Eduardo Galeano: El fútbol a sol y sombra (Descargar Libro)

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Eduardo Galeano El fútbol a sol y sombra 1995 

Las páginas que siguen están dedicadas a aquellos niños que una vez, hace años, se cruzaron conmigo en Calella de la Costa. Venían de jugar fútbol, y cantaban: Ganamos, perdimos, igual nos divertimos.

El Mundial del 78

(Fragmento) 

cartel_1978En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.

Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. EL Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.

«Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina», celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión ( …)

Libro tomado de: http://www.nerudavive.cl/

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Obama se quitó la máscara

Adalid Cabrera Lemuz

La Época

 

Obama-Obama

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se quitó la máscara al mostrar las verdaderas intenciones de su Administración con Latinoamérica que están lejos de respetar la soberanía de los países y llevar adelante relaciones que no sean las practicadas por sus antecesores a lo largo de decenas de años. No otra cosa significan los justificativos presentados por Obama ante el Congreso de su país para impedir la ampliación de las preferencias arancelarias a favor de las exportaciones bolivianas.

Fue el propio presidente Evo Morales Ayma quien desenmascaró la política de la Casa Blanca, cuyo nuevo gobierno buscó argumentos para justificar la suspensión de la denominada Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de Drogas (ATPDEA, por sus siglas en inglés) a favor de Bolivia.

Morales anotó que “La dignidad de los bolivianos no cuesta 25 millones de dólares”, al referirse a lo que significa el apoyo dado a los exportadores que ingresan al mercado estadounidense por la vía del ATDPEA. Para enfrentar esos problemas, el Ejecutivo ya ha adoptado medidas para fortalecer el Fondo de recursos para alentar las exportaciones bolivianas al país del norte.

Argumentos mentirosos

Morales señaló que los argumentos de Obama y la Casa Blanca son mentirosos y no solamente se limitan a cuestionar la política antidrogas de Bolivia, sino descalifican otras medidas implementadas por el Gobierno desde que se hizo cargo del poder el pasado 22 de enero de 2006, tras recibir el contundente respaldo del pueblo en las urnas.

Recordó las afirmaciones del mandatario estadounidense en la Cumbre Presidencial de Trinidad y Tobago donde dijo que para Estados Unidos “no hay más socios mayores ni menores”, aunque ahora demuestra lo contrario al mostrar a su país como “un patrón, un gendarme” que observa la Constitución y las políticas internas del Estado boliviano. “En Estados Unidos ha cambiado la fisonomía de los Gobernantes pero no las políticas”, lamentó el Jefe de Estado.

“Por lo visto, no solamente era cuestionar injustamente la política antidrogas de Bolivia, sino los programas de nacionalización de empresas estratégicas, la propia Constitución Política del Estado y hasta las relaciones que se llevan adelante con los sindicatos”, dijo.

Morales reconoció que hubo un incremento de los cultivos ilegales de coca en algunas regiones del país, pese a que fueron erradicadas aproximadamente 17.000 hectáreas entre 2006 y 2008, además de intensificar los operativos de las fuerzas anti drogas que propinaron duros golpes a las bandas de productores de cocaína, pero ello no significa que Bolivia haya dejado su responsabilidad para combatir el narcotráfico.

Nacionalización y arbitrajes internacionales

Con relación a la nacionalización de los hidrocarburos en mayo de 2006, Morales señaló que el gobierno puso así en marcha la política de recuperación del control de los sectores estratégicos de la economía que, a mediados de la década de los años 80, fueron entregados a las transnacionales por el entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, hoy prófugo de la justicia que le ha iniciado un juicio de responsabilidades.

Sánchez de Lozada debe responder por los daños económicos provocados al Estado y por violar la Constitución, además de ordenar a fuerzas militares que reprimieran las protestas populares contra la política de enajenación del patrimonio estatal. Por esa causa murieron 68 civiles y 400 resultaron heridos en octubre de 2003 en la ciudad de El Alto.

Tras nacionalizar los hidrocarburos, Morales prosiguió la política de recuperación del patrimonio estatal al nacionalizar la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), que estaba en manos del consorcio italiano ETI TELECOM, cuyos ejecutivos exportaban las ganancias obtenidas en Bolivia en lugar de reinvertirlas en el país.

Esas medidas provocaron la reacción de las trasnacionales como ETI TELECOM que planteó contra Bolivia un arbitraje internacional ante el Centro Internacional para el Acuerdo de Disputas (CIADI), con el fin de obtener millonarias indemnizaciones que se sumen a los montos que acumularon cuando administraron ENTEL.

Bolivia se abstuvo de adherirse al arbitraje del CIADI al revisar las decisiones de ese organismo en casos similares que fueron ampliamente favorables al capital privado antes que al interés de los Estados.

Paradójicamente, en su argumentación para suspender el ATPDEA a Bolivia, la Casa Blanca cuestionó no solamente la nacionalización de los recursos naturales y las empresas estratégicas, sino el rechazo al arbitraje del CIADI en los casos de nacionalización de empresas estatales.

Morales anotó la nacionalización no busca desalentar las inversiones privadas sino conformar sociedades que respeten las leyes nacionales y no como en el pasado en el que solamente se beneficiaban los denominados socios mayores bajo el manto de una supuesta “capitalización” de empresas estatales.

Baste recordar que las trasnacionales que operaron en el sector de los hidrocarburos se llevaban un 82 por ciento de las ganancias y dejaban al Estado solamente el 18 por ciento. Con la nacionalización, esos porcentajes se volcaron, lo que obviamente no satisfizo los apetitos de los capitalistas que mandaron malas señales a la Administración Obama.

