Cultura y Transformaciones sociales en tiempos de globalización : Perspectivas latinoamericanas (Textos completos)

cultura-y-transformaciones-sociales

Mato, Daniel; Maldonado Fermín, Alejandro.

ISBN 978-987-1183-66-1

 CLACSO  http://www.clacso.org.ar/  

 Buenos Aires  abril 2007

Este libro muestra y analiza cómo la producción social de representaciones de ideas que orientan las acciones de actores quee juegan papeles clave en significativos procesos sociopolíticos contemporáneos se da en el marco de procesos y relaciones transnacionales.

Los estudios incluidos examinan casos relacionados con la producción transnacional de representaciones de ideas de nación y nacionalidad, democracia, reforma judicial, libertad, sociedad civil, (neo)liberalismo, desarrollo sustentable, cultura y desarrollo, identidad indígenas, credos y religiosidad, culturas juveniles, industrias culturales, América Latina y latinoamericanismo, por parte de académicos, periodistas, dirigentes sociales y políticos, agencias gubernamentales e intergubernamentales, medios de comunicación masiva, corporaciones transnacionales, universisdades y centros de investigación, así como por parte deorganizaciones indígenas, ambientalistas, religiosas, juveniles, de migrantes, dederechos ciudadanos, y otros actores sociales significativos. A partir del análisis de los mencionados casos, se procura contribuir a la elaboración teórica en el campo de los estudios de cultura, política y cambio social en el mundo contemporáneo.

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Argentina: El fantasma Chávez

Luis Bruschtein

Página/12

Chávez

Con “nosotros o el caos” o “nosotros o Chávez”, el oficialismo y la oposición se disputan mutuamente a sectores de las capas medias que se asustan de las dos cosas, o sea, del caos y de Chávez. Pero el fantasma bolivariano que introdujo la central empresaria en la campaña tuvo también la intención disciplinadora que en su momento expresaron los golpes de mercado contra Raúl Alfonsín, antes de las elecciones presidenciales que ganó Carlos Menem. Ni la UIA ni Techint podían pensar seriamente que la furiosa denuncia que detonaron en plena campaña electoral argentina impediría la nacionalización de las empresas en Venezuela –de lo que ya estaban en conocimiento desde varios meses antes– o que la intervención del gobierno argentino excedería el marco de los usos de la diplomacia, como no lo hicieron los gobiernos de España, Japón, Francia o México cuando sucedió lo mismo con empresas de esos países.

El efecto que sí lograron, en cambio, fue la fuerte irrupción del tema en plena campaña que fue tomado por candidatos del macrismo y la Coalición Cívica para advertir sobre una imaginaria “chavización” del Gobierno luego de las elecciones. Y los movileros salieron velozmente a preguntar a los candidatos del oficialismo si después del 28 de junio se produciría el inusitado festival de nacionalizaciones. Incluso la visita en esos días de Néstor Kirchner a la planta de la quebrada papelera Massuh –tomada por el Estado a través de un fideicomiso del Banco Nación para impedir su cierre– fue mostrada como una señal de futuras nacionalizaciones de fábricas y empresas.

La movida de los capitanes de la industria obligó a que el Gobierno rechazara cualquier intención de nacionalizar o de seguir los pasos de la revolución chavista bolivariana en un esfuerzo para sacar el tema de la campaña electoral. El mismo secretario general de la CGT, Hugo Moyano, lanzó una frase sorprendente: “Perón no nos enseñó a estatizar” y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, explicó que el proceso de nacionalizaciones en Venezuela demostraba que ese país está en una etapa “preperonista”. Ninguna de las dos frases se entiende bien. Lo único que queda claro es que el Gobierno no está interesado en el tema y menos para debatirlo en medio de una campaña electoral en la que las capas medias le están siendo rehacias.

La UIA y Techint saben que no está en los planes del Gobierno ningún proceso de nacionalizaciones como el de Chávez, pero quieren asegurarse la inmovilidad de los directores que el Estado puso o debe poner en los directorios de las empresas donde las AFJP habían invertido parte del dinero de los jubilados. Al pasar los fondos de las AFJP a la ANSES, esta última quedó con inversiones en más de veinte de las principales empresas del país, entre ellas la misma Techint. El nombramiento de directores del Estado en estas empresas produjo primero sorpresa y después rechazos y tironeos. El caso de Techint –más propiamente Siderar, la mayor acerera del país– fue especialmente difícil, porque los fondos de la ANSES llegan al 27 por ciento del total, por lo que, según algunas interpretaciones, al Estado podrían haberle llegado a corresponder tres directores y el grupo de Paolo Rocca hubiera perdido la mayoría en el directorio. Otras empresas en situación similar se ampararon en sus reglamentos y lograron impedir la incorporación del representante estatal.

El Gobierno aclaró finalmente que no le interesaba una intervención mayoritaria, pero que sí tendrá por lo menos un director para cuidar los fondos del Estado. La discusión en Siderar terminó con la designación de un solo delegado en el directorio, el economista Aldo Ferrer. El proceso quedó en ese punto y aunque el Gobierno no dio ninguna señal de avanzar más, algunas de estas empresas, ya repuestas de la primera sorpresa de tener de socio al Estado, reaccionan para delimitar el territorio y prevenir cualquier intención futura. Este ha sido un tema latente. A las empresas les interesa frenar cualquier mala idea por parte estatal, pero tampoco quieren despertar al monstruo, no vaya a ser que cambie de opinión y decida exigir la concreción de todos sus derechos societarios.

