Cuba en la presidencia de los No Alineados: balance de una gestión

Atilio Borón

CubaDebate

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La semana próxima el Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) celebrará su cumbre trienal en Sharm el-Sheik, Egipto. En esa ocasión Cuba cederá la presidencia al país anfitrión luego de tres años al frente de dicha organización.

Fueron sin duda años sumamente difíciles, en el último de los cuales estalló la más grave crisis en toda la historia del capitalismo. Por su alcance planetario, su entrelazamiento con el inexorable agotamiento de los recursos petrolíferos, el agravamiento del cambio climático y la depredación ecológica, la crisis alimentaria precipitada por la criminal reconversión de los alimentos en agrocombustibles y el crecimiento de la pobreza la actual crisis capitalista -en realidad una crisis civilizatoria integral- ha exasperado las contradicciones del sistema hasta un punto jamás alcanzado por sus predecesoras.

En las turbulentas aguas de este tiempo la presidencia de Cuba tuvo como eje prioritario el fortalecimiento del papel del MNOAL en la escena internacional, en línea con la Declaración sobre los Propósitos y Principios y el Papel del MNOAL aprobada en la XIVº Cumbre reunida en La Habana en Septiembre del 2006. La firme conducción cubana del movimiento hizo posible la recuperación del perdido protagonismo de esta organización y su creciente papel en los principales debates y procesos negociadores que se desenvuelven en el ámbito de las Naciones Unidas. Lo anterior es tanto más valioso cuanto la elite capitalista mundial perfecciona sus mecanismos de consultas y coordinación de políticas -antipopulares por excelencia- en el marco del G-7 y en sus anuales reuniones en Davos. A lo largo de estos tres años el MNOAL hizo oír su voz sobre los principales asuntos de la política mundial y bregaron incansablemente para democratizar a las Naciones Unidas y denunciar los insanables vicios del Consejo de Seguridad de la organización, dominado por Estados Unidos. En el marco de la ONU uno de los logros más importantes ha sido la creación del Consejo de Derechos Humanos, y es en ese ámbito donde el Movimiento de los No Alineados se ha constituido en un protagonista fundamental en la defensa y protección de los intereses de los pueblos sometidos a la opresión imperialista.

La renovada presencia del MNOAL se hizo sentir también en la UNESCO, órgano permanentemente sometido a feroces ataques durante el apogeo de la reacción neoconservadora capitaneada por Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en el Reino Unido, y que culminó con la auto-desafiliación de estos dos países en abierto y militante desacuerdo con la política de respeto a la diversidad cultural y defensa de la libertad de expresión e información promovida por la UNESCO. La salida de la superpotencia imperialista y su principal cliente europeo sumieron a esta organización en una gravísima crisis financiera, pese a la cual logró sobrevivir gracias al esfuerzo de los demás países. El retorno de Washington y Londres a la UNESCO no logró dar marcha atrás a los avances registrados en materia educación, la información, el respeto a la diversidad cultural y los derechos humanos, y la protección de las lenguas autóctonas o en peligro de extinción. Se debe en gran medida a la incansable labor del MNOAL que se haya impedido que estas distintas dimensiones de la cultura sobrevivieran a los intentos estadounidenses de lograr su completa mercantilización.

El Movimiento también ha sido un protagonista principal en la defensa de los derechos del pueblo palestino, en la condena universal a la criminal agresión del estado de Israel a Gaza y en la ocupación de los territorios palestinos; en la lucha por el desarme; en la defensa de los trabajadores en el marco de las regulaciones establecidas por la Organización Internacional del Trabajo; en la promoción de los derechos de la mujer y del niño; y en el apoyo a los programas de salud y atención médica para los países del Tercer Mundo, áreas en la cual el liderazgo mundial de Cuba es indiscutible.

En el marco de la próxima cumbre Cuba cederá la presidencia de los No Alineados a Egipto. A nadie se le puede escapar que este país es uno de los principales aliados de Estados Unidos, con lo cual el eficaz activismo internacional impulsado por la presidencia cubana seguramente se verá un tanto disminuido. No obstante, los 119 países miembros del Movimiento no consentirán actitudes vacilantes y, además, el hecho de que la presidencia de Egipto vaya a ser sucedida por la República Islámica de Irán establece ciertos límites a cualquier tentativa de co-optación del MNOAL por la política imperialista. No es un dato menor que la membresía a este movimiento siguiera creciendo una vez finalizada la Guerra Fría, contrariando los pronósticos de quienes auguraban la desintegración del Movimiento como producto de la finalización del enfrentamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Pero en la medida en que la burguesía imperial prosiga con el saqueo de los pueblos del Tercer Mundo y destruyendo el medio ambiente el MNOAL seguirá teniendo una importantísima misión por cumplir.

Pese a la diversidad y pluralidad política e ideológica de sus integrantes, el MNOAL ha logrado fortalecer importantísimos principios que hacen a la paz mundial al exigir que sus miembros se abstengan de integrarse a alianzas militares multilaterales o de sellar acuerdos militares bilaterales que involucren la presencia de bases extranjeras en sus territorios. A su vez, su articulación con el Grupo de los 77 -especialmente orientado hacia la discusión de temas relativos al comercio y la economía mundiales- proyecta una influencia importante que se yergue como un obstáculo a las insaciables pretensiones del imperialismo y sus aliados. Por todas estas razones debemos celebrar esta renovada presencia del MNOAL en la política mundial y formular votos para que su nueva dirección continúe en la senda que este movimiento transitó durante la presidencia de Cuba.

 

Claudio Katz: “Estamos me parece a mí, en el primer momento de la crisis, el comienzo de la crisis, el debut”

Fernando Arellano Ortiz

Argenpress

 

La salida a la crisis sistémica del capitalismo tiene que ser necesariamente política y “un proyecto socialista puede madurar en esta turbulencia”, sostiene el economista, filósofo y sociólogo argentino Claudio Katz, quien advierte además, que la “situación económica mundial es muy grave y vamos a tener que tocar fondo, aunque estamos en el primer momento de la crisis”.

Katz, un destacado profesor de la Universidad de Buenos Aires en las áreas de Economía, Filosofía y Sociología es, al mismo tiempo, un activista de los derechos humanos e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Es autor de numerosos textos de interpretación del capitalismo contemporáneo y ha estudiado el impacto regresivo del neoliberalismo en América Latina. Participa activamente en los foros continentales de impugnación del endeudamiento externo. Su libro “El porvenir del socialismo” obtuvo una mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela 2005). Igualmente es integrante del colectivo internacional Economistas de Izquierda (EDI) y actualmente se desempeña como asesor externo del gobierno venezolano.

Reunidos en uno de los acogedores cafés de Buenos Aires, el profesor Katz dialogó sobre la realidad económica mundial, el proceso político de Latinoamérica, la amenaza de una irrupción de la derecha en la región y lo que denominó “la gran inquisición mediática” para referirse a la manipulación de los grandes conglomerados de la comunicación y la información.

 

Primer momento de la crisis capitalista

– Los teóricos en economía han señalado que la crisis del capitalismo actual es sistémica y no cíclica, pero lo que llama la atención es que no se ve una salida para implementar un nuevo modelo, o una alternativa capaz de reemplazar al sistema capitalista. ¿Usted cree que encontrarle una salida a esta crisis es más un problema político que económico?

– Yo creo que definitivamente el gran problema es político porque todas las grandes crisis económicas se resolvieron positiva o negativamente por cursos políticos, según si intervinieron o no en esos procesos las mayorías populares. Esta es una crisis muy profunda que los neoliberales han tratado de disminuir la gravedad culpando a la codicia, ocultando la especulación financiera. También los heterodoxos presentan esta crisis como una falta de regulación. Pero esta es una crisis del sistema, una crisis del capitalismo. Y me parece que es una crisis del modelo capitalista de los últimos veinte o veinticinco años del modelo neoliberal cuyas consecuencias estamos viendo ahora. Hemos tenido dos, tres décadas de plena acción neoliberal: privatizaciones, desregulaciones, ampliación del radio de las empresas transnacionales a la ex Unión Soviética, a China, a todo el planeta, y ahora vemos las consecuencias de esa expansión del capital, de la sobreproducción, de la sobreacumulación, y los efectos de pobreza, de miseria, de desempleo que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) pronostica que van a ser muy gravosos en los próximos años. Entonces, estamos me parece a mí, en el primer momento de la crisis, el comienzo de la crisis, el debut.

– ¿Es decir que vamos a tener que tocar fondo?

– Sí, vamos a tener que tocar fondo y sobre todo la población de Europa y Estados Unidos, que no está acostumbrada, a diferencia de los latinoamericanos a este tipo de catástrofes económicas, va a tener que procesar esto y eso va a llevar un tiempo. Recordemos que éstas últimas décadas de neoliberalismo debilitaron a los sindicatos en los países centrales, debilitaron política e ideológicamente a la izquierda, a las fuerzas progresistas en Europa y en los Estadios Unidos, y habrá que reconstruir una experiencia de movilización social que ya se está empezando a notar, más en Europa que en los Estados Unidos. Esto se ve ya en Francia, en Grecia, en países donde ha habido movilizaciones populares que están cambiando el clima de esos países. Pero, vamos hacia varios años de desempleo, pobreza, exclusión social, y habrá que ver cómo reaccionan los pueblos.

