García Márquez: Vivir para Contarla (Descargar Libro)

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“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.”

Vivir para contarla es el primero de tres volúmenes de relatos autobiográficos anunciados por el premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, y que publicó en 2002.

Cuenta la historia de la infancia y juventud de García Márquez, entre 1927 y 1950, finalizando con la propuesta de matrimonio a su esposa. Se centra especialmente en la familia, la escuela y los primeros años como periodista y escritor de cuentos cortos de García Márquez, también incluye referencias a numerosos eventos de la vida real que acabaron en su novelas en una forma u otra, incluyendo la masacre de las Bananeras que aparece en Cien años de soledad y aquellos amigos cuya vida y muerte sirvieron de modelos para Crónica de una muerte anunciada, así como la historia de sus padres sirvieron de inspiración para El amor en los tiempos de cólera.

Libro tomado de: https://telesurtv.net/

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México: El perpetuo retorno

 

Laura M. López Murillo

Argenpress

 

En algún lugar de la partidocracia, muy lejos de la ciudadanía, donde se conciertan las leyes y negocian las reformas, se aplican normas no escritas, un lenguaje alterno y un código perverso; por eso, las normas jurídicas están redactas con eufemismos y palabrejas que pretenden encubrir la realidad y legitimar un círculo vicioso…

En el actual proceso electoral se renovarán la Cámara de Diputados, seis gubernaturas, y en catorce estados, los congresos estatales y los ayuntamientos. El eufemismo letal en este proceso recae en una “renovación” que encubre el constante retorno de los mismos personajes en la escena política; el acento enfatiza la contienda por la mayoría en el poder legislativo.

La constante movilidad entre los puestos de elección popular, — en todas las versiones del poder y en los tres niveles de gobierno– es la manifestación de otro proceso, de un mecanismo pernicioso que perpetúa en el poder a los protagonistas de la partidocracia.

El resultado de estos comicios legitimará el reciclaje de legisladores: quienes fueron senadores ahora son candidatos para diputados, quienes fueron diputados aspiran a una alcaldía o a una gubernatura, y/o viceversa; en algunos casos, quienes resulten electos cederán el cargo al suplente, y habrá algunos que se incorporarán al legislativo por la vía fácil de las plurinominales.

Detrás de las candidaturas deberán releerse biografías ya conocidas, méritos y fracasos que ya son del dominio popular, personalidades con expedientes añejos en el poder. Todos los candidatos pertenecen, o aspiran incorporarse, a la legislatura, que actualmente es el sector con menos credibilidad entre el electorado y con la peor reputación entre la ciudadanía.

Y ya sean estos o aquellos, los personajes que pululan en el legislativo y que ahora buscan reacomodarse, fueron quienes aprobaron la reforma electoral que ahora restringe las “expresiones que denigren a las instituciones y a los partidos, o que calumnien a las personas”, que prohíbe las campañas negras y el proselitismo beligerante. La pseudo reforma electoral vigente es la secuela del conflicto post-electoral del 2006; divulgada como un éxito sin precedentes del Congreso, el cinismo de los legisladores se perciba en una reforma electoral que prohíbe denigrar en público a quienes habitan el entorno denigrante de la partidocracia, y que es el resultado de las negociaciones para la aprobación de la infra reforma fiscal que ahora flagela a los contribuyentes con el Impuesto Empresarial de Tasa Única (IETU), el Impuesto sobre Depósitos en Efectivo (IDE) y el aumento a la gasolina.

Debido a las limitaciones de una reforma electoral diseñada a la medida de la partidocracia, y a la deleznable imagen que los legisladores han sostenido por méritos propios entre los electores, el proselitismo inició con un vulgar golpeteo entre los partidos PRI y PAN, continuó con una serie de confesiones comprometedoras que generaron un intercambio insufrible de dimes y diretes, estrategia desgastada que ya no provoca polémica ni despierta el interés público. Por eso, uno de los recursos que habrán de explotarse serán los testimoniales de deportistas destacados y celebridades que gozan del reconocimiento social apoyando a determinado partido.