Pero al fantasma de Venezuela ya le venían poniendo la sábana desde antes que se conocieran las nacionalizaciones de las tres empresas en las que tiene participación Techint en ese país. Varios medios argentinos habían mandado corresponsales para cubrir, entre el 27 y el 29 de mayo, el fastuoso 25º aniversario del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE), uno de los principales centros de oposición de la derecha venezolana que había convocado a dirigentes conservadores y neoliberales de Europa y América latina como Alvaro y Mario Vargas Llosa, los ex presidentes Jorge Quiroga y Francisco Flores, de la derecha boliviana y salvadoreña y otros menos conocidos. Una de las invitadas de Argentina fue la diputada macrista Cynthia Hotton.

Uno de los más conspicuos integrantes del CEDICE es Marcel Granier, presidente de la televisora RCTV, a la que el gobierno de Chávez no le renovó la licencia para transmitir por aire y ahora lo hace por cable desde Miami. Granier fue el que organizó toda la operación mediática de cobertura al golpe contra Chávez, operación de la que los argentinos pudieron ser testigos porque era transmitida prácticamente en cadena por las televisoras locales y pudieron constatar la manipulación abierta que se hizo de la información. El empresario mediático ha enviado cartas a todas las fuerzas de derecha de Brasil para que bloqueen la incorporación de Venezuela al Mercosur, que ha sido la exigencia planteada aquí al Gobierno por la UIA y Techint, como parte de la campaña promovida por Granier. Habría que señalar que en Brasil esa campaña tuvo bastante repercusión, pero no en Argentina, donde la oposición no controlaba ninguna de las dos Cámaras legislativas y ni se atrevieron a plantearla como ahora lo hicieron los capitanes de la industria.

Lo que se trataba de una reunión bastante intrascendente para los medios argentinos se convirtió en un verdadero circo mediático, con una cobertura que no tienen otros hechos más importantes del ámbito internacional. Cuando Kirchner hablaba aquí en sus actos de campaña de “profundizar el modelo”, las pantallas locales reproducían esa misma frase, pero en boca de Chávez. La demonización de Chávez es un tema conocido, pero aquí, para sectores de la oposición, tiene el sentido estratégico de malquistar las relaciones entre los dos países.

El circo mediático comenzó cuando se denunció que Alvaro Vargas Llosa, a quien algún humorista califica de intelectual, había sido detenido por el régimen venezolano. Después se supo que no había sido detenido ni retenido, sino que había demorado dos horas su entrada al país, quizás un poco más que el trámite que debe realizar cualquier turista. Mario Vargas Llosa, su padre, que sí es uno de los más grandes escritores latinoamericanos, se prestó al mismo juego y esa demora de dos horas le alcanzó para denunciar que Venezuela “va en camino de ser la segunda Cuba”. La demora de dos horas y las declaraciones de los dos Vargas Llosa se acoplaron a la difusión de una frase de Chávez a Lula prometiéndole que no nacionalizará empresas brasileñas. El venezolano le aseguró a la Presidenta que sólo había sido una broma, pero la cuestión se sumó a la campaña, criticando al Gobierno por no reaccionar de manera más dura contra Chávez. Gracias a la intervención del Gobierno en la nacionalización de Sidor, el gobierno venezolano le pagó a Techint una suma mucho mayor a la esperada por la propia empresa al inicio de la negociación. Pero además, el intercambio comercial entre los dos países sobrepasa los 1400 millones de dólares, con una balanza comercial muy favorable para Argentina. Dentro de esa cifra están representadas más de dos docenas de empresas argentinas, entre ellas algunas que fabrican maquinaria agrícola que empezaron a venderle a Venezuela en los últimos cinco años. De todos modos, la UIA priorizó los intereses de Techint sobre los de las demás empresas pequeñas y medianas que participan de ese intercambio.

La pequeña “Operación Venezuela” que introdujeron en la campaña la UIA, Techint, algunos medios y sectores de la oposición demostró que no tiende a evitar una inexistente “chavización” de la Argentina, sino a empujar al país hacia posiciones de derecha, conservadoras en lo político y social y neoliberales en lo económico.

 

 

 

El culebrón de Hugo Chávez y los Vargas Llosa

María Laura Carpineta

Página/12

Durante todo el día de ayer el presidente venezolano, Hugo Chávez, y el escritor peruano Mario Vargas Llosa amenazaron con enfrentarse en un debate sin límites de tiempo ni de temas frente a las cámaras, y sigue el coqueteo.

Fue un coqueteo que no se concretó, una seguidilla de provocaciones y sugerencias que mantuvieron en vilo, como un culebrón, a los venezolanos. Durante todo el día de ayer el presidente venezolano Hugo Chávez y el escritor peruano Mario Vargas Llosa amenazaron con enfrentarse en un debate sin límites de tiempo ni de temas frente a las cámaras de Aló Presidente, el programa de Chávez que por estos días festeja sus 10 años al aire. La propuesta había surgido el jueves pasado de boca de Chávez, cuando conducía el primero de los cuatro días del maratón aniversario de Aló Presidente, que terminará mañana.

Ayer la estrella del congreso de intelectuales liberales que se realiza en estos días en un hotel cinco estrellas de la capital venezolana había aceptado la invitación. Las expectativas crecían. Horas después, Chávez le ponía fecha y hora a la cita, mañana a las 11 (13 hora argentina) en el set del programa oficial. Pero unos minutos más tarde algo pasó que lo hizo cambiar de opinión. “Aceptan, pero la condición es lamentable. No quieren discutir, lo que quieren es un show con igualdad”, señaló Chávez al aire. El mandatario había aceptado participar en el debate, pero se negó a discutir, mano a mano, con Vargas Llosa. Según explicó, la idea era debatir ideas, no enfrentar a dos figuras.

Varias horas antes, los tres oradores principales del congreso liberal habían convocado una conferencia de prensa para aceptar el debate. “Estamos a favor del diálogo como uno de los principios básicos que nosotros defendemos”, explicó Vargas Llosa, escoltado por los mexicanos Jorge Castañeda, ex canciller de Vicente Fox, y Enrique Krauze, historiador. “Los participantes aceptan este diálogo y proponen que para mayor eficacia y claridad del mismo se lleve a cabo entre dos personas: el presidente Hugo Chávez y el escritor Mario Vargas Llosa”, informó más tarde Rafael Alfonzo, el presidente del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (Cedice), la fundación que organizó el congreso.

