Alejo Carpentier: El Siglo de Las Luces (Descargar Libro)

Las palabras no caen en el vacío. ZOHAR 

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 Alejo Carpentier (1904 – 1980)  El Siglo de Las Luces (1962)

Galardonado: Premio Internacional Alfonso Reyes (1975)

Premio Cino del Duca (1975)

Premio Cervantes (1977).

El impacto de la Revolución francesa en las Antillas: los sueños de libertad, y con ella, la sombra de la guillotina, en el juego de tensiones que configuran la grandeza y la servidumbre del alba de una época nueva. Es, en esencia, la peripecia vital de un personaje real, Víctor Hugues, un comerciante antillano que navega por un mundo sometido a cambios radicales luchando por implantar en las islas las ideas revolucionarias del gobierno al que representa.

Triunfo del esplendor verbal y el sabio arte constructor de Alejo Carpentier, El siglo de las luces una de las grandes novelas en lengua española.

Libro tomado de: http://www.cubanamera.org/

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Santo Domingo : Presidente Leonel Fernandez exhibe su verdadero rostro

Narciso Isa Conde

Leonel con el monarca español

La denominada globalización neoliberal en crisis, como estrategia de los grandes centros del capitalismo mundial, ha representado una nueva modalidad de recolonización de los países de la periferia capitalista, estructuralmente de pendientes.

Recolonización sumada a los efectos del viejo colonialismo y del más reciente neocolonialismo.

Recolonización sobre el viejo y persistente coloniaje en aquellos territorios manejados todavía como colonias.

Recolonización a través de las privatizaciones, las áreas de «libre comercio», las desregulaciones, la gendarmería económica (FMI, BM, OMC:..), las contrarreformas políticas y culturales, la militarización de las relaciones internacionales, la dictadura mediática, discurso único, la deuda externa y eterna la precarización del trabajo, el empobrecimiento masivo y la feminización de la pobreza, los ataques a lo reductos de soberanía, las nuevas formas de guerra e intervención, la financierización del capitalismo a partir de las desregulaciones y del auge de la microelectrónica y la informática en las esferas bancarias, la hegemonía de la especulación; proceso basado en la destrucción de los aparatos productivos nacionales, la intervención de los sistemas judiciales, del predominio de lo privado, del individualismo y de la insolidaridad por sobre lo social y la solidaridad humana; en la depredación ecológica y la contaminación, el libre flujo de los grandes capitales transnacionales saqueadores, las nuevas guerras de conquista, la gansterización de los poderes públicos y las nuevas modalidades de opresión patriarcal, racismo, xenofobia y adulto-centrismo.

Todo esto como respuesta del capital imperialista a su crisis estructural de las últimas décadas del siglo xx; como restructuración ideológica, militar y tecnológica de un capitalismo decadente, afectado por su «sobreproducción» y el sub-consumo de la humanidad, la reducción de las ganancias, la carencia de fuentes energéticas, agua y minerales estratégicos…

Todo esto a costa de la vida en el planeta, de un empobreciendo humano más acelerado y masivo que antes, de nuevas guerras y masacres, de una grosera destrucción del entorno ambiental y del resto de la naturaleza, lo que a su vez ha provocado una multi-crisis sistémica de gran envergadura y una crisis de existencia de la humanidad.

Así hemos llegado a la etapa actual capitalismo senil y a esta mega-crisis de la civilización burguesa. Y esta grave situación –definida superficialmente por sus responsables y beneficiarios como «crisis financiera» o «crisis global» (sin apellido)- no se debe explicar de manera tan simple y tan falsa como lo hizo el señor Leonel Fernández en su reciente estancia en Madrid, atribuyendo sus causas a «un modelo que creyó en la especulación» (Diario «Hoy», primera plana, 19 de mayo 2009).

Los modelos no creen, no son seres pensantes, sino creaciones de personas, clases, sectores sociales, fuerzas y dirigentes políticos específicos. Y por eso, por más maromas verbales que haga, Leonel no puede ocultar su específica responsabilidad en esta crisis, la cual ahora se expresa de manera dramática tanto a nivel nacional como internacional.

