Consejo Sudamericano de Defensa son hechos que afianzan al subcontinente como una fuerza política con voz propia. La creación del Banco del Sur también podría ser parte del mismo proceso, aunque la iniciativa demoró mucho en ponerse en marcha y aún tiene alcances muy limitados. Otros proyectos, como el Gasoducto del Sur, han quedado en el camino. Y se está implementando la IIRSA, la mayor iniciativa de construcción de infraestructura que no hace más que consolidar el libre comercio, generando grandes desigualdades entre países y regiones, con consecuencias muy negativas sobre el medio ambiente y los pueblos indígenas.

 

Dos. El modelo neoliberal, una vez superada la fase de las privatizaciones, se asienta en la minería a cielo abierto, los monocultivos de soya y caña de azúcar para biocombustibles, y en el complejo forestación-celulosa. Los gobiernos progresistas apoyan con fervor ese modelo y no muestran la menor intención de frenarlo. No sólo el gobierno de Lula, que está permitiendo un avance espectacular de las multinacionales sobre la Amazonia, sino también el ecuatoriano de Rafael Correa, que ha reprimido la protesta indígena y popular contra la minería. Argentina muestra cómo no frenar los monocultivos de soya fortalece a la derecha, que obtiene más poder económico y político. Este es uno de los aspectos más negativos del progresismo.

 

Tres. Los planes sociales no son “conquistas” sino nuevas formas de dominación sobre los más pobres, los llamados excluidos o marginados. Alrededor de 100 millones de personas son beneficiarias de planes que alivian la pobreza, 50 millones sólo en Brasil. Son menos pobres, sí, pero no tienen derechos universales sino apenas prestaciones, que las derechas no pretenden cortar porque han mostrado ser beneficiosas para la estabilidad política, toda vez que hacen más difícil la organización de los de abajo. Es cierto que con los gobiernos progresistas la represión es mucho menor que con los gobiernos conservadores, pero en gran medida ello es posible por la cooptación y domesticación que auspician los planes sociales. La desmovilización de abajo beneficia a las derechas.

 

Cuatro. La fase actual del modelo de acumulación, incluyendo la llamada crisis económica, impone drásticas medidas para cortar en seco la especulación financiera, las fusiones entre megaempresas como la sucedida en Brasil entre Sadia y Perdigao, y el impulso a la organización y la lucha de los de abajo. No puede haber cambios de fondo sin modificar la distribución de la riqueza. Por el contrario, en la mayor parte de los países de la región no se registran cambios en la desigualdad. Un reciente estudio difundido por el Ministerio de Desarrollo Social de Uruguay reconoce que, pese a los planes sociales y el notable crecimiento económico de los últimos años, disminuyó la pobreza pero la desigualdad es mayor aún que antes de la crisis de 2002.

 

Cinco. No hay salida del modelo neoliberal sin crisis política y social. Son demasiados los intereses en juego, y no son pocos los aliados de los de arriba entre las clases medias, como para pensar que se puede salir del modelo con paz social, sin una potente lucha de clases como la sostenida por los de abajo en Bolivia y Venezuela. Muchos progresistas en el gobierno le temen a una crisis política y tratan de evitarla. Eludir lo inevitable conduce a la derrota, y no tiene gracia culpar de ello a la impaciencia o inmadurez de los movimientos. Los pueblos amazónicos de Perú y los indígenas de Colombia nos muestran un camino.

Una cumbre bolivariana

Sebastián Ochoa
Pàgina/12

Desde Santa cruz

 

Bolivia dia Independencia

Los 200 años de la revolución paceña de 1809 fueron la excusa para que varios presidentes de América latina se juntaran en La Paz, una de las dos capitales de Bolivia. El paraguayo Fernando Lugo, el ecuatoriano Rafael Correa y el venezolano Hugo Chávez –show aparte– acompañaron al presidente Evo Morales en varios actos del día. Los mandatarios hablaron de Honduras, de la participación de Estados Unidos en ese golpe de Estado y de la amenaza que implica para otros países de la región impulsores de reformas al sistema neoliberal. Morales exigió la erradicación de las bases militares de EE.UU. en América latina, porque avalarían el surgimiento de gobiernos de facto.
La revolución de 1809 en Sucre y La Paz, actuales capitales bolivianas, fue rápidamente anulada por el virrey Baltasar de Cisneros. Sus cabecillas fueron ejecutados, como Pedro Murillo, o encarcelados en las islas Malvinas y Filipinas. Pero de esta rebelión se hicieron eco varias ciudades americanas, que en los años siguientes trataron de independizarse de los reyes de España, aprovechando su guerra con Francia. En muchos países, las revoluciones se hicieron para caer en otras dependencias. Por ello el presidente ecuatoriano se refería ayer a una “segunda independencia”, esta vez de Estados Unidos.

