Pensar América Latina. El Desarrollo de la sociología latinoamericana (Descargar Libro)

 

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Roitman Rosenmann, Marcos. 2008

ISBN 978-987-1183-86-9

CLACSO http://www.clacso.org.ar/

 

INDICE

Introducción

Primera Parte. Por los senderos de la teoría: pensar las estructuras sociales y de poder

  • Capítulo I
  • Las maldiciones de pensar América Latina
  • Capítulo II
  • El desarrollo de la sociología latinoamericana.
  • El origen del debate
  • La planeación del desarrollo: racionalidad, modernización y democracia
  • La respuesta teórica a la sociología de la modernización
  • De la sociología del poder a la sociología de la explotación
  • Una aproximación al debate de la globalización

Segunda Parte. Las estructuras sociales y de poder: una perspectiva histórica

  • Capítulo III
  • El marco histórico
  • Reinterpretando el problema
  • La estructura social en el período colonial
  • América Latina en el proceso de acumulación de capital
  • A modo de conclusión
  • Capítulo IV
  • La estructura social en el orden oligárquico.
  • Orden y progreso
  • Las clases sociales en el orden oligárquico
  • Formación y origen del proletariado en el período oligárquico
  • El problema de la tierra en el régimen oligárquico

Bibliografía

Las maldiciones de pensar América Latina

(Fragmento)

La realidad latinoamericana está maldita porque formó parte del capitalismo colonial. Nostalgia de no ser países imperialistas. Negamos la historia de los pueblos y comunidades indígenas y los devolvemos a la vida para corroborar las tesis racistas que recalcan su incapacidad para apoyar las fuerzas del progreso. En el mejor de los casos, los presentamos como subculturas o imperios que explotaban y sojuzgaban a sus iguales. Pueblos guerreros y despóticos. Con este mito, la sociedad blanca mestiza ladina colonial y los estados-nación del siglo XIX realizan su proyecto de dominación y explotación. Su legitimidad deviene de imponer un orden fundado en la civilización occidental cuyos valores son las libertades individuales y el progreso científico-técnico. Así, explicamos el capitalismo colonial como un mal menor que fue capaz de poner la primera piedra para la construcción de un edificio donde asentar los valores de la civilización católica, apostólica y romana. De esa manera, se deja intacto el proceso de destrucción y expoliación al que fueron sometidos los pueblos indios por el poder regio y el posterior orden republicano.

La frustración de no ser europeos, de no compartir sus virtudes y grandezas, nos carcome. No hemos sido capaces de construir historia, por ello repetimos y reproducimos la de otros. América Latina existe como apéndice de los cambios y transformaciones que se suceden a nivel mundial. Es esta maldición la que se encuentra presente en la forma de construcción del pensamiento social latinoamericano.

Cada cierto tiempo nos apegamos a nuevos paradigmas que suelen reinterpretar nuestra historia, y son muchos los que se regocijan en ello. Primero al liberalismo político del siglo XIX, luego al keynesianismo y ahora a la posmodernidad, la globalización y el liberalismo social de nuevo cuño. También le cabe un lugar al debate sobre el socialismo y la revolución social. Todo emerge como una mala copia de los procesos impulsados en el Primer Mundo. No hay tiempo para digerir los procesos, para separar el polvo de la paja, para establecer y pensar en las diferencias históricas.

Todo parece un despropósito. Se quiere tener un Lenin y revivir la Revolución Rusa, crear un partido a imagen y semejanza del bolchevique, así no queda tiempo para comprender la historia de la Revolución Mexicana, la guerra hispano-cubano-norteamericana o la historia de las luchas de Sandino, salvo cuando triunfa cuarenta años más tarde un Frente de Liberación que lleva su nombre.

Todo ello somete la realidad latinoamericana a discusiones que han derivado acerca de la condición subalterna en la que existimos. Si fuésemos más inteligentes, estaríamos en condiciones de romper el subdesarrollo.

La tensión del pensamiento se pone en verificar hasta qué punto realizamos las reformas necesarias para no perder el tren del progreso y estar por fin a las puertas del ansiado crecimiento económico que nos lleve a la gloria de la modernización y transformación tecnológica.