El actuó como un subordinado a esa estrategia, como un defensor de esa restructuración neoliberal del capitalismo; y mal puede ahora presentarse como un abanderado de la idea de «volver a los fundamentos de una economía basada en la producción», meta ya difícil, por no decir imposible, de alcanzar dentro de este capitalismo decadente y senil.

Leonel ha sido aquí el jefe de las privatizaciones, los TLC, las desregulaciones, los ajustes del FMI y los programas del Banco Mundial, haciendo suya la plataforma de la globalización neoliberal capitalista, tanto en lo político, social, cultural y económico como en lo militar-policial y en lo jurídico institucional.

Ha sido – y sigue siendo- el jefe de la corrupción financiera y estatal, de la depredación del medio ambiental (ahora con la Cementera «Consorcio Minero» en el acuífero de los Haitises y la minera «Barry» lista para explotar los sulfuros y envenenar más aun el centro del país) y también el cabecilla dominicano de la recolonización a favor de EEUU y Europa.

Leonel ha procedido como un auténtico gobernador de colonia. Y en este instante, a pesar de su mulataje, se ha revelado como un perfecto hispanófilo-anexionista (a lo Santana, Báez, Trujillo y Balaguer) al decirle en tono sumiso -y sin ningún rubor- a los grandes empresarios españoles: «vean a la República Dominicana como una extensión de España» («Leonel invita a empresarios españoles a explorar RD», diario «Hoy», 19 de mayo 2009, Pág. 6-A). Esto es: su respuesta a la crisis nacional ha sido solicitarles a los responsables de la crisis del capitalismo mundial más vocación colonialista-anexionistas y depredadora.

Esperemos, pues, una crisis mayor, lo que nos convoca a reemplazar este sistema irreformable por otro diferente y alternativo, comenzando por cambiar al gobierno y por cerrarle el paso a cualquier otro similar o peor. En fin, cambiar el gobierno para a continuación cambiar todo lo que hay que cambiar.

21 de mayo 2009, Santo Domingo.

Colombia: ¿Qué esconde la reforma política?

Nicolás Montoya Céspedes

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La reforma que se presentó con el deseo de depurar la política se convirtió en la excusa perfecta para que la mayoría afín al Gobierno ajuste las normas a sus necesidades electorales

Que el país necesita una reforma política es una realidad; que la que se tramita en el Congreso de la República no es la que el país necesita, es otra. Luego de dos años de debate, el Congreso se prepara para aprobar una reforma política que ha decidido ser inocua para lo que se propuso. En los temas de mayor importancia, las sanciones por responsabilidad política y el fortalecimiento de partidos y movimientos, el proyecto difiere o establece criterios difíciles de cumplir para su aplicación. Por ello, la reforma que se presentó con el deseo de depurar la política se convirtió en la excusa perfecta para que la mayoría afín al Gobierno ajuste las normas a sus necesidades electorales.

Escondidas en los diecisiete artículos del proyecto se encuentran medidas que tendrán grandes efectos, pero que pasarán desapercibidas ante la importancia mediática de la supuesta aprobación de sanciones de responsabilidad política y fortalecimiento de partidos y movimientos políticos. Al concentrarse en estos artículos, algunos aspectos van siendo aprobados sin debate y en medio de la oscuridad del trámite legislativo.

En primer lugar, la coalición de Gobierno ha visto erróneamente como necesaria la aprobación de una consulta interpartidista que les permita llegar a los comicios presidenciales en relativa unidad. Esta premisa es errónea por lo menos por dos razones: Primero, legalmente no se requiere una modificación al texto constitucional que permita la consulta de este tipo. Segundo, y más importante, políticamente desde el Gobierno se está haciendo todo lo posible para que no se requiera dicha consulta, ya que se busca a toda costa la aprobación de la segunda reelección vía referendo.