Molestia en la Casa Blanca

Las autoridades enfatizaron que la suspensión del ATPDEA por un supuesto incumplimiento en la reducción de la producción de coca esconden la molestia de la Administración Obama por la determinación boliviana de declarar persona no grata al embajador de ese país Philip Goldberg y a los agentes de la Oficina Antidrogas y de espionaje (DEA-CIA) por apoyar los aprestos subversivos de grupos de ultraderecha encaramados en gobiernos regionales y en comités cívicos de los departamentos de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija a mediados del año pasado.

El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, dijo entonces que tras fracasar la ultraderecha en su intento por precipitar la revocatoria del mandato de Morales en un referéndum, desarrolló un golpe cívico-prefectural que contaba con respaldo del gobierno de Estados Unidos encabezado entonces por George Bush.

Ese movimiento promovió la violencia en esas regiones con la toma de instituciones estatales y una masacre de campesinos en el departamento de Pando a cargo de grupos paramilitares que respondían al mando del entonces prefecto Leopoldo Fernández Ferreira, hoy preso en espera de un proceso en su contra.

Bases USA en Bolivia

Al denunciar la injerencia estadounidense en los asuntos internos, el presidente reveló que en Bolivia llegaron a operar 57 agentes de la DEA y la CIA. Más aún, alertó que la cantidad de agentes de la CIA y de la DEA en territorio nacional tendría como objetivo instalar una base con ramificaciones en otras naciones sudamericanas fronterizas, como actualmente sucede en Honduras.

Al referirse al golpe militar en Honduras, la periodista, escritora y docente argentina Stella Calloni, autora del libro “Operación Cóndor, Pacto criminal”, dijo que es un “mensaje de los halcones de Washington” hacia los cambios que se producen en América Latina que comenzar a romper con la hegemonía del norte.

Para Calloni, hubo una intervención de Estados Unidos en el golpe en Honduras, más allá de lo que haya manifestado Obama, porque esta nación centroamericana es clave para frenar las iniciativas comerciales y políticas que comenzaron a propagarse a lo largo de Latinoamérica y el Caribe.

Dijo que en Honduras hay una base militar de EE.UU en Palmerola, en la zona de Comayagua y se construye otra supuestamente para combatir al narcotráfico sobre la Costa Atlántica hondureña. Por ello expresó que “es imposible que Estados Unidos haya ignorado la marcha de un golpe de Estado contra el gobierno del presidente Zelaya”.

Calloni subrayó que lo que sucedió en Honduras fue una respuesta del norte al fortalecimiento de la Alianza Bolivariana para Nuestra América (ALBA), conformado hasta hoy por nueve países de Latinoamérica y El Caribe, que salió al frente de los afanes de dominación económica del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y después por los Tratados de Libre Comercio (TLCs) bilaterales impulsados por el país del norte con el propósito de quebrar iniciativas comerciales y de integración nacidas en el hemisferio latinoamericano.

Informó que el interés de Estados Unidos por instalar una nueva base militar en Honduras es para ejercer un mayor control sobre Centroamérica. Recuérdese que a principios de año el embajador de Estados Unidos en Tegucigalpa, Hugo Llorrens, inauguró la construcción de la base militar en la zona fronteriza con Nicaragua. Estados Unidos justificó esa construcción por considerar que la zona es utilizada por el narcotráfico.

A su vez, la economista e investigadora mexicana Ana Esther Ceceña, quien participó en La Paz en el seminario Crisis del capitalismo, descolonización y alternativas populares, subrayó que México ve con preocupación la crisis política en Honduras, mucho más si Estados Unidos ha asumido una actitud vaga sobre este asunto.

Ceceña subrayó que los hechos en Honduras muestran que son una clara respuesta a la actitud asumida por el presiden te Manuel Zelaya al sumarse a la iniciativa del ALBA, que “tiene más posibilidades de defender los intereses de las regiones y de los pueblos que viven en ellas antes que otros que defienden intereses de minorías capitalistas”.

En su opinión, el gobierno mexicano encabezado por Felipe Calderón puede ser utilizado por estados Unidos como un dique de contención en Centroamérica frente al avance de gobiernos progresistas y sus procesos de cambio.

EE.UU y Honduras

Los afanes hegemónicos del norte en Centroamérica desde Honduras ha sido una constante en pasados períodos. Recordó que el ex embajador de Estados Unidos en Honduras (1981-1985), John Negroponte, hoy director de los servicios de espionaje del “Tío Sam”, había conformado desde Tegucigalpa grupos mercenarios de la “contra” nicaragüense para desestabilizar al gobierno sandinista. Llegó a ser calificado “Virrey de Honduras” porque controlaba la situación interna de ese país y desde ahí de toda Centroamérica.

Negroponte desempeñó diversas funciones en el Departamento de Estado. Fue embajador en México y se le atribuye un nebuloso papel en Chile, donde habría colaborado en la organización de la Operación Cóndor que coordinó una serie de golpes militares en Sudamérica y la represión contra las dirigencias democráticas en la década de los años 70.

El golpe de Estado contra Zelaya en Honduras fue ejecutado por jefes militares encabezados por el general Romeo Vásquez, quien desobedeció las órdenes Presidenciales de apoyar una consulta ciudadana sobre la Constitución. Los líderes de ese movimiento castrense son connotados alumnos de la Escuela de las Américas de Estados Unidos, donde cursaron estudios varios uniformados que desencadenaron sangrientos movimientos antidemocráticos en sus países.

Evo cuestiona a militares no nacionalistas

El presidente Evo Morales se refirió precisamente a esa clase de militares que aún responden a otros intereses ajenos a su pueblo. “Algunos de esos militares siguen siendo instrumentos de las oligarquías, del neocolonialismo, del neoliberalismo y del imperio”, dijo al destacar que la actual realidad en Latinoamérica es diferente a la del pasado, cuando asonadas golpistas acababan a sangre y fuego con las banderas democráticas de los pueblos.