El único dato confiable en las encuestas es el porcentaje del abstencionismo que mantiene una evidente tendencia al alza. No obstante, la partidocracia impone las reglas del juego, eliminando cualquier posibilidad para las candidaturas ciudadanas e independientes y negando categóricamente la viabilidad del voto en blanco.

Es obvio que las elecciones intermedias se decidirán en el forcejeo de las militancias, y que el resultado reflejará exclusivamente al voto duro, porque el abstencionismo sólo perjudica al electorado; las huestes partidistas son las beneficiarias directas e inmediatas de la ausencia de los ciudadanos en los comicios.

Hay quienes opinan que para revertir el fenómeno del abstencionismo galopante sería conveniente adjudicar un carácter obligatorio al voto. Hoy por hoy, en el mecanismo electoral vigente existe un resquicio para expresar la opinión o el rechazo de la ciudadanía: el voto por candidatos no registrados y el voto nulo. Aunque estas opciones no alteran el resultado de los comicios, son un indicador de la opinión pública y permite que los ciudadanos ejerzan su derecho al voto.

El eco de la opinión ciudadana es un imperativo en una democracia, y mientras las reglas de la contienda legitimen los intereses de la partidocracia, se agudizará la distancia entre los electores y los legisladores, perpetuando en el poder a una elite que aplica leyes no escritas, un lenguaje alterno y un código perverso que pretenden encubrir la realidad y legitimar un círculo vicioso…

Laura M. López Murillo es Lic. en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos

Ecuador: hacia el “buen vivir” (sumak kawsay)

 

José Steinsleger

La Jornada

 

 

Febrero 1997. La casi totalidad de las fuerzas políticas y populares de Ecuador se movilizan contra el presidente Abdalá Bucaram. ¿Está loco el gobernante? En siete meses de ejercicio, Bucaram ha instalado la generalizada sensación de que algo anda muy mal en su gobierno El pueblo asegura que el presidente está loco, y Bucaram asegura que “coincide” (sic) con la opinión del pueblo. Así es que resulta difícil disentir de lo dispuesto por el Congreso Nacional: destitución por “insania mental”.

Agosto 1998. El democristiano Jamil Mahuad asume la presidencia. A diferencia de su antecesor, Mahuad parece cuerdo. Pero acaba con la moneda nacional, impone el curso legal del dólar, y permite que Estados Unidos, en el marco contrainsurgente del Plan Colombia para la subregión, construya una gigantesca base naval en Manta, ciudad puerto del Pacífico.

 

Enero 2000. El pueblo ecuatoriano vuelve a movilizarse. Un nuevo y vigoroso actor social irrumpe en el escenario: la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie). Movimientos sociales y partidos de la izquierda ocupan el Palacio Nacional. Mahuad busca refugio en la embajada de Chile y luego parte con rumbo a Miami.

 

La sucesión constitucional resuelve el vacío de poder. Luego, un grupo de oficiales liderados por el coronel Lucio Gutiérrez (quien pinta de “progresista”) sella la alianza con Pachakutik, brazo político de la Conaie.

 

Noviembre 2002. Gutiérrez se impone en los comicios presidenciales y rápidamente deja en claro lo que es: un agente de la CIA en el interior de las Fuerzas Armadas. Gutiérrez se declara “socio” del gobierno de George W. Bush y busca el apoyo de la derecha socialcristiana y de Abdalá Bucaram.

 

Abril 2005. Por enésima vez, el pueblo sale a las calles. Gutiérrez huye del país. Alfredo Palacio, vicepresidente, lo sucede en el mando. En su equipo de asesores, Palacio elige a un joven políticamente desconocido, aunque formado en la llamada “teología de la liberación”. Poco después, Rafael Correa ocupa la cartera de Economía y Finanzas.