En segundo lugar, la reforma manifiesta promover el fortalecimiento de los partidos y movimientos políticos, pero a la vez les permite a los miembros de las corporaciones públicas cambiar de partido sin ningún tipo de consecuencias. Esta realineación política lo que permite es la agrupación de los pequeños partidos de la coalición de Gobierno en uno sólo. Lo que los ubica en una mejor posición frente al incremento del umbral, aunque no les garantiza su subsistencia.

En tercer lugar, al regular la financiación de la política, en un parágrafo transitorio se establece que el Congreso de la República la regulará en un término máximo de 6 meses después de la promulgación del Acto Legislativo y que en caso de no producirse esta normatividad, será el Gobierno Nacional el encargado de regular transitoriamente la materia. Conociendo el proceso legislativo colombiano, es de esperar que el Congreso no expida dicha regulación en la legislatura que empieza el 20 de julio, razón por la cual lo más probable es que sea el mismo Gobierno quien expida dicha regulación. Algo que a todas luces es inconveniente, ya que el Gobierno Nacional ha demostrado un especial interés en las elecciones de 2010, ya sea mediante la reelección del presidente Álvaro Uribe o mediante lo que él ha denominado la reelección de la seguridad democrática.

En cuarto lugar, la reforma prevé que las organizaciones políticas que obtienen la personería jurídica por medio de las circunscripciones especiales de minorías étnicas sólo podrán avalar a personas que se encuentren afiliadas al partido o movimiento con por lo menos un año de antelación a la fecha de inscripción de la candidatura.

Esta previsión buscaría que estos partidos y movimientos políticos no se conviertan en recicladores de militantes de otros y, al mismo tiempo, garantizaría una identidad ideológica de los candidatos de dichas organizaciones. Esta intención, que podría defenderse desde la perspectiva del fortalecimiento de las organizaciones políticas en la medida que la militancia previa sea considerada como una señal de futura disciplina, genera la siguiente duda: ¿Por qué sólo se aplica a los partidos y movimientos políticos de origen étnico? ¿No se debería aplicar a todos los partidos y movimientos políticos? De lo contrario esta disposición es tan sólo una forma en la que las organizaciones ‘grandes’ crean obstáculos para las ‘pequeños’.

Finalmente, de ser aprobada la reforma, en menos de un año se deberá expedir una ley que contemple un «Régimen Especial en lo económico, lo político, lo social y lo administrativo, para territorios que comprenden las ecorregiones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la Cienaga de Zapatosa, la Serranía del Perija, los Llanos Orientales, Amazonía, Región del Catatumbo, Orinoquía, Choco Biogeográfico, los Montes de María, la Mojana, y los pueblos palafitos del Magdalena y el Pacífico». Esta orden constitucional, que se encuentra escondida al final de la reforma en un artículo transitorio y no concuerda con los supuestos objetivos del proyecto, tendrá grandes implicaciones para el funcionamiento de dichas regiones. A través de ella, con el noble fundamento de atacar los atrasos en el desarrollo de dichas zonas, el país se encamina de regreso a los territorios nacionales. Esta Ley no establecerá responsabilidad política, no fortalecerá a los partidos y movimientos políticos, pero sí podrá modificar profundamente el régimen municipal.

En síntesis: Primero, no habrá sanciones por responsabilidad política para las organizaciones que fueron negligentes al permitir que sus candidatos se aliaran con grupos armados ilegales. Segundo, la coalición se convenció de aprobar la consulta interpartidista, siendo ésta innecesaria jurídica y políticamente. Tercero, permitir el transfuguismo, sin consecuencias garantiza la creación de un partido uribista fuerte ante el incremento del umbral. Cuarto, los más interesados tendrán la posibilidad de reforma el régimen de financiación de la política en medio del proceso electoral. Quinto, las mayorías impondrán restricciones a las organizaciones minoritarias partiendo de la falsa premisa que son éstas las que realizan la feria de avales. Sexto, en medio de una reforma que prometió sancionar los vínculos con grupos armados se ordenará modificar el régimen municipal en la mayoría del país.