Los temas que los liberales propusieron fueron la democracia, los derechos humanos y la crisis económica internacional. Chávez no cerró la puerta. Dijo que mantenía la oferta de abrir una discusión entre los “representantes de la derecha” y los “revolucionarios bolivarianos”.

La invitación de Chávez del jueves pasado había sorprendido a oficialistas y opositores. Como muchas de las decisiones del mandatario venezolano, fue espontánea y provocativa. El congreso de los intelectuales liberales y las críticas de sus oradores venían acosando al presidente venezolano y acaparando la atención de los medios locales e internacionales desde principio de la semana, cuando el hijo de Vargas Llosa, Alvaro, fue demorado durante tres horas en el aeropuerto y se le exigió no involucrarse en la política venezolana durante su estadía en el país.

Vargas Llosa hijo denunció la demora en medios de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica y la noticia dio la vuelta al mundo. Desde entonces, la tensión entre el gobierno chavista y los intelectuales de derecha no ha hecho más que escalar. Apenas llegaron al país, los expositores del Encuentro Internacional Libertad y Democracia, un congreso convocado por el Cedice, criticaron al gobierno de Chávez.

“No hay duda de que el proceso en curso acerca a Venezuela a una dictadura comunista y la aleja de una democracia liberal”, opinó el jueves Mario Vargas Llosa. A su lado, Krauze advirtió, con tono apocalíptico, que queda poco tiempo antes de que se consolide el pronóstico de su compañero. “La concentración de poder en una sola persona es algo que, tarde o temprano, este pueblo va acabar lamentando”, aseguró el historiador mexicano.

Ese ha sido el tono del congreso, que se parece mucho al que se realizó el año pasado en la ciudad santafesina de Rosario. No es casualidad. Los dos fueron organizados por fundaciones que pertenecen a una ONG regional que funciona como paraguas para algunas de las organizaciones ultra liberales más conocidas del continente americano, Heritage Foundation y Cato Institute en Estados Unidos, FIEL y la Fundación Libertad en Argentina y el Instituto Libertad y Desarrollo en Chile, entre otras.

En Venezuela, Cedice concentra a los sectores más afectados por los más de diez años de gobierno chavista. Su presidente, Rafael Alfonzo, es un empresario de familia de industriales ricos y uno de los miembros del directorio de Fedecámaras, la central empresarial que impulsó y lideró el golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002.

Además, entre los directores de la fundación se destaca un apellido que se hizo mundialmente famoso en los últimos dos años. Carlos Alberto Granier es el hermano y asesor de Marcel Granier, el dueño de RCTV, el canal privado al que el gobierno chavista no le renovó la concesión hace dos años, forzándolo a salir del aire. RCTV era el canal con más audiencia a nivel nacional y fue uno de los que dirigió el bloqueo informativo durante los dos días que duró el golpe militar y el fallido gobierno de facto. Ahora sólo transmite por señal de cable.

Chávez aceptó debatir ante las cámaras de televisión con esas familias venezolanas y con sus representantes intelectuales de la región, ex funcionarios republicanos, pinochetistas como el líder del partido Unión Democrática Independiente (UDI) chilena, Joaquín Lavín, el vicepresidente del dictador boliviano Hugo Banzer Suárez, Jorge “Tuto” Quiroga, y defensores a ultranza del neoliberalismo de los noventa. “Aló Presidente abre sus portones. Ojalá lo acepten”, dijo anoche Chávez, intentando mantener vivo el coqueteo.

 

Cómo los medios ocultan el mundo

Sandra Russo

Página/12

“Este nuevo libro de Pascual Serrano establece de modo definitivo, con un catálogo estremecedor de hechos, la prueba del ADN de que los medios desinforman.” La frase es de Ignacio Ramonet, quien prologa Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo, que acaba de ser publicado en España. Ramonet es ese francés un poco respingado de Le Monde Diplomatique, a quien a su vez el propio Pascual Serrano admira porque le atribuye la noción de “pensamiento único”. Fue una frase que Ramonet usó en un Foro Social, y que prendió en todo el mundo para nombrar algo que todavía, antes de ser detectado y pasado a discurso, circulaba camuflado en el agua del neoliberalismo de los ’90.

Pascual Serrano, me gustaría presentarlo, es uno de los directores del periódico digital Rebelión, en el que diariamente se pueden leer algunos de los mejores artículos de política exterior y derechos humanos de todo el mundo. Y Pascual tiene una especialidad, una especificidad como intelectual de izquierda, y es detectar la trampa del poder en el lenguaje periodístico. Tiene un ojo entrenado como he visto pocos y una solidez admirable para transmitir sus hallazgos semánticos en textos breves que desvisten títulos, ediciones, formas de expresión, fotos, secuencias de información.

De eso se trata su nuevo libro, pero lo que es verdaderamente nuevo y necesario es el enfoque del trabajo de Serrano. Porque vivimos un tiempo en el que los circuitos de la información se han llenado de dinero. La información ya no es sólo poder, sino capacidad económica para escindir el poder de la política. La libertad de la economía para subordinar a la política a sus intereses específicos es la libertad central que se defiende en el coloquio al que fueron a hablar los Vargas Llosa.

