Baluchistán es el objetivo privilegiado de EE.UU.

Estamos frente a un caso clásico de calma antes de la tormenta. El capítulo Af-Pak (Afganistán-Pakistán) de las flamantes OCO («Operaciones de Contingencia en Ultramar») de Obama, antes llamadas GWOT («guerra global contra el terror») no implica sólo una ‘oleada’ en las pastunes Áreas Tribales bajo Administración Federal (FATA). Una ‘oleada’ en Baluchistán también podría ser virtualmente inevitable.

Pepe Escobar

Asia Times Online

Baluchistán se encuentra totalmente bajo la pantalla del radar de los medios corporativos occidentales. Pero no bajo el radar del Pentágono. Un inmenso desierto que incluye casi un 48% del área de Pakistán, rico en uranio y cobre, potencialmente en petróleo, y que produce más de un tercio del gas natural de Pakistán, alberga menos de un 4% de los 173 millones de ciudadanos de Pakistán. Baluchis en su mayoría, seguidos por pastunes. Quetta, la capital de la provincia, es considerada la Central Talibán por el Pentágono, que a pesar de todas sus maravillas de alta tecnología ha sido por algún motivo incapaz de ubicar al residente de Quetta, «La Sombra», el histórico emir talibán Mullah Omar en persona. 

Estratégicamente, Baluchistán vuelve agua la boca: al este de Irán, al sur de Afganistán, y con tres puertos en el Mar Árabe, incluido Gwadar, prácticamente en la desembocadura del Estrecho de Ormuz. 

Gwadar – puerto construido por China – es la clave absoluta. Es el nodo esencial en la crucial, continua y casi virtual guerra por ‘ductistán’ entre IPI y TAPI. IPI es el gasoducto Irán-Pakistán-India, también conocido como «gasoducto de la paz,» que según los planes cruzará del Baluchistán iraní al paquistaní – anatema para Washington. TAPI es el gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Pakistán-India con permanentes problemas, respaldado por EE.UU., que debería cruzar Afganistán occidental pasando por Herat y ramificarse hacia Kandahar y Gwadar. 

La perspectiva soñada para Washington es que Gwadar sea el nuevo Dubai – mientras China necesitaría Gwadar como puerto y también como base para bombear gas a través de un prolongado gasoducto hacia China. De una u otra manera, todo dependerá de que se tomen muy en serio los motivos de queja locales. Islamabad paga una miseria en royalties a los baluchis, y la ayuda al desarrollo es insignificante; Baluchistán es tratado como si fuera un páramo. Gwadar como nuevo Dubai, no significa necesariamente que los baluchis se beneficien de la prosperidad; en muchos casos incluso podrían ser privados de sus tierras. 

Para colmo, viene el hecho de que en el Nuevo Gran Juego en Eurasia, Pakistán es un eje crucial tanto para la OTAN como para la Organización de Cooperación de Shanghái (SCO), en la cual Pakistán es observador. De modo que quienquiera «gane» Baluchistán incorporará a Pakistán como un corredor de tránsito clave para el gas iraní del monstruoso campo de South Pars o gran parte de la riqueza del Caspio de Turkmenistán, «la república del gas.» 

Viene la caballería 

Ahora, imaginad a miles de soldados móviles de EE.UU. – respaldados por un supremo poder aéreo y de artillería pesada – que lleguen a ese desierto a través de la inmensa y vacía frontera del sur de Afganistán con Baluchistán, de 800 kilómetros de largo. Son los soldados de la ‘oleada’ de Obama que en teoría estarán destruyendo cultivos de opio en la provincia Helmand en Afganistán. También tratarán de establecer una presencia significativa en la ultra-remota, provincia Nimruz, en el sudoeste de Afganistán, de mayoría baluchi. No sería ningún problema para ellos atacar Baluchistán paquistaní en una persecución sin tregua de bandas talibanes. Y sería ciertamente el preludio para una invasión de facto de Baluchistán por EE.UU. 

¿Qué harían los baluchis? Es una pregunta muy compleja. 

Baluchistán es evidentemente tribal – igual que las FATA. Los jefes tribales pueden ser tan retrasados como Islamabad es desidioso (y tampoco son exactamente ejemplos de derechos humanos). Se podría establecer un paralelo con el valle Swat. 

La mayoría de las tribus baluchis se someten a la autoridad de Islamabad – con la excepción, ante todo, de los bugti. Y luego existe el Ejército de Liberación de Baluchistán (BLA, por sus siglas en inglés) – al que Washington y Londres califican de grupo terrorista. Su líder es Brahamdagh Bugti, que opera desde Kandahar (a sólo dos horas de Quetta). En una reciente entrevista con la televisión paquistaní no pudo ser más sectario, subrayando que el BLA se prepara para atacar a los no-baluchis. Los baluchis se inclinan a considerar al BLA como un grupo de resistencia. Pero Islamabad lo niega, diciendo que su apoyo no llega a un 10% de la población de la provincia. 