Por todo lo anterior, el trámite de la Reforma Política es un claro ejemplo de cómo el Congreso aparenta regular lo necesario, para en el fondo no hacerlo y en su lugar modificar la Constitución en beneficio de las mayorías y en detrimento de la democracia.

– M. Nicolás Montoya Céspedeses Abogado e Investigador

Chile en recesión : Más de un millón de cesantes

Paul Walder

Punto Final

 A comienzos de mayo, el establishment económico empresarial chileno dio su veredicto: algunos vieron la luz al final del túnel, otros sintieron el fondo del pantano. Todos, más o menos a coro, con matices y estilos diversos, han dicho que Chile ha comenzado a salir de la crisis. Una novedad, sin duda: sería el primer país del mundo en comunicar tal evento. Porque los otros han sido los operadores de Bolsa en Wall Street.

Ya no se trata de ver el vaso medio lleno o medio vacío. Simplemente, lo menos es más, visión que ha superado al relato del ministro de Hacienda de Ricardo Lagos que repitió durante un lustro que la economía iría «de menos a más». Y así estamos. Seguimos esperando.

Cuando el Banco Central publicó a inicios de mayo el desempeño económico de marzo, no dio una buena noticia. La economía chilena se había contraído en 0,7 por ciento, parte de un proceso iniciado a fines del año pasado. Desde noviembre de 2008 la economía nacional ha venido retrocediendo a un ritmo discreto, claramente recesivo. Durante el primer trimestre del año, la actividad económica se redujo en 2,1 por ciento, lo que es, a todas luces, un síndrome recesivo.

Hacienda no lo ve así. Y ve positivo lo negativo. Ve que lo negativo es menos de lo esperado, por lo que podría decirse, y así lo expresa, que es positivo. El ministro Andrés Velasco ha demostrado en un ejercicio de optimismo exaltado que lo negro es blanco, o que lo menos es más, porque, dijo, » al hacer todos los ajustes técnicos que corresponden, la economía creció 0,2 por ciento respecto del mes de febrero y 0,5 por ciento respecto de diciembre de 2008, cosa que no había pasado el mes anterior». Todo lo demás, también dijo, son «vaticinios a veces catastrofistas».

La visión de Velasco ha sido aplaudida y compartida por la cúpula económica y empresarial. En una especie de cuadro estadístico del ánimo económico, El Mercurio exhibió la interpretación del «mercado». Y sanciona: la economía chilena ha caído menos de «lo esperado»; las cosas, sugiere el diario, no son tan malas. ¿Para quién no son tan malas?

Trabajadores soportan

la crisis

No para los trabajadores. La feroz contracción de la economía tiene su efecto directo en el empleo. La encuesta que realiza el Departamento de Economía de la Universidad de Chile para el Gran Santiago ha arrojado cifras dramáticas, peores a las registradas tras la crisis asiática. Durante el primer semestre del año, la tasa de desocupación en Santiago alcanzó al 12,8 por ciento -o 363 mil personas sin trabajo-, la cifra más alta desde el tercer trimestre de 2003. Y algo similar ocurre en el desempleo nacional -bien se conocen los despidos masivos y cotidianos en la industria minera y salmonera-, que en marzo registró un 9,5 por ciento, con casi 670 mil personas sin empleo. Un número que viene en aumento y no se relaciona con el optimismo de las elites gubernamentales, funcionarias y empresariales. Según el muy oficial Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en marzo «el número de desocupados aumentó un 23 por ciento (126 mil personas quedaron sin trabajo) respecto a igual periodo del año anterior» y entre ellos los cesantes, que son los que perdieron el trabajo, crecieron en casi 28 por ciento (123.800 trabajadores). Todo en los albores del invierno, que es el período del año caracterizado no sólo por el frío, sino por las más altas cifras de desempleo.