El mandatario manifestó que hoy reina en América Latina “un gran sentimiento de liberación y democracia” que ha llegado a las Fuerzas Armadas que en Bolivia, son respetuosas de la Constitución y se han sumado a procesos de cambio que fortalecen la democracia.

Sin embargo dijo que atentados contra la democracia, como los sucedidos en Honduras, no pueden quedar impunes. “Ya hubo una fuerte respuesta de rechazo de la comunidad latinoamericana, pero los responsables del golpismo deben ser sometidos a juicios internacionales”, señaló.

En base a los que dispone la Carta Democrática Interamericana que resalta que los pueblos de la región tienen derecho a la democracia y sus gobernantes la obligación de promoverla y defenderla, Bolivia presentó ante la Organización de Estados Americanos (OEA) un proyecto para la creación de un Tribunal Penal Interamericano que investigue, procese y sancione hechos como los sucedidos con el golpe de estado en Honduras para evitar su repetición.

Las afirmaciones del presidente boliviano son importantes en la actual coyuntura democrática latinoamericana en la que cada vez una mayor cantidad de países impulsan regímenes progresistas que escuchan la voz del pueblo y que gobiernen junto a él antes de someterse a intereses capitalistas o potencias extranjeras.

 

 

Honduras: el momento de la verdad en el gobierno de Obama

James Cockcroft

La Jornada

El golpe militar actualmente en proceso en Honduras es un duro revés acompañado por varios intentos vanos de aparecer blando y constitucionalista”. Detrás del golpe hay varias fuerzas sociales, económicas, y políticas, de las cuales la más importante es el gobierno del presidente Barack Obama. Ningún cambio importante puede ocurrir en Honduras sin la aprobación de Washington. La oligarquía hondureña y las corporaciones trasnacionales (bananeras, farmacéuticas) están defendiendo sus intereses, como siempre, con un golpe militar. Funcionarios del gobierno estadunidense conocieron antes del ataque los planes golpistas, en los que participaron y siguen participando, sean cuales fueren las diferencias típicas que siempre se encuentran en situaciones tan difíciles, en este caso debido a la fuerza de los movimientos sociales que promueven la democracia y una asamblea constituyente.

 

A la vez, varios individuos y grupos de la ultraderecha en Estados Unidos siguen promoviendo golpes militares e “incidentes” como la reciente detención de una vieja pareja estadunidense acusada de pasar secretos del gobierno a Cuba en momentos en que la Corte Suprema del país norteamericano rechazaba el caso de los Cinco Héroes cubanos injustamente encarcelados por conspiración de cometer espionaje. La ultraderecha estadunidense ve a Obama como “un socialista” en su política doméstica y “un traidor” en su política externa, por ejemplo acerca de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Paraguay, El Salvador y, lógicamente, Honduras, por haberse permitido su entrada en la Alternativa Bolivariana para los pueblos de América Latina y el Caribe (Alba). Por eso se ve a personas como Negroponte, Reich, y otros ex funcionarios gubernamentales metiéndose en el golpe hondureño y su defensa. Esta ofensiva ultraderechista en Estados Unidos es paralela a la de Centroamérica y otras partes de lo que llamaría José Martí Nuestra América, donde se oyen muchas voces y una significativa parte de los medios no solamente defendiendo el golpe gorilista en Honduras, sino promoviendo procesos similares en sus países.

 

Las fuerzas militares estadunidenses están presentes para coordinar u ofrecer su ayuda en todo esto, como se manifestó en abril de 2002 en Venezuela y ahora en Honduras desde su base en Soto Cano, antes usada en la guerra sucia contra los sandinistas nicaragüenses en la década de 1980. El líder de las fuerzas armadas de Honduras, general Romeo Vásques, y el comandante de la aviación de Honduras, general Luis Javier Prince Suazo, son graduados de la Escuela de las Américas, fundada por Estados Unidos para entrenar a miles de soldados latinoamericanos, de los cuales algunos se hicieron dictadores durante las guerras sucias del siglo pasado, que han seguido hasta hoy en países como Colombia, Perú y México, y comienzan a aparecer de nuevo a través de paramilitares en Venezuela y otros países.

La ambigüedad y las contradicciones de las declaraciones del presidente Obama y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, en cuanto a Honduras y su golpe militar “ilegal” (¿puede un golpe militar ser “legal”?) reflejan la complejidad de la política estadunidense actual. Pero no debe ser sorpresa, ya que hemos visto las reversas de promesas hechas en la campaña electoral de 2008 representadas por el mantenimiento de tortura de presos o “capturados”, la suspensión del habeas corpus y la posibilidad de detener sin proceso judicial hasta a ciudadanos estadunidenses; la falta de transparencia, las guerras en Irak, Afganistán y Pakistán, etcétera.

El cadáver conocido como Organización de Estados Americanos (OEA) mostró una señal de posible nueva vida con su voto contra el golpe en Honduras, pero atrás de eso hay un intento de Washington por ocultar su propio papel en el golpe y usar a la OEA como arma en una solución “negociada” o aun armada, estilo Haití, en 2004, o Santo Domingo, en 1965. La posibilidad de otro escenario como aquéllos y aún más peligroso existe ahora, porque la fuerza militar estadunidense es tanto mayor que cualquier resistencia civil-militar insurreccionista o guerrillera hondureña que se puede imaginar, hasta ahora por lo menos.