– ¿Cuál es su visión respecto del proceso político y socioeconómico que se esta dando en América latina?

– Yo creo que es distinto al proceso de los Estados Unidos, de Europa, y es especialmente distinto, primero, porque nosotros ya hemos vivido este tipo de crisis, y no fue en los años treinta, fue en los años ochenta, noventa, este tipo de debacles financieras que conducen a la expansión de la pobreza, la hemos visto en Argentina, en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador. Entonces, ya hay una cierta experiencia de los pueblos con este tipo de exclusiones del neoliberalismo. Y al mismo tiempo, probablemente, no es seguro pero es probable, que el impacto económico de la crisis no sea tan grave como en los países centrales, porque como nosotros ya hemos vivido, en forma muy cercana, estos impactos, pues los bancos están con las carteras un poco más limpias, ya hubo una valorización del capital, y probablemente el proceso no sea tan traumático. Pero lo más importante de América Latina son las experiencias políticas. A mí me parece que lo interesante de nuestra región es que hubo resistencia al neoliberalismo y hubo además resultados. Hemos tenido sublevaciones en muchos países y nuevos gobiernos: Bolivia, Venezuela, Ecuador, que han cambiado la agenda de las sociedades latinoamericanas. En ese sentido yo creo que son bastante distintos los gobiernos, digamos, nacionalistas, radicales, progresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia de unos gobiernos como Lula, o como Kirchner, que en última instancia recomponen el poder dominante.

– ¿El hecho de que en América Latina aparezcan estos gobiernos no es un síntoma de reconfiguración del sujeto político?

– Si. Lo que pasa es que hay síntomas y síntomas. Un síntoma es el que lleva a Venezuela a hacerse al control nacional sobre sus recursos y decidir nacionalizaciones, adoptar medidas de redistribución del ingreso, promover una integración regional con principios del ALBA, con principios de intercambio comercial equitativo. Y otro tipo muy distinto es MERCOSUR, UNASUR, políticas que recomponen más los intereses de los grandes grupos económicos dominantes de América Latina que los intereses genuinos de las mayorías populares. El caso ahora de Argentina, ha habido cambios y transformaciones muy importantes pero la distribución de ingresos sigue siendo tan regresiva, o más regresiva, que en los años noventa. Los cambios que interesan a los pueblos son los que mejoran los niveles de vida de la población y reducen la desigualdad. Y esta mejora popular y reducción de la desigualdad solo se comienza a observar en algunos países latinoamericanos, no en toda la región.

Cachetada al neoliberalismo

– ¿Qué opinión le merecen a usted las nacionalizaciones que esta haciendo el gobierno de Chávez en Venezuela?

– En primer lugar me parece que son muy auspiciosas porque ponen como un punto final a la idea de que solo se puede privatizar. Es como una cachetada al neoliberalismo. Es la reversión completa de los principios neoliberales que creen que los grandes recursos naturales del país deben de ser manejados por grupos privados. Me parece que es interesante el hecho de que Chávez prometió nacionalizaciones y cumplió. En general, en América Latina estamos acostumbrados a que se promete una cosa y después no se hace. Y después me parece que es una necesidad para un país como Venezuela porque es un país carente de una estructura industrial mínimamente integrada. En realidad es carente, casi, de una industria en el sentido que podemos hablar de Brasil, México o Argentina. Venezuela es un país de niveles intermedios, pero basado en una riqueza petrolera y en una cultura rentista derivada de su explotación. Y el único cambio en una sociedad como la venezolana es el desarrollo industrial que lo hace el Estado o no lo hace nadie. La burguesía venezolana no lo hizo en el pasado y no lo va a hacer en el futuro. Es un grupo social que ha vivido siempre de la renta petrolera, es un grupo muy parasitario, que se acostumbró siempre a la fuga de capitales, al derroche, al consumo, al estilo de vida Miami, a la falta de inversión, y entonces solo puede haber un proceso de industrialización si el Estado toma las riendas. El único peligro que yo veo es el costo, cuánto se esta pagando en indemnizaciones, por que ahí hay una ecuación muy complicada. Si el precio del petróleo siguiera alto, entonces se puede manejar. Pero si en los próximos años, comienza a bajar, como ha estado bajando el último año, a mí me parece que comprometer los recursos del tesoro en indemnizaciones a estas empresas, puede resultar problemático, teniendo en cuenta que la administración popular, lo que Chávez llama el control obrero, se lo puede ejercer estatizando y sin estatizar. Yo ahí veo un problema, pero el proceso me parece muy promisorio.

– ¿Las privatizaciones que se están dando en Argentina van en la misma dirección de las realizadas por Chávez en Venezuela?

– No. El gobierno de Cristina Kirchner adoptó algunas medidas de nacionalización, por ejemplo, los fondos de pensiones, que eran privados, ellos los volvieron a tomar en manos del Estado, y un conjunto de pequeñas empresas también pasaron a la orbita del Estado. Pero, primero, no son las empresas estratégicas, esta es la primera diferencia clave con Venezuela. No solo no son las empresas estratégicas, sino que lo más llamativo es que la nacionalización en Venezuela tiene repercusión directa en Argentina por que se nacionaliza una empresa argentina como es Techint y el gobierno de Kirchner ha salido a respaldar el reclamo y la critica que han hecho grupos económicos tras la nacionalización.

Batalla contra la derecha

– ¿Usted considera que el proceso político de América Latina, dadas las experiencias de gobiernos denominados progresistas, sigue su curso, o como dijo Fidel Castro, puede venir una irrupción de la derecha?

– Yo creo que la derecha está retomando la ofensiva. Y esto se ve en la campaña mediática internacional que existe contra Chávez, contra Correa, y en el intento de reelección de Uribe, en el intento de la derecha chilena con Piñera; se ve en Perú con el gobierno de Alan García, en México con Calderón y Panamá con el reciente triunfo de Martinelli. O sea, hay como una línea derechista latinoamericana que retrocedió, pero que tiene sus bastiones. El principal bastión, sin lugar a dudas, es Uribe en Colombia y Calderón en México, y eso se mantiene. Hay una presión importante en Argentina que se vio en el conflicto en el campo del año pasado de retomar la ofensiva. Diría entonces que los principales objetivos de la derecha no fueron logrados. La derecha tenía el objetivo de tumbar al gobierno de Evo Morales, a través de un golpe de Estado y fracasó el año pasado, como fracasó en el intento de secesión de las provincias del oriente boliviano; fracasó también en el intento de derrotar electoralmente tanto a Chávez en Venezuela como a Correa en Ecuador. Es decir, en los tres países donde el proceso político ha avanzado más, la derecha no ha logrado recomponer su poder. Y en otros lugares predominan los grises. La derecha ganó en Panamá, pero perdió en El Salvador donde el Farabundo Martí ganó las elecciones. Es un equilibrio, pero yo creo que hay que hay que evitar aquí el impresionismo, la idea de que vuelve la derecha.

– Estamos prácticamente ad portas del bicentenario de la emancipación de América Latina, ¿En este bicentenario podríamos señalar nuevamente la entronización de España en el hemisferio?

– No, me parece que el momento de entronización de España fue el quinto centenario del descubrimiento en 1992. En ese momento, en la década de los 90, España desplegó sus inversiones en la región, compró petróleo, telecomunicaciones, e ingresó con fuerza. En cambio, en el último año se está viendo un proceso contrario porque la crisis está golpeando más severamente a España que a ningún otro país con intereses en el exterior de Europa. El desempleo y la deuda pública en España está a niveles record, y la crisis económica, industrial y financiera española, probablemente es una de las más graves de Europa. Me parece que esto a mediano plazo va a afectar mucho las inversiones españolas en América Latina. Vamos al bicentenario en un momento en el que hay una crisis de dominación norteamericana muy evidente en toda la región y una crisis de dominación en Suramérica, y una política de estrechamiento de vínculos en Centroamérica. Es como si el continente haya quedado partido en dos. Estados Unidos refuerza su dominio, su control sobre México, el Caribe, Centroamérica, Colombia, Perú, pero pierde capacidad de influencia en el Cono sur. No olvidemos que en el año pasado fueron expulsados los embajadores norteamericanos de Bolivia y Venezuela, y estuvieron en ambos países durante doce meses sin los jefes de las misiones diplomáticas de Washington. Entonces, en la reunión de Trinidad y Tobago, se vio una política de Obama intentando volver al esquema de Clinton, volver a la política más diplomática. Y esto visibiliza las dificultades reales que tiene los Estados Unidos por su crisis económica y por el pantano militar que enfrenta en el Medio Oriente.

– Immanuel Wallerstein habla de la declinación de los Estados Unidos como imperio…

– Yo no soy muy ajeno a la idea de la declinación inexorable del imperio norteamericano. Puede declinar y puede recomponerse. Se ha recompuesto muchas veces. Me parece que es como una filosofía de victoria. Me parece que es una predestinación donde la historia son sucesiones de potencias que ascienden y descienden. No creo que el ciclo de la historia contemporánea estuvo signado por esa inexorabilidad. Me parece que distintos desenlaces dan distintos resultados.

Paradoja del capitalismo

– ¿Aunque Estados Unidos está débil en el escenario global tiene muchos años para seguir rigiendo como la gran hegemonía mundial?