Estos son los cálculos oficiales. Pero otras estimaciones son simplemente pavorosas. El economista Orlando Caputo establece el índice del desempleo real, compuesto por los desocupados y los inactivos con deseos de trabajar. La combinación de estas dos variables coloca el número de desempleados en un millón 200 mil personas, que es más del 16 por ciento de la fuerza de trabajo. «Para calcular el desempleo real a nivel del país, se puede aplicar a la información del INE la metodología usada por la Universidad de Chile para Santiago: proyectando directamente el porcentaje de los inactivos con deseos de trabajar, que publica la U. de Chile para el Gran Santiago, a los inactivos totales del país, según el INE», precisa Caputo.

Estos datos se unen y suman a otros de marzo y abril: no sólo creciente desempleo, también caída en la producción, en las exportaciones, en las ventas. En marzo pasado las ventas de los supermercados (según el índice que elabora la Cámara Nacional de Comercio) bajaron 7,8 por ciento, en tanto las de artículos perecibles, como lácteos y sus derivados, cayeron en 17 por ciento. La caída de las ventas en marzo, que están expresando la contracción más bestial de todas que es la de los alimentos, es la más violenta de los últimos doce meses. Aquí, a diferencia de lo que dice la elite económica y empresarial respecto a la actividad económica, cada día se cae más abajo.

En la producción, algo similar. La industria bajó su actividad en casi un diez por ciento durante el primer trimestre del año. Y aún es peor en las exportaciones. Las faenas industriales cayeron 26 por ciento en febrero pasado. Un evidente descalabro, pero menor que las exportaciones, que van de mal en peor. En enero bajaron 71 por ciento, en febrero 42 por ciento, y en marzo, tuvieron un retroceso ¡del 82 por ciento! Y si es así con las exportaciones, las importaciones también reflejan la recesión: en marzo cayeron más de un 30 por ciento.

¿Luz al final del túnel?

El Banco Central ha venido bajando las tasas de interés desde inicios del año. Una actividad que en tiempos del capitalismo tradicional impulsaba el consumo, la inversión y el crecimiento económico. En la segunda semana de mayo, el Banco Central volvió a rebajar la tasa de interés, para colocarla en un 1,25 por ciento anual, proceso que había iniciado en enero, tras recortar la tasa de 8,25 por ciento, que mantenía desde las presiones inflacionarias por los alimentos y el petróleo en los mercados internacionales desde mediados de 2008.

Pero en tiempos de una crisis profunda, estructural para muchos y terminal para algunos, el uso de estas políticas no tiene ni fuertes ni débiles efectos. Desde la rebaja en enero, la economía chilena ha venido retrocediendo sin dar señales de reactivación, como desean ver las elites. La producción y el comercio están desde hace meses muy resentidos por un cada vez más débil consumidor que ha visto menguados sus ingresos y en no pocos casos carece totalmente de ellos, como es en el caso de un trabajador cesante.

Usura, endeudamiento y desempleo: la mezcla fatal

El Banco Central ofrece una tasa del 1,25 por ciento anual, que es la tasa rectora del dinero que lleva a circulación a través del sistema financiero privado. Pero, ¿qué es lo que recibimos? Las tasas al alcance del consumidor, si observamos las ofertas que reproduce y publica la Superintendencia de Bancos, pueden llegar hasta a un 51 por ciento anual para un crédito de consumo por un millón de pesos en el Banco París. Si ello nos parece alto o excesivo, miremos la realidad.