No mejora las cosas el que Islamabad tienda no sólo a mostrar su desidia, sino también su mano dura; en agosto de 2006, las tropas de Musharraf mataron al muy respectado líder local Nawab Akbar Bugti, ex gobernador de la provincia. 

Existe una amplia controversia sobre si el BLA está siendo absorbido por agencias de inteligencia extranjeras – todas, desde la CIA y el MI6 británico al Mossad israelí. En una visita a Irán en 2006, me impidieron que fuera a Sistán-Baluchistán en el sudeste de Irán porque, según la versión de Teherán, agentes de la CIA infiltrados desde Baluchistán paquistaní estuvieron involucrados en ataques encubiertos a través de la frontera. Y no es un secreto para nadie en la región que desde el 11-S EE.UU. controla prácticamente las bases aéreas baluchis en Dalbandin y Panjgur. 

En octubre de 2001, mientras esperaba un sitio para cruzar de Kandahar a Quetta, además de rastrear el paradero del presidente Hamid Karzai y de su hermano, pasé un cierto tiempo con una serie de asociados y simpatizantes del BLA. Se describieron como «progresistas, nacionalistas, antiimperialistas» (y eso hace que difícilmente puedan ser integrados por EE.UU.) Se mostraron muy críticos del «chovinismo panyabí», y siempre insistieron en que los recursos de la región pertenecen en primer lugar a los baluchis; fue la justificación para ataques contra los gasoductos. 

Subrayando una atroz tasa provincial de alfabetización de sólo un 16% («Es política gubernamental mantener subdesarrollado a Baluchistán»), se estaban resentidos porque la mayoría de gente todavía carece de agua potable. Afirmaron que cuentan con el apoyo de por lo menos un 70% de la población baluchi. («Cada vez que el BLA dispara un cohete, es el tema de todos los bazares»). También afirmaron que están unidos y coordinados con los baluchis iraníes. E insistieron en que «Pakistán convirtió a Baluchistán en un acantonamiento estadounidense, lo que ha afectado considerablemente la relación entre los pueblos afgano y baluchi.» 

En su conjunto, no sólo los simpatizantes sino los baluchis en general se muestran inflexibles: aunque están

dispuestos a permanecer dentro de una confederación paquistaní, quieren infinitamente más autonomía. 

Sigue el juego 

El estudio «Baloch Nationalism and the Politics of Energy Resources: the Changing Context of Separatism in Pakistan» [El nacionalismo baluchi y la política de los recursos energéticos: el contexto cambiante del separatismo en Pakistán] de Robert Wirsing para el think-tank del ejército de EE.UU., Strategic Studies Institute, permite evaluar hasta qué punto Baluchistán es esencial para Washington. Previsiblemente todo tiene que ver con ‘ductistán’.

China – que construyó Gwadar y necesita gas de Irán – debe ser marginada por todos los medios posibles. El componente paranoico agregado del Pentágono es que China podría convertir Gwadar en una base naval y «amenazar» el Mar Árabe y el Océano Índico. 

El único guión aceptable para el Pentágono sería que EE.UU. se apoderara de Gwadar. Una vez más, sería una confluencia de primera de ‘ductistán’ y del imperio de bases de EE.UU. 

El control de Gwadar abriría la suculenta oportunidad de una larga ruta por tierra a través de Baluchistán, hacia Helmand, Nimruz, Kandahar o, mejor todavía, todas esas tres provincias en el sudoeste de Afganistán, no sólo en términos de bloquear el gasoducto IPI y utilizar Gwadar para el TAPI. Desde la perspectiva del Pentágono y de la OTAN, después de la «pérdida» del Paso Khyber, sería la ruta idea de aprovisionamiento para tropas occidentales en la perenne, ahora rebautizada, GWOT («guerra global contra el terror»). 

Durante al gobierno de Asif Ali Zardari en Islamabad, el BLA, aunque sigue siendo un grupo marginal con un ala política y un ala militar, se ha estado reagrupando y armando, mientras se sospecha que el actual ministro jefe de Baluchistán, Nawab Raisani, sea un recurso de la CIA (aunque no existe una prueba concluyente). En Islamabad se teme que el gobierno haya apartado la vista del tema de Baluchistán – y que el BLA sea efectivamente utilizado por EE.UU. para propósitos de balcanización. Pero parece que Islamabad todavía no ha prestado oídos a la principal reivindicación baluchi: queremos beneficiarnos de nuestra riqueza natural, queremos autonomía. 

¿Cuál será, por lo tanto, el futuro de Gwadar-«Dubai»? ¿IPI o TAPI? La suerte está echada. Bajo la pantalla de radar de la pose fotográfica de Obama, Karzai y Zardari en Washington, todo no hace que comenzar en ese frente vital del Nuevo Gran Juego en Eurasia. 

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Pepe Escobar es autor de «Globalistan: How the Globalized World is Dissolving into Liquid War» (Nimble Books, 2007) y «Red Zone Blues: a snapshot of Baghdad during the surge». Acaba de publicarse su nuevo libro «Obama does Globalistan» (Nimble Books, 2009). Puede contactarse con él en: pepeasia@yahoo.com. 

Primera parte: Obama presenta su imitación de Bush

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