Mientras, los gorilas de Honduras consolidan su poder sobre el terreno y los movimientos sociales hondureños resisten pacífica y heroicamente. En el resto de Nuestra América las fuerzas de la derecha, apoyadas económica y militarmente por la administración de Obama, están tratando de derrocar el Alba y a sus gobiernos, sobre todo Venezuela.

Es un deber moral y una necesidad política que los otros gobiernos latinoamericanos y del mundo, comenzando con los más progresistas, remuevan del poder a los golpistas, los lleven a la justicia y restituyan el presidente democráticamente elegido, Manuel Zelaya. Para el gobierno de Barack Obama, es el momento de la verdad.

Honduras en clave de capital

José Steinsleger

La Jornada

 

 

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, otorgó legitimidad a un gobierno latinoamericano derrocado por un golpe de Estado, y contrario a sus intereses. El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, líder máximo de este gobierno, fue recibido por el Departamento de Estado en Washington. Y una organización desacreditada por su rancia tradición golpista, la Organización de Estados Americanos (OEA), condenó el cuartelazo, pronunciándose a favor de Zelaya.

Algo no cierra. ¿A cuento de qué tanto frenesí democrático? Leer para creer: en Moscú, frente a un grupo de universitarios, Obama afirmó que su gobierno no señala a otros países quiénes deben ser sus gobernantes, y que no apoya a Zelaya por estar de acuerdo con él. “Lo hacemos –dijo– porque respetamos el principio universal de que los pueblos deben elegir sus propios líderes, coincidamos con ellos o no.” ¡Ay!…

Con argumentos muy bien documentados, varios comentaristas centraron sus análisis en el ethos por antonomasia: Estados Unidos urdió el golpe del 28 de junio en Tegucigalpa. La lectura simultánea de las luchas políticas internas de Washington, y las de Honduras, permiten concluir que, en efecto, los gringos sabían.

El economista hondureño Miguel Cáceres Rivera da cuenta de una reunión en la embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa, celebrada la noche del 21 de junio, y auspiciada por el anfitrión Hugo Llorens (La Prensa, Tegucigalpa, 22/6/09).

¿Quién es el embajador Llorens? Nombrado por el gobierno de George W. Bush (abril de 2008), fue consejero para asuntos económicos en Honduras y Bolivia, agregado comercial en Paraguay, coordinador de asuntos para el narcotráfico en El Salvador y funcionario consular en Filipinas.

Cáceres apunta: De 2002 a 2003, años del golpe de estado y golpe petrolero en Venezuela, el embajador Llorens ostentó el cargo de Asuntos Andinos del Consejo Nacional de Seguridad, siendo el principal asistente del presidente Bush y del director del Consejo sobre asuntos relacionados con Colombia, Venezuela, Bolivia, Perú y Ecuador.

En la reunión de marras participaron el presidente Zelaya, el actual monigote golpista Roberto Micheletti, el liberal Elvin Santos, el ex candidato presidencial Porfirio Lobo Sosa (conservador) y el general Romeo Vásquez Velásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto.

Punto único de la agenda: que Zelaya desistiera de la encuesta destinada a indagar entre los hondureños la modificación de algunas leyes constitucionales calificadas de pétreas. Zelaya se negó. Como es sabido, el general Vásquez secuestró las urnas, y el jueves 25 el presidente convocó al pueblo y recuperó el material electoral de una base militar.

Abortado el golpe técnico, el diario El Tiempo de Honduras publicó la noticia con un titular maravilloso: “Militares y hasta Hillary Clinton habrían evitado el golpe a Mel” (apodo popular de Zelaya). Es decir, que el golpe se iba a efectuar el jueves 25, no el domingo 28. Un golpe que, al parecer, habría sido causa de agrias disputas en Washington.

¿Qué sectores intervinieron en el golpe? Desde su conversión en enclave de la United Fruit Company (UFC, 1899-1970), Honduras y las naciones de América Central merecieron el despectivo mote de repúblicas bananeras, expresión acuñada por O. Henry (seudónimo del popular escritor William Sydney Porter, 1862-1910) en el libro de relatos Cabbages and Kings, ambientados en el puerto hondureño de Trujillo.

La primera importación de banano hondureño a Estados Unidos (1902) se dio en un marco jurídico semicolonial, administrado por una suerte de burguesía consular, ligada al sector terrateniente. El sociólogo brasileño Helio Jaguaribe diferenciaba esta burguesía de la nacional (empresarial, industrial, urbana).

En la segunda mitad del siglo pasado, la economía hondureña dejó de ser meramente bananera, y la minería cobró cierto auge. La UFC fue comprada en 1969 por Zapata Corporation (empresa petrolera de los Bush) y en 1984 cambió su desprestigiado nombre por United Brands, conocida hoy como Chiquita Brands.

Sin una burguesía propiamente dicha, Honduras apenas consigue sostenerse con el sector de maquila y el agroindustrial, las remesas de los inmigrantes, la cooperación externa, la ayuda financiera, y el arrendamiento del territorio para bases militares del Pentágono. Mas poco y nada se habla del lavado de dinero, así como de los empresarios, políticos y militares coludidos con el narcotráfico.

¿Qué otro sector de una nación paupérrima podría tener un poder económico y político capaz de desafiar a Wahington, las Naciones Unidas, el Vaticano, la Unión Europea, y el conjunto de los países de la OEA? ¿Un régimen narcomilitar como el de Myanmar en América Central?

Es una hipótesis. Aunque sin ella, el súbito desgarre de vestiduras made in USA por la democracia hondureña, a más de la tenaz obcecación de los golpistas ofendidos por la incomprensión internacional, se tornan inexplicables.