 

Noviembre 2006. Al frente del movimiento Alianza País (Patria Altiva y Soberana), Correa (quien ha renunciado al cargo) gana los comicios presidenciales con 57 por ciento de los votos.

 

Enero 2007. Las consignas “Poder Ciudadano” y “¡Que se vayan todos!” encuentran respuesta. El gobierno convoca a un referéndum con el propósito de refundar el país. La consulta es aprobada por 82 por ciento de la ciudadanía.

 

Correa se revela como fenómeno político que desconcierta a la derecha y, sobre todo, a ciertas izquierdas que nada quieren por debajo de la revolución mundial. No obstante, a regañadientes, le dan el apoyo, en tanto (y con reservas) los indígenas, que aún no se reponen de su experiencia con Gutiérrez, también se lo dan.

 

Septiembre 2008. Tras ocho meses de debate, 9.7 millones de ciudadanos concurren a las urnas para aprobar o negar el nuevo proyecto constitucional. El sí consigue 70 por ciento de los votos.

 

El nuevo texto constitucional refuerza el papel del Estado en la economía, legitima los mecanismos de participación directa y reserva al sector estatal el manejo de los recursos naturales, punto de ardua polémica con los indígenas.

 

Al igual que en Venezuela y Bolivia, la nueva Constitución ecuatoriana permite revocar (a mitad de periodo y por voto popular) el mandato a todos los representantes, incluido el presidente. Desde las pautas de “socialismo del siglo XXI”, la nueva Constitución se concibe como instrumento político para la instalación de un nuevo modelo de desarrollo.

 

El texto constitucional refunda Ecuador. La política vuelve a ocupar el lugar que le había quitado el pragmatismo economicista, y la economía retoma su sentido: cómo se distribuyen los recursos, para quiénes y para qué.

 

En el preámbulo de la novedosa Carta Magna, la Pacha Mama (Madre Tierra) aparece nombrada antes que Dios. La Iglesia católica eleva sus plegarias: ¿la naturaleza por encima de Dios? Con todo, el documento invoca la “protección de Dios” y, asimismo, registra una expresión de los pueblos milenarios: sumak kawsay (“buen vivir”).

 

El concepto de “soberanía” retoma su sentido: no sólo se la entiende como “protección del territorio”, sino que clava la bandera nacional en asuntos energéticos, alimentarios, educativos y culturales.

 

“Solidaridad”, “vida”, “inclusión” son las palabras más nombradas en los 444 artículos de la Constitución. El término “jóvenes” (inexistente en la Constitución vigente hasta entonces, 1998) se cita en ocho ocasiones.

 

Abril, 2009. Los ecuatorianos refrendan el mandato de Correa. El presidente obtiene poco más de 52 por ciento de los votos. Dice Correa: “No somos estatistas, pero tampoco somos ingenuos para creer que, con menos Estado, mejor. En sociedades como las nuestras, peor”.

Barack Obama, el político, el nacionalista, el capitalista, el belicista: Lo peor y lo menos malo

Howard Zinn*

ZNet

iMPERIALISMO3Nosotros somos ciudadanos y Obama es un político. Puede que no os guste la palabra pero la realidad es así, es un político. También, desde luego, es otras cosas: es una persona sensible, inteligente, reflexiva y prometedora. Pero es un político.

 

Si tú eres un ciudadano, debes conocer la diferencia entre los políticos y tú: la diferencia entre lo que ellos tienen que hacer y lo que debes hacer tú. Y hay cosas que ellos no harán si tú les dejas claro que no tienen que hacerlo.

Desde el principio, me gustó Obama pero, la primera vez que me di cuenta de que era una político fue muy pronto, cuando Joe Liberman se presentó para la designación como candidato demócrata al Senado, en 2006.

 

Lieberman quien, como sabéis, era un belicista, se presentaba a la elección demócrata y su oponente era Ned Lamont, un candidato pacifista. Pues bien, Obama fue a Connecticut apoyó a Lieberman frente a Lamont.