Pero precisamente a propósito de sus presuntas detenciones o retenciones en el aeropuerto, que no fueron más que trámites migratorios largos, y del operativo mediático increíble que se montó en la Argentina, donde el aire preelectoral es el cultivo en el que crecen los hongos informativos, es oportuno hacer pie en el trabajo de Serrano. En el mundo del capitalismo globalizado, la información que circula por los grandes medios construye diariamente un mundo paralelo a su antojo, hundiendo a los espectadores, oyentes y lectores en los velos de ese mundo paralelo, en el que fue detenido Mario Vargas Llosa al llegar a Venezuela. Eso jamás ocurrió, pero es lo de menos. Se monta la estantería mediática de los hechos y se pone a hablar a todo el mundo como si lo que no ocurrió hubiera ocurrido, y después sólo se debe repetir las declaraciones: una ficción está siendo consumida como información.

La semana pasada, Serrano publicó un artículo en el que afirma que “sólo se puede llegar a la conclusión de que en Venezuela hay un empresario de apellido Chávez que compra bancos. Para los medios no es que el Estado venezolano haya comprado el Banco de Santander, ha sido Chávez quien ha sacado los millones de su bolsillo y se lo ha quedado. Es curiosa la sintonía de todos los medios: Agencia AFP: Grupo Santander vende a Chávez el Banco de Venezuela por 1050 millones de dólares, El Mundo: Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, EFE en Heraldo de Soria: El Santander acuerda la venta del Banco de Venezuela a Chávez, RTVE: El Santander vende a Chávez su filial en Venezuela por 750 millones, El País: El Santander vende su filial venezolana a Chávez por 750 millones. Y, por si no fuera poco, El Mundo llega a titular Chávez se convierte en el primer banquero de Venezuela.”

Los medios sustraen al Estado venezolano del escenario significante. Atribuyéndole a Chávez un personalismo propio de la presunta dictadura que describen, son los propios medios los que se niegan a entrar en la lógica de un Estado democrático y soberano. “En El País del día siguiente, ya ni siquiera Chávez compra el banco, se lo entregan: ‘El Santander entrega el Banco de Venezuela a Chávez por 755 millones’.”

Quizá sea necesaria esta manipulación informativa del proceso venezolano, ya que lo que está haciendo el gobierno de Chávez es lo mismo que hacen otros gobiernos. Por eso debe ser narrado de otra manera. “Los estados están comprando acciones de los bancos, es decir, nacionalizando. Medio año antes, Bush anunció la compra de acciones en nueve de los mayores bancos del país por un total de 250.000 millones de dólares. Claro que, entonces, el dueño ya no era el presidente, por eso titulaban EE.UU. negocia la nacionalización de hasta el 40 por ciento de Citigroup (El País 22-2-2009) o EE.UU. baraja nacionalizar parte de la banca (Público 9-20-2008). No publicaban que Obama negocia la compra o Bush baraja comprar.

El objetivo preciso, discursivo, es evitar “la asociación entre Hugo Chávez como legítimo representante de los venezolanos y convertir las decisiones de su gobierno en iniciativas personales y, si es posible, que las audiencias crean que el banco se lo queda Chávez para él”. Un ejemplo, apenas, del mundo paralelo que crean los medios, para no responder por el mundo que ocultan.

 

“El Mercurio” dirige la política nacional

Manuel Cabieses Donoso

Punto Final

 

“El objetivo central de la política es mantener a la población alarmada y, por lo tanto, ansiosa de que la conduzcan a la seguridad, amenazándola con una serie interminable de espantajos, todos imaginarios”.

(H. L. MENCKEN )

Ante la inoperancia y desprestigio de los partidos -de uno y otro bando-, El Mercurio de Santiago ha asumido el rol de director de escena de la política chilena. Impone la pauta informativa que guía a casi todos los medios escritos y audiovisuales. En esa función ha convertido a la “clase política” -dirigentes, parlamentarios, funcionarios públicos, comentaristas, etc.- en actores de un escenario que es esencialmente falso. Esta construcción tiene como propósito confundir a la opinión pública y subordinarla a los intereses oligárquicos y antinacionales que representa ese diario. Esa labor, cumplida con frialdad y sin cortapisas éticas, ha conseguido prostituir la política y convertirla en un espectáculo cuyos personajes desempeñan determinados roles a cambio del derecho a existir en esa realidad mediática y alcanzar una cuota de poder verdadero.

En ese sentido, Chile está siguiendo el camino recorrido por otros países, en que el vacío que dejaron los partidos -sumidos en el desprestigio de la corrupción-, pasaron a ocuparlo los medios de información. La prensa y televisión -en menor medida la radio- están controlados en América Latina por los sectores más cavernarios y pro imperialistas y se encuentran empeñados en crear graves problemas a gobiernos democráticos y populares como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador. El Mercurio, que ya tiene en su siniestro récord haber contribuido al derrocamiento del presidente Allende, juega esa función en las condiciones del Chile actual.

La derecha en nuestro país tiene muchas posibilidades de ganar las elecciones de diciembre. Pero no sabe cómo hacerlo. Se encuentra ante un país contradictorio y complejo que padece de analfabetismo político como producto de la erosión ideológica y moral causada tanto por la derecha como por la Concertación. Esto, sin embargo, no asegura la hegemonía de nadie y es allí donde surge El Mercurio para fabricar una “realidad” que asegure el triunfo de la derecha. En los hechos, El Mercurio es el generalísimo de la campaña de Piñera. Las encuestas -las serias y las truchas- mantienen desde hace meses a Sebastián Piñera a la cabeza, con alrededor del 40%. Pero lo que falta no es fácil de conseguir debido a la volatilidad de una opinión pública desinformada. El principal sostén partidario de Piñera es Renovación Nacional, que en las encuestas ha desplazado a la UDI a un tercer lugar detrás de la Democracia Cristiana. Los dos partidos de derecha reúnen un 24% y los cuatro partidos de la Concertación apenas 19%, según encuestas serias. Todo indica que la derecha puede al-can-zar la mayoría de la Cámara de Diputados. Sin embargo, corroborando la licuación de la política nacional debido a la falta de referentes políticos realmente alternativos, la encuesta del Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea (Cerc) del mes de abril, indica que sólo el 17% de los consultados dijo ubicarse en la derecha del espectro político. En cambio, el 21% se considera de Izquierda y el 34% de centro. No obstante, a contrapelo con lo anterior, el 20% de los encuestados dijo tener una buena imagen de la dictadura militar y el 36% la consideró regular. Sólo el 32% opinó que la dictadura fue una tragedia para el país (ese porcentaje era de 39% hace cuatro años).