 

http://www.jornada.unam.mx/

 

Claudio Katz: “La solución a la crisis del capitalismo tiene que ser política”

Entrevista con el economista argentino Claudio Katz

Fernando Arellano Ortiz

Cronicon.net

La salida a la crisis sistémica del capitalismo tiene que ser necesariamente política y “un proyecto socialista puede madurar en esta turbulencia”, sostiene el economista, filósofo y sociólogo argentino Claudio Katz, quien advierte además, que la “situación económica mundial es muy grave y vamos a tener que tocar fondo, aunque estamos en el primer momento de la crisis”.

Katz, un destacado profesor de la Universidad de Buenos Aires en las áreas de Economía, Filosofía y Sociología es, al mismo tiempo, un activista de los derechos humanos e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina. Es autor de numerosos textos de interpretación del capitalismo contemporáneo y ha estudiado el impacto regresivo del neoliberalismo en América Latina. Participa activamente en los foros continentales de impugnación del endeudamiento externo. Su libro “El porvenir del socialismo” obtuvo una mención honorífica en el Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela 2005). Igualmente es integrante del colectivo internacional Economistas de Izquierda (EDI) y actualmente se desempeña como asesor externo del gobierno venezolano.

Reunidos en uno de los acogedores cafés de Buenos Aires, el profesor Katz dialogó conCRONICON.NET sobre la realidad económica mundial, el proceso político de Latinoamérica, la amenaza de una irrupción de la derecha en la región y lo que denominó “la gran inquisición mediática” para referirse a la manipulación de los grandes conglomerados de la comunicación y la información.

Primer momento de la crisis capitalista

 

– Los teóricos en economía han señalado que la crisis del capitalismo actual es sistémica y no cíclica, pero lo que llama la atención es que no se ve una salida para implementar un nuevo modelo, o una alternativa capaz de reemplazar al sistema capitalista. ¿Usted cree que encontrarle una salida a esta crisis es más un problema político que económico?

 

– Yo creo que definitivamente el gran problema es político porque todas las grandes crisis económicas se resolvieron positiva o negativamente por cursos políticos, según si intervinieron o no en esos procesos las mayorías populares. Esta es una crisis muy profunda que los neoliberales han tratado de disminuir la gravedad culpando a la codicia, ocultando la especulación financiera. También los heterodoxos presentan esta crisis como una falta de regulación. Pero esta es una crisis del sistema, una crisis del capitalismo. Y me parece que es una crisis del modelo capitalista de los últimos veinte o veinticinco años del modelo neoliberal cuyas consecuencias estamos viendo ahora. Hemos tenido dos, tres décadas de plena acción neoliberal: privatizaciones, desregulaciones, ampliación del radio de las empresas transnacionales a la ex Unión Soviética, a China, a todo el planeta, y ahora vemos las consecuencias de esa expansión del capital, de la sobreproducción, de la sobreacumulación, y los efectos de pobreza, de miseria, de desempleo que la OIT (Organización Internacional del Trabajo) pronostica que van a ser muy gravosos en los próximos años. Entonces, estamos me parece a mí, en el primer momento de la crisis, el comienzo de la crisis, el debut.

 

– ¿Es decir que vamos a tener que tocar fondo?

 

– Sí, vamos a tener que tocar fondo y sobre todo la población de Europa y Estados Unidos, que no está acostumbrada, a diferencia de los latinoamericanos a este tipo de catástrofes económicas, va a tener que procesar esto y eso va a llevar un tiempo. Recordemos que éstas últimas décadas de neoliberalismo debilitaron a los sindicatos en los países centrales, debilitaron política e ideológicamente a la izquierda, a las fuerzas progresistas en Europa y en los Estadios Unidos, y habrá que reconstruir una experiencia de movilización social que ya se está empezando a notar, más en Europa que en los Estados Unidos. Esto se ve ya en Francia, en Grecia, en países donde ha habido movilizaciones populares que están cambiando el clima de esos países. Pero, vamos hacia varios años de desempleo, pobreza, exclusión social, y habrá que ver cómo reaccionan los pueblos.

 

– ¿Cuál es su visión respecto del proceso político y socioeconómico que se esta dando en América latina?

 

– Yo creo que es distinto al proceso de los Estados Unidos, de Europa, y es especialmente distinto, primero, porque nosotros ya hemos vivido este tipo de crisis, y no fue en los años treinta, fue en los años ochenta, noventa, este tipo de debacles financieras que conducen a la expansión de la pobreza, la hemos visto en Argentina, en Bolivia, en Venezuela, en Ecuador. Entonces, ya hay una cierta experiencia de los pueblos con este tipo de exclusiones del neoliberalismo. Y al mismo tiempo, probablemente, no es seguro pero es probable, que el impacto económico de la crisis no sea tan grave como en los países centrales, porque como nosotros ya hemos vivido, en forma muy cercana, estos impactos, pues los bancos están con las carteras un poco más limpias, ya hubo una valorización del capital, y probablemente el proceso no sea tan traumático. Pero lo más importante de América Latina son las experiencias políticas. A mí me parece que lo interesante de nuestra región es que hubo resistencia al neoliberalismo y hubo además resultados. Hemos tenido sublevaciones en muchos países y nuevos gobiernos: Bolivia, Venezuela, Ecuador, que han cambiado la agenda de las sociedades latinoamericanas. En ese sentido yo creo que son bastante distintos los gobiernos, digamos, nacionalistas, radicales, progresistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia de unos gobiernos como Lula, o como Kirchner, que en última instancia recomponen el poder dominante.

 

– ¿El hecho de que en América Latina aparezcan estos gobiernos no es un síntoma de reconfiguración del sujeto político?