 

Eso me desconcertó. Lo digo para ratificar que, sí, Obama era y es un político. Así que no debemos dejarnos arrastrar por la aceptación irreflexiva de lo que Obama hace.

 

Nuestra tarea es no darle un cheque en blanco o animarle simplemente. Estuvo bien apoyarle mientras hacía campaña para la presidencia pero no ahora. Porque queremos que el país cambie respecto a lo que ha sido en el pasado. Queremos romper rotundamente con lo ocurrido en el pasado.

 

Tuve un profesor en la universidad de Columbia, Richard Hofstadter, autor de un libro, The American Political Tradition, en el que pasaba revista a presidentes del país desde los Padres Fundadores hasta Franklin Roosevelt. Los había liberales y conservadores, republicanos y demócratas, y existían diferencias entre ellos. Pero él demostraba que los denominados liberales no lo eran tanto como la gente creía, y que la diferencia entre liberales y conservadores, y entre republicanos y demócratas, no era una diferencia sustancial. Existe un hilo común que enlaza toda la historia estadounidense, y todos los presidentes- republicanos, demócratas, liberales y conservadores- han seguido ese hilo conductor.

 

Este hilo tiene dos elementos: el nacionalismo y el capitalismo. Y Obama no está libre de esa intensa doble herencia. Lo podemos ver en las políticas que ha anunciado hasta la fecha, aunque lleva poco tiempo en el cargo.

 

Algunos podrían preguntar, “Bueno ¿ y qué esperaba?”

 

Y la respuesta es que esperamos mucho.

 

Y hay quien dice, “¿Qué pasa, es usted un soñador?”

 

La respuesta es sí, somos soñadores y lo queremos todo. Queremos un mundo en paz, un mundo igualitario, no queremos guerras, no queremos capitalismo, queremos una sociedad digna. Y lo mejor es aferrarnos a ese sueño porque si no lo hacemos, cada vez más nos veremos constreñidos por esta realidad que no nos gusta.

 

Tened cuidado cuando oigáis las alabanzas del sistema de mercado. La economía de mercado es lo que tenemos ahora. Que el mercado decida, dicen. El Gobierno no debe proporcionar asistencia médica gratuita; es el mercado el que decide.

 

Eso es lo que está haciendo el mercado, y por eso tenemos cuarenta y ocho millones de personas sin asistencia médica, porque el mercado lo ha decidido. Dejar todo en manos del mercado ha ocasionado que haya dos millones de personas sin hogar. Que el mercado decida: millones y millones de gentes no pueden pagar sus alquileres. El mercado ha llevado a pasar hambre a treinta y cinco millones de personas.

 

No se puede dejar todo eso en manos del mercado. Cuando se está afrontando una crisis económica como la que estamos sufriendo ahora, no se puede hacer lo mismo que en el pasado. No se puede inyectar dinero a las clases altas del país- y a los bancos y corporaciones- y esperar que después, de alguna manera, ese dinero fluya hacia abajo.

 

¿Qué fue lo primero que ocurrió cuando el Gobierno Bush vio que la economía estaba en problemas? Dedicó 700.000 millones para salvarla, y ¿a dónde fueron a para esos 700.000 millones de dólares? A las instituciones financieras causantes de la crisis.

 

Eso ocurrió cuando la campaña presidencial todavía estaba en marcha y a mí de dolió ver a Obama apoyándolo, respaldando ese enorme regalo a las corporaciones.

 

Obama debería haber dicho: Espere un momento. Los bancos no son pobres de solemnidad. Los altos ejecutivos tampoco. Pero hay gente sin trabajo. Hay personas que no pueden pagar sus hipotecas. Tomemos esos 700.000 millones y démoslos directamente a la gente que los necesita. Démosles 1 billón, 2 billones de dólares. Que ese dinero vaya directamente a las personas que lo necesitan. Nadie sería desalojado. Nadie se quedaría con sus enseres en la calle.