Los presidentes pidieron acciones al gobierno de Barack Obama para demostrar que su país no apoya al presidente de facto Roberto Micheletti. “El presidente Obama está entre la espada y la pared. Creo que a Obama no le informaron que este golpe lo dio el Departamento de Estado, no tenga usted la menor duda (dijo a un periodista), que nadie tenga aquí la menor duda”, consideró Chávez.

“Los militares de Honduras no hubieran dado un paso sin la aprobación de los militares de la base de los EE.UU. que está en Honduras y sin la aprobación del Departamento de Estado”, dijo. La base norteamericana está en Palmerola, a 97 kilómetros de Tegucigalpa, la capital. La puso en funcionamiento Ronald Reagan en 1981 y habría funcionado como base de los contras al gobierno sandinista de Nicaragua.

Del encuentro participó la canciller de Honduras, Patricia Rodas. “Hemos pedido al gobierno de EE.UU. que suspenda radicalmente, sin procesos graduales, la ayuda militar, los desembolsos y las ayudas económicas. Y que se tomen inmediatamente medidas directas en contra de los golpistas, porque son criminales que no tienen derecho ni a la libre circulación ni a seguir expatriando capital que pertenece a nuestros pueblos”, sostuvo.

Los presidentes confían en que Zelaya volverá al poder. Según Chávez, “Goriletti (por Micheletti) no tiene otro camino que el basural de la historia, al basurero, para allá va Goriletti y todos los gorilas que han tratado de retraernos a los siglos pasados.”

Por la mañana, los presidentes tuvieron un desayuno de trabajo donde debatieron mayormente sobre el golpe en Honduras. Luego presenciaron la “Parada Militar Bolivariana”, de la que participaron uniformados de Perú, Argentina, Venezuela, Paraguay, Ecuador, Bolivia e indígenas de este país.

“No es posible que en este milenio haya grupos militares que dependan del Comando Sur de Estados Unidos. Esta dependencia de las fuerzas armadas de América latina tiene que terminar. Hemos estado hablando con los compañeros presidentes”, dijo Morales.

Advirtió que “algunos jerarcas de la Iglesia Católica son el mejor instrumento del Imperio para que los pueblos no se liberen. Cuando no pueden dominarnos con la oración, vienen con el fusil, con dictaduras”, sostuvo el boliviano, que entregó a los invitados la condecoración Tupak Katari, por su trabajo a favor de los pueblos de la región. El aymara Katari fue ejecutado en 1781 por la corona española, luego de que dirigiera dos cercos de indígenas a la ciudad de La Paz.

En su discurso, el presidente recordó la cifra de golpes de Estado realizados en América latina. “Bolivia, 56; Guatemala, 36; Perú, 31, Panamá, 24; Ecuador, 23; Haití, 16; Santo Domingo, 16; y en Cuba, antes de la revolución de Fidel Castro, nueve asonadas. En Brasil fueron 10 golpes de Estado o dictaduras; en Chile, nueve; en Argentina, ocho; en Venezuela, 12, la última en 2002 contra Chávez; en Colombia, ocho; y en Uruguay, cinco.”

Morales indicó que “América es para los pueblos liberados de Abya Yala (América latina) y no para los americanos”, dijo por EE.UU. Más tarde, los presidentes tuvieron un “almuerzo de camaradería” en el hotel Radisson. Por la noche estuvieron en el estadio Hernando Siles, donde varios músicos locales dieron conciertos.

 
 

 

El club de asesinos: Matando la esperanza, sembrando el terror

Manuel García, Jr.