– Estados Unidos es la potencia militar de todo el territorio mundial. Y es el protector de todos los capitalistas del mundo. No hay ningún país capitalista que esté dispuesto o tenga posibilidades de sustituir al Pentágono en el control de cien bases militares en todo el mundo. Primero, Estados Unidos tiene la OTAN, y tanto Europa como Japón se recuestan en la OTAN. Estados Unidos mantiene la supremacía militar, y ese es el gran instrumento de dominación del que subsiste. En el plano económico y financiero, la cosa es más compleja porque, paradójicamente, Estados Unidos es el centro de la crisis actual pero el refugio de todos los capitalistas del mundo es el dólar. Entonces hay una paradoja, el país más amenazado es el refugio, y al mismo tiempo el país que busca la reconstitución del FMI que impone la política monetaria mundial a través de la Reserva Federal, sigue siendo Estados Unidos. Hay que separar lo coyuntural del mediano plazo. Estados Unidos está en una crisis muy aguda, pero sigue teniendo los resortes claves de la geopolítica mundial.

– Se ve en América Latina una capacidad de influir por parte de la derecha española a través de la Fundación FAES de José María Aznar, el fascista Partido Popular y sus corifeos en la región como los Vargas Llosa, Enriques Krause, Marianos Grondona, Jorges Castañedas. ¿Esa intervención puede estar generando alguna perturbación en los gobiernos progresistas?

– Yo diría que los perturba más la derecha latinoamericana que la española. La derecha latinoamericana es lo suficientemente conservadora y reaccionaria y tiene sus reservas y resortes suficientes como los Mariano Grondona, Piñera, Vargas Llosa y los herederos de Octavio Paz. La derecha cultural, neoconservadora latinoamericana ha gobernado la región durante décadas, da alimento a los gobiernos militares, tiene un pensamiento elitista, liberal, europensante, eurocéntrico.

La gran inquisición mediática

– Y tienen capacidad de la manipulación mediática…

– Claro, que es la novedad. Porque ellos gobernaban históricamente a través de la iglesia, de sus recursos, de sus escuelas, ahora como tienen los medios de comunicación bajo su dominio ejercen una influencia despótica a través de ellos.

– ¿Los medios de comunicación son ahora lo que fue la iglesia católica?

– Son la gran inquisición y ejercen una influencia nefasta. Por eso me parece tan saludable y transformadora la decisión de Chávez de quitarle la licencia a RCTV. Yo creo que esa medida es mucho más trascendente que cualquier nacionalización de una empresa siderúrgica.

– Pero con esa respuesta van a decir en países de derecha como Colombia, Perú o México que Claudio Katz es un tipo totalitario. ¿Qué responde usted?

– Eso lo dicen porque para ellos manejar monopólicamente un grupo de medios de comunicación, es un ejemplo de democracia. Hay una hipocresía absoluta. Los dueños de los medios de comunicación son un puñado de gente, un grupo minúsculo que no es efectivo, es una cosa paradójica, cualquier congresista tiene que ser votado, cualquier presidente, los alcaldes y gobernadores, lo mismo, en cambio los medios de comunicación que tienen un poder mucho más sólido y estable que todas las autoridades electivas de cualquier país, nadie los elige, son puro poder del divino. Ellos dicen que compiten entre sí a través del cambio del canal, pero la oferta es minúscula. O sea, el televidente puede optar entre la CNN y Globovisión, pero esa no es una opción.

– ¿Cómo democratizar los medios de comunicación en América Latina?

– Como se democratiza cualquier institución. No puede haber un privilegio de los medios de comunicación sobre cualquier institución. Nosotros tenemos que democratizar la vida política, las escuelas, las instituciones, las fuerzas armadas, la sociedad, todo. Hay una preocupación cotidiana, de genero, terminar con las discriminaciones de raza, de etnia. En América Latina estamos cambiando las constituciones de muchos países para incorporar nuevos derechos, para incorporar los derechos olvidados de los indígenas, de la juventud, de los niños. O sea, el desenvolvimiento de la sociedad es la ampliación de los derechos. Del único derecho del que no se puede hablar, es el derecho a la comunicación. Ese quiere ser intocado.

– El politólogo brasileño Emir Sader, actual secretario ejecutivo de CLACSO, decía que los medios de comunicación para ser democratizados, necesariamente tendrían que ser estatizados. ¿Esta usted de acuerdo?

– Yo creo que tienen que ser de propiedad pública, pero ojo, no pueden ser manejados por un gobierno porque eso nos llevaría a formas totalitarias. Hay muchas experiencias en los últimos 50 o 60 años de instituciones públicas que no dependen del gobierno. El caso de la BBC de Londres ha suido muy comentado, yo no lo tengo estudiado, no puedo opinar, pero sé que hay muchas experiencias donde lo importante es que estén sometidos a un régimen legal que les impida la manipulación del gobierno, por ejemplo. No podemos pasar de medios manipulados por grupos capitalistas a medios manipulados por el gobierno. Tiene que haber libertad informativa, pero también propiedad pública. Yo creo que los mecanismos de propiedad democrática de los medios de comunicación hay que discutirlos.

– ¿Usted tiene la sensación de que en América Latina se está dando un proceso de reconfiguración política?

– Yo tengo la sensación de que es un proceso de largo plazo y que tendrá que enfrentar escollos importantes. No va a ser lineal. Y vamos a un punto en el que nuestra batalla contra la derecha va a ser muy dura, la derecha de Uribe, de Calderón, de Alan García y también la derecha militar. Estados Unidos mantiene sus bases militares. Nosotros no podemos dejarnos llevar con la imagen de Obama como el que ha transformado las relaciones con la región. Las bases del Comando Sur con una estructura de control militar en toda la región siguen intactas, incluso medidas mínimas como el cierre de Guantánamo no se implementa, la anulación del embargo a Cuba no se modifica. Es decir, los grandes problemas de la soberanía política en nuestra región en el bicentenario siguen estando al orden del día.

Colombia, una sociedad militarizada

– ¿Cómo analiza la carrera armamentista de Colombia para enfrentar su conflicto interno y su repercusión directa en la economía de ese país?

– Lo peor de Colombia es que ese gasto terrible, ese despilfarro de fondos en gasto militar no se hace para la defensa de la soberanía nacional, no es una necesidad del país para defender sus fronteras frente a una agresión externa, que es la única justificación real que puede tener una nación que en cierto momento destine tantos recursos a la actividad bélica. Solo si está amenazada la soberanía del país y la vida de sus ciudadanos, cabe eso. En Colombia hay vísperas de la formación de una sociedad militarizada para servir a los intereses de los grupos dominantes que manejan los resortes de este país. Yo creo que hay una tendencia a la militarización en América Latina, que está en marcha, no solo ello es evidente en Colombia sino también en Brasil que está destinando un alto porcentaje al gasto militar, fabricando submarinos, firmando convenios con Francia para hacer inversiones extraordinariamente elevadas en este sector y tiene fuerzas militares ocupando en este momento Haití. Nosotros tenemos que ser muy conscientes en América Latina que nuestra censura es al Pentágono, es al imperialismo, a los norteamericanos, pero es también al gasto militar en la región con fines no populares. Tenemos que estar muy atentos a eso y tener prendidas las alertas.

– Pero para los países que fabrican armas eso es un excelente negocio…

– Ellos viven de eso. La guerra es una necesidad del imperialismo, es una necesidad estructural, no es una opción. Si se fabrican armas, se tiene que usarlas. Hay un grupo de contratistas que viven directamente de esto. Estados Unidos y todo su dispositivo militar asociado: Israel, Colombia, Egipto, Australia. Para Estados Unidos es una necesidad para mantener su supremacía bélica, es una advertencia permanente a otros países como China, en el sentido de que se queden tranquilos, que no intenten desafíos. Hay una reproducción de guerras y una tendencia a la guerra infinita, a la guerra sin proporciones, como forma de ejercer permanentemente esa supremacía, advirtiendo al resto del mundo que nadie se atreva a desafiar el poder imperialista. Contra eso tenemos que batallar.

– Finalmente, ¿usted no descarta que en este proceso terminemos, si no en una guerra mundial, en una serie de conflictos periféricos como estrategia para superar la actual crisis sistema del capitalismo?

– Si, es posible. Pero hay una gran diferencia con los años 30 y es que ya la guerra no es entre potencias tipo Francia contra Alemania, Estados Unidos contra Japón. Hay un imperialismo colectivo asociado que hace guerras contra los frentes periféricos, y hace guerras de advertencias contra países periféricos que pueden ascender. A mí me parece que vamos a tener muchos conflictos porque el imperialismo necesita de ellos, con crisis financiera y sin crisis financiera. Los Estados Unidos terminaron de devastar a Irak, ahora se aprestan a devastar a Afganistán, y están advirtiendo a Irán permanentemente de una posible invasión, así como le están haciendo con Corea del Norte. La crisis acentúa esa tendencia a la guerra, porque está en la naturaleza del sistema, por eso son tan importantes las alternativas como el Foro Social Mundial, mirar las coaliciones antibélicas en el mundo contra la guerra. Surgieron y emergieron unas minorías colectivas en Europa, en América Latina de resistencia a la guerra y me parece que van a seguir reactivándose.

Honduras: profundizar la acción internacional (¿Por qué suspenden el toque de queda?