 

Obama es posible que quiera dar un billón más a los bancos. Como Bush, no se lo va a dar directamente a los propietarios de viviendas. Pero a diferencia de los republicanos, Obama quiere también invertir 800.000 millones en su programa de estímulo a la economía, lo que es una buena idea- la idea en sí es buena. Pero si analizas con detalle el plan, se canaliza demasiado dinero a través del mercado, a través de las grandes empresas.

 

Ha concedido reducción de impuestos a las empresas con la esperanza de que contraten a gente. Y no, si la gente necesita trabajo, no le des dinero a las corporaciones con la esperanza de que quizás creen empleo: Da trabajo inmediatamente a la gente.

 

Muchos no conocen la historia del New Deal de los años 1930. El New Deal no llegó lo suficientemente lejos pero tuvo buenas ideas. Y la razón de que llegase a esas buenas ideas se debió a la enorme agitación que hubo en el país hasta el punto de hacer que Roosevelt reaccionase. ¿Qué hizo entonces? Dispuso de miles de millones de dólares y decidió que el Gobierno contratase a la gente. ¿Estás en paro? Pues el Gobierno tiene un trabajo para ti.

 

El resultado de aquellas medidas fue un montón de trabajos admirables llevados a cabo en el país. Varios millones de jóvenes fueron colocados en el Civilian Conservation Corps(1). Fueron por todo el país y construyeron puentes, carreteras, zonas de recreo e hicieron un trabajo notable.

 

El Gobierno creó un programa federal para las artes. No esperó a que el mercado lo hiciera. Puso en marcha el programa y contrató a miles de artistas desempleados: guionistas, actores, músicos, pintores, escultores, escritores. ¿Cuál fue el resultado? La producción de 200.000 obras artísticas. Hoy, en todo el país, hay miles de murales pintados por la gente del programa WPA(2). Se representaron obras en todo el país a precios muy bajos, para que la gente que nunca había visto una representación pudiera acceder a ellas.

 

Y eso es sólo una mínima parte de lo que se podría haber hecho. El Gobierno tiene que atender las necesidades del pueblo. El Gobierno no puede ceder la tarea de satisfacer esas necesidades a las corporaciones y a los bancos porque ellos no se van a preocupar por lo que necesita la gente. Sólo se preocupan de sus beneficios.

 

Durante su campaña, Obama dijo algo que me pareció muy acertado, y cuando alguien dice algo que está bien hay que recordarlo, porque puede ocurrir que luego no lo mantenga. Y hay que recordárselo.

 

Obama estaba hablando a la guerra de Iraq, y afirmó: ” No se trata sólo de que tengamos que salir de Iraq”. Él dijo exactamente “salir de Iraq” y no debemos olvidarlo. Debemos seguir recordándoselo: Fuera de Iraq, fuera de Iraq, fuera de Iraq, pero no el próximo año, ni dentro de dos años, sino ya.

 

Pero escuchad la segunda parte. Su frase completa fue: ” No es suficiente con salir de Iraq; tenemos que cambiar la actitud que nos condujo allí”.

 

¿Y cuál es la mentalidad que nos llevó a Iraq?

 

Es la que afirma que la fuerza servirá. Que con la violencia, la guerra y los bombardeos iban a llevar la democracia y la libertad al pueblo.

 

Es la mentalidad que considera que Estados Unidos tiene algún derecho divino para invadir otros países en su propio provecho. En 1846 llevamos la civilización a los mexicanos, y en 1898 la libertad a los cubanos. En 1900 llevamos la democracia a los filipinos, y vosotros sabéis el éxito que hemos tenido en llevar la democracia a lo largo del planeta.

 

Obama no ha cambiado su mentalidad de misionero belicista. Habla de enviar miles de soldados más a Afganistán. Es un tipo muy agradable y seguramente sabe algo de historia. Tampoco es necesario saber mucho para conocer la historia de Afganistán, donde durante décadas y décadas y décadas las potencias occidentales han tratado allí de imponer su voluntad por la fuerza: los ingleses, los rusos, y ahora los estadounidenses. ¿Y cuál ha sido el resultado? Un país arruinado.