CounterPunch

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

En junio de 2009, Leon Panetta, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) – la Guardia Pretoriana de EE.UU. que guía el curso del Imperio del Área del Dólar – anuló un programa para asesinar a dirigentes de al-Qaeda, que había sido iniciado por el vicepresidente Richard (Dick) Cheney en 2001 después de los ataques del 11-S, un programa que Cheney había ordenado fuera mantenido en secreto ante el Congreso de EE.UU. (1)

¿Por qué dar a conocer esa cancelación, y ahora? Porque la ventilación de un poco de ropa interior sucia podría distraer a algunas mentes simples con síndrome de déficit de atención del inevitable hedor de cosas mucho peores que se pudren después de haber sido apresuradamente enterradas. ¿Sufrió una metástasis ese programa hacia una enfermedad mucho más amplia que consumió a Benazir Bhutto, y a otros dirigentes políticos extranjeros? (2)

El concepto de un Programa Phoenix contra dirigentes de al-Qaeda refleja la inelegancia banal y la grandiosa ambición de las mentes pequeñas que inventan los proyectos nacionales de inteligencia de EE.UU. Como los bombardeos aéreos y los ataques con misiles desde aviones teledirigidos mataban a demasiados inocentes (causa de preocupación, pero insuficiente para detener la práctica), se necesitaba un instrumento más “quirúrgico”, un club de asesinos.

El club de asesinos es una idea popular perenne en la política. En la novela de Alejandro Dumas “Los Tres Mosqueteros”, el cardenal Richelieu envía a la femme fatale Milady de Winter para asegurar que el duque de Buckingham permanezca en Inglaterra en lugar de llevar a las fuerzas inglesas a socorrer a los rebeldes hugonotes en La Rochelle en el sitio de esa ciudad en 1627-1628 por las fuerzas católicas de Luis XIII, Rey de Francia. El histórico duque de Buckingham fue asesinado el 23 de agosto de 1628, apuñalado.

Entre 1968 y 1972, durante la Guerra de Vietnam, el Programa Phoenix de EE.UU., contra el Partido Comunista en Vietnam del Sur, “neutralizó” a 81.740 miembros del Frente de Liberación Nacional, de los cuales 26.369 fueron asesinados. El problema fue que la mala inteligencia, la dependencia de mentirosos y de alcahuetes con conflictos, y de burócratas corruptos que repletaban sus cuotas de asesinatos y encubrían sus desfalcos, llevaron a que mucha gente sin importancia política fue victimizada, abusada, torturada y asesinada. La red de resistencia al régimen títere en Vietnam del Sur había crecido como reacción a, y fue mantenida por, la continua presencia del imperialismo francés y estadounidense en Vietnam, y esto comenzó mucho antes y llegó mucho más lejos que el esfuerzo de eliminación del Programa Phoenix.

Una película muy original sobre dicho concepto: “El club de asesinos” (1969), se basa en una novela incompleta de Jack London, y tiene lugar en Europa durante la Primera Guerra Mundial. El encanto de esta película reside enteramente en el decoro de sus personajes principales, y en el grado de honor que muestran al ajustarse a las reglas de su juego. El contemporáneo Programa Phoenix mostró que la política real era mucho más sucia que esta comedia. La película de 1972 de la novela de 1969 “El Padrino” se acercaba más a la suciedad y malevolencia de programas como Phoenix, pero aunque fue presentada con una grandeza homérica se concentraba en la escala relativamente pequeña de la violencia ciudadana de una familia de criminales, en comparación con las vastas campañas de la guerra oculta internacional. (3) (4)

El club de asesinos de la CIA de Cheney fue concebido como una copia estadounidense del programa israelí de asesinato selectivo de dirigentes palestinos y otros enemigos. Este tipo de programa es dirigido por la agencia de espionaje de un país, que cuando es necesario llama a los militares para suministrar el poder de fuego para un asesinato, sea por unidades de comando, bombardeo aéreo o ataques con misiles. Aparte de toda consideración moral (que nunca entra en juego), el aspecto políticamente corrosivo de ese programa encubierto de asesinato es que una camarilla de “inteligencia” que no tiene que rendir cuentas y que está bien protegida – libre de toda restricción democrática, política o legal – conduce una guerra no declarada y no reconocida en el extranjero, convirtiendo así a sus propios ciudadanos en enemigos involuntarios – y en objetivos – de gran parte del resto del mundo. El que Cheney haya dado órdenes a la CIA para que mantuviera secreto su programa ante el Congreso de EE.UU. – ¡y fue obedecido! – muestra que la Guardia Pretoriana estadounidense es tan peligrosamente descontrolada como su modelo romano. (5)