Editorial de La Jornada

 

Las gestiones de la comunidad internacional por restituir el orden constitucional en Honduras –suspendido desde el pasado 28 de junio a consecuencia de un golpe de Estado– parecen haber entrado, en el fin de semana recién concluido, en un impasse que no favorece más que a las fuerzas participantes en la asonada oligárquico-militar.

Tras los infructuosos intentos de la Organización de Estados Americanos por lograr el regreso de Manuel Zelaya a la presidencia de Honduras –que concluyeron con la expulsión del organismo continental de ese país–, la tarea de gestionar fue asumida por el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, quien convocó a un “diálogo” entre el gobierno constitucional de Zelaya y el régimen espurio que encabeza Roberto Micheletti, cuya primera etapa concluyó el pasado viernes con nulos acuerdos, como era de esperarse, habida cuenta de la intransigencia de los golpistas hondureños.

Por añadidura, las admirables expresiones de resistencia popular que han venido desarrollándose en las últimas dos semanas en las calles de Honduras continúan sufriendo los estragos de la profunda desigualdad de fuerzas con que han enfrentado la brutalidad represiva del ejército y la policía hondureños.

Con este telón de fondo, las autoridades golpistas han anunciado la suspensión del “toque de queda” instaurado desde el pasado 28 de junio en el país centroamericano –pues dicen haber “alcanzado los objetivos de esta disposición, y haber devuelto la calma a la población”–, medida que obedece a un intento por proyectar –con el apoyo de los medios de comunicación de ese país, casi en su totalidad al servicio de la oligarquía– una señal de sosiego y “estabilidad” del todo inverosímil: la represión en contra de las manifestaciones disidentes continúa y amenaza con extenderse, además, hacia los contados sectores nacionales e internacionales de prensa independiente, como lo demuestra la injustificada detención –el pasado sábado– de periodistas venezolanos. En resumen, más que buscar una salida concertada a la crisis política por la que atraviesa Honduras, el gobierno de facto busca ganar tiempo para consolidar su aventura ilegal y antidemocrática, acallar en su totalidad las expresiones de inconformidad y arribar, en noviembre próximo, a la realización de unas elecciones presidenciales a modo, que estarían descalificadas e ilegitimadas de antemano.

Ante este panorama, resulta pertinente y necesario insistir en la importancia de que la comunidad internacional profundice las medidas de presión político-diplomáticas, institucionales y económicas en contra del régimen cuartelario hondureño. La continuidad de tales acciones cobra especial relevancia si se toma en cuenta que, en la circunstancia presente, la comunidad internacional no cuenta con muchas alternativas para lograr la restitución de la legalidad en la infortunada nación centroamericana: las opciones restantes serían el envío de una fuerza militar internacional que desaloje a las autoridades golpistas, o bien la aceptación, así sea a regañadientes, del gobierno impuesto por la vía militar, y ambos escenarios resultan del todo indeseables.

Sin embargo, la acción internacional ha acusado hasta ahora insuficiencia, descoordinación e incluso ha estado marcada por despropósitos inadmisibles. Entre estos últimos, destaca el hecho de que Óscar Arias haya otorgado el “mismo trato” –como él mismo había anunciado desde el jueves pasado– a Manuel Zelaya y a Roberto Micheletti durante el diálogo del fin de semana: con ello, el mandatario costarricense equiparó a un presidente democráticamente electo con un usurpador, al tiempo que envió –así haya sido de manera involuntaria– un mensaje implícito de aliento por demás equívoco y alarmante para quienes en otras naciones decidan emular a los oligarcas hondureños.

 

En la hora presente, es de suma trascendencia que continúen las gestiones diplomáticas de la comunidad internacional para superar una crisis que ha tenido ya un enorme costo político y social para el pueblo hondureño. Pero es igualmente importante que los gobiernos de todo el mundo tengan presente que la salida de esa problemática pasa necesariamente por la conclusión de la intentona golpista, la plena restitución del estado de derecho en Honduras y el retorno de Zelaya al cargo presidencial, y que en ello no hay punto de negociación posible.

Lo que puede hacer Obama en Honduras

Atilio Borón

Rebelión

 

Ante el impasse que se registra en Honduras son muchas las voces que se alzan para denunciar las flaquezas de la respuesta de la Casa Blanca ante el golpe de estado, que oscila entre un reconocimiento verbal de Manuel Zelaya como único presidente legítimo y, contradictoriamente, la subrepticia convalidación del golpe al encomendarle a un obediente portavoz del imperio, Oscar Arias, que actúe como “mediador” en el conflicto.

 

A estas alturas es evidente que la categórica condena al golpe formulada por el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, rompió con una deplorable tradición de esa organización y, seguramente que por eso mismo, provocó que Washington lo sacara rápidamente de escena sustituyéndolo por el dócil presidente costarricense.

Ante estas críticas los defensores de Obama dicen que Estados Unidos no puede hacer más de lo que está haciendo, y que una intervención militar para reponer al presidente constitucional en su cargo sería absolutamente inaceptable. Al plantear las cosas en esos términos la Casa Blanca se lava las manos y favorece, aunque sea de modo indirecto, la postura de los golpistas. El problema para Obama es que si Estados Unidos persiste en esta actitud y el golpe logra consolidarse toda su retórica de un “nuevo comienzo” en las relaciones hemisféricas quedaría irreparablemente dañada y las ilusiones que nutrió su elección se disiparían para siempre, y no sólo en América Latina. Además, la consolidación de los golpistas demostraría que el ocupante de la Casa Blanca no está en control del aparato estatal estadounidense y que sus supuestos subordinados, sobre todo en la CIA y el Pentágono, pueden sostener una política que contraría expresamente las directivas del primer mandatario.

 

Pero Obama tiene otras alternativas a su disposición, mucho más efectivas que una “mediación” de Oscar Arias. Aprovechando la larga experiencia adquirida durante casi medio siglo de bloqueo a Cuba Washington podría tomar algunas medidas parecidas, las que provocarían el inmediato derrumbe de los gorilas hondureños. Por ejemplo, podría llevar a la práctica lo que George W. Bush amenazó hacer en vísperas de la elección presidencial del 2004 en El Salvador cuando Chafik Handal encabezaba cómodamente las preferencias electorales: impedir las remesas de los inmigrantes salvadoreños a su país de origen y advertir a las empresas estadounidenses que preparasen un plan de contingencia para abandonar el país en caso de un triunfo del candidato del FMLN. Bastó que se hiciera ese anuncio para que el pánico se apoderara de la población y el candidato de la conservadora ARENA arrasara en las urnas. Si la Casa Blanca hiciera lo mismo y comenzara sin más dilaciones a entorpecer burocráticamente las remesas de los inmigrantes hondureños en Estados Unidos y a advertir a sus empresas de que tienen que elaborar planes de rápida salida de Honduras Micheletti y su banda durarían lo que un suspiro. Si a eso se le agrega la efectiva interrupción de toda forma de ayuda económica o militar y la solicitud de la Casa Blanca a sus socios europeos de que se abstengan de relacionarse con Tegucigalpa, los días de los golpistas estarían contados. ¿Tendrá Obama la valentía necesaria para impulsar esta alternativa? ¿O ya está resignado a ser un simple mascarón de proa de la alianza reaccionaria que vivió su época de gloria durante los años de George W. Bush?

Argentina: Un dato negativo que expresa la continuidad de la dependencia

Sigue la extranjerización de la economía, con buena salud de los grupos concentrados

 

Emilio Marín

La Arena

 

En algunos casos ese predominio de las multinacionales en Argentina se logró adquiriendo empresas vía privatizaciones o con inversiones directas. Esas multis se abrieron paso en el mercado doméstico a los codazos, arropados por el crédito de los bancos extranjeros con los cuales están vinculados por mil lazos públicos o reservados.

En otros ejemplos esa mayor porción de negocios se logró con la ayuda del Estado rioplatense, que en los ´90 vendió a precio vil las empresas estatales con el cuento de que sobrevendría un mejor servicio y más barato para los argentinos. En otros años, proporcionó contratos más que redituables para lo que se llamó la “Patria contratista”.

Lo cierto es que de una u otra forma, más los resultados predecibles cuando en un mercado monopolizado juegan –con el referí comprado- determinados jugadores estrellas y otros que son del montón, el capitalismo local está cada vez más concentrado y extranjerizado.

La Encuesta de Grandes Empresas reveló en 2007 que de las 500 mayores firmas hay 337 extranjeras y sólo 163 nacionales. Tomando el dato aislado se podría deducir que el kirchnerismo es más entreguista que el menemismo, pues en 1993 esta relación era de 219 y 281 respectivamente. En realidad la cifra no debe ser tomada así, en el aire. Si se pone en el contexto del resto de la economía, esa conclusión política favorable al hombre de Anillaco sería invalidada. Es que ahora hay más intervención del Estado no sólo con controles sino incluso con una decena de empresas y servicios donde directamente tomó el control (Correo, Aerolíneas, eliminación de las AFJP, designación de directores y/o veedores en directorios de firmas privadas, etc).

De todas formas, con esos matices, idas y venidas, es evidente que el peso de las multinacionales sigue siendo muy elevado en la economía local. Hay renglones donde hay un dominio absoluto, de cien por ciento, como el de las terminales automotrices. Ford, Volkswagen, Citroen-Peugeot, General Motors, Fiat, Iveco, Renault, Toyota y otros socios de la Asociación de Fábricas de Automotores son todos foráneos.