Datos sueltos como éstos -a los que hay que agregar el casi 70% de popularidad de la presidenta Michelle Bachelet y el 60% de su gobierno- conforman un panorama contradictorio y movedizo para cualquier estrategia política. Sobre todo para la derecha que en un escenario tan confuso no puede cantar su autoanunciada victoria. Intentando conducir la política por el rumbo que necesita la derecha, la asesoría mercurial inventó una fachada para Piñera: la Coalición por el Cambio. Es una fórmula poco original pero probada. El 3 de mayo el empresario Ricardo Martinelli ganó la presidencia de Panamá con su Alianza por el Cambio. Dueño de una cadena de supermercados y con participación en el negocio de la televisión y muchos otros, Martinelli obtuvo 60% de los votos y 41 de las 71 bancas de diputados. El caso de Panamá pudiera servir de ejemplo en Chile. El gobierno de Martín Torrijos y su socialdemócrata Partido Revolucionario Democrático (PRD) tuvo éxitos en la macroeconomía. El país creció en forma sostenida en los últimos años. Sin embargo, la base social del PRD fue minada por graves problemas en la seguridad pública, el transporte, la educación, el alto costo de la vida, la cesantía, etc. Estos factores mandaron a la lona a un sistema de gobierno que -como la Concertación- llevaba veinte años en el poder. La Alianza por el Cambio de Panamá utilizó en su propaganda los mismos resortes sicológicos que emplea la Coalición por el Cambio en Chile. Las palabras mágicas son “cambio” y “alternancia”; los temas: corrupción, seguridad, desempleo, educación, salud, etc., problemas reales y graves.

Sin embargo, Piñera viene en declive. Desde diciembre de 2008 a abril de este año, ha disminuido 9 puntos, mientras Frei ha subido 20, según la encuesta Cerc. Seguramente esto llevó a El Mercurio a no publicar una línea sobre esa encuesta, salvo una mención anecdótica acerca del director de Cerc, Carlos Huneeus. Vale la pena decir que esa encuestadora, vinculada a la Concertación, lleva 23 años haciendo un trabajo que le ha granjeado prestigio. No puede decirse lo mismo de El Mercurio y su espolón de ataque, el vespertino La Segunda, que han convertido sus encuestas en un método para crear hechos políticos en función de sus intereses.

La táctica que emplea El Mercurio apunta a desorganizar las filas -ya bastante raleadas y fatigadas- de la Concertación. Como toda táctica eficaz, ésta se apoya en las propias debilidades de la coalición de gobierno, en sus rivalidades, errores y luchas internas. No sólo sufre el desgaste de veinte años en el gobierno -acentuado por niveles escandalosos de corrupción-. Está también el agotamiento histórico de un proyecto que ha perdido el rumbo y también el alma en un continente que comienza a explorar nuevos caminos, ajenos al capitalismo en crisis. La Concertación, como tal, sólo existe a nivel cupular. En la base social ha desaparecido y cada partido se rasca con sus uñas. En servicios públicos y municipalidades -que son su reducto- los militantes libran luchas feroces por ocupar colinas burocráticas que el cuoteo ha entregado a “compañeros” de otros partidos. El Mercurio -cuya sórdida historia se ha relatado ene veces en Punto Final-, gozaba de ventajas para asumir la dirección del escenario político. Entre ellas, el temor reverencial que provoca en políticos de todos los colores. No es que El Mercurio tenga una gran circulación (de hecho La Tercera vende más). Su circulación es insignificante en ciudades como Valparaíso y Viña del Mar (ver PF 683). Pero su influencia aumenta con los 24 diarios de su cadena y la sujeción a su agenda informativa de la mayoría de los medios escritos y audiovisuales. Los políticos se pirran por aparecer en El Mercurio y esto le permite darse ínfulas de “objetivo” concediendo espacio a opiniones diferentes. Por ejemplo, en la actual campaña presidencial, ha publicado columnas de Jorge Arrate, Adolfo Zaldívar y Marco Enríquez-Ominami, presuntos críticos del modelo económico que defiende El Mercurio.

El caso del joven diputado socialista que aspira a ser candidato presidencial independiente, es especial. Se ha convertido en “fenómeno” político gracias sobre todo a El Mercurio y su cadena, que constituyen el mayor soporte publicitario de su campaña. No cabe duda que las intenciones de El Mercurio son diferentes a las de Marco Enríquez-Ominami. Pero éste no ha manifestado ninguna molestia por el torrencial despliegue de informaciones y comentarios favorables que le brinda El Mercurio. El apoyo del escorpión mercurial dañará las posibilidades de Enríquez-Ominami y quizás le impida encabezar un movimiento de renovación de la política y de superación democrática de la Concertación.

A pesar del apoliticismo inducido que existe en el país, vastos sectores populares han aprendido a sospechar de las intenciones de El Mercurio. Saben -por dolorosas experiencias- que el diario del conspirador y traidor a la Patria, Agustín Edwards Eastman, miente. El individuo que viajó a Washington a pedir la intervención norteamericana para derrocar al presidente Allende, puede ser halagado y cortejado por los gobiernos y políticos de la Concertación y de la derecha. Sin embargo, gran parte del pueblo sabe que Edwards es un viejo crápula que ha puesto su consorcio periodístico al servicio de la oligarquía y del imperio norteamericano.