 

Esa es la actitud que envía 21.000 soldados más a Afganistán y que dice, como ha hecho Obama, que debemos tener un ejército mayor. Cuando Obama lo dijo, mi corazón se encogió. ¿Para qué necesitamos un ejército más grande? Ya tenemos un enorme presupuesto militar. ¿Ha hablado Obama de reducir el presupuesto militar a la mitad o en una parte? No.

 

Tenemos bases militares en más de cien países. Sólo en Okinawa tenemos catorce bases militares. ¿Quién nos quiere allí? Los gobiernos, porque sacan beneficios. Pero el pueblo en realidad no quiere que estemos allí. En Italia ha habido multitudinarias manifestaciones contra el establecimiento de una base militar estadounidense. Y lo mismo ha ocurrido en Corea del Sur y en Okinawa.

 

Una de las primeras medidas del gobierno Obama ha sido enviar misiles Predator para bombardear Pakistán. Ha muerto gente pero ellos afirman: “Nuestras armas son muy precisas porque tenemos lo último en equipamientos. Podemos hacer diana en cualquier lugar y golpear sólo donde queremos”.

 

Es la mentalidad del obstinación tecnológica. Efectivamente, ellos pueden decidir que van a bombardear una casa determinada. Pero hay un problema: Ellos no saben quienes están en la casa. Pueden atacar un coche con un misil desde una gran distancia pero ¿saben quién está en el coche? No.

 

Y después, cuando los cadáveres se sacan del coche, o de la casa, dicen: “Bueno, había tres sospechosos de terrorismo en esa casa, había otras siete personas asesinadas, entre ellos dos niños, pero hemos liquidado a tres supuestos terroristas”.

 

Pero daos cuenta de que la palabra es “sospechosos”, y que la verdad es que ellos no saben quienes son los terroristas.

 

Así que, tenemos que cambiar la mentalidad que nos ha llevado a Iraq pero tenemos que identificar esa actitud. Y Obama tiene que ser obligado por el pueblo que le ha elegido, por la gente entusiasta con él, a abandonar esa actitud. Somos los únicos que podemos decirle: “No, usted está equivocado con esa idea militarista de usar la fuerza para conseguir objetivos en el mundo. Así no conseguiremos nada, y seguiremos siendo un país odiado en el planeta”.

 

Obama ha hablado de un horizonte para este país. Tenéis que tener un proyecto, y ahora yo quiero decirle a Obama cómo debería ser ese proyecto.

 

El proyecto debería ser el de un país que guste al resto del mundo. Ni siquiera digo amado, algo que llevará tiempo conseguir. Un país no temido, que no provoque aversión, no odiado como lo somos ahora, sino una nación considerada pacífica porque hemos retirado nuestras bases militares de todos esos países.

 

No necesitamos gastar centenares de miles de millones de dólares en presupuesto militar. Tomemos todo ese dinero asignado a las bases militares y al presupuesto de defensa y- esto forma parte de la emancipación- usémoslo para que todo el mundo tenga asistencia médica gratis, para garantizar empleo a quienes no lo tienen, para abonar el pago de los alquileres a todos los que no pueden pagarlo, para construir centros de atención a la infancia.

 

Usemos ese dinero para ayudar a otros pueblos del mundo y no para lanzar bombas sobre ellos. Cuando ocurran catástrofes, necesitan helicópteros para trasladar a las gentes de las zonas inundadas y de las zonas devastadas. Necesitan los helicópteros para salvar vidas, pero los helicópteros están en Oriente Próximo bombardeando y ametrallando a los pueblos.

 

Lo que se necesita es un cambio total. Queremos un país que utilice sus recursos, su riqueza y su fuerza para ayudar a las personas y no para hacerles daño. Eso es lo que necesitamos.

 

Es un proyecto que tenemos que mantener vivo. No deberíamos sentirnos satisfechos fácilmente y decir: “Está bien, démosle un respiro. Obama merece respeto”.