La CIA no sirve los intereses del pueblo estadounidense, sino lo esquilma a través del subsidio que financia la ambición profesional de sus burócratas encubiertos, que se involucran en crímenes e intrigas internacionales que degradan la paz, la justicia y el honor en general, y avivan resentimientos bien justificados en el extranjero, que degradan la base psicológica de una seguridad efectiva a largo plazo: la buena voluntad. Será necesaria una increíble revolución de democracia popular en EE.UU. para recuperar el control de la CIA y abolirla por completo (como Constantino el Grande hizo con la Guardia Pretoriana en el año 312, hasta el punto de arrasar su fortaleza en Roma y destruir las lápidas sepulcrales de sus muertos). Un evento semejante parece ser tan imposible desde el punto de vista lógico y político como gloriosamente edificante.

Irónicamente, aunque la muerte es permanente, el asesinato no termina las ideas que motivan a los enemigos designados circunstancialmente por el Estado. Matar gente no mata las ideas. Las campañas de asesinato pueden eliminar la intelectualidad y a los seguidores de la dirección de un movimiento por los derechos de una minoría y la justicia social, pero ya que esas campañas sólo pueden atascar y frustrar los movimientos de liberación y no satisfacerlos, los asesinatos sólo prolongan y endurecen la resistencia al imperialismo y a la dominación. Al eliminar a los primeros dirigentes, más educados, moderados y políticamente orientados, los asesinatos abren el camino a militantes impacientes, cuyo recurso a la brutalidad despiadada es a menudo justificada y apoyada con demasiada facilidad por sus partidarios a falta de un compromiso honesto de los poderes dominantes (sean imperialistas extranjeros o regímenes autoritarios internos). Al degenerar las luchas por la liberación desde el punto de vista intelectual, militar y humanista, disminuyen las perspectivas para una solución estable negociada porque han sido asesinados los dirigentes populares con aptitudes políticas demostradas – aquellos que personifican las ideas de la lucha; los militantes ambiciosos toman el control de la guerra, sean rebeldes, insurgentes o agentes del gobierno; y atrocidades son cometidas por desesperación por movimientos de liberación frustrados y radicalizados (o ahora “fundamentalistas”) , debidas a la soberbia desmedida de las fuerzas imperialistas o autoritarias, una razón ciega para la venganza.

Victoria Brittain explica esas consecuencias en su desgarradora y detallada obra erudita sobre los asesinatos cometidos por Estados occidentales, cometidos en África y Palestina sobre todo durante las décadas de los sesenta, los setenta, y los ochenta, pero que se extiende hasta años recientes, intitulada “They Had To Die: Assassination Against Liberation” [Tenían que morir: asesinato contra liberación](2006). (6)

EE.UU. apoyó al régimen del apartheid en Sudáfrica durante su guerra fronteriza de 1966 a 1989 contra Angola, Namibia y Zambia (y Zimbabue), y permitió que ex oficiales militares de EE.UU. actuaran como asesinos mercenarios independientes para la Fuerza de Defensa Sudafricana (SADF) [El ejército sudafricano]. Aunque es técnicamente ilegal que ciudadanos estadounidenses actúen como mercenarios y trabajen como asesinos para gobiernos extranjeros, ese tecnicismo fue convenientemente ignorado en los casos en los que el éxito de un “acuerdo de negocios privado” servía el interés político del Departamento de Estado y de la CIA (que primero “guiñaban un ojo” y luego pedían informes). Ex miembros de las fuerzas armadas de EE.UU. con experiencia en el combate o entrenamiento superior como miembros de unidades de elite de comandos (por ejemplo, Fuerzas Especiales, Rangers del Ejército) podían ganar lo suficiente para financiar un retiro muy confortable e inmediato, mucho más de lo que hubiera sido probable durante cualquier período en las fuerzas armadas de EE.UU., con sólo una o dos operaciones clandestinas para la SADF. Los agentes estadounidenses y europeos que liquidaban a los objetivos descritos por Victoria Brittain eran simplemente mano de obra políticamente desechable (algunos fueron capturados y ejecutados), aunque bien entrenados gracias a las inversiones previas de dineros públicos. (7)

Sudáfrica perdió su guerra fronteriza de modo que las tropas extranjeras (los cubanos que ayudaron a Angola, y los sudafricanos que la invadieron) abandonaron Angola en 1988, Namibia logró su independencia en 1989, y la agitación en Sudáfrica contra el Estado del apartheid aumentó desde 1990 hasta que el apartheid fue eliminado en 1994.