La insólita decisión mercurial de promover a Enríquez-Ominami la explica bien un columnista del diario, David Gallagher, declarado piñerista. Después de un largo elogio al joven precandidato, Gallagher dice en su artículo El fenómeno Marco: “Su postura en materia de derechos civiles despierta apoyo y rechazo transversales. Lo mismo ocurre con sus cambios constitucionales. Algunas de sus ideas económicas… parecen liberales. (…) En todo caso es difícil imaginarse que en segunda vuelta los votantes de Marco votarían todos por Frei. Por lealtad a la Concertación, él podría llamarlos a hacerlo, pero eso vulneraría su relación con sus adherentes, gente que casi por definición, valora para sí misma la libertad de acción que él mismo se ha permitido” (El Mercurio, 22 de mayo, 2009).

Es la ambigüedad de Enríquez-Ominami, sobre todo en su programa económico de marcada tendencia liberal, lo que hace posible -sin correr riesgo- que El Mercurio le preste considerable atención, confiando canalizar parte de su eventual votación al empresario Sebastián Piñera. Este es un tema -el decepcionante programa económico de Enríquez-Ominami-, que Punto Final debe explorar con más detenimiento, y así lo haremos.

El Mercurio ha llegado a flexibilizar al máximo su línea editorial. Por ejemplo, apoyando el pacto electoral de la Concertación con el Partido Comunista. En editorial del 31 de enero de 2009, señala: “…es una forma (el pacto) de terminar con la llamada exclusión, sin introducir parches al sistema binominal que le darían un indeseable poder definitorio a los partidos que rompan el supuesto empate. En fin, éste podría ser el inicio de un cambio más definitivo en las posturas del PC, que acorte sus diferencias con la Concertación para, eventualmente, integrar ese conglomerado como un partido más. (…) Si ese eventual cambio se consolida, la institucionalidad democrática del país se afirmaría. Un PC ‘deslavado’, a la italiana, sería positivo para Chile, aunque aún es prematuro saber si eso ocurrirá”.

Sin embargo, poco después -el 8 de febrero de 2009- El Mercurio intentó desalentar el pacto que en esos días parecía “próximo a formalizarse”. Su editorial recogía la alarma del presidente de RN, Carlos Larraín, en el sentido que “la Alianza puede perder diputados”. Ante ese peligro, El Mercurio desempolvó su anticomunismo tradicional para sostener que “un eventual pacto entre la Concertación y el PC haría de éste una suerte de copartícipe en el gobierno, algo que el país no ha vuelto a vivir desde la Unidad Popular y que expresamente excluyó el Acuerdo Nacional de 1985, al reunir sólo a quienes podían acreditar una efectiva vocación democrática. Y esa renuncia de la Concertación a esta definición básica sí sería un cambio mayor del escenario político”.

El garrote golpista asoma detrás de las palabras.La información política de El Mercurio, a partir de esa fecha, hace denodados esfuerzos por fabricar “noticias” destinadas a boicotear ese pacto y entorpecer la modificación del sistema binominal, lo cual ha conseguido en buena medida.

La intromisión de El Mercurio en la política nacional causa también otros “daños colaterales”. Contribuye, por ejemplo, a retrasar la construcción de una alternativa de orientación socialista que ponga a Chile a tono con la tendencia que se ha puesto en marcha en América Latina. Sujetos político-sociales necesarios a ese proceso, están atrapados en las redes de la “política” creada por El Mercurio, obsesionados por ganar un lugar en un sistema político que empieza a crujir por agotamiento. Pero este tema también es materia de otro artículo.

(Publicado en “Punto Final”, edición Nº 686, 29 de mayo, 2009)

Entrevista a Enzo Faletto, figura clave de la Teoría de la Dependencia

“Necesitamos una nueva ética de comportamiento”

CLACSO – La Jornada

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La foto de Humphrey Bogart en blanco y negro con el cigarrillo en la comisura del labio estaba colgada en una pared del pequeño cubículo del profesor de tiempo completo de este sociólogo e historiador de la Universidad de Chile, protagonista de los años 70, desde la Cepal y Flacso, con obras sobre la teoría de la dependencia con locación en América Latina. Estrellas del estilo de Fernando Henrique Cardoso, Ricardo Lagos y otras figuras de esa talla compartieron reflexión y desvelos con este “duro” que decidió quedarse en Santiago a la hora de los inconvenientes, para demostrar que en tiempos de canallas también era posible preservar una actividad intelectual.

LA IRONÍA EXACERBADA no logra protegerlo de una sensibilidad a flor de piel que se expresa en la mirada aguda pero benévola de quien ha transitado desde la euforia personal y colectiva hasta el umbral de la muerte, propia y ajena, en un recorrido silencioso sin estridencias más cercano al de un monje que al de un intelectual mediático del siglo XXI. A sus 66 años, Enzo Faletto, la figura mítica de la Sociología de la Universidad de Chile, autor de libros como Dependencia y desarrollo en América Latina, junto al ex Presidente de Brasil Fernando H. Cardoso; El liberalismo Romántico, con Julieta Kirkwood; Transformaciones sociales y económicas en América Latina, con Rodrigo Baño, o de artículos como “El futuro del Estado”, con Ricardo Lagos; o “Los años sesenta y el tema de la dependencia”, “De la teoría de la dependencia al proyecto neoliberal. El caso chileno”, los dos últimos publicados recientemente en la revista del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, asume que efectivamente la Casa de Bello ha sido un refugio que le ha permitido observar casi sin ser visto.

Alguien debe escribir la historia político-intelectual de quienes nos quedamos en Chile y de ese diálogo interno que también se extendió a quienes estaban en el exilio, señala al inicio de la entrevista mientras fumamos como chimeneas en una mañana luminosa y caliente de verano de mierda, encerrados en una oficina del Departamento de Sociología en pleno enero. Advierte que no debe fumar y saca otro cigarrillo y lo enciende en una actitud equivalente a yo me muero como viví, o de duro, al estilo Bogart, o de intelectual maldito pero amigo de sus amigos.