 

– Si. Lo que pasa es que hay síntomas y síntomas. Un síntoma es el que lleva a Venezuela a hacerse al control nacional sobre sus recursos y decidir nacionalizaciones, adoptar medidas de redistribución del ingreso, promover una integración regional con principios del ALBA, con principios de intercambio comercial equitativo. Y otro tipo muy distinto es MERCOSUR, UNASUR, políticas que recomponen más los intereses de los grandes grupos económicos dominantes de América Latina que los intereses genuinos de las mayorías populares. El caso ahora de Argentina, ha habido cambios y transformaciones muy importantes pero la distribución de ingresos sigue siendo tan regresiva, o más regresiva, que en los años noventa. Los cambios que interesan a los pueblos son los que mejoran los niveles de vida de la población y reducen la desigualdad. Y esta mejora popular y reducción de la desigualdad solo se comienza a observar en algunos países latinoamericanos, no en toda la región.

 

Cachetada al neoliberalismo

 

– ¿Qué opinión le merecen a usted las nacionalizaciones que esta haciendo el gobierno de Chávez en Venezuela?

 

– En primer lugar me parece que son muy auspiciosas porque ponen como un punto final a la idea de que solo se puede privatizar. Es como una cachetada al neoliberalismo. Es la reversión completa de los principios neoliberales que creen que los grandes recursos naturales del país deben de ser manejados por grupos privados. Me parece que es interesante el hecho de que Chávez prometió nacionalizaciones y cumplió. En general, en América Latina estamos acostumbrados a que se promete una cosa y después no se hace. Y después me parece que es una necesidad para un país como Venezuela porque es un país carente de una estructura industrial mínimamente integrada. En realidad es carente, casi, de una industria en el sentido que podemos hablar de Brasil, México o Argentina. Venezuela es un país de niveles intermedios, pero basado en una riqueza petrolera y en una cultura rentista derivada de su explotación. Y el único cambio en una sociedad como la venezolana es el desarrollo industrial que lo hace el Estado o no lo hace nadie. La burguesía venezolana no lo hizo en el pasado y no lo va a hacer en el futuro. Es un grupo social que ha vivido siempre de la renta petrolera, es un grupo muy parasitario, que se acostumbró siempre a la fuga de capitales, al derroche, al consumo, al estilo de vida Miami, a la falta de inversión, y entonces solo puede haber un proceso de industrialización si el Estado toma las riendas. El único peligro que yo veo es el costo, cuánto se esta pagando en indemnizaciones, por que ahí hay una ecuación muy complicada. Si el precio del petróleo siguiera alto, entonces se puede manejar. Pero si en los próximos años, comienza a bajar, como ha estado bajando el último año, a mí me parece que comprometer los recursos del tesoro en indemnizaciones a estas empresas, puede resultar problemático, teniendo en cuenta que la administración popular, lo que Chávez llama el control obrero, se lo puede ejercer estatizando y sin estatizar. Yo ahí veo un problema, pero el proceso me parece muy promisorio.

 

– ¿Las privatizaciones que se están dando en Argentina van en la misma dirección de las realizadas por Chávez en Venezuela?

 

– No. El gobierno de Cristina Kirchner adoptó algunas medidas de nacionalización, por ejemplo, los fondos de pensiones, que eran privados, ellos los volvieron a tomar en manos del Estado, y un conjunto de pequeñas empresas también pasaron a la orbita del Estado. Pero, primero, no son las empresas estratégicas, esta es la primera diferencia clave con Venezuela. No solo no son las empresas estratégicas, sino que lo más llamativo es que la nacionalización en Venezuela tiene repercusión directa en Argentina por que se nacionaliza una empresa argentina como es Techint y el gobierno de Kirchner ha salido a respaldar el reclamo y la critica que han hecho grupos económicos tras la nacionalización.

Batalla contra la derecha

– ¿Usted considera que el proceso político de América Latina, dadas las experiencias de gobiernos denominados progresistas, sigue su curso, o como dijo Fidel Castro, puede venir una irrupción de la derecha?

 

– Yo creo que la derecha está retomando la ofensiva. Y esto se ve en la campaña mediática internacional que existe contra Chávez, contra Correa, y en el intento de reelección de Uribe, en el intento de la derecha chilena con Piñera; se ve en Perú con el gobierno de Alan García, en México con Calderón y Panamá con el reciente triunfo de Martinelli. O sea, hay como una línea derechista latinoamericana que retrocedió, pero que tiene sus bastiones. El principal bastión, sin lugar a dudas, es Uribe en Colombia y Calderón en México, y eso se mantiene. Hay una presión importante en Argentina que se vio en el conflicto en el campo del año pasado de retomar la ofensiva. Diría entonces que los principales objetivos de la derecha no fueron logrados. La derecha tenía el objetivo de tumbar al gobierno de Evo Morales, a través de un golpe de Estado y fracasó el año pasado, como fracasó en el intento de secesión de las provincias del oriente boliviano; fracasó también en el intento de derrotar electoralmente tanto a Chávez en Venezuela como a Correa en Ecuador. Es decir, en los tres países donde el proceso político ha avanzado más, la derecha no ha logrado recomponer su poder. Y en otros lugares predominan los grises. La derecha ganó en Panamá, pero perdió en El Salvador donde el Farabundo Martí ganó las elecciones. Es un equilibrio, pero yo creo que hay que hay que evitar aquí el impresionismo, la idea de que vuelve la derecha.

– Estamos prácticamente ad portas del bicentenario de la emancipación de América Latina, ¿En este bicentenario podríamos señalar nuevamente la entronización de España en el hemisferio?