La lógica de estos ejecutivos es hacer aquí lo que le ordenan en Detroit, París, Turín y otras capitales donde funcionan sus casas matrices. La consecuencia está a la vista. En octubre de 2008, las terminales de Adefa estaban concluyendo un año perfecto, con récord de ventas (628.000 unidades) pero ante los primeros nubarrones en Estados Unidos y Europa, tras el estallido de Wall Street, comenzaron a suspender y hasta despedir masivamente empleados. Abrían el paraguas cuando en Argentina aún no llovía…

Por eso es cuestionable que la presidenta de la Nación haya acudido en junio pasado a la planta de General Motors en Alvear, próxima a Rosario, a conceder un préstamo de 70 millones de dólares. Ese dinero de la Anses mereció mejor destino, entre empresas nacionales de las Pymes, cooperativas, familias campesinas, fábricas recuperadas, etc. Que a la GM la ayude la administración Obama, que hoy es su mayor controlante.

 

Los bancos, a full

Los bancos que operan en nuestro país, salvo excepciones, no dan créditos blandos a pequeñas empresas ni tan siguiera a particulares con alguna entrada fija importante con vistas a construir o adquisición de vivienda. La operatoria lanzada en 2007 en tal sentido fue un fracaso estruendoso. A lo sumo son los bancos oficiales –que por medio del Nación y el Bapro encabezan la lista de entidades por depósitos- los que tienen algunas operatorias favorables a la producción y, por ende, el empleo.

Tal amarretismo de préstamos y las ofertas a intereses muy pero muy elevados que generalmente son enjuiciadas en las solicitadas de CAME, no se condice con los números robustos que caracterizan a los balances.

En 2008 las ganancias bancarios superaron los 4.400 millones de pesos, según estadísticas incompletas del Banco Central, pues faltaban dos meses para completar el ejercicio.

Los bancos tienen en el BCRA 47.7 mil millones de pesos, o sea 30.000 millones por encima de lo exigido, una masa que potencialmente podría engrosar su oferta de créditos.

Los primeros diez bancos en el ranking por depósitos tienen el 76 por ciento del total (LA ARENA 23/4). Y en ese pelotón de avanzada hay varias entidades extranjeras, como el Banco Francés (3º), Santander Río (4º), ambos españoles; el británico HSBC (7º) y el estadounidense Citibank (8º).

El total de depósitos asciende a 236.000 millones de pesos pero los créditos no llegan a la mitad, 149.000 millones, y no son para cualquiera.

Dato al margen: algunos millonarios argentinos, disconformes con lo que pagan aquí las entidades, buscaron mejores rendimientos en bancos off shore o emprendimientos aún menos cristalinos que esos, que ya es mucho decir. Algunos fueron estafados por el estadounidense Bernard Madoff, quien dejó un tendal por 50.000 millones de dólares.

Entre los perjudicados están “una ex dueña de una empresa cementera y el ex dueño de un canal de televisión deportivo”, informaba “La Nación” del 27/5. ¿Era una forma piadosa de referirse a Amalia de Fortabat y Carlos Avila? Como se trataría de dinero no declarado y sacado al exterior para no pagar impuestos, es muy difícil identificar a los estafados por Madoff. Incluso las demandas judiciales no se hicieron a nombre propio, para no deschavarse, sino como grupo de inversores…

 

Falsa bandera

Uno de los que tiene que hacer frente a esos resarcimientos, porque operaba aquí a cuenta de Madoff, es el Banco Santander. Sin embargo, ni pestañea por esos pagos pues tiene muchísimo más por ganar. En Argentina y resto de Latinoamérica, sobre todo México, tiene 6.000 oficinas, 94.000 empleados y 41 millones de clientes. Vestido con los colores nacionales de varios de esos países, el Santander está listo para festejar el Bicentenario tal como lo propone Cristina Fernández. Sus banqueros hasta son capaces de gritar “Viva la Patria”, aunque son más borbones que Fernando VII.

Hablando de falsa bandera, ese es el modus operandi de Techint, que motorizó a la Unión Industrial, Asamblea Empresaria Argentina, Centro de Exportadores, Fundación Mediterránea, Cámara de la Construcción, Bolsa de Comercio, Centro de Industriales Metalúrgicos y los variados seminarios de industriales de primer nivel para que salieran en su defensa, frente a la estatización de tres firmas suyas que decidió el gobierno de Venezuela.

Héctor Méndez, de UIA, Luis Pagani de Arcor-AEA y demás directivos de aquellas entidades, hicieron destempladas declaraciones contra Hugo Chávez. Incluso presionaron al Congreso argentino, que ya aprobó una ley acordando la incorporación de Caracas al Mercosur, para que anule ese ingreso. Entre los activistas de esta cruzada seudo patriótica están Paolo Rocca, Luis Betnaza y Daniel Novegil, respectivamente el presidente y los dos principales directivos del monopolio siderúrgico.

Que esos grupos concentrados defiendan con uñas y dientes sus negocios, es archisabido. Pero no deberían hacerlo enfundándose en la celeste y blanca porque se trata de una trasnacional con sede en el paraíso fiscal de Luxemburgo y que tiene en Argentina sólo el 20 por ciento de su personal.

Se trata de un peso pesado a nivel mundial, con 22.000 empleados y 51.600 millones de dólares de facturación anual de negocios en México, Colombia, EE UU y Asia, más los de su casa en Italia. Venezuela le cortó un tentáculo, Sidor, aunque lo pagó a precio de oro, 1.970 millones de dólares, que no fueron óbice para que el monopolio castigara al gobierno bolivariano con ese boicot a su llegada al Mercosur.

Concluida en lo fundamental esa maniobra, a mediados de junio, Rocca y los directivos de Tenaris, su firma de tubos sin costura para la industria petrolera, se fueron felices a repartir los dividendos de 354 millones de dólares. A la semana siguiente apretaron a sus empleados jerárquicos para que aceptaran “voluntariamente” un recorte del 15 por ciento de sus salarios.

No vaya a creerse que Cristina se disgustó mucho con Rocca. El día antes que se confirmara el reparto del dividendo millonario, la presidenta anunció que prorrogaba la “ley Techint”, de 1.200 millones de pesos de subsidios para la promoción industrial de las grandes empresas.

 

La doctrina social de la Iglesia

Fede de los Ríos

Gara

El representante en la tierra de aquél que afirmó que su reino no era de este mundo se ha reunido con Obama y señora en el Estado vaticano. Para la ocasión ella lucía vestido negro con velo incluido, perdón, mantilla en la cabeza. Con mantilla también acudieron a ver a su santidad las «primeras damas» de los «líderes» que asisten a la cumbre del G-8.

Benedicto XVI, obsequió al mandatario estadounidense con un ejemplar firmado de su última encíclica «Caritas in Veritate» («Caridad en la Verdad») en donde, entre otras cosas, arremete contra el control de la natalidad, el laicismo propugnado por los gobiernos, el aborto y la práctica de la eugenesia en los nacimientos y defiende la economía de mercado como sistema económico, eso sí un capitalismo más humano. Para acabar con cierto toque ecológico pensando en el mundo que vamos a dejar a las futuras generaciones y apelando a que los animalillos, aun carentes de alma, también son fruto de la creación.

A lo largo de la encíclica ratzingeriana se hace repaso de las encíclicas anteriores que fundamentaron la llamada doctrina social de la Iglesia. El pastor alemán hace mención a «Rerum Novarum» («Sobre la situación de los obreros»), del sumo pontífice León XIII que en el año 1891 intenta «determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo», ataca a «los socialistas, que atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes». El simpático León XIII, unos años antes había publicado otra encíclica monográfica, la «Quod apostolici muneris» («Contra el comunismo y el socialismo») donde tildaba a sus partidarios de herejes y encarnación del mal, defendía el derecho a la propiedad privada como derecho natural y a la economía de mercado como sistema económico cristiano.

Ratzinger, en su nueva encíclica, asimismo, destaca los aportes a la doctrina social católica de Pablo VI en «Populorum progressio» («El desarrollo de los pueblos»), en la que se afirman los beneficios y progresos que ha aportado el colonialismo a los pueblos menos desarrollados, beneficiados por la introducción de la técnica y de la economía de mercado y de lo malas que son las insurrecciones armadas de los pueblos por su independencia.

Uno puede leerse las encíclicas de los papas -ejercicio altamente recomendable para saber con quién se juega uno los cuartos-, después leer los evangelios (incluso los apócrifos) y asombrarse del cinismo que practican los que dicen ser representantes de Cristo en la tierra. Aquél Jesús que, según un tal Marcos, dijo «anda, vende todo lo que tienes, da el dinero a los pobres -así tendrás un tesoro en el cielo-, y luego sígueme», después cuentan que sentenció aquello de es más fácil entrar a un camello por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los cielos.

Los papas no sólo han agrandado el ojo de la aguja por donde pasar caravanas de camellos, sino que han sido grandes artífices en convertir la tierra en un infierno para los pobres.

La estrategia de retroceso de Obama: Honduras, Iran, Pakistan, Afganistán (y el efecto boomerang)

James Petras

Rebelión

 

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos y Loles Oliván

Los recientes acontecimientos en Honduras e Irán, que enfrentan a regímenes elegidos democráticamente con actores civiles y militares pro-estadounidenses decididos a derrocarlos, se pueden entender mejor como parte de una estrategia más amplia de la Casa Blanca designada para hacer retroceder* los logros de los gobiernos y movimientos de oposición durante los años Bush.