Refugiados en Flacso, organización clave en la resistencia intelectual de esos tiempos, y convencidos que el fin de la dictadura estaba a la vuelta de la esquina, comenta de esos primeros tiempos en Chile junto a Lechner, Garretón, Moulian, Julieta Kirkwood, Rodrigo Baño y otros tantos, convencido del aporte de un exilio que con más mundo echará por tierra esta sensación de “excepcionalidad” del proceso chileno y abrirá el debate. Pero poco o nada de esas expectativas se cumplieron: el exilio fue muy largo y muchos intelectuales siguieron hablando de un Chile inexistente, de un país analizado y pensado para los europeos o estadunidenses. En síntesis, se hablaba poco de América Latina con los latinoamericanos, marcando una tendencia que, según Faletto, hoy subsiste y se traduce en falta de pensamiento propio, y en una crisis del rol de la sociología que abarca hasta la forma de hacer política. Seguir leyendo “Entrevista a Enzo Faletto, figura clave de la Teoría de la Dependencia”

¿Qué hacer con la OEA?

Atilio A. Borón

Rebelión

OEA 2Las organizaciones -y las burocracias internacionales todavía más- se resisten tercamente a morir. Aunque hayan cumplido su ciclo y perduren como ruinosas huellas de un pasado que ya nunca volverá siempre tendrán ingeniosos defensores que urdirán los más intrincados razonamientos para postergar indefinidamente su inevitable ocaso. En este sentido la próxima reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros de la OEA en San Pedro Sula, Honduras, está planteando la pregunta incorrecta, a saber: ¿debe o no Cuba volver a la OEA, y si vuelve, bajo cuáles condiciones? En realidad lo que hay que preguntarse es si existe alguna razón en virtud de la cual la OEA merece seguir existiendo. Y cuando se plantea esta pregunta, que es la correcta, la respuesta es inequívoca: No. No hay ninguna razón que justifique la continuidad de la OEA.

No sólo Cuba no tiene nada que hacer en la OEA. Tampoco los demás países de América Latina y el Caribe. Esta organización reflejó un (largo) momento de total hegemonía de Estados Unidos en el sistema interamericano. La OEA fue la expresión, en el plano de los organismos internacionales, de ese período histórico ya concluido en el cual Washington mandaba y los demás acataban, como lo demostró la ignominiosa expulsión de Cuba ordenada por la Casa Blanca en ocasión de la octava cumbre reunida en Punta del Este, Uruguay, el 31 de Enero de 1962. Como el imperialismo había sido derrotado en Playa Girón, el 16 de Abril de 1961, la represalia fue declarar el ostracismo de Cuba, su total aislamiento, con la vana esperanza de que abrumada por tamaño infortunio la Revolución plegaría sus banderas y se entregaría mansamente a sus enemigos. Se equivocaron de medio a medio.

Hay un paralelismo inevitable entre la malograda Sociedad de las Naciones y la OEA. La SN, fundada como resultado del Tratado de Versailles al finalizar la Primera Guerra Mundial tenía por objeto promover los llamados “derechos del hombre”, prevenir el estallido de nuevas guerras, fomentar la seguridad colectiva y resolver las controversias internacionales mediante la negociación y la diplomacia. Su manifiesta incapacidad para cumplir con tales propósitos provocó, a mediados de los años treintas, su progresiva obsolescencia al compás de la expansión del fascismo en Europa y, sobre todo, de la arrolladora marcha del ejército Nazi ante la cual la SN no hizo otra cosa que lamentarse. La OEA, por su parte, declara que su misión no es otra que la de ser un foro adecuado para facilitar el diálogo multilateral y la toma de decisiones dentro del sistema interamericano, fortalecer la paz y la seguridad, consolidar la democracia , promover los derechos humanos , apoyar el desarrollo social y económico y promover el desarrollo sostenible en todo el ámbito americano. No obstante, sus bellas intenciones se vieron invariablemente frustradas porque antes que nada la OEA fue, desde su nacimiento, un instrumento del imperialismo norteamericano y todos aquellos loables objetivos quedaban invariablemente supeditados al interés de la potencia hegemónica. Consolidar la democracia sí, pero siempre y cuando los gobiernos democráticos no amenazaran los intereses de Estados Unidos. Fortalecer la paz y la seguridad sí, pero si hay gobiernos díscolos que desafían al poder imperial invasiones como las de Playa Girón, Santo Domingo, Panamá o Granada se tornan perfectamente justificables.

El sometimiento y control de las naciones al Sur del Río Grande fue un imperativo estratégico de Estados Unidos desde fechas tan tempranas como 1823, cuando el Presidente James Monroe formulara la doctrina que lleva su nombre: “América para los (norte) americanos”. En línea con esta directiva estratégica Washington promovió la realización, en 1890, de la Primera Conferencia Interamericana , misma que fuera brillantemente cubierta por José Martí en su carácter de corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires. [1] Dicha conferencia instituyó una Secretaría Permanente que, en 1910, se convertiría en la Unión Panamericana. Habría de ser en Bogotá, el 30 de Abril de 1948, cuando esta institución diera nacimiento a la OEA en medio de las enormes convulsiones desencadenadas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el popular líder del partido Liberal colombiano perpetrado pocas semanas antes. No es un dato menor que desde 1890 hasta la fecha de la creación de la OEA todos los directores de este organismo “interamericano” hayan sido ciudadanos estadounidenses y que, una vez constituida la OEA, ningún Secretario General fuese designado sin la explícita aprobación de la Casa Blanca que ejercía en los hechos un poder (para nada discreto o disimulado) de veto.