Un estudio realizado a fines de abril por el Sernac, reveló que la usura es una práctica cotidiana en los negocios financieros. El informe, elaborado sobre créditos de 500 mil, un millón y tres millones de pesos, incluyó a 35 instituciones financieras. Detectó que la diferencia en las tasas de interés entre una y otra entidad puede llegar hasta el 648 por ciento. En pesos, resulta aún más increíble: para créditos de 500 mil pesos a 24 meses, se puede pagar desde 58.192 pesos hasta 345.280 pesos adicionales. En el caso de un préstamo de un millón, a 24 meses, se pagará desde 89.840 pesos hasta 672.248 pesos adicionales. Si el monto es de tres millones de pesos, a 24 meses, un consumidor pagará desde 269.520 hasta 1.483.632 pesos. Frente a estos y muchos otros números, ¡qué importancia tiene para el consumidor final que el Banco Central baje su tasa de interés al 1,25 por ciento anual! Una rebaja que sólo abarata los costos de la banca, pero que no alcanza a llegar al consumidor.

Ante esta situación, sin duda crítica, alguien podría preguntarse sobre los actuales niveles de consumo, los que sin duda se mantienen gracias al crédito. Sin embargo, estos van en una clara declinación. Y si consideramos el creciente desempleo, el impacto sobre los ingresos y la capacidad de pago de los créditos sin duda será grande.

El Banco Central publicó el año pasado en su Informe de Estabilidad Financiera una encuesta sobre niveles de endeudamiento de los hogares. Se trató de una encuesta previa a la crisis, realizada en 2006. Entonces la deuda promedio de los chilenos en casas comerciales, cajas de compensación y compañías de seguro aumentó 6,1 por ciento respecto de abril de 2006, y llegaba a un promedio de dos millones 800 mil pesos por persona. Para el Banco Central no se trataba de montos preocupantes, pero sugería tomar algunos resguardos y ser prudente en los gastos. En suma, considerando estas deudas de consumo, más las hipotecarias, el informe concluía que los hogares destinaban más de un 20 por ciento de sus ingresos a pagar deudas.

Pero las cosas han cambiado. Hace un mes, el Banco Central publicó un nuevo informe sobre deudas de los chilenos. Sin cifrar las deudas, estableció la relación entre deudas riesgosas por no pago y desempleo. «Aun cuando los riesgos financieros que enfrenta un hogar son variados y provienen de distintas fuentes, la pérdida del empleo es, empíricamente, un determinante crucial en el riesgo de crédito. Al aumentar el desempleo y simular un escenario similar al de la crisis asiática (en el cual el desempleo bordeó el 11%), la deuda en riesgo aumenta respecto de la situación inicial, y pasa a representar entre 22 y 28 por ciento de la deuda total de los hogares». ¿Pero qué sucederá si las tasas de desempleo no son las de la crisis asiática, sino mucho más altas?

Ante este panorama, la pregunta es cómo sobrevivimos y quién está pagando los costos de esta crisis. Hay quienes sugieren, como el mismo Sernac, cotizar e informarse antes de comprar o suscribir un crédito. Pero bien se sabe que la concentración del mercado impulsa a la colusión entre los carteles. Y bajo un sistema tan concentrado, el mercado ya no existe. Está comprobada -y también confesada- la colusión en el sector de las farmacias, pero hay sospechas más que fundadas en otras áreas, como las tiendas por departamentos, las grandes ferreterías, el transporte aéreo y terrestre y, por cierto, el sector financiero. Sin una clara y sólida regulación el mercado se mueve a sus anchas. Enriquece a quienes lo controlan y empobrece a los más débiles.

Las elites económicas y empresariales, y también las políticas, han desarrollado un discurso que se eleva cual singular melodía en medio del rumor, a ratos rugido, de la crisis. Con el estribillo de la «luz al final del túnel» y de «hemos tocado fondo» y la aplicación de algunas medidas paliativas, como los subsidios a la contratación y al empleo, se nos intenta seducir una vez más acerca de un futuro esplendor: que la crisis actual, como tantas otras inherentes a la esencia del capitalismo, pasará tarde o temprano. Tras la turbulencia, el cielo límpido, el sol radiante, el crecimiento y el auge económico… Las mismas promesas de antaño, de los años del neoliberalismo radiante.