– No, me parece que el momento de entronización de España fue el quinto centenario del descubrimiento en 1992. En ese momento, en la década de los 90, España desplegó sus inversiones en la región, compró petróleo, telecomunicaciones, e ingresó con fuerza. En cambio, en el último año se está viendo un proceso contrario porque la crisis está golpeando más severamente a España que a ningún otro país con intereses en el exterior de Europa. El desempleo y la deuda pública en España está a niveles record, y la crisis económica, industrial y financiera española, probablemente es una de las más graves de Europa. Me parece que esto a mediano plazo va a afectar mucho las inversiones españolas en América Latina. Vamos al bicentenario en un momento en el que hay una crisis de dominación norteamericana muy evidente en toda la región y una crisis de dominación en Suramérica, y una política de estrechamiento de vínculos en Centroamérica. Es como si el continente haya quedado partido en dos. Estados Unidos refuerza su dominio, su control sobre México, el Caribe, Centroamérica, Colombia, Perú, pero pierde capacidad de influencia en el Cono sur. No olvidemos que en el año pasado fueron expulsados los embajadores norteamericanos de Bolivia y Venezuela, y estuvieron en ambos países durante doce meses sin los jefes de las misiones diplomáticas de Washington. Entonces, en la reunión de Trinidad y Tobago, se vio una política de Obama intentando volver al esquema de Clinton, volver a la política más diplomática. Y esto visibiliza las dificultades reales que tiene los Estados Unidos por su crisis económica y por el pantano militar que enfrenta en el Medio Oriente.

 

– Immanuel Wallerstein habla de la declinación de los Estados Unidos como imperio…

– Yo no soy muy ajeno a la idea de la declinación inexorable del imperio norteamericano. Puede declinar y puede recomponerse. Se ha recompuesto muchas veces. Me parece que es como una filosofía de victoria. Me parece que es una predestinación donde la historia son sucesiones de potencias que ascienden y descienden. No creo que el ciclo de la historia contemporánea estuvo signado por esa inexorabilidad. Me parece que distintos desenlaces dan distintos resultados.

 

Paradoja del capitalismo

 

– ¿Aunque Estados Unidos está débil en el escenario global tiene muchos años para seguir rigiendo como la gran hegemonía mundial?

 

– Estados Unidos es la potencia militar de todo el territorio mundial. Y es el protector de todos los capitalistas del mundo. No hay ningún país capitalista que esté dispuesto o tenga posibilidades de sustituir al Pentágono en el control de cien bases militares en todo el mundo. Primero, Estados Unidos tiene la OTAN, y tanto Europa como Japón se recuestan en la OTAN. Estados Unidos mantiene la supremacía militar, y ese es el gran instrumento de dominación del que subsiste. En el plano económico y financiero, la cosa es más compleja porque, paradójicamente, Estados Unidos es el centro de la crisis actual pero el refugio de todos los capitalistas del mundo es el dólar. Entonces hay una paradoja, el país más amenazado es el refugio, y al mismo tiempo el país que busca la reconstitución del FMI que impone la política monetaria mundial a través de la Reserva Federal, sigue siendo Estados Unidos. Hay que separar lo coyuntural del mediano plazo. Estados Unidos está en una crisis muy aguda, pero sigue teniendo los resortes claves de la geopolítica mundial.

 

– Se ve en América Latina una capacidad de influir por parte de la derecha española a través de la Fundación FAES de José María Aznar, el fascista Partido Popular y sus corifeos en la región como los Vargas Llosa, Enriques Krause, Marianos Grondona, Jorges Castañedas. ¿Esa intervención puede estar generando alguna perturbación en los gobiernos progresistas?

 

– Yo diría que los perturba más la derecha latinoamericana que la española. La derecha latinoamericana es lo suficientemente conservadora y reaccionaria y tiene sus reservas y resortes suficientes como los Mariano Grondona, Piñera, Vargas Llosa y los herederos de Octavio Paz. La derecha cultural, neoconservadora latinoamericana ha gobernado la región durante décadas, da alimento a los gobiernos militares, tiene un pensamiento elitista, liberal, europensante, eurocéntrico.

 

La gran inquisición mediática

 

– Y tienen capacidad de la manipulación mediática…

 

– Claro, que es la novedad. Porque ellos gobernaban históricamente a través de la iglesia, de sus recursos, de sus escuelas, ahora como tienen los medios de comunicación bajo su dominio ejercen una influencia despótica a través de ellos.

– ¿Los medios de comunicación son ahora lo que fue la iglesia católica?

 

– Son la gran inquisición y ejercen una influencia nefasta. Por eso me parece tan saludable y transformadora la decisión de Chávez de quitarle la licencia a RCTV. Yo creo que esa medida es mucho más trascendente que cualquier nacionalización de una empresa siderúrgica.

 

– Pero con esa respuesta van a decir en países de derecha como Colombia, Perú o México que Claudio Katz es un tipo totalitario. ¿Qué responde usted?

 

– Eso lo dicen porque para ellos manejar monopólicamente un grupo de medios de comunicación, es un ejemplo de democracia. Hay una hipocresía absoluta. Los dueños de los medios de comunicación son un puñado de gente, un grupo minúsculo que no es efectivo, es una cosa paradójica, cualquier congresista tiene que ser votado, cualquier presidente, los alcaldes y gobernadores, lo mismo, en cambio los medios de comunicación que tienen un poder mucho más sólido y estable que todas las autoridades electivas de cualquier país, nadie los elige, son puro poder del divino. Ellos dicen que compiten entre sí a través del cambio del canal, pero la oferta es minúscula. O sea, el televidente puede optar entre la CNN y Globovisión, pero esa no es una opción.

 

– ¿Cómo democratizar los medios de comunicación en América Latina?