De una manera que recuerda las políticas de la Nueva Guerra Fría de Ronald Reagan, Obama ha aumentado enormemente el presupuesto militar, el número de tropas de combate, ha marcado nuevas regiones como objetivo de la intervención militar y respaldado golpes militares en regiones tradicionalmente controladas por Estados Unidos. Sin embargo, la estrategia de retroceso de Obama tiene lugar en un contexto interno e internacional muy diferente. A diferencia de Reagan, Obama se enfrenta a una profunda y prolongada recesión/depresión, a déficits fiscales y comerciales generalizados, a un papel cada vez menor en la economía mundial y a una pérdida de dominio político en América Latina, Oriente Próximo, este de Asia y otros lugares. Mientras que Reagan se enfrentó a un decadente régimen comunista soviético, Obama se enfrenta a una creciente oposición a escala mundial desde una variedad de regímenes electorales independientes laicos, clericales, nacionalistas, democrático liberales y socialistas, y de movimientos sociales anclados en luchas locales.

La estrategia de retroceso de Obama es evidente desde sus primeras declaraciones en las que prometía reafirmar el dominio (‘liderazgo’) estadounidense en Oriente Próximo, su proyección de potencia militar generalizada en Afganistán y de expansión militar a Pakistán, y la desestabilización de regímenes a través una profunda intervención por medio de terceros, como en Irán y Honduras.

El hecho de que Obama persiga la estrategia de retroceso opera en una multifacética política de abierta intervención militar, de operaciones encubiertas a través de la ‘sociedad civil’ , de una retórica diplomática aparentemente benigna de sutil persuasión que depende en mucho de la propaganda mediática. Los importantes acontecimientos que se están desarrollando actualmente ilustran las políticas de retroceso puestas en marcha.

En Afganistán Obama ha más que duplicado el número de fuerzas militares estadounidenses que han pasado de 32.000 a 68.000. Durante la primera semana de julio sus comandantes militares emprendieron la mayor ofensiva militar única desde hace décadas en la provincia del sur afgano de Helmand para desplazar a la resistencia y al gobierno indígena.

En Pakistán el régimen Obama-Clinton-Holbrooke ejerció con éxito la máximo presión sobre el recién instalado régimen cliente de Zedari para emprender una ofensiva militar masiva y hacer retroceder a las fuerzas de la resistencia islámica operativas desde hace mucho tiempo en las regiones fronterizas del noroeste, mientras los drones [aviones teledirigidos] y los comandos de las fuerzas especiales estadounidenses bombardean y asaltan rutinariamente los pueblos y a los dirigentes locales pastún sospechosos de apoyar a la resistencia.

En Iraq, el régimen de Obama emprende el ridículo complot de reconfigurar el mapa urbano de Bagdad para incluir bases militares y operaciones estadounidenses, y hacer pasar el resultado por “retirar las tropas a sus barracas”. La multimilmillonaria inversión a largo plazo de Obama, su infraestructura militar a larga escala, incluyendo bases, campos de aviación e instalaciones, habla de una presencia imperial ‘permanente’, no de sus promesas de campaña de una retirada programada. Mientras que ‘la puesta en escena’ de elecciones fijas entre candidatos que son clientes certificados por Estados Unidos es la norma en Iraq y Afganistán, donde la presencia de tropas estadounidenses garantiza una victoria colonial, en Irán y Honduras Washington recurre a operaciones encubiertas para desestabilizar o derrocar a los presidentes en ejercicio que no apoyan las políticas de retroceso de Obama.

La operación encubierta y no tan visible en Irán encontró su expresión en un fracasado desafío electoral seguido de ‘manifestaciones masivas en las calles’ centradas en la afirmación de que la victoria electoral del anti-imperialista presidente en ejercicio Mahmoud Ahmadinejad fue el resultado de un ‘fraude electoral’. Los medios de comunicación de masas occidentales desempeñaron un papel fundamental durante la campaña electoral al proporcionar una cobertura favorable exclusivamente de la oposición y aspectos negativos del régimen en ejercicio. Los medios de comunicación de masas recubrieron las ‘noticias’ con propaganda a favor de los manifestantes al presentar selectivamente la cobertura para deslegitimar las elecciones y a los altos cargos electos, y hacerse eco de las acusaciones de ‘fraude’. El éxito de propaganda de la campaña de desestabilización orquestada por Estados Unidos incluso encontró un eco entre amplias secciones de lo que pasa por la ‘izquierda’ estadounidense la cual ignora la enorme financiación coordinada por Estados Unidos de grupos y políticos iraníes clave involucrados en las protestas en las calles. ‘Periodistas free-lance’ neo-conservadores, liberales e izquierdistas itinerantes, como Reese Erlich, defendieron la campaña de desestabilización desde su propio punto de vistas estratégico particular como ‘un movimiento democrático popular contra el fraude electoral’.

Los animadores de derecha/izquierda de los proyectos de desestabilización estadounidenses no consideraron varios factores explicativos clave:

1. Por ejemplo, ninguno de ellos habló del hecho de que varias semanas antes de las elecciones un riguroso estudio dirigido por dos encuestadores estadounidenses había revelado unos resultados electorales muy cercanos al resultado real de las elecciones, incluidas las provincias étnicas en las que la oposición afirmó que había habido fraude.

2. Ninguno de los críticos habló de los 400 millones de dólares concedidos por la administración Bush para financiar el cambio de régimen, la desestabilización interna y las operaciones terroristas transfronterizas. Muchos de los estudiantes y de las ONG de la ‘sociedad civil’ en las manifestaciones recibieron fondos de fundaciones y ONG extranjeras, financiadas a su vez por el gobierno estadounidense.

3. Las acusaciones de fraude electoral se elaboraron después de que se anunciaran los resultados de las elecciones. Durante todo el periodo previo a las elecciones, especialmente cuando las oposición creían que iba a ganarlas, ni los estudiantes que luego se manifestaron ni los medios de comunicación de masas occidentales ni los periodistas freelance hablaron de un fraude inminente. Durante todo el día de las elecciones, con observadores de la oposición en cada colegio electoral, ni los medios de comunicación ni los observadores internacionales y los izquierdistas que apoyaban a la oposición señalaron que se hubiera intimidado a los votantes o hubiera habido fraude. Los observadores de los partidos de la oposición estuvieron presentes para controlar todo el proceso de recuento de votos y, sin embargo, sólo con raras excepciones, no hubo entonces afirmaciones de pucherazo. De hecho, excepto una dudosa afirmación del periodista free-lance Reese Erlich, ninguno de los medios de comunicación del mundo afirmó que hubiera habido más votos de los censados. E incluso se admitió que las afirmaciones de Erlich se basaban en ‘relatos anecdóticos’ de fuentes anónimas entre sus contactos en la oposición.

4. Durante la primera semana de protestas en Teherán los dirigentes estadounidenses, los de la Unión Europea y los israelíes no cuestionaron la validez del resultado de las elecciones. En cambio condenaron la represión de los manifestantes por parte del régimen. Evidentemente, sus bien informados operativos de inteligencia y embajadas proporcionaron una valoración más acertada y sistemática de las preferencias de los votantes iraníes que la propaganda urdida por los medios de comunicación de masas occidentales y los tontos útiles entre la izquierda anglo-estadounidense.

La oposición electoral y en las calles respaldada por Estados Unidos en Irán fue diseñada para llevar al límite una campaña de desestabilización, con la intención de hacer retroceder la influencia iraní en Oriente Próximo, minar la oposición de Teherán a la intervención militar estadounidense en el Golfo, a su ocupación de Iraq y, sobre todo, el desafío por parte de Irán a la proyección de poder militar de Israel en la región. Durante años la política y la propaganda anti-iraní ha estado fuertemente influenciada a diario por toda la configuración de poder en favor de Israel existente en Estados Unidos. Esto incluye a 51 presidentes de las principales organizaciones judías de Estados Unidos con más de un millón de miembros y varios miles de funcionarios a tiempo completo, multitud de escritores y comentaristas que dominan las páginas de opinión tanto de los influyentes Washington Post, Wall Street Journal, New York Times como de la prensa amarilla.

La política de Obama de hacer retroceder la influencia iraní se basó en un proceso en dos etapas: apoyar a una coalición de disidentes del clero, liberales pro-occidentales, disidentes demócratas y derechistas vicarios de Estados Unidos. Una vez que llegaran el poder, Washington empujaría a los clérigos disidentes a alianzas con sus aliados estratégicos entre los liberales y derechistas pro-occidentales, que entonces cambiarían la política de acuerdo con los intereses imperialistas estadounidenses y coloniales israelíes cortando el apoyo a Siria, Hizbola, Hamás, Venezuela, la resistencia iraquí y abrazando a los clientes saudí-iraquí-jordanos pro-estadounidenses. En otras palabras, la política de retroceso de Obama está diseñada para volver a situar a Irán en su alineamiento político anterior a 1979.