El gobierno ha puesto en marcha su publicitado programa de ayuda a los desempleados. Pero se trata de un detalle, una nimiedad. Para el economista Manuel Riesco, el problema del seguro de desempleo es que para » acceder a él, se exigió doce meses de cotizaciones en los últimos dos años, con las tres últimas continuas. Es decir, para acceder, hay que haber cotizado al menos un mes de cada dos a lo largo de dos años, y los tres meses anteriores a perder el empleo». Un avance respecto a las exigencias anteriores, sin embargo se estrella con la realidad: las estadísticas de los últimos 25 años del sistema previsional demuestran que las personas que cotizan en promedio menos de un mes de cada dos, alcanzan a sólo dos tercios de la fuerza de trabajo. Es decir, «la mitad de la fuerza de trabajo cotiza menos de un mes de cada tres, un tercio cotiza menos de un mes de cada cinco y un quinto cotiza menos de un mes de cada diez. Esta realidad no ha cambiado en años recientes, como lo demuestran las propias estadísticas del seguro de desempleo», afirma Riesco

(Publicado en Punto Final Nº 685, 15 de mayo 2009)

 

Arte y crimen

Luis Britto García

Luisbrittogarcia.blogspot

 

Proclamó Honorato de Balzac que en el comienzo de toda gran fortuna hay un crimen. También en el inicio de toda estética. Pillos y camorristas han sido los sujetos por excelencia de las artes. Mientras más prójimos despachaban Sansón o Aquiles, más bonitos quedaban en las estatuas. Las mitologías son un prontuario de todos los delitos que se podían cometer con las armas de la Edad de Bronce. No hablo de los Libros Sagrados, porque superan el promedio de hecho punible por página. La única manera de que los asesinos no traten al arte como un delito es elevar el delito a la categoría de arte.

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Mientras mayor el genocidio, más conmovedor el arte que lo celebra. En materia de crimen, cantidad es calidad. Mediante el derroche proclama el rufián que no le ha costado trabajo lo que dilapida. Las pirámides, la Muralla China, son exposiciones perpetuas de trabajo robado. El Coliseo, fosa común donde millares de infelices se degollaban para regocijo de millones de parásitos. La argamasa de las grandes arquitecturas es la sangre de quienes las erigieron. Para recordarlo se hacían con tanta frecuencia en ellas sacrificios humanos. Concluido el Taj Mahal, al arquitecto le arrancaron los ojos para que no pudiera crear obra equiparable. Quizá fue piadoso, teniendo en cuenta las muertes que hubiera costado la réplica. Más de cinco millones de indígenas perecieron en los socavones del Potosí para costear el esplendor de Europa. Ni siquiera la utilidad dispensa de la hecatombe. El Canal de Suez es sepultura de centenares de miles de siervos; el de Panamá, de millones de peones y coolíes. Los grandes museos son exhibiciones de botines pillados a otras culturas.

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Pedo filosofante, alcahueta de mandriles, llamó Aldous Huxley a la Razón. Si cupiera duda del carácter racional de la estética, bastaría contemplar su adulatoria adhesión al poder instituido. Petroglifos y pinturas rupestres representan humanidades anónimas. El asesinato en masa y el retrato de su autor son inventados al mismo tiempo, y el tamaño de ambos es por lo regular equivalente. Prueba de ello, la glorificación del forajido como conquistador en La Araucana, la eufemización del pirata como pícaro en La isla del Tesoro y como bufón en Peter Pan. En tiempos de las bárbaras naciones acostumbraba el pillo echarse todo el botín encima, por si tenía que salir corriendo. De allí la sobrecarga decorativa de las indumentarias de linajes y noblezas. La quincalla de los trajes de las oligarquías apenas claudicó ante la detestable sobriedad a mediados del siglo XIX, cuando ante el pillaje generalizado resultó prudente esconder los activos en el Banco, de donde no tardaban en desaparecer en manos del más peligroso rufián conocido, el banquero.

