Paraguay. Lugo: cuando se falsea la historia con fines políticos

Fernando Del Corro

Alainet

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 Agüero Wagner, cabeza de un ala del viejo febrerismo que pretende un lenguaje revolucionario,viene desde hace tiempo atacando duramente a Lugo a quién presenta como agente del imperio estadounidense.

«Se dijo muchas veces que del único lugar de donde el político no vuelve es del ridículo, y es precisamente ese camino imposible el que Fernando Lugo pretende emprender”. Así comienza una carta de lectores que apareció editada hoy en el matutino “La Nación”, de Asunción del Paraguay, y que lleva la firma de Luis Agüero Wagner, un contumaz enemigo del primer mandatario gobernante de ese país.

 Agüero Wagner, cabeza de un ala del viejo febrerismo que pretende mantener un lenguaje revolucionario, viene desde hace tiempo atacando duramente al ex obispo Fernando Armindo Lugo a quién presenta como agente del imperio estadounidense. Sus escritos aparecen permanentemente en diferentes medios opositores paraguayos y son reproducidos profusamente en los sitios de consulta de Internet. El buscador Google tiene 35.000 páginas con su nombre.

Sus opiniones sobre Lugo son siempre las peores aunque, eso sí, con un presunto enfoque de izquierda pero, en la práctica, funcional al viejo sistema político-mafioso y oligárquico que rigió durante muchas décadas en el Paraguay. De hecho, virtualmente, el actual jefe del estado de ese país parece un agente de la CIA, según sus manifestaciones

El nuevo ataque ahora va de la mano, como era dable esperar, de la reconocida paternidad de Lugo y de las denuncias judicializadas sobre otras presuntas paternidades. Y para ello usa argumentos ya esgrimidos en otras ocasiones pero, por añadidura, incursiona en comparaciones históricas que marcan una supina ignorancia en la materia.

“El obispo libertino Fernando Lugo incluso fue comparado con el rey Enrique VIII de Inglaterra, por un columnista del diario ‘La Nación’ de la capital paraguaya”, dice Agüero Wagner en su carta de lectores, similar a las reiteradas columnas que aparecen siempre acompañadas de su firma. Y agregando al dicho del columnista en cuestión, demuestra saber tan poco como él en la materia cuando añade “La comparación tiene mucho a su favor, dado que tanto Lugo como Enrique VIII comparten la circunstancia de ser teóricos de la teología”. Y sigue: “En el caso del rey de Inglaterra, sus tratados teológicos le valieron el título de ‘Defensor de la Fe’, que el rey de Inglaterra ostenta hasta hoy”.

Cabe preguntarse cuales fueron los tratados teológicos de Enrique VIII, el segundo de los reyes de la familia Tudor, empedernido jugador de dados y obsesionado por ejercer un poder ilimitado. Su titulo de “Defensor de la Fe” respondió a una conveniencia política en sus confrontaciones con el papado, que fueron mucho más allá de un divorcio que la Iglesia Católica Apostólica Romana no estaba dispuesta a conceder. El papa era, por entonces, un importante jugador en el escenario político europeo, como lo eran los reyes de Francia, España e Inglaterra, el sultán de Turquía o el monarca del Sacro Imperio Romano Germánico.

 Las negociaciones para obtener la bula del papa Clemente VII que autorizarael divorcio de Enrique VIII con la española Catalina de Aragón llevaron un largo tiempo con viajes y papeleos que no salían de elucubraciones teológicas del rey inglés sino de una serie de negociadores y en los cuales se esgrimían, fundamentalmente, razones de estado, como si dicho enlace había tenido o no que ver con el mantenimiento de la paz entre España e Inglaterra. En lo que hace a los argumentos religiosos tenían poco que ver con cuestiones de fondo. De hecho la Iglesia Anglicana es una iglesia que a diferencia de la romana (católico significa universal) tiene carácter nacional.

 Más adelante la carta de Agüero Wagner dice: “Sin embargo, a diferencia del rey que ordenó decapitar a varias de sus mujeres, pero se constituyó en un eficiente gobernante, Lugo ha demostrado una absoluta incapacidad en gestión de gobierno”.Acá, sin más, se opta por uno de los tantos dichos inciertos como eso de que Enrique VIII se sacó de encima a sus esposas matándolas en casi todos los casos.

Efectivamente lo hizo con dos de las seis que tuvo, a las que acusó de adulterio (Ana Bolena, la segunda, yCatalina Howard, la quinta). Pero lo que no se dice, como contrapartida, que también se sacó de encima por la misma vía a varios de sus algunas vez hombres de confianza, como Thomas More y Thomas Cromwell, cuando por alguna razón necesitó fortalecer su poder, amén de terminar con los obedientes al papa dentro de su reino apoderándose de sus bienes. Eliminar gente molesta de su alrededor enviándola al patíbulo no era una cuestión con las mujeres.

Por último también merece otra breve reflexión el siguiente párrafo de la “carta de lectores“ que reza: “Según el artículo de Enrique Vargas Peña, ‘al contrario de Enrique VIII, el presidente Lugo no fijó aún los lineamientos de una estrategia que permita a Paraguay dejar de ser la Cenicienta del MERCOSUR’”. Hay dos pequeñas diferencias entre ambos casos.

Enrique VIII gobernó durante 38 años y Lugo hasta el presente no completó uno; y mientras el rey Tudor amplió sus territorios anexando Gales a Inglaterra y comenzó a sentar las bases del poderío naval del país, su reino no era la Cenicienta europea, del modo que ya había comenzado a esbozar su futuro imperio colonial, como que ya se conocen las andanzas de las flotas pesqueras de Richard Amerike en las costas canadienses antes de la llegada de Cristóbal Colón a Centroamérica.

Medir al Paraguay de hoy con el Brasil y hasta con la Argentina y pretender compararlo con la Inglaterra de entonces versus Francia o España constituye una extrapolación sin basamentos económicos o militares.

Habrá que ver que sucede con la gestión de Lugo cuando hayan transcurrido los cinco años de gobierno. Lo extraño es que al autor de la carta no le haya venido a la memoria que el papa Alejandro VI, el valenciano Rodrigo de Borja, el mismo que repartió América entre España y Portugal, ya avanzados los tiempos del celibato, haya tenido una decena de hijos, entre ellos la famosa Lucrecia Borgia.

– Fernando Del Corro es periodista, historiador graduado la Universidad de Buenos Aires (UBA), docente en la Facultad de Ciencias Económicas (FCE) de la UBA y subdirector de la carrera de «Periodismo económico» y colaborador de la cátedra de grado y de la maestría en «Deuda Externa», de la Facultad de Derecho de la UBA. De la redacción de MERCOSUR Noticias. http://www.mercosurnoticias.com

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