El mercado ad hoc para fuerzas mercenarias fue sistematizado después de la Guerra Fronteriza sudafricana, y en la actualidad el público está familiarizado con compañías militares privadas (PMC) como Blackwater USA (ahora Xe) y DynCorp International, gracias a sus “hazañas” en Iraq, Afganistán y Colombia. Hoy en día las PMC pueden suministrar una serie de servicios de no-combate que apoyan a las fuerzas militares tradicionales, tecnología especializada para ataques armados (por ejemplo, helicópteros artillados); así como labores clásicas de mercenarios como ser protección personal, y el suministro de unidades de infantería de tamaño pequeño hasta moderado. El negocio de las PMC llega a ahora a unos 100.000 millones de dólares por año, extrayendo personal de las filas de numerosas fuerzas especiales nacionales (“el dinero habla y la mierda camina”) y alentando el crecimiento de las PMC en numerosos países. Siempre hay demanda para servicios bélicos, y el “milagro del libre mercado” asegura una reacción corporativa competitiva a esa demanda del mercado.

Actualmente, las PMC son las Pinkerton de la globalización. Y, sin duda se puede asumir que los asesinatos siguen siendo un negocio lucrativo. No solucionan nada; es el equivalente de tirar basura tóxica histórica a media noche sobre nuestro futuro colectivo.

——–

Manuel Garcia, Jr., ex físico en Lawrence Livermore Nuclear Laboratory. Para contactos, escriba a mango@idiom.com

Notas.

[1] CIA Had Plan To Assassinate Qaeda Leaders

http://www.nytimes.com/

[2] CIA Linked To Bhutto’s Murder?

http://www.youtube.com/watch?v=zgeq1CuJb0w

[3] The Assassination Bureau

http://www.imdb.com/title/tt0064045/

[4] John Stockwell, “The Third World War”

http://www.youtube.com/watch?v=Z9VxnCBD9W4

[5] John Stockwell, from “The Praetorian Guard”

http://www.thirdworldtraveler.com/

[6] Victoria Brittain, “They Had To Die: Assassination Against Liberation”

http://rac.sagepub.com/cgi/content/abstract/48/1/60

[7] John Stockwell,

[Chief of the CIA’s Angola Task Force during its 1975 covert operations]

http://www.thirdworldtraveler.com/

http://www.counterpunch.org/garcia07152009.html

Los “dueños de Honduras” también poseen los medios

Ernesto Carmona

Argenpress

En Honduras existen cuatro diarios de circulación nacional, propiedad de tres familias, en tanto la radio y televisión están controladas por un cuarto grupo, de acuerdo a un informe de la periodista hondureña María Teresa Castellanos. También tienen relevancia dos revistas de papel, una de ellas en inglés. Un reducido grupo de empresarios que se apropió del “derecho” a informar monopoliza “la libertad de expresión” puesta al servicio de sus propios intereses económicos y políticos, a la vez que explota una rentable veta de negocios.

La prensa escrita

Dos grandes diarios -El Heraldo y Tiempo- se editan en Tegucigalpa -la capital-, mientras los dos restantes -La Tribuna y La Prensa- se publican en San Pedro Sula, la segunda ciudad del país. Los diarios de circulación nacional de San Pedro Sula tienen tanta relevancia como los que se publican en la capital.

La Tribuna, de San Pedro Sula, tiene como principal accionista al ex presidente de Honduras Carlos Roberto Flores Facussé (1998-2002), del partido Liberal (PL), quien es hijo de Oscar Flores, un famoso periodista, y sobrino de Miguel Facussé, influyente terrateniente. Este partido Liberal fue fundado en 1891 y es el mismo partido del Presidente Manuel Zelaya.

El PL de Honduras tienen un perfil socialdemócrata de derecha, pero a través de su historia absorbió a grupos progresistas, como la facción Alianza Liberal del Pueblo (Alipo), heredera de la Izquierda Democrática, que fue implantada en el seno partidario, en la década de 1980, por los hermanos Jorge Arturo y Carlos Roberto Reina Idiáquez, elegido presidente años más tarde. En definitiva, es un partido al que pertenecen individuos de extrema derecha, como Roberto Micheletti, y figuras progresistas como Manuel Zelaya. Seguir leyendo “Los “dueños de Honduras” también poseen los medios”