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Postuló Proudhon que la propiedad es el robo. Toda irresistible ascensión económica es sospechosa. Ni el dinero ni el pus aparecen solos: ambos brotan de la infección. Por tanto, el pandillero pasa a ser el héroe de una sociedad de salteadores. Las supuestas hazañas de Jesse James, Billy The Kid, Doc Holiday, Billy Wild Hickock y Pat Garret son celebradas por la misma prensa que exalta el saqueo de la mitad del territorio mexicano, la invasión de Cuba, la anexión de Puerto Rico y las Filipinas y la ocupación de Panamá y Colombia. Scott Fitzgerald sublima en El Gran Gatsby la tragedia del gangster que después de extorsionar el dinero a los infelices es interrumpido por un balazo mientras trata de usarlo para comprar status. Este sueño literario se hace realidad con la consagración del glamour Kennedy, cuando el pistolerismo asalta públicamente la Casa Blanca y la ocupa hasta que los certeros balazos de uno o más colegas imponen el orden del disimulo. El viejo Joe Kennedy, padrino de la pandilla, fue un notorio gángster enriquecido por el contrabando de licor, honorable industria cuyos réditos libres de impuestos lavó en la segunda industria menos honorable del mundo, el negociado cinematográfico, e invirtió en la compra de un cargo de embajador en Inglaterra, desde donde promover con mayor libertad su ideología fascista y la carrera política de su hijo John.

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La campaña electoral de John Kennedy es motorizada por el Rat Pack: Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Jerry Lewis, combo de protegidos de Las Vegas (la Disneylandia del Mafioso) que coronan el golpe de reducir una contienda electoral a la ideología del night club. Ya en el poder, Jack rompe récord de pandillerismo a gran escala intentando asaltar Cuba con un gang de mercenarios y rufianes a sueldo. Derrotados éstos, bajo la pedagogía casinera de Las Vegas se juega a una sola carta la aniquilación de la humanidad en la llamada Crisis de los Cohetes. Derrotado también en ella, como legado imperecedero al país que lo toleró le deja la guerra de Vietnam, en la cual no sale derrotado él sino Estados Unidos. Esta historia de amor y dolor queda previsiblemente interrumpida cuando un certero balazo acaba con el protagonista y otro más certero todavía disparado por el mafioso Jack Ruby sella los labios del testigo clave: drama representativo de un país donde los pandilleros ponen y quitan presidentes y estilos estéticos.

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Pues así como David Rockefeller destruyó un mural de Diego Rivera por su exceso de ideología y promovió el expresionismo abstracto por su falta de ella, los más notorios malhechores de Estados Unidos elevan el Las Vegas Look a razón de Estado. Así como el cowboy de utilería Reagan negocia drogas para atacar Irán y Nicaragua, Clinton convierte la Casa Blanca en gimnasio del sexual harassment y Bush padre e hijo en guarida de banqueros salteadores de países. Ni el amor ni la delincuencia pueden ocultarse. Así como el enamorado clama por comunicar su dicha, perece el amigo de lo ajeno por restregarle a todos en la cara su botín. El Estilo Casino, el deslumbramiento por los Cadillacs negros, las lentejuelas, la mostacilla, los anuncios luminosos, el cromo, el desayuno y las rubias platinadas enviadas a la habitación, los casinos manejados como Bolsas de Valores y las Bolsas de Valores manejadas como garitos, los centros comerciales, los gobiernos comerciales, el sicariato chic, el falso mármol, los falsos positivos, ciudades con más casinos que universidades, donde cada centímetro de las calles y de las pantallas de televisión están interferidas por publicidad, gobiernos convertidos en garitos y garitos elevados a gobierno son el mostrador evidente de la dictadura del crimen organizado. A diferencia del arte legítimo, el arte narco no atrae la atención por sí mismo, sino interfiriendo con la percepción de otra cosa agradable. La legitimación de capitales es paralela con la legitimación estética en su empecinamiento por ocultar la procedencia de los signos que exhibe. Es esto lo que debe destruir una Revolución y un Arte Revolucionario. Contra estética del Poder, el poder de la Estética.