A partir de su creación la OEA se destacó por su incondicional sumisión a los intereses norteamericanos y a las directivas emanadas desde Washington, transmitidas ora directamente, ora a través de voceros reclutados entre los colonizados más hábiles en las artes de la demagogia y la manipulación de sus pares. La sola enumeración de sus actos, complicidades y claudicaciones desde 1948 hasta nuestros días prolongaría extraordinariamente este artículo. La OEA condonó invasiones, asesinatos políticos, golpes de estado y campañas de desestabilización contra gobiernos democráticos. Fue ciega, sorda y muda ante las atrocidades del “terrorismo de estado” enseñoreado en la región en la década de los setentas y cuando motivada por un clamor y una protesta generalizadas se decidió a actuar lo hizo tardía y tibiamente. El TIAR, Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, según el cual cualquier ” ataque armado por cualquier Estado contra un Estado Americano será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos” demostró escandalosamente su hipocresía y falsedad cuando el Reino Unido recuperó por la fuerza el control de las Islas Malvinas ante la indiferencia de la OEA. Y cuando en Mayo del 2008 estalló la crisis en Bolivia y los caciques de la “media luna” querían derrocar a Evo Morales -y, eventualmente, crear una república independiente- el conflicto fue rápidamente solucionado mediante la intervención de los países de América Latina en el marco de la UNASUR y sin que la OEA jugara papel alguno.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, tal vez lo más rescatable de la OEA, está de todos modos sujeta a la preponderante influencia de Estados Unidos y sólo puede formular recomendaciones ante denuncias relativas a violaciones a los derechos humanos. La Comisión lo hizo en relación a numerosas violaciones a los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos sin que la Casa Blanca se molestara siquiera en tomar nota del mensaje emitido por un órgano de una institución, la OEA, a la que pertenece desde su fundación. Y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, creada a partir del Pacto de San José de Costa Rica en 1979, que sí tiene capacidad para emitir sentencias, no tiene competencia sobre todos los países miembros de la OEA. Canadá no suscribió el Pacto y tampoco lo hizo Estados Unidos, que de esta manera se automargina de la jurisdicción de la Corte haciendo que cualquier violación a los derechos humanos cometida por este país no sea punible por la Corte. [2] De hecho la OEA ha permanecido asombrosamente inactiva frente al torrente de denuncias formuladas en contra de Washington por las atrocidades cometidas en Abu Ghraib y Guantánamo, los “vuelos de la muerte”, la legalización de la tortura y los asesinatos y agresiones cometidos por fuerzas estadounidenses a lo largo y a lo ancho del planeta.

En función de tales antecedentes, y teniendo en cuenta además, como si lo anterior no fuera suficiente, que aproximadamente las dos terceras partes de los fondos con que funciona la OEA son suministrados por el gobierno de Estados Unidos (con lo que esto significa en términos de condicionamiento político) ¿qué sentido tiene promover el retorno de Cuba a una institución tan desprestigiada como esa? [3] El futuro no está en la OEA sino en la creación de otro tipo de organizaciones internacionales que reflejen adecuadamente los intereses de la región. De hecho el ALBA es una de ellas, la UNASUR es otra: pese a sus diferencias son iniciativas que expresan la realidad actual de una creciente reafirmación de la autodeterminación nacional frente a las exacciones e imposiciones del imperialismo y una conciencia emancipadora continental cada vez más clara. Reflejan la histórica derrota del ALCA en Mar del Plata en 2005; la inconmovible consolidación de la Revolución Cubana; la profundización de las transformaciones sociales, económicas y políticas en marcha en Venezuela, Bolivia y Ecuador y, a paso más lento (y a veces titubeante) en otros países de la región; y la toma de conciencia de que asistimos a la irreversible decadencia de la hegemonía norteamericana en el mundo y, sobre todo, en Nuestra América. Por eso la OEA es una institución anacrónica: representa una correlación de fuerzas internacionales que ya se ha disuelto mientras que el ALBA y el UNASUR expresan el nuevo mundo que está surgiendo de nuestras entrañas. Un mundo que reclama a los gritos proyectos tendientes a fortalecer económica y políticamente a las naciones latinoamericanas y caribeñas como el Banco del Sur, Telesur, Petrosur, Petrocaribe, el Gasoducto del Sur y otros. Sostener a la OEA es una operación no sólo inútil sino además costosa para nuestros pueblos, que podrían reorientar los recursos destinados al sostenimiento de esa organización al combate a la pobreza. Lo que corresponde, por lo tanto, no es librar una batalla para asegurar el reingreso de Cuba a la OEA sino organizar una sencilla ceremonia fúnebre en donde se le brinde una piadosa sepultura, pero sin honores porque por su historia no los merece.

 

Notas

[1] Una selección de esos escritos se encuentra en la recopilación de textos de José Martí que lleva por título América para la humanidad (La Habana: Centro de Estudios Martianos, 2001)

[2] De hecho, Estados Unidos prácticamente no ha suscripto ningún tratado internacional bajo el argumento de que tal cosa lesionaría irreparablemente su soberanía. Para un examen de este asunto ver Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El lado oscuro del imperio. La violación de los derechos humanos por los Estados Unidos (Caracas: Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, 2009), pp.49-55. Por eso, entre otras razones, Washington no sólo no ha ratificado el Estatuto de Roma sino que ha activamente boycoteado a la Corte Penal Internacional y su misión de perseguir y juzgar a quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio.

[3] El Senador demócrata Roberto Mel Menéndez ha amenazado con promover una ley en el Senado norteamericano mediante la cual se suspendería el apoyo financiero a la OEA en caso de que la reunión de San Pedro Sula llegara a aprobar el reingreso de Cuba a dicha organización. Menéndez es un tradicional representante y vocero de la poderosa mafia enquistada en el exilio cubano en Miami.

 

Atilio A. Borón es Director del PLED, Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales Corrientes, Buenos Aires (Argentina)