La [estrategia] por parte de Obama de hacer retroceder a regímenes electos críticos para imponer clientes acomodaticios encuentra otra expresión en el reciente golpe militar en Honduras. El uso del alto mando del ejército de Honduras y de los viejos vínculos de Washington con la oligarquía local, que controla el Congreso y el Tribunal Supremo, facilitó el proceso y obvió la necesidad de una intervención directa estadounidense —como fue el caso en otras recientes campañas golpistas. A diferencia de Haití donde hace sólo una década intervinieron los marines estadounidenses para derrocar al democráticamente elegido Bertrand Aristide y respaldaron abiertamente el fallido golpe contra el presidente Chávez en 2002 y, más recientemente, financiaron el chapucero golpe contra el presidente electo Evo Morales en septiembre de 2008, las circunstancias de la implicación estadounidense en Honduras fueron más discretas para posibilitar un ‘desmentido creíble’.

La ‘presencia estructural’ y los motivos de Estados Unidos en relación al derrocado presidente Zelaya son fácilmente identificables. Históricamente Estados Unidos ha adiestrado y ha tratado con prácticamente todo el cuerpo de oficiales de Honduras y ha mantenido una profunda penetración en todos los altos niveles gracias a consultas diarias y a una planificación estratégica común. A través de su base militar en Honduras los agentes de la inteligencia militar del Pentágono mantienen estrechos contactos tanto para llevar a cabo las políticas como para seguir la pista de todos los movimientos políticos por parte de todos los actores políticos. Como Honduras está tan fuertemente militarizada ha servido de importante base para la intervención militar estadounidense en la región: en 1954 se lanzó desde Honduras el golpe con éxito respaldado por Estados Unidos contra el presidente guatemalteco elegido democráticamente. En 1960 se lanzó desde Honduras la invasión del exilio cubano orquestada por Estados Unidos. Desde 1981 a 1989 Estados Unidos financió y adiestró a más de 20.000 mercenarios de la ‘contra’ en Honduras que integraban el ejército de escuadrones de la muerte para atacar al gobierno sandinista nicaragüense elegido democráticamente. Durante los primeros siete años del gobierno de Chávez los regímenes hondureños se aliaron incondicionalmente a Washington en contra del regimen popular de Caracas.

Obviamente, nunca ha habido o podría haber un golpe militar contra ningún régimen títere de Estados Unidos en Honduras. La clave del cambio de la política estadounidense en relación a Honduras se produjo en 2007-2008 cuando el presidente liberal Zelaya decidió mejorara las relaciones con Venezuela para asegurar el generoso subsidio de petróleo y la ayuda exterior de Caracas. Posteriormente Zelaya entró en ‘Petro-Caribe’, una asociación del Caribe y Centroamérica organizada por Venezuela para suministrar petróleo y gas a largo plazo y bajo coste para satisfacer las necesidades de los países miembro. Más recientemente, Zelaya se unió al ALBA, una organización de integración regional patrocinada por el presidente Chávez para promocionar más intercambios comerciales e inversiones entre sus países miembro en oposición al pacto de libre mercado promovido por Estados Unidos conocido como el ALCA.

Dado que Washington considera a Venezuela una amenaza y una alternativa a su hegemonía en América Latina, el alineamiento de Zelaya con Chávez en cuestiones económicas y su postura crítica respecto a la intervención estadounidense lo convirtieron en un objetivo probable de los planificadores de golpes estadounidenses deseosos de convertir a Zelaya en un ejemplo y preocupados por su acceso a las bases militares hondureñas, tradicional punto de lanzamiento de su intervención en la región.

Washington asumió equivocadamente que un golpe en una pequeña ‘república bananera’ (de hecho, la república bananera original) en Centroamérica no provocaría ninguna protesta importante. Creyeron que el ‘retroceso’ centroamericano serviría de advertencia a otros regímenes con mentalidad independiente en la región del Caribe y Centroamérica de lo que les espera si se alienan con Venezuela.

La mecánica del golpe es bien conocida y pública: el ejército hondureño secuestró al presidente Zelaya y lo “exilió” a Costa Rica, los oligarcas nombraron “presidente” a uno de los suyos en el Congreso, mientras sus colegas del Tribunal Superior de Justicia proporcionaban un falaz argumento legal.

Los gobiernos de América Latina, desde la izquierda a la derecha, condenaron el golpe y reclamaron el restablecimiento del presidente legalmente elegido. El presidente Obama y la secretaria de Estado Clinton, que no estaban dispuestos a renegar de sus clientes, condenaron la violencia sin más especificaciones y pidieron negociaciones entre los poderosos usurpadores y el debilitado presidente en el exilio —un claro reconocimiento del papel legítimo de los generales hondureños como interlocutores.

Una vez que la Asamblea General de Naciones Unidas condenó el golpe y que la Organización de Estados Americanos (OEA) exigió la restitución de Zelaya, Obama y la secretaria Clinton condenaron finalmente el derrocamiento de Zelaya, aunque se negaron a llamarlo “golpe”, lo que de acuerdo con la legislación de EEUU habría dado lugar automáticamente a una suspensión total de su paquete anual de ayuda militar y económica (80 millones de dólares) a Honduras. Mientras que Zelaya se reunió con todos los jefes de Estado latinoamericanos, el presidente Obama y la secretaria Clinton le remitieron a un funcionario de rango menor a fin de no debilitar a sus aliados de la Junta de Honduras. Todos los países de la OEA retiraron a sus embajadores, salvo Estados Unidos, cuya embajada comenzó a negociar con la Junta para ver cómo se podría salvar la situación en la que ambos se encontraban cada vez más aislados —especialmente ante el hecho de la expulsión de Honduras de la OEA.

Que Zelaya regrese finalmente a su puesto o que la Junta respaldada por Estados Unidos continúe en el cargo durante un periodo prolongado de tiempo mientras Obama y Clinton sabotean su regreso inmediato a través de prolongadas negociaciones, la cuestión clave de la estrategia de retroceso promovida por Estados Unidos ha sido extremadamente costosa desde el punto de vista diplomático y político.

El golpe en Honduras respaldado por Estados Unidos demuestra que, a diferencia de la década de 1980, cuando el presidente Ronald Reagan invadió Granada y el presidente George Bush (padre) invadió Panamá, la situación y el perfil político de América Latina (y del resto del mundo) han cambiado drásticamente. Entonces los militares y los regímenes pro-estadounidenses de la región aprobaron en general las intervenciones de Estados Unidos y colaboraron; algunos protestaron ligeramente. Hoy en día, el centro-izquierda, e incluso los regímenes electorales de la derecha, se oponen a los golpes militares en cualquier parte [porque los ven] como una amenaza potencial para su propio futuro.

Es igualmente importante que, habida cuenta de la grave crisis económica y del aumento de la polarización social, lo último que quieren los correspondientes regímenes es un sangrante malestar interno estimulado por crudas intervenciones imperiales de Estados Unidos. Por último, las clases capitalistas de los países latinoamericanos de centro-izquierda quieren estabilidad porque pueden cambiar el equilibrio de poder a través de las elecciones (como en los recientes casos de Panamá y Argentina) y los regímenes militares favorables a Estados Unidos pueden alterar sus crecientes lazos comerciales con China, Oriente Próximo y Venezuela/Bolivia.

La estrategia de retroceso global de Obama incluye la construcción de bases de misiles en Polonia y la República Checa, no muy lejos de la frontera con Rusia. Obama está empujando fuerte para incorporar a Ucrania y a Georgia en la OTAN, lo que aumentará la presión militar de Estados Unidos en el flanco sur de Rusia. Aprovechando la “plasticidad” del presidente ruso Dimitry Medvedev (siguiendo las huellas de Mikail Gorbechov), Washington se ha asegurado el libre paso de tropas y armamento estadounidenses a través de Rusia hasta el frente afgano; la aprobación de Moscú de nuevas sanciones contra Irán, y reconocimiento y apoyo al régimen tutelado de EEUU en Bagdad. Los responsables de Defensa rusos cuestionarán probablemente el obsequioso comportamiento de Medvedev en cuanto Obama avance en su proyecto de estacionar misiles nucleares a cinco minutos de Moscú.

Hacer retroceder: fallos predecibles y efecto boomerang

La estrategia de retroceso de Obama cuenta con un renacimiento de políticas derechistas de masas para legitimar la reafirmación del dominio estadounidense. A lo largo de 2008 en Argentina cientos de miles de manifestantes de clase media y baja salieron a las calles en el interior del país bajo la dirección de las asociaciones de grandes terratenientes pro-estadounidenses para desestabilizar el régimen de centro-izquierda de Fernández. En Bolivia, cientos de miles de estudiantes de clase media, empresarios, propietarios y afiliados a ONG, tomaron Santa Cruz y otras cuatro provincias ricas y, bien financiados por el embajador Goldberg, por la Agencia para el Desarrollo Internacional y la Donación Nacional para la Democracia se lanzaron a las calles, generando el caos y asesinando a 30 indígenas seguidores del presidente Morales en un intento de expulsarle del poder. Similares manifestaciones masivas de derechas han tenido lugar en el pasado en Venezuela y más recientemente en Honduras y en Irán.

La idea de que las manifestaciones masivas de sectores acomodados gritando “democracia” da legitimidad a los intentos deslegitimadores de EEUU contra sus adversarios democráticamente elegidos es una idea promulgada por cínicos propagandistas en los medios de comunicación y repetida como loros por crédulos y “progresistas” periodistas free-lance que nunca han entendido los fundamentos de clase en la política de masas.