Lo anterior requiere ser bañado en un discurso pragmático y coherente que recuerde el déficit de modernidad en que se encuentra el continente. Pecados y maldiciones que impiden una rápida ubicación en el nuevo mundo globalizado. 

Continuamente se llama la atención a no repetir las experiencias que se han mostrado esquivas y  eticentes a la marcha del «universo». Ni populismo, ni desarrollismo, ni locuras izquierdistas, ni pensamiento crítico, ni siquiera pensar. Sólo actuar en la lógica racional de Occidente y su proceso de transnacionalización del capital. Somos pecadores y debemos vivir como tales. Las oportunidades para salir del pozo en que nos han dejado sumidos las viejas ideas de un proyecto propio deben dejar paso a una visión amplia capaz de recoger lo mejor de las transformaciones que presenta la globalización productiva. En este orden, el pensamiento  reaccionario propone un proyecto social sin un contenido ético y moral limitado a la economía de mercado. Los aprendices de brujo se transforman en vendedores de perfumes que acaban por dormir la conciencia y el juicio crítico. Por consiguiente, los intentos por romper esta visión son puestos en el escaparate de las propuestas utópicas.

De tal guisa, pensar alternativamente se menosprecia y se reduce a un esfuerzo intelectual de academia sin operatividad política. A partir de ese instante, emerge una especie de sincretismo teórico donde se unen pensadores y pensamientos disímiles sin conexión posible. En un mismo saco caben positivistas, liberales, conservadores, nacionalistas, antiimperialistas y también socialistas, demócratas, radicales, comunistas y anticapitalistas. Bolívar, Sarmiento, Martí, Mariátegui, Allende, Che Guevara, Torrijos, Sandino, Perón, Velasco, Fidel Castro, Cárdenas, Arbenz, Goulart o Vargas son presentados sin vínculos con su realidad.

Todo da igual. Así surgen debates y discusiones teóricas que empiezan y terminan en lugares comunes, y los problemas no se superan. Las ciencias sociales entran en un impasse que transmuta el conocimiento por la búsqueda de datos empíricos que sustituyen el argumento o, peor aún, son los datos la expresión de las ciencias sociales. El Latinobarómetro se ha convertido en el santo grial de la ciencia política; ya no es una herramienta, es la ciencia en sí misma. Lo que no se puede medir no es conocimiento y por ende debe ser desechado. Aquí radica la maldición de la sociología latinoamericana. Buscar una relación que determine que un 2% de Estado más un 70% de participación electoral y un 45% de libertades individuales hacen un 90% de gobernabilidad es el resultado esperpéntico que hoy presenta la sociología y la ciencia política en América Latina. Cuestión que, no hay que olvidarlo, también proviene del nuevo pensamiento débil (…)

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8 comentarios en “Pensar América Latina. El Desarrollo de la sociología latinoamericana (Descargar Libro)

  1. Es importante dejar atras ese pensamiento eurocentrista , ya es hora de criticar como latinos desde nuestra propia critica y exponerla , levantar la voz , salir del escondite donde nos han mantenido , mostrando lo negativo de los pueblos teniendo una riqueza cultural y critica que rebasa lo de siempre

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  2. talirisa

    Hola muy buenas reflexiones, paso a paso se regenera un orden social, para eso debemos tener paciencia y constancias un ejercicio de toda la vida, que generará cambios en el futuro.

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  3. Melissa Gonzalez

    Para pensar en la historia de América desde sus bases socioeconómicas habría que remitirnos al concepto de capitalismo colonial que dejo huella en todo el sistema económico y social de nuestra América. Es preciso este capitalismo es una de las iniciantes maldiciones que menciona el autor sumada a la maldición presente que acompaña la producción de pensamiento social latinoamericano con rasgos eurocéntricos. Esta última, es la maldición que nos hace ver como un apéndice del conocimiento donde nos valemos de teorías fundamentadas en contexto distantes del nuestro, pero bien que hemos tomado para intentar explicar nuestra propia realidad.

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