 

– Como se democratiza cualquier institución. No puede haber un privilegio de los medios de comunicación sobre cualquier institución. Nosotros tenemos que democratizar la vida política, las escuelas, las instituciones, las fuerzas armadas, la sociedad, todo. Hay una preocupación cotidiana, de genero, terminar con las discriminaciones de raza, de etnia. En América Latina estamos cambiando las constituciones de muchos países para incorporar nuevos derechos, para incorporar los derechos olvidados de los indígenas, de la juventud, de los niños. O sea, el desenvolvimiento de la sociedad es la ampliación de los derechos. Del único derecho del que no se puede hablar, es el derecho a la comunicación. Ese quiere ser intocado.

 

– El politólogo brasileño Emir Sader, actual secretario ejecutivo de CLACSO, decía que los medios de comunicación para ser democratizados, necesariamente tendrían que ser estatizados. ¿Esta usted de acuerdo?

 

– Yo creo que tienen que ser de propiedad pública, pero ojo, no pueden ser manejados por un gobierno porque eso nos llevaría a formas totalitarias. Hay muchas experiencias en los últimos 50 o 60 años de instituciones públicas que no dependen del gobierno. El caso de la BBC de Londres ha suido muy comentado, yo no lo tengo estudiado, no puedo opinar, pero sé que hay muchas experiencias donde lo importante es que estén sometidos a un régimen legal que les impida la manipulación del gobierno, por ejemplo. No podemos pasar de medios manipulados por grupos capitalistas a medios manipulados por el gobierno. Tiene que haber libertad informativa, pero también propiedad pública. Yo creo que los mecanismos de propiedad democrática de los medios de comunicación hay que discutirlos.

 

– ¿Usted tiene la sensación de que en América Latina se está dando un proceso de reconfiguración política?

– Yo tengo la sensación de que es un proceso de largo plazo y que tendrá que enfrentar escollos importantes. No va a ser lineal. Y vamos a un punto en el que nuestra batalla contra la derecha va a ser muy dura, la derecha de Uribe, de Calderón, de Alan García y también la derecha militar. Estados Unidos mantiene sus bases militares. Nosotros no podemos dejarnos llevar con la imagen de Obama como el que ha transformado las relaciones con la región. Las bases del Comando Sur con una estructura de control militar en toda la región siguen intactas, incluso medidas mínimas como el cierre de Guantánamo no se implementa, la anulación del embargo a Cuba no se modifica. Es decir, los grandes problemas de la soberanía política en nuestra región en el bicentenario siguen estando al orden del día.

Colombia, una sociedad militarizada

 

¿Cómo analiza la carrera armamentista de Colombia para enfrentar su conflicto interno y su repercusión directa en la economía de ese país?

 

– Lo peor de Colombia es que ese gasto terrible, ese despilfarro de fondos en gasto militar no se hace para la defensa de la soberanía nacional, no es una necesidad del país para defender sus fronteras frente a una agresión externa, que es la única justificación real que puede tener una nación que en cierto momento destine tantos recursos a la actividad bélica. Solo si está amenazada la soberanía del país y la vida de sus ciudadanos, cabe eso. En Colombia hay vísperas de la formación de una sociedad militarizada para servir a los intereses de los grupos dominantes que manejan los resortes de este país. Yo creo que hay una tendencia a la militarización en América Latina, que está en marcha, no solo ello es evidente en Colombia sino también en Brasil que está destinando un alto porcentaje al gasto militar, fabricando submarinos, firmando convenios con Francia para hacer inversiones extraordinariamente elevadas en este sector y tiene fuerzas militares ocupando en este momento Haití. Nosotros tenemos que ser muy conscientes en América Latina que nuestra censura es al Pentágono, es al imperialismo, a los norteamericanos, pero es también al gasto militar en la región con fines no populares. Tenemos que estar muy atentos a eso y tener prendidas las alertas.

– Pero para los países que fabrican armas eso es un excelente negocio…

 

– Ellos viven de eso. La guerra es una necesidad del imperialismo, es una necesidad estructural, no es una opción. Si se fabrican armas, se tiene que usarlas. Hay un grupo de contratistas que viven directamente de esto. Estados Unidos y todo su dispositivo militar asociado: Israel, Colombia, Egipto, Australia. Para Estados Unidos es una necesidad para mantener su supremacía bélica, es una advertencia permanente a otros países como China, en el sentido de que se queden tranquilos, que no intenten desafíos. Hay una reproducción de guerras y una tendencia a la guerra infinita, a la guerra sin proporciones, como forma de ejercer permanentemente esa supremacía, advirtiendo al resto del mundo que nadie se atreva a desafiar el poder imperialista. Contra eso tenemos que batallar.

 

– Finalmente, ¿usted no descarta que en este proceso terminemos, si no en una guerra mundial, en una serie de conflictos periféricos como estrategia para superar la actual crisis sistema del capitalismo?

– Si, es posible. Pero hay una gran diferencia con los años 30 y es que ya la guerra no es entre potencias tipo Francia contra Alemania, Estados Unidos contra Japón. Hay un imperialismo colectivo asociado que hace guerras contra los frentes periféricos, y hace guerras de advertencias contra países periféricos que pueden ascender. A mí me parece que vamos a tener muchos conflictos porque el imperialismo necesita de ellos, con crisis financiera y sin crisis financiera. Los Estados Unidos terminaron de devastar a Irak, ahora se aprestan a devastar a Afganistán, y están advirtiendo a Irán permanentemente de una posible invasión, así como le están haciendo con Corea del Norte. La crisis acentúa esa tendencia a la guerra, porque está en la naturaleza del sistema, por eso son tan importantes las alternativas como el Foro Social Mundial, mirar las coaliciones antibélicas en el mundo contra la guerra. Surgieron y emergieron unas minorías colectivas en Europa, en América Latina de resistencia a la guerra y me parece que van a seguir reactivándose.