El golpe hondureño de Obama y el esfuerzo de desestabilización financiado por Estados Unidos en Irán tienen mucho en común. Ambos tienen lugar en contra de los procesos electorales en los que los críticos de las políticas de Estados Unidos derrotaron a las fuerzas sociales favorables a Washington. Habiendo perdido la “opción electoral”, la estrategia de retroceso de Obama trata de que la política extraparlamentaria de masas legitime los intentos de la elite para hacerse con el poder: en Irán a través de clérigos disidentes, y en Honduras por los generales y oligarcas.

Tanto en Honduras como en Irán, los objetivos de la política exterior de Washington eran los mismos: hacer retroceder a los regímenes cuyos dirigentes rechazaron la tutela de Estados Unidos. En Honduras, el golpe sirve de “lección” para intimidar a otros países centroamericanos y del Caribe que se han salido de la órbita de Estados Unidos y se han unido a los programas de integración económica encabezados por Venezuela. El mensaje de Obama es claro: esos movimientos tendrán como resultado el sabotaje orquestado de Estados Unidos y sus represalias.

A través de su apoyo al golpe militar, Washington recuerda a todos los países de América Latina que Estados Unidos todavía tiene capacidad para aplicar sus políticas a través de las elites militares latinoamericanas, a pesar de que sus propias fuerzas armadas están atadas de pies y manos en guerras y ocupaciones en Asia y Oriente Próximo, y de que su presencia económica esté disminuyendo. Del mismo modo, en Oriente Próximo, la desestabilización del régimen iraní por parte de Obama está destinada a intimidar a Siria y a otros críticos de la política imperial de Estados Unidos, y a tranquilizar a Israel (y a quienes configuran el poder sionista en Estados Unidos) respecto a que Irán sigue ocupando un lugar importante en su agenda de retrocesos.

La política de Obama de hacer retroceder sigue los pasos, en muchos sentidos cruciales, del presidente Ronald Reagan (1981-1989). Al igual que Reagan, la presidencia de Obama tiene lugar en un momento de retirada estadounidense, de disminución de poder y de avance de la política anti-imperialista. Reagan hizo frente a las secuelas de la derrota de Estados Unidos en Indochina, al éxito de la difusión de las revoluciones anti-coloniales en el sur de África (especialmente Angola y Mozambique), al éxito de la rebelión democrática en Afganistán, a una victoriosa revolución social en Nicaragua y a grandes movimientos revolucionarios en El Salvador y Guatemala. Al igual que hoy Obama, Reagan puso en marcha una estrategia militar asesina para hacer retroceder estos cambios a fin de socavar, desestabilizar y destruir a los adversarios del imperio de Estados Unidos.

Obama se enfrenta a un conjunto similar de condiciones adversas en la actual era post-Bush: avances democráticos en toda América Latina con nuevos proyectos de integración regional que excluyen a Estados Unidos; derrotas y estancamientos en Oriente Próximo y en Asia meridional; una proyección de poder ruso reactivado y fortalecido en las repúblicas ex–soviéticas; la disminución de la influencia de Estados Unidos en los compromisos militares de la OTAN; una pérdida de credibilidad política, económica, militar y diplomática como resultado de la depresión económica mundial inducida por Wall Street y la prolongación sin éxito de guerras regionales.

Al contrario que la de Obama, la estrategia de retroceso de Ronald Reagan tuvo lugar bajo circunstancias favorables. En Afganistán, Reagan consiguió el apoyo de todo el mundo musulmán conservador y operó a través de los feudales dirigentes tribales afganos, que resultaron ser clave, contra un régimen reformista, de base urbana y respaldado por los soviéticos en Kabul. Obama está en la posición inversa en Afganistán. La vasta mayoría de los afganos y la inmensa mayoría de la población musulmana en Asia se oponen a su ocupación militar.

La estrategia de retroceso de Reagan en Centroamérica, especialmente su invasión mercenaria de la Contra en Nicaragua, contó con el apoyo de Honduras y de todas las dictaduras militares pro-estadounidenses en Argentina, Chile, Bolivia y Brasil, así como de los gobiernos civiles de derechas de la región. En contraste, el golpe de reversión de Obama en Honduras y en el exterior se enfrenta con regímenes electorales democráticos en toda la región, una alianza de regímenes nacionalistas de izquierda encabezada por Venezuela y organizaciones regionales económicas y diplomáticas firmemente opuestas a cualquier retroceso a la dominación y a la intervención de Estados Unidos. La estrategia de retroceso de Obama se halla ante un absoluto aislamiento político en toda la región.

La política de hacer retroceder de Obama no puede ejercer la “mano dura” económica para obligar a los regímenes en Oriente Próximo y Asia a que apoyen sus políticas. Ahora existen mercados asiáticos alternativos, inversiones extranjeras de China, la profundización de la depresión estadounidense y la desinversión en el exterior de bancos y multinacionales de Estados Unidos. A diferencia de Reagan, Obama no puede combinar la zanahoria económica con el palo militar. Obama tiene que recurrir a la opción militar menos eficaz y menos costosa en un momento en que el resto del mundo no tiene ningún interés ni voluntad de proyectar poder militar en regiones de escasa importancia económica o a cuyos mercados se puede acceder a través de acuerdos económicos.

El lanzamiento de la estrategia global de retroceso de Obama ha tenido un efecto boomerang incluso en su fase inicial. En Afganistán, la gran acumulación de tropas y la ofensiva masiva contra las plazas fuertes de los “talibán” no ha dado lugar a grandes victorias militares, ni siquiera a enfrentamientos. La resistencia se ha retirado, mezclada con la población local, y probablemente recurra a una guerra de desgaste prolongada, descentralizada y a pequeña escala, diseñada para comprometer a varios miles de efectivos militares en un mar hostil de afganos, sangrando la economía de Estados Unidos, aumentando sus bajas sin resolver nada y, eventualmente, probando la paciencia de la opinión pública estadounidense profundamente inmersa en la actualidad en las pérdidas de puestos de trabajo y en la rápida disminución del nivel de vida.

El golpe llevado a cabo por los militares hondureños y respaldado por Estados Unidos ya ha reafirmado el aislamiento político y diplomático estadounidense en el Hemisferio. El régimen de Obama es el único de los países importantes que ha mantenido a su embajador en Honduras, el único país que se niega a considerar el golpe militar como un “golpe”, y el único que mantiene la ayuda económica y militar. Más que establecer un ejemplo del poder de Estados Unidos para intimidar a los países vecinos, el golpe ha reforzado la convicción entre todos los países de Sudamérica y Centroamérica de que Washington está tratando de volver a los “viejos malos tiempos” de regímenes militares pro-estadounidenses, al saqueo económico y a los mercados monopolizados.

Lo que los asesores de política exterior de Obama no han logrado entender es que no pueden poner a sus “Humpty Dumpty”** juntos de nuevo; que no pueden volver a la época de [la estrategia de] retroceso de Reagan, de los bombardeos unilaterales contra Iraq, Yugoslavia y Somalia, de Clinton, ni a su saqueo de América Latina.

Ninguna región, país o alianza de importancia seguirá a Estados Unidos en su ocupación colonial armada en países de la periferia (Afganistán/Pakistán) o incluso centrales (Irán) aunque se unan a Estados Unidos en las sanciones económicas, las guerras y los esfuerzos de desestabilización electoral en contra de Irán.

Ningún país latinoamericano tolerará otro golpe militar de Estados Unidos contra un presidente democráticamente elegido, incluso los regímenes nacionales populistas que divergen de la política económica y diplomática estadounidense. El gran temor y el horror ante el golpe respaldado por Estados Unidos se deriva del recuerdo por parte de toda la clase política latinoamericana de la pesadilla de los años de dictaduras militares apoyadas por Estados Unidos.

La ofensiva militar de Obama, su estrategia de hacer retroceder para recuperar el poder imperial, está acelerando el declive de la República Estadounidense. El aislamiento de su administración se pone cada vez más de manifiesto por su dependencia de los “Israel primero” que ocupan su administración y el Congreso, así como los influyentes expertos pro-israelíes en los medios de comunicación que identifican el retroceso con la propia confiscación de tierras palestinas por parte de Israel y las amenazas militares a Irán.

El retroceso tiene efecto boomerang. En vez de recuperar la presencia imperial, Obama ha sumergido la República y, con ella, al pueblo estadounidense en una mayor miseria e inestabilidad.

Los libros más recientes de lames Petras son Whats Left in Latin America, del que es co-autor junto con Henry Veltmeyer (Ashgate press 2009) y Global Depression and Regional Wars (Clarity press 2009 –agosto).

 

 

 

(*) N de las t.: El título en ingles reza: “Obama’s Rollback Strategy: Honduras, Iran, Pakistan, Afghanistan (and the Boomerang Effect)” en el que ‘rollback’ se utiliza con el significado que adquirió durante el periodo de la Guerra Fría y, según el autor, “en el sentido de hacer retroceder, revertir o volver a una situación previa para recuperar espacios políticos perdidos a partir de la derrota de los que previamente ganaron”.

(**) N. de las t.: Humpty Dumpty es una famosa canción infantil en el mundo anglosajón. La cita hace referencia a lo que el autor dice a continuación, que Obama no puede reconstruir el pasado.