 

Porque no se respeta a alguien al darle un cheque en blanco. Lo respetas cuando lo tratas como a un igual, y como a alguien a quien puedes dirigirte y alguien que te escucha.

 

Obama no sólo es un político, lo peor es que está rodeado de políticos. Y a algunos los ha elegido él mismo. Ha elegido a Hillary Clinton, a Lawrence Summers(3); ha elegido a gentes que demuestran que no hay intención de romper con el pasado.

 

Somos ciudadanos y no podemos colocarnos en la actitud de mirar el mundo a través de sus ojos y decir: ” Bueno, tenemos que aceptar compromisos, tenemos que hacer esto por razones políticas”. No, nosotros debemos hablar claro.

 

Esa fue la actitud de los abolicionistas antes de la Guerra Civil, cuando la gente decía: “Tienes que verlo desde el punto de vista de Lincoln”. Porque Lincoln no consideraba prioritaria la abolición de la esclavitud. Pero el movimiento anti-esclavitud sí, y los abolicionistas contestaron: “No vamos a aceptar el punto de vista de Lincoln. Vamos a exponer nuestra propia posición, y lo vamos a hacer con tanta fuerza que Lincoln tendrá que escucharnos”.

 

Y el movimiento contra la esclavitud se extendió tanto y se hizo tan fuerte que Lincoln tuvo que hacerle caso. Así se consiguió la abolición de la esclavitud y las decimotercera, decimocuarta y decimoquinta enmiendas [a la Constitución].

 

Esa ha sido la historia de este país. Cuando se ha progresado, cuando se ha reparado cualquier clase de injusticia, ha sido porque el pueblo ha actuado como ciudadanos y no como políticos. No se limitaron a quejarse, sino que trabajaron, se movieron, se organizaron, se sublevaron cuando fue necesario para atraer la atención sobre su situación de los que estaban el poder. Y eso lo que tenemos que hacer en la actualidad.

 

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* Transcripción de una charla de Zinn el 2 de febrero en el restaurante Busboys and Poets de Washington, adaptada por Alex Read y Matt Korn.

(*)Howard Zinn es autor de “A People’s History of the United States”, “Voices of a People’s History (con Anthony Arnove) y “A Power Governements Cannot Supress”.

Notas

1. N.T.: Programa público de empleo para parados creado por Roosevelt entre 1933 y 1942.

2. N.T.: Work Prjects Administration fue el mayor organismo del New Deal que dio trabajo a millones de personas y se extendió a casi todas las localidades de Estados Unidos, en particular a las zonas rurales y a las poblaciones de las zonas montañesas del oeste.

3. N.T.: Economista, elegido por Obama para dirigir su gabinete económico. Fue presidente de la universidad de Harvard, y se hizo famoso por asegurar que la mujer estaba menos dotada para la ciencia y las matemáticas.

 

Tomado de IAR Noticias

Más de un tercio de los analfabetos de Latinoamérica están en Brasil (Audio)

Radioagencia Notícias do Plano Alto

 Clique aqui para ouvir(1’05” / 258 Kb) – De acuerdo con los datos de la Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación – la Clade –, 35 millones de analfabetos están en Latinoamérica. Brasil – uno de los países más poblados de la región – concentra más de un tercio de este número. La afirmación es comprobada a partir de una investigación del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), revelando que 14 millones de brasileños con quince años o más no saben leer o escribir.

El estudio de la Clade, divulgado en 2007, apunta que, del grupo de países latinoamericanos y caribeños, Cuba es el país que presenta la menor tasa de analfabetismo. Para lograrlo, utilizaron la metodología del programa cubano de alfabetización “Yo Sí Puedo”, creado por el gobierno de Fidel Castro.

Para el educador peruano y consultor internacional José Ruivero, una de las explicaciones para la persistencia del problema, tanto en Latinoamérica como en Brasil, son las grandes desigualdades sociales en la región.